DÍA DE GALA: "Vals y JPop"
Si los días previos habían sido agitados, el lunes a la mañana era un descontrol total. Ansiosas voces y risitas se acumulaban en el aire y Zero Kiryuu ya no lo podía soportar. Kira Airen, sin embargo, se divertía contemplando su expresión de agotamiento, aunque fuera en parte para tapar su propio nerviosismo.
-¿Inquieta...? –el chico inquirió.
-Algo... Sí..., mucho... –respondió ella con una sonrisa débil.
-No tienes por qué. Has estado practicando bastante; te irá fantástico.
-¿En serio lo crees?
-No me cabe ni la menor duda.
-Ah... Gracias.
Ella reflexionó un rato más antes de seguir, a la mitad de la clase de Psicología Experimental:
-Pero..., ¿te puedo pedir un favor?
-Claro.
-Esta noche..., ¿podrías ayudarme con... Alika y sus amigas...?
-¿De qué hablas?
-No me sorprendería que hoy trataran de tenderme una trampa.
-Entiendo... No te preocupes, Kira; ningún sapo se cruzará en tu camino. Yo te protegeré.
Como si de romper el hielo se tratara, pasó, y ambos quedaron pausados, antes siquiera de que alguno pudiese entonar un comentario con relación al detalle de los sapos. La dama lo miró extrañada y él se retrajo en sus pensamientos.
-"Soy un idiota. ¿Por qué lo dije así?"
-B-Bueno... Entonces me quedaré tranquila. Gracias.
-E-Está bien. Cuenta conmigo...
-Sí. "¿Acaso Zero...? Mmm... Si él quiere protegerme..., yo..." Eres un excelente compañero.
-¿D-De verdad?
-Sí. Los buenos compañeros dicen eso y lo cumplen.
-Dicen ¿qué?
-"Cuenta conmigo"
Zero se tomó cinco minutos y no mucho más para replicar aquella aserción.
-Yo te fallé.
-¿Qué? ¿Cuándo? No me enteré –carismáticamente espetó.
-En la ciudad... No puedes decir que no.
Kira volvió sobre sus recuerdos e hizo un esfuerzo por analizar las palabras con objetividad.
-Tal vez... le fallaste a tu puesto como guardián del orden... O tal vez le fallaste al Director, si le prometiste que ibas a evitarme malas experiencias. Sin embargo, sin temor a equivocarme, diría que a mí no sólo no me fallaste sino que incluso me demostraste una asombrosa valentía y un gran interés por mi seguridad.
La elocuencia de la mujer atajó al chico en lo que habría sido una respuesta rápida. Intentó elaborar una oración que correspondiera con la buena intención de la joven, mas en la falta de éxito, eligió sólo mirarla. Serio. Comprensivo. Agradecido.
-Tengo razón –se vanaglorió, entonces, ella.
Él expresó su comodidad con un ligero resoplo y una sonrisa de media boca. Kira continuó:
-Pero, bueno, si te sientes tan culpable, puedes redimirte esta noche cuidándome las espaldas.
-Dalo por hecho –aseveró con firmeza, ahora divisando el frente.
Se ornamentó el salón de fiestas en una gran elegancia. Había una plataforma ya preparada, ciertamente, para recibir a los concertistas, los cuales arribaron a la Academia durante la hora del mediodía. El Director estaba emocionado con la vitalidad evidente de los alumnos, y andaba de aquí para allá mientras terminaba de organizar todo.
-¿No necesitará que lo ayudemos? –Kira le preguntó a su amigo cuando salieron al patio para almorzar.
-No lo creo. Además, prefiero que tú descanses ahora.
-Pero no estoy cansada.
-No quiero que te arriesgues; tienes que estar en excelente forma para esta noche.
Ella sonrió.
-¿Te digo algo...? Si ya había chicas envidiosas de ti, después de este baile te odiarán.
-Je... Ruego que no...
-Vas a ver.
-No es que me haga muy feliz eso, sabes... Tú mismo atestiguaste lo que me puede pasar si ciertas mujeres me tienen entre ojos.
-Lo sé... Pero creo que es mejor que lo veas como algo cómico antes que como algo dramático.
-¿Siempre pensaste así?
-En realidad, no... Tengo mis momentos de optimismo... sobre todo cuando estoy vencido por algo que me molesta. Es una especie de embriaguez.
-¿Estás harto de toda esta conmoción por el baile?
-Sí –dijo a la par de un simpático gesto de tedio, y la joven rió en silencio-. No lo aguanto.
Un rato después, para cuando algunos alumnos ya estaban desalojando el comedor, el presidente de grado, que tiempo atrás había gustado de una vampiresa agria, se acercó con pasos firmes hacia los prefectos e interrumpió con una voz rasposa de timidez:
-¡K-Kira Airen...!
-¿Sí? –respondió la chica, con ojos dulces.
-¿P-Podemos hablar en privado un m-momento?
-Ah... Estaba almorzando...
-¡E-Es importante...!
-Ahm... Bueno... Está bien...
Se puso de pie lentamente y, antes de partir con el delegado, miró a su colega por encima de su hombro. Le sonrió, un tanto con calidez, otro tanto impresionada por la obtusa manera de hablar del otro chico. Zero contestó con estupor.
-K-Kira –le habló ese presidente, una vez que estuvieron alejados, y sin suceder que Kiryuu tratara de verlos-, deseo que seas mi compañera de baile esta noche.
La prefecta lo miró con ojos bien abiertos. La expresión aplastante de ese muchacho rechazaba la posibilidad de una negativa, pero automáticamente ella pensó en Zero.
Bien, en realidad, pensó en cualquier otro varón del planeta que no resultara tan peripatético como el delegado.
-Ah... Yo...
-¡Sería un gran honor para mí!
-Sabes..., me siento sonrojada..., pero esta noche tendré trabajo como prefecta... y no puedo escaparme de mis deberes... Tú, como delegado, bien sabes lo que es tener que obedecer a tus tareas.
-¡O-Oh..., claro! Entonces...
-Además, te soy sincera..., no sé bailar. Siempre que intenté, dejé a mis parejas con los pies rotos... –Rió.
-Ah... ¡Entiendo!
-Te agradezco mucho la invitación, de todas formas –cordialmente respondió, coronando sus palabras con una femenil e irresistible sonrisa.
Cuando volvió a sentarse con su compañero de cabello platinado, éste no dijo nada, como si simulara que no le importaba lo que había pasado. Kira, no obstante, se ubicó junto a él e inquirió sin dilación.
-¿Y? ¿No me vas a preguntar qué me dijo?
-Es obvio que te invitó al baile.
-Bien...
-Y tú..., ¿aceptaste?
-¡Bah! ¡Tarado, claro que no!
-¿En serio?
-¿Te parece que aceptaría ir con cualquier estudiante?
-B-Bueno..., no lo sé.
-Pues, no.
-¿Piensas ir sola?
-Aún no lo sé.
-"Debe estar esperando que la invite..." De todas maneras, no creo que puedas estar con alguno de ellos, porque vamos a estar vigilando durante toda la fiesta.
-Sí, sí, es cierto...
Suspiró. Admiró el cielo y olfateó el viento por encima de su cabeza, jugando con las hojas de los árboles. Zero la miró de reojo.
-Je... Le dije al delegado que yo bailaba pésimo.
-Y, ¿lo estabas inventando o era verdad?
-En realidad lo inventé. Nunca pude ocuparme bien del asunto, pero creo que tengo buenas piernas... y un excelente sentido de la coordinación. Además, amo la música y amo expresar la emoción que me produce.
-¿Bailas algo en especial?
-Es lo que te digo; quise ir a clases de danza, pero nunca tuve oportunidad, fuera por tiempo, dinero, distancia o porque tenía que ocuparme de mis entrenamientos como cazadora. Pero siempre quise practicar dance.
-¿"Dance"?
-Es la música electrónica, la que tocan los DJ's. Con sintetizadores, excelentes vocalistas y un ritmo espectacular. Tú sabes..., en las discotecas.
-Nunca fui a ninguna, perdón.
-No, no te disculpes; yo tampoco. Sin embargo, no voy a negar que ansío visitar una tan pronto como cumpla dieciocho... –comentó con una sonrisa ilusionada.
-Ya lo harás... Y te lloverán pretendientes como nuestro delegado. Lelos con anteojos y gritones.
Ella liberó una fresca risa tras la idea de una situación como ésa. Pero para serse sincera debería reconocer que fue instantáneo el reflejo de imaginarse bailando con Zero específicamente y con nadie más. Previó que sus mejillas deberían estar adoptando un rubor delator, por lo que bajó la cabeza y se ocultó. Sin embargo, maldito su inconsciente, que, cuanto más ella trataba de dejar atrás ese sueño, más fantaseaba con ese muchacho bien vestido en la oscuridad, encandilado por luces estroboscópicas que hicieran refulgir sus ojos lilas, su sonrisa irresistible y su cabello de plata y apenas sí dejara en evidencia el movimiento de su tórax delgado probablemente musculoso y con seguridad sudado en el caso de encontrarse bailando en una discoteca... El rubor se incrementó. Le temblaron los labios y tuvo que girar la cabeza hacia la dirección opuesta.
-"No seas idiota, Kira Airen..." –se increpó a sí misma-. "Él jamás bailaría contigo en una discoteca de noche"
Cerca... Bailar cerca..., como lo hacen los hombres al cortejar a una mujer físicamente compatible con ellos, abusando a cada segundo de los centímetros hasta establecer total contacto. Volvió la idea del sudor humedeciendo la remera blanca de Zero.
-"¡Loca, piensa en otra cosa, pervertida!"
-¿Te estás riendo? –inquirió él, confundido.
-Nop –contestó efímeramente.
-¿No?
-No.
-¿No estás llorando?
-¡No, idiota, no estoy llorando...!
Al pasar la hora del almuerzo, las clases continuaron a la tarde, pero nadie prestó atención a las lecciones de los profesores. Sólo Kira luchaba por concentrarse y no pensar (además de ese sueño prohibido de la discoteca con su compañero) en las próximas horas, mientras que Zero se aburría de oír cosas que podía deducir él solo o aprender de cualquier libro en escaso tiempo.
-Cálmate –le ordenó éste, sintiendo su inquietud.
-Es que...
-Ya te dije que todo andará bien.
-Pero... y, ¿si me olvido de la letra?
-No lo harás... Ya seguro la cantaste muchas veces.
-Y, ¿si me dan ganas de estornudar a la mitad de la canción?
-¿Estornudar? Ya no estás resfriada...
-Y, ¿si desafino?
-¿Cantas bien?
-Ahm... Considero que sí...
-Entonces no pasará.
-Pero, y si-
-¡Ya basta! –exclamó en voz baja-. ¡No busques motivos para estar nerviosa! ¡Ya te dije que te irá muy bien! –Suspiró cansado. –No me alteres a mí también.
-Perdón...
-Además, ¿qué tiene de terrible que te equivoques, SI... llegara a suceder que algo saliera mal...?
-Que no quiero hacer el ridículo frente a ti...
-Eres una tarada... –dijo sin mirarla y con rubor en las mejillas-. A lo sumo me reiría un rato, pero nada más.
-No bromees; es en serio –le suplicó.
Al sonar la campana que anunció el fin de clases, las chicas fueron las primeras en salir corriendo a sus alcobas para prepararse. Su estampida levantó polvo. Eran un batallón de gritos e histeria, y aunque la atención de los prefectos fue llamada ante esa marejada de ímpetus, estos sabían que ninguna iría a buscar a los vampiros ahora, puesto que estos también estaban alistándose.
-Bueno, Kira... ¿Quieres ir a vestirte? –Kiryuu le preguntó, viendo cómo las chicas se alejaban y todos se disponían a ocuparse de sus propios asuntos.
-Ahm... Quizás es un poco pronto...
-Pero, ¿no necesitas mucho tiempo para peinarte y eso?
-No. Apenas pienso pintarme un poquito los ojos, pero no me peinaré, y el vestido es un estándar; no tiene nada raro.
-Espera. ¿No te vas a peinar? ¿Vas a ir con el cabello recogido como siempre?
-No, Zero. Lo voy a llevar suelto.
-Ah, al fin...
-¿Estás cansado de verme con la cola de caballo?
-Un poco.
-Bueno, de todas formas, no tengo que ir ahora. Prefiero quedarme contigo un rato más.
-Pero, ¿no te sentirías más tranquila si ya estuvieras lista?
-Perdona, ¿quieres que me vaya?
-Eh, n-no, no; es que...
-Está bien... –dijo, meneando la mano de un lado a otro-. ¿Vamos a algún lugar cómodo?
-¿Como la torre más alta...?
-¡Sí!
-Je... De acuerdo... Vamos.
Antes de ir, no obstante, una fina voz llamó a la chica desde atrás. Era una de las alumnas del coro, que cantaría con Kira esa noche. Dijo que el Director estaba llamando a los miembros de la banda y que ella debía ir de inmediato. Dicha prefecta miró a Zero sin querer dejarlo, pero él avaló:
-No te preocupes. Ve. Yo me prepararé y vigilaré que los alumnos del turno nocturno no salgan.
-¿Seguro?
-Sí. Ve.
-De acuerdo... Nos vemos, Zero.
-Ve tranquila. Nos vemos en el salón de baile.
En las siguientes dos horas, mientras el sol se fue recostando sobre el horizonte, la chica de ojos azules calentó sus cuerdas vocales y repasó todo con sus compañeros y el líder Kaien Cross. Kiryuu, ya trajeado y apuesto, pasó ese rato en la entrada de la zona de la Clase Nocturna, cruzado de brazos y custodiando los alrededores. De hecho hubo jovencitas que intentaron ponerse en contacto con sus parejas vampiros, pero él reprimió toda tentativa, con su rostro pálido y filoso.
Y cuando la luna ascendió a los cielos y la noche fue detonada, las puertas del salón se abrieron para recibir a los estudiantes. Mujercitas con vestidos largos de diferentes colores, ataviadas en brillitos y rubor, escoltadas por perfumes deliciosos, ingresaron al salón, donde aguardaban los músicos con sus instrumentos de orquesta. Zero se mantuvo en su posición hasta que los vampiros se decidieron a salir.
Los varones humanos se unieron a sus compañeras unos minutos después y cada uno de ellos se juntó con su respectiva pareja. Había ansiedad, y ya los cuatro estudiantes que acompañarían a Kira estaban presentes en el lugar. Cross se colocó en el primer piso de la gran aula, ya observando a sus alumnos regodeados en belleza y gracia multicolor.
Entonces un gran grupo de gente se vio venir a lo lejos, encabezado por la tenebrosa mujer de melena verde, Shikara Haze, cuyo vestido bordeau era agresivo. Al final venía Zero, envuelto en sombras y una frialdad que generaba tanto pena como terror. Las humanas que estaban sin pareja se escandalizaron al ver a los pálidos vampiros llegar con elegancia. Estos se acercaron lentamente a las damas que habían elegido para la noche, y mientras tanto, la música sinfónica siguió sonando armónica y profesional. Una vez que todos estuvieron adentro, el guardián de ojos lilas cerró la puerta y subió al primer piso con Cross, aunque éste se hallaba en el extremo opuesto, al otro lado del aula. De brazos cruzados, el muchacho miró debajo de sí cómo personas de diferentes especies se mezclaban en una atmósfera que parecía inofensiva, pero que ciertamente le recordaba todas las fachadas organizadas por gente como los miembros del Consejo de Ancianos o algunos de la asociación de cazadores, que siempre ocultaban algo. Serio, ensimismado en un pensamiento vacío, el único sobreviviente de la familia Kiryuu contempló una situación protagonizada por adolescentes vitales y hermosos, aunque no perdió rastro de las caras de Kadashi, Alika Tomashi, You, Mishaku y otros malintencionados que, o bien podrían querer herir a Kira o cometer alguna fechoría seducidos por la ocasión.
Pero su concentración se vio interrumpida cuando sintió la presencia de alguien fuera de su campo visual. Girando la cabeza hacia su izquierda, deleitó su mirada en la figura femenina de Kira, que, aunque trataba de ser lo más recatada y humilde posible, hizo temblar los pies del varón... Éste se salió de su posición y la miró de frente, apenas puesto de pie, boquiabierto...
-Hola, Zero... Éste es el vestido que me compré.
No podía decir una palabra. Esa prenda era demasiado imponente como para reaccionar al instante; se ataba en la nuca y tenía un escote que terminaba en el esternón, exponiendo parte de los pechos desarrollados de la dama; era largo, todo negro, y tenía un tajo por debajo del nivel de la cadera derecha. La joven, por otro lado, presentaba una delgada gargantilla negra pegada a su cuello, y zapatos de taco alto color azabache también. Su brillante cabello recaía sobre sus hombros y parte de su espalda descubierta, y su rostro tibio tenía un ligero velo de rubor rosa que hacía juego con la sombra de sus ojos maquillados. En sus labios apenas había un poco de color, y sus brazos estaban desnudos.
-K-K-Kir... –quiso decir el hombre, mas se sonrojó y no pudo decir casi nada. Respiró quebrado.
-Los zapatos los tenía de antes. Justo hicieron juego con el vestido.
Él continuó perpetuando silencio...
-¿N-No te gusta...?
-A-Ah... Yo... No..., en realidad te queda bien.
-¿De verdad lo crees? Menos mal... Estaba preocupada.
El corazón de Zero iba a toda velocidad. Jamás había visto una belleza tan grandiosa. Era realmente un ángel. Un ángel negro... como una guerrera enviada de las sombras a pregonar la muerte y la destrucción con un modo sutil y dulce. Un heraldo de la desdicha.
-Tendrás problemas cuando Alika te vea así.
-¿P-Por qué lo dices...? ¿En serio me queda bien?
-Sí. Te queda bien.
-¡Ah...! ¡Gracias! ¡Oh, me siento tan feliz! ¡Nunca antes había podido usar un vestido en un baile...! Y tú te ves muy bien, Zero; el traje va muy bien contigo.
-Ah... Gracias. Igual, no tiene nada de especial.
-No hace falta que sea especial para que sea bonito.
Ella se acercó a él y, a su lado, miró el salón ahí abajo, sin notar que Kiryuu la estaba observando más de lo normal, sin poder disimularlo.
-Todos están tan hermosos... –comentó la chica divina-. Incluso los vampiros se ven preciosos... Ojalá esta belleza fuera más allá de lo superficial durante la convivencia normal entre ambas especies.
-Kira...
-¿Sí?
-N-Nada... No importa.
-¿Seguro?
-Sí. ¿Estás lista para cantar?
-¡Mmm...! ¡Sí...! ¡Pero estoy aterrada...!
-Relájate. Todo será genial.
-Pero todos me estarán mirando... Muchos desearán que me equivoque.
-Mira –le dijo ya en un tono distinto, tomándola de los hombros-, trata de imaginar, cuando estés en esa plataforma, que no le estás cantando a todas esas personas. Imagina que le estas cantando a tu familia.
-¿A mi familia...?
-A quien tú consideres que te trae paz; alguien que sientas que, sin importar qué pase, no te juzgará ni se burlará de ti. Olvídate de todos los demás como Alika. Si hace falta, cierra los ojos... (o al menos entreciérralos para que no te caigas o algo así).
-Ah... Zero... G-Gracias... Yo... no sé si podré hacerlo, pero...
-Te sobra capacidad para dejar a todas estas personas impresionadas; sólo concéntrate en lo quieres mostrar. Cántale a quien tú decidas y te juro que será mucho mejor.
Los ojitos azules de la joven se acrisolaron al oír esas palabras tiernas. Bajó la cabeza sonriendo y se ruborizó pensando en quién elegía para cantarle...
-Zero...
-¿Qué?
-Nada. ¡Te prometo que lo haré muy bien! –le aseveró mirándolo fijamente a los ojos y con regocijo sobre los labios.
-Así me gusta.
La música no murió en ningún momento; era guía perenne de los movimientos armónicos de los estudiantes que bailaban los valses. Allí abajo, entre esos, Alika Tomashi y sus amigas coqueteaban a distancia con muchachos como Kadashi, quien no presentaba pareja, y lucían todas vestidos rojos. En total, esas compinches eran seis, y con ello Kira recordó a las niñas pelirrojas Nivel E que la habían atacado brutalmente en la ciudad... Se sintió obligada a contarle a su amigo por qué las había reconocido en aquel combate.
-Zero, ¿notaste que a esas seis niñas pelirrojas de la ciudad las había reconocido?
-Creo... ¿Por?
-Quería contarte... que me aterré cuando las vi porque, como debes saber, las niñas pelirrojas suelen tener mucha habilidad locomotriz entre los Nivel E.
-Sí...
-Y mi familia una vez fue atacada por un grupo de niñas así cuando yo era pequeña. Eran realmente feroces... y digamos que experimenté algo así como una regresión cuando recordé lo que le costó a mis padres y a mi hermano acabar con ellas...
-¿Tu hermano también es cazador?
-Sí. Es genial...
El hidalgo la miró con dolor de reojo sabiendo que ella hablaba de gente que ya estaba muerta, pero siguió, suspirando:
-La verdad es que Alika y sus amigas parecen enviadas del diablo con esa ropa.
-Cierto...
Como aditamento, esas chicas habían coronado sus ojos con pintura oscura; parecían más vampiresas que humanas... Y quizás por eso Kadashi fue hacia esa rubia líder que, con un gesto de superación, lo recibió contenta, pese a que el caballero de melena negra y traje blanco más parecía estar aburrido y con cero entusiasmos por invitarla.
-¿Estás armada? –el prefecto continuó.
-Claro.
-¿En serio? ¿Dónde? Si tienes sólo ese vestido...
-Ah... –Corrió la tela abierta que recaía sobre su pierna derecha y expuso un cinturón corto que sujetaba su látigo en un pequeñito estuche que prácticamente no abultaba. Kiryuu en un primer instante se asustó creyendo que iría a ver más de lo permitido para sus ojos de soltero, mas no se llevó ninguna sorpresa.
-Bien...
-¿Crees que vaya a suceder algo malo esta noche?
-Nunca se sabe.
-Mmm...
Luego, a la par de la música, ella retomó el diálogo:
-Al final, los dos vinimos solos...
-Sí...
-No es tan malo..., supongo...
-No... Como sabes, yo siempre anduve así.
-Indebidamente.
-Pero así son las cosas.
-¿Yuuki nunca te invitó?
-No, Kira. Ya te dije que estaba pendiente de Kaname Kuran. Simulaba que estaba haciendo su trabajo de prefecta, pero en realidad sólo buscaba la oportunidad de bailar con él.
-Sí... Qué estúpida.
-¿Qué?
-¿Cómo podría interesarle más un rostro "bonito" que su amistad contigo?
-Es que era por eso... Yo era su amigo y Kaname era... el hombre que quería tener a su lado. Pero también sabes que no me gusta hablar de eso.
-Lo lamento.
La melodía cambió. Un vals romántico y trágico, como un tango sinfónico, comenzó a sonar en el recinto y los presentes se pusieron a bailar lento. Kira sonrió para sí misma y cerró los ojos, exponiendo con un susurro:
-Esta canción... A mi madre le encantaría oírla... Es de sus preferidas...
-Kira.
-¿Sí?
Entonces, se armó de valor. O quizás sólo permitió el desliz de su mente aturdida.
-¿Q-Quieres bailar conmigo? "¡CÁLLATE...! ¡¿Te golpeaste la cabeza, idiota, qué dices?" –se escarmentó a sí mismo después, todo ruborizado.
Pero ella respondió, pura y gentil:
-M-Me encantaría...
-¿S-Sí?
-Sí.
Atados los dos por la vergüenza, el caballero no obstante la tomó de la mano luego de asentir, y la retiró un poco del barandal de ese primer piso. Enfrentados, él la tomó de la cintura y enlazó sus dedos en su manito pálida, mientras ella hizo lo mismo y también colocó su otra mano sobre su hombro. A la sazón, se movieron con la música... y el rubor en las mejillas de Zero aún no se fue.
-Ji-ji..., Zero, no te sonrojes tanto... –le dijo ella con dulzura.
-E-Eh..., no estoy sonrojado.
-Claro que sí lo estás.
-Claro que no.
-Claro que sí.
-Claro que no.
-Claro que sí.
Y él se acercó osadamente a su rostro esbelto, susurrando:
-No me provoques, tonta.
Ella sonrió con una ternura que llevaba los sentimientos de Zero al límite.
-Bailas bien... –le dijo la misma, después de unos cuantos segundos.
-Gracias. Tú también. Tenías razón sobre lo que decías... Llevas bien el ritmo.
-Je... Te lo dije.
-Si el presidente de curso te ve moverte así, sabrá que le mentiste.
-Tengo a mi propio guardaespaldas para sacarlo corriendo.
-Oye, no abuses de mí. Tampoco sería tan terrible que le dieras el gusto un poco, ¿o no?
-¡Ay, Zero! ¡Pero, ¿qué estás diciendo?
-¿Qué? Es un idiota, muy ridículo, pero no vas a morirte por compartir un par de piezas con alguien como él...
-¿Cómo voy a sentirme a gusto con un sujeto que se la pasa gritando por ahí y pensando sólo en su vida académica? Está bien que quiera un hombre instruido, pero no es para tanto, y él no es el caso.
-¿Quieres un hombre que sea inteligente pero que no ame más a sus libros que a ti?
-Exacto.
-Es lógico.
-Pero ya estamos hablando de la persona con la que quiero casarme.
-¿Por qué quieres casarte?
-Porque... Porque quiero tener un amigo de mi lado para siempre. Un amigo que sea capaz de besarme pensando en que soy dulce... y que cada vez que me mire piense que soy bonita aunque no esté producida.
-Hablas de una belleza interna.
-Sí. Una belleza que sólo ese hombre pueda ver.
-Creo que hasta un ciego podría verla...
-¿Qué? –espetó, sonrojada y sorprendida.
-Nada, nada... "Sigue actuando así y ya verás cómo acabarás, grandísimo idiota"
-¿Seguro?
-Estás ruborizada.
-N-No...
-Sí.
-No.
-Sí.
-No.
-Que sí. Y yo gano. No fastidies.
-Cabezón testarudo.
-Podría decir lo mismo de ti.
-Mmm... Es cierto. Ya me habían dicho eso.
-¿Quién?
-Mi hermano.
-Tenía las ideas claras.
-¿Zero?
-¿Sí?
-Tu hermano..., ¿era como tú?
Al muchacho le costó responder eso. Sus ojos descendieron en una mirada doliente y la chica corrigió sus palabras sobre la marcha:
-Perdona. No tienes que contestarme eso.
-No.
-¿Eh?
-No era como yo.
-¿No?
-No. Padecía una enfermedad que lo volvía débil... mientras yo era fuerte y podía convertirme en cazador.
-La "maldición"...
-Lo que sea...
-Y...
-Al principio pensaba que éramos iguales..., pero... Pero...
-Está bien... Déjalo ahí. No debí preguntar.
En ese momento, el joven la hizo dar una vuelta, y siguieron bailando. El cabello negro de aquélla giraba en la cadencia de su cuerpo delgado, y las manos de Zero seguían sosteniéndola con cada vez mayor firmeza y certidumbre.
-Kira, ¿te puedo hacer otra pregunta?
-Sí.
-Dijiste... que querías casarte para tener siempre un amigo de tu lado...
-Sí.
-¿Por qué un "amigo"?
-Porque en un amigo puedes confiar. Un amigo se vuelve tu cómplice en la vida y puedes saber hasta lo que piensa con sólo mirarlo a los ojos. Con un amigo te puedes reír y compartir rebeldías sanas..., mientras que con el estereotipo de exclusivamente "esposo" o "esposa" las formalidades impiden que haya diversión en la pareja.
-¿Diversión?
-Sí. No querría pasar toda mi vida junto a un hombre con el que no pudiera reír... Eso no es sano.
-Ya veo...
-No haría falta que él fuese gracioso. Yo podría hacerlo reír, pero lo importante es que pudiésemos compartir una risa y ponernos en el mismo nivel.
-Eres muy centrada, Kira. Sabes lo que quieres.
-Espero que eso sea un cumplido.
-Lo es. Te irá muy bien en la vida.
-Lo dices como si fueras a despedirte de mí ahora...
-No. Es sólo que cuando tienes bien perfiladas tus ideas, es más fácil transitar entre la gente sin errar, porque sabes a dónde te diriges y en qué trampas no quieres caer.
-Supongo... Sólo persigo mis sueños y les rehúyo a las cosas que me hieren.
-Bien por ti...
-Y, ¿tú?
-¿Qué?
-¿Por qué no quieres casarte? ¿Porque tienes miedo de ser lastimado?
-¿No te parece razón suficiente?
-Me parece que ese temor empequeñece las ilusiones de las personas. "Por miedo a que te maten, no sales de tu casa..."
-No soy tan extremo. Es que el amor es un tema demasiado controvertido como para que me arriesgue.
-En el amor siempre tienes que arriesgarte. Es un condicionante si quieres estar enamorado.
-... es cruel que sea así...
-Pero no hay otra. Somos humanos.
-"Humanos..." –pensó él...- Es tan difícil...
-No tanto, Zero; cuando estás enamorado de verdad, no puedes dejarte vencer por el miedo, así que el amor tiene su propia fuerza, y si tienes que querer a una mujer, la querrás aún en contra de tu voluntad. Eso de difícil no tiene mucho.
El hombre la miró con un sentimiento que ya había alcanzado otras dimensiones. La línea que dividía el agrado de la fascinación y el amor ya había sido cruzada para él, y Kira sólo podía ser la visión de su cielo más hermoso... No pudo responder más, sino que quedó embelesado en las cosas que había dicho.
-Entonces, mi querido compañero –siguió ella, sonriente-, ¡no desesperes! Deja que la vida te traiga sola lo que tiene preparada para ti. Hay una mujer para ti allá afuera, y aunque eso te traiga terror por pensar que algún día le pase algo malo, no dejarás de brillar cada vez que la veas o sientas su mano junto a la tuya.
Ya habían dejado de bailar ahí. Los ojos lilas de Kiryuu estaban perdidos y su corazón se había rendido a reconocer que quería oír esa armónica voz durante el resto de su vida... La palabra de ella era su ley... de ahora en más.
-¡Atención, estudiantes de la Academia Cross –exclamó entonces el Director a través del micrófono, en la plataforma que los músicos de orquesta estaban abandonando-, ahora..., el momento que todos han estado esperando! ¡A continuación, los cinco alumnos elegidos para ejecutar un tema musical, por favor suban a la plataforma! ¡Omoshiroi Tokoro, Kamina Shinji, Sakura Omaka, Akiko Suzume y Kira Airen! ¡Un fuerte aplauso!
Todos comenzaron a aplaudir mientras los citados fueron avanzando hacia sus respectivas ubicaciones. Los instrumentos fueron ubicados donde correspondía, y Omoshiroi tomó una guitarra eléctrica de brillos negros y blancos, mientras Kamina se apropió de la refulgente batería y Sakura y Akiko se pusieron frente a dos micrófonos juntos. Atrás de todo se erigía un imponente piano que por el momento no tenía dueño, y adelante del grupo aguardaba el lugar principal para Kira, quien, bañada en confianza, miró el escenario que la esperaba entre llamados de ovación de los alumnos (por supuesto, exceptuando los casos de Alika Tomashi y compañía, que se querían morir...). Entonces miró a su amigo de cabello platinado, quien le sonrió y, con un asentimiento con la cabeza, le susurró:
-Ve y déjalos atónitos.
Ella sonrió con todas sus fuerzas y quiso abrazarlo. Le apretó bien la mano. Respiró profundamente y se volteó, yéndose con pasos firmes hacia las escaleras que la condujeron hasta abajo. Caminó entre la gente y los silbidos de ánimo hasta Kaien Cross, quien le entregó el micrófono y, colocándole una mano en el hombro, le dijo:
-Muéstrales. Buena suerte a todos –habló hacia los cinco músicos, los cuales sonrieron.
El Director, que había implementado una serie de cambios a último momento, dejó que el tema del teclado fuera tarea suya y se sentó frente al piano, posando sus manos en las teclas de marfil con calma y concentración. Su cabello rubio suelto y su traje de concertista le daban a toda la situación un perfil de gala impresionante, y cuando Kira se iba a disponer a empezar a cantar, habló por el portavoz hacia los presentes:
-Alumnos y alumnas, hoy se conmemora otro año de la academia Cross, siempre bajo la guía fiel de su director Kaien. Y ésta es una fiesta especial justamente porque con esa guía podemos aprender no sólo programas educativos, sino cómo convivir entre nosotros. Como mensaje a todos ustedes, el Director y nosotros cinco preparamos una canción para ustedes llamada "Birds", porque cuando egresen de este instituto, el mundo habrá de recibirlos como personas ya formadas y completas. Así que, a ustedes que están construyendo las sendas de sus vidas, compañeros..., abran las alas para volar hacia sus sueños.
Las luces del salón giraron, jugando con la luminaria y haciendo hincapié en la energía de esa música que comenzaba a sonar con sonidos puros de violines aparejados como con gaitas, resultado del aporte de los filarmónicos profesionales que se hallaban retirados en un lado del aula. La dama principal de ojos azules esperó su turno y comenzó, sin mirar el público...:
"Zawameki wa tooku natte yuku
Keshiki wa kazunde
Mienaku naru
Kono me mo mimi mo yubi mo kakato mo shizuka ni
Furuete mezamete yuku
Aishite, aishite, aishite, aishite,
¡Anata o tada motometeru...!"
Zero para ese momento ya estaba atrapado en ese sonido perfecto; no la canción en su total, sino la dulce voz de su compañera divina... No podía creer que esa mujer fuera tan completa y la tuviera tan cerca... Tenía que hacer algo para sacar ese peso de su corazón.
El estribillo empezó con una pasión sin igual, y todas las luces se convirtieron en blanco, estallando sobre la imagen preciosa de la vocalista, entretanto las coristas Sakura y Akiko acompañaron a la doncella de vestido negro:
"Hikari o misete, tsuredashite,
Iki mo dekinai kurai dakishimete motto, motto. Hageshiku.
Nani mo iranai anata dake ga kono yo de tatta hitotsu,
Kirei na mono,
¡Subete o nugisute maiagare!"
Los jóvenes, tanto vampiros como humanos, aclamaron el sonido de esa canción del género JPop, originalmente cantada por la artista Maaya Sakamoto. Y siguió con más... hasta que el estribillo sonó otra vez...:
"Tobira hitotsu mukou gawa ni wa afureru nikushimi,
Jaaku to tsumi,
hitori de dete yukeba kitto tsubusarete shimau,
Demo ima nara.
Tsuyoku, tsuyoku, tsuyoku, tsuyoku, kono te o
Hanasanaide
Itami o wakete yowasa misete
Kakushi kirenai uso mo zenbu motto
Motto azukete.
Anata no mune no ichiban oku ni,
Donna zuruku kitanai mono o mitsukete mo.
Watashi ga sawatte ¡ageru kara!"
Entonces, el solo. Cada instrumento sonó con su propia precisión y la voz de Kira se volvió aún más tierna. El piano de Cross era estridente y la guitarra era hermana de la batería... cuando los ojos de la cantante se abrieron más que antes y ella decidió dirigir la mirada al único oyente que decidía... Alzó la vista a Zero, quien escuchaba cada palabra nipona prorrumpir de esos labios delicados, y cantó con todo su corazón frágil, liberándose de toda su inquietud y vergüenza para sentirse la reina de esa noche.
El muchacho habló en voz baja...
-Kira... Yo... te...
Continuó el estribillo y luego las coristas siguieron jugando como segundas voces al cantar, junto a Airen, una y otra vez:
"I will, I will be there,
I'll fly through the air to reach out, no matter what...
I will, I will be there,
I'll fly through the air to reach out, no matter what...
I will, I will be there,
I'll fly through the air to reach out, no matter what..."
Terminaron con solfeos delicados de la guitarra eléctrica y el piano de Kaien, al compás de otro toque de violines raros. Más aplausos vinieron entonces, ruidosos y alborozados. Kira se iluminó mirando a los espectadores que le arrojaron sonrisas, y así elevó los ojos una vez más hacia Zero, quien no aplaudía, sino que sonreía con un rostro calmo y sano como nunca antes, orgulloso de ella...
Los seis músicos hicieron una reverencia a todos y la fiesta continuó con otra música más calma, al mismo tiempo que las cocineras trajeron, con ayuda de asistentes, numerosos carros de plata con comida elegante y llamativa. El Director anunció con regocijo:
-¡Adelante, alumnos! ¡A disfrutar del banquete!
Los jóvenes intérpretes se mezclaron entre los demás presentes y cenaron bocadillos deliciosos. El líder de la Academia, no obstante, tocó la espalda de Kira y, antes de bajar de la plataforma, expuso su felicidad en un tono paternal:
-Te felicito, Kira. Estuviste maravillosa. Me has emocionado.
-Gracias, Director. Gracias...
Pero no precisamente por ese cumplido, sino por todo lo que Kaien le había dado al permitirle la entrada a la Academia, la joven lo abrazó con todas sus fuerzas y contuvo sus lágrimas. Cross le contestó y se puso a lloriquear como un niño.
-¡Ah...! ¡Qué noche tan feliz...! ¡Kira Airen, espero que nunca te vayas!
-Y-Yo... espero igual... –murmuró.
El prefecto de traje negro esperó apoyado contra la pared más alejada del barandal de ese primer piso desde donde había estado observando, hasta que ella llegó con él de nuevo, secándose lágrimas de emoción y algo más. Cuando lo vio, sonrió plenamente y respiró como por primera vez en su vida. Caminó lentamente hacia él y lo miró. Sólo lo miró.
-Felicitaciones –dijo él, calmo.
-¿S-Sí...?
-Eso fue fantástico. No pudo haber sido mejor.
Sus ojitos se llenaron de lágrimas otra vez y bajó la cabeza, respondiendo con una voz lacrimosa:
-G-Gracias... Hi-Hice lo que me dijiste... y... y...
-Lo sé. Podía ver que no estabas mirando. ¿Te ayudó?
-S-Sí...
-¡Ey, pero no llores! ¡Tendrías que estar feliz!
-E-Estoy feliz... Nunca había sido tan... feliz...
Al terminar de decir eso, lloró con más fuerza, cubriéndose los ojos con las dos manos. No se movió ni una pizca; sólo necesitaba purificar su alma de todas las ansiedades que había estado atravesando últimamente. Pero a modo de una maniobra nueva, el caballero de ojos lilas tomó la decisión de dar un paso adelante y la abrazó delicadamente, otorgándole refugio en su pecho firme. La chica lo miró, exponiendo sus lágrimas que se mezclaron con el rubor, e increpó tartamudeando:
-Z-Z-Zero... ¿Q-Qué...? T-Tú... me dijiste...
-Ya sé lo que dije.
Nada más que eso. Sólo la protegió con sus brazos y permitió que sus penas se diluyeran en el momento. La quería. La quería más que a nadie ahora...
Ella, no obstante por temor a ser rechazada, no enlazó sus brazos en la cintura del guardián.
Sólo un minuto después él la separó para mirarle la cara. Sonriendo, aseveró:
-Oye, no llores tanto, que se te correrá todo el maquillaje.
-P-P-Perdón...
-No te disculpes. Lo digo por tu bien. Sería una lástima que, con lo bien que viniste esta noche, te desarreglaras por unas lágrimas tontas.
-¡Mmm...! Está bien...
Se secó la cara como pudo para conservar la prolijidad y sonrió hacia Kiryuu, el cual asintió:
-Muy bien. Mejor.
Juntos, fueron a buscar unos bocadillos para tener algo en la panza; tanta emoción daba hambre. Permanecieron en el primer piso, aún observando que se mantuviera el orden. Luego, charlando, el joven le comentó a Kira cómo había estado notando la miseria de Alika Tomashi y sus seguidoras toda la noche desde que habían visto ese vestido negro de la prefecta. Ésta rió con picardía y después procedieron a burlarse de las estupideces que ésas hacían para llamar la atención de los vampiros.
-Realmente, Zero, ésta es una noche perfecta.
-Me alegro muchísimo.
-Siempre la recordaré...
-Espero que sí. Oye...
-¿Mmm?
-¿Piensas cantar algún otro día?
-Eh... Supongo... ¿Por qué... lo preguntas?
-Porque cantas muy bien... En serio. Me gustaría oírte cantar otras cosas.
-Ah... –Se sonrojó. –Pues..., sí, con gusto podría cantar para ti...
Ambos depositaron la vista en el público ahí abajo otra vez, mas fue un acierto por casualidad para notar que Kadashi estaba retirándose con Alika hacia una puerta localizada en una esquina oscura del recinto.
-Kira.
-Sí.
-¿Lo estás viendo?
-Sí, Zero. Se están-
-Yendo. ¡Vamos!
Dejaron todo y trotaron hacia las escaleras. Descendieron a la planta baja y siguieron a la pareja tenebrosa que, tras cruzar la puerta, desapareció.
-Voy detrás de ti, Zero –Airen aseveró en un tono de compañerismo irrefrenable.
Un pasillo sombrío fue el escenario en que se adentraron, tras el rastro del dúo en fuga. Al avanzar un poco más, el pasillo se quebró en una curva que antecedió la imagen de Alika y Kadashi besándose. La lujuria que los rodeó era para el vampiro la antesala a otra cosa más agresiva... Sus colmillos ya se hallaban expuestos y sus ojos rojos acechaban sobre la garganta de la ingenua humana.
-¡Kadashi! –Kiryuu exclamó con un rostro pujante.
-Agh... Desaparezcan, prefectos... –dijo la chica en un tono despreciativo, sin darse cuenta de que esos dos guardianes venían a ser sus salvadores en realidad.
-No pueden estar aquí. Regresen de inmediato al salón.
-¿Por qué no se ocupan de sus propios asuntos? –espetó de nuevo, y miró a su pareja hambrienta.
-Kadashi, aléjate de ella.
-Alika, regresa –Kira añadió.
-Bueno, querida... –el vampiro interrumpió, con ojos sucios-, si quieres también puedo compartir mis labios contigo, pero no te pongas así...
Con esa osadía, besó de nuevo a la rubia. Ésta, empero, contestó con malhumor. Vociferó:
-¡¿Cómo que la besarías a ella también? ¡Estás conmigo!
-Ah, por favor... No esperas que me case contigo, ¿o sí?
Estaba claro que el estudiante nocturno padecía un hambre que ya no podía controlar. No le importaba que lo vieran, porque tan pronto terminó esa frase, se abalanzó para darle otro beso, pero uno furioso que preludió la mordida que le legó a su cuello humano...
-¡KADASHI! –Zero exclamó, alzando su revólver al mismo tiempo que Kira, exponiendo su pierna, tomó su látigo y lo extendió por el piso. Alika Tomashi chilló de dolor y desesperación. Sin tardar, el prefecto de cabello plateado disparó a las piernas del vampiro hasta separarlo de su víctima, la cual fue sostenida por Kira, que corrió hacia la escena de peligro. La misma alejó al chupasangre con su brillosa arma Ayilai y colocó su mano en la herida abierta de su enemiga de pelo amarillo, a fin de evitar que la sangre se esparciera.
El homicida se tambaleó unos pasos más lejos mientras curó su herida con su metabolismo acelerado de vampiro. Zero corrió hacia él con los puños cargados de bizarría. Sin darle oportunidad de volver a arremeter contra Alika ni mucho menos contra Kira, dicho guardián lo golpeó y lo retuvo en el suelo. La agresión que le legó a la sazón sirvió para dejarlo un poco inconsciente, y la dama de ojos azules recibió su voz de héroe atento:
-¿Estás bien, Kira?
-Sí, pero Alika debe ser llevada a la enfermería ahora mismo... ¡Agh, demonios...! ¡Está sangrando demasiado!
-Espera –dijo, aflojándose la corbata negra. A modo de vendaje, se la enroscó en el cuello y así se evitó que siguiera muriendo. –Ven conmigo, Kira –siguió luego, adentrándose aún más en el pasillo que llegaba hasta zonas más oscuras, con la rubia desmayada a cuestas.
-¿A dónde vas?
-Si seguimos por aquí saldremos al patio; debemos ir a la enfermería.
-Pero, ¿no recordará esto? –la chica inquirió mientras trotó detrás de él.
-No. Las enfermeras están al tanto de la existencia de los vampiros y tienen una droga que altera la memoria de corto plazo.
-¿O sea que con eso les borran los recuerdos de posibles ataques como éste?
-Sí.
Se quedaron cerca el uno del otro; las tinieblas se tornaban cada vez más densas y el aire, más viciado. Sólo entonces un muro débil era la puerta de madera que daba al patio de afuera, y cuando los prefectos llegaron a ella, la atravesaron hasta divisar la enfermería en uno de los edificios altos.
-Allá –habló Zero.
-No hay obstáculos. Llévala. Yo volveré y me ocuparé de mantener el orden.
-Buena idea. Regresaré pronto.
Corrió velozmente hasta la escena del crimen y limpió los rastros de sangre de la estudiante atacada. Su látigo volvió a su cinturón de pierna y ella retornó al baile, donde los demás jóvenes por fortuna no habían tratado de abandonar la música y seguían disfrutando de la noche. Entretanto, casi asqueado, Zero dejó a Alika en la enfermería y las damas allí a cargo se ocuparon de su trauma, físico y emocional.
Con el saco abierto tras la pelea, y sin corbata, su atuendo había vuelto a ser prácticamente tan informal como su diario uniforme... Era hermoso, y la luz de luna recaía sobre él como un velo de magia plateada que hacía refulgir su cabello. Apresurado, caminó hacia el salón de fiesta y procedió a buscar a su compañera, quien en esa ocasión había actuado con él de la mejor manera pensable.
-"Kira... Siento que puedo confiar en ti... Con... Con Yuuki no podía sentir eso..." –pensó mientras abría la puerta doble del recinto y recibía el calor del entusiasmo adolescente proveniente de allí.
La vio ahí arriba, en el primer piso; vigilaba la ceremonia en proceso. Era tan bella... y el muchacho subió hasta su encuentro. Ella volteó para verlo.
-¡Zero...! ¿Todo está bien?
-Sí, Kira.
-¿Alika está bien?
-¿Realmente te importa?
-Me importa quien sea que resulte víctima del ataque de un vampiro.
-Oh, pues... Si tú lo dices... Alika estará bien. Y, ¿aquí todo sigue como debe?
-Sí. Nadie notó nada.
-Bueno, sabemos que los del turno noche siempre lo hacen... Ya que pueden sentir el aroma de la sangre...
-Sí..., pero nadie se ha salido de lugar.
-Bien.
Siguieron pasando los minutos hasta que se acercó el final de la fiesta. Durante la espera, los guardianes se mantuvieron juntos, mas no volvieron a bailar. Conversaron, no obstante, acerca de por qué los vampiros podían identificar a una persona por el sabor y el olor de su sangre. Kira no entendía, y aunque el caballero sí, el mismo tuvo que explicarle con las palabras más neutrales que encontró, alegando que la vampiresa Shizuka Hiou una vez le había hecho un comentario exponiendo el secreto de esa cuestión y que no había ninguna otra razón para que él tuviese esa información tan clara.
Sus misterios más oscuros aún no salieron a la luz. Ni los de la chica ni los de él.
El público en su totalidad acabó contento y exhausto de tanto bailar y gozar la noche; los vampiros no tanto, gracias a su naturaleza nocturna, pero igual ya querían parar a tener algo de serenidad. Kaien Cross había inyectado alegría y buen humor a la ceremonia desde el principio hasta el fin. Era un hombre bueno, que buscaba incansablemente que sus estudiantes hubieran tenido una hermosa velada, y cuando el personal de limpieza comenzó a asear el salón y los invitados se fueron, él seguía dando vueltas, como ebrio de felicidad, al sonar de los instrumentos de los concertistas que le cedieron una hora más de música sólo por simpatía. Melodías suaves y arrulladoras danzaban en el aire fresco del sueño de la primavera, y había uno de los intérpretes que cantaba con una muy leve voz:
"You wait, wanting this world
To let you in;
And you stand there,
A frozen light,
In dark and empty streets.
You smile hiding behind
A God-given face,
But I know you're so much more,
Everything they ignore,
Is all that I need to see...
You're the only one I ever believed in,
The answer that could never be found.
The moment you decided to let love in...
Now I'm banging on the door of an angel,
The end of fear is where we begin,
The moment we decided to let love in..."
Zero y Kira Airen se sentaron en la entrada del salón, en las tres escaleritas que antecedían a la puerta de doble hoja, recuperándose después de la emoción. Contemplaron la luna de plata y hablaron en voz baja, con términos delicados que evidenciaban el cambio interno ya acontecido en el hombre.
-¿Kira?
-Dime.
-¿Por qué eres tan sensible al tema de los vampiros?
- Hemos vuelto al asunto. ... te lo digo si tú me cuentas por qué los odias tanto.
-¿Me estás poniendo una condición?
-Claro.
-Agh... Ya lo puedes adivinar...
-Hablas esporádicamente y con poca claridad. Nunca me confesaste tus sentimientos de frente y de una sola vez.
-Es que es un tema del que no me gusta hablar.
-Bueno, a mí tampoco me gustaría hablar de por qué soy sensible a los vampiros.
-No te enredes. Si no quieres contestar mi pregunta, puedes evadirla con sólo decir que no quieres decirlo y ya.
-No, no; quiero comunicarme contigo..., pero no me parece justo que yo me abra y tú lo hagas a medias.
-Vaya...
-Te escucho.
-Las damas primero.
-Yo te gané de mano. Cumple con mis exigencias, caballero.
-¡Agh..., qué mujer...! –exclamó mordiéndose el labio y en un tono y expresión de molestia tolerada.
Ella sonrió y él suspiró, rendido.
-No importa...
-¿Eh? ¡Ah, no! ¡No te escapes ahora!
-No fastidies...
-Cobarde...
-¿Qué dijiste?
-CO-BAR-DE. Hazte hombre y cuéntame algún día...
Como respuesta a ese insulto vago, el chico la empujó a un lado, con una mano pesada que la sacó de su posición tranquila para casi hacerla caer de su asiento en el peldañito. Ella no se guardó una respuesta y lo empujó con más fuerza, sí tirándolo para el otro lado. Lo miró con una sonrisa perversa pero cómica y él mostró sorpresa y cierto grado de gusto por no haber podido vencerla en aquellos términos.
Todo finalizó como a las dos, tres de la mañana. Los humanos, en sus alcobas, y los vampiros, en su dormitorio lunar, disfrutando de la inmortalidad de la noche. Cross había caído dormido en el salón del baile después de que los músicos se fueron, y Zero lo cargó hasta su respectivo cuarto, donde lo recostó sobre la cama y le alcanzó su peluche preferido; durmiendo como un bebé, el líder de la Academia hasta se chupaba el dedo. Kira acompañó a su amigo como si fuera su sombra y se enterneció al atestiguar los gestos de cuidado que ése tenía con el bondadoso Kaien.
Cerraron la puerta de la habitación y fueron al comedor; algo de hambre tenían al no haber cenado demasiado bien. El hidalgo de ojos lilas sacó un par de potes de helado del congelador y le pasó el de dulce de leche a su colega, quien agradeció.
-Ya no cabe duda de que me conoces. Me encanta este sabor.
-Con lo golosa que eres, cualquiera habría adivinado que te gusta.
La dama rió cordialmente.
-Tú, ¿qué sabor tienes?
-¿Qué? –Zero respondió, como si hubiera malinterpretado esa pregunta, ya que esa frase podría referirse a su sangre.
-Tu helado. ¿De qué sabor es?
-Ah... Tiramisú.
-Mmm... ¿Puedo probar?
-Tú tienes el tuyo.
-¡Ah, vamos, no seas angurriento!
Con resignación, le dio a probar ese gusto y a la joven le encantó. Pensó entonces que debería dárselo todo, pero la misma decidió que compartieran, por lo que ambos comieron de dos sabores distintos; a Zero le gustaba también el dulce de leche.
Luego, mientras el helado aún duraba, la muchacha habló.
-Lo mejor de esta fiesta es que, como las chicas humanas quedaron tan cansadas, no saldrán esta noche. No tenemos trabajo de prefectos.
-Sí... Mejor así.
-Je... Oye..., ¿la pasaste bien hoy al final?
-Sí... Se podría decir.
-Me alegro. Para mí, fue el mejor baile de toda mi vida.
-¿No fue el único?
-Digamos que sí... ¡Pero de todas formas! ¡Cuenta como el mejor de todos!
Él rió en voz baja.
-Lo que me gustó fue que cantaste.
-Ah... –Se sonrojó. –Sigues con eso... No fue la gran cosa tampoco.
-Para mí cantaste muy bien.
-Gracias...
-¿Dónde aprendiste a cantar así?
-En ningún lado. Sólo... me sale.
-Ah. Es talento puro.
-Yo no lo llamaría "talento"... –se excusó ruborizada-. Lo llamaría más "facilidad".
-No te hagas la modesta conmigo. Si sabes que estuviste genial.
-Ah, basta... –insistió, más sonrojada, y mirando para un lado.
El cazador volvió a reír.
-Al final fuimos solos los dos –ella reconoció.
-No lo creo así... Si bailamos juntos, ¿no se supone que eso nos hizo pareja de baile?
-A-Ah... N-No lo sé...
La joven se ruborizó de nuevo. Prefería no verlo a los ojos, pues temía dejar salir sus emociones ingenuas, pero sí consideraba que lo que él decía era cierto.
-"Pareja"... –pensó.
Consumidos los helados, el caballero escoltó a la dama hasta su cuarto como a las cinco de la mañana. Todos dormían, y ellos daban vueltas entre la oscuridad como dos espíritus lozanos.
-Aún no sé definir si lo que estos pasillos de casa vieja transmiten es miedo o aflicción.
-Creo que cambia el hecho de con quién los camines.
-Sí, puede ser. Ahora que lo pienso, he tenido sueños con pasadizos así, sombríos, de paredes antiguas y alumbrados por lámparas de modelos viejos.
-Tú y tus sueños... A que eran malos.
-Oh, sí; no tenían nada de lindos. Creo que siempre había alguien siguiéndome o al final de las esquinas. E imagínate que en esos sueños yo no puedo dejar de caminar. ¡Es horrible!
-Je... Qué boba... ¿Para qué sueñas eso?
-Idiota, ¿acaso crees que yo lo planeo? ¡Es accidental! Por supuesto que yo quiero irme a dormir, cerrar los ojos y tener una vida en la que me case con un apuesto y encantador hombre dulce, y también en la que pueda manejar una motocicleta y ser una famosa cantante de pop y una exitosa mujer de negocios y quiero vivir en un mundo donde no haya sapos, pero mi torpe cabeza de globo no me da el gusto por lo general...
Zero río libremente ante la diversidad de alocadas ideas enunciadas por su compañera. Sin duda, lo que imperó en él fue la ternura de tener adelante una mujer pueril y aún lo suficiente madura como para sentirse orgullosa de ello y no avergonzarse.
Casi como si Kira lo oyera pensando eso, planteó una cándida pregunta:
-¿Piensas que soy infantil? Un tipo como, serio, de seguro-
-No, te equivocas. No creo que seas... esa clase de persona infantil.
-Entonces soy... ¿Cómo se dice...? ¿Chiquilina? ¿Babosa? Pero, ¡ey! ¡Cualquier calificativo que no me compare con el delegado de nuestro curso, por favor!
-No, Kira, para nada –respondió después de reírse-. El delegado es un tarado. Tú, en cambio, creo que eres dulce.
El rubor que le saltó a las mejillitas fue automático y casi delator. La joven no pudo retener sus labios de tratar de formar una sonrisa de ilusión. Quiso decir algo en el acto; algo como "gracias, pero aclaro que tu sonrisa es lo más dulce que he visto por aquí, así que me llevas ventaja" o "gracias, (atractivo) Zero, tú me endulzas todos los días" o inclusive "gracias, pero me falta más dulzor y quiero que tú me lo des", pero finalmente quedó anulada en un silencio incómodo que duró varios metros. Zero, por su parte, hizo igual, inseguro también de sus palabras y de las decisiones que iba tomando.
En la puerta de la alcoba, se detuvieron. Por alguna razón, Kira estaba vacilando para decirle adiós al hombre, mas fuera hasta unas muy pocas horas después; las clases ya iban a empezar de nuevo.
-Bueno, Zero, gracias por acompañarme.
-Está bien. De hecho, yo debo agradecerte.
-¿Por...?
-Porque hoy actuaste como mi compañera muy bien. Quizás me faltan pruebas, pero creo que ya puedo confiarte mis espaldas en nuestra labor de prefectos.
-No sé por qué lo dices. No hice tanto.
-Pero todo lo hiciste con responsabilidad... Notaste desde un principio que había algo raro con Alika y Kadashi y no dudaste en ir tras ellos. Estuviste a mi lado todo el tiempo y actuaste con prudencia, Kira.
-No lo sé...
-Yo sí. Corriste hacia tu propia enemiga para sostenerla cuando se estaba desangrando. Ahora sé que harás cualquier cosa para proteger a los alumnos... Y eso me hace sentir tranquilo, porque sé que puedo contar contigo.
Kira sonrió con las mejillas ataviadas en tímido colorete y se miró los pies, confesando luego:
-Pues sí, puedes contar conmigo, Zero... Siempre.
-Gracias... Entonces..., nos vemos en unas horas. Trata de dormir algo.
-Tú también. Hasta mañana.
Él asintió con la cabeza y se volteó para irse. La chica, empero, se quedó mirándolo antes de poner la mano en el picaporte de su recámara. Y dicho guardián también la miró una vez más, como si se hubiera olvidado de decirle algo, y se encontraron en una línea visual delicada en la cual, entre la sorpresa y el sonrojo, él se dirigió a ella:
-¿Usarás el cabello suelto mañana?
-Ah... Tú, ¿quieres?
-Te queda bien...
-Mmm... Bueno..., está bien.
Zero parpadeó lentamente y le sonrió. Se fue a buen ritmo hacia su cuarto, donde no pudo dormir ni cinco minutos. Kira se recostó en su lecho.
La última palabra que cruzó por su mente previo a dormirse fue...
Zero
