DÍA DE LA INOCENCIA: "CLAROSCURO"

Zero no durmió la madrugada del día jueves, cumpleaños de Kira; parecía que esperaba la salida del sol para ir a buscarla, así que ante el primer indicio de luz, se bajó del balcón desde donde vigilaba como de costumbre y fue directo al dormitorio de chicas. En el camino, no obstante, se distrajo con una vampiresa que se había fugado de su clase y que presentaba un cierto cuadro de indigestión, lo cual podría indicar que había estado bebiendo sangre de varios humanos o bien tomando demasiadas pastillas sustitutas. De una forma u otra, tenía que ser atendida en la enfermería, y eso le terminó llevando como una hora, dada la localización de esa chica perdida.

Pero retomó su marcha cuanto antes. Ya avanzaba la mañana al ser primavera, por lo que las actividades en el edificio de humanos estaban comenzando. Se dirigió hacia su compañera, y antes se cruzó con Yori, quien seguía persiguiéndolo con relación al perfil dulce de la prefecta, y lo saludó alegremente. Luego, apareció el Director, que estaba como loco a la caza de una tarántula mascota que había perdido uno de los alumnos del turno diurno. Pero, más allá de ello, Zero continuó su caminata hasta llegar al cuarto de su única amiga, cuya puerta, extrañamente, se encontraba abierta. Se heló al ver en el suelo una cajita de regalo vacía con una tarjeta desdoblada que decía "ALÉJATE DE KADASHI", y, luego, a Kira Airen llorando en su cama, hecha una bolita y abrazándose a sí misma como si estuviera muerta de miedo... Desconoció la causa, pero sintió un terror enorme en su corazón y quiso desesperar al ignorar el origen de esa escena cruel. No dijo una palabra. Avanzó lentamente hacia la dama, quien se ubicaba contra al rincón formado por las dos paredes que contenía su lecho. Se paró frente a ella y le habló, con los ojos encapsulados en el miedo a que dicha prefecta estuviera grave:

-¿Kira...?

Mas, no contestó. Zero pudo ver en sus mejillas marcas de incontables lágrimas. Sus ojos celestes eran coronados por marcos de color rojo como evidencia de su entumecimiento al llorar. Estaba rota...

-¿Kira..., qué... pasó...?

Aún, nada, sin embargo. Él no se pudo contener y se sentó a su lado, lo más cerca que pudo pero sin intimar con ella, y le tocó el hombro.

-Kira... Kira... Kira, ¿qué pasó? Dímelo. ¿Qué sucedió?

-Z-Z-Ze... Ze... ro... –ella farfulló prácticamente en estado de shock.

-Sí, Kira, soy yo. ¿Qué ocurrió? Por favor, cuéntamelo. Estoy aquí.

-E-Estás... aquí... Zero...

-Kira..., Kira, ¡mírame! –le habló en un tono más fuerte, tomándola de la cara con sus fornidas manos experimentadas-. ¿Qué pasó?

-Me... Me... –tartamudeó. Sus ojos se quebraban solos, pulgadas lejos del gélido rostro de Zero. –Me... dieron... un... Me dieron un... obsequio... –Más lágrimas cayeron de sus ojos, casi automáticamente...

-¿Y...? ¿Un obsequio...?

-Y... ¡Y...!

No lo soportó más. Había estado guardando sus sentimientos durante un tiempo ya, y estaba destruida como para seguir así. Lloró a gritos y enterró la cara en el pecho de Zero para evitar ser oída, mientras en él halló un refugio cálido y vigoroso del cual se aferró sin dudarlo. Lo abrazó como si ese varón fuera su última oportunidad de vivir y lloró contra su corazón, que latía desaforado en el estupor y la ansiedad por no saber cómo responder a ese afecto repentino... Nunca antes lo había abrazado una chica..., muchos menos expresándose así... Se sintió bruscamente tan necesitado..., tan único para esa chica... Tembló, y ella hizo lo mismo, pegada a él con todas sus fuerzas delicadas.

Sofocada por el cuerpo de Kiryuu, gritó en su angustia:

-¡Zero..., Zero, Zero..., Zero, Zero...!

De la mirada lila del caballero brotó pesadumbre, pero mantuvo silencio... Sólo pudo hacer una cosa... y eso fue responder al abrazo, estrechando a Kira en sus brazos cuidadosamente.

-E-Está bien... Ya pasó... Todo lo malo ya pasó... –Su voz casi no se deformó...

-F-Fue Alika... ¡Fue ella!

-¿Cómo lo sabes...?

-P-Porque... La caja... La caja..., Zero...

-¿Qué tiene...?

-L-La tar... jeta...

-Dice... "Aléjate de Kadashi".

-S-Sí...

-Kira..., ¿qué había en la caja?

-Zero..., ¡en la...! –Lloró aún más amargamente... El chico se quería morir oyéndola así, y entonces sujetó su cabeza y la sostuvo contra su pecho, abrazándose más el uno al otro...

-¿Qué había, Kira...?

-Un... ¡Un...!

-Dímelo.

Ella elevó la mirada hacia él, estando cara a cara y entregada a su voz suave que le brindó protección cuando nadie más se acercó para ayudarla... Lo miró profundamente, como más allá de sus ojos lilas, y parpadeó una vez, vertiendo más lágrimas contenidas. Ambos estaban ruborizados, y la chica se sintió avergonzada por lo que fue a decir ahí mismo, cuando volvió a enterrar su cara en el pecho de su amigo:

-Un... sapo... –murmuró.

-¿Un... sapo? –repitió, extrañado.

No dijo más. Gimoteó aquejada por el dolor en su alma.

-Kira..., ¿había un sapo en esa cajita...? –Entonces recordó la última y única clase de educación física que había tenido; ese día, cuando Alika Tomashi, y él, de hecho, también, observaba cada detalle, Kira se había cruzado con una rana en el parque y se había horrorizado. Aunque Zero no había tomado nota del hecho, ella evidentemente, les tenía pavura, y aquella rubia inescrupulosa había oído alguna de las tantas veces en que la prefecta anunciaba la proximidad de su cumpleaños. Era obvio que había formulado un plan para atacar a Kira en el día que se hallara más débil, con algo que la golpeara bien en su talón de Aquiles sin que lo esperara... –Kira..., tú... les tienes pánico..., ¿no?

Asintió con la cabeza soterrada en los pectorales del guardián que, sin verter lágrimas, lloraba en silencio.

-Kira... Yo...

-Pensé...

-¿Eh...?

-Pensé... que era un obsequio tuyo..., pero... cuando abrí la tarjeta y vi el mensaje... supe que no era así... Abrí el regalo... y... y... esa criatura m-me... me saltó encima...

-Kira...

Se quiso morir.

-Zero..., me siento muy mal...

-No sé qué decirte...

Todo su pasado, todas las amarguras que lo habían convertido en un hombre frío y distante, de pronto todo desapareció..., y lo único que quiso hacer en el mundo fue abrazarla con todas sus fuerzas, susurrándole al oído:

-Kira, cálmate...

-Lo siento... ¡Lo siento tanto...!

-¡¿P-Por qué?

-N-No debo... llorar... No... Debo ser fuerte... ¡Debo ser fuerte...!

-Cierra la boca... Llora todo lo que necesites; estás conmigo. No le diré a nadie.

-E-Es que yo...

-Te prometo que Alika va a pagar por esto...

-Zero...

-Te lo prometo...

-Se llevaron... Se llevaron... mi informe de biología... mientras dormía...

-¡¿QUÉ? –exclamó furioso, forzándola a verlo a los ojos-. ¡¿Cómo que te robaron el informe?

-S-Se lo llevaron... No está... Se lo llevaron... Cuando desperté... Me di cuenta antes de salir...

-¡No! –La abrazó nuevamente, sosteniendo su cabeza. -¡Pagarán por esto! ¡Lo juro, Kira! ¡Pagarán por esto!

-N-No tengas problemas... Yo no...

-Esto es demasiado... No pueden hacerte esto... No les has hecho nada... y ¿cómo pueden lastimarte así...?

-Yo... Está bien...

-¡No! ¡No está bien! Yo te juro que lo pagarán... Esto no lo sacarán gratis, y ¡recordarás este día!

-¿D-De qué... hablas...?

-Así sea que tenga que hacer estupideces para que te alegres, haré que recuerdes este día como uno de tus mejores cumpleaños.

-Oh, Zero...

La chica lloró aún más, pero silenciosamente. La camisa del varón estaba empapada en su lagrimeo, mas a ella no le importó tanto como para dejar ese resguardo cálido. Se aferró a él y dejó todo su cuerpo a su disposición, porque si Zero decidía hacerle daño algún día, sería con una buena razón, porque sólo una persona buena podría darle todo el afecto que le estaba dando él ahora... Kira Airen halló paz exclusivamente en él, cerca de donde podía oír su corazón latiendo cada vez más acelerado...

-Zero..., no te vayas...

-Y-Yo...

-¡Tengo miedo!

-No tengas miedo. Ese bicho ya se fue, y a partir de ahora estaré contigo, así que nadie te hará nada.

-G-Gracias... Gracias... Eres...

-No digas nada. Todo esto estuvo mal.

-Eres... el... mejor amigo que tengo, Zero... Zero..., gracias...

Él cerró los ojos y descansó sobre el hombro de la chica. Ya no podía pedir más de ella, y su espíritu era cada vez más azotado por una emoción extraña que lo acercaba a sus ojos azules más rápidamente. Quería protegerla.

En un sentido etéreo, mágico y lejos de la realidad, los dos sintieron que en ese cuartito reinaba la amargura, pero que detrás de eso había una latente felicidad que podía arreglarlo todo. Y con total sinceridad, la jovencita confesó lo que su miedo le incitó a sentir:

-Quiero quedarme aquí.

-¿Qué?

-No quiero salir. Quiero quedarme aquí... Aquí..., contigo.

-Kira..., debemos-

-Sabía que vendrías por mí... Sabía que..., aunque no me hubieras oído gritar cuando abrí el regalo, vendrías a buscarme como todos los días... Por eso...

-Basta. Ya cállate...

-No quiero salir...

El cazador de vampiros se secó las lágrimas como pudo y levantó la vista hacia ella, quien hizo lo mismo con él y respiró débilmente. La agarró de los hombros y le dijo con seriedad:

-Es tu cumpleaños. No podemos pasarlo en esta habitación. Vamos, hay que salir.

-P-Pero...

-Hay muchas cosas que debes hacer, así que levántate y ven conmigo.

Kiryuu trató de alejarse un poco de la situación y desvincularse de la mujer, que de un solo golpe se había pegado a él, y no precisamente de una manera física, sino más interna y compleja. Se levantó de la cama suavemente y le extendió la mano, la cual ella tomó sin vacilar, y la ayudó a ponerse de pie. Ella se limpió las lágrimas y se dejó guiar por el muchacho que no soltó su mano grácil. Al pasar junto a la cajita de regalo, coronada con un bonito moño rosa, Zero le pegó una patada que la hizo volar por los aires, y a la tarjeta con el mensaje "Aléjate de Kadashi", la pisó con odio.

-Vamos.

-Pero..., Zero..., ¿qué pasará con mi informe? La profesora de biología me reprobará...

-No lo hará.

-¿Cómo...?

-Tú confía en mí.

Sin apresurarla, pero sí avivándola a despertar de su congoja, la llevó hasta la cocina, donde le preparó el desayuno que ella quería. Al principio, claro, ésta se resistió a pedirle nada, e insistió en ayudarlo a cocinar, pero la pujanza del hidalgo era férrea y logró que se quedara sentada como observadora. Así, ella admiró su habilidad para cocinar y también el hecho de que le gustara hacerlo, a diferencia de los demás varones.

Comieron huevo batido entretanto la chica siguió preocupada, tanto por la posibilidad de encontrarse con Alika Tomashi y sufrir la intimidación, como de que la profesora de biología la desaprobase en la materia, pero Zero Kiryuu no renunciaba a su positivismo (inaudito), y persistía en decirle que él se ocuparía de todo. Así, de pronto parecía un hombre mayor, más abierto a los advenimientos de la vida y maduro como quien es escudo protector de las personas que más quiere.

Luego apareció el Director, cansado tras haber perseguido aquella tarántula, y casi sin saludar, se sentó con ellos en el comedor a contarles acerca de esa persecución. Kira se sonrió al escuchar el relato, mas con un velo de fatiga sobre el rostro que evidenciaba su reciente duelo interno.

Como consecuencia, Cross inquirió:

-¿Te sucede algo, linda?

-No, Director...

Sin embargo, el prefecto le hizo señas sin que ella lo notase, y con mímica le indicó que ese día era su cumpleaños. El fundador de la Academia abrió los ojos y fingió tener que retirarse. Corrió a la cocina y comenzó a preparar un pastel de chocolate. Conociéndolo, Zero evitó que su amiga ingresara a dicho lugar, y se la llevó afuera, donde un gran cielo de nubarrones creaba una atmósfera fresca y cómoda que servía de preludio a la tormenta que se estaba avecinando.

-Qué... hermoso día... –comentó la doncella, deleitando sus ojos en los nirvanas oscurecidos y amenazantes.

-¿Estos días te gustan? ¿En serio?

-Sí... Siempre me han gustado.

-No me digas...

-¿Por...? ¿A ti también te gustan?

-Un poco... "Claro que sí..." –pensó.

A lo lejos, un grupo de jovencitas divisó la presencia de la prefecta cumpleañera y se sulfuró, mascullando comentarios odiosos y de sorpresa aún evidentes a distancia, cuando se volvió ostensible que aquélla no estaba vencida. Zero atavió su mirada en furia y las vio alejarse inquietas. Tomó la mano de su amiga y dijo con total seguridad:

-Ven.

-Sí...

Las persiguió hasta el salón de clases, donde aún la profesora de biología no había llegado. Al cruzar la puerta, lo primero que encuadró en su campo visual fue la sonrisa provocativa de Alika Tomashi, quien procedía a tomar asiento como si no le temiese a nada. Ahí soltó la mano suave de Kira y se abalanzó hacia ella para tomarla, sin dudar, de la camisa y arrojarla contra la pared, todavía sin soltarla... El público se espantó, y aunque quiso recriminarlo de a gritos, nadie hizo nada por temor a recibir agresión del mismo cazador de vampiros. Y por supuesto, en ese momento en que la rubia estuvo a escasos centímetros de los ojos fervientes de Kiryuu y pensó que realmente sería destinataria de algún golpe, la invadió el terror y quiso chillar pidiendo ayuda, tal como sus compinches que le exclamaron al muchacho "¡suéltala!", "¿qué haces?", "¡le diremos al Director!".

-M-Maldito... –farfulló como pudo la villana, cuyo cuello estaba siendo presionado por el puño del hombre.

-Eres una rata almizclera –le susurró, sin embargo, el guardián, muy cerca de la cara-. ¿Qué te hizo Kira para que quieras dañarla tanto y en el día de su cumpleaños?

-V-Vete al infierno... –le gruñó.

Pero él se acercó más a ella y le declaró fría y rudamente:

-Oh, ya he estado ahí.

Entonces, con otro movimiento brusco, la separó de la pared y la colocó frente a la prefecta de cabellera negra, quien observaba la situación con una mano cubriendo su boca en el temor a ser herida como Alika en un futuro...

-No tienes idea de qué clase de persona es ella; ¡no se merece que la juzguen cuando el chico que te gusta simplemente la prefiere antes que a ti! ¡Ella ni siquiera está interesada en ese idiota de Kadashi...!

-¡Ey, no le digas idiota! –vociferaban otras chicas.

-Créeme, Alika..., si no arreglas el daño que causaste, te prometo que te devolveré toda la agresión que le diste a Kira, pero lo haré de manera tal que nunca te olvides de mí o de ella, porque estaré vigilándote todo el tiempo; cada frase que digas, cada cosa que hagas, cada mirada... ¡y haré que desees nunca haberte metido con mi amiga!

-"'Mi amiga...'" –pensó la doncella mencionada, ruborizada y con los ojos brillantes-. "Dijo que soy su amiga... y lo dijo frente a todos..."

-Vete al demonio, Kiryuu... –Alika dijo, no obstante, sacando los dientes como la bestia inmunda que era-; tú y tu amiguita estúpida.

La expresión trazada en la cara de Zero ahí fue como algo nunca antes visto por el mundo; todo su odio, su ira más interna, los depositó en sus manos y quiso matar ahí mismo a la blasfema malévola, mas sólo enterró sus uñas en su cuello y la sacudió frente a Kira, ordenando luego:

-Pídele perdón.

-Nunca...

-¡Pídele perdón!

-Vete al-

Sin soportarlo ni un segundo más, la lanzó contra el muro y dejó que en el mismo se rompiera como un escarba dientes. Cayó como una bolsa de papas y se desplomó, chillando de dolor aunque sin atreverse a seguir insultando... A la sazón, y haciendo uso de su autoridad sobre el miedo, el hidalgo se puso en cuclillas delante de ella y le murmuró:

-No te metas con ella nunca más en tu patética vida. Y lo del informe de biología..., eso, resuélveselo.

Los ojos cobardes de Alika Tomashi temblaron de cara a esa voz titánica. Casi más temible que un vampiro de verdad, Zero sembraba la incertidumbre y la zozobra entre las mujeres humanas.

-Eres una basura... Jamás serás feliz –terminó él diciéndole, justo antes de que ingresara en escena la profesora de biología y gritara en vista de la situación.

Ésa exigió explicación de lo que estaba ocurriendo, pero ni el chico, que enseguida fue receptor de sus retos, ni la jovencita cumpleañera hablaron; sólo en sus perfiles reinaba un gesto general de honor y calma interior que nadie podía jaquear. Estaban juntos en eso. Entonces, él tomó la mano de ella y la hizo caminar a su par.

-Vámonos –le dijo, ajeno a todo.

-¡Alumnos! ¡Kiryuu y Airen-! –berreó en vano la docente.

Dejando atrás un escándalo que probablemente les costaría unas cuantas (banales) amonestaciones, los dos prefectos salieron del salón y fueron a la fuente de agua a reírse un rato de la cara de estupefacción de la rubia desgraciada. Y posteriormente, cuando se cansaron de reír, Kira le ofreció una dulzura magnífica.

-Zero, gracias... Yo... Nunca pensé que... alguien haría algo así por mí de nuevo...

-¿De qué hablas?

-No es nada... Había una persona que me defendía como tú lo hiciste recién, pero ya no la volveré a ver... Eso es todo...

-No me agradezcas nada; es tu cumpleaños.

Ella sonrió mirando sus pies... La brisa se movió más veloz y su cabello atado se meció.

-¿Qué quieres hacer? –le preguntó él.

-¿Eh?

-¿Qué quieres hacer?

-¿Por qué estás haciendo esto, Zero...?

-¿Qué te importa? Sólo dime qué quieres hacer.

-N-No lo sé... Prefiero que tú elijas...

-Agh... –suspiró-. Bueno..., a ver... ¿Te gustan los caballos?

-¿Los caballos? Me encantan.

-¿Sí?

-Sí. Cuando era pequeña, quise montar uno, pero casi me mata de una patada, así que siempre tuve ganas de acercarme a uno... ¿Por...? No me digas que-

-Sígueme.

Ansiosa y sin poder creer que su compañero estuviera siendo tan cálido con ella, lo siguió cerca hasta que arribaron a un establo alejado en el bosque. Varios fresnos ornamentaban el lugar, provocando un espacio sereno e inofensivo.

-Zero... Esto es...

Caminó hacia el interior y esperó que la chica se adentrara sola en el panorama. La oscuridad rellenaba las esquinas, y unos cuantos caballos descansaban o comían pasto en sus casillas. Kira se iluminó y sonrió a más no poder. No sabía qué hacer, si correr hacia esas hermosas criaturas y saltar en sus lomos o si abrazar a Zero con todas sus fuerzas para agradecerle. Estaba exultante, y así se volteó hacia el muchacho, a quien inquirió felizmente:

-¿Puedo montar uno?

-Sí –contestó después de reír con ligereza.

-¿De verdad? ¡Oh, Zero, gracias!

-Ya, ya...

Conocía a cada uno de los caballos de ese establo, y eligió una hembra de pelaje todo negro para Kira, mientras que su corcel era siempre uno por completo blanco que cotidianamente lo miraba con ojos crueles. El varón así lideró una caminata que juntos dieron por todo el terreno de la Academia, por las partes donde no circulaba nadie. Ocultos entre los árboles y las tinieblas traídas a la tierra por la tormenta que caería pronto, pasearon en los lomos de los solemnes animales y charlaron en voz baja.

-¿Por qué les tienes tanto miedo a los sapos, Kira?

-No lo sé... Desde que tengo memoria, les temo.

-¿Nunca has tratado de pensar que no hacen daño? Quizás si yo te mostrara uno de lejos-

-¡No, gracias! –berreó.

-BUENO, está bien...

-Es que... Son horribles...

-Ajá... ¿Incluso si estuvieras lejos y sin posibilidad de ser tocada por uno de ellos?

-Supongo que sí, incluso...

-A ver, probemos. Aquél, el de allá.

-¡¿Q-Qué...?

Curiosamente, miró, y su corazón enloqueció cuando vio un sapo gordo y enorme en la avanzada, justo a la mitad del camino que recorrían los caballos juntos. Gritó contenida y cerró los ojos como una niña, agitando al corcel que levantó un poco las patas delanteras. Sin embargo, Zero, que ya había descubierto el secreto en el manejo de esas criaturas, tomó la correa de esa yegua negra y la controló, añadiendo su voz calma para serenarla, al mismo tiempo que también le habló a Kira mirándola fijamente a los ojos cuando ella se animó a ver...

-Kira, está allá abajo, lejos de ti; no te va a tocar. ¡No tengas miedo...!

Pero ella gimió con un hilito de voz agonizante; estaba aterrada. Sólo podía concentrarse en los ojos de él.

-Kira, está bien... Tranquila.

-Z-Z-Ze-Zero..., llévame lejos...

-Agh..., de acuerdo, de acuerdo...

Cuando llegaron a un punto distante, seguro, la chica se sonrojó por completo. Sus palabras apenas escaparon por la rendija formada entre sus labios.

-Lo siento... Soy patética...

-Por ser tu cumpleaños, lo dejaré pasar.

Los minutos que continuaron pasando enfatizaron su cercanía y ensalzaron el sacramento de su bello silencio. Para calmar la excitación de hallarse frente a la fuente de un terror personal, compartir el espacio y tiempo con alguien como Zero Kiryuu era lo único y lo mejor.

-Zero, ¿te puedo preguntar algo?

-¿Qué?

-Tu antigua compañera..., Yuuki..., ella..., ¿solía pasear así contigo?

-¿Por qué lo preguntas?

-Curiosidad...

-No.

-¿De verdad?

-Sí. Siempre estaba pendiente de que Kaname Kuran la mirara o que los estudiantes del turno día no infringieran los toques de queda o cosas así...

-Ah... ¿O sea..., que tú siempre estabas solo?

-Se podría decir.

Ella bajó la cabeza.

-Pero está bien. Yo no era como Kuran; por eso ella prefería estar cerca de él.

-Ese tipo tiene una cara de pervertido...

Al sonar de dicha expresión, Zero entró a reír a carcajadas. La espontaneidad de la chica era cómica, sin mencionar que eso era algo que él había opinado siempre de aquel Pura Sangre.

-Eres la primera chica que conozco que dice eso.

-¿Qué?

-Todas las estudiantes humanas se la pasan gritoneando los nombres de los vampiros y aclamándolos como si fueran príncipes. En los días de San Valentín andaban como locas...

-¿Celebran San Valentín aquí?

-Sí...

-Mmm... A mí nunca me han regalado nada para San Valentín... Y, ¿a ti?

-No les doy importancia a esas cosas.

-Pero no contestaste mi pregunta.

-Agh... De acuerdo; no.

-¿Disculpa?

-Nunca me dieron nada para San Valentín... Bueno, ahora que lo pienso, hay una chica que una vez quiso hacerlo en agradecimiento a que hubiera evitado que cayera de lo alto de un muro... Pero nada espontáneo, de hecho.

-Oh... Lo siento.

-¿Por qué?

-Porque se siente mal si los demás reciben una muestra de afecto pero tú no.

-No si no le das el valor que te pueda hacer daño.

-Pero es muy difícil ignorarlo, ¿verdad?

-"Dice exactamente lo que estoy pensando... Sentimos... igual."

-Pero, sí..., no puedes forzar las cosas... por más que duelan.

-¿Te gustó alguna vez un chico que no te regalara ese afecto?

-Sí... En realidad, dos.

-¿Te pasó lo mismo dos veces?

-Síp. El único varón al que parecí gustarle era un rarito con la peor ortodoncia del mundo... –dijo, riendo recatadamente.

-Ja-ja... ¿Sólo uno?

-Sí. Al menos, uno solo lo demostró, aunque en San Valentín no me regaló nada... Con lo que me gustan los chocolates...

-Qué pena... "Hay que estar loco para no fijarse en ella..." Pero esos dos tipos..., ¿por qué no estaban interesados en ti? Si tú ya gustabas de ellos...

-No lo sé, pero, en lo personal, me alegro de que no me hayan mirado, porque poco después descubrí que eran unos imbéciles... Uno le había pegado a su novia y el otro había dejado embarazada a la suya..., a quien abandonó tras saber la noticia.

-Vaya... Eso no tiene perdón.

-¿Lo crees?

-Por supuesto. Esos desgraciados que agreden y destruyen las vidas de sus parejas... son para matarlos.

-Se ve que serás muy protector con tu mujer...

-No pienso casarme.

-¿Por...?

-Ya tuve suficientes desilusiones.

-... ¿con... Yuuki? –preguntó con temor e indecisa.

Naturalmente la golpearía en la nuca o la insultaría con tal de acallarla a ella y a sus propios irreflexivos comentarios, pero él no respondió... Sólo un trueno golpeó el horizonte a la par de una danza de rayos bien en lo alto. El viento comenzó a soplar fuerte.

El paseo a caballo finalizó como después de quince minutos de elipsis, y los prefectos fueron a la parte más alta de la Academia, en una torre que parecía la extensión al sol y desde donde todo parecía pequeño y simple. Escasas veces Zero habías subido allá, pero ahora le parecía una buena ocasión para volver y compartiendo el hecho con alguien más. Kira quedó maravillada, y en esa posición contempló el cielo de cerca. Una sonrisa plena prevalecía en su rostro mientras suspiraba y descansaba en ese santuario de paz.

-Esto es... hermoso... –dijo.

-Qué bueno que te guste –el chico le respondió.

-Podría quedarme aquí todo el día... ¿Sabes?, cuando era una niña y las cosas andaban mal, me enfermaba de depresión y solía buscar el cielo para volar hasta las nubes y ver el mundo en miniatura... porque de alguna manera sentía que así mis problemas también serían diminutos... Y aunque esa ilusión ya la superé, en mi interior, en una parte de mí, todavía quiero volar cuando estoy triste... Supongo que te suena como una cobardía, ¿no, Zero?

-Para nada. Todos necesitan alejarse de sus conflictos. En gran medida, me parece que tu vía de escape es sana.

-¿En serio...? Ja... Qué bueno... Gracias por no burlarte.

-No soy un modelo a seguir. No esperes mi aprobación.

-Pero yo aprendo de ti.

-¿Y? No es la gran cosa...

-Para mí, un maestro es meritorio de todo respeto.

-Los maestros también se equivocan.

-Pero más se equivoca el aprendiz.

-No tanto. Al fin, el aprendiz supera al maestro y toma su lugar.

-Sólo si el maestro se estanca en su realidad; si no evoluciona.

-No necesariamente. Un maestro no le enseña a su aprendiz para que crezca a medias. Un maestro quiere que su aprendiz sea mejor.

-Hay quienes no.

-¿Y que "enseñan" casi por deber por no por vocación?

-Por ejemplo.

-Ésos no son maestros, sino docentes o algo similar.

-Entiendo.

-¿Acostumbras mantener esta clase de conversaciones con tus conocidos?

-Sólo con mi madre...

-Suenas inteligente.

La joven rió y sus mejillas se pintaron con rubor.

-Claro..., porque mi cara dice lo contrario.

-No, tampoco. En general pareces inteligente.

-Que no es lo mismo que estudiosa.

-De que eres estudiosa, no tengo duda, pero la inteligencia es más compleja.

-Como en tu caso; tú eres inteligente pero no muy estudioso.

-Estudio lo que necesito.

-Me parece prudente.

-Kira...

-¿Sí?

-Es la primera vez que charlo con alguien de esta manera.

-Es un honor... –dijo la dama, sonrojada, al bajar la barbilla.

Estaban tan cómodos ahí arriba, que no se fueron sino hasta que llegó el mediodía. Para el almuerzo no comieron ni en el comedor de estudiantes ni bajo un árbol, sino que Zero cocinó para la cumpleañera con el propósito de almorzar juntos en el comedor privado de Kaien Cross, quien ya había dejado su aporte al día dentro del refrigerador...

A ella le gustaban las pastas, y mientras el guardián de ojos lilas se ocupó de la cocina, se divirtió mirándolo.

-Es raro que un hombre joven como tú cocine así... –comentó.

-¿Qué, en el condado de Kozumi los hombres no cocinan?

-No mucho..., y los que sí, lo hacen mal...

-No tiene ciencia...

-Pero para una chica es importante.

-¿Para que no tenga que hacerlo ella siempre sola?

-Claro.

-¿Tu padre no ayudaba a tu madre a cocinar?

En un principio, iba a contestar, pero al percibir una extrañeza en esa última frase, frunció el ceño y preguntó sin mirarlo:

-¿Por qué lo dices en pasado? Ni que hubieran muerto...

Por un instante, sintió que su corazón tembló, como si Zero hubiera descubierto la verdad acerca de su pasado, y miró de reojo la expresión de dolor de dicho joven, el cual se había volteado para ver a Kira. En una suspensión del tiempo, los dos se miraron a los ojos y no se dijeron nada, hasta que Kiryuu volvió la mirada a la cocina y explicó:

-Era una forma de decir...

-Ah...

-¿Tu padre no ayuda a tu madre a cocinar? –habló en tiempo presente.

-No... Él se ocupa de otras cosas, aunque nunca lo hace del todo bien... Es excelente cazador, pero no tiene habilidad ni predisposición para las tareas cotidianas.

-Típico... Tenía un tío que era así.

La chica quiso ahí interrogar a su amigo acerca de sus padres, pero sabiendo lo que les había sucedido a manos de la vampiresa Pura Sangre Shizuka Hiou, no podía cometer semejante equivocación. Debía ahorrarse la curiosidad.

Sin embargo, por otra parte, ella meditó.

-"¿Puede ser... que él sepa... lo que pasó...? ¿Qué él sepa que mis padres...?"

-Bueno, ya está –anunció Zero, presentando una olla llena de ñoquis caseros en salsa de tomate y albahaca.

-¡Ah..., Zero! ¡Muchas gracias!

-Ven, vamos a probarlos. A ver si me lucí.

Estaban deliciosos; los ojazos de Kira brillaban en la gula de su espíritu dulce, y su boca gozó el sabor de ese plato magnífico. Varias veces le agradeció a su camarada, hasta que el mismo le pidió que se callara. Y en el transcurso, comenzó a lloviznar afuera. El paisaje detrás de esos ventanales de vidrio era romántico, mas con un lado de nostalgia, pero la chica se pegó a la ventana y admiró esa vista.

-Zero... –dijo, entonces, ella, en un tono sumiso.

-¿Qué?

-Gracias por defenderme de Alika... Nunca pensé que tú... fueras a enfadarte tanto con ella por algo así...

-Ya lo dije: fue sumamente injusto. No podía quedarme sin hacer nada. Después de todo..., ¿somos compañeros o no?

Le contestó con una sonrisita sana, y él la miró aliviado.

-Gracias... Eso sí..., lamento haber llorado sobre tu camisa.

Con ello el joven rió un poco. Ejecutó un gesto de despreocupación.

-No pasa nada.

Luego de unos minutos, le consultó:

-¿Piensas salir al atardecer, cuando salgan los estudiantes nocturnos?

-Claro. No me lo perdería por nada. Además, si sigue lloviendo, dudo que vayan muchas chicas, así que nuestro trabajo será más fácil.

-No creas; esas chicas son capaces de hacer muchas estupideces por esos sujetos.

-Qué tonto... Ni siquiera los conocen...

-¿Si los conocieran estaría bien para ti?

-Por supuesto. Pero ellas están sólo enamoradas de sus rostros pálidos; no tienen ni idea de quiénes son esos alumnos...

Cuando terminaron de comer, vino el Director, y sostenía en sus manos un cuerpo cubierto por un mantel blanco. Los prefectos se voltearon a verlo y, aunque Zero era consciente de de qué se trataba eso, la chica dudó de lo que traía Cross, quien hablaba sonriente:

-Kira..., ya que hoy es un día especial..., te mereces un rico postre... Así que... ¡te preparé un pastel! –terminó diciendo, descubriendo una hermosa torta marrón bañada en chispitas de chocolate blanco y coco. De su bolsillo sacó una velita roja y la colocó en el centro, y exclamó: -¡Feliz cumpleaños!

Kiryuu esbozó una recatada sonrisa, mientras la dama observó su regalo, que fue puesto delante de ella, con una expresión de ternura herida, como si le doliera sentirse tan feliz... Sonrió ruborizada y con los ojos vidriosos, cerrándolos con fuerza al bajar la cabeza. Pero el hombre de pelo platinado le ordenó:

-No te pongas a llorar.

-Claro que no... –Levantó la vista con una gran sonrisa y suspiró. –Muchísimas gracias, director Cross. No sabe cuánto significa esto para mí.

-¡Ni lo menciones, querida! Espero que te guste el chocolate negro y el dulce de leche.

-Me encantan. Es perfecta...

-¡Bueno, bueno, pruébala! ¡Ah..., pero no sin antes pedir un deseo...! –comentó, encendiendo la velita escarlata.

-"Un deseo..." –pensó la doncella... Entrecerró los ojos y tomó aire con un gesto de profundidad que evidenció la importancia del deseo que acababa de pedir hacia sus adentros... Con delicadeza, respiró sobre la llama y la apagó, evocando luego los abrazos de oso y los alaridos alegres de Kaien.

-¡Felicidades, Kira...!

-Ji-ji... Gracias, Director... –sonrojada, respondió.

El sabor de ese pastel era exquisito; suave y con gracia golosa, y ambos guardianes comieron, deleitando sus paladares en una satisfacción a la que no estaban acostumbrados.

Solos de nuevo, Kira Airen contó:

-La última vez que probé un pastel tan delicioso fue en mi cumpleaños número diez. Cocinaba mi abuela..., toda una maestra de las artes culinarias.

-Y, ¿nunca más?

-No, porque falleció al mes siguiente.

Zero la miró estupefacto. No sabía si decir que lo sentía o qué, aunque ella lo alivió, exclamando:

-¡Está bien, está bien! ¡No te pongas así!

-Es que... Nunca conocí a mis abuelos, pero supongo que debe doler perderlos...

-Sí, pero pasó mucho tiempo ya. ¿Tus abuelos murieron antes de que tú nacieras?

-Sí. Bueno, el padre de mi padre estaba vivo, pero internado en un psiquiátrico, así que nunca lo conocí... Tenía manías persecutoras.

-Oh, vaya...

-Sí...

Mantuvieron charlas así, no demasiado osadas ni tampoco superficiales, pero que servían para ablandar a Kiryuu y abrir más su corazón. Pasó un par de horas y seguían ahí, en la mesa, y la torta ya se había reducido a la mitad; los dos eran muy glotones aunque no pareciera. Por suerte su genética les impedía ponerse gordos, así que el sex appeal que les salía hasta por los poros resultaba imperecedero.

Terminaron las clases de los humanos y el dúo guardián salió a patrullar. Llovía más fuerte, pero no importaba, y Kira se divertía como nunca al recibir esa bendición del firmamento.

-¡Mira, Zero! –lo llamó a su amigo, girando como una bailarina de ballet bajo el cielo atiborrado de nubes negras-. ¡Dios está llorando en mi cara!

-¿Siempre hablaste de esa manera?

-Sólo con quienes pueden entenderme.

-Y, ¿qué te hace pensar que yo te entiendo?

-Se nota en tus ojos.

Sí... Los ojos... Esos ojos lilas hacían juego con los otros azules de la mujer; los cuatro resplandecían en contraste con el agua y el espacio ensombrecido, y hablaban por sí solos. Eran mágicos y seducían a cualquier especie. Esos amigos, con el cabello empapado y el uniforme sin una esquina seca, llamaban la atención; un místico aura los rodeaba.

Y cuando llegó la hora de recibir a los alumnos nocturnos, estuvieron listos en la puerta por la que saldrían victoriosos. Para sorpresa de Kira Airen, las chicas humanas estaban ahí de todos modos, aunque fuera bajo un paraguas...

-Vaya..., no se pierden ni un día... –comentó ella con las cejas levantadas.

-¿Viste? Te lo dije –respondió el varón, y empezó a ahuyentarlas.

El portón crujió y emergieron vampiros elegantes que portaban más paraguas blancos. La cabellera de la presidenta Shikara centelleaba como neón y sus ojos naranjas eran hipnotizantes. Atrás venía Kadashi, cuya mirada se aguzó al atisbar a Kira entre el tumulto acuoso de la lluvia. Se acercó a ella y le extendió el paraguas, diciendo:

-Querida, no debes mojarte; podrías resfriarte.

-Y, ¿qué? No es tu problema.

-Insisto. Tómalo.

-No quiero. –Su cara denotaba odio por el vampiro, mas una cierta vacilación al recordar lo que decía la tarjeta de su "regalo" de esa mañana...

Pero, ya sintiendo que ese acoso se estaba volviendo pesado, Zero intervino finalmente, colocándose entre medio de los dos y alejando a Kira con sus manos, mientras al mismo tiempo le dio la espalda a Kadashi. Su voz de rey dictaminó entonces:

-Es suficiente. Ya déjala. ¿No ves que no le interesas? No le hables más, Kadashi.

Con una mirada penetrante y poderosa, atravesó al apuesto vampiro y éste tuvo que ceder, cerrando los ojos. Las chicas observadoras, entre las cuales se hallaba Alika Tomashi, hicieron silencio contemplando la escena, y todo se suspendió unos minutos. Pero el chupa-sangre se cubrió de nuevo con su paraguas y comenzó a alejarse lentamente mientras habló en voz baja:

-Qué desperdicio... Si es así...

Luego, a su lado, la dama líder Shikara Haze le murmuró:

-Hay más por ahí, Kadashi... No te apenes.

El otro suspiró desganado.

Más tarde, en la fuente de agua, la luz era casi inexistente y la lluvia persistía. Bajo ella, los guardianes descansaban escoltados por el sonido de la naturaleza en su estado de llanto. A lo lejos también croaban sapos, así que Kira tenía los pies subidos a la fuente. No desesperó, no obstante, gracias a la presencia de Kiryuu, a su lado.

-Zero...

-¿Sí?

-Te agradezco haberme ayudado con Kadashi.

-No lo menciones. Es un acosador.

-Sí, lo sé... Es escalofriante.

-Kira.

-¿Qué?

-¿Les tienes miedo a los vampiros?

-No...

-¿No?

-No. Los... No los quiero cerca.

-¿Sólo eso?

-Sí.

-Y, ¿si conocieras a un vampiro bueno?

-¿Un vampiro bueno?

-Sí. Uno que te protegiera y te respetara.

-Dudo que alguna vez conozca alguno.

-¿Por qué?

-No lo sé...

-Pero..., ¿si lo conocieras...?

-Tampoco sé...

-Mmm...

-¿Zero?

-¿Qué?

-También te quiero dar las gracias por todo lo que me has dado hoy.

-No hace falta.

-Sí hace falta. Fue uno de los mejores días de mi vida.

-Aún no termina.

-Está bien. Es sólo que pensé que nunca-

-¿Qué?

-Nada... Pensé que este día sería terrible... dado lo que ocurrió a la mañana...

-Olvídate de eso.

-Pero no puedo evitar ver cómo marcaste la diferencia.

-Agh... Por favor...

-En serio. No sabes casi nada de mí y aún así... me has dado el mejor de los obsequios.

-¿Por qué lo dices? Creo que habría sido mejor algo material que te sirva de recuerdo.

-El día de hoy se transformó en un recuerdo valioso. No me importa lo material; mis tíos, por ejemplo, siempre me hacían regalos geniales, pero nunca estaban conmigo; charlaban con mis padres y nunca se quedaban para partir el pastel. Muchas veces ni se despedían de mí. Eso es feo...

-Lo siento.

-Está bien. No eran la parte de mi familia más allegada a mí, de todos modos.

-¿Quién es el más allegado?

-Mi hermano..., Itsuki...

-¿Tu hermano...? –En ese momento recordó la confesión que el guardián de Kira, Chigima, le había hecho al Director, cuando ese prefecto había estado escuchando su conversación unos cuantos días antes...

-Sí. Era mi mejor amigo... De hecho, era muy parecido a ti, sólo que tenía el cabello negro y los ojos celestes.

Entonces, en un segundo, notó que la chica se había equivocado en el mismo punto que él antes... Le señaló, sin mirarla:

-Pero, ¿por qué hablas así..., en pasado?

Ella se congeló en el lugar. Sí, se había ido de su realidad fingida, cayendo en lo cierto de que su hermano estaba muerto, por lo que automáticamente hablaba en tiempo pretérito... Le contestó sin mirarlo tampoco, y rezando por que no la hostigara para que dijera la verdad:

-Es que como hace mucho que no lo veo...

-Es una forma de decir -completó.

-Sí...

-"Gracias..."

-"Kira..., ¿piensas ocultar la verdad para siempre?"

Escucharon. Atendieron a la delicadeza y a la galanura del mundo que los circundó en ese escenario humilde y acotado. Las sombras que succionaban exigua luz y el mundo de lágrimas celestiales que los acunó despiertos. Zero elevó la vista al firmamento y se permitió admirarlo.

-¿Qué quieres hacer ahora? –le preguntó después de un breve rato.

-No lo sé...

-¿No tienes frío?

-Un poco, pero no es nada.

-¿Piensas patrullar toda la noche?

-¡Obviamente!

-Debes estar bromeando.

-¡Claro que no! Debo hacer que el día dure lo más que pueda.

-Ja... Como quieras..., pero entonces será mejor que vayamos a cubrirnos un poco.

-Debajo de un árbol, no; hay sapos ahí.

-Cierto... Entonces...

-¿Qué?

-Ven conmigo.

La tomó de la mano otra vez y guió su camino. En la parte superior de las murallas que rodeaban el patio interno de la Academia, una serie de cuatro cúpulas de estilo romano se ubicaba en cada esquina Eran puntos que nadie podía alcanzar sin ser recriminado por autoridades como el mismo prefecto. Tenían columnas que sostenían un techo cóncavo de piedra blanca, y ahí los jóvenes se refugiaron de la lluvia, gozando de todo desde arriba. Kira, que se sentó más cerca del borde, pegó las rodillas al pecho y se hizo una bolita, mientras que Zero se sentó con las piernas más estiradas, extendiendo los brazos mientras se sostuvo desde atrás.

-¿Cómo conoces estos lugares tan hermosos...? –le preguntó ella.

-Cuando estás solo, exploras buscando algo mejor.

-¿Tan solo estuviste?

-Con una compañera que estaba siempre pendiente de la vida de un vampiro que odias, sí, estás solo...

-Zero... –masculló adolorida.

-No te preocupes. Ya casi ni pienso en eso... Pasó... hace más de tres meses...

-¿No te duele cuando lo recuerdas?

-No. Pero tampoco me provoques.

-Perdón, perdón...

-Y, bueno..., me alegro de que te guste aquí.

-Me encanta... ¿Podríamos pasar la noche aquí?

-Te enfermarás con la ropa mojada.

-Si ése es el caso...

Dijo eso, y se quitó el saco empapado y toda prenda que pudo sin quedar desnuda. Incluso las medias largas, el moño de su uniforme y los zapatos. Sólo conservó la camisa y la pollera negra. El chico lo soportó con dificultad y se ruborizó ante ello, por un instante temiendo que ella se sacara algo más que eso. Respiró un poco cuando la oyó de nuevo:

-¿Qué? Así hay menos chances de pescar un resfriado.

-Pero..., ¿no te da frío en los pies?

-No, Zero. No soy tan frágil.

-Si tú lo dices...

-Tú podrías hacer lo mismo si no quieres quedar en cama y que yo tenga que reemplazarte en nuestros deberes.

-No te preocupes. Además, no voy a permitir que me veas los pies.

Contemplaron la lluvia caer. Por el contorno de la cúpula se formaba una cortina de agua. Paulatinamente, el aire se había teñido de azul, como los ojos de la dama, y una neblina extática daba vueltas por todos lados. Pasadas unas horas, oscureció por completo y corrió una brisa fría que hizo temblar a Kira.

-¿Estás bien? –le consultó el caballero.

-Sí, gracias por preguntar.

-¿No tienes hambre?

-No... Por gula comería más pastel, pero no.

Zero sonrió.

-Dentro de poco llegará la medianoche... y mi cumpleaños habrá terminado.

-Pero vendrán más.

-¿Cómo estás tan seguro?

-Tienes diecisiete años ahora; te faltan muchos para morir.

-Espero que tengas razón.

-¿Por qué lo dudas?

-Porque podría pasar cualquier cosa...

-No veo por qué.

-Porque el destino puede ser cruel e injusto.

-¿Ha sido cruel contigo antes?

Kira bajó la cabeza y sintió el eclipse de la pena sobre sus ojos; un murmullo vino a la sazón y contestó:

-Perdí gente...

-¿Familia?

-Sólo gente.

-Lo lamento mucho. Sé lo que eso signif-

De inmediato giró la cabeza hacia él y esperó que completara la frase, mas Kiryuu ocultó la mirada y se retrajo.

-Olvídalo.

-Zero, yo sé que...

-No importa.

-¿No hablas de eso con nadie?

-¿Para qué?

-Para liberar tu corazón de tantas cargas...

-No me haría diferencia.

-¿Cómo estás tan seguro? Zero –siguió, esta vez sentándose frente a él-, yo puedo escucharte; de seguro que puedo...

-No quiero, Kira. Por favor, déjalo.

-... e-está bien... –Suspiró. -Lo lamento.

Un viento helado corrió y enroscó a la dama en un escalofrío que la hizo tiritar nuevamente.

-Tienes frío.

-No.

-Boba, ponte tu abrigo; vas a enfermarte.

-No quiero. Está muy mojado.

-¿Vas a pasar toda la noche aquí hasta que se pongan los labios morados?

-¡Me iré después de que-!

-¿Disculpa? –el hidalgo reaccionó, con el saco de la joven en la mano, ya para colocárselo en los hombros.

-Discúlpame..., pero no quiero irme de aquí hasta cerciorarme de que hablarás con alguien de todo aquello que te hace daño... Yo sé que has sufrido, Zero..., y...

-No actúes como si fueras una persona ruin.

-¡Es que-!

-Basta.

-He visto a mucha gente ser consumida por el dolor, y no quiero que eso te pase a ti... –exclamó en un tono de súplica, mirándolo fijamente a los ojos. Con esa determinación, erigió un silencio sagrado que los contuvo en un momento que resultó clave para que Zero avivara una parte de su corazón que había estado dormida por meses.

No podía contestar con agresión a esa postura tan férrea y al mismo tiempo dulce. Sonrió, cerrando los ojos, y luego aseveró a su amiga:

-Kira, te prometo que ningún dolor me consumirá. Ocúpate de tus propias preocupaciones, que yo estaré bien.

-¿En serio? ¿Me puedo quedar tranquila?

-Sí, idiota... No me fastidies.

-Bien... –cedió, bajando la cabeza en un mohín de resignación. Zero la tomó del hombro y la instó a incorporarse y ponerse la ropa de nuevo.

-Vamos adentro, compañera; ya estuvimos un buen rato aquí. Vamos a comer más pastel de chocolate.

Una sonrisa pura y tierna se dibujó en la cara de la jovencita sonrojada.

-Espero que no pienses que me veo como una gorda ansiosa...

-Creo que eres golosa, y eso está bien en una chica de esta edad; es sano.

Ella terminó de vestirse bien y la temperatura bajó más. Aún con el saco puesto, el frío iba en aumento, y su cuerpo trepidó automáticamente, ante lo cual Zero contestó cediendo su propio abrigo.

-¿E-Eh...? –preguntó Kira.

-Tómalo o te hará mal.

-P-Pero... tú...

-Tengo más resistencia que tú; créeme.

Aún bajo esa cúpula, la joven dudó en si tomar el abrigo o hacer otra cosa, pero el hecho fue que se quedó embelesada en los ojos lilas de ese muchacho, atrapándola en la indecisión. El tiempo por ende se congeló para ellos... Sólo cuando ella parpadeó, escapando de ese momento crucial, bajó la cabeza y recibió el saco, el que usó para abrigar su espalda mientras Zero terminó sólo con su camisa blanca, su chaleco negro y esa escarlata corbata floja que rodeaba su cuello.

-Vamos.

Bajaron de a pequeños saltos y corrieron al ala del Director, donde tomaron ropa seca de entrecasa. Kira se puso un vestido corto rosa que parecía un camisón y Zero quedó estupefacto al verla.

Aún, no se soltó el pelo negro.

El Director los recibió con tasas de té y la torta de chocolate. No habían cenado, al final, pero, ¿qué importaba? Arrasaron con ese plato delicioso tras convidarle a Cross un par de porciones, y se sintieron satisfechos como para pasar un pequeño rato y luego ir a dormir.

En la sala de estar, las alfombras eran cálidas en sus pies descalzos. Se sentaron en el sofá del centro, desde donde disfrutaron la culminación del día, en una oscuridad ambiental que hacía bostezar a la joven aunque no quisiese cerrar los ojos.

-Kira.

-¿Mmm?

-Espero que hayas tenido un buen cumpleaños hoy.

-Fue grandioso, Zero, y todo gracias a ti.

-No es para tanto...

-¿Cómo que no?

-Para la próxima será mejor. Ya verás que no amanecerás con sapos en cajas de regalo.

-No bromees con eso...

-Ya, perdón.

-Ahora que me doy cuenta, no se lo dijiste al Director.

-Claro. No era el momento. Pero después me ocuparé de ello.

-Pudiste haberlo hecho hace unos minutos.

-Hasta que te duermas, no me parece de buen gusto que tengas que conectarte con el tema de Alika otra vez.

A la vez que sus labios se extendieron en una sonrisa chisposa, Kira lo picó con su cuota de ternura.

-Ah, te preocupas realmente por mí... Eso es dulce.

A fin de repugnar los encantos que lo torturaban, Zero chistó y la esquivó con los ojos.

-No te privas de molestarme aún en un día como éste.

-Me doy el lujo justamente por eso. Oye...

-¿Sí?

-¿Quieres saber qué pedí como deseo...?

-¿Me lo dirías?

-Deseé... nunca perder a nadie que ame.

-¿E-En serio...?

-Sí... Aunque..., realmente espero que se cumpla... Todos mis deseos anteriores..., ninguno se cumplió...

-¿Qué cosas solías pedir?

-A ver... –pensó en voz alta-, recuerdo que una vez pedí un par de patines..., luego una hermana menor, viajar por el mundo, la paz mundial, que mi hermano no se enfermara nunca, inmortalidad, ser la chica más bonita del mundo... y, si no me equivoco, tener súper poderes.

-Vaya... –comentó luego de reír un poco.

-Muy rarita, ¿no?

-No sé si "rarita", pero... –Rió de nuevo. -Y, ¿nunca se te cumplió nada?

-No... Ni siquiera el de los patines.

Rieron juntos esta vez. Zero pronto se puso a pensar, sin embargo...

-"Ese deseo... para ser la más bonita del mundo... ¿para qué lo habría pedido? Si ya es hermosa..."

-Pero es lindo mantener la ilusión de que algún día lleguen a cumplirse... Será algo infantil, pero a mí me trae felicidad...

-No es infantil; es tierno.

-¿En serio lo crees?

-Claro.

-Mmm... Eres especial, Zero.

-No sé de dónde sacas esos comentarios –increpó, echándola de su corazón...

-Sólo digo en voz alta lo que pienso.

-Bueno, gracias de todas maneras.

-No, Zero..., gracias a ti. Gracias...

Dijo eso en un tono suave y delicado como nunca antes. El movimiento de sus ojos fue lento y controlado al enfocar la atractiva imagen del hombre y sumirse en la expresión de él, también quedó atrapado. Luego sonó un trueno que asustó a ambos. La chica comenzó a ocultar su cara mientras anunció:

-Creo que es hora de que me vaya a dormir...

-De acuerdo.

-Aunque..., sabes..., tengo una inquietud...

-¿Cuál?

-No sé a dónde se fue ese sapo...

-¿Qué?

-C-Cuando... saltó de la caja a mi pecho- -al renarrar lo sucedido, sintió escalofríos dolientes y gimoteaba, tal como Zero al transformarse en Nivel E meses atrás.

-¿Estás bien?

-S-Sí... Es sólo que recordarlo...

-Está bien. Relájate –susurró, aproximándose a ella con un ligero corrimiento de sus piernas-. Dime sólo cuál es el problema.

-No sé a dónde fue luego de eso... Creo que salió de mi cuarto, pero...

-Entiendo. ¿Quieres que te ayude?

-¿Por favor...?

-Sí, no hay problema. Vamos.

Al acercarse a su dormitorio, Zero fue delante de Kira para protegerla en caso de que esa criatura anduviera cerca, y ella se aferró a su brazo musculoso mientras padeció más que temor.

-Tranquila... –le dijo mirándola por encima de su hombro.

-Es que...

-No te pasará nada.

El varón entró solo a la habitación y revisó todo. También sacó la cajita de regalo en que había venido la rana, y la tarjeta con la amenaza en relación a Kadashi. Después, salió y avisó:

-Listo, Kira; ven.

-¿Sí...?

-Sí, ven...

Entró a su cuarto intimidada, por lo que quiso tocar la mano de Kiryuu de nuevo. Él, empero, insistió en que no desconfiara, pues podía dormir en paz esa noche.

La dama se sentó en su cama y suspiró. Zero se quedó de pie casi frente a ella.

-Muchas gracias... Lo que me has dado hoy... te prometo que te lo devolveré algún día –asintió en un murmullo, como consciente de su deuda.

-No hace falta. Está bien...

-Zero...

-¿Q-Qué? –preguntó ruborizado al notar un tono extraño en la voz de esa mujer.

-... te veré mañana, ¿no?

-Claro. Tenemos trabajo como compañeros.

-Sí... Compañeros...

-Hasta mañana, Kira.

-Hasta mañana..., Zero.

-Y aunque suene algo atrasado..., feliz cumpleaños.

Ella levantó la mirada hacia él y le sonrió con los ojos cristalizados, a punto de llorar de felicidad. Se los frotó no obstante, y sus lágrimas se corrieron. El caballero le habló con gentileza y una sonrisita más chica:

-No llores. Recuerda este día y sé feliz.

-Soy muy feliz, Zero...

-Mejor... Bueno..., en ese caso nos vemos en unas horas. Descansa.

Se dio media vuelta y comenzó a marcharse, pero esa joven sentía demasiado en su corazón, y actuó por impulso al ponerse de pie y sujetar la mano del hombre, quien giró la cabeza hacia ella y quedó sorprendido con esos ojitos inofensivos que le pedían que se quedara. Hicieron silencio en el instante que sus manos estuvieron juntas, y luego Kira bajó la barbilla y gimoteó emocionada sin decir nada... Zero pudo haberla rechazado o al menos desapegarse con más frialdad, pero liberó un poco sus sentidos y giró completamente hacia ella antes de tomarla de los hombros y decirle en un susurro cálido:

-Está bien... Mañana será mejor que hoy; patrullaremos hasta la noche si quieres.

-¿Me llevarás a pasear a caballo de nuevo?

-Si tú quieres...

-Y, ¿volveremos a la cúpula... y a la torre?

-Claro –asintió, suspirando.

Ella asintió y sonrió mirando el piso. Entonces el guardián le acarició la cabecita con suavidad y le habló, por última vez, tocándole el hombro:

-Te veo enseguida.

-Sí, Zero... Muchas gracias.

Cerró la puerta y, entretanto la chica se acostó para dormir, él dudó sobre si marcharse a su cuarto o quedarse en ese pasillo hasta la mañana siguiente, así que le fue difícil irse...

Sus pasos fueron lentos...

-"Tantas veces la tomé de la mano hoy... Se sentía mejor que... Se sentía mejor que la mano de Yuuki; mucho mejor... Era... tibia y suave... Era..."