DÍA DEL MES DOS: "Sangre"

Empezó un nuevo mes. Tras unos cuantos tanteos, Kira se pasó toda la noche del martes y la madrugada del miércoles preparando comidas de lo más suculentas para Zero, quien por fin cumplía años en el despuntar de ese día pero se daba el lujo de dormir, él esperaba, hasta tarde, siendo receptor de una serie de sueños que surcaba su mente como un mensaje subliminal revelador. Cuando salió el sol de nuevo, el prefecto abrió los ojos ante la cara alegre de su amiga, quien lo acechaba a pocos centímetros de distancia.

-¡Buenos días! –ella exclamó con felicidad y una sonrisa que le iba de una punta a la otra del rostro.

-¿Q-Q-Qué... haces aquí...? –él preguntó pasmado, aún medio dormido.

-¡Estuve esperando que despertaras! ¿Cómo dormiste?

-¿E-Eh...? B-Bien...

Cuando se sentó, el muchacho tenía el torso descubierto, pero a ella no pareció importarle tanto, porque simplemente se hizo a un lado y ya.

-¿Tuviste algún sueño interesante?

-Egh... No... lo creo... ¿Qué hora es?

-¡Las siete!

-Y, ¿cómo tienes tanta energía a esta hora...?

-¡Hoy es un día muy especial!

-¿Qué tiene el día de hoy...?

-No empieces de nuevo, Zero... Vamos, ponte una camisa e incorpórate.

-Qué molesta eres... –gruñó con los ojos medio cerrados, pero obedeciendo. Se tapó el pecho con la camisa blanca de su uniforme y se puso de pie. En sus piernas tenía un pantalón blanco.

-¿Te puedo hacer una preguntita, Zero?

-¿Qué...?

-¿Te puedo dar un abrazo?

-Está bien...

-¡Feliz cumpleaños, Zero! –gritó entonces, luego dando un pequeño salto para prenderse de él, sujetándose por detrás de su nuca tibia. No obstante, hizo que el abrazo durara poco, y en seguida lo soltó para simplemente tomarlo de los hombros. -¡Ya tienes dieciocho años! ¡Felicidades!

-Agh..., Kira..., yo... ¿Por qué...?

-Vístete rápido, que está el desayuno preparado. Y si quieres darte una ducha, tienes agua caliente.

-Me bañé anoche.

-Bien. Entonces, ¡vístete y vamos a comer!

-Kira...

-¡Te esperaré aquí afuera!

Cerró la puerta detrás de ella y aguardó. Tenía que pelear contra su cuerpo por mantenerse despierta, pero de todas formas no dejó de sonreír en ningún momento. Estaba exultante.

-"Te dije... Te lo dije mil veces. ¿Por qué...? Tú..." –Zero caviló adolorido. Verla tan contenta por celebrarle la nefasta fecha que él siempre negaba lo obligaba, como bien le había dicho antes, a sentirse culpable. Y eso era lo último que necesitaba.

Como lo haría un autómata, se vistió con el uniforme y estuvo listo. Abrió la puerta al pasillo y vio a la prefecta frotándose los ojos.

-Kira, ¿estás bien?

-¡Sí! –contestó de inmediato, fingiendo fuerzas y que todo estaba perfecto-. ¿Estás listo? ¿Vamos al comedor?

-E-Está bien..., pero, Kira...

-¡Ya verás lo que preparé para ti! –siguió, tomándolo de la mano y guiándolo hasta la cocina-. ¡Me pasé toda la noche cocinando y hasta aprendí cosas nuevas!

-¿Experimentaste con comida...?

-Un poco; me guié mucho por el libro del Director. Pero confía en mí. ¡Me salió todo muy bien! ¡Creo que te encantará!

-Así que recuperaste el libro, maldita... ¿Cómo lo hiciste?

-Él me ayudó.

-¿Qué? ¿No estás bromeando?

-Pregúntale tú mismo si quieres. Lo movió una razón muy noble.

-¿Cuál?

-Ayudarme a hacerte feliz.

"Basta. Me hacen daño"

Sobre la mesada de la cocina se presentaban varios platos grandes cubiertos con manteles. La mujer se paró junto a ellos y le reveló al cumpleañero el espectáculo culinario, levantando cada paño a medida que nombraba lo que estaba debajo:

-Para desayunar, bombones caseros de chocolate, nuez, dulce de leche, coco y membrillo.

-¿Disculpa? ¿Cada bombón tiene todo eso...?

-¿Con quién crees que estás hablando? ¡Claro que no! ¡Puedes elegir!

-Ah...

-También, pastelitos de limón bañados con chocolate blanco. Podemos acompañarlos con té; tengo todo preparado para tenerlo en dos minutos.

-Kira.

-Luego, para el almuerzo tenemos filete de codorniz con salsa de tomate y perejil, aunque también preparé salsa de champiñones por si quieres cambiar. Como acompañamiento, puré de patatas y calabaza.

-Salsa de champiñones... So-Solía comer eso...

-¡Qué bueno! ¡Entonces la conoces!

-Sí, pero...

-Bueno, si no te gusta tanto, la comeré yo. La probé y ¡debo decir que me lucí! –confesó-. Bien, posteriormente tenemos, para la merienda, medialunas dulces rellenas de jamón y queso, mate cocido de jengibre y canapés de camarón.

Zero ya no supo cómo hacer para decirle que no.

-Y para la noche..., ¡lo mejor...! ¡Canelones de espinaca, jamón y queso, carne y pollo bañados en salsa de tomate y salsa blanca! Je, ¡con estos podremos comer por tres días! Y el pastel... es sorpresa.

Él guardó silencio.

-¿Y? ¿Qué te parece? ¿Quieres empezar con el desayuno? Porque, si no, podríamos cambiar la comida de la merienda con las cosas dulces y...

-Kira.

-¿Sí?

-Y-Yo... aprecio mucho todo esto. En serio..., es que...

-¿Qué? No, espera, no me digas que igual vas a resistirte a festejar tu cumpleaños... ¡Agh, como tú quieras, pero esto hay que comerlo de todos modos!

-Ah..., sí..., pero...

-Basta de peros. Vamos; ayúdame con estas bandejas. Enseguida prepararé té.

La mesa del comedor terminó colmada de bocadillos ricos en azúcar. El muchacho se sentía mal por tener que comerlos, pero ella simbolizaba el súmmum de la ternura en el mundo y, como tal, ineluctable.

-¡El Director dijo que vendría a la noche con un presente para ti! –le gritó desde la cocina, asiendo todos los utensilios necesarios para la preparación del té-. ¡Lamentó mucho no poder estar aquí a esta hora, pero te pide mil disculpas!

La mirada, sin embargo, del chico se mantuvo igual, gobernada por el dolor y una preocupación grave...: Hoy se veía más pálido de lo normal.

Vino Kira, con una bandeja de madera en las manos sosteniendo la tetera y dos tacitas de porcelana. La colocó sobre una mesita ratona al pie de la mesa principal del comedor y se sentó frente a Zero para volver a decir:

-Feliz cumpleaños.

-Te lo agradezco, Kira..., pero...

-¿Te sirvo té?

Él suspiró.

-O, ¿prefieres agua u otra cosa?

-Sólo permíteme servirme a mí mismo...

-Bien, de acuerdo...

Unos minutos de silencio y el caballero no miró a su compañera, quien regresó:

-¿Qué soñaste hoy?

-Nada... Nada importante.

Mentira. Con todo lo que había visto en su subconsciente, había despertado con una sed de sangre espectacular... Tenía que pelear para mantener esa bestia adentro...

-Qué pena. Yo soñé que podía volar.

-Mmm.

-Sí. Soñé que emigraba al sur con unas palomas plateadas que cantaban hermoso, y luego caía nieve, pero no me afectaba y podía seguir volando.

Él se mostró indiferente. La chica comenzó a sentirse intimidada.

-Zero.

Levantó la mirada hacia ella.

-Estás mal. Aún con todo lo que ha sucedido, te molesté con todo esto, ¿verdad?

-N-No... Esto no podría molestar a nadie... Es que... No quiero hablar de eso.

-Entiendo. Lo siento, Zero... Sólo quiero que tengas un buen día.

-No te esfuerces por mí. Te lo pedí. Te lo pedí en muchas ocasiones.

-¿Por qué no me esforzaría por ti? Eres mi mejor amigo... No voy a rendirme.

Él cerró los ojos y apartó la cara. Más de un pesar lo retorcieron bajo la piel, y todo ese amor no hacía más que acrecentar exponencialmente el desgarro.

"Alcohol en una herida"

Por respeto, ella calló y lo dejó comer en paz. Ciertamente esos sabores eran exquisitos, y Zero agradeció, pero aún el velo de su aflicción era más fuerte que cualquier palabra que quisiera emitir por sus labios descoloridos.

-"¿Por qué está tan triste en este día en particular?" –pensó Kira, mirándolo de reojo. Le daba tanta lástima, que moría por abrazarlo y darle consuelo-. Zero...

Él respondió sólo levantando la mirada hacia ella.

-S-Si... quieres algo... sólo dime, ¿sí?

Asintió ligeramente. El ardor crecía por su cuerpo con rapidez...

-Hoy no vamos a clases, ¿verdad?

-No –contestó tajante, aunque silencioso.

-Y, ¿qué te gustaría hacer? ¿Paseo con caballos? ¿La torre? ¿Tal vez una breve visita a la ciudad?

-No debes ir a la ciudad.

-¿Eh? –Ya su corazón tembló recordando lo que había hecho el último viernes...

-Sabes que la ciudad no es un lugar seguro, y los Nivel E de seguro te buscan cada vez que te huelen.

-No lo sé...

-De todas maneras, no quiero hacer nada eso. No por ahora... Quiero estar solo.

-¿Solo? Ah..., bueno...

-Disculpa mi humor, pero es lo que necesito por el momento.

-Claro. –Se levantó de su silla. –Perdona, Zero.

-Podemos aprovechar la comida después. Guárdala por mí, ¿quieres? –dijo levantándose también.

-Ah, sí... No hay problema...

El muchacho se fue. Airen se sintió desolada al sentir el rechazo pese a sus tozudos esfuerzos. A un ritmo que reflejaba su lástima, levantó los platillos de la mesa y los llevó de vuelta a la cocina. Luego no supo qué hacer... ¿A dónde debía ir? A clases, no. Con Zero, tampoco. El Director no estaba. Patrullar no tenía mucho sentido con todas las humanas en sus salones. Lo único que se le ocurrió fue la fuente de agua, donde se sentó a pensar en cómo ayudar al cumpleañero. El sol era tibio, ameno, inofensivo, y hacía resplandecer su lacio cabello negro suelto. Sus ojos marinos se volvían plateados con el toque de la luz exterior y sus mejillitas adquirían un bronceado liviano que le otorgaba un rubor dulce y delicado.

-Zero..., ¿qué puedo hacer por ti...? –se susurró-. ¿Cómo puedo hacerte sonreír? Tú me ayudaste tanto en mi cumpleaños... ¡Ah...! ¡Tal vez... si adelanto su regalo...! Sí... Quizás eso lo alegre... Sólo si le doy su regalo... Se lo doy y ya... Luego lo dejo solo. ¡Eso haré!

Con eso arribó a su conclusión y trotó hasta su cuarto, de donde sacó la cajita de regalo y sonrió imaginando la alegría que podría radicar en el corazón de Zero cuando se la mostrara. Entonces se puso a buscarlo. Fue a la torre más alta del edificio, aquella que habían visitado antes, pero no lo encontró ni siquiera en el recorrido. Luego fue al establo de caballos, y nada. Recorrió el dormitorio de varones y tampoco. Desde ya, en el ala privada del Director no estaba. Por la zona de los salones, igual. ¿Dónde podría estar...? Desde el patio interno miró hacia la cúpula que asimismo había visitado semanas antes gracias a él, aunque se veía claramente que nadie se hallaba ahí.

-Zero... ¿Podría haberse ido a la ciudad...?

No le quedó más salida que revisar toda la parte de bosque del terreno, revisando cada sombra proyectada por los árboles y los arbustos. De una punta a la otra de la Academia, caminó hasta casi agotarse y ya sin tantos ánimos, pero no se rindió. El reloj casi dio la hora del almuerzo. Kira suspiró extenuada y con desilusión, y ni siquiera podía esperar que él la encontrara, porque con el humor que tenía, de seguro estaría solo todo el día si de eso dependiese.

Realmente dolía que, a despecho de todo el esfuerzo puesto durante esa noche en que no había dormido nada, él actuara con tanta frialdad. Los ojitos se le cerraban solos y su piel había empalidecido, en puro contraste con sus ojeras oscuras. Pero su simpatía hacia él era tan honda, que seguiría adelante hasta ponerle una sonrisa en el rostro.

-Debo encontrarlo... Está por aquí... En algún lado...

Sus pies pesaban con tanta andanza de aquí para allá... Continuó, sin embargo, respirando con fuerza para no desfallecer.

Y entonces, cuando todos salían para almorzar, Kira tuvo la idea de revisar la parte trasera del ala privada de Kaien Cross. Era una de las caras del edificio que nunca se usaba para nada y que ni se hallaba expuesta. Vio ahí una figura muy quieta, cubierta por un karma triste. Aún oculta entre los árboles, observó con detenimiento y notó que el cabello de ese hombre era platinado. Zero estaba detenido frente a un mini santuario expuesto en el suelo a modo de lápida para la tumba de alguien. El corazón de la mujer se aceleró como nunca antes y entonces comprendió que el dolor de su amigo era a causa de que había perdido a alguien... ¿en su día de cumpleaños? Y, ¿por qué estaba enterrado en la Academia?

En una recamarita del pequeño santuario había una campanita dorada de forma esférica, y Zero la miraba con unos ojos tan tristes, que quien lo viera se pondría a llorar en el acto. Su revólver colgaba de su mano derecha; su izquierda descansaba en su bolsillo. Y a continuación dijo en un tono calmo, mas lo suficiente claro para que Kira lo entendiese:

-Hoy soñé contigo... Aún... me arrepiento de todo lo que hice... Yo... Supongo que no podré pasar este día sin pensar en ti. Ni ningún otro... Este día es para ti... Porque yo... –murmuró mientras comenzó a sollozar- no merezco haber nacido... Feliz-Feliz cumpleaños, Ichiru.

Ella abrió los ojos de par en par al comprender. ¡Ichiru, su hermano gemelo, estaba muerto y enterrado en la Academia Cross! Entonces, ¿no lo había asesinado la Pura Sangre Shizuka Hiou hacía cuatro años atrás, junto con sus padres? ¿Qué había sucedido con él entonces? Y por las palabras de Zero..., ¿habría sido él el responsable de su muerte? El espanto que atacó el alma desprevenida de la guardiana ejecutó un aspaviento a través de su garganta cuando contuvo un grito de terror. Y ese hilito de voz reprimida fue suficiente para que el muchacho se percatara de la presencia de alguien a sus espaldas. Con furia excesiva al creer que un intruso lo vigilaba en un momento tan íntimo como ése, en un sitio tan privado como tal, se volteó con su arma en mano y apuntó a los árboles que refugiaban a Kira, quien fue presa del miedo y sólo fue capaz de esconderse aún más. Con los ojos desbordando de odio y angustia, el hombre gritó:

-¡SAL DE AHÍ AHORA, MALDITO! ¡SÉ QUE ME ESTÁS MIRANDO!

Kira fue inmovilizada por la posibilidad de equivocarse. Ya de hecho había pecado al seguirlo hasta ahí, y ¡¿ahora, qué diablos debía hacer? Sólo se pegó al tronco del árbol que le dio amparo y se quedó quieta, pero la cólera de Kiryuu era potente y precisa, más fuerte que ese temor inocente, y de pronto se apareció junto a ella, con una violencia que casi derribó el árbol y que hizo resbalar el regalo de las manos de esa dama empalidecida. La cajita cayó al suelo y ella ni siquiera tuvo aliento para gritar, cuando él se sintió lleno de rabia y le gritó en la cara:

-¡¿TÚ? ¡¿KIRA? ¡¿QUÉ RAYOS HACES AQUÍ? ¡¿POR QUÉ ME SEGUISTE? ¡TE DIJE QUE ME DEJARAS SOLO!

-P-P-Pe-Pero- –quiso decir, aterrorizada.

El dolor de Zero se había extremado tanto, que se había deformado ya; se había tergiversado para ser un resentimiento extraño que le nublaba la vista y le hacía herir lo que más quería en el momento... Sus palabras se decían automáticamente, sus manos actuaban por su cuenta. Quizás sin pensarlo, sujetó a Kira por el cuello y la aprisionó contra el tronco, apretando con sus dedos a fin de demostrar su tirria. Ella comenzó a asfixiarse y trató de tocar el brazo de su amigo que se veía poseído por esos ojos rojos.

-¿Por qué... me seguiste? Ya... ¡DÉJAME EN PAZ! ¡TÚ NO PUEDES VENIR AQUÍ! ¡TÚ NO PUEDES VER ESTE LUGAR! ¡¿Por qué no me dejas solo de una vez...?

La mirada de Kira tembló antes de que una débil lágrima cayera por su mejilla hasta tocar la mano del varón alrededor de su garganta. Con dificultad ella masculló una súplica:

-Z-Z-Ze... ro... Yo... lo... sien... to... Yo... sólo ¡quería...! –intentó explicar, y en ese punto su voz se alzó cuando Kiryuu apretó con más fuerza-... querí... a... dar... te...

Al final de esa frase interrumpida, miró sus pies señalando la cajita de regalo. Al verla, Zero fue vencido por su propia crueldad. Entendió que las intenciones de Kira eran buenas como siempre, y su corazón se heló al descubrir que quien hacía daño y carecía de alma era él, en especial notando que ella no estaba haciendo nada para resistirse a la fuerza estranguladora de su mano derecha, mientras la zurda incluso le apuntaba de cerca. No podía creer que, nuevamente, estuviera lastimando con tanta gravedad lo que más deseaba y apreciaba... No merecía ser amado; no merecía que Kira se preocupara por él... Debía irse... Debía alejarse de la gente que, como ella, siempre le perdonaba la vida y soportaba su furia incontrolable. Sus dedos se aflojaron después de eso y él se tambaleó hacia atrás, alejándose, con lágrimas en los ojos, de la muchacha que, a partir de ese momento, lo miró literalmente con pánico. Se tomó la cara, cuyos ojos se volvieron lilas frente a la angustia, y gimoteó desesperado. De hecho, por un momento pensó que sus piernas se iban a quebrar, y se sujetó de otro árbol, pero sólo para darse sostén e irse de escena lo más velozmente que pudo. Llorando entretanto el dinamismo de su huida le corría las lágrimas y las hacía volar, buscó el baño privado de Cross y se encerró a derramar su pena, lanzando golpes a la pared y gritando su desolación. La mezcolanza de aflicción y rencor por sí mismo y por la vida le arañó el espíritu hasta hacerlo desangrarse... y su hambre de vampiro sólo empeoró las cosas..., seduciéndolo con la idea de usar su revólver y acabar con su sufrimiento de una vez por todas.

Pero Kira lo perdonaría siempre. Le tomó unos cinco minutos recobrar la conciencia y reconocer lo que había sucedido en unos instantes que la habían superado por completo... Entonces miró el regalo junto a ella, en la tierra, y supo que tenía que ser más fuerte que él; tenía que aunar valor dentro de sí para llevarle paz, porque así creía también que si podía remediar el dolor recóndito de Zero, su vida podría por ende tener otro cauce y final. Se tragó el mal sabor y tomó la cajita entre sus manos timoratas. Corrió siguiendo el camino de su compañero. Buscando el rastro de tormento que había dejado en su fuga, entró en el edificio principal y revisó la cocina, luego el comedor y la sala de estar, y estuvo a punto de ir a su cuarto en el dormitorio de varones, si no hubiera sido porque había oído los llantos provenientes del baño. Se acercó con cuidado hasta la puerta y colocó una mano en ella, sintiendo las vibraciones causadas por los golpes ejecutados por la furia del hombre. A la sazón, tragó saliva y, cerrando los ojos, habló.

-Zero... –El escándalo se detuvo. –Soy yo, Zero... Soy yo. Por favor..., déjame entrar.

Mas no hubo respuesta. Esperó y regresó luego, en un tono comprensivo que buscó avivar el lado tierno y necesitado del joven:

-No estoy enfadada contigo. Sólo quiero hablarte... Por favor, abre la puerta... o al menos déjame una rendija... Por favor.

En efecto, él se sentó detrás de la puerta y la abrió sólo unos cinco centímetros. Kira asomó su mano hacia el interior del baño y se agarró al bordecito de la puerta con cuatro dedos.

-Lamento haberte sorprendido así... Lo último que quería hacer era molestarte o causarte dolor... Yo... creí que sólo te habías ido para pensar... Iba a ser sólo un momento, pero nunca imaginé que estarías... ¡Lo siento...! Lo siento, Zero, lo siento. Eres muy importante para mí; sólo quería que fueras feliz. Si hubiera sabido que... No te habría insistido con todo esto. Por favor, perdóname.

Un silencio quebrantador replicó únicamente. Ella decidió ejecutar una nueva movida, desenvolviendo la cajita del regalo. Tomó la bola de nieve y la hizo pasar por la rendija, forzando al muchacho a que dejara más espacio. Humilde, le siguió hablando:

-Esto... lo compré para ti. Es tu regalo de cumpleaños. La elegí... porque el hombre de plata que está ahí dentro es como tú. Yo... Ojalá que te guste. Busqué entre muchas otras cosas, pero no sabía-

La interrumpieron sollozos repentinos. Evidentemente, contemplar semejante muestra de cariño había atravesado su corazón ajado con una dosis de amargura que lo hacía pedazos. Kira pudo ver de refilón que se había arrastrado hasta la parte más lejana y profunda de la habitación, en la ducha. Se ocultó en la gélida oscuridad de ese rincón y se hizo un ovillo tratando de guarecerse de su propio dolor. Lloró con mayor libertad allí, sudando enfermo y sólo abrigando su pecho con su camisa blanca desabotonada, pues sus instintos de vampiro pujaban por obtener sangre en ese día tan castigado por emociones crudas. Cerró los ojos con fuerza y quiso desaparecer... No merecía ser amado, no merecía el cariño que Kira le brindaba simplemente porque era un ángel...

Pero ella entró sin dudar. Cerró la puerta lentamente y tomó la bola de cristal con cuidado. Las luces estaban apagadas, así que ese cuarto parecía ser un punto aislado del mundo. Caminó con mucha cautela hacia él y arrimó también la puerta de la ducha para darle una sensación de mayor seguridad. Se arrodilló y arrastró el obsequio por el piso hasta acercárselo a los pies. Zero la miró y lloró más.

-¿Por qué lloras tanto? ¿No te gusta...? –ella susurró-. No tienes por qué llorar... Hoy es tu día... Tú... no debes llorar...

Con los ojos cerrados, Zero tomó la bola de nieve y la miró de cerca de nuevo. La colocó contra su pecho y gimoteó como un niño.

-Gracias... –dijo con mucha dificultad.

-Ah... No hay de qué...

-Gracias... ¡Gracias!

Era la imagen de la inocencia más dañada. Parecía ser un cazador tan imponente, y de pronto débil y quebradizo. Kira podía matarlo si quería. No pudo más, y comenzó a llorar en silencio también. Se arrastró de rodillas hasta él y le sacó el obsequio de las manos; lo colocó en un costado y le sujetó la cara humedecida, haciendo contacto con su cuello tatuado y el principio de su mejilla. Con una sonrisa amigable, Kira siguió llorando, pero habló en un tono dulce que peleó por consolarlos a ambos.

-No quiero verte triste, Zero... Me importas mucho...

-K-Ki... ra...

-Está bien. Nadie puede verte ahora. Aquí estás a salvo... y yo siempre te protegeré... Puedes decirme lo que sea... y yo te entenderé.

Esas santas palabras lo hicieron llegar al límite. Su cara pálida expuso la aspereza del llanto desesperado que intentaba conquistar, y quiso dejar todo atrás para dejarse llevar por sus emociones, tomándola violentamente de los hombros y llevándola hasta su pecho, donde la retuvo con todas sus fuerzas. Casi mejilla con mejilla, Zero derramó lágrimas sobre el hombro de su mejor amiga y se aferró a su cuerpo delgado, mas creyendo que si seguía así, eventualmente le quebraría los huesos.

-... así... Está bien... Respira. Yo estoy contigo, Zero.

-Kira, y-yo... ¡Yo... le robé la vida que era suya...! ¡Por mi culpa..., él..., él siempre-!

Le costaba mucho completar una oración.

-¿I-Ichi... ru...? –ella preguntó, pegada a él.

-Le... robé... todo el amor que era para él... YO... ¡NO MEREZCO VIVIR...!

Silencio de pronto. Lágrimas en cuatro mejillas corrían constantemente.

-¿Tú...?

-Yo lo hice... Es mi culpa... Él debió nacer... Yo debo estar muerto... Yo no merezco-

-Por favor, no digas eso... ¡No digas eso nunca más!

-Ésta no es mi vida... Soy un intruso... Nunca debí nacer... Quisiera poder... poder... tan sólo... Pero... ¡no puedo halar del gatillo! ¡Kira, no puedo hacerlo! No puedo hacerlo, no puedo... Aunque quiero, ¡no puedo...!

-¿I-In-Intentaste suicidarte...?

Más que antes lloró en ese momento. Él estaba atravesando un dolor mucho más grande que ella.

-Por favor, dime que no es cierto... –suplicó.

-Ayúdame... Ayúdame... Ayúdame, Kira, ayúdame... Ayúdame, por favor... ¡Sálvame! –gritó en dirección al cielo.

La cercanía con el cuello de esa mujer avivaba en acrecencia el deseo de sangre... Los colmillos de Kiryuu ya se habían desinhibido. Sólo faltaba un poco de debilidad para emplearlos y mandar todo al infierno.

-Zero..., yo te salvaré.

Ojos rojizos expusieron sorpresa y agotamiento.

-Tú me dijiste que podía contar contigo para decirte lo que siento. Bien, por eso..., te prometo, Zero, que si tú confías en mí..., yo te ayudaré en cualquier cosa... y siempre te creeré... Eres mi mejor amigo... Yo quiero protegerte.

El chico gimoteó al dar sus últimos esfuerzos por vencer al animal dentro de él... Temblando y al borde de la perdición, sintió que ya no podía aguantarlo más y le susurró al oído, entre hipidos:

-¿M-Me... perdonarás... sin importar lo que pase...? Sin importar nada..., ¿aún seré... tu amigo...?

-Siempre.

Al oír esa respuesta, ya no pudo continuar. Su resistencia había alcanzado toda posible frontera y ya no podía seguir ignorando los gritos de su salvaje espíritu. Su mirada roja desprendió unas lágrimas finales y su boca se acercó al cuello tibio de la doncella que, sin entender nada, no se resistió ni tampoco comprendió qué pasaba sino hasta después de que así ocurrió...: apenas un poco él corrió el borde del saco negro para hacerse espacio y acercar sus colmillos antes de, finalmente, enterrarlos en la piel de Kira... Sin ella poder creerlo, mil cosas estallaron en su cabeza mientras experimentó el dolor físico más agudo de su vida... Su esencia escapaba por dos agujeros y los labios de Zero, posados en su garganta, la hicieron víctima de severos escalofríos. Su leal compañero... era una criatura como aquellas que habían dado fin a la vida de sus familiares... y todo este tiempo lo había ocultado. El desgarro de su cuello no parecía tan terrible comparado con lo espeluznante que resultaba chocar con esa realidad. Zero respiró agitado mientras bebió aceleradamente la sangre de la jovencita y no la dejó ir, porque la mantuvo aprisionada contra su pecho de gladiador y la encerró con sus piernas. El sonido gutural que interpretó al tragar la sangre era demoledor y pavoroso, y se fijó en los oídos de Kira, quien le sujetó los brazos y gimió agobiada.

-Ze... ro... Tú...

Parecía nunca acabar. Estaba tan hambriento, tan desesperado, desde el día en que Zashi la había herido. Desde entonces, siempre había deseado su sangre y recién ahora hallaba consuelo para su cuerpo. No quería soltarla... En ese cuello estaba la paz para él y recobraba la energía que perdía todos los días que se privaba de ese sabor. Era tan tortuoso, tan corrosivo... Impulsado por una pasión que rayaba la gula y el erotismo, el vampiro de cabello platinado enterró sus dientes con aún más fuerza y la chica quiso gritar, pese a que él le tapó la boca y le robó sus últimas gotas de sangre.

-"Por favor... –pensó ella-, no me hagas daño... No me mates... Tengo... tanto miedo..., pero..., Zero..."

Los labios del joven se separaron una pizca y más sangre chorreó de la herida. La lamió en un gesto de seducción en potencia y luego volvió a succionar más, pero principalmente con la presión de su boca y no tanto con sus colmillos que dañaban con filosa precisión. Encima de la lesión abierta, un hematoma quedó como cicatriz en el cuello y ninguno de los vampiros afuera se percató de ese acto de osadía. Las paredes frías del baño guardaron el secreto.

Se separó...

Terminó.

El borde de la camisa de Kira lucía rojo, pero ya no los ojos de él. Respiró jadeante, como después de un episodio sexual desenfrenado, y apoyó su frente en el hombro de ella, quien no tardó demasiado en desvanecerse y casi caer de espaldas. Él la retuvo y le habló para mantenerla despierta, temiendo lo peor y que la hubiera lastimado de manera irreversible.

-¡Kira, Kira! ¡Kira, no te desmayes! ¡Kira! ¡Kira, quédate conmigo! Yo... ¡lo siento tanto...! ¡Lo lamento, perdóname, lo siento, Kira...! –rogó, abrazándola nuevamente contra su pecho y sosteniendo su cabecita con una mano.

-Z-Z-Ze...

-Perdóname... Soy una bestia... Nunca debí haberte conocido... Tú no... Perdóname...

-Zero... –habló con los ojos cerrados y una tentativa de sonrisa-, yo...

-Lo siento... Hice todo lo que pude... No podía...

-Lo sé... Está... bien...

No lo podía creer. Dios era demasiado caritativo.

-Te dije que... siempre estaría de tu lado... Tú...

-¿Qué?

-El asesino... de Rido Kuran... me mordió... Me siento... tan honrada... Nunca pensé... que esto podría pasar... –Sonrió.

-Nunca me perdonaré por esto...

-Shh... –Sus manos hallaron apoyo en el pecho del caballero.

-No merezco estar contigo...

-Zero... No te castigues más...

-Pero...

-Shizuka Hiou... Ella... ¿No...?

-S-Sí...

-Tu familia...

-Sí...

-Y a ti...

-Sí, Kira...

-Pero... Ichiru...

-Kira... –murmuró, con el corazón abierto-, necesito decirte...

-Cuéntame... Te escucharé.

Unidos en un abrazo empapado de pasión lacrimosa, el varón confesó a la mujer la verdad acerca de su hermano gemelo. La verdad... sobre que siempre había odiado a Zero por ser más fuerte que él y candidato a ser cazador mientras que él era un hijo disfuncional. Le contó... que Shizuka, quien había perdido al amor de su vida a manos de los padres de él, había cobrado venganza y recibido el aval y la admiración de Ichiru. Kira escuchó cómo esas dos personas se habían hecho amigas por compartir una vida triste, y cómo luego de cuatro años ambos habían vuelto para terminar lo que habían empezado. Le dijo que Ichiru se había infiltrado en la Academia haciéndose pasar por estudiante junto con Shizuka, camuflada en el cuerpo de una jovencita ingenua, hasta que todo se había desenvuelto en un drama de enfrentamientos. Zero había llegado hasta el final de su resistencia y estaba cayendo en el Nivel E..., entretanto Kaname Kuran había asesinado a la Pura Sangre... Explicó... que Ichiru había tenido por supuesto a su hermano como responsable de esa muerte y que a partir de allí había guardado un terrible rencor que alimentó hasta su propio fallecimiento.

-¿C-Cómo... murió...? –la chica inquirió con pocos bríos.

-Rido Kuran. Ichiru... quiso vengarse de que Rido había ordenado el asesinato del pretendiente de Shizuka, pero era demasiado débil... ¡NO PUDO HACER NADA! ¡Mi hermano...!

-Dios...

-Murió... en mis brazos... cuando su herida se llevó sus últimas fuerzas. Pero... ¡Pero...!

-¿Qué pasó...?

-¡Él se sintió en paz cuando cayó en mis brazos...! ¡Dijo que después de todo, yo lo tenía en mi corazón...! ¡Y era así!

La mujer suspiró acongojada.

-Jamás me perdonaré... Jamás me perdonaré haber bebido de su sangre...

-¿Bebiste...?

-¡Dijo que si quería lograr mi objetivo, debía tomar su sangre y dominar mi poder...! ¡Yo no quería, pero...! ¡PERO...!

-¿Tu objetivo... era más importante...?

La estrujó en un abrazo más necesitado. Gimoteó mientras quiso ocultar la respuesta de esa interrogante.

-Zero..., ¿cuál era tu objetivo? –siguió. Su cuerpo se mantuvo en una postura de sumisión; ni siquiera podía contestarle el abrazo. Estaba abatida. Ya no haber dormido la había afectado antes de todo esto.

-¡La odio...!

-¿"La... odias"? ¿A quién...? –Entonces comprendió. Suspiró con tristeza al ver todo de antemano. –Yuuki...

La angustia no se rindió, y continuó martirizándolo.

-Tu objetivo era Yuuki..., ¿verdad?... Ya veo... Zero..., no pudiste cumplir con tus deseos... Ella... te rompió el corazón aunque sufriste para que fuera tuya... Incluso con todo lo que sacrificaste..., todo lo que soportaste..., solo, adolorido, ella no te amó... y, en cambio, ¿amó al vampiro que tú tanto odiabas...? Oh, Zero... Creo que entiendo el dolor que sientes... Lo lamento tanto...

Sollozando con agonía, el muchacho se puso frente a frente con la prefecta y le habló con la cabeza gacha, sin mirarla, pero sosteniéndola de los hombros:

-No quiero volver a pensar en Yuuki... No quiero recordar el daño que me hizo... Yo la odio... Así puedo sobrevivir...

-¿A esto llamas "sobrevivir"? Zero..., ¿estás seguro de que no la amas todavía?

Súbitamente la miró con un enfado que en realidad era seriedad incrementado por el rigor. La tomó de las mejillas. De inmediato y con aspereza, hizo una declaración, aún con lágrimas en sus ojos, que recorrían un caminito de tortura desde sus pestañas humedecidas hasta sus labios y el principio de su cuello:

-No la amo, Kira. La odio con todo mi corazón, porque fue capaz de herirme reiteradamente incluso cuando se suponía que éramos amigos. Fue... ¡tan egoísta! ¡La odio, la odio...! ¡Entiéndelo, Kira, por favor! Sólo deseo que se aleje lo más posible de donde esté yo. Jamás querré su bienestar de nuevo. Ella jugó con mi corazón.

-Pero..., si puedes tenerla tan presente..., debe ser porque aún piensas en ella... Además...

-¡No!

-No puedes odiar a alguien que no puedes amar... Así que la odias porque aún la amas y aún desearías que volviese contigo...

-¡Cierra la boca! –le gritó a pocos centímetros de su cara, reafirmando los dedos en sus mejillas, donde un tierno rubor fue invocado-. Créeme. Te juro por Dios, Kira, que dejé de amarla desde el momento en que entendí que prefería estar con Kuran. Me rendí ese día..., hace cuatro meses... Ya no lo soporté más... La detesto... porque me hizo daño..., así como tú odiarías a quien hiriese a tu familia...

-¿Mi... familia?

-Sí...

-Zero... Tú te abriste a mí y me dijiste todo...

-Es que... quiero contarte esas cosas... Quiero que lo sepas... Para que al menos tú entiendas... que me cuesta mucho despertar cada día... sin pensar en dejar la vida...

-No lo hagas... Por favor... –suplicó aferrando los dedos en los hombros de él-, no lo hagas... ¡Zero..., no tienes idea de cuánto sufriría yo si tú...!

-No quiero que sufras, y mucho menos quiero ser yo quien te traiga todo este dolor... Has hecho tanto por mí... y hoy... cuando desperté... me sentí tan...

-Sólo quería tu felicidad.

-Sólo por hoy, Kira, te juro que no sentí deseos de suicidarme cuando abrí los ojos... Fue... como...

-No quiero que te hagas daño...

Él suspiró, exhalando una enfermedad emocional.

-Por favor..., ¡no quiero perder a nadie más! –ella exclamó, bajando la cabeza y apoyándose contra su pecho, donde él le dio amparo y la abrazó cuidadosamente. En paralelo, Zero recordó que había dicho lo mismo minutos antes de que su hermano gemelo Ichiru muriera...

-Kira...

-¡Ya los perdí a todos! ¡Si tú mueres también...!

-Kira..., tu familia... ¿Fallecieron, cierto?

Ella asintió, hipando con angustia y finalmente exponiendo la verdad.

-¿Por qué esperaste tanto para decírmelo, tonta...?

Entre asfixias, explicó. La camisa del hombre estaba mojada con lágrimas.

-¡Sólo quiero olvidar...! ¡Quiero olvidar, Zero!

-No llores...

-¡Diablos, yo nunca quise ser cazadora! Y por eso... ¡perdí a mi mejor amigo y a todas las personas que se preocupaban por mí! Chigima... Sólo él... Sólo él me cuida ahora... Lo perdí todo...

-Te equivocas.

-¿Eh...?

-Yo te protegeré.

No supo qué demonios contestar. Debía ser un sueño. Él reflejaba un milagro en vida, una deidad que bajaba del cielo sólo para ella. Lo abrazó entonces, enlazando sus bracitos en su cintura delgada y luego estremeciéndose de emoción.

-No llores... Yo estaré contigo...

Ella peleó por vencer el nudo de su garganta, mas resultaba inútil.

-Yo sé lo que te pasó... Kira, yo sé cuánto sufriste.

-¿S-Sí...?

-Sí. Lo sé. Lo sé todo.

-¿C-Cómo...?

-Perdóname. Fue un accidente...

-Es que...

-Sólo lo sé. Lo siento.

-Nunca... Nunca quise... que eso sucediera... Desde un principio... Cuando mis padres mataron a esa vampiresa... que Seta Houki amaba tanto... Yo no quiero que los otros sufran por perder a quienes aman..., aunque sean vampiros.

-Eres distinta...

-Yo sólo quería una vida normal. Y en una noche..., todo se destruyó... Mis padres... yo lo vi... –Lloró con un desconsuelo mayor. -Mi hermano quiso que escapáramos, pero mientras lo hacíamos, ¡los Nivel E...!

-Tranquila. Por favor, no llores más.

-¡Él se sacrificó por mí! Él se quedó peleando... ¡y yo huí!

Era eso lo que su corazón necesitaba libertar. Pasaron como diez minutos y ella aún permaneció abrazada a Zero, quien le sostuvo la cabeza y le acarició el cabello. Paulatinamente, sus sollozos menguaron hasta desaparecer en un silencio cruel y lastimoso que los unió en un mismo sufrido éter. Ambos fatigados luego de tanto llorar, ya ni les restaban fuerzas para parpadear. No querían moverse. El tiempo ya no les importaba ni tampoco las consecuencias. Era todo; a partir de ese momento crucial habían dejado de ser amigos prefectos para convertirse en un dúo que podía encarar los peores tormentos y soportar pena tras pena, sabiendo que estaban juntos en eso, protegiéndose mutuamente y entendiendo el porqué de cada una de sus palabras. La ruina de uno era la ruina del otro, y así por fin se convencieron de que la paz era posible aún después de tanto padecer las desgracias de la vida.

A la sazón, pues, la chica soltó un gemidito corto y se separó del pecho del chico. Lo miró a los ojos.

-Zero... –susurró-. Yo... he tomado una decisión.

-¿Sí?

-Sí. He decidido... que sin importar lo que pase..., te cuidaré... y guardaré cada uno de tus secretos..., así que... cuando tengas sed... y sientas que como vampiro debes responder a tus propios deseos, te daré mi sangre... para que puedas vivir sin ser pálido todo el tiempo... Para que seas fuerte.

Kiryuu recordó automáticamente que Yuuki había hecho la misma movida al descubrir su identidad como vampiro. Se negó.

-No... Por favor, Kira, no...

-Sabes que no puedes negarte... En algún momento tendrás que beber sangre.

-¡No soy un maldito Nivel E para estar haciendo eso!

-Entonces, ¿qué eres?

-Soy... una basura... Un Nivel E que fue salvado a último momento...

-¿Qué?

-Bebí la sangre de Kuran y contuve el proceso para no caer en el Nivel E... –La vergüenza se apropió de él cuando dijo eso. No pudo mirarla la a los ojos de tanto asco que le daba la idea.

-¿Tú...?

-Kuran creyó que si yo moría como Nivel E Yuuki quedaría desolada... Sólo por eso me salvó... Él había bebido la sangre de Shizuka... y cuando yo tomé de la suya..., incorporé la esencia que necesitaba...

-La sangre de tu ama...

-No lo digas... Si hay alguien que no debe pronunciar esas cosas eres tú...

-Ya comprendo... Entonces, el tatuaje en tu cuello...

-Sí... Es el estigma que ella me dejó...

-Zero..., ya no tienes que sufrir... Te entrego mi sangre para que estés bien...

-No digas eso... Por favor, no quiero hacerte daño...

-No me haces daño... Yo quiero hacer esto por ti.

-Pero nunca me perdonaría si...

-No hace falta que me quites cada gota de mi cuerpo. Te daré lo que necesites para vivir bien. Eso es todo... Sólo quiero que vivas con una sonrisa en tu cara, y si esto te ayudará, pues adelante...

-Kira...

-Estoy bien... –aseveró con una sonrisa débil. Evidentemente, con perder tanta sangre de repente tras no haber dormido nada y sufrir un impacto como ése, su energía estaba desvanecida. Su rostro lucía pálido y sus ojos, sombríos y enfermizos.

-¿Estás segura...? No quiero que te veas afectada de ninguna forma...

-Estoy bien...

Se mantuvieron en silencio por unos instantes. Para él era más que imposible de creer que esa chica, que había parecido tan tonta cuando recién se habían conocido, resultara ser la persona que más deseó tener cerca; resultó ser alguien en quien podía confiar ciegamente, sin importar las circunstancias... Ella entonces, con los pulgares, secó las lágrimas de la cara de su colega y le sonrió, dulce y susurrando:

-Vamos, sonríeme. Es tu cumpleaños después de todo, ¿no?

Casi se emocionó de nuevo, pero trató de ser fuerte. Cerró los ojos unos momentos y recabó vigor para mostrarle una sonrisita triste pero genuina.

-¡Así me gusta!

Ella se secó la cara también, pero con un gesto de contento que exhibía cuánto quiso vencer al dolor. Se puso de pie y se acomodó la ropa antes de volver la vista a su compañero en el piso y extenderle la mano para ayudarlo a incorporarse. Él la tomó y se levantó, suspirando ante la repentina presión del aire sobre su cabeza.

-Vaya, estás algo desarreglado... –dijo, abotonando la camisa húmeda del hombre que se dejó manejar por ella, sonriendo. Luego recogió el chaleco y el saco y se los colocó ambos sobre el cuerpo, terminando de vestirlo como antes. –Ahí está... ¡Ah, la corbata! ¿Dónde está, dónde está...? –La buscó mirando el suelo hasta hallarla junto con la hebilla plateada con la insignia Cross. Zero, mientras tanto, la observó con un par de ojos nuevos que admiraban en ella esa facilidad para ser sana y angelical... Asimilando el hecho de que siempre había querido una compañera así, se puso serio y se habló a sí mismo, en el anonimato de su mente.

-"Kira..., nunca te dejaré ir..."

-A ver... –decía ella, enlazando la corbata roja en su cuello, después añadiendo la hebilla-. Listo. ¡Como antes!

-Gracias...

Mirando por encima de su hombro vio la bola de nieve otra vez y se puso en cuclillas para agarrarla. Depositó su vista en Kira y volvió a decirle:

-Muchas gracias por esto... Es el mejor regalo que me han dado en toda mi vida.

-¿E-En serio?

-Sí..., en serio.

Llena de júbilo, quiso abrazarlo, pero se contuvo y respiró profundamente. Lo tomó de la mano y lo invitó a salir del baño, pero no sin que él antes la detuviera para notar que su cuello echaba sangre.

-¿Qué haremos con esto...? –ella se preguntó, palpándose el cuello.

Zero pensó unos segundos y se le ocurrió algo. Le habló y se fue:

-Quédate aquí. Ya vengo.

Una vez que estuvo sola, la chica se tomó la cabeza padeciendo un vértigo espantoso. En la ocasión notó su camisa sucia. Con la misma puesta, le lavó la parte del escote y removió el rastro de sangre. Luego apoyó las manos en el lavatorio y suspiró extenuada. Murmuró el nombre de Zero varias veces.

Él regresó con un parchecito de primeros auxilios y una gargantilla negra. Cerró la puerta y procedió a arreglar el problema.

-Ven.

Rendida ante las maniobras del chico, ella se quedó quieta. Notó, no obstante, un sutil tono escarlata en la mirada de Kiryuu y lo interrogó entretanto su garganta fue cubierta primero con esa gasita y luego con la gargantilla negra que la tapó bien:

-¿Qué te pasa? ¿Estar en contacto con mis heridas te da hambre?

-No seas cruel conmigo...

-No, en serio. ¿Es así?

-Sí...

Sorpresa. La prefecta entendió algo.

-Entonces... cada vez que tenías que cambiar el vendaje de mi cuello antes, cuando Zashi... ¡Ay, no, Zero!

-No te preocupes... Ya pasó...

-¡Pero debiste haber sufrido tanto...! ¡Por eso estabas tan pálido y desganado! ¡Lo lamento mucho!

-No te disculpes; tú no hiciste nada malo en ningún momento.

-Pero...

-Olvídalo... Bueno, ¿qué te parece ahí? –dijo, librándola a que se viera en el espejo con su nuevo remiendo.

-Ah... Queda muy bien... Esta gargantilla es hermosa. ¿De dónde la sacaste?

-El Director la tenía guardada para dártela después. Me la mostró hace dos días.

-Oh, es tan dulce... Me encanta...

-Entonces, ¿estás bien?

-¡Claro! Me siento muy bien. ¿Tú?

-En realidad es difícil de decir, pero lo que sin duda siento es que puedo avanzar. Contigo, puedo hacerlo.

Absolutamente todas las escenas de amor que una chica como Kira Airen podía venir imaginando de pequeña las estaba viviendo con Zero Kiryuu. No le daba tiempo a procesarlo y menos a elaborar una respuesta adecuada a esa caballerosidad. Acorralada, se sonrojó.

-No te sonrojes –dijo no obstante, y pujando contra la enclenque resistencia de ella. Ladeó la cabeza y esbozó una sutil sonrisa que acompañó ojos levemente entornados. –Deberías sentirte relajada conmigo.

-Ah, sí, sí... "¡Si con alguien no me siento tranquila, es contigo!"

Escapando, lo tomó de la mano de nuevo y salieron del baño hacia la cocina. Antes recogieron los restos del envoltorio de la bola de nieve, la cual Zero ya había depositado en su alcoba. Almorzaron el filete de codorniz, intercambiando salsa de tomate con perejil y de champiñones. En esa ocasión Kiryuu confesó que quien preparaba la salsa de champiñones que él conocía era su padre, y, paulatinamente, durante la comida, se fueron contando detalles íntimos acerca de cómo vivían antes. Lo de la sopa de verduras de él y el caldo de carne con arvejas y patatas de ella, platillos que compartían con su hermano y su madre respectivamente. Claro que no se apresuraron en decirlo todo, porque aún las heridas de la apertura preliminar eran frescas, pero latía una cierta sensación de libertad en el aire que los impulsaba a decir todo lo que siempre se habían guardado en lo más recóndito de sus corazones, y era maravilloso... Pese a que sus palabras expusieron una arista de aflicción por momentos, uno se apoyó en el otro y descansaron tras tantas tribulaciones.

Al final se hicieron como las tres de la tarde y ellos seguían ahí, conversando cercanamente y con respeto mutuo. Habían hablado acerca de por qué entonces cada uno odiaba a los vampiros, y consecuentemente, Kira también explicó el resquemor que sentía cada vez que veía a Shikara Haze, la presidenta del Dormitorio de la Luna. A modo de consuelo, Zero le garantizó que siempre la defendería de esa ella y que ninguno de la Clase Nocturna la molestaría. Se transformaron, en cuestión de pocas horas, en un equipo que se guardaba tanta confianza como los hermanos lo hacen. Y consecuentemente, la chica entendió las furias del varón y las adoptó como propias, a la par de que éste hizo lo mismo en su caso.

Lo que él, empero, no confesó todavía fue que Yuuki Kuran había una vez, siendo "hija" de Kaien Cross, jurado que también le daría sangre para calmar sus instintos de vampiro. Quizás porque temía que con Kira las cosas terminaran iguales..., mas su silencio fue real.

-¡Pronto llegará la hora de la merienda! –exclamó luego la prefecta con una sonrisa pícara.

-No entiendo –dijo el caballero vampiro- cómo no eres una pelota. Deja de ser tan obsesiva con la comida, por favor.

-¿Te molesta?

-A mí no, pero terminarás engordando.

-Reitero mi pregunta. Eso, ¿te molesta?

-Bah... Nada... Pretende que no dije nada.

-Para eso, mejor no digas nada. ¿Vamos afuera?

-¿Qué quieres hacer?

-Eso te corresponde a ti decidirlo –tomándolo de la mano e instándolo a levantarse, aseveró.

-Agh... Pronto tendremos que vigilar a las chicas del turno día; los de la Clase Nocturna saldrán en poco tiempo.

-Ah... Sobre eso... –recordó, deteniendo sus pies mientras estaban empezando a irse-, quería hacerte una pregunta.

-¿Qué cosa?

-Cada vez que te topas con uno de ellos..., los estudiantes vampiros..., ¿qué es lo que sientes?

-¿Qué siento...? Es... complicado... Creo... que me siento como alguien de poca clase; un vagabundo o alguien de baja sociedad contrastado con otros de familias elegantes... Sí..., creo que eso es.

-¿En serio?

-Sí... Siempre los vi como animales de otra especie, pero la verdad es que yo pertenezco a esa raza... pero como alguien sucio.

-¡Eso es duro contigo!

-No lo puedo evitar.

Algo estrujada por un sentimiento de lástima, la joven lo miró y le apretó la mano.

-No eres alguien sucio, Zero. Tú eres humano. Un humano especial, pero no eres como ellos. Te resistes a ser como ellos. Y sabes..., lo que te hace vampiro no es el deseo de sangre..., sino la forma en que lo encaras para decirte a ti mismo si quieres hacerlo o no.

-¿Dices...?

-Me refiero a que... tu cuerpo puede desearlo automáticamente, pero tu voluntad es lo que cuenta; lo que dice tu corazón y tu cabeza. Y tú dices que no quieres. Eso te hace... esclavo de un deseo, sí, pero... no te hace vampiro.

La verdad era que nunca ese muchacho había pensado las cosas de esa manera. Sin embargo, sonaba tan tranquilizador... Era como un consuelo, porque siempre se había convencido a sí mismo de que era un sanguinario sin poder hallar otra excusa, mas Kira le llevaba a las manos una salida a su auto-castigo. Profundamente agradecido, por impulso abrazó a su amiga intensamente y anheló permanecer en esa posición para el resto del día. Ella, estupefacta, respondió unos instantes después, acariciándole la espalda y susurrando con una risita:

-No hay de qué...

Zero volvió a mirarla. Sus ojos claros arrojaron un sentir de devoción que Kira entendió aunque sin continuar una conversación emotiva. Le dio una leve caricia en la mejilla y le sonrió ruborizada.

-¿Quieres que vayamos a la torre o a la cúpula?

-Está bien... –replicó con un gesto de cansancio.

Hasta la hora en que el sol comenzó a ponerse y el toque de queda fue dado para los estudiantes humanos, los dos guardianes de la Academia compartieron un afable rato de plática sincera. Con la vista en el firmamento, sentados en la cúpula erigida sobre la muralla que rodeaba el patio interior, se vieron rodeados de una paz que crearon ellos solos.

-Zero...

-Dime.

-¿Cuándo descubriste lo que le había pasado a mi familia?

-Fue en los primeros días que estuviste aquí. Tu guardián, Chigima, vino para hablar con el Director.

-¿Vino por iniciativa propia?

-No. El Director lo llamó.

-¿Por qué?

-Quería saber cómo ayudarte con lo que sentías. Llorabas mucho; quería saber si podía resolver tus problemas.

-Qué dulce...

-¿Recuerdas aquella mañana en la clase de Derecho? Yo me había ido un momento y vuelto con una cara totalmente distinta... Al mediodía aún estaba igual de raro frente a ti...

-Espera... Creo que sí.

-En ese rato en que me había ido oí la conversación que el Director tuvo con Chigima. Fue cuando lo supe.

-¿Chigima lo dijo...?

-Sí, pero estaba muy preocupado con la posibilidad de que te enteraras.

-Sí... Lo entiendo.

-No te enfades con él. Por lo que oí, te quiere mucho y vela por tu seguridad.

-Claro que sí. Él me rescató. Luego de que mi hermano Itsuki... Él me encontró y me protegió de los vampiros que aún me seguían.

-Sobre eso yo quería preguntarte...

-Te escucho.

-Seta Houki y sus socios te están buscando...

-S-Sí...

-¿Contigo termina su venganza?

-Sí.

-¿No tienes miedo de que te encuentren?

-No puedo vivir siempre con miedo...

-Pero...

-Estaré bien..., porque debo estar bien... Yo... –murmuró, mirándose los pies- le prometí a Itsuki que viviría.

-¿Cuando se separaron?

-Sí... Fueron sus últimas palabras... "Kira, prométeme que vivirás. Debes jurarme que vivirás"...

Sus ojos se llenaron de lágrimas pequeñas mientras su voz tembló. No obstante, Zero la retuvo de quebrarse:

-Ey...

-Estoy bien –ella dijo, igual, sonriéndole.

Fue justamente esa charla lo que refrescó la memoria del hombre. Frunciendo el ceño, inquirió:

-Espera... ¿Cómo obtuviste la bola de nieve que me obsequiaste?

-¿Por qué lo preguntas?

-Sólo respóndeme.

-Ahm... Pues... ¿Importa?

-¡Sí!

-Bueno, bueno... La compré en la ciudad.

-¡¿Qué?

-¿Qué tiene? Me di una pequeña escapada y volví rápido. Nada malo sucedió.

Airen prácticamente hablaba con los ojos cerrados, pero los abrió cuando su compañero de repente la sujetó de los hombros y la retó en un tono de preocupación tan extrema, que resultó espantosa.

-¡¿Por qué hiciste eso? ¡¿Estás loca? ¡No puedes salir sola!

-¿Por qué se te notan los colmillos?

-¡No me esquives! ¡¿Acaso perdiste la cabeza?

-Pero, Zero, no pasó nada...

-¡Por suerte no pasó nada! ¡¿Qué habría ocurrido si te hubieran encontrado los vampiros?

-Es que... no podía pedirte que vinieras conmigo... Tu regalo debía ser una sorpresa... Lo siento...

-Pudiste haberle pedido al Director que contactara a Chigima. Él podía haberte acompañado.

-Te habrías dado cuenta...

-¡Agh...! ¡Kira, por favor, no lo hagas nunca más!

-De acuerdo, de acuerdo... Perdóname...

Tras suspirar, la soltó. Se miraron. Aunque se sintió recriminada, no supo cómo disculparse sin contradecir el motivo por el que había cometido esa falta y comprado el obsequio.

-Fue sólo un momento... No te preocupes...

-Sí me preocupo. En un "momento" ellos pueden verte. Y, ¿qué piensas que pasaría si fuera así?

-Yo...

-No puedes arriesgarte de esa manera. Por favor, ten más cuidado.

-Perdón...

Zero resopló. Echó la cabeza la cabeza hacia atrás y cambió forzadamente el aire de su garganta.

-Pero, de todas formas, gracias por el regalo...

-¿Te gustó en serio?

-Sí, es muy dulce...

Sonrió al oír eso. Regresando los ojos al cielo, comentó:

-Tenía miedo de darte algo que no fuera de tu interés... Aún no te conozco tanto como para saber qué clase de música o ropa te gusta...

-Je... Ya tendrás tiempo de conocerme mejor.

-Zero..., ¿seremos amigos para siempre?

Tocado por una ternura sin igual, el caballero se vio en una encrucijada para contestar. Titubeó, de hecho, al principio, pero se armó de valor y su réplica fue:

-Está bien, Kira.

-¿Sí?

-Sí...

Una sonrisa brillante y amena se esbozó en su carita, y una brisa recorrió su cabello.

Horas más tarde desempeñaron sus tareas como prefectos y mantuvieron orden a la salida de los alumnos de la noche. Cuando avistaron a Shikara Haze, ya ninguno de los dos actuó como antes, sino que la encararon con un recelo que compartían por haberse reconocido la historia de Kira. Zero miró a su colega y le mostró seguridad a la cual ella pudo aferrarse. Aguantaron hasta que los vampiros se encerraron en sus salones de clases.

-Ahora que los pálidos se fueron, ¿quieres merendar? –él le preguntó.

-¡Sí! –fue la respuesta que siguió a una risotada.

Fueron juntos hasta la cocina, jugando en el camino. Ella lo burló y le lanzó pellizcos y él la persiguió sin poder atraparla.

-Creo –opinó ella, dándole vueltas como un moscardón- que podremos durar mucho tiempo como amigos si podemos compartir cosas serias y también molestarnos cuando nos hayamos aburrido.

-Ah, ¿o sea que tu necedad y la irritación que me provocas es sólo porque te aburres?

-Es que además eres molestable.

-Inventaste esa palabra.

-Te la regalo; piénsalo de esa manera –dijo, enterrándole un dedo en la mejilla que él atrapó.

-Y, ¿qué pasó con eso de que yo era el "señorial y majestuoso Kiryuu, asesino de Rido Kuran"?

-Bah, la sociedad de cazadores exagera. Si realmente fueras una eminencia, te guardaría reverencias, pero eres sólo un cabezón malhumorado al final de cuentas.

-¡Sigues con eso de que soy cabezón! ¡No soy cabezón! ¡Tú tienes ojos demasiado grandes!

-¿Qué? ¿Cómo que "grandes"?

-Sí –afirmó, sonriendo maléficamente-. Con semejantes lamparones que tienes, pareces uno de esos monitos que andan de noche.

-¡¿Un mono?

-No recuerdo cómo se llaman. Son uno monos del tamaño de ardillas que tienen ojos como los tuyos, gigantes.

-¡A-Aaahh –chilló, propiciándole un golpe en el hombro-, ya sé cuáles son! ¡Idiota, son horribles!

Zero soltó una carcajada ante la grotesca comparación... y decidió regodearse por un momento. Luego de que ella lo golpeara, la sostuvo de la barbilla con dos dedos y le habló en un susurro:

-Te salvas porque son azules y lindos.

Dos salidas posibles: o lo besaba o reaccionaba como una loca. Eligió lo segundo y saltó hacia atrás como un gato al que le echan agua.

-¡No hables como un pervertido!

Él continuó riéndose, habiéndose dado el gusto de seducirla por un instante.

En el interior del edificio, plagaron la mesa del comedor con cosas dulces y té como acompañamiento. El rostro de Zero había perdido palidez y se veía más sano; de hecho, nunca se había visto tan sano.

-Dime algo, ¿cuándo te hiciste tan fanática de estas comidas?

-Ehm... Creo que a mis seis años. Mis abuelos habían vuelto de un largo viaje y traían una enorme caja repleta de chocolates y pastelitos. Me fasciné con ellos y desde entonces...

-Vaya...

-Pero, oye, antes no era así. En realidad, me encantaba el limón.

-¿Limón?

-Sí, con sal. Cuando a los demás niños les gustaba el chocolate, yo devoraba limones en las tardes.

Él rió.

-Qué rara eres...

-Y a mucha honra. No quisiera ser una más del montón...

-Mmm... No lo eres. Se nota que tienes como... un karma distinto.

-Debe ser, porque, como sospecharás, en todos lados siempre había más de uno que me quería aplastar.

-¿Te refieres a gente como Alika?

-Sí.

-Eso es lógico. Eres llamativa. Miserables como ella, que desean ser el centro de atención, desesperan ante alguien que sí consigue serlo pero con humildad.

Algo sonrojada, Kira bajó la mirada. Al regresarla luego para ver si Zero le prestaba atención en silencio o no, lo encontró sonriéndole.

-Espero que estés feliz.

-No me quejo... –contestó.

-¡Tarado! –ella dijo, arrojándole un pastelito que le pegó en la frente. En consecuencia, ambos rieron. –Espera aquí.

-¿A dónde vas?

-Ya regreso; sólo quédate aquí.

En los segundos que Kiryuu se quedó solo apretó los puños y se mordió el labio. Su corazón latía feroz cuando estaba con su amiga y desesperaba cuando la misma se iba. Un pensamiento terminante se disparó en su mente y cerró los ojos...

-"Kira..., te..., te quiero..."

Whoalá! –exclamó de repente la chica, apareciendo ante el cumpleañero con un pastel lila coronado con dieciocho velitas blancas prendidas. Alrededor exponía firuletes hechos de azúcar con color violeta. El aroma de allí emanado, empalagaba.

La cara de Zero expuso sorpresa y un golpe de emoción directo a su alma tierna. No le alcanzaba el espíritu para digerir tanto amor rendido a él, que en un inicio había tratado mal a Kira.

-¡Feliz cumpleaños, Zero! –dijo, presentando la torta en la mesa.

Asfixiado, el caballero hizo fuerza por contener el llanto y no entristecer el momento. Se tapó la boca, cabizbajo, y respiró hondo, cerrando los ojos que se le quisieron romper.

-Dios, ¿estás bien? –exclamó preocupada.

Él sólo asintió con la cabeza y luego sonrió con la mínima entereza que encontró dentro suyo.

-Ah... De acuerdo... Sabes, lo recubrí con azúcar lila por tus ojos.

Zero la miró estupefacto y como bendecido por un milagro hecho mujer. Ella le sonrió.

-¿Te gusta?

-M-Me... –trató de responder, volviendo a observar la torta- encanta... Tú... ¿Tú la hiciste...?

-Síp. Toda.

-Gracias... Muchas gracias...

-De nada, Zero... ¡Vamos! ¡Pide un deseo y sopla las velas!

La garganta del hombre era un solo nudo. Mantener la compostura en ese momento le resultó casi imposible. Sin embargo, para responder al gesto fue que cerró los ojos y pensó entre sí mismo lo que quería que el Destino le cumpliese. Se arrimó y apagó las velas con su aliento fresco. Kira festejó con una risita y se acercó a él, inclinando su cuerpo y apoyando sus manos en sus rodillas; con dos dedos, corrió los mechones de pelo platinado en el rostro de Zero y le dijo con calidez:

-Con permiso...

Y apoyó sus labios en la mejilla del hombre, regalándole un besito suave que lo ruborizó por completo. Ella se incorporó de nuevo y él se tomó dicho pómulo antes de mirarla atónito.

-¿Q-Q-Qué... fue eso...?

-Un beso. Acción y efecto de besar; manifestación de afecto, cariño y/o amistad-

-¿Por qué lo hiciste?

-Lo siento, pero es parte de mi tradición –explicó, alegremente sentándose de nuevo en su silla-. De familia; siempre, en una fiesta, cuando el cumpleañero termina de soplar las velas, se le regala un beso en la mejilla. Es como un deseo de buena fortuna, si no me entiendes.

-Ah... B-Bueno..., gracias...

-¡Permíteme cortar el pastel!

De tal manera la guardiana de la Academia sacó una porción para ella y otra para el varón, el cual todavía no pudo salir de su sorpresa. Jamás lo había besado una chica... Ni siquiera en la mano. Y se sentía como el cielo... Tan suave y electrizante... Tan puro y delicioso... Recibir un piropo de Dios era igual.

-¡Aquí tienes! –la prefecta exclamó, pasándole un platito con un pedazo de torta-. ¡Que lo disfrutes!

-G-Gracias... –respondió, tomándolo.

Era un deleite para su paladar; Kira realmente sabía cocinar. Desde el granito de azúcar coloreado más pequeño hasta el chocolate y dulce de leche internos, era excelente. Ya al final comían por gula y en la panza no les cabía ni agua. Eso les daba sueño, y tras las vivencias de la fecha, dormir era una idea fantástica. Guardaron todo en la cocina y dejaron la cena de canelones para el próximo día.

-¿No te sientes una gorda ahora? –el cumpleañero le preguntó.

-NO. Estoy feliz.

Él rió.

-Mira que por mucho-ojo-bonito que tengas, no lucirás tan bien si comienzas a verte como un pez globo.

-¿Por qué me comparas todo el tiempo con animales? "Sonrisa de sapo", "ojos de mono"-

-Es lo primero que se me ocurre –comentó, poniéndose de pie y estirando los brazos hasta cruzarlos en su espalda.

-Falta que me digas que tengo patas de tero.

-Antes hablaría de tus cachetes de bóxer. –Se paró junto a ella, que permaneció sentada.

-¡¿Qué? ¿En serio son tan feos...? –dijo, un tanto sorprendida, y tomándose la mejilla izquierda.

Él le pellizcó suavemente la derecha y le habló en un tono despreocupado:

-Nah... Más bien son pellizcables.

Quieta, forzó los ojos hacia arriba para mirarlo y sonrió de lado.

-Esa palabra también es inventada.

-Será mi regalo especial para ti, desde ahora, mi "amiga de los cachetes pellizcables".

Dispuestos a patrullar un rato, fueron hacia la salida y encontraron a Kaien Cross, quien con un alarido de felicidad saludó a Zero y lo abrazó. Atrás venía Toga Yagari, el tuerto maestro de la infancia de Zero, con una sonrisa calma y sutil. Kira se hizo entonces a un lado y observó la situación con un dulce recato, pues el Director comenzó a explicar los complicados asuntos que había tenido que atender, aparte de la búsqueda de su regalo y encontrarse con Yagari. Así, luego, le entregó a Kiryuu una caja rectangular forrada en papel plateado brillante y le exclamó "¡Feliz cumpleaños!", posteriormente estrechándolo en un abrazo. El joven de ahora dieciocho años sintió que su corazón vibró de felicidad y emoción y agradeció el gesto, cada tanto atendiendo a la expresión de firmeza de su compañera de ojos azules.

Yagari se acercó a él después de eso, invocando el respeto repentino del muchacho que lo saludó diciendo:

-Maestro...

-Felicidades, Zero. Aquí tienes; un obsequio de parte mía. Que lo disfrutes.

Le dio su parte también, una bolsita pequeña de cuero negro atada con una cuerdita blanca resistente. Con dos regalos más, el cazador de vampiros pareció el reflejo de un niño inocente que sonrió sonrojado. Entretanto, el maestro, tuerto, se dirigió a la mujer y la reverenció:

-Buenas tardes, Kira Airen. Es un honor conocerte en persona.

-Ah... B-Buenas tardes..., señor Yagari. Es un placer...

-Me alegro mucho de que seas tú la compañera de mi pupilo.

-¿Pupilo, eh?

-Sí, querida. Él y yo tenemos cosas en común en el pasado.

-Mmm...

Zero notificó a Cross, sujetando sus obsequios y cambiando el tono:

-Director, íbamos a patrullar. ¿Podremos estar un rato los cuatro juntos cuando terminemos?

-¡Pues, claro, muchacho! ¡Vayan, vayan a patrullar! –Kaien replicó con su euforia típica-. Tu maestro se quedará hasta mañana; ¡no hay problema!

En la terraza de los salones de vampiros, la chica se sentó encima de la baranda del borde y admiró las estrellas, permitiendo que la fina brisa nocturna la peinara y exaltara sobre las fibras de su cabello negro el encantador brillo de la luna. A su alrededor se conjuró un momento hermoso. Zero se quedó de pie detrás del barandal.

-Je... Mira, Kira –le dijo, abriendo el presente de Cross-. Mira lo que me regaló el Director.

-¡Ah..., waw! –respondió maravillada al ver una elegante pistola negra con detalles de oro en un estuche de terciopelo rojo. Era un arma especial para matar vampiros, y venía con varios cartuchos de balas doradas muy resplandecientes y una cadena de igual tonalidad que terminaba en una pulsera negra con perlas áureas.

-Creo que debo actualizarme... –comentó, y se desenganchó su propio revólver plateado para abrir paso a su nueva herramienta, la cual le quedó muy bien...

-¡Es genial, Zero! ¡Me encanta!

-Qué bueno que te guste... La verdad es que, sí, es... muy elegante. Me gusta.

-Pensé en regalarte algo para tu pistola; menos mal que no lo hice...

-Habrías elegido bien igual. A ver qué me obsequió mi maestro...

Ella, sonriente aún, siguió contemplando la cúpula azul. La risa de su amigo la hacía más feliz, ahí cuando descubrió que Yagari le había dado un simpático muñequito de trapo con cruces en los ojos que cabía en su mano. Parecía más un instrumento para hechizos de sectas satánicas que cualquier otra cosa, pero la dama le aclaró que era un amuleto de la buena suerte. De todas maneras, una nota en la bolsita del maestro fue más clara:

"Feliz cumpleaños a mi pupilo más frío. Este amuleto representa tu humor; un tipo serio y asqueado, con pocas ganas de sonreír y más deseos de agriar a las personas revoltosas. No obstante su interior es de felpa y está hecho de una tela suave y blanda... No sé si me entiendes... Pero por otro lado, ya que debo decirte algo bonito en esta fecha, se me ocurre recordarte que me siento muy orgulloso de ti. Sigue adelante; persigue en la vida aquello que te haga feliz y no lo sueltes jamás. Cariño, tu maestro Toga Yagari".

-Qué... agradable...

-¿Qué? ¿Lo que te escribió?

-Sí...

-Tu maestro me recuerda a Chigima.

-Fíjate... Yo de hecho no lo conozco a tu guardián, pero me hace pensar en Yagari.

-¿Es como un padre para ti?

-No... Padre tuve uno solo y nada más. El Director, sí, pretendió ser mi papá estos cuatro años, pero siempre reafirmé que él fue muy bondadoso por cuidarme aunque eso no le daba derecho a atribuirse ese cargo familiar.

-Eso suena duro...

-Puede ser, pero él sabe que lo quiero y que simplemente con ese tema no deseo confusiones.

-Entiendo.

-Ah... Bueno, al final tuve varios obsequios...

-¡Sí! ¡Tres! ¡Waw...!

-¿Tres? ¿De qué hablas? Fue mucho más.

Se miraron intensamente ahí, como si un flechazo de un ángel pasajero los hubiera llamado a involucrarse en una plática conmovedora. Una interrupción, sin embargo, que no podían ignorar sonó en la noche, abajo entre los árboles. Era un par de estudiantes humanas buscando un brazalete. El guardián suspiró desganado y harto de esas actitudes inmaduras de parte de sus compañeras de clase, mas Kira lo retuvo y le garantizó que se ocuparía de ellas. Moviéndose ágil por el aire y entre las ramas con su látigo como liana, llegó hasta aquéllas y las escarmentó, aseverando que su brazalete lo podían buscar a la mañana siguiente y no en ese momento en que debían estar descansando y respetando el toque de queda. Portando una acostumbrada expresión de repulsión, las humanas tuvieron que irse. La prefecta vigiló que a la distancia ingresaran al edificio donde se ubicaban sus dormitorios.

Regresó al balcón de la misma manera, lanzándose entre árboles hasta el borde del mirador. Sus manos se resbalaron un poco al tratar de subir, a causa del rocío. Cerca de caer, ella no obstante fue auxiliada por Zero, que la esperaba ansioso y la ayudó tomándola de las manos con firmeza.

-Gracias... –dijo ella de nuevo con él. Sus manos se mantuvieron enlazadas unos segundos más de lo permitido. –Ya está todo bien.

-Bien... Oye, ¿tienes sueño?

-Sólo un poco. Quisiera estirar este día un poco más todavía...

-Bueno. ¿Qué quieres hacer?

-Eso te corresponde a ti. Tú decide ¡y yo te sigo!

-Ah... Bueno..., sinceramente..., me muero de ganas de probar esta nueva pistola.

-De acuerdo. ¿Dónde la pruebas?

-En la sala de tiro.

-Ah. ¿Tienen aquí?

-Sí. Ven, te mostraré.

Zero metió su muñequito de la suerte en la bolsita de cuero de Yagari y la enganchó a su cinturón. Recogió el estuche de Cross ahora reemplazado por el revólver plateado viejo, y marcharon hasta el salón de práctica de tiro. Con balas comunes, el arma negra y dorada fue puesta en uso. El cazador se despojó de su saco negro y se quedó con el chaleco abierto sobre la camisa remangada. Ciertamente, su imagen de formalidad rebelde siempre le había gustado a Kira..., quien se sentó unos metros lejos de él y observó el espectáculo, sin ser jaqueada por los estallidos en lo más mínimo. El aparato disparaba excelentemente, sin duda, y Zero estaba maravillado; era como abrir fuego con su propio corazón. Tal vez porque su vida estaba cambiando a ser algo muy distinto a lo que había sido antes, decidió que se quedaría con esa arma y no usaría más la otra. Su puntería, por otra parte, era fabulosa y siempre daba en el blanco, lo cual afinaba más la imagen de guerrero del chico ante los ojos enamoradizos de Airen...

-Kira, ¿quieres probar? –le preguntó él, prestándole el obsequio de Cross.

-Ah... Yo...

-¿Nunca disparaste antes?

-Eh... No mucho...

-Pruébala.

-E-Está bien...

-Eres diestra, ¿no?

-Sí.

Él abrochó la pulsera negra a la muñeca derecha de la chica y le extendió el brazo hacia la posición que debía adoptar. Le fue indicando:

-Separa las piernas; te dará firmeza. Luego pon el pie derecho adelante y el izquierdo más atrás.

-Hecho...

-Y haz lo mismo con tus hombros. –Ella obedeció. –Bien. Ahora... sólo fija tu vista en el centro del blanco... El centro... y... dispara.

Pero nerviosa al recordar la última vez que había usado un arma de fuego y al tener la presencia de Kiryuu cerca, la bala pegó en cualquier lado excepto en el blanco. Intimidada, quiso dejar el revólver, mas él le contuvo la mano y la instó a que volviera a intentarlo.

-No te asustes. Relájate. Éstas son balas comunes y corrientes; no tienen nada de valiosas, así que puedes darte el lujo de practicar mucho. Vamos, hazlo otra vez. Y ahora trata de estar más tranquila.

Siguiendo ese consejo, el disparo dio en la parte inferior del blanco.

-¡Bien! Mejor... Una vez más.

-¿Otra...?

-Sí.

Y en esa ocasión, tomó la pistola con las dos manos y afinó los ojos imaginando un blanco más interesante antes de gatillar nuevamente... La bala, aunque se detonó en el instante en que la mirada de la chica expuso tristeza, se acercó mucho más al centro del objetivo.

-¡Muy bien, Kira! Mejoras con rapidez.

-Gracias... Toma...

Con ese tono de sequedad respondió, y él, pese a que la ayudó a desengancharse el arma, no tardó en inquirir.

-¿Estás bien?

-Sí –seriamente espetó.

-Dime la verdad. ¿Imaginaste que le disparabas a alguien real?

-¿C-Cómo-?

-Eres obvia.

-Ah... Pues... Imaginé... No importa.

Se quiso ir antes de quebrarse delante de Zero. Éste no quería, empero, perderla de vista. Hablándole antes de que se retirara, la mantuvo cerca:

-¿Seta? ¿Seta Houki? ¿A él imaginaste que le disparabas?

-... sí, Zero...

-Y, ¿tanto te cuesta decir eso?

-No es eso. No quiero-

-Te lo pido como deseo de cumpleaños. Cuéntame.

-Eso no es lo que pediste al soplar las velas de tu pastel.

-No, pero te lo pido ahora.

-No vale.

-Pero soy el cumpleañero...

-Pensé que no festejabas tanto desde tu corazón.

-La verdad es que me forzaste a hacerlo... y creo que no está tan mal.

La dama suspiró. Kiryuu caminó hasta ella y exigió una explicación a su conducta triste.

-Lo que pasa, Zero..., es que... Rayos, yo...

-¿Tiene que ver con lo que te pasó?

-Sí...

-No puede ser más grave que lo que me contaste antes...

-Pero... ¡Agh...! ¡Zero, yo... debí haberle disparado a Seta cuando atacaron a mis padres...!

-¿Qué?

Superada un poco por la presión de sus memorias, la chica se sentó en una silla y se tomó la frente, mirando el piso.

-Cuando Seta atacó mi hogar... mi padre me entregó una pistola para defenderme mientras ellos pelearan con él y sus tropas... Pero cuando ya no pudieron resistir más y... –Su voz se quebró. Ninguna lágrima cayó de sus ojos, pero por un pelo. –Yo lo tenía en la mira... Si hubiese tenido el valor y la precisión para dispararle, lo habría herido bastante y quizás... habría salvado a mis padres.

-Kira.

-Es por eso que... Es mi culpa que estén muertos... Pude haber evitado que... Pero...

Harte de llorar y sin querer hacerlo de nuevo, se tapó los ojos y los frotó para remover las lágrimas que emergieron a la par de unas cortas imitaciones de sollozos.

-No fue tu culpa, Kira, y lo sabes –el prefecto, sin embargo, aseveró-. Tú no mataste a la pretendiente de Seta ni tampoco quisiste ser cazadora; los hechos te forzaron a vivir algo para lo que no estabas preparada.

-¡Justo por eso! –exclamó-. ¡No estaba preparada...! ¡Si lo hubiera estado...! ¡Si hubiera sido tan capaz como mi hermano...!

Retiró la cara, con los ojos sellados por fuerza y odio.

-Pero no quiero seguir hablando de estas cosas hoy... Quiero que termines el día bien... Lo que hice y no pude hacer son parte del pasado... que no puedo cambiar...

-Ey... –él le dijo cálidamente y levantándole el rostro con un par de dedos desde la barbilla-, para mí es un placer poder aprender de ti. No pienses que es una carga para mí saber por lo que has pasado; todo lo contrario. Me alegro mucho de que mi compañera haya tenido que... encarar complicaciones como las mías... Porque al fin y al cabo, tú perdiste a tus padres y a tu hermano... y yo perdí exactamente lo mismo... a manos de un Pura Sangre como en tu caso... Me hace sentir bien que estemos posicionados en un dolor similar. Creo... que así podríamos...

-No lo sé... Tú en mi lugar habrías impedido lo que me pasó...

-¿Por qué estás tan segura? ¿Porque maté a Rido Kuran?

-Enfrentados tú y yo, me aplastarías.

-No digas eso; no pelearía contigo. Somos amigos.

-Claro... Pero a Yuuki Kuran la vas a matar, ¿cierto? –le dijo mirándolo con el ceño fruncido.

-Yo...

-O, ¿no?

-S-Sí... ¿Cómo...?

-Te rompió el corazón y se convirtió en vampiro... Era tu amiga y al final piensas en matarla.

Como irritado con esos comentarios, soltó el mentoncito de la damisela y miró hacia su lado, continuando con un tono sombrío:

-Eso no pasará contigo. Yuuki Kuran siempre fue una Pura Sangre que jugó con las almas humanas como la mía. Ya te dije que la odio y que no quiero hablar acerca del tema. Así que deja de compararte con ella.

-Como tú digas...

Le tocó el hombro y la espoleó para que se saliera de ese humor negro. "¡Vamos, que es mi cumpleaños! Sé que queda poco tiempo, pero cambia esa cara, ¿quieres?", le dijo, y afirmó que la pistola era grandiosa. Así que dejó la práctica y llevó su obsequio a su cuarto, con la chica como su sombra, siguiéndolo. Pero la remanencia del gestó decaído de ella impulsó al cumpleañero a despertarla de nuevo. La tomó de la mano y la obligó a entrar en su alcoba sombría, cerrando la puerta detrás de ellos. Kira, sonrojada e inquieta, lo cuestionó:

-Zero, ¿qué haces?

Él se cruzó de brazos impávido, frente a ella cual muralla de madurez. La miró con ojos penetrantes como taladros y habló:

-¿Podrías dejar de darle importancia al tema de Kuran?

-¿C-Cuál Kuran?

-Yuuki.

-Ah...

-¿No entiendes aún que ya no quiero saber nada de ella? ¿Por qué te importa tanto?

-No... Es que...

La agarró de los hombros y levemente la sacudió una vez...

-No te compares con ella. No eres como ella; tú eres muy distinta. A Yuuki le encantaba vivir una telenovela en la que ella fuera protagonista central. A la hora de los tantos eligió un rostro bonito que desde siempre había sido deshonesto con ella. Y yo hice sacrificios... para nada..., pues al final no le importó.

-Zero...

-Así que olvídate de eso. Ella no existe más. Te lo juro, Kira.

-Yo...

-Y sobre lo que pasó con tu familia y el arma... Eres injusta contigo misma; no te atribuyas la culpa de lo que pasó, porque no era deber tuyo salvar a tus padres o a tu hermano o al resto de tus familiares.

-Pero podría haberlo hecho...

-Si hubieses sido alguien que no eres. Hiciste lo que debiste hacer; no es culpa tuya que haya ocurrido lo que ocurrió. Tus padres cumplieron con su deber al igual que los míos y dieron fin a la vida de alguien que significaba mucho para otra persona. Por amor..., nuestras familias se vieron destrozadas... pero no fue ni tu culpa ni la mía... Así que, como tú me dijiste, no te castigues. Cumpliste la promesa a Itsuki de que seguirías viva... y eso ya es mucho cuando te está buscando un ejército de asesinos.

Ella bajó la cabeza.

-Deshazte de esa carga.

-Yo...

-Entiendo, por otro lado, que tú viviste todo eso hace sólo unos meses... cuando yo, hace cuatro años..., pero Ichiru murió hace no mucho tiempo y eso... Lo que quiero decir es...

-¿Zero...?

-Si tú no puedes con tu dolor..., yo no podré con el mío... Así que necesito que seas fuerte a la par mía... Por favor.

-Pero...

-¡Al menos inténtalo!

-S-Sí... Lo intento... De verdad... Es que a veces recordar... No sé como manejarlo.

-Yo te comprendo. Lo que sucede es que...

-Cuesta mucho disimular, sabes... Es por eso...

-¿Disimular el dolor?

-Sí...

-Mira..., si te cambia en algo..., pese a todo me sentí aliviado cuando hoy en el baño pude empezar a contarte acerca de mí, Kira... Quizás busques evitar charlar de ese momento por ahora, pero tal vez necesites saber que me hizo sentir muy bien. Por lo mismo, si tú te encierras en tu dolor y tus especulaciones acerca de Yuuki, estaré solo... y así no podré ser como yo quiero ser.

-¿Cómo quieres ser...?

-Sano... Quiero poder sonreír más a menudo.

Zero ya no la sostuvo. Se distanció.

-El punto es... que no quiero que seas como lo he sido yo hasta antes de conocerte. Acostumbro verte feliz y fastidiosa y es duro que estés triste, en especial por pensar en una mujer con la madurez de una niña que encima de todo tú superas por lejos en diversas categorías.

-No digas eso...

-Es en serio. ¿Podrías tomar en cuenta esto?

-Sí, Zero... Perdóname... Debo esforzarme más...

-Bien.

Silencio de golpe. Inclinando un toque la cabeza hacia su izquierda, él le sonrió y la invitó a salir:

-Vamos. Quiero charlar con el Director y Yagari.

Salieron. En el camino ella respiró en busca de una catarsis que le cambiara el velo del rostro, porque sí era lógico el pedido de Zero; además, era un poco alterante que al mediodía hubieran estado llorando angustiosamente como dos marranos y luego hubieran reído y disfrutado del día como si nada hubiese pasado, siendo que después ella iba a ponerse mal de nuevo... Idas y venidas así no lo ayudarían a él con su dilema. Por Zero, tenía que mantener una línea clara en su estado emocional y definir su posición.

En el comedor, conversaron con Cross y Yagari y éstos probaron las genialidades culinarias de la chica de cabello negro. Confianza y simpatía unieron a los cuatro presentes en la mesa mientras Zero, al lado de ella, le lanzó señales de gentileza para que estuviera feliz. La misma respondió y pudo conocer mejor al maestro tuerto que ciertamente evidenció sentir agrado por dicha prefecta, de cuya historia él ya sospechaba pero daba respeto por tratarse de Sangres Puras y cazadores prestigiosos como los Airen. Pasando la hora de la cena, el muchacho de dieciocho años, jubiloso en su corazón gracias a la presencia de las tres personas que mejor lo hacían sentir, notó los bostezos de su amiga e interrumpió la plática:

-Discúlpenos, pero Kira necesita dormir.

-¿Eh? –reaccionó ella, con ojeras bajo los ojos (ya llevaba demasiado tiempo sin dormir)-. No, puedo seguir. No estoy cansada.

-Sí, se nota. Vamos, Kira, que mañana te necesito despierta para que patrullemos juntos.

-Ah, vaya... Bueno, Director, buenas noches. Señor Yagari, nuevamente fue un placer hablar con usted. Buenas noches; hasta mañana.

-Hasta mañana, querida.

-¡Que duermas bien, Kira! –Cross saludó luego del maestro.

Los dos partieron a la habitación número 23 que le pertenecía a ella. En el recorrido, Zero tomó las riendas del habla, con un tono de frescura que realmente era loable. Era eso lo que estaba arraigado a su quid y lo endurecía en contraste con la chica que, con el correr de las horas, parecía comprender más lo que había estado pasando entre ellos y se acobardaba ante la idea de acercarse más a él y develar todos sus sentimientos.

-¿Qué te parece mi maestro?

-Me cae muy bien... Se siente como alguien en quien puedes confiar ciegamente.

-Sí, ¿verdad?

-Y, ¿te puedo hacer una pregunta acerca de él?

-Déjame adivinar: ¿por qué es tuerto...?

-Sí.

-Pues, eso... fue hace muchos años..., cuando yo era su pupilo. Me salvó de un Nivel E que quiso atacarme y fue herido en su ojo.

-Oh...

-Sí... Se sacrificó por mí... Y él fue quien me entregó al Director para que me cuidara.

-Como yo con Chigima.

-Claro.

-Mmm... ¿Será casualidad que tengamos tanto en común, Zero?

-No lo sé... Es curioso...

-Entonces... –dijo después de un breve silencio-, ¿la pasaste bien hoy?

-Yo diría que sí –contestó sarcásticamente.

Ya casi estaban llegando a destino.

Kira, en un tono de voz profundo, bajó la cabeza y expuso:

-Escucha, Zero..., quiero disculparme seriamente contigo.

-¿Por...?

-Por lo que me dijiste antes. Tienes toda la razón. Debo mantener la compostura. Es que... creo que fue muy chocante descubrir que tenías una realidad tan... Y confesarte todo lo que me pasó también...

-Entiendo. Kira, a mí también me cuesta asimilarlo.

-Pero tengo que ser más fuerte para manejarlo bien... De todos modos, quería explicarte que estaba todo bien hasta que me diste ese arma... El recuerdo de aquella noche..., no lo sé..., se volvió más fresco y...

-Claro. Es como recordar algo que te preocupa y que no se resuelve. Te succionó.

-Sí, pero en un día como éste no debo permitirlo.

-En realidad mi cumpleaños ya está terminando.

-Terminando... ¿bien?

-Por supuesto, Kira.

-¿Sí? –Ya habían arribado al cuarto. Ella se paró de espaldas a la puerta.

-En serio. Me diste el mejor de los regalos hoy...

-Una bola de nieve no es tanto.

-Tonta, no me refiero a eso y lo sabes.

-Mmm... –Se ruborizó.

-De verdad, Kira, siento que debo pedirte perdón por las veces en que te maltraté..., porque jamás olvidaré este día. Nunca nadie había sido tan comprensivo y compañero conmigo. Espero poder devolverte algún día todo lo que me diste hoy.

-Ah... P-Pues..., me alegro de que hayas estado bien... Eso quiere decir que cumplí mi objetivo.

-Sí. Lo hiciste. Eres muy tozuda, pero lo hiciste bien.

-Tomaré eso como un halago.

Prácticamente no lo pensó para no permitirse evitarlo... Se inclinó hacia ella y la besó en la mejilla sólo por dos segundos. Dos instantes que bañaron en rubor a la mujer y la hicieron temblar. Esos labios... que ya había sentido en su cuello, en su cara se sentían aún mejor. Era algo celestial, y era terrible que, en el shock de no poder creer que él había hecho eso, no había podido prestarle entera atención. "¡Que lo haga de nuevo, que lo haga de nuevo!", de seguro pensaría, porque no había entendido bien el suceso.

-Buenas noches –ese guardián dijo, con coraje retirándose.

-B-B-Buenas noches...

-Te veo mañana.

-Sí...

-¿Estás bien?

-S-Sí... Es que estoy muy cansada... Ya me voy a dormir.

-Bien. Nos vemos, Kira. Descansa.

-Tú también.

Mientras se tomaba la mejilla con la mano, tal como lo había hecho él horas antes, acercaba la otra al picaporte de su puerta.

No podía elaborar eso aún. Un beso. Milagroso beso...

-Zero –lo llamó de repente, girando hacia él, quien respondió con una mirada-. Feliz cumpleaños...

-Je... Gracias por todo esto, Kira.

-Gracias a ti. Me dejaste dártelo.

Zero no pudo contestar a eso con más que silencio.

Con pasos lentos y reflexivos, regresó con sus dos tutores y los tres siguieron hablando. Él, no obstante, a partir de ese momento moduló sus palabras para exponer menos términos que antes; su cabeza estaba en otro lado. Pese a ello, terminó la noche rodeado de amor y afecto de parte de esos dos padres postizos. Cuando se fue a dormir, se llevó un precioso recuerdo que guardó en lo más profundo de su corazón. Ese día había cambiado su vida. Una mujer había cambiado su vida.

El sol salió al día siguiente y sus primeros rayos relucieron sobre un revólver de plata ofrecido en la tumba de Ichiru Kiryuu. Decía "CROSSING Bloody Rose" a lo largo del caño y tenía un símbolo de sables atravesados. De él se desprendía una cadena.

Nunca más sería usado para disparar.