DÍAS POSTERIORES: "Delicadeza"
El viernes, Kira amaneció estornudando. Su nariz estaba irritada y con un toque de rubor que sólo significaba una cosa: había pescado un resfriado. En su "post-cumpleaños", fecha inventada por el Director, de hecho, se sintió abatida al abrir los ojos, mas no se lamentó haber estado todo el día anterior bajo la lluvia ni expuesta al frío. Lo que Zero le regaló en ese cumpleaños que parecía tan malo inicialmente, había encendido en su vida una chispa de aliento que la ponía ansiosa de cara a los días venideros, porque esperaba que ese joven de cabellos plateados la quisiera un poco más a medida que pasara el tiempo, y que todo el dolor de haber perdido a su familia entera desapareciera terminantemente.
Aquél se sobresaltó cuando la vio tan demacrada, pálida y ojerosa, con un mohín de fatiga que no podía liquidarse ni con todo un día de sueño. Lo primero que hizo fue escarmentarla por no haberle hecho caso la noche previa cuando le había advertido que no se arriesgara a enfermarse. Ella, en cambio, no contestó a ese sermón, sino que agachó la cabeza y se tapó la boca al estornudar de nuevo.
-Agh... –resopló el chico-. Supongo que tendré que acompañarte más de lo normal hoy...
-Perdón...
-Ya, no digas nada...
La obligó a tomar un antihistamínico para reducir los síntomas, que en pocos minutos parecían haber empeorado tras ella haberse duchado y vestido con el uniforme como para cualquier día rutinario. El sabor de esa medicina era vomitivo, y se libró una riña mientras Zero luchó por hacerla tragarla y Kira se resistió. Sin esforzarse por disimular las muecas de asco, se quejó luego de ingerirla, pero él rió victorioso. En aditamento, también le sirvió de desayuno un té de hierbas amargo y unas frutas acompañadas de pan con una mantequilla rica en vitamina C. Ella, empero, exigió pastel de chocolate.
-¡Ya, cállate, gorda de mente!
-¡¿"Demente"?
-DE-MENTE. ¡Come esto por hoy, intolerable obesa psicológica, y no te quejes!
Zero Kiryuu llevó un paquete de pañuelos descartables en cada bolsillo, y ella también. En clases, en los pasillos, en todo lugar, la pobre chica estornudaba con una frecuencia de cinco minutos y se le sonrojaba la nariz y debajo de los ojos adormecidos. Al principio, el varón necesitaba que le avisara cuándo quería un pañuelo, pero pronto habían coordinado los tiempos en que hacían falta, y él sencillamente extendía uno en su mano sin siquiera mirarla a su lado, y ya con eso sabía cuándo volvería a querer uno. La verdad es que se volvían un dúo adorable, porque él no tenía problema en tener a su lado un banco de bacterias andante, y no la hacía sentirse incómoda por estar así de acatarrada, sino todo lo contrario, y cuando algún chistoso, como You o Mishaku, amigos de Alika Tomashi, u otros compinches de ésta trataban de burlarse de ella, Zero los atravesaba con un par de ojos que hacían temblar a cualquiera y los mantenía a raya.
Con dulzura, le susurró a su amiga, que estornudaba otra vez:
-¿No quieres ir a tu dormitorio a descansar? No pasará nada si te ausentas ahora.
-No te preocupes... –Estornudó de nuevo, y él entrecerró un ojo, un poco con lástima y un poco por reflejo en busca de preservar su propia integridad física. –¡Estoy bien! Quiero estar contigo hoy. Además, si me fuera a descansar ahora, me resultaría mucho más complicado patrullar a la noche.
-¿Realmente piensas que voy a dejarte patrullar conmigo? Olvídalo.
-¡Pero-!
-Kiryuu y compañía –espetó el docente al frente-. Silencio, por favor; si no les interesa la clase, pueden retirarse, pero no molesten a sus compañeros.
-¿Oíste? Puedes irte –Zero volvió.
-Te dije que no quiero irme.
-Agh... Eres una testaruda... Mañana estarás peor si no te vas a dormir.
-Ya veremos...
Logrando que sus palabras perdiesen sustento, estornudó otra vez. La mano del caballero ya ofrecía nuevamente un pañuelo como auxilio.
En la hora del almuerzo, el guardián se la llevó a la cocina de Kaien Cross y le preparó sopa de tomate a pedido de la resfriada que cruzó los brazos y enterró la cara en ellos al tiempo que esperó. Después la tomaron juntos y él permaneció en la sala de estar hasta que el receso terminó. Mientras Kira Airen anhelaba salir a vigilar a las estudiantes diurnas, el cazador de ojos lilas había descubierto que la obstinación de su amiga se basaba en que siempre quería estar con él, por lo que si éste se quedaba sentado en un lugar todo el día, ella seguro se quedaría como su sombra. Y así se hizo.
-No te mueves para que yo me quede, ¿no? –la joven masculló detrás de un pañuelo. Sus ojos fueron encogidos por la congestión.
-No hables tanto –se quejó Zero, frunciendo toda la cara, cruzado de brazos y sentado en un extremo del sofá-. Tu voz suena demasiado nasal.
-Como si tú no lo hubieras hecho alguna vez en tu vida... ¿Hace cuánto que no te resfrías, ahora que surge el tema?
-No sé; yo al menos me cuido.
La repentina expresión jocosa en Kira fue ejecutada a pesar de la incomodidad de su piel caliente y seca. Se quitó el pañuelo de la cara y guiñó un ojo a la vez que sonrió ampliamente y se esforzó por molestar al chico que la miró sin girar la cabeza.
-¡Buah...! Ya, ¿tanto quieres que me cuide? Ju-ju, ¡a que te gusta cuidar a los demás!
-¡Cállate, te dije! ¡Pareces un pato constipado tratando de graznar!
-Para tú información, bruto, los patos no graznan; parpan.
-¿Qué cosa?
-Parpar. Entonan un sonido llamado parpa.
-¿Cómo rayos sabes eso?
Un estornudo atajó la próxima respuesta de la joven que, acto seguido, se desplomó contra el respaldo del sofá de ese living y resopló agotada.
-Yo sé mucho, aunque no se note...
Zero Kiryuu libró una risotada maligna y dio su sombría opinión:
-Estás demente. Ninguna persona de diecisiete años sabe algo tan ridículo como el nombre del sonido que produce un pato.
-Si quieres puedo seguir –obstinada persistió, detrás, nuevamente, del pañuelo que apretujaba su nariz-. Hasta te puedo decir cómo hacen los pavos.
-¿De qué hablas?
-Los pavos gluglutean.
La carcajada prorrumpida de la boca del muchacho, inicialmente atónito, resonó en el cuarto.
-¡No, no, no, espera, repite esa palabra!
-Glu-glu-
La estridente e irritante risa del guardián interrumpió la debilitada voz de Kira que separaba arduamente en sílabas aquel término. A pesar de disfrutar, en su corazón, el contemplar a Zero divertirse y recambiar el oxígeno de su pecho, no podía resultar ello un motivo para que ella también se sintiera dichosa. No dejaba de ser embarazoso hablar como un sifón tapado delante de un muchacho atractivo.
-Cállate, idiota... No me hagas sentir pena de mí misma. Además, estás celoso de que yo sé cosas que tú no.
-¡Claro –exclamó Zero, aún hilarante-, perdón! ¡Había olvidado lo fundamental que es conocer el nombre de la voz de un pavo!
-¡Si te pregunto por otro, tú no lo sabrás!
-¡Por supuesto que no! ¡Pregúntame por algo sustancial, y eso sí lo sabré! Increíble... –farfulló, secándose las eufóricas lágrimas.
-¿Cómo hace un gato en celo?
Si lo de gluglutear había causado en el hombre una carcajada malévola y subnormal como para sorprenderse, esa última pregunta simplemente lo doblaba hacia delante y lo dejaba sin aire para reírse. Se desinfló como una cubierta pinchada mientras aún le faltaba la contestación:
-Ja. ¿Ves que no sabes? Marramizan.
-¡PERO, ¿QUÉ DEMONIOS?
Su ruidosa alegría se disparó y llegó hasta la cocina, recorriendo varios metros. A la vez que Kira Airen se dio vuelta y enterró la cara en el apoyabrazos del sillón, el prefecto se maravilló a sí mismo con la absurda manera en que se descostillaba de la risa.
-C-Cada vez... ¡suenas peor! ¡Por tu honor, cállate!
Era difícil discriminar si el rubor en las mejillas de Kira era a raíz de su resfrío o producto de la vergüenza que ella no había planificado sentir. Giró sobre su hombro. La única manera que encontró para callarlo fue arrojarle su pañuelo usado directamente a la cara. Él careció de tiempo para disimular la repulsión y el espanto. Revoleó las manos y un pie con tal de alejar el papel sucio y mojado de su rostro pulcro y perfecto. Chilló de un modo que Kira no esperaba e increpó:
-¡ASQUEROSA!
Fue el turno de ella para reírse, mas recatadamente. La descompresión del aire luego de esa estampida de regodeo permitió que Zero aliviase sus facciones y sonriera con una calma absolutamente seductora. Ella, sonriente también, respiró luego y cerró los ojos, dejando posar su cabeza en el apoyabrazos del cual no se había separado. Replegó aún más las piernas y se hizo un ovillo.
-Ahí está –entonces continuó el muchacho-, muy bien; quédate quieta. Así te dormirás y dejarás de hablar estupideces.
-Qué tierno... –gruñó sarcásticamente.
El director Cross pasó por la escena para controlar el estado físico de la dama, quien de una manera mecánica ofreció un rostro jovial y que despreocupaba al caballero de anteojos. El mismo regañó a Kiryuu recordándole que debía hacerse cargo de ella sin abusar de su experiencia o su estatus de prefecto antiguo, a lo que el chico contestó ofendido.
Claro, como si él fuera capaz de realmente hacerle daño, pensaría...
Y casi como lo había deseado, Kira se había puesto seria, inmóvil y respirando parsimoniosamente. Para comprobar que los músculos de su bello perfil se hallaran en estado de relajación, Zero se inclinó un poco a verla. Satisfecho, se puso lentamente de pie y, en puntillas, comenzó su retirada, frustrada rápidamente y sin embargo cuando la voz angelical de la otra lo llamó.
-¿A dónde vas?
-¡Rayos! ¡Creí que te habías quedado dormida! –exclamó dándose vuelta.
-Todavía no terminan las clases; claro que no.
-Bien. Entonces enderézate, porque no voy a cargarte.
-Ya lo hiciste antes.
-Estás pesada; prefiero no repetirlo.
-Baaah, qué marica –ella opinó, bostezando mientras se sentó y estiró los brazos. Aunque tiró la cabeza para atrás y ocultó su gesto, era obvio que sonreía al entonar esa última palabra. –"Estás pesada" –zumbonamente lo copió, impostando la voz e imitando el rigor propio de él.
-¡¿Marica? –chilló-. ¡Agradece que estés enferma, porque te abofetearía! ¡Ya me la vas a pagar, irrespetuosa...!
De vuelta en los salones, los profesores anunciaron a cada curso la noticia de que el lunes próximo, de la otra semana, acaecería un baile con estudiantes del turno noche y día en conmemoración por el aniversario de la Academia. Además, lo que era el toque especial, habría un pequeño grupo de alumnos que cantaría un tema musical como evento de la ocasión. La emoción fue masiva. Los chicos tendrían que ir de traje y las chicas, con vestido de gala. Fue por eso que Kira Airen no tardó en inquietarse, porque dándose cuenta de que no contaba con un vestido de fiesta, probablemente se vería apartada de la celebración. Zero Kiryuu le preguntó a qué se debía su cara de preocupación y ella le explicó. Empero, él contestó que no se alarmara, puesto que aunque esa noche ellos dos tuvieran que ser garantes de seguridad entre los presentes del baile, irían también como participantes y ella tendría su vestido. Con la confianza que la chica había depositado en el varón, asintió, feliz, y comenzó a imaginar cómo le gustaría que fuera la prenda.
Y al mismo tiempo, su corazón arrancó veloz a latir a destiempo cuando surgió la duda de si tendría que ser la pareja de Zero, porque si no era ella, ¿quién más? Se ruborizó y, aunque no inquirió, él lo notó.
El cielo había estado ennegrecido todo el día, así que sólo un reloj podía decir cuándo iban a salir los vampiros a clases; el sol estaba oculto detrás de los nubarrones del día anterior. Aunque Zero luchó por mandar a Kira a su habitación, ésta no hizo caso y fue con él igual, a recibir a los alumnos chupa-sangre rodeados de chicas escandalizadas, en especial ahora que planeaban tener a ésos como pareja en el lunes próximo.
-Kira.
-¿Sí, Zero?
-¿No te da vergüenza que los vampiros te vean así de maltrecha?
-No entiendo a dónde apuntas con esa pregunta...
-Son los "chicos lindos"... y ya varios te han echado un ojo... ¿No te da vergüenza que te vean así? Ya deben estar más o menos al tanto del baile y más de uno querrá invitarte.
-Ah, ¿es por invitación el asunto?
-Algunos lo hacen así.
-Ah... Bueno, no me importa, porque no iría con ninguno de ellos... –Estornudó y su amigo le dio un pañuelo. –Gracias...
-No hay de qué.
-Además, no querría tener una pareja de baile que me prestara atención sólo cuando estoy producida; eso no sería honesto.
-Ya veo... Eres de las que buscan un amor profundo y eterno.
-Y si se puede, virgen.
-¿QUÉ? –saltó él, creyendo que ya le estaba comenzando a hablar de sexualidad.
-No, estúpido... Me refiero a que quisiera tener una pareja, tanto de baile como de todo, que no haya besado a ninguna otra chica antes...
-Ah...
-Y, ¿qué si me hubiera referido a una virginidad sexual?
-¡E-Eh, Kira...! –volvió a saltar, temeroso, ejecutando un gesto facial de querer alejarse.
-¿Qué, eres acomplejado? –ella se regodeó.
-Es que no te conozco tanto como para hablar de eso... Nunca hablé de ese tema con nadie...
-¿Estás bromeando? –preguntó, sonándose la nariz
-No. Soy reservado.
La puerta se abrió y los vampiros hicieron presencia. Kadashi ignoró a la chica, mas no porque estuviera enferma, sino porque Zero era una amenaza latente. A cambio, comenzó a observar de reojo las caras de las humanas, y caminó derecho a la par de sus colegas de raza.
Shikara farfulló al pasar junto a Kira:
-Oh..., ¿estamos enfermos...?
-¿Dijiste algo, Haze? –Kiryuu la interrogó seriamente.
-No, mi querido prefecto... No dije nada... Sereno...
-No soy tuyo y mucho menos "querido"... –él masculló con bronca sólo para que su compañera lo oyera y pudiera añadir:
-No le des importancia... Es sólo... "Claro... Con ese apellido..., ¿cómo no sería así de provocativa...?" –pensó.
A la noche, Zero tuvo que vigilar desde las ventanas del ala privada de Cross, porque Kira no iba a quedarse sola en su cuarto o algo parecido. Eso ciertamente lo enfadaba, pero la ternura que sentía por ella le impedía tanto irritarse como contestar agresivamente a fin de imponer su autoridad.
Entretanto él estuvo pegado a los ventanales y balcones, aquélla se nebulizó con una olla de agua hirviendo con sal.
-Kira, tengo que ir a dar una vuelta. No puedo ver todo desde aquí.
-¿Puedo ir contigo?
-No.
-Agh... ¿Cuándo volverías?
-En quince minutos. ¿Te aguantas?
-Pero si no vuelves en quince-
-¡Bah, no me fastidies...!
Aprovechó esos minutos lo más que pudo, yendo y viniendo, ocupándose de varias cosas simultáneamente. Cuando el plazo se venció, la joven ya se había puesto de pie y caminaba hacia la salida del comedor para buscarlo. Fue justo el instante en que él se apareció ante ella y la regañó.
-¿No puedes quedarte sola por un rato, nada más?
-Este...
-¡Ve ahí y sigue nebulizándote...! –le ordenó, dándole un empujón en la espalda.
-¿Pasó algo afuera?
-¡No, no!
-¿En serio?
-No me diste demasiado tiempo como para examinar toda la Academia. Agh, me estás haciendo quedar mal como prefecto...
-Discuuuuulpa... Pero debes admitir que es la primera vez que te pasa que alguien te quiere cerca tan enfáticamente. –Estornudó. -¿Me alcanzas un pañuelo?
-Aquí tienes –y le alcanzó toda una caja-. Y no seas tan creída; tú no has venido a arreglar mi vida ni nada semejante, así que no te jactes así. Yo estoy solo porque lo decidí de ese modo.
-No es lo que dejaste a entender –murmuró detrás de su pañuelo, doble pañuelo.
Atrapado un poco por las palabras, Zero Kiryuu la miró de reojo y suspiró, sin añadir nada después.
Cenaron lo más nutritivo que pudieron preparar, aunque la chica más pensaba en el postre. Luego, Zero la empujó para que se fuera a dormir y al fin la venció, porque después de darse un baño caliente, no podía mantenerse de pie y se le cerraban los ojos solos. Se dieron las buenas noches y ella durmió mientras él se puso a custodiar los alrededores. De paso, encontró un par de alumnas tratando de espiar en el salón de clases de los vampiros, y las envió de cabeza con el Director, quien se ocupó de que entendieran que no debían hacerlo más.
Y cuando la patrulla terminó, Kiryuu casualmente sintió que necesitaba ir a revisar a Kira, y aunque era un poco arriesgado que alguien lo viera visitando a una chica en la noche, más le importaba asegurarse de que estuviera bien. Efectivamente, tras espiar por el ojo de la cerradura, encontró que estaba destapada, por lo que entró sigilosamente y la arropó un poco. En la oscuridad, y viéndola en un estado de paz tan profundo y vulnerable, algo en su interior lo llamó a beber sangre como en los viejos tiempos y días anteriores. Retiró la vista de inmediato, tomándose la cara al percibir que era un monstruo al final de cuentas... Un monstruo que Kira odiaría si lo descubriese... Entonces sólo la miró una vez más y salió del cuarto, cerrando la puerta detrás de él, lo cual despertó a la doncella que sintió la presencia de un príncipe cerca de ella.
-"Ya no puedo... ¿alejarme de ella? Dios, me duele... ¡¿Por qué no puedo dejar de desearla?" –dijo para sus adentros-. "¡No puedo hacerle daño! ¡No a ella...!... ya no puedo..."
Al día siguiente, sábado, la joven aún no estaba bien, y el hombre la cuidó todo el tiempo que pudo, llevándole agua y remedios y tomándole la fiebre. Mientras tanto, también se fue ocupando de cuestiones que iban a quedar pendientes, y le informó a su amiga de la siguiente manera:
-Kira, hablé con el Director por lo de biología. A la profesora le han dado el sermón de su vida y ahora están ocupándose de recuperar tu informe. Quizás para la tarde ya haya noticias...
-¿E-En serio? –preguntó ella con los ojos oscurecidos, entre toces.
-Sí. Así que no te preocupes, porque ya saben lo que hizo Alika, y tú estás eximida de todo problema.
-Gracias..., Z-Zero...
-¿Te sientes muy mal?
-He estado mejor..., pero me ayuda que estés aquí...
-Claro... Tú trata de descansar.
-El lunes voy a estar mejor, ¿no...?
-Eso espero. Tienes que estar bien.
-¿Por qué lo dices así...?
-Eso me recuerda otra cosa que debo contarte. Dado que estás preocupada por tu falta de ropa adecuada para el baile de la próxima semana, pacté con el Director que fuéramos el lunes a comprar uno al pueblo.
-¿N-No estás bromeando?
-Claro que no. El dinero nos lo presta el Director. Dijo que sería como un regalo de cumpleaños pasado de fecha.
-A-Ah... Debo agradecerle... Eso es... ¡tan genial...! –Tosió con fuerza. –Me siento horrible...
-Duerme un rato; te ayudará.
-¿Estarás por aquí?
-Sí.
-D-De acuerdo... Esta vez te haré caso.
Así fueron los dos días, sábado y domingo. A cada rato el muchacho volvía a ver si Kira estaba bien, y la fue medicando de a poco con un jarabe con sabor a café que al menos sí le gustó. La ayudó colocándole en la frente paños mojados en agua fría y hablándole de cosas triviales que la distrajeron de su estado insano, por ejemplo, dejándola contarle cómo se llamaba el sonido de los burros, de las alondras, de las panteras o de las mulas, e intentando seriamente no reír. Terminó instalándose en esa recámara, con una silla al lado del lecho de su compañera, cosa que jamás había hecho con Yuuki Kuran, ya que ella nunca se enfermaba; ella seguía más las normas y era incapaz de hacer algo espontáneo fuera del reglamento.
-¿De verdad vas a acompañarme al pueblo a comprar mi vestido, Zero? –Kira volvió a preguntar.
-Ya te dije que sí...
-Es que soñé que me dejabas sola; no querías acompañarme...
-Era un sueño, boba.
-Es que mis sueños se ven muy reales.
-Yo no acostumbro soñar tanto. Quizás algunas imágenes sueltas, pero nada de historias quiméricas o algo así muy armado...
-Qué aburrido.
-Me da igual.
-¿Qué imágenes sueles ver?
-Fragmentos de recuerdos.
-¿Agradables o desagradables?
-Por lo general, desagradables.
-Oh... Eso sí es feo. No me gustaría dormir si fuera así...
-Eres muy fantasiosa, creo...
-Estás en lo cierto –aseveró, estornudando a continuación.
-Toma –dijo, pasándole un pañuelito.
-Gracias...
-No hay de qué.
-No entiendo cómo no te contagias de mí...
-Tengo un metabolismo fuerte.
-No me digas...
-¿Quieres que me vaya, así no me arriesgo?
-¡No!
-Está bien, está bien...
-No quiero... que te vayas... Me da miedo cuando te vas...
-¿Qué?
-Al principio pensé que esta Academia sería un lugar muy bello..., pero descubrí de a poco que aquí coexisten animales con presas... y me da mucho miedo andar por ahí sin ti... Los vampiros huyen de ti..., pero parece que les gusta mi sangre...
-¿Es un tipo especial de sangre?
-Es una sangre rara... Es tipo A Negativo.
-Cierto, no muy común...
-¿Tú?
-B Positivo.
-Waw..., qué opuestos... Je... Esto suena a conversación de vampiros, ¿no?
-Sí...
-Zero..., ¿por qué los odias tanto a los vampiros?
-... probablemente por el mismo motivo que tú...
-... mmm..., no lo creo...
-¿Por qué? Tú, ¿tienes algún motivo especial?
-Te lo diré después..., cuando esté cuerda...
-Como quieras.
-Pero, Zero...
-¿Sí?
-Gracias por cuidarme.
-No hay problema.
-¿Así que me llevarás el lunes...?
-¡Agh...! Ya te dije que SÍ...
Al anochecer soplaron vientos salvajes afuera. La fiebre de Kira había subido como de costumbre cuando baja el sol, y la electricidad se había cortado súbitamente en toda la Academia. La prefecta, en su habitación, gimoteó muerta de miedo. En ese momento Zero no estaba con ella, pero percibió su terror a la distancia y salió corriendo a su recámara sombría, abriendo la puerta de un golpe. No se veía nada ahí adentro, aunque se oía un hilito de voz atemorizada.
-¿Kira? –habló él, ciego por completo.
-¿Z-Zero?
-¿Estás bien?
Él no se atrevió a entrar; no obstante, la dama fue directa y bajó de la cama con dificultad; sus piernas temblaban en debilidad. Dio como cinco pasos hasta la puerta abierta y estiró los brazos hasta sentir con los dedos el pecho del guardián que no se movió por temor a lastimarla en su incapacidad visual. Ni bien Kira supo que ahí estaba, lo abrazó con todas las fuerzas que tenía disponibles y se quedó temblando contra él.
-¿K-Kira...? ¿Te asustaste?
-S-Sí... Tú... no estabas aquí... y oí unas voces horrendas... y luego unas luces extrañas en la ventana... ¡¿Qué eran esas luces?
No parecía muy coherente lo que explicaba la lisiada, por lo que el varón puso una mano sobre su frente, retirándole para atrás el flequillo negro.
-Tienes una fiebre altísima, Kira. Debiste imaginarlo.
-Pero... Pero parecía tan real... Oí a...
-¿A quién?
Siguió temblando, apretando con un poco más de fuerza la cintura del hidalgo cuya barbilla por poco no rozaba la cabeza de la joven...
-Oí a mi hermano..., Itsuki...
-¿Tu hermano...?
-Parecía que estaba aquí, pero no estaba bien... Estaba muy enfermo, como si estuviera herido de muerte... –Su voz se deformó con un llantito contenido.
-Tranquila.
-Quisiera poder verlo...
-Lo extrañas mucho, ¿verdad?
Los gimoteos de la chica evidenciaron que estaba llorando, aunque no usara su voz a pleno, porque sus pulmones actuaban mal; tras que ya estaban enfermos, el estrés en ella complicaba respirar.
-Tranquilízate, Kira, por favor, o te faltará el aire...
En la oscuridad, él respondió al abrazo y la sostuvo con delicadeza. Luego la guió hasta la cama, donde la instó a que se recostara. La arropó y le dio un vaso de agua, pero al terminar, la damisela sólo se puso a toser, pues su dolor desbordaba por su garganta antes que pudiera incorporar bien ese trago para aliviarse.
-Kira...
-¡Lo extraño...! ¡Zero! –gritó, y en esta ocasión hizo uso de todas sus fuerzas para doblarse sobre su panza y abrazarlo por la nuca. Lloró con desgarro junto a sus oídos adornados con aritos plateados, descansando la cara en su hombro férreo. Ella, afligida, y los ojos del hombre, que en la oscuridad pasaban desapercibidos, se quebraron hasta verter cada uno una lagrimita que la mujer no notó...
-¿Por qué...? ¿Por qué...?
-Kira, estás alucinando...
-Pero quiero verlo... Ichiru...
La mirada de Zero se congeló al oír ese nombre que no pertenecía al hermano de Kira sino al suyo propio. ¿Por qué lo había dicho? Ya los nombres eran muy similares; hasta tenían la misma cantidad de letras, pero no podía ser simple confusión... El inconciente de la chica había hablado; eso era...
-¿Q-Quién..., Kira...?
-Mi hermano... Hermano Itsuki... ¿Por qué...?
-Cállate, Kira... Por favor, cállate...
-Me siento tan mal...
-Estás engripada... Debes bajar la fiebre; es todo...
-Zero... –Lloró desconsolada.
-Por favor, no llores... No llores.
-No te vayas... Está muy oscuro... ¡Los vampiros vendrán por mí...!
-Nadie vendrá por ti... Yo estoy aquí...
-No dejes que me atrapen a mí también..., por favor...
-No, Kira... –La abrazó con fuerza.
-Aquella noche... Tan oscuro..., tan oscuro..., ¡TAN OSCURO!
-Eso ya pasó... Olvídalo...
-No pude hacer nada...
-No te culpes a ti misma...
-Pero debí... Él- -había empezado, mas el varón le tapó la boca.
-¡Shh! ¡Cállate! ¡No me digas estas cosas si no estás consciente!
La chica gimoteó sujetada por las manos de su compañero, mirándolo ciegamente en una sombra que los sofocaba y los convertía en amigos cada vez más íntimos. Los suspiros de la dama acariciaron las mejillas del guardián y las palabras de éste rodearon el cuello de ella. Y la mano de Zero posada sobre los labios de Kira era conciente de cuántas lágrimas florecían de esos ojitos enfermos, ya que todas ellas recaían sobre ésa.
Y cuando el silencio se perpetuó demasiado, la luz volvió, demostrando que los prefectos estaban más cerca de lo permitido. La mirada de la doncella, inflamada con el llanto y la enfermedad, era quebrantadora, y la del muchacho, seria y densa, emanaba peligro y horror, pero con una arista de sensibilidad activada por los dos pequeños rastros de lágrimas en sus mejillas.
-¿Z-Ze...? –la chica quiso decir, pero aquél se levantó de la cama y caminó hasta la puerta, descompensado por la situación. Miró por encima de su hombro, pensando en quedarse, mas el dolor que lanzaba su corazón era demasiado duro como para seguir en esa misma sala, por lo cual... huyó.
Kaien Cross se ocupó de ella a pedido de Kiryuu. Le bajó la fiebre con los medicamentos y se quedó a su lado hasta que cayó en un sueño profundo que podría recuperarla.
Eso sucedió entre los dos días del fin de semana, como si el sábado y el domingo se fusionasen, y Zero sólo se atrevió a volver a ver a su colega el lunes bien temprano.
