DÍA SEGUNDO: "Casi"
Previamente, Zero Kiryuu le informó a Cross acerca de las infracciones cometidas por Zashi y Deimou, y aquél estuvo apenado pero asimismo de acuerdo en expulsarlos. También le contó que Kira Airen había empezado a defenderse, y la idea fue seguir incentivándola a mejorar en su cargo. Unas horas después, el prefecto volvió a tocar a la puerta de su habitación número veintitrés para despertarla y desayunaron juntos con Kaien otra vez.
-¡Oh..., qué adorable! ¡Los tres sentados a la mesa finalmente...! –exclamó el Director, optimista para variar-. Bueno, ¡coman, coman!
-Muchas gracias por esta comida –dijo la jovencita antes de destapar el tazón frente a ella.
-Sí, gracias... –agregó Zero con desgano y los párpados medianamente bajos.
Entonces la novata le quitó la tapa de cerámica a su plato hondo. De cara a un recuerdo, sus ojos se paralizaron... No comió ni movió sus manos; permaneció mirando su desayuno, un caldo de carne con arvejas y patatas hervidas, y sus labios tiritaron.
-¿Mmm? ¿Pasa algo, querida? –inquirió el Director.
Ella meneó la cabeza y comenzó a hipar. Sus ojos se atiborraron de lágrimas.
-Kira, ¿qué sucede? ¿No te gusta el caldo de carne? ¿Es que eres alérgica o...? ¡Oh..., lo siento! ¡Debí haber cocinado algo mejor...!
-N-No... Es... –intentó explicar, mas el llanto le ató un nudo en la garganta.
-Oh, vamos, no llores, cielo –Cross le pidió con toda la dulzura que halló en su interior mientras se sentó a su lado y la protegió con su brazo-. Te prepararé otra cosa.
-N-No... Está bien... Me gusta mucho... –Dos lágrimas rodaron por sus mejillas y sus nudillos trataron de frenarlas.
El caballero Kiryuu quiso abrirse de la situación, pero se vio tan identificado en el evidente dolor de la chica, que tuvo la obligación de hacer algo, por lo cual intercambió su plato de cereales con el caldo de carne de ella. Ésta reaccionó azorada y quiso hablar, aunque balbuceó, y el varón declaró:
-Desapégate de eso. Cómete mi desayuno... Iré a comer a la cocina, Director –avisó mientras se retiró.
Así, sentado a la mesada del otro cuarto, el prefecto terminó saboreando el caldo en soledad, sabiendo lo que eso significaba para Kira, quien, acompañada por el tierno ex-cazador Kaien, aprovechó los cereales de Zero y sintió cómo la calma reconstruyó su corazón.
-¿Estás mejor? –Cross le preguntó con suave curiosidad, y ella asintió con la cabeza lentamente.
Más tarde encontró a su compañero en el pasillo que daba a las afueras del edificio. Él esperaba cruzado de brazos, ataviado en una expresión seria que tanto podía ahuyentar a cualquier monstruo como seducir a toda chica en el planeta.
-¿Podemos irnos?
-Sí... –respondió ella, mas no se movió.
-¿Qué tienes? –inquirió después de unos segundos.
-Yo... ¿Cómo supiste... lo de recién...?
-¿Lo que sentiste? Era obvio.
-Ah..., ¿sí?
-Fuiste muy clara.
-¿Te había pasado a ti alguna vez?
-N-No...
-Mmm... Es que... Ese caldo me lo solía preparar mi mamá..., y...
-Ya... Entiendo.
Un silencio repentino se formó entre ellos. Para Zero, cualquier cosa era preferible antes que exponer que padecía la misma melancolía cada vez que veía una sopa de verduras...
-Vámonos. Hay que ir a clases.
Kira asintió. Sobre la marcha, cuando se ubicaba ya a las espaldas del caballero, soltó sus palabras:
-Gracias..., Zero...
-¿Qué?
-Gracias por ayudarme... Tuviste un agradable gesto.
Él no contestó. Como medida de prevención, trató de cerrar su corazón rápidamente.
-"Idiota... ¡Aléjate de ella!" –se dijo a sí mismo. Su ceño, fruncido; su rostro, endurecido.
En la clase de literatura se leyó entre todos una novela que se estaba analizando desde el mes previo. El profesor indicaba a quién le tocaba leer, y luego otro retomaba la lectura en voz bien audible. Para colmo, Kira Airen también gozaba de una espléndida oratoria, y leía con una finura y una elegancia que convertía en arte cada palabra prorrumpida de su boca. Los demás estudiantes quedaban embobados al oírla, e incluso el docente a cargo se sintió orgulloso de que una de sus alumnos leyera tan pero tan bien.
Pero como no podía ser de otra manera, había un grupo de chicas ciertamente problemático. Ya desde el primer momento en que la bella prefecta había sido avistada en la Academia, le había tomado a ésta gran antipatía, en especial tras ver cómo el apuesto Kadashi había puesto sus ojos sobre ella. La líder de ese equipo antagónico era una rubia de nombre Alika, y ya había despachado una orden indirecta a una de sus secuaces para que comenzara a generar interferencia sonora entretanto Airen estaba leyendo. En aditamento al caso, el profesor no tenía autoridad suficiente, lo cual daba espacio para que los alumnos crearan bullicio a la velocidad de los rumores, y tras que la banda de Alika era ingeniosa, los otros humanos en el salón comenzaron a distraerse. En pocos segundos se levantó un aire de murmullos molestos que contaminaron por completo el discurso de la chica, quien se vio sonrojada al sentirse humillada de nuevo.
El único, no obstante, que ignoraba las inmaduras tentativas de ofensa de la clase y que sí le prestaba atención a Kira Airen (aparte del ridículo enamoradizo delegado de la clase) era Zero Kiryuu. A juzgar por la quietud de sus ojos lilas, parecía que le gustaba mucho escucharla leer... Era algo que no había compartido con nadie antes, ya que esa chica..., Yuuki..., leía siempre en silencio, sin mencionar que era académicamente muy mala.
Ulteriormente se armó un huevo y vino una hora libre. Sin docente al frente, un par de chicos aprovechó a arrimarse a interrogar a Kira. El delegado quiso interferir, mas los otros no se fueron.
Zero se quedó en su lugar, con una mano sosteniendo su cabeza, claramente presa del aburrimiento y un trasfondo de sueño rezagado.
-Así que, ¿vienes del condado de Kozumi? –dijo uno de los varones.
-Sí –respondió ella alegremente-. Allí asistía al Instituto Graiffen.
-No me digas... Hay que tener dinero para ir ahí.
-Je... Sí...
-Debes venir de una familia de altos recursos entonces –comentó el otro.
-¿A qué se dedican tus padres? ¿Son políticos o militares, o algo así?
-Eeh... No..., en realidad, no... Son empresarios.
-¿De qué empresa?
-Se llama Exsynth... Es una marca más propia de la localidad donde nací.
-Ajá... Pues, nunca oí de ella. Tengo un familiar cercano que anda en el campo; es socio, co-propietario de una corporación en Corea del Sur.
-Oh, vaya... Eso es genial.
-Y..., ¿qué te trajo aquí? ¿Una mudanza...? El condado de Kozumi está lejos de aquí...
-Eh, sí... Sí, por eso, considerábamos que era hora de cambiar de lugar y vinimos a aquí.
-Y, dime... –empezó uno, inclinándose osadamente sobre la mesa-, ¿tenías algún novio por allá, en Kozumi...?
La chica se sonrojó y sonrió retirando la mirada. Contestó:
-No...
-¡No te creo!
-Eran todos ricachones allá... Eso no me convence. –Rió dulcemente.
-Pero una chica como tú..., ¿SOLTERA? –El varón rió también.
Ella siguió la corriente y se mostró graciosa por última vez.
-No, en serio...
A la sazón, y cayendo muy fuera de lugar, Alika, rodeada de sus amigas que le servían de vasallas, llamó a uno de los muchachos con un chillido insoportable, desde las primeras gradas del salón:
-¡You...! ¡Ven acá un segundo!
-Egh, luego seguimos hablando, Kira –dijo entonces el jovencito You, y obedeció al llamado de la chica rubia. El otro estudiante que lo acompañaba, Mishaku, se fue con él.
La prefecta se sonrió a sí misma creyendo que había hecho dos nuevas amistades. En su corazón ingenuo, y esto era algo habitual en ella, deseaba con fervor tener alguien en quien confiar. La cercanía con la vida social que podría hacer esa ilusión realidad la llenaba de ánimo.
Entonces observó a Zero a su izquierda. Él no la estaba mirando, sin embargo, y ciertamente su mente se hallaba a la mitad de todo un planeamiento de cara a los tiempos venideros.
-"Nunca había pensado en el tema del dinero... ¿Cómo pude haber pasado por alto...? Quizás... si le pidiese dinero prestado a Cross... y luego trabajase con el maestro Yagari..., podría mudarme solo al pueblo de Shingimasi, al norte... No debe haber muchos vampiros allá... Aunque..."
-¿Zero? –interrumpió Kira Airen-. Zero, ¿me escuchas?
-Ah... ¿Dijiste algo?
-Quería hacerte una pregunta.
-¿Qué?
-¿Quién es tu mejor amigo aquí?
-¿Eh?
-Tu mejor amigo. De todos los amigos que tienes, siempre hay uno más cercano que los otros.
Después de unos instantes de silencio, el caballero guardián respondió. Sus ojos habían caído en la tristeza como si de pronto él descubriese una verdad cotidiana pero cruel:
-El director Cross es la única persona allegada a mí aquí.
La dama fue presa del estupor.
-¿Te sorprende?
-Pues..., claro... –dijo apesadumbrada, culposa-. ¿No tienes ningún amigo...?
No dijo nada.
-Eso no es justo... ¿Es porque eres prefecto?
-No me interesa.
Tras otra pausa, la chica siguió, sin librarse de su repentino gesto de dolor:
-Yo... Lo siento...
-No necesito que me tengas lástima. Los amigos son una ilusión inútil; son inciertos. Sólo... causa dolor aferrarse a alguien como un "amigo".
-Entiendo por qué lo dices...
-No. No lo entiendes.
Ella le contestó con una mirada tanto intimidada como desinformada.
-Pero supongo que tú tenías muchos amigos antes de venir aquí.
-Ah..., no realmente... Tenía unas cuantas amigas, pero resultó que no les gustaba y me estaban engañando. De un día para otro empezaron a ocultarme cosas y a humillarme con bromas muy pesadas. En pocos días terminé sola... y eso, a decir verdad, ya me sucedió dos veces –terminó confesando, coronando la frase con una lamentable risita.
-¿Cuándo fue eso?
-La última vez fue hace cuatro meses...
-¿Crees que sea casualidad que te haya pasado lo mismo dos veces?
-No... Soy irritante... Tengo buenas calificaciones y soy extrovertida...; supongo que eso fastidia a los demás.
-A mí no me pareces extrovertida. Más bien, lo contrario...
-Es que... –quiso iniciar su explicación, pero se ruborizó y escondió la mirada gacha. -No importa.
-¿Eres buena en los deportes?
-Ah... No lo sé... Prefiero que eso lo juzguen los demás. ¿Tienen educación física aquí?
-¿Como asignatura? Sí. Después del almuerzo.
-¿Hoy?
-Sí.
-¡Oh, genial! Y, ¿es una clase mixta o chicos y chicas por separado?
-Un poco de las dos cosas. ¿Por...?
-Por nada.
Sonó la campana y el delegado de anteojos llamó a todos los alumnos a retirarse del salón. Era hora de almorzar, y el comedor estaba esperando. Allí se reunieron todos los estudiantes del turno día, desde el primer año hasta el último, al que pertenecían los dos prefectos. Éstos se mantuvieron a la par mientras caminaron, y dados sus cargos dentro de la Academia, les correspondía obtener su comida al final. A raíz de ello, era bastante común que tampoco pudieran terminar todo su plato antes de que algunos alumnos empezaran a marcharse al receso previo a la continuación de clases. Sin embargo, Alika acudió a Kira sin previo aviso. Era extrovertida también (de hecho, un poco más) y no tenía ningún tipo de vergüenza al abalanzarse sobre alguien para hablar.
Así, exclamó:
-¡Kira Airen!
-Ho-ola... –respondió la chica nueva en el final de la fila del comedor, y junto al indiferente Zero.
-Kira, disculpa, no me he presentado aún; soy Alika Tomashi, la candidata a vicepresidenta de nuestra clase.
-Oh...
-Sabes, he notado que eres demasiado sociable y bastante fina como para ser sometida a las fastidiosas condiciones de un prefecto... Así que, y con el permiso de tu compañero Zero Kiryuu, mis amigas y yo quisiéramos invitarte a comer con nosotras a nuestra mesa. Y sobre el turno para obtener tu almuerzo, ¡no te preocupes! Las cocineras son amigas mías y puedo hacer que te saltees a todos estos estudiantes junto conmigo. ¿Qué dices?
La joven de cabello negro parpadeó unas cuantas veces entretanto comprendió dicha oferta; le parecía increíble que le estuvieran dando un lugar como ése en apenas los primeros días de clases.
-Ahm... No lo sé... No me parecería correcto adelantar mi turno... Todos estos estudiantes-
-No son prefectos. Creo que realmente eso funciona al revés. Tú tienes una gran responsabilidad como la autoridad que eres, y tu trabajo es sacrificado y molesto... Deberías estar delante de toda fila, Kira.
-Pues..., te agradezco mucho la oferta, pero...
-Oh, por favor, Kira. ¡Vamos, ven con nosotras! Queremos saber de ti; nos causa mucha curiosidad; pareces una persona interesante, y, te digo la verdad, es extraño encontrar alguien así en esta aburrida academia... –comentó, ligeramente riendo.
-Ah... Bueno...
-¡Por favor!
-Está bien..., ¡pero con una condición! –solicitó sonriente. (Su necesidad de amistades ciertamente le nublaba la vista, una vista inteligente pero, ahora, ingenua...)
-Dime.
-Que Zero pueda saltearse la fila también.
-No hay problema.
-Genial, ¡gracias! Zero, ¿vamos?
-Tú haz lo que quieras –el varón dio como réplica sólida-. Yo me quedo; sé cuál es mi deber.
-Pero- -Kira quiso hablarle.
-Oh, bueno, de acuerdo... –Alika Tomashi interrumpió, tomando a la novata del brazo-. Justamente eso: haz lo que quieras. Está bien. Vamos, Kira; vamos a conseguir nuestro almuerzo. ¡Me muero de hambre!
-E-Está... bien... –la dama de ojos azules dijo, mirando por encima de su hombro la figura de Zero que se alejó de ella mientras la rubia la acercó a las fuentes de comida.
-"Es... como ella... Siempre dejándose llevar... Tan... infieles a sus propios principios y a sus corazones... No debo involucrarme con ninguna otra mujer en el mundo... Ni siquiera... una humana..." –Kiryuu se declaró hacia sus adentros rígidamente y en un sentimiento de tirria añeja.
La rubia convenció a Kira de tomar unas buenas bandejas con comida nutritiva, entretanto le colmaba la cabeza con comentarios como:
-No te preocupes por Kiryuu. Parece que siempre fue así: un aguafiestas y un agrio. La verdad, amiga, es que te compadezco... Ser compañera de un sujeto así... Oh, vaya...
-No creo que sea tan malo, sabes...
-Oh, sólo espera a ver...
-¿Qué dices?
Alika llevó a la chica nueva de acá para allá, portando una gran sonrisa, como si hubiera conocido a su mejor amiga en el mundo. Luego la condujo hasta la mesa circular donde aguardaban sus socias de ojos sospechosos, ya demasiado evidentes para Airen. Zero miró desde lejos, y aún con todos esos metros de distancia, su gesto de desilusión era clarísimo.
-¡Miren a quién traje, chicas! –exclamó aquella rubia a sus compinches, antes de sentarse.
-¡Oh, prefecta...! ¡Qué tal! ¡Siéntate! –dijeron hacia Kira, quien accedió a tomar asiento pese al miedo indefinido que sintió dibujarse sobre su perfil.
-Hola, buenas tardes... –saludó la de cabellera negra.
-¿Cómo te va..., "Airen", puede ser?
-Sí, Airen es mi apellido.
-Ajá. ¿Todo bien en tu trabajo de guardiana de la Academia?
-Sí...
-Justo le decía a Kira que Zero no es alguien que cualquiera querría como compañero de trabajo... –Alika inició, luego pegándole un mordisco a su manzana roja brillante.
-Oh, sí, querida... –decían las otras, mezclándose todas las distintas voces de urraca que proferían de sus fauces-. La prefecta anterior se fue; ya no lo soportó más a ese degenerado...
-¿Degenerado? –saltó la nueva-. ¿Por qué?
-Ah..., es tan desagradable... Abusa de su poder como prefecto y te molesta siempre que puede... Por decirte un ejemplo..., cada vez que queremos tener una conversación con los chicos del turno noche, ¡él viene y nos arruina todo! ¡Es un fastidio! ¡Nunca nos cayó bien...!
-Mmm... Y sobre eso... –volvió la líder del grupo-, Kira, ¿qué te parecen los chicos del turno nocturno? Oí que Kadashi te echó el ojo... ¿Mmm...?
Las estudiantes rieron esperando un chisme. Kira respondió dudosa, mientras trataba de comer en paz, mas su estómago estaba hecho un nudo a causa de un extraño nerviosismo:
-Ah... Eso... No..., Kadashi no me echó ningún ojo...
-No es lo que dicen por ahí...
-¡Espera, espera! –espetó otra de las amigas de Alika-. ¿Nos vas a decir que Kadashi no te parece apuesto?
-No... Es decir, sí... Me refiero a que sí, es apuesto, pero no me gusta... No es de mi estilo...
-Pero te parece apuesto.
-¿Qué te dijo ayer? –interrogó la cabecilla.
-Nada... Sólo...
-¿Sólo...?
-Nada. No dijo nada inteligente.
-¿Nada inteligente? ¿Estás diciendo que es alguna clase de tonto? –saltaron histéricas.
-¡No! No lo conozco, no lo sé... Tampoco sé si me interesa...
-Está bien, está bien, amiga... Siempre es igual... –dijo otra jovencita con los ojos entrecerrados en un mohín que figuraba la calma.
La pandilla de la Alika Tomashi rellenó los siguientes cinco minutos con temas estúpidos de conversación. Kira se sintió como sapo de otro pozo en esa mesa, para ser honesta, y a cada instante miraba a Zero para notar cómo se encontraba. No podía comer bien, y la tonta ilusión de que esas chicas podrían ser sus compañeras se estaba desmoronando demasiado rápido como para que no hubiera pasado en concreto nada para dar por finalizada la relación con ellas...
Entonces Alika guiñó un ojo a su mejor cómplice en la mesa y ésta se dirigió a la doncella del condado de Kozumi:
-Oh, Airen, ¿no viste eso?
-¿Qué?
-¡Ahí, en la zona de la fuente de comidas! Ese idiota de Mishaku...
-¿Mishaku? Es el chico que me habló en el salón antes. Es muy amable, ¿saben?
-No creas. Está protestando contra la cocinera de nuevo...
-Es un clásico de él... Quiere platos especiales porque supuestamente tiene principio del síndrome de colon irritable.
-¡Pero eso es mentira!
-Y fastidia a las señoras de la cocina siempre que quiere. Ellas sólo hacen su trabajo. ¿Qué responsabilidad tienen ellas sobre los caprichos de él?
-Siempre le hemos dicho que no las moleste, pero es sordo ante esas cosas... –añadió otra estudiante.
-Y Kiryuu no hace nada...
-Pensamos que quizás tú, como evidentemente eres una prefecta distinta, podrías convencer a Mishaku de que deje de molestar con esa cuestión, en especial siendo que le gustas...
-¿Le gusto? –Kira preguntó ruborizada.
-¡Pues, claro! Eres muy bonita, Airen.
-Agh... Gracias, pero yo...
-¡No importa, Kira! –Alika estableció-. ¿Por qué no aprovechas la oportunidad? Ve a hablar con Mishaku, ¡que de seguro también será un buen espectáculo! –Rió. –¡Nunca dejaremos de incomodarlo si consigues corregirlo!
-¡Eso, Airen, ve!
-¡Nosotras te esperamos aquí!
A la prefecta le costó mucho decidir, en unos segundos, qué hacer a continuación. Algo no olía bien, pero, ¿qué podría ser todo eso, aparte de lo evidente? Sus labios tiritaron en su controversia, pero de todas formas aceptó ser de intermediaria en el conflicto de Mishaku.
-Está bien... Ahora regreso...
Se levantó de su asiento y fue hacia el chico que protestaba. En sus ojos latía un temor por lo desconocido, pero allí fue.
Sin embargo, no era Kira quien se mantenía más despierta en ese momento, porque Zero había estado vigilando todo desde que Alika Tomashi la había alejado de él. Fue así como, con sus ojos lilas de lince, pudo discernir que otra amiga de aquella rubia se hallaba en una punta opuesta del comedor con su bandeja repleta de comida casi sin tocar. Entre esa líder y esa súbdita separada hubo un intercambio de miradas extrañas, y de repente esta última comenzó a estar excesivamente atenta a los movimientos de la nueva prefecta, quien, tras convencer aparentemente a Mishaku de que dejara de molestar a las cocineras, se dio vuelta y se dispuso a regresar a su mesa con las jóvenes estudiantes. Era demasiado preciso que en el momento en que ella empezó a volver la otra socia de Alika se dirigiera hacia ella con la prisa suficiente como para cruzarse en su camino. Esa chica llevaba en sus manos la fuente colmada de comida, y para Zero era muy evidente lo que iba a pasar a partir de que su colega guardiana estuviese tan distraída como en ese entonces.
Ésta fue a pasar por el medio del comedor hacia Alika y sus amigas, quienes observaban con ojos codiciosos. La socia ambulante de dicha rubia fue justo a encontrarse con ella. Simuló tropezarse y se lanzó con la bandeja hacia Kira, quien reaccionó demasiado tarde para ver cómo una lluvia de salsa, malteada, ensalada, puré de patatas, bifes de carne, gelatina y aderezos varios caía enteramente sobre ella en ese instante. No tuvo ni tiempo para cerrar los ojos siquiera, que permaneció helada en el lugar, sin ser capaz de esquivar ese desastre humillante.
Lo siguiente que fue capaz de discernir fue cómo lo que pudo arruinarla, no la tocó. Zero estaba ahí; había sido salvada por él, que se había interpuesto en la avalancha de comida y recibido toda la suciedad de lleno. Ubicándose en el epicentro de la escena, había protegido enteramente a su compañera de pasar un momento fatal. Alika clavó los ojos furiosos en la situación, y quiso gritar de furia; su plan había sido arruinado.
-¡Ze-Ze-Zero! –Kira susurró apenas perceptible. Su mirada, quebrada.
-Agh..., maldición... –dijo el chico suavemente, vislumbrando su uniforme sucio. El público empezó a reírse de él...
-Zero...
-Eres una absoluta idiota, ¿lo sabes? –Ella fue atrapada por el espanto. –Esa infeliz –dijo, refiriéndose a la alumna que había arrojado la bandeja, y que ya había salido corriendo, de hecho- es amiga de Alika... Te tendieron una trampa.
La novata sintió su corazón quebrarse al tiempo que sus ojos se llenaron de lágrimas...
-La próxima vez... no haré una estupidez como ésta... Maldita sea... Encima de todo, no comí... ¡Me muero de hambre!
-Zero..., yo...
-No digas nada. –Dejó un espacio de silencio en que las risas de los demás amainaron. –No quiero oírte. Ya me voy.
Siempre sería así. Nunca haría amigas de verdad, porque todas se aprovecharían de ella para hacerla caer como estaba cayendo en ese segundo, y ni siquiera Mishaku era distinto, porque había estado metido en el plan también, tal lo había podido corroborar al ver la expresión de él cuando Zero se marchaba. Por ende, You sería asimismo un esbirro de la rubia arpía. Ella estaba sola consecuentemente.
Pero no del todo.
-Maldita sea... –Zero continuaba maldiciendo en el baño del ala donde se ubicaba la oficina del director y los sanitarios privados, como en el que él se hallaba a la sazón cambiándose de ropa. Se había dado una ducha ligera para sacarse los pedazos de comida y bebidas pegajosas adheridos a su cabello y hasta por dentro de su camisa-. Aún apesto a malteada de chocolate...
Su atención fue llamada por unos golpecitos en la puerta. El varón abrió una rendija y encontró los ojazos azules de Kira Airen que, con una cajita de cartón bajo el brazo, dijo suavemente:
-Hola, Zero...
El rostro pálido del prefecto fue mudo en todo sentido.
-¿Estás bien?
-¿Qué te parece? –repugnó finalmente.
-L-Lo siento... Sé que te irrita oírme decirlo, pero quería decirte algo...
La vista lila del muchacho se enarcó allí, cuando él especuló sobre si debía o no abrirle la puerta por completo, mas lo hizo al fin de cuentas. Su pecho estaba tapado por una camisa blanca limpia, así que no podía excusarse con que estaba indecente para que lo viera ella.
-¿Qué quieres? –cuestionó luego, apoyado en el marco de la puerta.
-Y-Yo... fui una imbécil al dejarme llevar por Alika... Sentí que algo andaba mal y no reaccioné... Y no sólo eso, sino que te dejé solo... Lo lamento... No volverá a pasar... Te lo prometo...
-Ajá...
-Luego... quería agradecerte... Tú... te interpusiste para que no me humillaran a mí... –La mirada del hombre se debilitó por un instante ante la rendición de la chica. –Nunca habían hecho eso por mí..., así que..., gracias... Gracias, Zero... Gracias...
-Pero deja de hablar como si te hubiera salvado la vida...
-Me salvaste de un día de pesadilla... No me conoces, pero si esa chica hubiera logrado lo que se proponía, yo probablemente habría llorado como una recién nacida...
-Me molestas; no era para tanto...
-¡Sí para mí...!
Él parpadeó, tocado por la sensibilidad de la hermosa joven.
-Sí para mí..., Zero... Yo... Es lo que te decía... No tendré amigos...
-Mira, de momento no me caes muy bien –aseveró, acompañando su dicción con una sonrisa torcida y burlona, inclemente-, pero no hiciste nada para merecer que te hicieran semejante broma en tu segundo día de clases. Creo que te equivocas al hablar de ti como si fueras errática todo el tiempo. Diría que eres... poco precavida..., muy raro para ser hija de cazadores de vampiros...
-Lo sé... Debes tener vergüenza de mí... Siendo un cazador tan heroico...
-¿Ya puedes parar? ¿Quién te dijo que soy "heroico"? ¡Es estúpido!
-Todos los cazadores lo están diciendo desde que mataste a Rido Kuran...
Él retiró la mirada, asqueado. El capítulo de Rido Kuran en su vida le daba ganas de vomitar por una larga serie de razones.
-¡Ah...! No quieres que hable de eso, ¿verdad?
No le respondió con palabras, sino con un silencio filoso muy claro acentuado por un suspiro que rasgaba el aire.
-Discúlpame, por favor... Me siento tan humillada delante de ti...
-¡A-Agh...! –berreó-. ¡Si no dejas de pensar de esa manera tan sufrida, te lo juro por Dios: te golpearé! –gritó hastiado, agarrándose la cara y tapándose los ojos. Luego se los desveló rápidamente y exclamó hacia la cara angelical de ella: -¡No soy la clase de persona que tú crees!
Se sostuvieron la mirada por tres segundos. Kira persistió, tal vez aceptando que Kiryuu le pegase para hacerle aprender:
-P-Pero...
-¡Sólo-! –quiso volver a gruñir, mas se contuvo para no herirla-. Termina con lo que querías decirme y vete...
-Ah... Bueno, yo... Te traje esto para que comas... –le dijo, extendiendo en su mano la cajita de cartón-. Las cocineras me dijeron que las puertas del comedor se cierran cuando todos los alumnos se van, y pensé que te... quedarías con hambre... Agarré de todo un poco... para asegurarme de traerte al menos algo que te gustara...
Incluso luego de haberle rabiado los nervios, con ese gesto de amplia consideración, lo había matado. El hidalgo sintió como si le hubieran pateado el estómago, porque tuvo tantas ganas de dejarse caer ahí y llorar por cómo la había tratado, que su cara se distorsionó hacia una expresión evidente de su arrepentimiento. Sus ojos temblaron mirando la cajita atiborrada. Su mano derecha quiso tomarla, pero su corazón sufrió enfermizamente la lástima tanto propia como ahora ajena.
-Egh- Yo...
-Tómala, por favor –habló Kira-. Es lo menos que puedo hacer.
-K-K... Gracias... –al fin dio como contestación, y aceptó la caja...
-¿Te puedo hacer otra pregunta ahora?
-¿Qué?...
-¿A dónde debo ir ahora? Los alumnos están en receso.
-Deberías estar vigilándolos ahora; en estas horas aprovechan para espiar en el Dormitorio de la Luna...
-Ah..., pero...
-Sencillamente ve con nuestro curso. Ahora tenemos educación física, como te dije...
-Y, ¿tú?
-Voy después.
-Oh... Está bien... Entonces..., hasta luego...
Se fue con el mayor recato que pudo guardar, siguiendo con la vista el piso en un lenguaje corporal que exponía dolencia espiritual y emociones complicadas de manejar. Kiryuu se quedó mirándola hasta que desapareció de su campo visual. Después llevó los ojos a la cajita de comida y volvió al baño con una carga de culpa encima de sus hombros...
-"Ella..." –pensó-. "Ella me... Demonios..."
Kira no se sintió entera como para salir ante los alumnos de nuevo. Aunque no hubiera sido víctima de la broma, había estado en el foco de la misma, y todas las miradas ahora se dirigían a ella cuando salía al patio durante el receso que estaba terminando. Supo en ese momento que, pese a haber recibido injustificadamente el maltrato de él, sólo se sentía acompañada cuando el joven de cabellos platinados se hallaba cerca...
A la sazón, los delegados de cada clase llamaron a sus clases para continuar con la jornada de educación. La prefecta no supo a dónde ir. Todos se movían demasiado rápido y nadie le prestaba atención para indicarle qué hacer.
-"Soy una prefecta tan... ineficiente... Jamás estaré a la altura de la compañera anterior de Zero..." –se castigó a sí misma.
Fue interrumpida por una voz cándida como la suya. Un aura grácil se expelía de quien le habló en ese momento, y sus ojos azules se clavaron en ella cuando dijo:
-Um... Disculpa..., Kira Airen...
-¿Sí?
-Perdona mi intrépido acercamiento, pero he notado que estás algo perdida...
-Um... Sí..., un poco... (Entonces sí se nota bastante...)
-Mi nombre es Yori. La prefecta anterior era mi mejor amiga.
-Ah, ¿sí?
-Sí –respondió con una sonrisa tan brillante como su corta cabellera marrón.
-Debes odiarme, entonces...
-¿Ah?... No, ¡claro que no! Mi amiga Yuuki se fue porque le esperaba una nueva vida. Tú no has hecho nada malo.
Kira no contestó ni miró demasiado a Yori.
-Mira, ahora tenemos que ir a nuestra clase de educación física. ¿Querrías caminar junto a mí para no pasar un mal momento y perderte?
-¿Qué quieres a cambio?
-Nada... Es sólo que... vi lo que casi te hicieron en el comedor y me sentí muy mal. Se nota que eres una buena persona... No te mereces eso.
-Si tú lo dices... No me conoces, de todas formas...
-Está bien. Supongo que podré conocerte más adelante. De pronto no quisiera que Alika y sus amigas te sorprendieran de nuevo.
-Gracias.
-Oh, vamos, que el presidente nos está llamando –dijo, refiriéndose al delegado de la clase.
Con cierto grado de recelo (y ya era hora), pero sin sentir realmente que Yori fuera una amenaza, Kira la siguió.
-"'Yuuki...'... ¿Así se llama la ex-prefecta?..."
Tras atravesar más de un pasadizo, las chicas se cambiaron de ropa con el uniforme deportivo de gimnasia en un salón, y los varones, en otro. Entretanto, Alika y sus secuaces no descansaban de mirar con rencor a la jovencita de resplandeciente cabellera negra ni por un segundo. Parecía que estaban analizando cómo dar su segundo golpe.
Salieron a un campo de deportes al aire libre. Los instructores esta vez eran dos, un hombre y una mujer, y los alumnos se pusieron en fila; de un lado los caballeros, de otro, las damas. Así comenzó dispuesta la clase; los hicieron practicar flexiones de brazos, sentadillas, abdominales, luego trote y al final tenían que pasar por un circuito de obstáculos. Para ojeriza de la malvada chica rubia, la prefecta era excelente con su cuerpo, mientras que ella y sus amigas envidiosas eran pésimas y se pasaban todas las clases quejándose del dolor. Como suma a ese desquicio, los profesores, en especial la mujer, que estaba más atenta a la clase femenina, la felicitaron por su clara habilidad motriz.
Claro que Kira Airen no era un ser utópico y perfecto como sacado de una película; tenía sus aristas flojas. Entre sus desviaciones, sufría de un irracional y escandaloso terror por los sapos (y anfibios misceláneos asemejados) que desentonaba significativamente con su perfil intelectual y su atlético porte. Así se vio, de hecho, en el transcurso de la clase, cuando una rana fue divisada por sus ojos celestes. La mujer no hizo menos que perder el control total de su persona, recorriendo un aproximado de quince metros en un segundo y medio mientras buscaba distanciarse cuanto fuera posible del bicho, con la cara transformada por el pánico. Sin embargo, el asunto era que aún un defecto absurdo como ése no alcanzaba para que Alika y compañía se sintieran iguales con ella.
Posteriormente se entrenaron en maniobras de defensa personal. Primero los profesores practicaron con ellos, y luego llamaron a dos alumnos para que pelearan juntos. En primera instancia llamaron al delegado de la clase, quien respondió patéticamente al ejercicio, y después a una chica de la media, que tampoco se lució. Cuando se pusieron de a pares, en un rato llegó el turno de Kira y Yori, que estaban juntas. La primera no se puso demasiado en guardia; más bien parecía que no quería acceder a moverse, ni había querido participar en el ejercicio en un principio siquiera...
-Vamos, Airen, defiéndete –ordenó la profesora cuando Yori lanzó ataques tristes pero ataques al fin, y la otra no contestó con más que una simple evasiva.
-P-Pero... Y, ¿si la lastimo?
-No le harás daño. Sé moderada.
-¡Vamos, Kira! –dijo Yori alegremente-. ¡Dame tu mejor golpe!
Forzada a hacer algo, la prefecta novata lanzó sus movidas más ingeniosas, aunque no las más agresivas, y fue de a poco, tanteando cuánto aguantaba su compañera, quien se sorprendió al sentir cómo, con unos simples toques en algunos puntos clave, sentía que ya no podía mover bien ciertas partes de su cuerpo...
-Agh... –se quejó.
-¿Estás bien?
-S-Sí... Eso no lo aprendiste en un lugar como éste...
Los profesores tenían buen ojo; sabían a la sazón que había algo extraño en Kira. Instaron a Yori a retirarse del ejercicio para que ellos practicaran con ella.
-A ver, Airen, practica conmigo –empezó la mujer.
-¿Qué?
-Vamos, no te reserves nada. Pégame como sepas. Quiero ver cuánto puedes hacer.
-P-Pero...
-No te asustes. Tengo experiencia en esto.
El primer paso lo dio la instructora, que fue ciertamente algo agresiva, pero la nueva estudiante no fue tocada. Así, esquivó como cuatro ataques consecutivos, y la maestra espetó:
-Vamos, Airen, ¡sin miedo!
-Profesora...
-¡Vamos, vamos...!
Con la vergüenza reflejada en los ojos, la joven bajó la mirada y los brazos, aceptando lo que iba a venir. Pero sus reflejos eran tan espléndidos, que en menos de un suspiro tomó el brazo de la profesora que intentó pegarle y luego dirigió unos golpes precisos a distintos puntos del tórax de la otra, quien no pudo respirar más y se quebró en el piso.
-¡Agh-! ¡Air... en...! ¡Tú...! –farfulló la vencida, sin aliento.
-¡Ah...! ¡Profesora! –exclamó, queriendo ayudarla a levantarse.
-¡N-No... me toques...!
-P-Pero... Lo siento, profesora, ¡no quise...!
-Su... ficiente...
El otro maestro se quedó mirando a la damisela con una extrañeza antagónica. ¿De dónde había aprendido a defenderse así de bien? Era una guerrera... No estaba al nivel de los demás alumnos ni siquiera en calidad de adolescente... Era un caso especial.
Pero como tal, lo único que recibió fue la censura de sus compañeros de clase. Sus miradas adversas, fugaces al precipitarse sobre ella, traducían "eres un bicho raro...". El delegado de clase y Yori, que se mantenían sólo estupefactos neutrales, fueron quienes se reservaron la reprimenda. Como consecuencia, la prefecta supo que ya no tenía que permanecer en esa clase, y se fue del campo...
Había alguien, sin embargo, que atendía al hecho y sin ánimo de recriminación, ni siquiera camuflado o sutil. Zero Kiryuu, que casi nunca asistía a las clases de educación física al ya ser un fornido cazador de vampiros preparado, había estado todo el tiempo observando a su colega guardiana apoyado en un árbol. Cuando ella pasó hacia los vestidores, lo vio. Sus ojos brillaron y dudó en acercarse a él, mas se armó de valor y se aproximó hasta su figura gris.
Luego le habló, suavemente buscando un hogar en la lástima de esa jornada avanzada:
-¿Viste todo lo que pasó?
-Sí.
-Tú... ¿Crees-?
-Sólo me viene a la mente una pregunta, y me parece que es muy obvia.
-¿Dónde aprendí...?
-No pienso hacértela. Si quieres contarme, adelante, pero no voy a pedirte nada.
-Ah... Pues..., ¿no te enseñaron a ti de la misma forma en que me instruyeron a mí? Ambos somos hijos de cazadores...
-Yo no fui entrenado a ese nivel de precisión. Mis aprendizajes se basan en la resistencia y la fuerza total.
-Entonces será que simplemente me transmitieron criterios diferentes... Dudo que yo tenga mejor madera que la tuya.
-De acuerdo, no hace falta que te postres... –espetó, revoleando la mirada y frunciendo un ojo.
-¿Crees que estuvo mal lo que hice?
-No –volviendo seriamente, contestó.
-¿No...?
-Te resististe varias veces. La profesora se llevó el precio de la curiosidad.
-Ah... Pero... Creo que lo mejor habría sido dejarme golpear..., ¿o no?
-¿Qué dices? ¿Eres tarada? ¡Ella se lo buscó!
-P-Pero, ¿e-estás seguro? Digo, quizás fui un poco soberbia al acceder si sabía que esto podía ocurrir, y-
-Agh, sí que sabes irritar a las personas... Escucha: esa mujer es quien es soberbia. ¿No te diste cuenta de que le molestó ver que una alumna podía ser superior a ella? No le prestes atención a eso y basta, por favor.
-P-Perdón...
-Ya, deja de balbucear y ve a cambiarte... –ordenó tras un suspiro.
Kira Airen obedeció y emprendió la retirada, mas se volteó hacia él, que aún la estaba mirando, y le hizo una pregunta pendiente:
-Zero..., ¿comiste?
El varón asintió con la cabeza ligeramente y ella sonrió, muy apenas, sin resultar irreverente ni infantil, y asintiendo también una vez.
Cuando emergió del vestidor con el uniforme formal, se cruzó con sus compañeras de clase. La miraron espantadas. Ella se marchó sin perder tiempo y fue directo a la fuente de agua, donde pacienzudamente esperó encontrarse con Zero Kiryuu. Ya habían terminado las clases por hoy, y pronto caería el sol, por lo que con él debería asegurar la salida de los vampiros. Pero el hidalgo no se presentó. El atardecer se detonó a ritmo exacerbado y fue deber solo de la chica controlar a las alumnas humanas que gritaban desaforadas al atisbar a los vampiros salir de su Dormitorio de la Luna.
-¡Por favor, vuelvan a sus dormitorios! –exclamaba la prefecta repetidamente, mas sin ser escuchada, sino repugnada por completo.
-¡Cállate, prefecta! –contestaban varias voces mezcladas en el tumulto.
El portón se abrió más, y los chupa-sangres se hicieron admirar. Los chillidos del fanatismo adolescente hicieron rechinar los dientes de Kira Airen, abandonada en esa tarea, y que aguantó cuanto pudo hasta ser empellida por el ímpetu de aquellas jóvenes del turno día. Cayó al suelo, a los pies de Kadashi, quien justo desfilaba luego de Shikara Haze y sus vasallos.
-Oh, vaya... Una princesa que cae ante mis pies... –dijo el vampiro de cabello negro, en un tono seductor-. Un tanto cursi para mi gusto, pero lo acepto. De todas maneras, si quieres salir conmigo, alcanza con que lo digas, señorita prefecta... –terminó diciendo cuando le extendió la mano para ayudarla a pararse.
Ella no tomó esa mano; se levantó sola. Las manos de los vampiros se sentían frías y ásperas.
-Y, dime, dama hermosa, ¿ya te has amoldado a esta academia? Puedo ofrecerte unas tazas de té uno de estos días, si no es el caso. Quizás prefieras el turno nocturno; somos un tanto más... amigables que los del turno día. Al menos somos más callados... –Le sonrió exquisitamente al terminar de decir eso.
-No, gracias.
-Seguiré insistiendo. Algún día me dirás que sí.
-Te sugiero que vayas a clases.
-Mmm... Una mujer autoritaria... Eso me gusta aún más... –comentó sonriendo con los dientes blancos a la vista-. Pero, bueno..., no te haré enfadar..., aunque confieso que eso me encantaría verlo... –Se acercó a su cara pálida y le susurró, sulfurando los ánimos de las otras chicas que ya observaban cabreadas de la cabeza hasta los pies: -Creo que se te vería muy sexy de mal humor.
Kira Airen tragó saliva con un odio contenido en su pecho y le ordenó con una seriedad aplastante e insoslayable:
-Vete a clases.
-Mmm... Supongo entonces que nos veremos luego, mi bella dama...
-No soy tuya...
-Claro... Veremos más adelante... Hasta pronto, querida prefecta...
Se marchó con ese comentario, y Kira, tras ver las caras iracundas de las otras chicas, supo que, de nuevo, debía huir. Sin haber cumplido con su tarea, no obstante volvió a la fuente cuando los tumultos de gente se desintegraron, y esperó otra vez que Zero la encontrara. Pero se hizo finalmente de noche y se quedó sola.
-"Zero..." –pensó...-. "¿Cómo puedo hacerlo sentir cómodo conmigo...? Si mis padres me vieran ahora... defraudando a uno de los gemelos Kiryuu..." –la falta de información repentina la sorprendió-. "¿Su hermano? ¿Dónde está el gemelo de Zero?... Él... ¿había muerto a manos de Shizuka Hiou...?"
Su introspección, pese a responder a una muy atinada observación de la realidad, fue interrumpida por un hombre anciano que pasó cargando unas maletas hacia la salida del campus. Su mirada era arcaica y penetrante, y se fijó en la jovencita por unos segundos que duraron eternidades.
-"¿Quién...?"
Pero luego vino un rostro conocido que le heló el corazón. Zashi andaba vestido con ropa de viaje y luciendo un mohín agresivo y fogoso... De su mano colgaba un bolso mediano, y sus pasos eran lentos y sigilosos. La mujer entonces se puso de pie ante esa aparición y aferró sus dedos al látigo Ayilai.
-¿Quieres pelear? –la provocó el varón de colmillos.
-¿Te vas?
-Antes quería darte algo... –confesó, avanzando hacia ella tras dejar su bolso en el suelo.
-¡No te acerques! –amenazó con el látigo extendido y apretando los dientes. El temblor que se apropió de sus piernas nacía tanto en el miedo como en la ira.
Empero, él no dijo nada ni se detuvo.
-¡Para atrás! ¡Vete para atrás!
-¿Sabías tu... que hay algunos vampiros... cuyos poderes se potencian cuando la sed de sangre no es saciada? –le continuó hablando, aproximándose más.
En réplica a su intimidación, Kira pegó un latigazo al aire con Ayilai y trató de espantarlo, exclamando:
-¡Aléjate de mí!
Sin embargo, Zashi no venía impulsivamente y sin un plan, por lo que antes de esa reacción empleó su habilidad de la telequinesis y la atrajo brutalmente hasta sus brazos, donde la aprensó con firmeza. Le hizo perder el látigo de las manos. La mujer gimoteó tratando de escapar, gruñendo, aullando:
-¡Noooo! ¡Basta, déjame!
-Ahora vas a arrepentirte de haber causado mi expulsión... Maldita rata... –le murmuró al oído justo antes de sacar sus colmillos y tomarla del cabello con tosquedad.
-¡Aaaah! ¡Z-Zeeeerooo!
-A ver cómo sabes...
Y con esa sentencia, le clavó los dientes en el cuello tibio, invocando un torrente de sangre que comenzó a chorrear por el cuello de la camisa de la víctima. El dolor era tan punzante, que ella no pudo soportar la situación, y comenzó a sacudirse para sacarse a la bestia de encima, quien en cambio se aferró más al tejido y la desgarró sin piedad. Sólo pudo separar su garganta de esos colmillos cuando pudo asestarle un par de golpes en los hombros. El sufrimiento de los miembros del vampiro obligó una retirada, y Kira se tambaleó al alejarse con el cuello abierto y desbordando su esencia roja. De pronto se había puesto pálida y sus ojos se oscurecieron; no podía coordinar... Zashi, más encolerizado que nunca, ni se limpió la sangre del mentón, y procedió a lanzarse a la chica con las garras abiertas y los colmillos aún más grandes.
Pero la doncella, abatida en el piso y sostenida del borde de la fuente de agua, no fue herida, ya que el guardián de ojos lilas y cabello platinado aparecía a la sazón en escena, con su revólver cargado. Disparó sin dudar, y Zashi sintió un balazo a través de su pecho, justo por encima de su corazón acelerado. Se fue para atrás, sosteniendo su cuerpo lacerado, y jadeó derrotado y hambriento.
-K-Ki... Kiry... uu... Mal-dito...
-Eres más cercano a un Nivel E que a cualquier otra cosa... Basura... Es hora de que te vayas.
-C-Claro... La quieres... para ti..., ¡¿n-no?
-Cállate –y le disparó de nuevo, a su hombro derecho.
El vampiro chilló de dolor y cayó de rodillas. Su mirada encendida denotaba una descomunal desesperación por vengarse. Su mayordomo llegó, empero, apresurado y, en vista de la situación, lo tomó del brazo y se dispuso a llevárselo lentamente. Antes de hacerlo, hizo una declaración al prefecto de cuello tatuado:
-Pensé que en esta academia los vampiros éramos tratados con una mínima ración de respeto... Quizás son los humanos quienes deben domesticarse.
-Márchense ahora –el caballero repugnó.
La imagen destruida de Zashi desapareció en la noche bajo el velo de ese anciano que soportó tanto el peso del joven como el del bolso en su otra mano... No obstante, cuando el chico se volteó para ver a su compañera, su corazón se aceleró como nunca antes al divisar el modo en que su sangre brotaba de su cuello desgarrado.
-Z-Ze... ro... –ella farfulló debilitada.
A él le costó reaccionar, atrapado en una suerte de embeleso o encanto por ese carmesí intenso que apenas sí era contenido por la mano delicada de Kira. A cada segundo, ella se desvaneció más sobre sí hasta que dejó escapar uno de sus últimos suspiros antes de desmayarse y hablar:
-Zero... Viniste...
Cerró los ojos, dominados por las sombras. Su mano ensangrentada cayó a uno de sus lados y ella terminó completamente en el suelo, dejada a la merced de Kiryuu, quien se sintió ahogado por un hambre que había estado reprimiendo desde hacía tanto tiempo. Cuando el instinto y la necesidad comenzaron a picarle las entrañas, el caballero se vio tentado de aprovechar la rendición de la hermosa joven inconsciente.
-"Ese aroma... Esta sangre... Es como la de... No...; es mejor... Es mejor..." –pensó, aunque su mente se bifurcó de repente y una faceta cuerda interrumpió: -"¡No! ¡¿De qué hablo? Ella... Ella no es Yuuki... No puedo... Su sangre... ¡No puedo...!"
Un achaque hondo y áspero entonces lo sacó de sí y lo llamó a dejar de meditar, sujetándose el pecho con una mano y cayendo de rodillas al lado de Kira Airen. Gimió sudando y tornándose esclavo de un dolor ya conocido por su cuerpo, entretanto su vista se nubló y volvió a mirar a su compañera cuyo rostro era ahora el de Yuuki Kuran bajo una alucinación martirizante... Espantado, saltó en reversa e hizo su mejor esfuerzo por comprender que lo que estaba viendo no era real porque Yuuki ya no existía en su vida; lo había dejado y él debía seguir adelante.
Adelante..., de la mano de gente como Kira, que sí se había acercado a él y le daba confianza...
El tatuaje en su cuello dejó de fulgurar y sus ojos lilas, que habían buscado el rojo tan sólo recién, ya variaron a su tonalidad normal. Su corazón halló unos gramos de serenidad, y él fue capaz de recomponerse y acercarse a la dama, a la cual cargó en sus brazos y llevó hasta la enfermería.
Al arribar a destino, la recostó sobre una de las camillas y esperó a que una de las enfermeras los asistiese. Mientras, su mirada, que ahora tanteaba mezclarse con un rojo sospechoso otra vez, expuso un deseo indecente brotando de su alma de nuevo. La chica, arrojada a un coma sangriento, era vulnerable a cualquier ofensa, y con nadie espiando, Kiryuu volvía a pensar de manera intermitente:
-"Quizás... Sólo una probada... ¡No! ¡No, no puedo!" –terminaba gritándose en su mente.
Sin embargo, un impulso más allá de su raciocinio lo inclinó sobre la figura de su compañera. Sus labios se separaron con sospechosa ligereza, ostentando unos dientes muy blancos... De seguro fue oportuno para ambos que Kira despertase por unos minutos, pálida y falta de energías.
-Ze-Zero... –dijo-. ¿Dónde...?
El chico gimió al salirse de su tentación impía, y le contestó.
-Estás en la enfermería... Zashi te mordió...
-¿Za... shi...?
-Ya vienen a ayudarte.
-Quéda... te..., Zero...
-¿Qué?
-Quéda... te..., por favor...
Suspiró y accedió...
-Está bien...
-Gra... cias...
Cerró los ojos de nuevo, y vino una enfermera con guantes de hule y unos cuantos paños mojados en alcohol. Le pidió al caballero que se retirara de la sala, y procedió a curar las lastimaduras de la joven, tras liberar un poco su uniforme ensangrentado. El contacto del alcohol con la piel abierta evocó alaridos de sufrimiento desde los labios de la doncella. Los mismos aterrizaron en los oídos del guardián que esperó en el pasillo de afuera.
Sólo hubo silencio después de una sesión de gritos de cinco minutos... Zero llegó a fruncir el ceño preocupado; parecía que estaban torturando a su compañera.
-Prefecto... –llamó la enfermera, al salir ante el hombre-, ya puede pasar.
-Gracias.
Entró, y se quedó de pie frente a la camilla de la accidentada recostada, quien lo miró con ojos delicados y sonrió débilmente antes de empezar a hablar otra vez:
-Eso fue terrible...
-Me pareció.
-¿Qué hora es?
-Es tarde.
-¿No tienes ganas de ir a dormir?
-No mucho. En realidad estoy más cansado durante el día.
-Ja... Si no conociera tu historia, diría que eres un vampiro reprimido –opinó, alzando las cejas y cerrando los ojos al mismo tiempo.
El corazón del chico se aceleró. Qué comentario tan particular...
-Lamento haber causado un problema...
-No fue tu culpa. Zashi es un asesino; tú hiciste lo mejor que pudiste. –Dio tres pasos, sacó de su bolsillo el látigo Ayilai y lo colocó sobre la mesita junto a la camilla. –Ten.
-Ah, gracias...
-No lo pierdas.
-¿Me viste cuando Zashi...?
-No. Te vi antes, cuando trataste de contener a las alumnas del turno día.
-¿En serio? ¡Pero te estuve esperando todo un rato...!
-¿Realmente esperas aprender estando siempre conmigo? Tienes que hacer las cosas por ti misma. Estuve observando para ver cómo te manejas de momento...
Enfadada por haber sido engañada por él en los lapsos que ella más requería de su asistencia, apretó los labios y esperó para seguir:
-Ajá... ¿Y...?
-Y... yo diría que tienes problemas para mantener tu autoridad. No tienes perfil de prefecta, igual que tu antecesora.
-P-Pero... pensé que esa chica era buena...
-Como prefecta, no. Quería proteger la Academia, pero...
-Zero, ¿puedo preguntarte algo...? –lo interrumpió.
Él calló.
-Ella... ¿era tu amiga?
-¿A qué viene una pregunta como ésa?
-Me dijiste que no creías en los amigos. Quizás eso es ahora. ¿No tenías amigos antes? ¿Ella, tal vez?
Zero se tomó unos instantes para, antes de responder, examinar la expresión en el rostro de la joven y entender que no guardaba animadversión.
-La antigua prefecta era una egoísta. No era mi amiga.
De nuevo, elipsis, y la jovencita se sonrojó pensando que, quizás, si la prefecta anterior había sido mala, ella podría enorgullecer a Zero con facilidad... o al menos no ser una molestia, algo con lo cual podía conformarse.
-¿Qué vas a hacer ahora?
-Debo volver a patrullar la zona.
-Y, ¿cuándo puedo irme?
-Mañana por la mañana vendré a buscarte.
-Ah..., está bien.
-Si no me necesitas para nada, me voy. "'Me necesitas'... Eso... jamás se lo dije a Yuuki... A nadie, en realidad..., excepto a Ichiru..." –terminó cavilando.
-Por mí está bien.
Él asintió con la cabeza y se volteó, listo para irse. Dio un par de pasos y ella lo llamó de nuevo:
-Zero.
-¿Qué?
-Yo..., ¿podría ser... tu amiga?
Kiryuu se dio media vuelta otra vez para verla a los ojos, atónito. No supo qué decir. Jamás nadie le había dicho eso. Eso, nunca... Su corazón se enterneció tanto, que se sintió como si fuera a derretirse.
-K-Kira...
-Ah... Dijiste mi nombre.
Él se sonrojó. ¿Y qué si había dicho su nombre? Así se llamaba, ¿no?...
-Te veré mañana –dijo sin más, escondiendo sus ojos como siempre.
