DÍA DE TENSIÓN: "Agüero Negro"
La primera luz de la mañana atravesó la ventana y se recostó sobre los ojos cerrados de Kira, quien despertó consecuentemente. Descubrió que había pasado toda la noche en los brazos de Zero, dormido ahí con ella, estrechándola con mínimas fuerzas pero con la firmeza necesaria para que no tocara mucho el piso alfombrado de la sala de estar. Sonrió atiborrada de emoción al comprender que no se había alejado de ella en todas esas horas y se acercó aún más a su pecho de gladiador. Escuchó con esmero los latidos de su corazón de príncipe azul y respiró con una salud pura y fresca que enalteció su belleza femenina.
Luego de unos diez minutos fue que el hombre salió de su ensueño para reunirse con su amiga y saludarla con un tono que manifestaba tanto congoja como primor:
-Kira..., hola...
-Buenos días, Zero. Nos quedamos dormidos aquí.
-Sí, ya veo... ¿Dormiste bien?
-Muy bien. Tuve muchos sueños agradables.
-Cuéntame alguno...
-Soñé que tú eras un ángel y que tenías unas enormes alas blancas. Con ellas podías volar y me llevabas a conocer el cielo; podía tocar las nubes y luego ir más allá, hacia las estrellas y la luna...
-Qué hermoso... Ojalá pudiese decirte que algún día se cumplirá.
Estuvo a punto de responder algo, cualquier cosa, pero se frenó. Replegó los labios y encogió los ojos.
-¿Cómo está tu cuello? –Zero, sin embargo, continuó.
-Bien. No me duele ni nada.
-Se te está saliendo el vendaje; procura que no se suelte del todo, ¿sí?
-Oh, claro... Perdóname, no lo noté.
-Está bien... ¿No te resfriaste?
-Nop.
-¿Tuviste frío anoche?
-Tampoco.
-Ah, entonces estás perfecta. ¿Quieres ir a cambiarte?
-Sí, pero con una condición.
-¿Cuál...?
-Que me digas por qué parece que estuvieras triste en alguna parte de ti.
-No estoy triste.
-¿De verdad?
-Es sólo que dijiste algunas cosas anoche...
-¿Qué? ¿Qué dije?
-Nada malo, pero hiciste que me durmiera un poco conmovido.
-¿Conmovido?
-Sí, pero no te preocupes –dijo, acariciando la mejilla de Kira, sonrojada e inquieta por desconocer el sentido de aquellas palabras.
Él le sonrió, iluminado por el sol. Luego la ayudó a incorporarse y cada uno fue a su respectivo cuarto para vestirse con el uniforme. Kira fue primero al comedor y allí esperó reunirse con su colega, pero éste llegó tarde, pues en la ida se había topado con Yagari, quien hablaba a través de su teléfono celular en un tono de desasosiego que ciertamente llamó la atención de Zero. El mismo esperó que su maestro, que ya había notado su presencia, cortara la comunicación y pudiera saludarlo. Y un silencio rasposo y preocupante fue lo que ese cazador legendario exhaló al concluir con su plática telefónica... Miró a su pupilo y fue hacia él, hablando:
-Buenos días, Zero.
-Maestro... ¿Todo bien?
-No del todo... He recibido una llamada de mis compañeros cazadores.
-¿Los que pertenecían a la Asociación?
-Sí. Aún trabajamos juntos.
-Oh.
-Me han dicho que tienen algo para contarme, que es importante pero al mismo tiempo algo que nos traerá problemas.
-¿"Nos"...?
-A los enemigos de los vampiros. No lo sé, Zero...
-Y, ¿tú qué harás?
-Debo irme. Me encontraré con ellos esta noche, así que tengo que partir cuanto antes.
-Oh... Qué lástima.
-No te hagas problema, chico. Tú disfruta de tu vida aquí con la mujer de tus sueños y sé feliz, que te lo mereces.
-¡Maestro...!
-Je... –rió con pocas ganas (claramente su preocupación era grave, aunque trataba de ocultarla...)-. Le avisaré a Cross y tomaré mis cosas.
-Bueno... Pero, ¿regresarás pronto, no?
-No lo sé todavía. Igual –afirmó, mesándole el cabello platinado-, no me olvidaré de ti, Zero Kiryuu.
-Agh, lo sé...
Se quedó mirándolo desaparecer entre los pasillos oscuros de la Academia, latiendo en su interior una curiosidad que lo ponía intranquilo. Entonces se dirigió al encuentro con la prefecta Airen, quien, ataviada con su gargantilla negra y la hebilla de la rosa turquesa, terminaba de arreglar la mesa con té, pastelitos y bombones que habían todavía quedado del cumpleaños del chico. Le regaló una sonrisa cuando llegó ante ella y lo invitó a sentarse. Él le contó acerca de Yagari y decidieron simplemente quedarse pendientes del tema...
Cuando se fueron retirando hacia su salón de clases, lo vieron irse a pie.
-¿Pasa algo, Zero? –le preguntó al detectarle una tensión rara.
-No... Creo que no. Tengo una sensación extraña..., pero no sé por qué.
-Cuando descubras por qué es, ¿me dices?
-Claro. A ti te contaré todo.
-¿Eh?
-A ti te contaré cualquier cosa.
-Ah... –Se sonrojó, previo a sonreírse.
-Es que eres mi mejor amiga. Corresponde, ¿no?
-Gracias por depositar tu confianza en mí...
-Ni lo menciones.
-Aunque me pregunto... –dijo, con una risita de entremedio-. ¿No deberías tener más de una amiga para que yo sea la mejor?
-Es que tú cuentas como muchas.
La velocidad a la que Zero avanzaba y se desproveía de los límites para demostrarle afecto la intimidó. El nerviosismo le hizo cosquillas en el pecho.
La tomó de la mano y la llevó hasta clases. Como siempre, ella contestaba las preguntas del profesor y los demás alumnos le arrojaban miradas indispuestas, pero le importaba un comino; Zero era exclusivamente quien tenía valor. Y él, por supuesto, se pasó casi todo el tiempo contemplando su belleza y recordando las hermosas palabras que le había murmurado la noche anterior.
-"Te quiero..., Zero..."
Sonreía y se estremecía cada vez que volvía a oír esa frasecita en su mente, y en su tentación por abrazarla, se mordía el labio...
En el almuerzo comieron afuera, bajo un árbol de raíces grandes y sobresalientes. Los alumnos seguían como si nada, pero fue como si el extraño sentimiento de Kiryuu se hubiera expandido hacia Kira. Cada vez que volvían a pensar en la repentina partida de Yagari, algo los ponía inquietos, en especial a Zero, porque le había dicho "es importante pero al mismo tiempo algo que nos traerá problemas a los enemigos de los vampiros..."
"Para los enemigos de los vampiros"... ¿Era en un sentido general tan amplio? ¿Qué magnitud tendría esa noticia? ¿Qué alcance? ¿Podría perjudicar a la Academia o a Kira...? Al principio el prefecto no había querido meditar demasiado el asunto por miedo a perder la paz que había construido con ella, pero sus instintos de cazador estaban presentes y se movían en su interior...
-¿Estás bien?
-Sí... –respondió-. Sólo pensaba en lo de Yagari...
-Ah... Yo también.
-¿Estás preocupada?
-En realidad sí... ¿Tú?
-Pues, preferiría llamarlo mañana para saber qué sucedió... Me quedaría más tranquilo.
-¿Te ayudaría un poco si yo...? –inquirió entonces ella, abriendo el cuello de su camisa y exponiendo su garganta tibia.
-¡¿Qué? ¡No! ¡No quiero hacerlo; no me muestres...! –se resistió, corriendo la cara.
-¡Ufff...! ¿Por qué tanto dilema con eso?
-No quiero morderte para conseguir sangre...
-¿Te gustaría morder a alguien más?
-¡Claro que no, idiota! No quiero morder a nadie jamás; es eso.
-Ah, bueno... Pero si estás sediento, avísame.
-Ya sé, Kira, y te avisaré... Por favor, acabamos de empezar el día...
-No te enfades.
-No me enfado; es que regresas con el tema y a mí sólo me complica...
-No eres una bestia. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?
-No es sólo eso... Kira, tengo que decirte algo... –Resopló. –Mira..., Yuuki hizo lo mismo que tú –aseveró a la sazón.
-¿E-Eh...?
-Me daba su sangre por voluntad para que no me enfermara... Y al final... Bah, ni siquiera quería que lo hiciera... Ella quería que lo hiciera Kaname Kuran.
-Z-Zero, ¿qué estás diciendo?
-No quería contártelo antes porque sabía que te ibas a comparar, pero es como si en mi mente asociara a esa desgraciada con el sacrificio que estás haciendo tú..., y no quiero..., porque tú eres...
-¿Y-Yo...?
-M-Me preocupa lo que te suceda a ti.
-Ah... Eres... muy dulce...
-Por eso no quiero hacerlo sin motivo. No quiero hacerlo siempre.
-Bueno, si lo necesitas sólo un poco puedes tomar de mi mano; un simple corte, pero que calme tus deseos antes de que se hagan muy grandes.
-L-Lo... tendré en cuenta.
-Además, no duele.
-No me mientas.
-En serio; se siente como una gran presión sobre la piel, pero no duele... Es extraño.
-Debe ser que te dejo medio inconsciente cuando lo hago, porque dudo que sea indoloro.
-Tus colmillos tienen mucho filo; es lógico que no duela, porque no desgarra.
-¿Te das cuenta de que estábamos hablando de otra cosa y tú te desviaste con esto?
-Perdón. Pensé que podría ayudarte a quitarte algo de tensión.
-Unos buenos masajes en los hombros te quitan tensión.
-Olvídalo.
-Sí, mejor, porque hace falta mucha destreza para darme placer a mí.
-¡¿Qué? ¡Escúchate nada más!
Portando una amplia sonrisa jocosa, Zero respondió mientras deslizó una mano lentamente entre el cabello suelto de Kira.
-No te pongas nerviosa, Airen...
-¡No me toques! –chilló antes de golpearle la mano-. ¡Actúas como un pervertido!
-Es gracioso verte sonrojada –dijo maléficamente.
Ella resopló y se acomodó el pelo. Tosió y volvió en su cabeza al tema que dominaba su humor unos instantes antes. Observó las lejanías del campus a través del aire y respiró.
-Sobre lo que dijo Yagari... Ni bien sepas algo, ¿me dirás?
-Claro –contestó con seriedad.
-Y si es grave..., ¿te quedarás conmigo?
-¿A qué te refieres?
-Si tienes que irte a la Asociación...
-Pretendo que vayamos juntos –dejó en claro tajantemente.
-¿En serio?
-Por supuesto. Si llegaran a pedirme que me presentase, no sería para simplemente pasar el rato. Y te extrañaría si tú te quedaras aquí.
-Oye, ¿no estás bromeando? –atónita, inquirió.
-No, boba. No estoy bromeando en lo absoluto. –La miró. –Además, si no estoy contigo no puedo vigilar que no te metas en problemas.
-Bah, yo me porto bien.
-No olvido lo que hiciste para conseguir mi regalo de cumpleaños.
-No fue nada...
-Más te vale.
Al formarse el silencio de nuevo, Zero analizó el gesto en el rostro preocupado de Kira, que contemplaba el cielo. Apoyó la mano sobre la de ella, que descansaba en el suelo, y le habló en un susurro.
-Oye. No te preocupes demasiado, ¿sí?
-¿Eh?
-Lo de Yagari trata de dejármelo a mí.
-Como cazador, tú sabes bien que no puedo desentenderme. Si no me afecta a mí, te afecta a ti, lo cual es peor.
-¿Cómo...?
-Ya me oíste.
Se sentó más cerca de ella, inquietándola. La intensidad de su voz disminuyó un poco más.
-Tienes que concentrarte en ti misma si se trata de esto. No pierdas el tiempo conmigo. En serio te lo digo.
-Si yo te dijera eso, me ignorarías.
-Sí, pero intenta ser más flexible que yo, y obedece.
-No.
Le levantó la cara de la barbilla con tres dedos.
-A mí no me están persiguiendo.
-¿Estás seguro?
-No estoy tan mal como tú.
-No importa.
-Claro que sí. Vamos, sé buena y escúchame. Yo puedo protegernos a ambos.
-P-Pero no tienes por qué protegerme. Esto no sé si ya lo hemos hablado...
-Yo tampoco lo sé, pero lo haré de todas formas. Eres mi amiga, la única.
Los enormes ojos de Kira, abiertos, brillaron estremecidos. Para ocultarlos, enterró la cara en el pecho de él y se sujetó de la tela de su saco.
-Cada vez que lo dices... –murmuró ella.
-Así no se me olvida –dijo, rascándole la cabeza.
-A cada minuto estoy más preocupada...
-Tranquila. Yo me haré cargo de todo. Tú estarás bien.
La idea de Seta Houki acechando a través del tiempo y más allá de las distancias le hizo apretarse más contra los pectorales de Zero.
-Puedes descansar en que yo no te dejaré sola –fue lo que él dijo, ignorando la abrumada expresión de la chica a quien, minutos más tarde, trató de animar haciéndola reír.
Tuvieron clases de educación física y estrenaron la piscina con esos días de calor. Curiosamente, los chicos y las chicas practicaban juntos, pero ninguna de éstas podía usar un traje de baño que no fuera enterizo. El de Kira era negro como su cabello y tenía unas curvas rojas que enaltecían su cuerpo delgado. Cualquiera de las otras estudiantes se veía o mal o no tan atractiva como ella, que gozaba de ser protuberante y proporcionada, algo que seducía a los caballeros y los distraía de la clase. Más de un par de ojos se desviaban a sus firmes glúteos cuando ella se volteaba, y sin cuestionarse por qué, Zero Kiryuu fue invadido por los celos y atormentó con la mirada a todos aquellos que osaban observarla con semejante lascivia.
-¿Estás bien, Zero?
-Sí, sí.
-Te ves tenso.
-¿Por qué? No estoy tenso.
-Parece que sí.
-No sucede nada. ¿Por qué no te cubres con esta toalla?
-Pero no estoy tan mojada ni hace frío.
-Sólo hazlo, ¿quieres?
-¿Estás diciéndolo porque alguien me miró el trasero?
-No –contestó rápidamente y ruborizado, con los labios enarcados en la tirantez que adoptaba su cara a causa de esos desagradables mirones-. Y no menciones las partes de tu cuerpo.
-De acuerdo... Supongo que este traje me aprieta un poquito.
-No sé ni me importa. ¡Cúbrete!
La abrazó con el lienzo y se lo dejó encima para que ella lo situara por debajo de su cintura. Luego de obedecer, Kira se sonrió y se dio el lujo de fastidiarlo.
-Es la primera vez que me cuidas de esto, Zero. Qué tierno.
-Cierra la boca, tarada. No me encrespes más de lo que ya estoy.
-Zero Kiryuu está celoso porque me miraron el- -empezó a cantar.
-¡No lo menciones! –espetó, no obstante, tapándole la boca de un manotazo.
A falta de eso, Kira nadaba muy bien y era veloz, aún grácil en el agua, lo cual no ocurría con otras alumnas que, esforzándose por ser rápidas, adoptaban una postura tosca y rígida.
Estaba de más decir que Zero era el mejor entre los hombres. Incluso tuvo que hacer una carrera con ella y otras dos alumnas y ganó. Sus músculos y su cintura delgada eran hechizantes. Era increíble que las humanas no se interesaran en él sino en los vampiros.
Concluida la clase, cada grupo se duchó y se cambió de ropa. Los prefectos se buscaron para reunirse lo antes posible y se halagaron mutuamente por sus actuaciones en aquella actividad. Aún sanamente, se jactaron de ser mejores que todos los otros y se mantuvieron hilarantes.
Cumplieron con sus tareas de vigilantes al atardecer, soportando nuevamente los aullidos de las chicas que buscaban a los vampiros, y se retiraron a la fuente de agua. Allí deleitaron su vista en las estrellas y no charlaron tanto; en realidad disfrutaban del solo hecho de estar juntos.
-Kira, ¿te das cuenta? Ya ha pasado más de un mes desde que viniste aquí.
-Síp. Y tú has cambiado mucho en este tiempo.
-¿A que sí? Anoche dijiste que yo solía ser un cabezón feo.
-¿Lo dije? –preguntó tras una risotada.
-Sí. Dijiste que antes yo era así pero que ahora era lindo.
Kira alzó las cejas en un gesto automático.
-¿Dije eso?
-Sí, boba. Vaya, realmente estabas dormida hablando.
-Disculpa... No sé qué decir.
-No importa. Lo mejor ya lo dijiste anoche.
Ella replegó los labios.
-No sentía ganas de sonreír antes, lo sé. Y aunque me torture la culpa, te hablaba mal todo el tiempo.
-¿Para qué nos vamos a engañar?
-No obstante, me sigue causando gracia que me quisieras tratar de "usted" cuando nos conocimos.
-Te recuerdo que desde que tengo memoria me han estado hablando de la familia Kiryuu como cazadores de vampiros altamente calificados, y cuando luego se supo lo que le hiciste a Rido Kuran, mucho más.
-Han estado hablando de mí como un héroe inútilmente...
-Para mí lo eres.
-¿Por matar a esa basura? Basta.
-No; no eres un héroe por haberlo matado sencillamente, sino por todo lo demás; todo lo que sacrificaste, todo el dolor que soportaste y el honor con el que encaraste las cosas. Te preocupó más el bien ajeno que el tuyo... Un héroe es así.
-En ese caso tú también eres heroína y una de mejor calidad que yo.
-¡Oh, shh...! No nos compares. Somos muy parecidos. Nada más.
-Me alegro de que eso sea así.
-Je... Yo también, Zero.
Se miraron con cariño y ambos esbozaron una sonrisa que, en ese contexto, era casi como una declaración de amor. Él volvió los ojos al cielo e hizo un comentario, poniéndose de pie:
-Iré a patrullar un rato por los interiores. ¿Te quedas aquí?
-Bueno. Cuando regreses, reviso por acá.
Zero le guiñó el ojo para despedirse momentáneamente, ante lo cual Kira no pudo evitar temblar. En vez de ruborizarse como un tomate, un inclemente frío le recorrió la espalda y se llevó el tono de su piel. Aquel gesto ensalzó el atractivo del muchacho que de por sí le movía cielo y tierra. Ella jamás había sentido una pulsión semejante por un hombre y bajó la cabeza, asimilando lo que su corazón sensible estaba atravesando.
-"Maldito, es tan hermoso y se hace desear..."
Suspiró pensando cosas así. Su corazón estaba floreciendo.
Pocos minutos después, un tenue sonido a hojas pisadas llegó hasta sus oídos. Provenía de los arbustos junto a la fuente. Ella se incorporó.
-¡Ey! ¿Hay alguien ahí? ¡No pueden estar aquí afuera!
Sin embargo, la nula respuesta que encontró la obligó a adentrarse en la oscuridad de esa zona. Sus pies fueron cautelosos y conservó precisión en sus ojos celestes que buscaron una explicación a esa manifestación repentina.
-¡Todos los alumnos de las Clases Diurnas deben estar en sus dormitorios durante la noche! ¡Quien quiera que sea, regrese ahora!
Pero el silencio era demasiado espeluznante como para que hubieran sido estudiantes los perpetradores de ese sonido... El sonido, que se repitió dos veces más mientras Kira estuvo entre esos árboles y arbustos sombríos.
-¿Q-Quién está ahí? ¡Vamos, salgan! ¡Hay un toque de queda!
Comenzó a asustarse. Una brisa que auguraba peligro trepó por su pecho hasta rodearle el cuello. Sus entrañas se estremecieron. Tomó su látigo de inmediato y buscó con la mirada descubrir la identidad de quien la observaba desde las tinieblas. El mismo, no obstante, se reveló solo..., saltando desde un árbol detrás de ella, a unos pocos metros. Se volteó nerviosa y distinguió un Nivel E encorvado y de fauces grandes que la miraba con ojos escarlatas, jadeando su apellido:
-Airen... Airen... Airen...
-¿Quién eres tú? –ferozmente interrogó con su arma, Ayilai, en mano y preparada para pelear.
-Kira... AIREN... Siempre tan deliciosa..., tan apetitosa... El Conde estará complacido...
-¿E-El... C-Conde? –tartamudeó horrorizada, con los ojos abiertos de par en par...
-Muy pronto... todo... terminará... y tu sangre... ¡SERÁ DERRAMADA SOBRE LA TIERRA DEL SEÑOR DE LA NOCHE!
Con esos términos berreados, se lanzó sobre la mujer y comenzó a forcejear para morderla. Ella hizo fuerza por alejarlo y así poder pegarle con su azote que, tocado por la luz de la luna, adquirió un filo especial que no parecía haber tenido antes, en las sombras. El vampiro vulgar gruñó al sufrir la agresión y arrojó tarascones luego evadidos por Kira. La misma fue retrocediendo hasta penetrar más en el bosque, defendiéndose entretanto con patadas y puñetazos a puntos clave que surtieron efecto aunque no completamente a causa del aguante del ente sucio. Gritó contenida en su batalla, sobre todo para que ningún estudiante la oyera, mas dio todo de sí para sacarse de encima al maldito.
Sin embargo, su sangre fue vertida sobre la tierra ante los zarpazos efímeros a las piernas y los brazos, y los estudiantes nocturnos sintieron su aroma...
Entre ellos, Zero Kiryuu también.
Kira tropezó con una piedra y el Nivel E se lanzó a sus pies para llevarla hasta su boca salivosa. Comenzó a vociferar más su desesperación y sus ruegos de auxilio. Luchó tanto para ponerse de pie como para que la bestia no la tocara, y ni una cosa ni la otra la podía lograr al cien por cien. Arañando el suelo, le lanzó rocas y más golpes, pero aquél persistía. El terror hizo que su corazón enloqueciera a un punto en que parecía ir a estallar en su pecho. Ciertamente pudo empezar a gatear escapando, pero el atacante le tiró de los pelos y le gruñó con un pavoroso salvajismo, jadeando palabras de amenaza infame.
-¡Tus huesos tronarán al sonar de su risa sagrada, y sobre tu tumba él dirá un epicedio que inmortalizará tu sufrimientoooo!
-¡Déjame! –gritó la mujer, pateándole la cara.
-¡El cielo se teñirá con la última esencia Aireeeeeen!
Sin embargo, su asqueroso vocablo fue detenido por un golpe seco de valentía agresiva. El prefecto de cabellos platinados saltó hacia el agresor y lo sacó bruscamente de encima de la dama.
-¡¿Cómo te atreves a tocarla con tus sucias manos? ¡Maldito monstruo...!
Ése se irguió, doblándose como si sus huesos fueran de goma, y se enfrentó a Zero, quien se mantuvo delante de Kira con su nueva arma en alto, el revólver azabache y dorado "Eclipse", así denominado. Con el mismo apuntó a la bestia y no dijo ni una palabra; sólo le disparó, emitiendo una luz amarilla que pareció explotar como un sol pequeño. La bala sacra se enterró en el vampiro y le dejó un agujero en el pecho, causando su muerte. Cayó de rodillas y, antes de dar un último suspiro agrio, declaró:
-Ya nada puede hacerse... Seta Houki, el Conde de la Noche... ¡triunfará!
Para callarlo, un tiro a la boca hizo que finalmente se desvaneciera como polvillo... De pronto el peligro se había esfumado.
Angustiado por haber pensado que Kira iba a estar ya perdida, se volteó aún nervioso y trotó hasta ella, quien lo abrazó y gimoteó presa de la fatiga y el temor.
-Zero..., Zero...
-¡Por Dios, ¿estás bien?
-Sí... Pudo tocarme, pero nada grave.
-¡Estás sangrando!
-Sí..., me rasguñó...
-¡Maldito...!
-Era un enviado de Seta... Zero, me van a-
-No digas eso. ¡No lo digas!
-Zero, yo...
La interrumpió, tomándola del rostro y peinándola mejor de nuevo. No quería ni siquiera pensar en la posibilidad de que ese vampiro Sangre Pura fuera a dar con ella... No quería ni pensarlo...
También su lado vampírico se hacía presente entre esas emociones repentinas. Encontrar la sangre de Kira tiñó su mirada con rojo y ya deseó beberla. Tuvo que realmente prestar más atención al hecho de que estaba asustada, porque, de no hacerlo, inmediatamente se pondría a satisfacer sus anhelos reprimidos.
-Llegaste en el último momento... Si no hubieses venido...
-No lo pienses. Eres mi compañera; debo protegerte. ¡Dios, lamento no haber llegado antes...! –fue lo que dijo con lamentación previo a abrazarla, sosteniéndole la cabeza con delicadeza.
-Zero, gracias...
-Por un segundo creí que... Cuando sentí tu sangre...
-No, Zero...
Angustiado, sollozó; había quedado más espantado él. La abrazó tanto, que comenzó a lastimarla, ella no lo detuvo. Era plácido tenerlo tan cerca...
-Kira, yo... Tuve tanto miedo... Pensé... ¡PENSÉ-!
-Shh... Estoy aquí... –lo consoló, acariciando su cabellera platinada-. Por ti, estoy bien...
Los ojos lilas desesperaron.
Ella suspiró recobrando bríos y consciente de esto último. Se preparó para recibir una mordida pasional y cerró los ojos.
-Estoy contigo. Estamos bien, Zero... Ahora, muérdeme.
-N-No...
-Hazlo... Puedo sentir cómo tiemblas... Hazlo y limpia mis heridas.
-P-Perdóname...
Eso murmuró, con la mirada lacrimosa, y le sacó la gargantilla negra. Le corrió el cabello oscuro y lentamente lamió su piel antes de clavar los colmillos y succionar su esencia. La presión del cuerpo del hombre sobre la integridad exhausta de Kira hizo que ésta se venciera y cayera de espaldas al piso... y él, con ella... Dos corazones, agitados... Dos almas gritaban una emoción que echaba fuego y un tabú fue violado en la oscuridad de la noche. Los estudiantes nocturnos se sulfuraron al discernir que ese aroma carnal era de la prefecta que deseaban tantos otros. La mano izquierda de Zero se aferró al hombro derecho de ella, y su otra mano la sostuvo de la nuca.
-"Gracias..., Zero..." –pensó. Su rostro exteriorizó los escalofríos de su espíritu pero la paz de su intelecto.
Los murmullos que entonaba la garganta del muchacho al tragar la sangre quedaron grabados en la memoria de Kira. Ése momento no hallaba ecos en el pasado.
Entonces él acabó, descansando los labios sobre la misma herida y jadeando fatigado. Se aferró aún más a su amiga y tiritó. Lamió la sangre que había quedado en ese cuello tibio y después se ayudó con los brazos para levantar un poco la vista y ver la cara de quien era todo para él. Sus ojitos lilas eran una muestra de su preocupación por ella. Ésta, sonriendo al mirarlo de nuevo, extendió su mano hasta sus labios ensangrentados y con un dedo le limpió el hilito rojo que caía por el costado de su boca hasta su mentón. Suavemente, acercó dicho dedo a sus labios de nuevo y se lo entregó para que lo lamiera. Él, cerrando los ojos en un dolor evidente, accedió a lamerlo, pero luego dejó que su flequillo ocultara su vergüenza. Y por último se encargó de las heridas inferiores; prefirió recoger las pequeñas pérdidas de sangre de las piernas de Kira con sus dedos y luego lamerla en éstos...
-Lo siento... –farfulló.
-¿Por qué...?
-Soy un monstruo... ¿Cómo puedo hacer esto... con lo que acaba de pasar?
-No eres un monstruo... Ya lo sabes... Me estoy acostumbrando a esto...
-No lo mereces... Perdóname...
-No digas eso y ayúdame a incorporarme.
Él se paró y le permitió hacer lo mismo. Le alcanzó el azote Ayilai y guardó su propio revólver. Luego se arreglaron los dos. Las dentadas de Zero fueron tapadas nuevamente. Serios estaban ambos, y él no podía dejar de preocuparse por ella.
-¿Segura que estás bien?
-Segura... Sólo quiero ir adentro...
Cordialmente, la llevó de la mano hasta el baño privado del Director Cross, quien en el camino los encontró de casualidad. Notó que habían sufrido un trauma causado por la naturaleza de los vampiros.
-¿Qué... sucedió...? –inquirió, abriendo de par en par sus ojos.
-Luego le cuento, Director. Pero no se preocupe; ahora ya está todo bien.
-Kira..., te lastimaron...
-Sí, Director..., pero estoy bien. De verdad –explicó ella.
-Confíe en mí; enseguida lo sabrá todo.
Los jóvenes se alejaron, dejando a Kaien como presa de la zozobra.
-"Así que... han logrado seguirla..." –caviló dicho líder.
Zero la acompañó hasta el baño. Ella se agarró de las paredes y trató de mantener la compostura antes de entrar a la ducha. De pronto comenzó a desfallecer, mas tuvo algo de voluntad para recordar que en su cabello ya no se encontraba la hebilla de la rosa turquesa. Inquieta repentinamente, exclamó:
-¡Oh, no! ¡Mi hebilla! ¡Debió caerse cuando el Nivel E...!
-¿En serio?
-¡Sí! ¡No la tengo! ¡Oh, no, la perdí!
-No, no te preocupes, Kira. Iré a buscarla.
-¿Eh?
-Debe estar allí todavía, ¿no? ¡Iré a buscarla! Tú date una ducha y la traeré para cuando salgas.
-¿De verdad? ¡Ah, gracias...!
-No hay de qué. Sólo quiero que te recuperes por completo. Puedes desvestirte y entrar a la ducha sin desmayarte, ¿no?
-Sí, sí... Estaré bien... Tú fíjate en si mi hebilla está o no..., por favor...
-De acuerdo. Vuelvo enseguida.
Entre los arbustos estaba el accesorio de la chica. Zero lo tomó en su mano y cuidadosamente lo guardó. De paso, buscó alguna pista sobre el vampiro que había cometido la aberración de atacar a su compañera, pero nada había allí. El tormento, la consternación ocasionada por el gran riesgo de que Seta Houki viniera detrás de ese Nivel E ató un nudo en la garganta de Kiryuu... No podía ser.
Quiso negarlo con todas sus fuerzas...
Cuando Kira salió de la ducha al primer cuarto del baño vio su camisón rosa sobre la mesa del lavatorio y la hebilla encima del mismo. Sonrió, reconociendo que Zero habría llevado esas cosas mientras ella seguía aseándose, y se vistió lo más rápidamente que pudo para poder ir a verlo cuanto antes.
Al salir, empero, no lo divisó. En la sala de estar, a pocos metros, se recostó sobre el sofá y se durmió en pocos minutos. En su cuerpo no había ningún vendaje o bandita que ocultaran sus lesiones ahora limpias. Respiró en paz de nuevo, rodeada de un perfume delicioso a jabón fino.
El guardián de ojos lilas, por otro lado, efectivamente estaba hablando con Cross. Le explicó todo lo que había visto y que el Nivel E ya no existía más pese a que según Kira había sido enviado por el Conde Seta. No obstante, Kaien, que no era ningún tonto, exigió que le contara todo lo que tenía para decir.
Zero no se resistió; sabía que intentar huir de eso era inútil y falto de honor.
-Bebiste de su sangre, ¿verdad? –lo interrogó. El otro asintió. –Bueno..., supuse que sería inevitable... Tanta química entre ustedes dos...; en algún momento te dejarías llevar. Lo único que deseo es que no se lastimen.
-No... No le haría daño ni aunque peligrara mi propia vida.
-Eso es lo importante... Pero, Zero..., ¿entiendes que si este visitante Nivel E era enviado de Seta... las cosas no tardarán en irse al infierno? Por favor..., no quiero que esto sea otro trauma para ti... No quiero que si tuvieran que separarse-
-Eso no pasará –negó rotundamente. No podía soportar ese miedo.
-Mmm... De acuerdo. Esperemos que esto... se libere de tensión lo antes posible... Por el bien de ustedes dos... Yo me mantendré alerta. Puedes confiar en mí, Zero.
El joven salió de la oficina de inmediato. Su cara estaba teñida en angustia. Moriría si todo se arruinase ahora que estaba tan cerca de ser feliz para siempre. Tuvo que tragarse sus lágrimas y digerir la exasperación, porque Kira se estaría sintiendo peor y era ella quien necesitaba más ayuda. Frotándose los ojos, siguió avanzando hasta el baño, pero antes la halló en el sillón. Sus piernas delgadas estaban replegadas y era obvio que tenía frío. Con el ceño fruncido en su padecimiento, buscó una manta y se acercó recelosamente para arroparla. Se sentó en la alfombra junto al diván y la miró de cerca... Pese a que quiso acariciar su reluciente cabello negro y oír su vocecita tierna, la dejó dormir, cuidándola como un legítimo ángel guardián. Apagó todas las luces y se dispuso a pasar la noche ahí, apoyando la cabeza unos centímetros lejos del rostro calmo de ella.
