DÍA QUINCE: "Amenaza Exterior"

Ese lunes, el tercer lunes de Kira en la Academia Cross, ella despertó como a las once de la mañana. Estaba exhausta; no todas las punzadas de su enfermedad habían cesado, y quería quedarse en cama un poco más. Aunque sus ojos estuvieron abiertos, su alma reposó en su cálido lecho y se abstrajo en los pensamientos que cruzaban su mente en relación a Zero. Sabía que había dicho más de lo conveniente, pero no podía recordar todo, como si hubiera estado embriagada durante esa noche anterior en que lloró con él y dejó ver un lado secreto de su corazón.

Cerca de las doce, alguien tocó a la puerta y ella respondió débilmente:

-¿S-Sí...?

El caballero de vista lila entró despacio, mirándola seriamente en una primera instancia. Sostenía en su mano izquierda una bandeja de madera con un tazón de sopa de tomate, como a ella le gustaba.

-Z-Zero... –dijo con un tono de extenuación.

Quiso incorporarse para estar sentada, pero él la detuvo, hablando como si contuviera un dilema en su pecho:

-Quédate quieta. Te traje el desayuno.

-Gracias...

Se sentó a su lado, en la sillita que había dejado el día previo, y la miró con ojos que intimidaron, aunque no porque fueran agresivos, sino porque eran neutrales pero con una esencia intrínseca de dolor y preocupación. La chica estaba dolida en su interior también y, con temor a que su amigo sintiera alguna clase de ofensa por ella, le preguntó, ruborizada:

-¿Estás bien...?

-Sí.

-Te hice daño..., ¿verdad?

-¿... recuerdas algo de anoche?

-Poco... Sólo sé que me equivoqué...

-Lloraste mucho.

-L-Lo siento... –se disculpó, mirando el suelo.

-No es eso.

-¿Q-Qué dije... anoche?

-Estabas alucinando...

-Pero... dije algo que no debía... ¿Qué dije...? ¿Te insulté o algo así...?

-No.

-¿Hice algo... incorrecto...?

-N-No...

-Me acerqué demasiado a ti... Es eso..., ¿no?

-Estabas en shock. Ni siquiera hablabas bien.

-¿Hablaba como si estuviera enferma de la cabeza...?

-No. Confundiste un nombre...

Kira se asustó. Pensó que quizás lo habría llamado "Kadashi" o con otro nombre que no fuera "Zero".

-¿Te llamé-?

-No. No a mí...

-¿No...?

-A tu hermano Itsuki lo llamaste... Ichiru.

Se sonrojó por completo y quedó boquiabierta, con los ojos abiertos de par en par. ¿Cómo pudo haber dicho semejante cosa...? Se sentó en contra de los límites de su propio cuerpo y bajó los pies para estar frente a frente con su compañero, que la observó emocionado.

-¿Yo...? ¿"Ichiru..."? Zero..., yo..., ¡lo siento!

-Fue... duro oírte pronunciar ese nombre... De seguro ya sabes toda mi historia...

-Yo...

-¿Sabes lo que le sucedió a mis padres y a mi hermano?

-Me han dicho tantas cosas de tu familia...

-Bien...

-¡Por favor, discúlpame!

-Está bien. Ya pasó.

-Pero...

-Sólo quiero saber cómo te sientes.

-Yo... Estoy mucho mejor..., pero...

-No estás en condiciones de ir al pueblo hoy.

-Quiero ir...

-No hay problema. Mañana iremos.

-Pero...

-Es una pena; los lunes hay menos gente en las calles; es más cómodo, pero iremos sin falta mañana.

-Zero..., gracias.

-No digas nada... Ten, tómate esta sopa. Le puse unos yuyos que el Director tenía guardados en un altillo. Dice que son sumamente curativos.

-S-Sí...

Bebió ese desayuno color sangre y el muchacho se quedó un rato más con ella. En realidad, los otros alumnos humanos estaban almorzando en ese momento, y las clases seguían normales pese a que Kira estuviera en cama. No obstante, el joven había sido considerado y había elaborado un resumen de lo que se había visto hasta ahí en el salón, para que no se atrasara en sus deberes y no perdiera su ritmo como buena estudiante.

Aunque, ese día no compartieron mucho tiempo juntos. Ella descansó gran parte del día, porque cuando Zero se iba de ese cuarto se ponía a patrullar. Ya la última lluvia había desistido, y los rayos del sol entraban gráciles por la ventana de la habitación de la jovencita.

Al día siguiente, el hombre de cabello platinado fue a verla a las nueve de la mañana, pero no la halló. Impaciente, la buscó por todos lados hasta descubrir que se encontraba en el baño privado del Director, tomando un baño caliente. Sin llamarla ni nada, la esperó afuera, cruzado de brazos contra una pared, hasta que aquélla salió vestida con un conjunto de camisa rosa y pollera negra con medias grises altas. Su abrigo era una chaquetita azabache. Su cabello ya estaba atado, como siempre, con ese listón rojo, y su piel se veía más viva, no tan pálida como antes.

Alegremente, exclamó:

-¡Zero! ¡Buen día!

-Buen día.

-¿Me fuiste a buscar?

-Sí. ¿Cómo te sientes?

-¡Muy bien! Esos yuyos que pusiste en mi sopa debieron ayudarme mucho.

-Qué bueno. Entonces te preparaste para ya irnos a la ciudad.

-¡Síp! –asintió con una gran sonrisa.

Él no pudo evitar sonreír con media boca, porque feliz de que ella se sintiera mejor, estaba. Ya extrañaba sus risitas y su buen estado de humor.

-Bueno, en ese caso, creo que sería mejor que tomáramos nuestro desayuno y nos fuéramos a comprar tu vestido, ¿sí? No hay por qué demorarse.

-¡Sí! Pero...

-¿Qué?

-Esta vez, ¿lo puedo preparar yo?

-Al, ¿qué?

-Al desayuno.

-Je... Sí, claro. Supongo que como mujer del condado de Kozumi, cocinas bien, ¿verdad?

-¡Más que bien!

-De acuerdo... Iré a vestirme, pero no prepares torta de chocolate, o engordarás.

-¿Desde cuándo te preocupa mi figura? Además, el chocolate es curativo.

-¿Porque te alegra...?

-Claaaaro. Vas aprendiendo, cabezón.

Él rió.

-No me llames cabezón, gorda.

-¡Y a mucha honra! –aseveró, yéndose hacia la cocina.

Antes de que desapareciera de vista, el guardián la llamó para decir una última cosa:

-Kira.

-¿Sí? –respondió, volteándose para verlo.

-Me alegro mucho de que estés bien.

Tras un breve silencio, ella contestó con finura femenina:

-Gracias, Zero... Yo también estoy muy feliz de estar muy bien de nuevo.

El director Kaien Cross habló con Chigima, el guardián de Kira, cuando supo que los prefectos querían ir a la ciudad a comprar el vestido. Surgió considerable tensión en dicho guardaespaldas que, aunque estuviera lejos de la mujer, nunca dejaba de pensar en ella como una hija y temblaba pensando que algún día los vampiros Nivel E del vengativo Seta Houki lograran encontrarla. Acordaron que, como no podían impedir que la dama saliera al mundo exterior de vez en cuando, Zero Kiryuu debería estar de su lado siempre para garantizar su seguridad, pues Chigima no podía perseguirla siempre para cuidarle las espaldas; Kira debía poder hacer su vida, después de todo, de una manera normal. Pero el miedo a que hubiera vampiros buscándola en la ciudad, ya se apoderaba de ellos...

Consecuentemente, el Director habló con Kiryuu antes de que éste fuera a desayunar. Lo único que quiso decirle fue que había una serie de personas que la estaba buscando para llegar hasta su padre, quien estaba tapado de deudas..., pero el chico sabía la verdad de todo y atrapó a Cross en la mentira.

-No tiene que decirme toda esa coartada. Ya sé lo que le sucedió a la familia Airen...

-Mmm... Oíste mi conversación con Chigima, entonces... –Se sentó frente a su escritorio, cruzando las manos en lo alto.

-¿Por qué hay tanto misterio alrededor de Kira? Todo lo que debo hacer es protegerla cuando salgamos...

-No es tan simple, Zero... Seta Houki es un vampiro tan poderoso como Rido Kuran, y hay quienes dicen que es aún más despiadado... Tiene una fuerza de voluntad muy potente y su sentido de la guerra entre cazadores y vampiros lo convierte en una bestia sumamente sádica. Esta Academia está resguardada, así que si Kira permanece aquí todo el tiempo, estará segura, pero Seta juró sobre la tumba de su prometida que no descansaría hasta beber la sangre del último Airen... Si llegara a descubrir que está aquí y, encima de todo, contigo, que asesinaste a uno de sus mejores amigos, nos cubriría una noche de pesadilla y la sangre volvería a correr. En el mundo de los vampiros, la familia Houki es prácticamente la más temida, porque aunque los Kuran y los Haze son fuertes, Seta y sus ancestros han siempre sido conocidos como los "condes de la noche".

-Entiendo...

-Por eso, Zero..., debes prometerme que Kira volverá aquí sana y salva. Chigima me dio su confianza para cuidar de ella; si algo le sucediese...

-Puede descansar en mí, Director.

El cabecilla asintió con la cabeza y el prefecto fue a comer con la dama en peligro. Ya estaba ataviado en pantalones grises plomo, una remera negra y una chaqueta ligera color verde militar.

-¡Oh, Zero, ven! ¡Preparé palomitas de maíz!

-¿Qué?

-Sólo ven y pruébalas. Además tenemos chocolate caliente y masitas de vainilla.

-¿Todo eso preparaste en tan poco tiempo?

-Te sorprenderían mis habilidades.

Sirvió la mesa y se sentó con él. Sí, la verdad era que era un desayuno medio raro, pero estaba delicioso, y Zero no dudó en decirlo.

Con el estómago lleno, los dos amigos partieron a la ciudad. Zero miró por encima de su hombro hacia la ventana del despacho de Cross, quien observaba cómo ellos se alejaban hacia una zona de peligro.

-Kira –el caballero de ojos lilas le dijo a su compañera.

-¿Sí?

-La ciudad está un poco plagada de gente... digamos..., no muy de tu tipo, así que llamarás la atención. Por eso, tengo que pedirte que no te alejes de mí en ningún momento.

-Cuenta conmigo, Zero. ¡Nunca me alejaré de ti...! –aseveró sonriente, y entonces perdió el equilibrio de su mente y sus piernas temblaron, haciendo que casi cayera de rodillas.

Kiryuu la sostuvo bien y le dio apoyo, inquiriendo en un tono de inquietud súbita:

-¡Kira! ¿Estás bien?

-Agh... Z-Zero...

-Quizás no deberíamos ir hoy.

-¿E-Estás bromeando...? Ya estamos en camino... ¡Vamos...!

-Pero...

-No te preocupes por mí, Zero... Sólo me mareé... –terminó afirmando mientras se ayudó con el cuerpo de su amigo para incorporarse.

-¿Segura? Podemos ir mañana...

-Ya lo postergamos un día... Quiero ir.

-De acuerdo... –dijo, suspirando.

Al cruzar las fronteras de la Academia Cross, los prefectos se adentraron en un mundo hostil, aunque el sol recaía sobre la ciudad. Sonidos de pasos lentos de gente desconocida llenaban el aire, y Kira observaba todo a su alrededor, buscando un buen local donde comprar su vestido y verificando que nadie estuviera vigilándolos con ojos antagónicos. Zero estaba pendiente de esto último, y con sus ojos de lince no se perdió nada de vista.

-¿A dónde debemos ir, Zero?

-Hay un par de locales buenos a unas tres calles de aquí...

-Entonces vamos.

-Kira... –dijo, después de un rato.

-¿Sí?

-¿Es posible que... alguien te esté buscando...?

-¿D-De qué hablas...?

-Me dijo el Director que te protegiera bien, a pedido de tu guardián...

-Ah... Es que... Chigima es algo sobreprotector.

-¿Segura que es por eso?

-S-Sí...

Ingresaron a una tienda de ropa de noche, donde el aire parecía estar estancado... Dos mujeres charlaban sobre el mostrador, y cuando los prefectos hicieron su entrada, los miraron con un gesto que tensionó al guardián.

-Hola... –saludó la chica.

Las empleadas se miraron seriamente y una atendió a los advenidos, mientras que la otra se fue a la parte trasera del lugar. Zero tenía un mal presentimiento.

-Zero, mira este vestido –Kira dijo, mostrándole una percha de la que colgaba un vestido corto y blanco-. ¿Te gusta?

-Más o menos.

-Mmm..., ¿qué tienen en vestidos largos?

Así le consultó a la vendedora que parecía un zombi... Pero los sentidos del hombre se estaban volviendo locos... Un escalofrío corría por su espalda, y el tatuaje de su cuello latía en un ritmo doloroso... Sintió luego una sombra que caminó por afuera del local, pero cuando se volteó para verla, no había nadie.

Posteriormente, la vendedora le comunicó a la clienta de ojos celestes que ya no tenían en stock lo que pedía, pero que había una tienda que trabajaba en coordinación con ellas, a unas cuantas calles de ahí, que sí podía vendérselo. Kira asintió y dejó el establecimiento con el hombre, quien justo antes de salir miró fijamente a la trabajadora que parecía un fantasma envuelto en sombras.

Salieron de nuevo... Él estaba inquieto como nunca antes, y la doncella lo interrogó:

-¿Estás bien?

-Sí...

-Te ves asustado...

-Estoy algo tenso.

-¿Por...? Nadie nos hizo nada. Además, esto es un pueblo con muchos habitantes; no puede pasar algo malo como si fuera algo normal.

-No te confíes tanto... Ha habido muchos ataques de vampiros aquí... incluso de día.

-¿E-En serio...?

-Sí.

Caminaron ahora envueltos en un velo de temor y recelo. La chica quería disfrutar de la ocasión de salir a pasear con su compañero, pero la expresión de cautela de éste hacía imposible que eso fuera algo divertido. Así que ella arrimó la mano a su látigo Ayilai y se mantuvo cerca del guerrero de cabello plateado.

-¿Estás segura de que nadie te está buscando...? –él siguió inquiriendo, aunque ya sabía la respuesta.

-B-Bueno..., mis padres solían tener algunos enemigos antes...

-¿Es por eso...?

-No sé...

-¿No sabes qué contestarme...?

-Yo...

-¡Shh! –se detuvo y la calló de repente, cruzando el brazo por delante de ella al arribar a una calle con varios desvíos y despoblada...

Kira hizo silencio y miró a su alrededor atemorizada, mas con un rostro rígido propio de los guerreros que buscan mimetizarse para no ser vistos. Kiryuu tomó su pistola y no se movió. Alguien los estaba mirando... arriba... entre las sombras de los edificios altos.

-Zero...

-Shh.

Sombras con figura humana daban vueltas por las callejas colindantes; los prefectos no estaban solos. Murmullos de gente impía corrían como bacterias en una atmósfera densa... y la mujer dijo a sus adentros:

-"No... ¿Me... encontraron...? No... No puede ser que... hayan venido hasta acá... No... Por favor, no... Es imposible..."

Entonces, una niña de dos trencitas se presentó ante ellos en el medio de uno de los caminos que salían del callejón... Miraba el piso, con un barbijo de sombras y las manos, inertes a los costados, cubiertas con las mangas de su camperita roja... Zero le apuntó de inmediato y Kira palpó su látigo, mirando a la criatura con ojos histéricos.

-¿Q-Quién... eres...? –ella le preguntó, pegada al chico de cabellera plateada.

Pero la niña no contestó..., sino que por detrás de ellos se situó un nuevo oponente: una mujer de pelo largo hasta las caderas, en la misma posición que la otra pequeña... Kira entonces tomó su látigo y se puso a la defensiva.

-No se acerquen –ordenó.

Sin embargo, esas figuras brotaban como hongos en la tierra, y un hombre alto asimismo hizo entrada en el escenario...

-Nos están rodeando –Kiryuu aseveró respirando densamente.

-Zero...

En lo alto, entre las edificaciones, había más... y otros desconocidos se colocaban a la par de la niña, la mujer y el hombre... Al final eran como quince adultos y cinco niños los que comenzaban a arrinconar a los prefectos atemorizados... Ya no había escapatoria; había que pelear.

-Kira...

-Zero...

-Pelea conmigo...

-Sí.

A la sazón, se detonó una contienda entre los dos guardianes y esa banda de chupa-sangre Nivel E..., y era evidente que pertenecían a esa clase de vampiros porque su salvajismo era chocante. El primero en lanzar su arremetida fue un señor de cabello desgarbado y dientes amarillos enormes que saltó con sus zarpas abiertas hacia los jóvenes. Zero disparó y Kira se ocupó de los siguientes, pegada espalda con espalda con él. Con el látigo los mantuvo alejados y asqueados, y el chico siguió abriendo fuego hasta que su cacerina quedó con sólo cinco municiones. Los Nivel E que recibían esos impactos de pólvora sagrada se convertían en arenilla que volvía al cielo como un fantasma fragmentado...

Luego, el hidalgo de ojos ahora escarlatas repartió golpes y patadas, entretanto un equipo de seis niñas pelirrojas apuntó a la mujer Airen, quien las reconoció de repente y se aterró.

-¡No! –gritó al verlas, y aquéllas rieron a coro antes de saltar ferozmente hacia ella.

El látigo refulgente en sus manos las reprimía, pero sólo un poco, porque siendo seis, una podía escurrirse y llegar hasta sus piernas para sacarla de concentración. En un caos de rugidos brutos y disparos mágicos, una pelirroja pudo atacar las piernas de Kira y ésta gritó de dolor. Zero se volteó por encima de su hombro para verla lidiando con la situación, pero en ese instante fue atrapado por tres mujeres más rápidas que el viento y no pudo moverse más. Su revólver cayó al piso y exclamó con toda la fuerza de sus pulmones:

-¡Kira, corre!

Sin parar a dudar, ella evadió a las seis diabólicas y escapó fugazmente. Al principio se tropezó con las heridas de sus miembros, pero era ágil como para compensarlo. Corrió con el alma y no miró atrás, aunque tuvo terror de que a Zero lo vencieran, y eso sería espantoso, pues sería su culpa.

Entre calles adoquinadas, la damisela se fugó del peligro, pese a que el mismo fue tras ella jadeando de hambre y deseando con desesperación desgarrar la carne de su cuello delicado. Temblores de una persecución desaforada venían a sus espaldas... Pero Zero sabía que no podía dejar el destino de Kira librado a la suerte, e invocando sus poderes de vampiro, se libró de las garras de los Nivel E que entre varios aprovechaban para tajearlo del pecho para arriba. Gritó como un monstruo al pegarles y después los alejó con fuerzas aún más precisas, previo a tomar su arma que había quedado en el piso.

Todo ocurriendo al mismo tiempo, un tiempo efímero y oscuro, la joven de mirada azul no permitió que sus piernas se cansaran y terminó penetrando en una gran casa abandonada tras ser rodeada por otros agresores de ojos escarlatas y enloquecidos. Rompió la puerta de la entrada con un golpe de su brazo; estaba hecha de madera y las termitas ya la habían carcomido. Entró por un vestíbulo que olía a viejo y escaló unas escaleras lo más prestamente que pudo. Los vampiros que le seguían el paso parecían motivarse en aumento cuando jadeaba exhausta y horrorizada, y avanzaban como el diablo, exponiendo sus colmillos y bocas deseosas de sangre joven... Los peldaños chillaban y echaban polvo como fuentes de mugre mientras ella subió y subió... El látigo en su mano brillaba contrastando con ese ambiente oscurecido. Recuerdos de persecuciones anteriores, no muy lejanas en el pasado, volvieron a la mente de la chica cuyo corazón latía fuera de control y el pánico se apropió de sus piernas, haciéndola caer, mas miró atrás y vio la muerte venir, así que en un instante se recuperó y continuó subiendo hasta llegar a la parte más añeja del edificio. Un altillo colmado de palomas negras y telas de araña fue el espacio donde se adentró casi perdiendo el equilibrio sobre esos peldaños quebradizos. Y vio entonces un amontonamiento de trastos y cajas de herramientas a un costado del camino, justo en la entrada; como obstáculo, los arrojó todos contra la estampida de Nivel E que venía ascendiendo, y más de uno se lastimó gravemente. Cruzó la puerta abierta al interior del ático e inmediatamente una de las vampiresas taheñas saltó frente a ella desde el techo exterior atravesando el gran ventanal abierto con una vuelta por el aire. La bestia se sujetó del cuello de la mujer y la tiró al piso, lanzando tarascones en un intento de perforarla con sus dientes. La cazadora forcejeó para sacársela de encima, pero esa atacante era demasiado rápida y lograba mantenerse por sobre dicha víctima de ojos azules. Entonces vinieron más de esas hermanas pelirrojas y halaron el cabello de Kira para apartarla hasta un rincón más oscuro donde devorarla entre las seis. Los gritos de auxilio de la jovencita se combinaron con los feroces alaridos de las maléficas niñas que trataban tenazmente de morderla mientras ella se seguía resistiendo con la mínima porción de fuerza que restaba en sus músculos. Sin embargo, la estampida de la escalera había vuelto a la carga, y si se sumaban todos esos Nivel E, Kira estaría muerta...

Percibiendo el retorno de esos salvajes chupa-sangre, supo que tenía que ponerse de pie sin importar nada, y movió su látigo como pudo para ahuyentar a las vampiresas de melena roja. En efecto, retiraban la cara por miedo a ser tocadas por ese ágil material de poderes místicos, y ella podía al menos salir de esa postura de aplastamiento. Una vez de pie, las seis enviadas del infierno se lamieron los labios, pues estaban conscientes de que con ayuda de sus otros compañeros, tendrían un festín digno de saborear...

Kira se apoyó contra la pared y observó las fuerzas del mal avecinarse. En cuestión de segundos que parecieron durar más, en verdad pensó que ése sería el fin y, curiosamente, por su conciencia no surcaron las caras de sus familiares difuntos solamente, sino que el rostro sereno de Zero Kiryuu estaba al final, iluminado por un sentimiento profundo y solemne que se diferenciaba de todo lo demás... En sus manos apretó el látigo Ayilai y llenó su pecho de arresto para encarar las zarpas del enemigo a continuación...

-"Zero..." –dijo en su mente...

No obstante, casi como si ello fuera un llamado, el guardián de cabellera plateada irrumpió en la escena, viniendo detrás de los vampiros de la escalera. Corriendo como si persiguiera la inmortalidad, fue hacia los monstruos y los hizo polvo con golpes titánicos que resonaron en toda la casa. Con eso, las hermanitas del mal atisbaron su última oportunidad para comer, por lo que se arrojaron contra Airen berreando su locura vampírica. Ayilai voló por los aires también, como un azote del destino más breve, y la mujer luchó por evitar entrar en contacto con las alimañas, pero ya estaba muy exhausta (sin olvidar la enfermedad que había tenido en cama los días anteriores) y fue vencida. La retuvieron en el suelo y gimió de dolor justo antes de que las primeras dos, las líderes, le mordieran las muñecas... Aunque no fue tan doloroso, una lágrima saltó de uno de sus ojos y el interior de su cuerpo entró en un estado de emergencia que la hizo palidecer...

-Ze... ro...

Entonces una explosión de bizarría interrumpió el ataque. Era él..., que, tras acabar con la vida de todos los Nivel E de la escalera, había llegado. Al contemplar la realidad de que su amiga estaba siendo mordida por unos vampiros tan bajos y desagradables, sus ojos rojos reflejaron la potencia del peor inframundo y gritó en contra de las niñas que lo miraron espantadas y con la boca llena de sangre. Su pistola Bloody Rose "Crossing" disparó así tres proyectiles que aniquilaron a tres de las criaturas, y a las otras tres, cuando intentaron escapar, las sujetó por los pelos y las lanzó con tanta fuerza, que las hizo atravesar el suelo hasta llegar a la planta baja...

El caos había concluido.

Esquivando el hueco en el piso de madera, Zero trotó hasta su compañera y la tomó en sus brazos, moviéndola para que despertase:

-¡Kira, Kira!

Ella gimió...

-¡Kira, despierta! Ya todo acabó... Estás bien..., así que, por favor, despierta...

-¿Z-Ze...?

-Kira... ¿Puedes verme? –le preguntó al notar el velo nebuloso de esos ojos azules.

-Ze... ro... Me...

-Aquí estoy, Kira...

-Estoy... viva...

-Sí... Claro...

-¿T-Te lastimaron...?

-No, Kira... Estoy bien...

-Pero... tu ropa... la desgarraron...

-No me hicieron nada...

-Pensé que... moriría... Zero..., me salvaste... –le susurró cerca de la cara y el chico se ruborizó.

-Está bien... Es mi deber protegerte...

-Zero...

-Debo ocuparme de tus heridas...

Pero he ahí el problema... cuando él vio esa sangre de nuevo... Pensaba que ya se había librado de su obsesión por la esencia de la mujer cuando su cuello había sanado días antes, pero ahora todo volvía y se sentía peor, más urgente, más estridente y provocador..., con lo cual sus ojos no podían evitar ponerse rojos.

-¿Zero...? –la jovencita reaccionó, atisbando esa tonalidad extraña pero tan portentosa... Él sólo apretó los dientes y luchó por calmar la bestia de su interior que desesperaba por probarla mas fuera sólo para curarla... –Zero, tus ojos... ¿E-Estás bien...?

Pero abrió los ojos ella misma cuando comprendió que Zero debía estar muy relacionado con los vampiros también... Si no..., ¿cómo podía explicar que no estuviera herido o que tuviera tanta fuerza o que su mirada fuera tan llamativa como la de los vampiros que acababan de atacarlos? Sus labios trepidaron en el terror de que su mejor y único amigo fuera algo muy distinto de lo que parecía ser...

-Zero... Tú... Tú...

-Tus muñecas...

-Zero..., ¿por qué me miras así...?

A la sazón, se percató del gesto de temor en la carita pálida de Kira y cerró con fuerza los ojos, procurando alejarse de su adicción. Apartó la cabeza y se dijo a sí mismo:

-"¡Contrólate! ¡Casi la matan y, ¿tú piensas en tomar su sangre? ¡BASTA YA!"

-Zero... –lo siguió llamando con un tono dulce, ahora un poco más liberada de sus manos...-, ¿por qué tus ojos se veían así...?

Lo único que se le pudo ocurrir fue que Shizuka Hiou, quien había asesinado a los padres de Zero cuatro años atrás, le hubiera hecho algo, porque salir indemne de una situación como una lucha con Shizuka era casi imposible y alguna huella tendría que tener... Pero ella no podía creer que lo hubiera mordido..., pues eso implicaba que ese guardián sería un Nivel E en potencia.

-Zero...

Sin mirarla, le dijo:

-Kira..., perdóname por no haber sido capaz de evitar esto... He fallado como tu compañero...

-¿D-De qué hablas? Tú me salvaste. Zero, te arriesgaste por mí y viniste a buscarme... No podría pedir un compañero mejor... ¡Así que no te digas eso, porque no es justo!

El hombre tembló mientras libró una guerra interna a fin de socavar su lado sangriento que tanto deseaba el cuello de Kira... Se alejó entonces y se sujetó la cabeza, jadeando con dificultad, hasta que aquella dama se puso de pie y caminó lentamente hacia él, sujetándose las muñecas sangrantes y desmoronándose en su debilidad corporal...

-Escúchame... –murmuró al apoyar su cabeza levemente en la espalda vigorosa del cazador.

-¿Kira...? –dijo el varón, con los ojos afectados dirigidos al techo de madera seca.

-No debes estar mal... Salvaste mi vida... y ahora estoy en deuda contigo... Sólo quiero... ir a comprar mi vestido para volver a casa...

-¿Qué? –espetó, volteándose hacia ella-. ¿Estás loca? ¡Debo llevarte a casa ahora mismo! ¡No estás en condiciones de ir a ninguna otra parte!

-No me iré de esta ciudad hasta tenerlo... Los vampiros no volverán ahora que los ahuyentaste tanto...

-Kira..., tú sabes por qué no debes estar mucho tiempo afuera. Debemos volver.

-No- "¿Qué?" –pensó de repente hacia sus adentros-. "¿Acaso... sabe algo sobre Seta...? No podría... No le dije a nadie... El único que sabe es... ¿Chigima...? No..." No sé por qué insistes con eso, Zero... Pero quiero buscar mi vestido e irme... Sólo quiero eso...

-Pero...

-Hay otros lugares aquí donde podemos conseguirlo... ¡Yo lo sé!

El hidalgo la miró a los ojos con turbación, mas ella persistió:

-Por favor, Zero... Por favor... Me arreglaré y nadie sabrá de esto. De hecho..., ¡podemos hacer una promesa para que nadie jamás se entere! Así el Director no te reprochará nada..., pero quiero terminar con esto ahora... Si no, ¿cuándo lo conseguiré? No quiero perderme el baile...

Zero suspiró derrotado y se frotó los ojos.

-Está bien... Pero en cuanto lo tengamos, volvamos a casa...

Refiriéndose a las heridas de las muñecas, aseveró:

-Debemos cerrarte esas heridas ahora mismo...

Aunque dijo eso, su cuerpo volvió a sacudirse y la chica lo sujetó de los hombros.

-¡Zero...! ¿Qué te sucede? ¿Seguro que no te lastimaron?

-S-Sí... Seguro... Estoy bien... Estoy cansado; es todo...

Se sentaron nuevamente y el muchacho cortó retazos de su remera rasgada para hacerle un vendaje en cada mano. Cuando sus dedos rozaron la sangre, sintió algo escalofriante en su garganta, como si hubiera querido vomitar pero no. No obstante, lo ignoró todo el tiempo que pudo y terminó de cerrar los vendajes provisorios. Sudó después de eso.

-Gracias...

-N-No hay de qué...

-Los rasguños de mis piernas no se notan. Si pude correr hasta aquí arriba, bien puedo aguantar hasta casa...

-Ayer estabas en cama... ¿Cómo haces para mantenerte consciente?

-No lo sé... Supongo que no quiero decepcionarte...

-¿Por qué?

-Porque tú eres más fuerte que yo...

-Cierra la boca –le ordenó, colocando un dedo firme sobre sus labios.

La llevó de la mano hasta abajo. Las escaleras de esa casa estaban bañadas en polvillo de huesos y tierra añeja, y cada peldaño rechinó cuando bajaron juntos. Zero se cerró la campera para disimular los rasguños de su remera y ambos se acomodaron el pelo, entre otras cosas, con el objetivo de pasar desapercibidos tanto en el pueblo como de regreso en la Academia.

Al salir de la casa abandonada, corrieron de nuevo al camino original hasta llegar a las calles pobladas, donde nadie los miró como si hubieran vivido algo como ese ataque de Nivel E.

-Todo en orden... –la chica aseveró respirando hondo.

Compraron el vestido en un local atendido por una anciana amable cuyo rostro parecía tener una colección de cientos de arrugas, y quien había exclamado "¡oh, qué bonita pareja!", ni bien los vio entrar en su negocio. Los dos, a eso, contestaron "no somos pareja" al mismo tiempo exactamente. Sin embargo, Kiryuu no había podido ver la prenda, ya que Kira se la había probado sola y así había decidido que se la llevaría.

Con el botín en mano, regresaron a toda prisa a su hogar. Al cruzar la puerta de entrada, la joven buscó las gasas que había usado para su cuello previamente y entró al baño de inmediato, mientras Zero se puso el uniforme y la esperó. Al rato llegó Cross, preguntando cómo les había ido, y el chico disimuló muy bien, contando que la compra había sido aburrida, pero satisfactoria. No obstante, el Director no se iba; pero aunque eso inquietara a Zero, la razón era que necesitaba hablar con Kira, y cuando ésta salió ya uniformada y con sus heridas escondidas debajo de la ropa, los dos charlaron en el despacho de ese regente.

Para no desperdiciar el tiempo, el guardián de ojos lilas se puso a imponer orden entre los alumnos, en especial las jovencitas que se rehusaban, como de costumbre, a regresar a sus cuartos luego del toque de queda, y cuando los vampiros ya se habían instalado en sus aulas, esperó que Kira lo encontrase, tal y como efectivamente lo hizo durante el atardecer.

-¡Zero!

-Kira.

-¡Te tengo una noticia geniaaaal! –exclamó, sentándose entusiasmada junto a él y casi empujándolo a un lado.

-¿Qué?

Ella vigiló los alrededores y le susurró, tapando uno de los bordes de su boca:

-¡Seré la vocalista en la banda que tocará la noche del baile!

-¿Qué? ¿Cómo? –interrogó, extrañado.

-Ji-ji... Mi guardián Chigima le debe haber dicho al Director que yo cantaba bien... y acabamos de hablar. Tendré dos compañeros que estarán en la batería y con guitarra eléctrica, otro en el teclado y dos chicas serán mi segunda voz.

-¿Como un coro?

-Así es.

-Vaya... Felicidades, Kira...

-Ji-ji, gracias... Estoy ansiosa por que llegue el lunes...

-No te precipites. Ya llegará.

-Sí, lo sé...

-Y, ¿qué canción cantarás?

-¡No te lo puedo decir...! –confesó con picardía, mientras se paró delante de él con un gesto de provocación, al negar con el dedo y ligeramente inclinarse hacia él.

-Ah... ¿Tengo que esperar hasta el lunes?

-¡Sí!

-Je... Me alegro de que estés feliz.

Suspiró contenta y dio vueltas como una bailarina de ballet, tal como jugaba bajo la lluvia. Estaba exultante, y siguió:

-Sí... Estoy muy feliz, Zero... Realmente me hizo bien venir a esta Academia.

-También me alegro de que hayas venido.

-¿En serio? –le preguntó sorprendida, deteniendo sus movimientos gráciles.

-Sí. No precisamente estoy gruñendo por los rincones cuando patrullamos juntos..., así que...

-Zero...

Así habló y se emocionó. Sus ojitos se llenaron de lágrimas y sus labios expusieron ese típico mohín de pucherito que conmociona a cualquier varón. Justo después, ella corrió hacia él y lo abrazó, descansando su cabeza en su hombro cálidamente... Pero Zero sólo sufría con eso... y le tuvo que hacer una petición agria:

-Kira...

-¿S-Sí...?

-Por favor..., debo pedirte... que no me abraces más.

La chica se retiró y lo miró estupefacta a los ojos, previo a lentamente sacar sus brazos de esa posición.

-"¿Por qué...?" –pensó-. "¿Ya no le gusta que lo abrace...?"

-No me mires así... Es un simple pedido...

-¡Agh-, sí! –espetó, sacudiendo la cabeza-. Lo siento... No lo haré más.

Hicieron silencio un momento..., pues la damisela se sentía protegida cada vez que estaba en sus brazos musculosos, y el varón sentía que su vida valía algo cuando ella lo buscaba, más allá de que le generara un conflicto interno por el recuerdo de haber perdido a Yuuki hacía casi cuatro meses y por saber que cuando se acercara demasiado a su amiga, la mordería... Por ende, él cortó la situación, hablando con los ojos empotrados en el suelo:

-Los vampiros están en clase.

-Bien...

-Si me permites, puedo dejarte en la cúpula donde estuvimos el jueves, para que estés tranquila, y yo me ocuparé de conseguirte los resúmenes de las clases de hoy.

-¿En serio?

-Sí, claro.

-Oh, gracias... Eso me ayudaría a mantenerme al día...

-Ven conmigo.

La acompañó hasta la cúpula que alcanzaron escalando y ella se quedó ahí, admirando la puesta del sol sentada de piernas cruzadas. Se puso a pensar en todo lo que le había pasado ese día que concluía frente a ella, y ciertamente se alegró de haber podido enfrentar tantos vampiros Nivel E sin desesperar, aunque ese último pedido de su colega le quitara ahora toda esperanza de convertirse en alguien especial para él.

-"Supongo... que aún piensa en Yuuki..." –pensó cabizbaja.

Su mirada se deprimió. Después de todo, seguramente se había equivocado y ahora debía conformarse con ello.

Se quedó dormida en ese altar de techo cóncavo y luego Kiryuu la fue a buscar. Le sorprendió que terminara así al aire libre, por lo que imaginó que estaría muy ensimismada en unas cuantas cavilaciones, de seguro ocasionadas por esa petición de él. Se sintió culpable por alejarla, y se arrodilló a su lado para rozarle el hombro con la mano, hablando suavemente:

-Kira... Despierta, Kira...

-Mmm...

-Kira, despierta... Ya terminé, y es de noche... Será mejor que entres.

-¿Ze... ro...?

-Hola de nuevo. ¿Estás despierta?

-Mmm..., sí... –respondió incorporándose mientras se frotó los ojos-. Es increíble que me haya quedado dormida...

-Tuvimos un día ajetreado hoy. Es comprensible, de hecho.

-Supongo...

-¿Vamos a cenar?

-Está bien.

Volvieron hasta el edificio privado de Kaien, quien preparaba pescado asado con arroz mantecoso, y antes de llegar hasta su presencia, Kira dijo una última cosa para que su alma estuviera bien:

-Zero, quiero decirte algo...

-A-Ah..., ¿q-qué...?

-Lamento mucho si te molesté al abrazarte... No quería molestarte; jamás haría algo que te hiciera sentir mal... Así que, perdón.

Él meneó la cabeza quitándole cargas al asunto. Una sonrisita muy leve fue preludio para sus palabras:

-No te sientas así. Está bien; es que soy un poco complicado con las emociones... No quisiera tampoco dar detalles del tema.

-Está perfecto. Debo respetar eso.

-Te lo agradezco..., en serio.

Se sonrieron con recato y seriedad y fueron con el Director. Como siempre, estaba contento y los hizo sentir como en casa. Empezó rápidamente a hostigar a Kira con el objetivo de conocer la apariencia del vestido que habían comprado, mas ella se reservó pícaramente la información.

A la par y en más de una ocasión, Zero miró de reojo a su compañera con ojos sensibles y sus pensamientos se cruzaron.

-"Yuuki... murió. Ahora lo sé... Yuuki ya no existe... Porque... quiero protegerla a Kira... Sé que debo estar con ella... Ella... Kira... Dios..., por favor, no me permitas hacerle daño... Si llego a lastimarla..., por favor, no me dejes vivir..."