DÍA POSTERIOR: "Expectativas"
Kira había llegado a la Academia Cross un lunes. Era miércoles de la segunda semana, y ya había pasado un sábado y un domingo encerrada en su alcoba escribiendo el informe sinóptico de biología. Apenas sí comió con Zero en pequeños momentos.
El lunes y el martes que sobrevinieron, los dedicó a lo mismo, evadiendo cuanto pudo las demás materias y dedicando todos sus esfuerzos al tema. La herida de su cuello ya casi estaba por completo cerrada y su amigo Kiryuu siguió ocupándose de cambiarle el vendaje cada vez que lo necesitó, aunque eso lo enfermara con un hambre descomunal que apenas sí podía apaciguar con las pastillas de sangre. La extracción que le habían efectuado a la prefecta en la enfermería había servido para alimentar a Zero una vez, y eso le rindió por unos dos, tres días, pero luego perdió efecto y él volvió a padecer su deseo de sangre. La chica inquiría sobre por qué su rostro se veía progresivamente más gris y ojeroso, pero el hidalgo desviaba la charla a fin de que ella no lo sospechase.
Por otra parte, el odio de Alika Tomashi por la alumna nueva fue agravándose a un ritmo exacerbado mientras el vampiro Kadashi siguió insistiendo en conquistarla con las mismas palabras y obsequios que dicha rubia siempre había anhelado recibir, aunque Kira no dudó en continuar rechazando esas tácticas. Desde ya, Zero no permitió que su amiga se enfrentara con aquella villana, así que las hostilidades persistieron en un plano de indirectas.
Luego, en cuanto al problema de la aparición del matrimonio Kuran en la Academia, Kaien se hizo de un momento para hablar con Zero y explicarle que simplemente los Sangre Pura habían estado de visita aquel día pero que no habían deseado que se hiciera pública su llegada, por lo cual el encontronazo con los prefectos había sido un accidente; ni el Director ni Yuuki querían afectar al caballero de ojos lilas.
Sin embargo, y a despecho de la disculpa de Cross, Zero aún sentía la dicha de que ese brete hubiera ocurrido. De esa manera él había podido comprobar que Kira Airen guardaba la misma animadversión por los vampiros que él y había encontrado en su corazón el espacio para dejar de atacarla.
Ese miércoles, ella permaneció en su habitación sin siquiera salir para desayunar. Llevaba dos días durmiendo mal a causa del amontonamiento de material que había aumentado tras una directiva de la docente de biología y más que un inconveniente en el medio. La inquietud ya se había radicado en Zero. Le llevó un plato de cereales con leche y tocó a su puerta:
-¿Kira? Buenos días..., ¿estás despierta?
Mas no recibió respuesta.
-¿Kira? Te traje algo para comer. Me estás preocupando... Aún no has terminado con ese informe... Quizás deberías descansar.
Todavía, silencio.
-¡Kira!
Sin ganas de seguir esperando, penetró en la recámara, y para su sorpresa, halló a su colega dormida sobre los papeles y los libros desparramados en la cama. Estaba exhausta, y como pudo, se había dejado descansar en esa sábana de papelerío. En su rostro, una expresión de inocencia pura y vulnerabilidad que enterneció a Zero tanto como que lo sedujo a morderla... Dejó entonces el plato con cereales sobre una mesita, y se acercó lentamente a la joven, luego rozándole el hombro con su fría, aún suave, mano de príncipe.
Como una respuesta inmediata, ella despertó de un sobresalto y se tomó la cara con las dos manos.
-¡Ah...! –exclamó-. ¡Me quedé dormida...! Zero..., gracias por despertarme...
-De nada... ¿Dormiste algo anoche? –preguntó con curiosidad, avizorando que su conjunto de shortcito, remera corta de lunares y medias blancas flojas parecía un pijama. Aunque, el lazo rojo en su cola de caballo alta nunca faltaba.
-No mucho... Cuatro horas, creo.
-¿Estás bien? Te ves pálida.
-En realidad, tú también.
-No te fijes tanto en mí, ¿quieres? Te traje el desayuno.
-Muchas gracias.
-Entonces..., ¿te falta poco para terminar ese informe?
-Ahm... Sí..., supongo... Creo que esta noche dormiré poco de nuevo..., ¡pero todo sea por que mañana tenga el día libre de preocupaciones!
-¿Mañana?
-Mi cumpleaños.
-Ah, sí...
-Ya que no voy a tener una fiesta importante, al menos quiero estar libre de tarea, ¿no?
-Creo que sí...
-¡Pues, claro! ¡Mañana será un gran día...! ¡Lo sé! –Sonrió para sí. –Sé que la pasaré muy bien... Pero, bueno..., mañana será mañana; tú ve a clases y ocúpate de tus cosas, que yo seguiré aquí todo el día. No voy a ir a clases.
-¿Piensas almorzar?
-No lo sé... Depende de si avancé algo significativo para el mediodía... Si no, no...
-No vas a rendir muy bien si no comes, pero haz lo que quieras.
-Si tú quieres comer conmigo, es otra cosa y con gusto dejaré este informe para estar contigo en el almuerzo.
-No –espetó-. Dedícate a eso. Quizás yo te traiga algo para comer luego, así al menos no te mueres aquí sola...
Él giró para irse y luego se detuvo, antes de poner sus dedos en el picaporte. La interrogó, mirándola de nuevo:
-¿No vas a pedirme que te cambie el vendaje?
-¿Eh? ¡Ah, eso...! Lo había olvidado... Es que como ya no me duele ni nada...
-¿Necesitas que te lo cambie?
-Ya han pasado muchas horas... Puede ser... ¿Te molesta?
Con la misma dedicación que era habitual, le colocó vendas nuevas alrededor del cuello y la dejó seguir escribiendo y resumiendo. Ciertamente, las clases eran más aburridas sin ella, y cuando venían horas libres o el mediodía, para tener un receso, Zero se sentía más solo todavía. Quizás fue una excusa elaborada inconscientemente, pero sin dudarlo, le llevó a su prefecta compañera una cajita con comida surtida que compartió con ella en unos veinte minutos que la misma se dio para respirar, sentados uno enfrentado con el otro en el piso.
-Creí que tu cerebro rendiría mejor para hacer esto –fanfarroneó él, haciendo alusión al resumen de biología.
-No molestes. Con las cosas que tuve que agregar, realmente cuesta. Además, no es cuestión de copiar líneas y listo.
Después de meditarlo, Zero frunció los labios y se ofreció:
-¿Necesitas ayuda?
-Bromeas, ¿no? –dudó, echando la cabeza ligeramente hacia atrás como una paloma.
-No –increpó.
Kira sintió que se le caía la mandíbula al atisbar en el muchacho un gesto de tal solidaridad. Se quedó en silencio sin saber cómo responder, mientras él comenzaba a cabrearse al ver su gesto de azoramiento.
-No te estoy diciendo que te voy a hacer el trabajo. Es sólo un poco de ayuda. Y ya saca esa cara de tonta.
-Pero, ¿no tienes que ir a los salones o a patrullar?
-¿Tanto problema te haces? De acuerdo, en ese caso retiraré mi oferta, ya que eres tan-
-¡No, no, está bien! –lo atajó-. ¡Es que me impresionas, pero me encantaría que me ayudes, sí, sí!
-Bien... Dame algo para arrancar.
Corrieron del medio la cajita y los cubiertos que habían usado para comer para que Zero tuviera espacio. Ella le pasó un gran manojo de hojas y lo necesario para empezar a resumir.
-Eso sí, procura escribir como mujer.
-No exijas tanto...
A gran velocidad, él se puso a leer y a apuntar en su mente las ideas que debía ir volcando sobre el papel. Se mantuvo sentado en el piso de parqué, con las piernas cruzadas, mientras que Kira continuó utilizando la cama como mesa. Sus piernas aflojadas y dispersas se veían bonitas, a lo cual los ojos lilas de Zero regresaban una vez cada dos minutos. Y cuando más tarde quedaba embelesado en sus curvas lisas inferiores, finalmente su vista escalaba hasta su espalda angosta. Y el pequeño bulto de sus hombros femeninos. Y la elegante caída de su cabello alzado. Ella se volteó a comprobar que su amigo no abandonara la tarea, y lo encontró observándola de esa manera.
-¿Qué sucede? –inquirió.
-Nada –repugnó rápidamente. Bajó la vista de nuevo hacia las hojas y apretó el ceño. -Idiota...
Kira sonrió de oreja a oreja, un poco orgullosa de haberlo atrapado mirándola y otro poco dichosa de burlársele a la sazón. Giró otra vez hacia su cama y murmuró:
-No tiene nada de malo que me mires porque pienses que soy bonita.
-¡¿Qué dijiste...?
-Nada que te importe, cabezón.
-¡¿"Cabezón"? -gruñó.
-Eh, tranquilo. No eres tan feo de todas formas.
-¿Quieres que me vaya? Porque lo haré, y tendrás que seguir tú sola.
La joven volteó sobre su hombro y chilló, ofreciéndole su mejor sonrisa.
-¡No, no, lo siento! ¡Sólo te estoy fastidiando! ¡No quiero que te vayas todavía!
-Entonces retira esas palabras y no me cabrees más.
-De acuerdo, de acuerdo...
-¡Retíralas!
-¡No eres cabezón! –exclamó entre un par de risas oprimidas-. ¡Lo siento!
-¿Y...?
-Emm... ¿Cómo lo digo? ¿"No eres 'no tan feo'"?
La mirada censurante de Zero por detrás de las hojas de papel avivó a Kira a que se rindiera.
-Bien, bien... No eres feo. ¿Contento?
-Sí. Ahora cállate.
Él sólo dejó que pasaran dos segundos antes de susurrar su propio zumbón comentario:
-Si hablamos de feos...
-¡¿Qué? ¡¿Dijiste que soy fea?
-Dije que te calles, boba. Haz tu tarea.
El incomodarla de ese modo y no permitirle contestación esbozaba en su cara una cautivadora sonrisa que, de haberla ella visto, habría encandilado a Kira hasta ruborizarla de los pies a la cabeza.
La ayuda que Zero le proporcionó a su compañera fue más lejos de lo que él había propuesto e incluso imaginado. Se fueron los minutos que luego se transformaron en horas hasta el despunte del atardecer, y el progreso al que, juntos, los dos guardianes pudieron llegar, arraigó en el corazón de Kira Airen la ilusión de que en escasos momentos podría darse por terminado el condenado informe de biología. Se estiró como un gato, con ganas de salir a caminar un poco y distraer su vista cansada de tanto leer. Ni bien vio al chico ponerse de pie para marcharse rápidamente a vigilar la salida de los estudiantes vampiros, increpó:
-¿Te vas? ¡Espera! ¡Yo también quiero ir!
-No bromees –le ordenó, ansioso por el tiempo que lo apremiaba-. Se me hizo tarde y debo apresurarme; los alumnos de la Clase Nocturna saldrán en cualquier momento. Tú tienes que terminar.
-El cerebro ya no me funciona –explicó, incorporándose y buscando rápidamente sus botas-. Si no le doy un recreo, explotará.
-Agh, de acuerdo, ¡pero date prisa!
Apenas ataviada en la camisa blanca y la falda y medias negras, salió a recibir el amenizado tacto del sol. Por un momento, olvidó la biología y quiso dilatar la tarde hasta que la noche se cerrara sobre ella y sobre el muchacho de melena platinada, quien, no obstante, le adelantó que se lo prohibiría.
Uno junto al otro observaron el desfile de los vampiros otra vez. Kadashi, el hombre filoso, buscó el rostro níveo de la dama de ojos azules inmediatamente, de quien él no había estado hallando mucho rastro en esos últimos días de su reclusión. Zero Kiryuu, sin embargo, tuvo el cordial gesto de apartar a Kira del camino y evitar que fuera hostigada por aquellos directos cortejos de seducción. Y si, aún así, el joven de colmillos se atreviera a inquirir, el prefecto tozudamente se reservaría (mas sin reflexionar sobre si realmente era asunto suyo...) decirle qué había estado haciendo Kira en los previos días o dónde.
Pese al arduo disgusto que implicaba lograrlo, los dos despejaron la zona y obligaron a las chillonas alumnas humanas a marchar a sus alcobas. El rocío comenzó a sentirse entonces sobre sus rostros cuando la brisa corrió y limpió la atmósfera. Zero llamó la atención de su compañera e impostó su voz para despachar una orden:
-Bueno, ya te despejaste. Ahora vuelve a tu cuarto y termina de escribir.
-Bah, estoy agotada –se quejó.
-No te excuses, que tuviste suficiente recreo –la espoleó, empujándola hacia el edificio correspondiente a las mujeres.
-Si me ayudas de nuevo –señaló sonriente-, podríamos terminar el resumen después de cenar.
-Sí, claro... –se burló-. ¡Olvídalo! Ya bastante hice por ti. Tengo trabajo que hacer.
-Bu... Entonces, ¿no la pasaste bien dándome una mano con eso?
-Sí, porque fue una experiencia emocionante, ¿no? –dijo, haciendo uso del sarcasmo-. No cargosees. ¡Vete!
Ella resopló; tanto porque anhelaba seguir respirando la tranquilidad del fresco ocaso libre de preocupaciones, como porque junto a la portentosa persona de Zero se podía sentir lejos de sus padecimientos internos. Aceptó, desde ya, la presión de tener que desaparecer de nuevo, aunque no lo hizo sino hasta mostrar su gratitud:
-Zero, muchas gracias por haberme ayudado. Creo que podré dormir bien esta noche gracias a eso.
-Pues, mejor, porque una prefecta dormida no sirve para patrullar el colegio –espetó agriamente.
Al momento de ella refugiarse otra vez en su habitación, la noche terminó de caer. La luna brillaba con todo su poderío y el aire era aún más fresco y lozano, como la voz de esa chica. Zero Kiryuu se sintió, empero, a cada instante abandonado, como dos semanas antes. De alguna manera, y a pesar de haberse hallado junto a ella en lo que había sido esa tarde, extrañaba súbitamente su voz y se consternaba por si podría llegar a cumplir con su trabajo sinóptico y, a la vez, descansar de verdad. No lo podía evitar, pero su mente arrojaba de una muy persistente manera el mismo resultado luego de ir, en la soledad, tras una idea pacífica. Y ese resultado era siempre Kira, nombre que cada tanto se emanaba de la boca de ese caballero como un murmullo prohibido, y que quedaba perdido en la brisa nocturna hasta la regresiva caída del rocío que antecedía el amanecer en el galicinio.
Su garganta, ardiente con cotidianeidad, aún ambicionaba con fervor la sangre de esa damisela de sonrisa débil. Así, una enfermedad provenida de esa cruenta adicción fue tomando control sobre él, pero no tanto como un mal causado por esa locura, sino por una emoción profunda que había quedado vencida en el corazón del caballero tiempo atrás... y que ahora resucitaba con cada salida del sol.
