DÍA CUARTO: "Compañera"
Al levantarse, lo primero en lo que Kira Airen pensó fue en Zero Kiryuu. Estaba muy cansada y con ganas de dormir otro día más, pero parecía que le importaba más estar despierta para pasar aunque fuera un rato con él. Se vistió rápidamente y, entusiasmada, salió. En el acto, encontró al chico de ojos lilas a punto de golpear en su puerta. Dos expresiones de sorpresa antecedieron a su saludo y a las siguientes palabras del hidalgo, mientras sostuvo en alto una pila de hojas de cinco centímetros de alto, atadas con un cordón que las mantuvo quietas, y dos libros anexados:
-Aquí tienes todo lo de biología.
-¿Q-Qué...? ¿Todo esto...?
-Sí, ya sé que es mucho, pero no te quejes; me costó conseguir todo de un día para otro.
-Z-Zero..., ¡gracias! –exclamó con los ojos brillantes. Empero, a la sazón cambió radicalmente de humor para inquirir en el aspecto de su compañero: -Oye, hoy estás más pálido que ayer... y tienes ojeras... ¿Qué te sucede? ¿Estás enfermo?
-No, Kira. Estoy bien. Tengo hambre; es todo...
-Ajá... –dijo, burlando esa contestación evidentemente no cierta-. Te diría que te esmeres por mentir.
-No me molestes –espetó con el entrecejo fruncido y apretado-. Si quisiera darte otra respuesta, te la daría y listo. Cállate y vamos.
La apuró para que desayunaran pronto, pues quería que todo el tiempo que estuviera disponible lo usara para realizar el informe de biología. Sin embargo, eso no distrajo sus sentidos mientras ella comenzó a leer el primer libro en la mesa, porque Kaien Cross no guardaba la actitud de desayunar con ellos; andaba pendiente de algo más que lo ponía serio cuando creía que nadie más lo podía ver.
Así que Zero se mantuvo al acecho.
Al terminar la primera comida del día, Kira Airen recordó que tenía que ponerse el vendaje nuevo. Pidió ayuda a su amigo para que se ocupara de sacar el viejo y poner el nuevo, él solo.
Y ello resultó una tortura.
Sin que la dama lo notara, el tatuaje en el cuello del joven fulguraba de desesperación por morder ese cuello cálido... Era insoportable..., pero, él sabía, podía terminar...
Cada segundo pesó, y al concluir con la ardua tarea, abandonó a Kira con el material de biología. Sin perder tiempo, tuvo que desaparecer para, en soledad, al menos por un momento, morderse su propia mano y succionar su sangre... Su obsesión, a pesar de él ya conocerla desde antes, se mostraba de nuevo como excesivamente cruda y capturaba a Zero en la vorágine de la desesperación a gran velocidad.
Era muy bueno para ocultarlo, no obstante.
Ubicados ya en el salón durante la clase de Derecho, Kira Airen leyó el libro de biología oculto debajo de su mesa, mientras que Zero le fue avisando cuándo mirar al frente o disimular que no estaba prestando atención a la clase. El profesor, afortunadamente, no notó la trampa en ningún momento.
-¡Tonta, no mires tanto para abajo! –le susurraba cuando ella se ensimismaba en la lectura.
Por otra parte, la prefecta no se enfrentó a Alika Tomashi. No porque no hubiese querido, sino porque Zero la había vuelto a tomar del brazo y la había llevado directo a su mesa antes de que quisiera acercarse a tal rubia malvada. Eso, en cierto sentido, el hecho de poder evitarle la embarazosa colisión, a él lo hizo sentir regodeado.
A la mitad de la clase, ya aburrido, desde luego, sintió que algo lo llamaba desde lo lejos. Puesto que por lo general sus instintos eran atinados y señalaban cosas dignas de atender, pensó en el Director y decidió excusarse con el docente al frente para salir un momento. Kira se quedó con la curiosidad de la razón que lo había hecho actuar así, pero siguió leyendo, ahora más atenta al profesor.
A medida que se acercó a la oficina de Cross, Zero retardó el ritmo de sus pasos y afinó el oído. Así distinguió otra voz aparte de la de Kaien. Era una voz rasposa, aunque con un tono de sabiduría que le recordó a su maestro de la infancia, Toga Yagari. Se arrimó a la puerta cerrada del despacho y escuchó, así corroborando que sus percepciones lo habían guiado bien.
-¿Entonces me dices que ella está bien? –dijo la voz ronca.
-¡Sí, sí, sí! –contestó Cross-. Es sólo que ha estado un tanto emotiva... y creo que no estoy pudiendo ayudarla en esos momentos.
-Claro... Supongo que además te mueres por saber...
-Es sólo que...
-Ya, ya, Cross... Por algo la dejé contigo. Escucha... Muy pronto muchos de los cazadores en la Asociación lo sabrán, pero... es muy importante que Kira no sepa que te dije esto.
-Puedes confiar en mí, Chigima.
-Espero que sí... Fuiste la única salida que vi posible para esta mujer...
-Te prometo que estará bien, pero necesito saber cómo puedo ayudarla.
-No puedes. Sólo el tiempo lo hará; sus heridas son demasiado profundas como para que tú las sanes... Cross..., sus padres y su hermano fueron asesinados hace poco más de dos semanas.
El corazón de Zero se aceleró. Sus ojos se abrieron de par en par en el terror de oír esa realidad.
-¡¿Qué? ¡¿Los Airen-? Dios...
-Sí... Fue un grupo de vampiros Nivel E enviados por Seta Houki.
-¿Houki? Esa familia es aliada de los Haze y de Rido Kuran...
-Lo sé. Pero los padres de Kira estaban muy ensañados con otra, una familia amiga de los Houki que no era ni la Haze ni la Kuran; estaban en guerra constante con una familia sumamente poderosa llamada Gihato... y resultó que mataron a la pretendiente de Seta... A modo de venganza, él reunió a todos sus asociados y atacó a la familia Airen.
-Agh... ¿No terminará esto nunca...?
-Difícilmente, Cross. De seguro ya te han dicho que tus intenciones son buenas, pero el mundo ahí afuera es muy complicado.
-¿Su hermano murió también...? ¿Están seguros?
-Sí. Al principio parecía que los dos hijos habrían salido ilesos, pero una última arremetida fue tras ellos y el hermano mayor de Kira, Itsuki, le permitió a ella escapar mientras él retuvo a los vampiros. Eran Nivel E dotados de una furia increíble, como si estuviesen enloquecidos... más de lo normal. Y te lo digo porque me hice de uno de los cadáveres y un análisis arrojó como resultado que tenía un alto porcentaje de adrenalina en sangre.
-¿Sí?
-Sí. De alguna manera, Seta los había inducido a actuar desaforadamente... desde una manipulación interna a nivel químico. Quería asegurarse de que la familia Airen fuera devastada, y traje a Kira aquí porque sabía que afuera corría peligro. Mientras estuvo viviendo conmigo, los primeros tres días nos atacaron dos veces, y era demasiado como para resistir una tercera o cuarta ocasión. Los Airen siempre me han dado un lugar muy especial entre ellos; estaba en deuda con Kira.
-Por supuesto... No lo puedo creer...
-Así que ya ves, Cross... No te estoy ocultando nada; sólo quiero que sepas que esta mujer está atravesando un infierno, y la familia Houki no descansará hasta verla muerta. Lo único que quiero es que viva en paz, lo más lejos posible de la realidad que destruyó su familia.
-Pero... ¿familiares...?
-¿Acaso crees que Seta se concentró sólo en los padres de Kira y listo? Todos los Airen han sido asesinados; hasta sus abuelos y sus tíos. Todos, Cross. Kira es la última y no tiene a nadie.
-Chigima...
-Es duro, lo sé... Te has mantenido demasiado alejado de la realidad del mundo exterior.
-Prefiero luchar aquí adentro antes que ver una guerra inútil allá... Aquí puedo creer que las cosas pueden cambiar...
-Sí, claro... Y cuando un alumno es un vampiro indomable, lo expulsas... Lo expulsas al mundo donde después mueren los humanos a manos de criaturas que al ser chicos eran así.
Zero oyó silencio y luego no lo toleró más. Se fue con pasos mudos pero ligeros de vuelta al salón donde la jovencita sintió su corazón aligerarse al verlo entrar. Aún el profesor no había descubierto que no estaba atendiendo a la clase, y lo invitó al prefecto a tomar asiento nuevamente. Pero cuando éste subió las gradas hasta la mesa del fondo, no pudo sentarse sin antes congelarse frente a la doncella y mirarla con ojos ahora dispuestos en un dolor extraño, surgido de sus entrañas lastimadas. Lo que más ocultaba del mundo, lo que anidaba en sus rincones más sucios y más sangrantes, de pronto coincidía con la oscuridad de Kira; era visible para ella. Porque al final..., ambos habían sufrido la misma desgracia.
-Ey..., ¿Estás bien? –le preguntó la chica.
No le respondió. Ella lo miró aclarando con la expresión de su cara la confusión que habitó en su cabeza.
-"Kira... Tú..."
-¿Por qué no te sientas?
Sin decir una palabra, se colocó a su lado y permaneció callado hasta el almuerzo. De su rostro y su cuerpo se emanaba un dolor enorme que Kira quiso impulsivamente curar, pero el varón no podía hablar sin empezar a decir cosas que no debía en esas circunstancias. Eso, sumado a su colosal sed de sangre, lo fue hundiendo cada vez más rápidamente...
Y era curioso... cómo se había olvidado de todo su propio padecimiento ocasionado por el desdén de Yuuki y el sadismo de Shizuka Hiou, la asesina de su familia, para ahora estar pendiente de la situación de su nueva amiga, cuya fragancia lo torturaba cada vez más.
Por tales motivos, ninguno de sus pensamientos podía encauzarse debidamente.
Cuando se cumplió el mediodía, el guardián quiso ir a buscar comida, probablemente sólo para escaparse un momento de la inercia y los pensamientos que, por ende, gozaban de oprimirlo, pero su compañera primero le pidió que le cambiara el vendaje. Buscaron un lugar alejado de los otros alumnos y el varón removió las vendas del cuello de Kira, quien le pasó las nuevas instantáneamente.
-Dime..., ¿estoy mejorando?
No obstante, no le respondió. Su mirada estaba clavada en su piel lastimada. Si tan sólo pudiese probarla una vez... Sólo una vez...
-¿Zero?
-¿Sí? –reaccionó.
-¿Estoy mejorando?
-Ah... Sí, un poco...
-¿Crees que me quedará alguna cicatriz?
-No lo sé... –Procedió a vendarla.
Tenía tanta sed...
-Zero.
-¿Qué?
-¿Qué te pasó? Te noto muy triste...
-Estoy bien... Me duele un poco la cabeza.
-Debe ser porque no duermes bien... Tal vez tendríamos que turnarnos para patrullar a la noche, así una noche puedes dormir tú y yo, la otra.
-Por esta semana, tú tienes que escribir tu informe, así que no molestes.
-Oh, bueno...
-Listo. ¿Está muy ajustado?
-No, está perfecto. Gracias de nuevo.
-Iré a buscar la comida...
Comenzó a irse. Kira le sostuvo la mirada con una confianza arraigada que la impulsó a hablar una vez más:
-Zero.
Se volteó para verla.
-... nada... –Retiró la vista. -Perdón.
-¿Segura?
Ella asintió con la cabeza, mas claramente detectando que algo no andaba bien con él.
Después de comer, Kira siguió leyendo en silencio acompañada por Kiryuu, quien a cada rato retornaba al ejercicio de mirarla. Su par de ojos eran de lo más alicaído. Se sentía tan culpable por haberla tratado mal anteriormente, siendo que ella estaba luchando a cada instante por ser feliz de nuevo... Y, ¿cómo se puede ser feliz después de vivir lo que esa prefecta había experimentado? Zero no había podido superar su propio pasado, pero ella lo intentaba. De pronto sintió que el cazador honorable ahí era Kira y no él, porque dicha mujer tenía la fuerza para seguir adelante a diferencia de él, que se dejaba hundir.
-Kira... –dijo de pronto, como si sus pensamientos se hubieran entonado en voz alta.
-¿Sí?
-N-Nada... Sigue leyendo.
-¿Qué?
-No es nada, Kira, de verdad.
Luego de unos instantes en que la cara de la chica expuso desconcierto total, regresó la vista al libro de biología y dio su opinión, cumpliendo después con el objetivo de hacerlo reír:
-Si fueras mujer, pensaría que estás indispuesta.
Un atisbo de repulsión se reflejó en él cuando sus labios trepidaron.
-No sé cómo tomar un comentario así, en realidad... –dijo.
-Trato de espabilarte.
-En ese caso, lo haces bien... Qué frontal.
-Gracias. Sin embargo..., Zero, aunque mientas cuanto quieras, es obvio que estás mal, y no quiero eso. Si tienes algún dolor encima, habla con alguien... Sólo..., no te lo quedes...
Esbozó una sonrisa penosa y cerró los ojos, respondiendo luego:
-No te preocupes...
-Sí me preocupo. Eres mi amigo... Debo preocuparme por ti.
A pesar de que algo lo golpeó desde dentro, quebró su emoción y repugnó:
-Ya te dije que no podemos ser amigos con el poco tiempo que llevas aquí.
-Como sea, ponme el nombre que gustes, pero me preocuparé de todas formas. Al menos como tu compañera en la labor de prefecta.
Rodeado por un cariño al que no estaba acostumbrado, deseó inspirar de golpe, pero ni un gramo de aire ingresó en sus pulmones. Tuvo una pequeña conmoción que lo predispuso para llorar.
-¿Zero?
-E-Estoy bien... –Se puso de pie velozmente. –Debo irme... Regreso enseguida... No te vayas.
Ella fue absorbida por la consternación. ¿Acaso Zero Kiryuu estaba gravemente enfermo? Prefería mil veces verlo de mal humor con ella antes que saber que estaba padeciendo algún mal, en especial uno que pudiese hacerlo llorar o derrumbarse.
Y sí, de hecho, en cuanto encontró un rincón lo suficientemente sombrío, se puso a derramar lágrimas. En silencio, se arañó el pecho y se abrazó a sí mismo con brusquedad.
-"Yo..., lo siento... ¡tanto! Lo siento... Perdóname, Kira... Yuuki..., tú... me hiciste odiar la vida... y me hiciste herirla... Yuuki... ¡TE ODIO, YUUKI!"
Estando ya de última, tomó la decisión de desviarse por un camino de emergencia, y habló con el Director para pedirle ayuda urgente. Sus ojos ojerosos y su piel pálida eran un pedido desaforado de sangre, y Cross supo que la salida era una simple, aunque trató de negarlo:
-¿Necesitas más pastillas?
-No... Necesito... Director, lo siento..., pero... necesito a Kira...
-Zero...
-Necesito su sangre..., pero me rehúso a lastimarla... ¡No lo haré! Pero... si sigo resistiendo..., moriré... Necesito...
-Está bien, Zero... Oh, muchacho...
-Yo no elegí esto..., por favor..., ayúdeme...
Luego de meditar unos segundos, dijo, suspirando:
-Está bien... Ven aquí a mi despacho hoy a la medianoche.
-Gracias... Muchísimas gracias...
Al volver con Kira, el guardián se veía peor que antes. La preocupación en ella, aún más, se incrementó. Mecánicamente, se paró al instante y se acercó a él, susurrándole como para no hacerle daño con la voz:
-Zero... Estás...
-Je... No hay problema... Creo que debería dormir una siesta... Es todo...
-¡Entonces ve a dormir! ¡Te ves fatal...!
Sonrió con los ojos tranquilos.
-Ya voy... Es que no quiero dejarte sola. Fuiste clara; te meterás en problemas si no me quedo contigo.
-Iré contigo y te cuidaré si quieres, ¡pero necesitas ponerte bien! Quiero decir, ¿te has visto al espejo?
-Tranquila... No moriré...
-¿Eres gracioso? Más te vale que no te mueras. No quiero... ver morir a nadie... –Meneó la cabeza y él reaccionó.
-¿Kira...?
-Ya, vete a tu dormitorio. Yo iré a clases y luego me ocuparé de la salida de los vampiros. Estará todo bien; te lo prometo.
-Pero...
-¡No me importa! Debes estar-
-Cálmate... Tú ganas. A la noche volveré. Luego de medianoche, ¿sí?
-Gracias...
-Bien... No te metas en demasiados problemas.
Kira tuvo que soportar las cargadas de las alumnas del turno día cuando trató de contenerlas al atardecer, durante la aparición de los de la Clase Nocturna, sin mencionar que Kadashi reiteró su acoso y las chicas amontonadas se convencieron desmesuradamente y a gran ritmo de que ella era la más importante amenaza del momento. A despecho de ello, se sentía bien saber que Zero estaba descansando.
En realidad, faltaba el "supuestamente", ya que él, que no podía dormir ni una siesta de veinte minutos sin ser violentamente despertado por pesadillas referentes a sangre y colmillos, observó desde su ventana durante la tarde y siempre que pudo, esperando captar una buena imagen de su compañera prefecta a quien él había antes despreciado tan enfáticamente sin excusa.
El dolor continuó, intenso, y así el plan de Cross para calmarlo se puso en marcha cuando, luego de acontecido el conflicto de la aparición de los vampiros, la enfermera que había tratado las heridas de Airen fue a buscarla a darle una noticia. Le dijo que a Zashi le habían diagnosticado una enfermedad al llegar a su hogar, en las afueras de la Academia, y que tras haberla mordido ella podría haber contraído algo. Consecuentemente, le anunció que tenían que hacerle un análisis de sangre para corroborar que estuviera sana. La enfermera tomó una muestra importante y la chica se fue, esperando que al día siguiente le dieran el resultado.
Esa farsa hizo posible que la sangre fuera llevada hasta las manos de Kaien, quien la guardó bien para Zero Kiryuu.
Al aproximarse la medianoche, dicho caballero abandonó su cuarto y fue al despacho de su padre adoptivo, pero era más que una casualidad que Kira no se hubiera aguantado más las ganas de ir a verlo. En el camino ella lo vio y salió corriendo detrás de él.
-¡Zero, Zero! –exclamó-. ¡Espérame!
En un aprieto, el joven quiso esquivarla, mas era imposible. La esperó y ella tomó las riendas de la cuestión:
-Zero, justo iba a ir a verte a tu habitación... Es medianoche; pensé que irías afuera...
-Q-Quería hablar con el Director de algo antes...
-Ah, bueno..., ¿puedo ir contigo?
-Ehm..., no lo sé...
-No seré una molestia; sólo quiero estar contigo un rato. Es que estuve toda la tarde preocupada. ¡Ah! Y también necesito que me cambies el vendaje...
-Claro... Lo olvidé... Pero, oye, ¿por qué no se lo pediste a alguien más?
-Es que me da vergüenza pedírselo al Director.
La cara del hombre denotó estupor y la chica se ruborizó pensando que esa oración habría denotado más que una cosa.
-¿Qué? ¿Y no te avergüenza que lo haga yo?
-... nop.
-También están las enfermeras –continuó, evidenciando que Kira se daba el lujo de requerir a él cuando tenía más de una opción.
-Eh...
-Total, es más divertido asquearme a mí, ¿no?
Una sonrisa de sapo se dibujó sola sobre la cara de la chica que no pudo zafarse. Un poco por vagancia, un poco por incomodidad con gente con la que aún no se relacionaba, y porque le gustaba su compañero, no se había tomado el trabajo de buscar una solución al tema en las horas anteriores.
-Está bien. No hay problema... –sin embargo Zero alegó-. No me molestó. Déjame hablar con el Director y luego te cambio el vendaje, ¿sí?
-Gracias...
Caminaron a la par hasta allá. En el recorrido, él le preguntó:
-¿Estuviste trabajando en lo de biología?
-¡Claro! Me salí de clases con la constancia y aproveché todo el tiempo que tuve libre.
-¿O sea que vas bien?
-¡Sí!
-Mejor. ¿Te molestó alguien?
-Kadashi, un poco...
-¿Como ayer?
-Sí... Es un imbécil... No lo soporto. ¿No tiene nada mejor que hacer que fijarse en la única chica que no le presta atención? Además, tiene mal aliento, y siempre busca hablarme de cerca. Asco.
Él rió ligeramente.
-¡Ja! ¡Te reíste!
-Ah..., sí... ¿Qué creíste? ¿Que no era humano?
-Ríes lindo, si me preguntas.
-NO te pregunté –espetó, gravemente circunspecto y tratando fervientemente de ahuyentar aquellas cosas que hacían que quisiera estrujarla en un abrazo. Era a la sazón cuando no entendía lo que su corazón estaba experimentando... -Espérame aquí –le dijo al arribar a la oficina.
Ella asintió y se decidió a quedarse afuera, aunque algo, no obstante, se hallaba indudablemente fuera de contexto allí... Zero acercó su mano al picaporte y sintió un aura denso y oscuro venir desde adentro del cuarto.
-¿Estás bien?
-No es posible... –farfulló.
-¿Qué?
-Hay alguien más aquí adentro... Dos personas más... No... No puede ser...
Al momento de abrir la puerta bruscamente, no pudo creer lo que encontró. Sus ojos hicieron colisión en la imagen del matrimonio frente a él a y su amiga, que se arrimó para ver lo que su alma presentía también.
-Vaya, qué intromisión... –dijo altaneramente y con un tono fino, típicamente vampírico, el varón de colmillos Kaname Kuran, con su esposa Yuuki Kuran a su lado. El Director, atrás de su escritorio, bajó la cabeza en la hostilidad de ese encuentro...
-Tú... –Zero murmuró.
-¿Zero? –Kira inquirió.
-¿No nos presentas con la señorita, Kaien? –Kaname habló de nuevo, con los párpados medio bajos.
-Agh... Kira –terció el Director-, ellos son... Kaname y Yuuki... Kuran...
Sus ojos azules se sobresaltaron como si le hubieran dado la peor noticia de su vida. El odio de su corazón se le posó en la piel y sintió que quería matarlos a los dos juntos. En su mano tomó el látigo Ayilai y respiró agitada, cuando entretanto ni Kaname ni Yuuki, quien lucía exactamente como su madre, estaban perturbados por el tema.
-Creo que la nueva prefecta es tan impertinente como el viejo Kiryuu..., ¿no es así? –Kaname siguió.
Pero sólo sulfuró a la jovencita, quien alzó su látigo y se abalanzó sobre los Sangre Pura llorando de furia y aullando.
-¡Kuraaaan!
El Director se horrorizó. No obstante, Zero retuvo a su compañera, sujetándola por la panza y tirando hacia él.
-¡Kira...! –exclamó junto a su oído.
-¡Déjame...! ¡Los voy a...! ¡Los voy a...!
Pero el de ojos lilas tiró con más fuerza hasta que la aprisionó contra su pecho y le murmuró a la cara, logrando calmarla:
-Déjalos... No valen la pena. Por favor, no hagas esto. No actúes así...
De esos ojos celestes cayeron lágrimas de tirria realzada por impotencia. Ella se separó del pecho de su colega, quien daba la impresión de querer seguir en esa posición durante toda la noche. Miró a los vampiros una vez más y luego se fue, llorando en silencio... Tiró su látigo en el recorrido. El chico se quedó observando cómo se marchó. Entonces sintió que el Director, aunque no habría nunca querido una escena así, no era su aliado, y que la única persona en la que podía confiar era esa mujer de cabellera negra.
-Zero... –Cross empezó, acongojado.
-No se preocupe, Director. Sé que usted no deseó esto. –Lo miró fijamente. –Sólo deme lo que me dijo y me iré.
Con pena en su mirada, el líder de la Academia le entregó una capsulita llena de sangre. El prefecto la tomó y se retiró pronto, cerrando la puerta detrás de él. Después buscó la presencia de su compañera y una voz familiar lo llamó desde atrás:
-Zero...
-¿Qué quieres, Kuran? –le preguntó irasciblemente a Yuuki.
-¿Cómo estás?
-¿Cómo estoy...?
-Sí...
-¿Acaso te importa?
-¿Esa chica te gusta? Creo que es genial que tengas una compañera...
-Es mi amiga. ¡Algo que tú nunca fuiste!
-Mmm... Es cierto –reconoció con los ojos cerrados-. La culpable de tu dolor soy yo, Zero...
-No quiero verte jamás. Los vampiros, incluyéndote, conforman la especie más despreciable.
-Entiendo... Entonces aún esperaré el día en que vengas a matarme.
-Ya llegará ese día.
-Lo sé... –Sonrió. –Zero..., espero que esa chica pueda darte todo lo que yo no supe darte. Quiero que estés bien. No he sabido nada de ti...
-Mi estado no es de tu incumbencia. Así como para mí tú estás muerta, yo soy un cadáver, si preguntas. Así que déjame en paz.
-Lo lamento, Zero... Espero que algún día me perdones.
Así, con eso, él tomó una decisión y se fue por el camino que lo llevaba a Kira. Yuuki se quedó observando cómo se alejó en la oscuridad de los pasillos para no voltearse a mirarla más... Kira era para él ahora; era lo que necesitaba...
Kaname apareció a sus espaldas y le tocó el hombro a su mujer, invitándola a retirarse en breve a su hogar.
-¡Kira! –Kiryuu llamó a su acompañante-. ¡Kira!
No fue necesaria una réplica, pues la encontró por su propia casualidad en la sala de estar, donde antes habían desayunado. La doncella lloraba sin consuelo en el sillón, envuelta en una frazada de oscuridad que agudizaba su padecimiento. El guardián se aproximó con el látigo en mano hasta ella. Se sentó a su lado y le susurró con un cuidado hasta el momento absolutamente novedoso:
-Kira...
-Era... Era ella... Tu compañera... "Yuuki"... Ella... –habló gimoteando-, ¿es una Sangre Pura?
-Sí. Le borraron la memoria cuando era pequeña, y hace tres meses despertó de su amnesia para marcharse con su hermano Kaname.
-Ella... es hermosa...
-Bah, no es así. En realidad tiene cara de vampiro.
La dama rió con dificultad, llorando con más fuerza instantáneamente después.
-Los Kuran... Los Kuran son...
-No hables.
-Yo...
-No llores. Te ahogarás.
-¡N-No puedo...! –exclamó avergonzada.
-Respira hondo, Kira.
Lo hizo tal como le dijo; sus órdenes eran leyes divinas en escenas de flaqueza como ésa. Sólo así pudo despojarse de la contractura de su pecho. Eso, sin embargo, le trajo hipo. Comenzó a reír a la par de su amigo, a quien también le pareció cómico ese efecto.
-No te rías...
-Es gracioso; perdón.
Hizo silencio y cerró los ojos... Agachó la cabeza y se sintió rota como un cristal fino.
-He estado llorando mucho últimamente... –confesó-. Eso me cansa...
-Lo sé.
-¿Lo sabes?
-S-Sí... ¿Kira?
-¿Sí?
-Yo quería decirte... Nunca tuve alguien que compartiera mi odio por los vampiros como tú. Nunca vi a nadie que reaccionara así frente a un vampiro aparte de mí, y..., y yo...
-Entiendo... Gracias por decírmelo... Es un honor para mí poder apoyarte en lo que sientes.
Dejó que se serenara un poco más, sencillamente estando a su lado hasta que sus lágrimas dejaron de caer, mas su hipo no cesó. Eso los hizo reír. En consecuencia, el hidalgo propuso ir a la cocina a buscar agua. Ella no sabía los trucos para sacarse el hipo, pero él le enseñó distintas tácticas que, sin embargo, no dieron resultado. Los intentos fallidos eran tan simpáticos, que a dúo rieron un largo rato en esa cocina hasta que eso mismo le retiró la molestia de los pulmones finalmente.
-¿Ah? ¡Se fue! ¡Se fue, Zero!
-¿Se fue?
Rieron un poquito más. Hacía tiempo que ninguno de los dos sentía esa hilaridad brotando por sus gargantas.
Posteriormente, Kiryuu le sugirió que fuera a su cuarto a seguir con el condenado informe de biología. Él la cubriría en sus deberes de prefecta para patrullar. Ella, a pesar de eso, espetó enseguida:
-Pero..., ¿estás bien?
-¿Yo? Sí, claro.
-Mmm... ¿Vas a cuidarte?
-Sí, sí... No molestes.
-Oye, antes de que te vayas, te quiero hacer una pregunta que me intriga mucho...
-¿Q-Qué? No te vayas a propasar...
-No, tarado.
-Diablos; cuando quieres, eres muy prepotente.
-Dime algo, ¿alguna vez te ha visto un psicólogo?
-¡¿Qué? No me vengas con-
-Aaaahh, ¿le tienes miedo a los psicólogos? Muchos complejos debes tener...
-No me fastidies, tonta; no les tengo miedo a los psicólogos ni tengo complejos.
-Todos somos neuróticos, ¿no te contaron?
-¡¿De qué rayos estás hablando? ¡Ve al punto!
-¿Alguna vez te diagnosticaron que fueras bipolar o tuvieras trastorno de personalidad?
La sorpresa que le pegó directamente en la cara a Zero Kiryuu lo tentó de un modo tan absurdo a doblarse en carcajadas, que lo único que pudo hacer fue quedarse perplejo, con los ojos abiertos como dos huevos ante las palabras insólitas de Kira Airen.
Luego de unos instantes de silencio que promovían risa creciente, él preguntó:
-¿Te golpeaste la cabeza hoy?
-¡No, en serio te lo digo!
-¡¿Estás loca? ¡¿Cómo te atreves a decir algo como eso?
-¿Los bipolares te dan miedo?
-¡Deja de suponer que le tengo miedo a todo! ¡Y no soy bipolar ni tengo trastornos, idiota, escúchate!
-Buah, no seas tan ruidoso... –lo picó, estirando la cabeza para alejarse, aún en el lugar, de la cara atónita del hombre-. No soy yo quien pasa de la depresión a las risas de un momento a otro.
-Yo no hago eso... Ya me estabas cayendo bien y ahora-
-No te alabes tanto, que ya sé que te debe gustar que te rueguen...
-¡Cállate! La que tiene trastornos eres claramente tú, por cómo actúas ahora.
-Oh, que no se te ocurra... –gruñó, entrecerrando los ojos.
-"Aaaahh" –fanfarronamente la provocó-, ¿te molesta que te acusen de loca?
-Mi pregunta era simple, pero que te enfades tanto confirma que sí tienes desequilibrios.
-Necesitas urgentemente ir a dormir. Tonta. Avanza con el informe y recuéstate un poco.
-Al final, el majestuoso asesino de Rido Kuran es un acomplejado neurasténico... –farfulló, volteándose.
-¡¿Qué? ¡Habla claro!
-No te irrites tanto... Eres muy joven para reaccionar así, ¿no crees?
-Estabas haciéndolo bien hasta que empezaste con esto. Loca.
El mohín de condena amenazante que Kira inmediatamente erigió en su cara provocó una suave risa en Zero Kiryuu. Entonces eso le daba sentido a las estúpidas frases de los dos.
-Al menos se puede reír con algo como esto –dijo él, pensando en el modo en que ella había estado, hasta tan recientemente, llorando a causa de los Sangre Pura Kuran.
-Te lo tengo que agradecer, me parece...
-No me hace falta oír eso. Sólo vete y ya.
-Bien, bien... Será hasta mañana.
-Hasta mañana -asintió.
El varón comenzó a girar sobre sí mismo para retirarse al tiempo que no olvidó que le debía algo todavía. Esperó que ella sí lo hubiera perdido de vista, pero cuando la misma se tocó por reflejo el cuello, sintió las vendas y cayó en la cuenta.
-¡Oh, Zero!
-"Vaya, no se le pasó..."
-¡Te olvidaste de mi vendaje!
-Uff... ¿Por cuánto tiempo será necesario?
-Sólo un poco más, hasta que la herida esté seca...
Suspiró.
-Está bien...
Lo hizo pasar a su cuarto y se sentaron en la cama. Como era ya habitual, él cambió el vendaje viejo por el nuevo, y lo hizo lo más rápido que pudo, ya que cada segundo que transcurría amplificaba su deseo de sangre, en especial cuando Kira se quedaba tan quieta durante el proceso; lucía como una víctima entregada... Adempero, lo superó y se pudo ir.
-Ya está. Buenas noches.
-Buenas noches... Zero –lo llamó, y el se volteó antes de cerrar la puerta. –Gracias por ayudarme. Me haces reír, y eso es lo mejor que puedo tener en días como éste.
-... al contrario. Gracias a ti por estar de mi lado. –Después de una pausa muy breve, terminó: -Buenas noches, y concéntrate en tu tarea de biología.
Cerró la puerta y ella sonrió con rubor en las mejillas, mientras que él se alejó caminando hasta alcanzar un punto seguro donde abrir su cápsula de sangre. En un intento de sosegar su adicción sanguinaria, bebió la esencia de su amiga, su verdadera compañera...
