DÍA TERCERO: "De a Poco"
Kira Airen se cambió cuidadosamente de ropa y contempló el látigo Ayilai sobre su falda, una vez que se sentó en su lecho de hospital y esperó la llegada de Zero Kiryuu. Sus ojos recobraron algo de color después de la noche, y su rostro dejó atrás el gris. Sin embargo, un aura de dolor sempiterno la rodeó mientras meditaba con un gesto sólo propio de los luchadores que han vuelto vivos de la guerra pero destrozados bajo la piel.
-"Mamá... Papá... Me mordió un vampiro... ¿Qué estarán pensando de mí ahora...? ¿Qué voy a hacer...? Un cazador que es mordido...; una vergüenza... ¿Qué pensará Zero incluso...? Ya nadie tendría que estar conmigo... Porque nunca podré... Itsuki..."
La puerta sonó a la sazón. Sólo dos golpes antecedieron la entrada del otro guardián a la habitación. La chica lo miró con la sinceridad que le brotó del pecho y esperó que él, casualmente portando un mohín de enfermedad profunda y misteriosa, saludara primero.
-Buenos días...
-Buenos días –respondió ella.
-¿Cómo te sientes?
La jovencita palpó su cuello envuelto en una venda blanca que parecía una gargantilla de tela, y asintió con la cabeza.
-Creo que hoy podré seguir patrullando.
-Bien. Te diré que el Director se asustó mucho cuando supo lo que pasó anoche. Quiso venir a verte, inclusive.
-Oh..., qué dulce de su parte... Pero, dime... ¿Zashi y Deimou...?
-No los volverás a ver.
-Ah... Qué alivio. Por fin.
-¿Te puedo preguntar algo? –interpeló el hombre, curioso.
-C-Claro...
-¿Cómo fue que él te lastimó tanto el cuello al morderte...? Debió haberte dejado sólo un par de perforaciones, pero...
-Me resistí.
-Ah.
-Sí... Forcejeé y él se aferró más a mí... Me desgarró. –El rubor afloraba a sus mejillas al evocar en su memoria aquel acto perpetrado contra su integridad la noche previa.
-Ya, ya veo.
-Perdí mucha sangre, ¿verdad?
-N-No... No tanta.
-Espero que no haya quedado un desastre en la fuente.
-No. Lo limpié personalmente antes de que alguien viera algo.
-Aunque me haga sentir vergüenza, te lo agradezco. –Infló los pulmones de oxígeno y se despabiló para arrancar de nuevo. -Bueno, creo que podemos irnos.
-¿Segura?
-Sí, sí –dijo, levantándose con una sonrisa en la cara y con el látigo contenido en su mano delicada.
Pese a sus ganas de batir el episodio que la había lesionado tanto, la presión de su cuerpo débil sobre sus pies flojos hizo que ella perdiese la compostura. Por unos segundos se desvaneció, quebrándose en el suelo. En el proceso, quiso sujetarse de la cama, mas sus dedos flacos no sirvieron de nada y casi se desplomó por completo. Fue un par de brazos lo que la sostuvo antes de tocar suelo. Se sentían calientes y amenos. Ella alzó la mirada a Zero, que la tuvo con (incómodo) cuidado, aunque sin desear verla demasiado a los ojos.
-Z-Zero... Gracias... Je... Eres extraño; p-pensé... que me dejarías caer...
-Levántate...
La prefecta se sacudió la pollera para limpiarse el polvillo y se tomó la frente mientras volvió a encontrar su centro. Tambaleándose un poco otra vez, Zero la retuvo de los hombros frente a ella.
-Está bien... Ya pasó... Gracias –afirmó sonriente mientras las manos del joven dejaron de tocar los lados de sus brazos.
Emergió de un cuarto contiguo una enfermera con un papel en las manos y algunas gasas envueltas en plástico.
-Querida –dijo-, aquí tienes la constancia que me pediste para evitar las clases cuando lo necesites, y estas gasas, consérvalas bien, porque debes cambiarlas cada seis horas. Señor prefecto, ya que está aquí, le encomiendo que la cuide bien a esta jovencita amiga suya, ya que podría llegar a perder el conocimiento si se somete a mucha exigencia. Perdiste mucha sangre anoche, niña; de no haber sido por este apuesto caballero, las cosas se habrían puesto realmente feas...
-¿En... serio? ¿Tan así fue...? –se preguntó la dama, luego mirando de reojo a Zero, quien escondió los ojos. Lo persiguió: -¿No era que no había perdido tanta sangre?
El rostro del muchacho se replegó en el fastidio catado por ser atrapado mintiendo. Se sonrojó tenuemente al pensar una y otra vez en sangre, y se resistió a contestar a la inquisición de Kira Airen.
-Tenías heridas serias en un punto del cuerpo que es extremadamente delicado –continuó la enfermera-. La próxima vez, sé más cautelosa con los alumnos del turno nocturno. –(La dama estaba bien al tanto de la existencia de los vampiros; sólo así podía atender en la enfermería).
-Sí, señora...
-Bueno, espero no verte pronto.
-Ojalá. Gracias por su amabilidad –dijo, recibiendo las gasas y la constancia en sus manos.
Los jóvenes salieron al pasillo y caminaron lentamente hasta la cocina del Director. Aunque Kiryuu fue atento a vigilar que Kira no se desplomara sobre la marcha, por otro lado no dijo una palabra. Es más; se preguntaba cuántos segundos pasarían hasta que fuera la doncella de ojos azules quien rompiera el silencio.
Un poco sonriente, ella lo hizo:
-¿Notaste cómo dijo la enfermera...? "Señor prefecto, le encomiendo que la cuide bien a esta jovencita amiga suya"... Dijo que yo era tu amiga.
Él gimió apenas un poco para únicamente dar una señal de estar vivo. Para Kira, fue suficiente.
Minutos más tarde, al emerger ya al exterior, la luz del sol pudo recaer suavemente sobre ellos como una llovizna de oro. Zero pasó a interrogarla:
-La constancia...
-¿Mmm...?
-¿La pediste tú?
-Eh... Sí... ¿Por...?
-¿Para qué? ¿Estás en condiciones de patrullar y no de asistir a clases?
-Ah... Es que... La pedí por las dudas... por si me siento mal después.
-¿Es por eso?
-¿Para qué más?
-No te hagas la tonta. No quiero tener a una holgazana conmigo.
-Si me preguntas, tú tienes más cara de holgazán que cualquiera que haya visto desde que llegué a aquí, pero yo no lo soy.
-¡¿Quién rayos te crees que er-? –empezó, irascible aún en esas horas tempranas del día.
-Es que creo –rápidamente lo interrumpió mientras el gesto de cólera en Zero crecía en instantes y con ganas de comerse a la chica- que puedo saltearme una clase que me resulte inútil para, en cambio, hacer algo que sí necesito pulir, como patrullar. Digo, hay prioridades, ¿o no?
Encontrar que ella le daba esa relevancia a su entrenamiento como guardiana del colegio no le permitía retomar el hilo de su afrenta y terminar de gritarle. Apretó bien los labios y revoleó la mirada. Su forma de bufar después causó gracia en Kira, mas, para no tentar a la bestia, ella ni se atrevió a sonreír.
-"Qué tarado; debe ser un buen tipo, pero tiene un humor de perros..." –habló la chica en su mente, donde, si quería, sí podía reírse a carcajadas por la forma en que Kiryuu trataba de pelear contra su propia antipatía existencial.
-¡Kiiiiiiraaaaaaaa! –exclamó lloroso el Director al ver a la chica aparecer en la cocina con esa banda blanca casi como si fuera un collar apretado-. ¡Estás vivaaaaaaaaaaaaa!
-¡Egh..., sí...! –contestó estrangulada por los abrazos de Kaien.
-¡Estaba tan preocupado...!
-Estoy bien, Director –como pudo, aseveró con una sonrisita asfixiada.
-Zero me ha dicho todo. ¡Eres toda una sensación! ¡Pero debes cuidarte más, eh! ¡No sé qué haría si salieras realmente herida!
-No se preocupe por nada, Director. Todo está bien.
-¡Gracias a Dios! ¡Ven ahora mismo, entonces! ¡Quiero que comas rápido!
-¿Por qué "rápido"? –quiso saber, mientras el divertido Kaien la empujó hasta el comedor.
-¡Porque debes recuperar todas las fuerzas que perdiste anoche...! ¡Te espera un gran día y no puedes andar por ahí con el estómago vacío y poca sangre en las venas!
-¿Un... "gran día"? ¿Hoy? ¿Por qué? ¿Pasa algo especial hoy?
-Umm..., no que yo sepa.
-¿Y?
-Agh... Eres como tu compañero prefecto... –con lamento comentó. Zero Kiryuu se apoyó en el marco de la puerta, contemplando la situación-. ¡Todos los días en que amaneces viva son una bendición! Si el sol sale, querida, un gran día te espera.
La chica dibujó en su cara una expresión clara de vacío espiritual. Una emoción filosa había tocado su corazón, y de pronto sólo fue capaz de permanecer ahí, tiesa en su silla entretanto Cross corrió a la cocina vociferando:
-¡Ya traigo el desayuuuuuno!
El hidalgo de cabellos platinados observó la repentina reacción de su colega y esperó. Kira miró por la ventana y respiró hondamente, lo cual evidenció el tono trise de su garganta al tomar una bocanada de aire en un esfuerzo por no llorar.
-¿Qué recordaste? –le preguntó sin embargo el joven.
Sin respuesta. Kira no se planteó siquiera que aquél estuviera interesado en lo que ahora la flanqueaba impiadosamente. Escondió su mirada cargada de lágrimas hasta que no pudo contener sus gimoteos y su cuerpo comenzó a moverse automáticamente por efecto de la pena encerrada en su pecho. Sus uñas se aferraron a la tela negra de su pollera.
Zero indeliberadamente quiso arrimarse; sentía sobre su piel el repliegue de su gesto fruncido por la preocupación automática. Pero en el final dudó y respetó la distancia. Se perpetuó un momento en que lágrimas de sufrimiento sutil desbordaron por un par de ojos azules, atisbadas por el chico que no podía ni tendría lo necesario para brindar un consuelo aunque se viera a sí mismo reflejado en ella.
-"Sería demasiada coincidencia que ella también tenga razones... para llorar todo el tiempo..."
Sus ojos lilas se expandían atónitos al observarla sumirse en sus propios insondables conflictos.
Luego regresó el Director, con la comida lista.
-¿Eh? ¿Interrumpí algo?
El prefecto negó con la cabeza, relajando un poco los músculos de la cara.
-Oh, en ese caso..., ¡vamos, Kira! ¡Te preparé un platillo bien original...: tortilla de batata con leche! –anunció, destapando el plato hondo y humeante donde había colocado la preparación-. ¿Qué tal?... ¿Mmm...? –Notó un silencio exagerado, y luego la chica se volteó hacia Cross, aunque sin verlo, hablando:
-Muchas gracias. Me encantará probarla.
-¡Perfecto! ¡Zero, ven aquí! Tú tienes... ¡avena!
-¿Avena? ¿Te mataste para cocinarle a ella y a mí me das un simple plato de... avena? Vaya...
-¡Oh, no te quejes, muchacho! ¡Podrías no tener qué comer ahora, desagradecido!
Zero suspiró pero aún sin sentarse. Cross tampoco lo hizo. La doncella se quedó helada, abstraída en un sentimiento rasposo que la llevaba al borde de un llanto enfermo, y Kaien no quiso empeorar su condición, en vista de cómo quería esconder lo que le pasaba. A la sazón, Zero tomó una bandeja, colocó allí los desayunos de ellos dos y dictaminó:
-Mejor vamos a comer a la sala de estar. Parece que este comedor está hechizado; cada vez que vienes aquí te sientes mal –le dijo a la doncella de cola de caballo negra.
-¿Se van? –preguntó el Director apenado.
-Volvemos luego. Vamos, Kira.
Se fue con la esperanza de que ella lo siguiera, y así sucedió. En un cuarto de poca luz, en donde desembocaban algunos pasillos, sobre un sillón elegante fue donde el chico se sentó e invitó mudamente a la oscurecida prefecta, la cual, sin decir nada en lo absoluto tampoco, tomó asiento asimismo y comió lentamente su tortilla. Cada uno, en una punta del sofá.
Pasaron los minutos y la chica miró al varón, quien contestó de reojo solamente cuando ella hablo honestamente y sin mantener la guardia alta:
-Gracias, Zero.
-¿Por qué?
-Por sacarme del enredo que tenía encima. No... No sé cómo haces para darte cuenta..., pero...
-Verte conmocionarte tan de repente es demasiado aterrador como para ignorarte.
-Tú..., ¿nunca te sentiste así?
-... prefiero no hablar de eso.
-Está bien.
Una pausa breve antecedió la espontánea y adorable pregunta formulada por la dama:
-¿Me harás compañía todo el día hoy?
-¿Q-Qué...? –él cuestionó, ruborizado en un sentido que cubrió su rostro pálido.
-Ayer me dejaste sola... Y ya no quiero eso...
-Así no aprende-
-No me importa. Búscate otra forma de enseñarme a ser prefecta –dictó resueltamente.
-¿Disculpa?
-No quiero estar sola.
-¿Eres dependiente de los otros?
-Todos necesitan tener a alguien. Los humanos no nacieron para estar solos.
-Sí, claro...
-¿Quieres decir que me abandonarás de nuevo hoy?
-No lo sé. Dependerá de cómo actúes. Si me irritas, probablemente te ignore y me vaya.
Ella suspiró, exhalando aire de dolor frente a la necesidad de alguien que la hiciera sentir viva pero que no se hallaba cerca si Kiryuu era tan reacio.
-Para empezar –siguió él-, podrías encarar a Alika de alguna forma para evitar que te siga desautorizando.
-¿A-Alika...? –inquirió con recelo.
-Sí. ¿Te da miedo?
-¿Miedo? No...
-Entonces, enfréntala y resuelve lo que pasó ayer. No quiero tener que sacrificarme por ti de nuevo. "¿Qué estás diciendo, maldito...?" –pensó de pronto, casi en una conducta bipolar-. "Está destruida por dentro y tú la obligas a que... ¿Qué rayos tienes en la cabeza...?"
Pero la joven se determinó a contestar:
-Está bien.
-A-Ah...
-Si la enfrento..., ¿te quedarás conmigo?
-D-De acuerdo...
-Entonces lo haré...
-"Eres una basura..." –se dijo a sí mismo, cerrando los ojos con desgarro emocional-. "Ya supéralo..."
Para obedecer a las palabras de Zero, la chica disfrazó su rostro dolido con un velo de firmeza que tuvo que levantar desde lo más hondo de su corazón. Era triste la obviedad de su sufrimiento y aún su disposición a hacer cualquier cosa para no estar sola de nuevo.
Al acabar con el desayuno, ella se irguió y, seguida por el prefecto, atravesó la cocina antes de encarar el trecho hacia los salones de clase. Ambos saludaron al Director y avanzaron como dos sombras, separados por un par y medio de metros.
El caballero, no obstante, no aguantó demasiado antes de dejarse llevar por su conciencia y ejercer un alto al andar. Mientras el rubor sobre sus mejillas tuvo poder propio y sus ojos lucieron como cristales, hizo uso de su voz:
-O-Oye...
-¿Sí?
-Yo... Lo siento.
-¿De qué me hablas? Tú no debes decirme eso a mí. Eres un cazador mucho mejor que yo.
-Cierra la boca y déjate de eso. No soy un héroe; ya te lo dije... Y-Yo, lo que quiero decir es que... no tienes que enfrentar a Alika en realidad si no quieres... Me equivoqué.
-Vaya que, como persona, eres complicado, eh... Ya lo dijiste. Zero, no me importa; quiero que veas que soy una compañera que vale al menos la pena. Enfrentaré a Alika y evitaré que vuelva a molestarme, porque tampoco quiero que te sacrifiques por mí.
Ella suspiró. Hizo una declaración que dejó ver una esquina de su corazón triste:
-¡No quiero que nadie más se sacrifique por mí!
La joven se adelantó. Zero Kiryuu no pudo hacer más que permanecer allí, contemplándola por unos instantes antes de seguirle los pasos de nuevo.
A la situación atendió Kaien, que escuchaba tanto las palabras como los tonos proferidos por la boca de la chica nueva. De vuelta en su oficina, decidió que descubriría todos los detalles sobre lo que le había sucedido. Levantó el teléfono y llamó al guardián que la había traído.
-Sí, hola Chigima... Escucha..., necesito que nos encontráramos en algún momento para hablar de Kira –le dijo a través del tubo.
Los prefectos ingresaron al salón con una cierta distancia entre ellos. La chica iba adelante, con una seriedad que la pintaba de punta a punta. Alika Tomashi y sus colegas comenzaban a farfullar risas desvergonzadas ni bien la veían entrar, reflejando la conducta de los miserables que secretean por lo bajo sus envidias e ignorando la deshonra.
-Kira... –Zero la llamó al verla acercarse al asiento de esa rubia rodeada de estudiantes malvadas, aunque Airen hizo oídos sordos.
-Oh, vaya, vaya... Miren quién llegó... –habló la villana en un tono provocador.
-Alika... Tú...
Pese a sus pretéritos mandatos, el varón de cabellos platinados no quería ver eso. La sujetó del brazo y tiró de él para llevársela. Le susurró con firmeza, sin atisbos de amenidad:
-Kira, vamos a sentarnos.
-No, Zero.
-Te dije que vayamos a sentarnos.
-¿Por qué mejor no haces lo que dice el degenerado, eh? –terció Alika de nuevo.
-No lo llames degenerado, estúpida -gruñó.
-¡Ah, ahora la cosa se pone más interesante!
-¡Lo defiendeeee...! –chillaron las demás alumnas en un coro socarrón y desquiciante.
-Y ¿qué si lo hago? –Kira espetó-. ¿Acaso lo conocen?
-¡Kira, basta ya! –Zero regresó, halándola del brazo e imponiendo su tozuda pero aplacada voz a centímetros de la cara de ella-. ¡Te ordeno que me sigas!
-¿Qué está pasando aquí? –vociferó el delegado de la clase-. ¿Una discusión? ¿Y con los prefectos implicados? ¡No me interesa cuáles sean sus motivos! ¡Cada uno, a su asiento! ¡No quiero ningún escándalo en mi salón!
-Déjala –insistió el de vista lila-. Vamos...
La rubia siguió provocando a la de mirada celeste, quien accedió al final a acatar la orden del hidalgo, dejando el momento hostil cortado por la mitad y adeudando una solución que valdría la pena ver.
-Te dije que lo olvidaras –el chico recriminó a la doncella, en un murmullo que sólo se oyó en su mesa, a la cual únicamente ellos dos estaban sentados.
-Tú mismo dijiste-
-Ya sé, ¡y me arrepentí, rayos! ¡Basta...!
-No.
-¿Por qué-?
-Porque quiero que-
-¡No voy a seguir repitiendo que cometí un error! ¿Qué quieres, que me arrodille y te pida perdón? Y, ¿a qué vino eso de que la llamaras "estúpida" por haberme dicho "degenerado" a mí?
-Es que no entiendes que-
-¡Orden, alumnos! –interrumpió con un chillido la profesora de biología, quien ingresaba en el aula con una cara de neurótica obsesiva total... Tras un breve preámbulo, anunció: -Espero que hayan estado atendiendo sus deberes últimamente, porque hoy tienen examen.
-¿Qué? ¿Examen sorpresa? –mascullaron entre sí los estudiantes.
-No se evaluarán temas que no hayan sido vistos en clase, así que no quiero oír ninguna protesta.
-¿Qué? –Kira saltó-. ¿Examen... ahora? Pero yo...
-No te preocupes tanto. Habla con la profesora y arregla una solución.
-Está bien... Tú..., ¿rendirás esta prueba?
-Creo que debería...
-Todos saquen un par de hojas y comiencen a escribir... –empezó la docente.
La chica nueva exclamó, poniéndose de pie:
-¡Uhm..., espere! ¡Profesora..., yo...!
-Disculpe, ¿la conozco, señorita?
-Ahm..., no, profesora. Soy Kira Airen, señora; la nueva prefecta.
-Ajá... y supongo que ésta es tu primera clase de biología aquí.
-Pues, sí, señora...
-Ven aquí un momento –la llamó con un gesto que denotó su arrogancia nata y sus pocos modales para con el alumnado. Alika Tomashi y sus compinches se deleitaron en la situación, sonriendo perversamente. Una vez que Kira estuvo cara a cara con la docente, prosiguió: -Dígame una cosa, alumna... Dado que usted es nueva en la Academia Cross, ¿no se le ocurrió pensar que sus actuales compañeros de clase estarían a la mitad de un proceso de aprendizaje? El programa educativo es uno tal que no podemos interrumpir por el simple hecho de que usted haya llegado. Debió haber pedido el material de la materia ni bien arribó a este establecimiento.
-P-Pero..., el Director...
-El Director no ha hablado nada conmigo porque no le correspondía. Yo soy la titular en esta asignatura, así que yo le digo qué debe hacerse en mi clase. ¿Entiende?
-S-Sí...
-Ahora pida las bibliografías y todo el material de sus compañeros. Quiero un informe a modo de sinopsis acerca de todos los temas que hemos visto en lo que va del año.
-¿Q-Qué...? –Faltaba poco para que terminaran las clases; la cantidad de temas vistos era enorme...
-¿Tiene alguna duda? Lo quiero para la semana que viene.
La jovencita estaba bañada en estupor. No podía creer todo lo que tenía que hacer... Entonces oyó unas risitas burlonas detrás de ella; al voltearse, encontró a Alika riendo con sus aliadas, y luego estas disimulaban dicho acto. Se sintió tan bastardeada, que la idea de abandonar la Academia surcó su cabeza automáticamente. Bastaba que Zero la continuara maltratando un par de días más para que lo decidiera de modo perentorio.
-Retírese del aula, alumna –le ordenó la maestra ciruela. La chica asintió con la cabeza y salió no sin estar desprovista de una desagradable sensación de injuria difusa.
Recorrió los pasadizos que dividían los salones. El bisbiseo de las voces activas de otros docentes y alumnos acompañaba sus pasos taciturnos, y la luz acrisolada por el filtro de los ventanales perseguía los filamentos negros de su suave cabello. En los rincones menos iluminados, se detenía a sentirse. Escuchaba las risas que desentonaban entre las oratorias de los estudiantes mezclados a la distancia y envidiaba la salud de esa pubertad libre de preocupaciones. Miró por encima de su hombro y extendió la vista al frente para observar el vacío, y extrañó rostros ya esfumados de su vida. Su corazón latía a un ritmo que le robaba la coordinación a los demás órganos y exigía que todo su cuerpo se recostase sobre los muros. En la soledad, su espíritu naturalmente poderoso perdía la voluntad de buscar recomponer sus días. La salida al pesar estaba lejos, en tierras desconocidas que sólo podría explorar acompañada. Suspiró y dirigió su mirada a los cielos afuera. El mundo por momentos se sentía ajeno a ella, un enemigo, algo virtual.
Se sentó bajo un árbol a esperar a Zero Kiryuu. Se dispuso a eternizar el tiempo incluso hasta que ascendiera la luna de nuevo, arrullada por la brisa tenue y escoltada por el más puro silencio. Se retrajo a su mente a catar las intrincadas emociones que se mezclaban con ideas e ilusiones contra desilusiones y sueños. En sus cavilaciones, inmersa, se dio cuenta de algo:
-"La semana que viene... Tendré que terminar ese maldito informe en mi cumpleaños... Qué bonita forma de empezar con los festejos..."
No tardó en llegar un recuerdo que la abatió de la forma más fugaz. Se sintió como si Dios le aplastara un dedo sobre la nuca. Reposó la cara sobre sus rodillas, al hacerse una bolita y abrazarse las piernas levantadas. Lloró escondida en esa postura y gimoteó al regresar al pasado en sus memorias de las fiestas de cumpleaños que su familia solía armarle.
El desconsuelo amainó sólo cuando, como una caricia celestial, floreció la voz de un caballero. Se asomaba desde atrás del árbol, con una mano apoyada sobre el tronco, mientras se acercaba con cautela a la damisela que lloraba en soledad.
-¿Kira? –habló Zero Kiryuu.
Ella elevó la mirada hacia él y lo miró con los ojos bien abiertos y acuosos. Dos caminitos de lágrimas bajaban desde aquéllos hacia el borde inferior de su rostro pálido y pulcro.
-¿Zero...? Y tu examen...
-No hacía falta.
-¿Qué? ¿Seguro?
-¿Por qué estás llorando?
Se secó las lágrimas y ocultó su débil mirada. Su voz tembló y se encogió de hombros.
-Por nada... Es que... Esa mujer es horrible... y ya viste cómo se reían de mí.
-Eso no es tanto como para que llores. ¿No hay otra razón?
-Lamento que no te parezca suficiente, pero a mí me hace daño –aseveró, frunciendo el entrecejo, imponente y provocando a Zero, quien copió ese mismo mohín.
El varón resopló antes de sentarse al lado de ella, aunque un tanto lejos. Lo más probable era que el alma defensiva de Kira le inspirara a él un cierto respeto imposible de pasar por alto y desintegrase sus deseos por pelear con ella.
-Escondes muchas cosas.
-¿Yo?
-Sí, tú.
-Tú no te salvas tampoco que digamos.
El silencio marcó que estaban igualados de momento. Duró pocos minutos. Él volvió al habla haciendo un esfuerzo por cambiar el tono tirante de su garganta:
-Sabes..., si quieres puedo conseguirte el material de biología... No creo que sea muy complicado para ti resumirlo. De hecho, si tienes suerte, la profesora ni lo leerá.
-¿Eh?
-Créeme. –Suspiró. -A veces obliga a sus alumnos a realizar trabajos de investigación sólo para arruinarles un fin de semana, cuando en realidad ni le importa leerlos. A todos los aprueba con 7. A algunos, como Alika, les pone 8 u 8.50, y a los que les tiene antipatía, 6 y hasta a veces 5.50.
-¿De verdad?
-De verdad.
-Y, ¿tú...?
-Yo le caigo mal.
-Ah..., entonces tienes biología reprobada.
-No me importa. Sé más que ella, y el Director me saca de esos inconvenientes.
-Mmm... Él... Zero..., el Director me dijo que es tu padre adoptivo...
El chico bajó la cabeza.
-¿Es así...?
-Sí.
-Ja... Debe ser lindo tener un segundo padre tan carismático y protector.
-No es mi segundo padre. Es simplemente la persona que me cuidó –tajantemente respondió.
-Ah... Claro, sí, lo sé... Quise decir-
-Ya sé.
-De todas formas..., te agradezco que me ayudes con el material de biología. En serio, Zero.
-No es nada –dijo, quitándole carga al favor.
En su situación, Kira era muy permeable a los actos caritativos. De un solo golpe, sintió que podía pasar todo el día junto a ese intolerante joven. Nació en ella el deseo de bajar la guardia pacíficamente. Y por lo mismo fue que se atrevió a pronunciar un comentario, casi una plegaria que irradió de su pecho núbil casi rogando que Zero no la destruyera.
-Aunque, para mi sorpresa, actúas como un bastardo, sospecho que tenemos algunas cosas en común.
Los ojos lilas de aquél giraron rápidamente sobre sus órbitas en dirección a la voz de ninfa de Kira Airen. Su expresión reflejó tanto el asombro por oír el temerario término "bastardo" como así una idea que él percibía posible: el hecho de que, por detrás de sus mecanismos de defensa, ambos fueran personas más parecidas de lo que pudiesen imaginar.
Cuando se cumplió la hora del almuerzo, ella vaciló sobre si ir al comedor. El hidalgo de cabello plateado no obstante notó la causa y le dio una orden:
-Quédate aquí. Iré a buscar algo para comer.
-¿Qué?
-Podemos comer afuera. Es uno de los beneficios de los prefectos.
Dijo eso y se fue. Kira permaneció en la misma ubicación, en el patio de afuera, abrazándose a sí misma a medida que sentía a Zero quizás relajarse y aminorar sus ofensas. De alguna forma, difusa aún y no en primer plano con respecto al resto de las complicaciones que ocupaban su mente, él parecía ser la paz que necesitaba. Era como un amigo ideal y probable víctima de un preocupante trastorno. Por ello, la dama creía, en lo profundo de su corazón, que tenía que descubrir el velo de oscuridad que lo cobijaba para darle un nuevo curso de luminosidad a su vida..., porque desde que había llegado a la Academia, no lo había visto sonreír ni una vez.
Adentro, en la fila de espera del comedor, Kiryuu fue llamado por Yori, humilde y cortés tanto en su forma de hablar como de arrimarse a él.
-Hola, Zero.
-Hola, Yori –fue la seria réplica al saludo.
-¿Cómo estás? ¿Cómo van las cosas con Kira?
Él se encogió de hombros neutralmente.
-Mmm... Bueno, si me preguntas a mí, me parece una chica simpática.
-No te pregunté.
-Bah... Qué agradable que eres.
-¡¿Te importa?
-No... –espetó, revoleando la mirada y sin entrar en el juego del muchacho-. ¿Te cae bien?
-No tengo problema.
-Claro... Bueno..., me parece que quizás..., deberías estar con ella. Supongo que te hará bien estar con una chica honesta y que sea como tú..., para que sigas adelante... y descubras cosas nuevas, ¿no?
-No lo sé. Me da igual.
-¿De verdad... o sólo me dices eso a mí?
Él la miró de reojo. Como que Yori adivinaba un poco sus pensamientos...
-De todos modos, me alegro mucho de que tengas una nueva compañera, y una tan dulce. He estado hablando con ella; definitivamente creo que es para ti. Como prefecta, digo.
Zero se cerró de cara a Yori, quien sin más dejó ese mensaje repiqueteando en su cabeza y luego se fue a comer con compañeros, en las mesas cercanas.
-"¿Si me cae bien...?" –se preguntó. La faceta necesitada dentro de su cabeza removía la tirantez en su frente y el ceño fruncido. Su mirada caía al piso y afloraba el anhelo de estar en paz.
Volvió con un par de bandejas con alimentos variados. Kira lo ayudó cargando la suya, y posteriormente fueron a sentarse debajo de otro árbol que proyectaba una sombra más grácil. La brisa de la primavera se sentía cada vez más cálida, y el sol de mediodía se filtraba entre las hojas hasta llegar a ellos en un tono de luminiscencia amena verdaderamente bella. Comieron en silencio por un rato hasta que la doncella habló:
-Esta noche tendremos menos trabajo, supongo... Ya que Zashi y Deimou no están...
-Puede ser. Rikken, no obstante, sigue causando problemas.
-No entiendo cómo...
-¿Qué?
-Cómo el Director puede pensar que los vampiros y los humanos pueden vivir en paz... Puede ser que en una primera instancia esté todo bien, pero a la larga se terminan filtrando instintos y ellos nos muerden... aunque sea un poco. Es como que pongas a convivir a un cocodrilo con una cebra; podrán ser amigos..., pero en algún momento el cocodrilo tendrá hambre.
-No quiero hablar de eso.
-Cierto... Olvidé que los odias...
-Tú tampoco les tienes mucha simpatía.
-¿Por qué lo dices? –preguntó ruborizada.
-Por cómo los miras, sin mencionar la manera en que te horrorizaste cuando Zashi te atacó.
-Ah... No se te escapan las cosas.
-Vete acostumbrando –alardeó.
Kira resopló criticando el carácter fanfarrón que todavía era muy palmario en él. Sin embargo, no tuvo que esperar más que unos momentos para que él solo corrigiera el comentario desubicado:
-Pero en lo personal..., diría que es mejor si opinamos desde puntos iguales en cuanto a ese tema.
Ella sonrió, aún, sin embargo, haciendo lo mejor posible para que su alegría por recibir un comentario desenfadado no desbordase y se notara.
En paz, poco después ambos terminaron de comer y la mujer descansó contra uno de los costados del tronco del árbol, perpendicular al varón, que se ubicaba contra el frente. No contuvo un cálido gesto:
-Zero...
-¿Qué quieres?
-Gracias por comer conmigo y por no obligarme a ir al comedor.
-Está bien.
-Nunca tuve un amigo como tú. En especial que fuera semejante cazador de vampiros como tú... Esto debe estar mal.
El hombre suspiró. Sintió que su corazón se comenzaba paulatinamente a desgarrar...
-Otra vez con eso... ¿Qué debe estar mal?
-Yo... como tu amiga... Soy muy inferior a ti.
-Déjate de estupideces; ya te lo dije...
-Disculpa... Es que has sido toda una sensación en el mundo de los cazadores. Cuando te vi en la oficina del Director, realmente quedé muy impresionada... No pensé que realmente serías tú...
El hidalgo suspiró de nuevo, tomándose la cara en un hastío que no obstante domaba bien.
-¡Oh, casi me olvido...! –exclamó la otra un par de minutos después-. ¡Tengo que cambiarme el vendaje...!
-¿Eh?
La prefecta sacó de su bolsillo un rollito de vendas y trató de sacarse el collar de la misma tela que le rodeaba el cuello.
-¡Agh...! Está enganchado atrás... Oye, ¿me podrías ayudar, por favor?
-¿Qué?
-Necesito que me aflojes el vendaje de mi cuello, por favor. Ya tengo que cambiarlo.
-P-Pero..., ¿por qué? ¿Acaso sigues sangrando o algo así?
-Un poco... Pero igual prefiero hacer lo que me dijo la enfermera.
-Agh... ¿Por qué me lo pides a mí?
-¿Ves a alguien más por aquí que pueda hacerlo? ¡Por favor! O, ¿acaso te da asco?
-No es eso, idiota... –Resopló. –Bueno... Está bien...
Con manos timoratas, el caballero de ojos lilas removió el vendaje de la chica, quien se entregó completamente a él exponiendo su cuello tibio. El roce de sus dedos contra esa superficie lo hacía temblar, y una pulsión sucia se movía en su interior, llamándolo para comer.
-¿Ya está?
-Un poco más. Aún está ajustado.
Pero a medida que la piel de la joven se iba poco a poco descubriendo, una contradicción se alojaba en su voluntad, ocasionando que no quisiera dejar ese cuello, sino todo lo contrario. Siguió deshaciendo el vendaje hasta que sus manos actuaron solas y no paró...
-Z-Zero, ya está, gracias.
Se detuvo un poco ahí, pero sus ojos quisieron vestirse de rojo. Era un peligro latente, y la joven, sin darse cuenta, de pronto se halló arrinconada por el muchacho que se le fue un poco encima y no dejó de mirar esa garganta...
-Ey..., ¿estás bien?
-S-Sí...
-¿De verdad...?
Por la fuerza, se echó para atrás y detuvo sus instintos por el momento. Sus ojos se devolvieron hacia el lila de nuevo, y sudó al mirar para otro lado.
-Zero... –Kira persistió en su preocupación.
-Estoy bien. Cámbiate el vendaje de una vez.
Ella procedió a hacerlo, y cuando su herida fue descubierta, el hombre bruscamente la ignoró. A las vendas sucias se las guardó en el bolsillo para lavarlas después, y envolvió su garganta en una nueva bufandita de gasas blancas impecables. Al dar la última vuelta, quiso terminar de ajustarla sola, aunque su complicación era evidente y Kiryuu osadamente la ayudó sin que se le pidiese asistencia, regresando.
-Déjame –dijo él, ya con sus manos sobre el vendaje.
-G-Gracias...
-Listo. Avísame cuando te lo cambies de nuevo.
-Ah... Está bien... Muchas gracias...
Respirando con una, parcialmente, restaurada serenidad, el prefecto dio un anuncio:
-Tenemos que ir a clases.
-No lo creo –ella comentó, empero, con una sonrisa pícara.
-¿Qué dices?
Sacudiendo en alto un papelito, explicó aún más contenta:
-Tengo una constancia...
-Ah..., ya ves que eso no lo pediste precisamente por si te sentías mal...
-Ahm... –se hizo la tonta, mas algo sonrojada al sentirse perseguida por el varón.
-De acuerdo. Vamos al aula y avisemos que nos vamos a ausentar.
Luego de notificar a la profesora del salón que no estarían presentes, los dos prefectos fueron a pasar el resto de la tarde a la fuente de agua. Luego el sol menguó de a poco y se fue ocultando en el horizonte mientras los estudiantes de la clase nocturna comenzaron a salir del Dormitorio de la Luna. Allí, esperando esa aparición, el hombre de pelo plateado se interesó en saber algo de la historia de Kira. Comenzó a interrogarla en voz baja entretanto mantuvo bajo control a las alumnas histéricas del turno día:
-Ey, Kira...
-¿Dime?
-¿Cómo era tu vida como cazadora? ¿Te dedicabas a matar vampiros?
-En realidad, no...
-¿No?
-No... Yo... Yo en realidad siempre traté de convencer a mi familia de que los vampiros no eran como ellos creían...y que era posible una convivencia si se lograba tratar el impulso salvaje que los convertía en asesinos.
-Pero ese impulso es lo que diferencia a un vampiro de un humano; es inherente a ellos... Estabas tratando de igualar ambas razas cuando, por naturaleza, son muy diferentes.
-Ahora lo sé...
-¿Qué te hizo cambiar?
Luego de una meditación breve, dijo:
-No importa...
-Ya veo.
A la sazón, los elegantes chupa-sangre emergieron de su área del campus y las jovencitas gritaron enloquecidas llamando los nombres de los varones más atractivos.
-¡Ey! ¡Cierren la boca! –Zero ordenó, y hubo orden. Su compañera de ojos celestes admiró esa eficiencia.
Shikara Haze pasó primero, mirando de reojo a aquella damisela, y luego estudiantes como Rikken y Kadashi, quien se acercó a la misma con la mirada tranquila. Le habló sensualmente:
-Kira Airen..., mi hermosa prefecta, ¿cómo te encuentras hoy? –La rubia Alika Tomashi, entre las masas de jovencitas, se sulfuraba al presenciar esa escena, aunque Kira no le devolviese contestación alguna a Kadashi... -¿Oh? ¿... qué te sucedió en el cuello?
-No te importa –la chica espetó, asqueada.
-Oh, mi preciosa Kira..., debes tener más cuidado... Si salieras lastimada de nuevo y yo no pudiera estar ahí para ti, creo que moriría... –comentó. Le brillaron los ojos verde esmeralda con un filo de perversión que hizo sentir a la prefecta como acorralada por lobos.
-Ya tengo a alguien que me ayuda, gracias.
Eso fue lo que dijo, sin estar dispuesta a añadir más palabras, y el vampiro de cabellera negra miró fijamente a Zero, quien se ubicaba detrás de la prefecta con un rostro neutro.
-¿Así que este caballero es tu auxilio en esos momentos...? Vaya... –opinó con los párpados bajos-, creo que debo mostrarte el mundo, mi bella dama... Yo puedo ser tu mejor resguardo, si me lo pides... Eres realmente un premio digno de ganar... Pero supongo que para ganar hay que esforzarse un poco... Bien, por mi parte; haré todo para que te des cuenta de que tú eres para mí.
Ella miró por encima de su hombro, solicitando ciertamente refugio en Zero Kiryuu.
-Ve a clases, Kadashi –le dijo éste.
-Claro... Te veré después entonces, preciosa... –finalmente expuso, inclinándose sobre el rostro de la mujercita con una rosa roja en la mano como regalo para ella, quien se ruborizó y no quiso tomarla-. Por favor, acéptala...
Las estudiantes de la Clase Diurna lloraban a la vez que los ojos de Alika eran fuego vivo. Kira era el epicentro que arrebataba todas las miradas.
-Es mi obsequio para la mujer más hermosa que he visto. Espero que la próxima vez que nos veamos aceptes quizás una cita conmigo. Anhelo con fervor intercambiar palabras contigo, Kira Airen...
Con dolor en su alma y sintiendo que no tenía alternativa, tomó la flor en sus manos y bajó la cabeza atiborrada de vergüenza.
-Nos vemos luego, querida...
Más adelante, Shikara, la presidenta de cabello verdusco, le habló a Kadashi en un tono de burla débil:
-Tú sí que buscas los platillos complicados... Podrías, al menos, dejármela a mí...¿Por qué no te interesa la sangre de humanas menos problemáticas?
-No tiene sabor... –respondió el hombre vampiro, emanando vanidad y depravación.
En el balcón del aula donde uno de los cursos tenía clases, los dos prefectos admiraban el cielo. La brisa fresca bamboleaba el cabello oscuro de la dama, quien lentamente arrancaba los pétalos de la rosa que le había dado Kadashi y los arrojaba al aire. Apoyaba los codos sobre la piedra pulida del barandal del mirador y descansaba el cuerpo hacia delante.
-"Ya tengo a alguien que me ayuda" –Zero repitió las palabras previamente enunciadas firmemente por la chica, mas ahora enfatizadas por él con un tono mordaz que les quitaba todo el prestigio-. No estarías refiriéndote a mí, quiero pensar.
-¿Toda tu vida fuiste tan desagradable? –Kira repugnó sin problema y sin mirarlo, aún jugando con los pétalos de la flor.
-Y tú, ¿toda tu vida fuiste tan altanera? –espetó.
-Yo no soy altanera. Tú eres un cretino; nada más.
-¡¿Qué?
-¿Te sorprende que finalmente alguien te conteste lo que te mereces?
-Tú te mereces que te tire de la baranda.
-Te molesta que te hagan frente. Vaya... Aunque seamos amigos, me voy desilusionando rápido, porque pensé que serías un hombre maduro.
-Vete al diablo –soltó, cabreado-. No tengo que ser como quieran los demás, tú incluida. Y no puedes decir que ya somos amigos.
La manera de demostrar, aunque le pesara, que a ella no le interesaba ser atrapada por ese mal karma era la simple emisión de un soplo despreocupado. Añadía apenas murmullos triunfales para no tragarse la irritación pero tampoco despertar la furia en aquél:
-No me sorprende que no tengas amigos...
-Habla claro. ¿Qué dijiste?
-Nada...
Después de un chistido, él gruñó:
-Tonta...
Claro era que, de tratarse de una rabia certera, no seguirían hablándose. El observar a Kira seguir concentrada en la flor que progresivamente desarmaba trajo otra línea:
-Por un momento pensé...
-¿Qué?
-Nada... Cuando recibiste la rosa.
-Me gusta como flor. Los obsequios que me quiera hacer un vampiro no me interesan...
Y al arrancar el último pétalo, lo retuvo en su mano y suspiró.
-"No me quiere..." –y lo arrojó al aire, junto con el tallo, después.
-¿De qué hablas? ¿Estabas jugando ese tonto juego de "me quiere, no me quiere..."?
-Je... Sí...
-¿"Kadashi me quiere, Kadashi no me quiere..."?
Ella lo miró, transmitiendo suavizada desaprobación, y le contestó sin rodeos:
-Zero Kiryuu..., realmente..., ¿con quién crees que estás hablando?
Como si algo nuevo se hubiera alojado en él luego de ser reiteradamente retado por la chica, se le abrieron los ojos en la sorpresa y se le dibujó una espontánea sonrisa en el rostro. Miró al frente, justo hacia la luna distante, y Kira sonrió también.
-Sonreíste al fin... –comentó con una voz dulce.
Y ahí, por supuesto, se puso serio.
No hablaron mucho más durante el transcurso de esa noche, pero no hacía falta hacerlo. Más que nada estuvieron dando vueltas por los campos de la Academia, y luego, cuando Kira no lo toleró más, se fue a dormir, habiéndose cambiado ya el vendaje de su cuello dos veces más. Eso radicó una tortura interna en Zero, quien se fue poniendo más pálido con el correr de esas horas. A decir verdad, ella inquirió más de una vez en qué le sucedía, que se veía tan mal, pero él, tal vez apostando a que pronto la ansiedad por beber sangre se aplacaría sola (fuera a saber uno cómo), explicó que no le ocurría nada y que probablemente tan sólo le faltaba descansar.
Él la acompañó hasta su cuarto y se despidieron hasta el día siguiente. Por algún motivo, cuando Kiryuu se acostó a reposar sintió como si ese día hubiese valido la pena.
