ÚLTIMO DÍA: "Te Necesito"

Lo primero que Kira vio al despertar fue el rostro de Zero, quien, consciente y de rodillas frente al sillón, la contemplaba con un padecimiento tan intenso, que ella pensó que aún estaba teniendo pesadillas. Sus ojos lilas lucían cristalinos y revelaban ruina pura.

-¿Zero...?

-Kira... Hola...

-¿Qué te pasó...? ¿Por qué te ves tan mal...?

Esa pregunta activó el llanto en su corazón de héroe; llenó su pecho de arrojo y aire pesado, apartando la mirada después, pero no pudo explicar nada. Sollozó tomándose la frente. Estaba cayendo en un tormento abrumador.

-Zero... –La chica bajó al piso y buscó mirarlo a la cara. Le acarició las mejillas y le corrió el pelo para contemplar mejor sus rasgos viriles. –Dime qué sucede...

-¡K-Kira...! –exclamó contenido, y la abrazó, dejando muestra de lo necesitado que se hallaba desde hacía unas horas.

-¿Alguien te hizo daño...?

Negó con la cabeza.

-¿Tienes mucha sed?

Lo mismo.

-¿Pasó algo malo? ¿Algo... sobre lo de ayer...?

Se tomó la cara, la cual era achacada por el llanto que no quería entonar. Kira se vio obligada a darle refugio; lo sujetó por la nuca y lo llevó hasta su pecho, donde lo hizo descansar.

-Está bien... Todo saldrá bien... Debes tener fe... Todo estará muy... bien...

Pero los sollozos del muchacho eran desgarradores. Era un duelo fatídico vencer esa aflicción para imaginar un horizonte brillante. Ella intentó recomponerlo con solidez propia, pero no pudo hacerlo del todo bien y comenzó a suponer las razones de esa angustia:

-Es Seta, ¿no? ¿Ya viene a buscarme? ¿Eso te dijeron...?

-K-K-Kira...

-Supongo... que todo se arruinará ahora...

-N-No... Yo...

-No llores, Zero... Por favor; odio que llores. Si tú lloras, ¿qué me queda a mí? No puedo ser tan fuerte si tú lloras...

-Lo siento...

-Dime qué sucedió... Zero, quiero saber cuánto tiempo me queda.

-No hables así...

-Pero es de esa forma, ¿no? Perderemos esto...

-No... No quiero eso...

-Entonces dime.

Rescató aire al separarse del pecho de su hermosa compañera. Un par de lágrimas cayó de sus ojos, aunque lo quiso disimular rápidamente. Susurró palabras terribles:

-A la madrugada..., Yagari llamó... Sus compañeros cazadores..., aquellos que lo habían contactado por teléfono..., le informaron que Seta se está movilizando... Sus tropas vienen hacia la ciudad... y tu nombre se oye por todos lados... Ya saben dónde estás.

-¿E-En serio...?

-Kira, yo...

-Ah... Vaya... No pensé que... Fue aquel viernes, ¿verdad? Hace una semana..., cuando compré tu regalo de cumpleaños.

-No lo sé...

-Es mi culpa... Si no fue ahí, fue cuando buscamos mi vestido. Es por mí...

-No digas eso... Tenías derecho a salir... No puedes ser prisionera eterna...

-Lo sería si eso me garantizara vivir contigo para siempre en paz... Aquí me siento bien. No tengo por qué irme; no necesito nada de afuera...

-Kira...

-Yo te arrastré a todo esto... Lo lamento tanto, Zero...

-¡No me pidas perdón! ¡No hiciste nada malo!

Cargado de furia, en el hombro de la chica volvió a descansar. Quería poder escapar de todo el miedo de una vez. A pesar de buenas personas, ¿por qué tenían que pasar por eso? Permanecieron en silencio, un silencio lúgubre y cruel, durante unos cinco minutos. No quisieron pensar en nada; únicamente disfrutar de ese momento en que podían estar cerca y con la guardia baja, pues los días se estaban acabando y la noche se avecinaba con todo su rigor.

Luego vino el Director con una expresión de cansancio; evidentemente no había dormido... y traía una mala noticia. Saludó a los prefectos de los que cuidaba como padre y le prestaron atención.

-Zero, Kira..., debo decirles algo.

-¿Qué ocurrió? –ella preguntó con su vocablo dulce.

-Y-Yo... recibí una llamada de Chigima... Él... también sabe lo de Seta... y vendrá a buscarte a la tarde, querida... Lo siento.

Estupefactos los dos..., no pudieron decir nada. Ni siquiera se miraron, pues sabían en sus corazones que verse en ese instante sería más que letal. No lloraron tampoco sino hasta después, porque primero hacía falta asimilar la idea y ahora mismo les era imposible... Posteriormente él quiso negar la realidad, inquiriendo sin enfocar nada con sus ojos:

-¿N-No... puede convencerlo de que ella... se quede aquí...?

-Lo lamento, Zero. No puedo hacer nada; ya lo tiene decidido. No es mi elección, y hay un elemento contundente en las amenazas de Seta. Los cazadores están advirtiendo... Es real.

Elipsis mortal. Con la vista en el piso alfombrado, los guardianes se sintieron como dos ilusiones rotas y fueron incapaces de demostrar lo que estaban atravesando, la espiral de desesperación en la que estaban cayendo... Por respeto, Cross se retiró, avisando antes:

-Yo... los ayudaré con todo lo que necesiten.

Solos de nuevo, Zero fue el primero en empezar. Masculló una misma palabra una y otra vez:

-No... No... No... No, no, no, no... ¡NO...!

Se puso de pie y no supo en qué sentido caminar lejos de escena. Se agarró la cara y lloró sin sollozar en voz alta. La mujer de sus sueños se iba... Se iba delante de él. No podía tolerar eso. No tenía la fuerza para hacerlo. Y Kira tampoco, por lo que salió corriendo hacia su habitación. Allí se quedó durante más o menos una hora y media. Zero no se fue de la sala de estar. Todos los recuerdos que habían elaborado juntos en la Academia surcaron sus mentes corrompidas; los ataques de Zashi y Deimou, la trampa de Alika en el comedor, el cumpleaños de Kira y el informe de biología, su resfrío, el baile, las vigilias como prefectos, los caballos, la torre, la biblioteca y la cúpula, la fiesta de Zero..., todo unido en una sola emoción llamada amor y que se había soterrado en sus mentes con una potencia inigualable y un sentido tan dulce como la miel. Para huir de su congoja o al menos borrar las marcas de lágrimas en su rostro, el muchacho se dio una ducha, y en el proceso, la joven derrotada había vaciado su cuarto. En el bolsillo de su chaquetita celeste (la cual combinaba con su pollera de igual color, su remera negra y sus botas altas marrones) se encontraba la llave de dicha recámara número 23, y traía en sus manos las valijas que había llevado consigo el primer día. Fue directamente a aquel living y las dejó apartadas antes de notar que la puerta del baño estaba cerrada, con su amigo adentro. Expeliendo un desastre emocional a medida que pasaban los minutos y perdía lo más valioso que tenía en el planeta, se aproximó a la puerta y llamó con un par de golpecitos débiles. El picaporte giró lentamente y se abrió la entrada. Kira la empujó y avistó al prefecto de pie apoyado contra la pared y cabizbajo. Estaba descalzo, sólo vestido con su pantalón negro y la camisa blanca abierta. Su cabello estaba mojado y de él caían gotitas de agua. Parecía tan exhausto, tan asolado...

Ella cerró la puerta detrás de sí y se paró frente a él. Quiso decirle algo, pero su determinación no fue más poderosa que la de su cómplice, quien murmuró:

-¿Ya te vas?

-¿Ah...?

-Ya te vestiste para irte... Vas a permitir que esto pase, ¿cierto?

No pudo decirle nada. Pues, la verdad era que sí. Pero, ¿cómo explicarlo sin lastimar?

-Pensé que lucharías un poco. Es tu vida, después de todo... ¿Vas a huir siempre?

-Zero... –se animó entonces a hablar-. No puedo...

-¿Qué no puedes?

-No puedo forzar las cosas. No puedo quedarme aquí... Justamente porque me importa..., debo alejarme de los otros.

-Y, ¿serás una ermitaña hasta morir? ¿No te relacionarás por miedo a arriesgar a otros en tus problemas?

-No puedo ser egoísta cuando se trata de la felicidad ajena.

-No tienes que ser siempre perfecta. Puedes darte el lujo de satisfacer TUS deseos de vez en cuando.

-No es eso... Zero..., mi mayor deseo ya fue satisfecho... cuando tú dijiste públicamente que era tu amiga. ¿Lo recuerdas?

-Kira...

-Me has dado tanto... Por eso necesito que entiendas... que no puedo afectarte a ti y a los demás estudiantes con mis conflictos. No es justo...

-¿Te vas a entregar para que los demás no tengan inconvenientes?

-Es lo correcto..., pero no me voy a entregar. Sólo... tengo que irme... –aseveró, finalmente sollozando con la vista en el suelo.

-Esto –susurró el chico, pasado un minuto impiadoso-, ¿es real...? ¿No es un mal sueño?

Ella negó con la cabeza.

-No puedo creer que... No... Justo cuando pensé que...

Kira lloró mientras dejó salir sus penas:

-Lamento haberte conocido...

-¿Qué dices? ¿Cómo puedes decir eso...?

-Si no te hubiera conocido..., no estarías viviendo esto... Habrías seguido con tu vida normal... Pero ahora... por sólo verme poco más de un mes... estás sufriendo mi partida... No es justo contigo... Si alguien no se merece sufrir más eres tú... Zero..., quiero seas feliz...

-¿Aún no te has dado cuenta... de que si no hubieras venido a la Academia yo no estaría aquí? Ya habría renunciado a la vida... Pero tú me hiciste ver... –siguió, ahora llorando con toda claridad- que hay una razón para vivir... ¡y ahora quiero crecer! Si tú te vas, ya no tendré ese deseo de seguir adelante... No podré reírme como lo hago contigo.

-Zero...

-Hasta tus comentarios más ilógicos y tontos..., hasta ésos quiero oír. Los quiero oír todos los días porque me hacen sonreír..., ¡y hacía mucho tiempo que no sonreía de esa forma!

-La... La sonrisa siempre estuvo en ti... Puedes hacerlo siempre que quieras... Yo sólo fui un motivo pasajero que te recordó que la tienes.

Él reaccionó ante esa expresión y la tomó de los hombros rápidamente, exclamando:

-¡No hables de esa manera! ¡No hables como si ya ni estuvieras aquí! Tú no... Tú no... puedes irte, ¿lo entiendes?

-Zero...

-Los días serían iguales. No quiero que mi vida sea así, sin una meta final. Quiero... despertar cada día agradeciendo a Dios que aún estoy vivo... y deseando que cada momento dure más de lo debido para ser doblemente feliz. ¡ESO quiero sentir! ¡No quiero amanecer con miedo a enfrentar un día de dolor! ¡¿Te cuesta entender eso? –Sus lágrimas caían de sus ojos continuamente al igual que ella.

-Claro que no... Te juro que no...

-¡Entonces no puedes hacer esto así como así!

-¡Dime qué quieres que haga...!

-¡Quédate conmigo! ¡Peleemos juntos para evitar que Seta llegue aquí!

-No... No, no podemos...

-¿Por-?

-¡Hay humanos inocentes aquí! Niños y niñas que no pertenecen al mundo violento de los vampiros... y yo... no puedo exponerlos a ese peligro... Debo salvar a todos los que pueda...

-¿Porque no pudiste salvar a tu familia? ¿Es por eso?

-No me pegues ahí... Tú sabes que-

Sin embargo, fue interrumpida por dos brazos que la estrecharon fuertemente contra el pecho de Zero... Juntos, temblaron y cerraron sus ojos en un instante sagrado que quisieron eternizar. Sollozos de un hombre y de una mujer se fusionaron en un solo lamento de perdición y supieron que lo único que podían hacer era enfrentar la verdad y separarse. Aunque, aún con más fuerza se sujetaron, sellando uno su sollozo en el oído del otro...

-Nunca fui tan feliz... como en todas las ocasiones que dijiste mi nombre y me sonreíste... –él confesó-. Por eso no quiero que te vayas...

-Lo haces tan difícil... ¡No me tortures!

-Muchas veces quise decirte-

-¡Cállate! ¡No digas algo que empeore todo! ¡T-Tengo que hacer esto...!

Labios cerrados una vez más; Kiryuu nunca había llorado tanto. Veía su vida escapársele entre los dedos... Como rindiéndose ante la determinación fría de su compañera, no dijo más hasta que ella se separó de su pecho desnudo y lo miró fijamente a los ojos. Cuatro torrentes de lágrimas se exhibían en ese contexto húmedo y aislado, y ella respiró hondo antes de tomarlo de la mano y llevarlo hasta la ducha. Cerró la puerta y, temblando, lo apoyó contra la pared. Se sacó la gargantilla negra y, entregándose, le pidió con un hilito de voz:

-Zero..., una última vez..., cumple tu deseo.

-¿Q-Qué...? –él increpó, atónito y pálido.

-Dijiste que no querías beber la sangre de cualquier persona... Déjame darte una última probada.

-No... No lo hagas...

-No quiero que te absorba esa enfermedad... Quizás... si bebes una última vez... y me voy... no tendrás más ese deseo...

Zero levantó la mirada quebrada hacia ella; sus ojos lilas estaban inflamados de tanto llorar y se le había generado una sombra alrededor de los mismos.

-Jamás te tuve miedo, Zero... Por eso no me opuse nunca a que me mordieras. Sé que no me harías daño, y si lo hicieras... sería porque me lo merezco... Por eso... quiero que termines con esto y bebas mi sangre... por última vez.

La herida abierta de su cuello llamaba la naturaleza salvaje del chico. Como tocado por electricidad, se estremeció y peleó por repugnar la fragancia de ese cuerpo sensual.

-Maldita... No me seduzcas.

-Lo siento, pero no es un capricho. Zero, hazlo por el bien de los dos –volvió a rogar, haciendo con sus propios dientes presión sobre el corte que se había hecho en el dedo durante el post-cumpleaños del muchacho. La sangre prorrumpió por la piel lesionada y los ojos de Kiryuu se volvieron rojos como el peor infierno, al igual que su cicatriz.

-No... –él suplicó, tratando de mantener sus colmillos distantes.

-Lo siento..., pero es mi deseo también que lo hagas.

-¿Qué... dices?

-¡Bebe de mi sangre, Zero!

-¿Por qué dices eso?

-Porque... ¡Porque...! ¡Porque cada vez que clavas tus colmillos en mi cuello siento... como si realmente me necesitaras!

El corazón del joven se congeló allí. Al sonar de esa frase, automático fue el recuerdo de algo que él mismo le había dicho a Yuuki Kuran cuando, aún jugando con su corazón, no hacía más que mortificarlo... "Yuuki, lo que dices es extraño. Es como si estuvieras tratando de decir que realmente me necesitas. Estás equivocada; a quien realmente necesitas es Kaname Kuran. ¿No ha sido siempre así?"

-T-Tú... –le preguntó a Kira, conmovido-, ¿quieres que te necesite...?

-YO... Sí..., quiero... Quiero que me necesites... Desde que te conocí... quise que me necesitaras..., no sé explicarme por qué...

-Kira...

Tan dulce como siempre. Abrazados de nuevo, se arrastraron por la pared hasta terminar arrodillados en el piso frío y mojado. Ella continuó, forzando su voz enfermiza en un mar de pesadumbre que le tiraba de las cuerdas vocales y le desgarraba el pecho:

-¡No importa cuánto duela... o que acabes con todas mis fuerzas! Quiero saber que me necesitas, que soy algo para ti... Aunque sea una última y trágica vez...

-Kira, no entiendes... –dijo entonces, con firmeza-. No entiendes que mi necesidad hacia ti no pasa por la sangre que quiera beber de tu cuello..., sino por el sentido que le das a mi vida... y si no puedes entender lo que quiero decir con eso...

-¿Zero...?

Sin poder manejarlo ni un segundo más, el hombre eligió entre la sangre y el amor..., tomando a la sazón un camino que lo llevó a develar aquello que su corazón siempre había guardado como un secreto más oscuro que los abismos de los mares. Su mirada, escarlata cual su tatuaje, permaneció latente al igual que sus colmillos, pero no estaba dispuesto a lastimarla más, pues con ambas manos la tomó de la cara y declaró su fervor, ofreciéndole sus labios... Finalmente, extinguiendo un karma que los hacía esclavos, se liberaron de toda atadura para mostrarse lo que tenían para darse sin resentimientos ni falsedades. Un beso que hizo temblar montes y que sacudió océanos se perpetuó en la pasión de dos personas que en esencia eran iguales y que darían cualquier cosa por estar un momento más en armonía. Serenos, arrullados por la dulzura y la vitalidad de dicho encuentro, los dos cerraron los ojos y probaron lo que era la devoción pura. Las manos de Kira se desplazaron hasta descansar en el pecho de su príncipe azul y él la mantuvo sostenida de la cara, acariciando sus mejillas con los pulgares... Así... hasta que, cuando todos sus recuerdos se habían combinado en un apogeo emocional, comprendieron que no había duda y que eran tal para cual, dos personas elegidas para vivir y morir juntas; no podían dejar que alguien como el Conde Seta los dividiera. Las palabras sabias del maestro Toga Yagari surcaron el aire como un susurro etéreo... y fue una ley irrebatible.

"Sigue adelante; persigue en la vida aquello que te haga feliz y no lo sueltes jamás"

Finalizado el beso divino, Kira descansó en el pecho de Zero, quien no la soltó más y pudo dominar su deseo sangriento de una vez. Sus colmillos se habían retraído, y su mirada era lila. Sin derramar ni otra lágrima, se quedaron estáticos, dilatando ese tiempo perfecto. La barbilla de él hacía contacto tibio con la frente de ella. Aunque querían, no podían estar más cerca. La candidez los rodeó y los colmó.

Con una voz suave y delicada, él le susurró.

-Te amo.

Ella sonrió. Podía oír el desaforado corazón de su pareja y también sentir sus propios latidos frenéticos.

-Yo también te amo, Zero... Ha pasado mucho tiempo desde la primera vez en que quise decírtelo.

Él jamás había pronunciado esos dos términos juntos. Era efectivamente un nuevo hombre. Abrazó apasionadamente al amor de su vida y le suplicó:

-Por favor, no me abandones...

-Descuida... –respondió ella, acariciando su piel fría-. No importa cuánto quisiera hacerlo; ya no soy capaz...

-Eres lo único que necesito para estar bien. Por favor, entiéndelo...

-Yo siento lo mismo... Así que lo entiendo muy bien... Ah..., Zero..., cómo me atrapaste... Ahora no puedo alejarme de ti.

-Eres mi última esperanza para ser feliz... No voy a dejarte ir tan fácilmente. Quiero que estemos juntos.

-Yo también... Pero...

-No digas más "pero". Kira..., iré contigo.

Ella lo miró a los ojos, frunciendo el ceño.

-¿Qué...?

-Tienes razón. No puedes quedarte aquí y arriesgar las vidas de todas estas personas. Por eso... iré contigo y escaparemos juntos de las tropas de Seta.

-Zero...

-Te protegeré siempre... Estaré a tu lado como Chigima y me aseguraré de que nadie te haga daño. ¡No me importa nada!

La chica quiso sollozar. ¿Realmente él iba a dejar todo por ella? Tal cosa indicaba que sí, por lo que quiso negarse, pero su deseo era estar a su lado para amarlo por siempre. No podía discutirle esa postura.

-¿E-En serio?

-Sí, Kira... Nada me hará cambiar de opinión; iré contigo hasta el fin del mundo si hace falta, ¡pero estaré a tu lado!

-¡Oh..., Zero...! –exclamó, abrazándolo con una necesidad que se sintió terrible.

-Está bien... Si estamos juntos, estaremos bien. No voy a dejarte; ¡no voy a perderte bajo ningún concepto!

Cross tuvo que domar el duelo de su alma para no llorar, cosa que hacía mucho tiempo no hacía. Mirando por la ventana hacia las nubes habló con Dios y le preguntó por qué el mundo tenía que ser un campo de batalla para dos especies que eran tan similares. Sus aspiraciones pacíficas nunca parecían dar resultado, pues ahora veía ante él dos jóvenes que se amaban y debían separarse. Quitándose los lentes, se frotó los ojos y suspiró amargamente. Ya había pasado del mediodía y se avecinaba una sombra en el cielo anunciando desastres. Chigima no tardaría en aparecer.

Pero tres golpeteos llamaron a su puerta. Invitó a pasar, mas sin salirse de su melancólica posición. Zero ingresó, con ropa de calle, escoltando a su novia Kira, a quien sostenía de la mano, y no dijo nada hasta que su tutor se volteó para verlos y comprender.

-¿Qué significa esto, Zero?

-Director..., he decidido marcharme con Kira.

El cabecilla se sintió como en una colisión con conceptos increíbles. Casi estupefacto, analizó la cuestión y su rostro expuso aflicción... Su vida ya no podía ser como antes.

-¿Estás seguro de esto? –le preguntó.

-Sí.

-Ya veo... –respondió, volviendo a la ventana-. Entonces... Esta academia perderá a sus guardianes... Tendré que hacerme cargo.

-¿Es todo...? –el muchacho se extrañó-. ¿No vas a intentar detenerme?

-No sería propio de un padre. Tú podrás decir lo que quieras acerca de mí, pero el hecho es que estos últimos cuatro, casi cinco años, los he pasado muy bien porque te tuve a ti y a Yuuki cerca. Me dieron un motivo para ser alegre todos los días..., en especial tú, porque siempre estabas triste. Nunca tuve hijos no porque no quisiera, sino porque simplemente no se dio... Eso duele en el alma de un hombre. Así que es como ver partir a un hijo ahora... No puedo retenerte; debo dejarte ser feliz..., y si sé que protegiendo a esta dulce dama serás feliz, debo abrirte las puertas para que vayas.

-Director... –la chica susurró, conmovida.

-Es el riesgo de querer a alguien. En algún momento se alejará de ti... Pero si realmente lo amas, debes propiciar su felicidad y su crecimiento. Por eso...

El varón titubeó, hallando en su corazón un aprecio hacia aquel dirigente:

-Y-Yo...

-No te preocupes por nada, muchacho... Esta academia será siempre tu hogar y podrás contar conmigo para lo que necesites en esta nueva odisea que emprenden. –Giró hacia ellos, exponiendo una frágil sonrisa. –Ustedes... deben estar juntos. El amor que existe entre ustedes es lo que puede hacer la diferencia en este planeta.

-Gracias...

-¡Neh, neh, neh! –exclamó tratando de restaurar su gracia habitual-. Soy tu papá; es lo que debo hacer.

Silencio. Kaien Cross era honorable. Se estaba quedando solo en el mundo, pero aún así no perdía su convicción para que a su alrededor los demás estuvieran bien. Detrás de sus sonrisas y sus chistes ridículos se escondía un caballero magnánimo digno de alabar.

Luego les dijo que, si ya estaban listos para irse, esperaran a la llegada de Chigima; se encargaría de hablar con él y convencerlo de que Zero los pudiese acompañar. Se aseguró de que ambos jóvenes estuvieran armados con su equipo anti-vampiros y les rogó que no fueran a irse sin despedirse de él.

Entonces el sol se fue adormeciendo como a las tres de la tarde. Kira, en la sala de estar, agriamente soportando el peso de su desventura sobre sus espaldas, y Zero, en la tumba de su hermano. El aire se había puesto fresco y mecía sus mechones platinados al son del canto de los árboles que rodeaban la escena. Una voz inteligente y adulta emergió entre los labios del príncipe cazador y habló con su gemelo, sabiendo que ya tendría que irse y quizás no volver a ver esa dicha tumba.

-Había olvidado que estabas siempre dentro de mí... y que por eso debía seguir viviendo... Perdóname... Tuve que conocer a la mujer que siempre soñé para recordar eso... Voy a continuar ahora... y enfrentaré lo que sea... por ella... y porque sé que estarás siempre conmigo. Ichiru..., gracias.

No le costó modular esas palabras, pues sabía lo que estaba haciendo y estaba determinado a triunfar. Sin más que eso, miró por última vez esa tumba y sonrió, cerrando los ojos después y regresando hacia el edificio.

Su vida empezaba de nuevo.

Cuando se oyó un coche arribar ante la entrada de la Academia, supieron que Chigima había venido. Los novios se reencontraron en el living y dejaron que Cross, quien lo recibió con tranquilidad, le explicara las cosas. Tomados de la mano, cabeza con cabeza, se susurraron palabras de paz y se armaron de valentía para encarar las nuevas circunstancias que se habían presentado en su camino. El hombre dijo:

-Kira, hace dos días, cuando nos dormimos aquí atrás del sillón..., me dijiste que me querías.

-¿Sí?

-Estabas casi dormida...

-Pero quería decirlo... Ya conozco mi subconsciente.

-Me hiciste llorar.

-Tú también lo has hecho antes.

-Disculpa.

-No... Fueron lágrimas hermosas que nunca olvidaré.

-Me siento muy feliz de que hayas venido a la Academia...

-Me odiabas al principio, ¿no?

-Claro que no. Nunca te odié ni un poco...

-¿No? Antes me tratabas mal...

-Perdóname... Es que eras tan hermosa cuando te vi por primera vez..., que temí enamorarme de ti y ser lastimado de nuevo.

-Oh, Zero...

-¿Me tenías miedo?

-Nunca... Sí temía hacerte daño o enfadarte, pero nunca sentí temor por ti.

-Siempre quisiste estar conmigo...

-Porque contigo me sentía protegida y cerca de una vida normal.

-Siempre fuiste tan dulce... Lamento haber tardado para decirte lo que sentía.

-No hay problema... Lo dijiste justo a tiempo.

Cuando el guardián de la chica irrumpió en ese cuarto los vio abrazados y envueltos en una oscuridad liviana. Cross venía atrás de él y los llamó, lo cual provocó que Kira se pusiera de pie y trotara hasta su padrino, de lacio cabello marrón y ojos anaranjados, a quien abrazó con ternura.

-Chigima...

-Kira, he venido por ti –le dijo entonces con una voz rasposa y contundente, muy similar a la de Yagari, al mismo tiempo dando respuesta al cariño de ella.

-Pero, Chigima..., no puedo irme sola.

-Ya me lo explicó el Director.

-Entonces, Zero, ¿puede venir?

El hombre de melena castaña hasta los hombros y barbita miró al prefecto de mirada lila y lo interrogó:

-Tú eres Zero Kiryuu.

-Sí –contestó aquél.

-¿Eres quien entregó su corazón a esta mujer?

Luego de mirar con una sonrisa tranquila a la joven, respondió:

-Y toda mi vida.

-Ya veo... Y eres un vampiro.

-Chigima... –ella susurró.

-Sí, señor. Una vez fui un Nivel E.

-¿Puedo confiar en ti? ¿Puedo descansar en que no lastimarás a Kira?

-Sí.

-Pero, ¿cómo? Si ya la mordiste...

-¡Guardián Chigima! –Kira volvió a reaccionar.

-Es lógico que no confíe en mí... Yo tampoco lo haría..., pero le puedo jurar que nunca deseé hacerle daño y que daré mi vida y cualquier cosa para garantizar su seguridad. Me importa más el bienestar de ella que el mío y no voy a descansar hasta que me asegure de que el Conde Seta la haya dejado en paz. Por eso quiero y necesito ir con ustedes. Chigima, amo a Kira con toda mi alma, y si no puedes confiar en mí como un hombre enamorado, no podrás confiar en mí de otra manera. Sí, soy un vampiro, pero la amo con el corazón de un simple y humilde humano que comparte el dolor que la acoge a ella. Pero por sobre todo, es mi mejor amiga; la respeto y quiero que crezca con salud y normalidad... Yo... deseo acompañarla a cada paso del camino para verla sonreír y cumplir sus sueños.

Silencio breve. No podían refutarse semejantes palabras sinceras...

-Espero que algún día lo entiendas.

-Mmm... –contestó después el guardaespaldas, cerrando los ojos y sonriendo en un gesto de derrota-. Eres el primer vampiro que conozco así... Me cuesta creer en el amor entre cazadores y presas..., pero... tu voz es muy fuerte, Kiryuu. Si puedes cumplir con cada cosa que has dicho, depositaré en ti mi confianza. Así que convénceme de que eres honesto.

-Será un honor complacerlo.

Aceptada la idea, el protector de vista naranja y traje gris los instó a tomar sin dilación sus cosas. En los siguientes veinte minutos cargaron todo en el auto y se despidieron del instituto que les había dado cobijo. Sin embargo, un llamado inesperado añadió un interesante detalle al tema; era Yagari, quien desde el cuartel había buscado comunicarse con Kaien. Ante las noticias del Sangre Pura Houki había tomado una decisión y se había ofrecido a escoltar a Kira por los intersticios de su huida, ya suponiendo que Zero habría querido ir con ella. Cross conversó a tiempo con Chigima y le ofreció la ayuda de aquel maestro, y aunque en un primer momento actuó con recelo, terminó aceptando tras escuchar una precisa descripción de las facultades de ese hombre tuerto. Ya de hecho ellos dos se habían cruzado en una ocasión, y no sería cosa de andar con un desconocido total.

Lo que se determinó fue que Yagari se encontraría con el trío fugitivo más adelante, en un paso desconocido que los llevaría al refugio que tenía preparado. Así que, mientras sopló una brisa nostálgica en las afueras de la Academia Cross, Kira fue estrechada en los brazos del Director, quien le murmuró casi llorando.

-Por favor, cuídalo por mí, ¿sí?

-No se preocupe, Director... –ella contestó, sabiendo que se refería a Zero.

-Todo saldrá bien... Sean fuertes.

-Lo prometo... Director, muchas gracias por todo lo que me ha dado... Realmente fui muy feliz aquí.

-¿En serio lo dices?

-Sí, Director... Gracias. Y no desista de sus sueños, quería decirle..., porque usted tiene la fuerza y el amor para cambiar este mundo... Yo quiero que usted triunfe.

-¡Oh, querida...! –exclamó, abrazándola más-. ¡No me pongas sensible!

Ella sonrió, mirándolo a los ojos ahora.

-No olviden que siempre estaré aquí. Si me necesitan, búsquenme.

-Claro que sí.

Con un gesto de adiós, le pasó un mechón de pelo por detrás de una oreja y le acarició la mejilla. Le pidió que nunca perdiera ni la hebilla ni la gargantilla ni mucho menos el látigo Ayilai que le había dado y ella respondió que nunca se desapegaría de esos obsequios. Prometió que algún día volvería a la Academia y con pasos lentos se alejó de él hasta entrar en el auto que Chigima estaba a punto de echar a andar.

Fue el turno de Zero. Con dificultad, se aproximó al líder del instituto y, sin mirarlo, lo encaró con palabras suaves.

-Me tengo que ir...

-Lo sé, Zero.

-Yo... Sé que nunca serán suficientes las veces que te agradezca lo que me diste.

-No importa.

-No, sí importa... Fuiste mi padre.

-Hice lo mejor que pude por ti, muchacho.

Éste asintió.

-Ahora es tiempo de que actúes como un hombre; yo sé que lo harás bien.

Lo miró, allí sí. Intercambiaron seriedad, pero Cross era fuerte y asintió con la cabeza, luego sonriendo. Incentivó al chico a que persiguiera sus anhelos sin apegarse al dolor de la partida y lo sujetó de los hombros.

-Kira es tu vida ahora. Protégela y serás feliz... Estás preparado para esto.

-D-Director...

Lo abrazó como un padre a su hijo y le susurró:

-Ve. La noche ya viene, Zero.

-Y-Yo...

-No llores más. Este desafío es para ti.

-Sí...

-Cuídate mucho.

-L-Lo... voy a extrañar...

-Yo también, muchacho; yo también... Pero Kira te necesita ahora.

Se separaron del abrazo. El chico estaba frágil, a punto de romper en lágrimas.

-Ve con ella, Zero... Y no mires atrás.

El cazador de ojos lilas asimiló el fin de su vida como joven estudiante y adoptó la responsabilidad de un hombre. Asintió asimismo y se volteó hacia el coche. Caminó con un parsimonioso ritmo y se detuvo antes de subir. Echó un último vistazo a los alrededores del colegio que le había dado amparo desde su niñez y respiró profundamente. Volvió a mirar a Cross y sonrió.

El auto de Chigima desapareció rápidamente entre los árboles del sendero hacia la salida. El Director cerró los ojos y regresó a su despacho con acritud en su cara. Los cazadores amantes se tomaron de la mano y escucharon las indicaciones del protector de ojos naranjas, quien los preparó, en cuestión de minutos, para una fuga que les implicaría andar ocultos entre las sombras hasta la, poco probable, muerte de Seta Houki; una vida de éxodo que mataba sus sueños juveniles pero que al menos los mantenía unidos.

El sol se recostó sobre el horizonte y los vampiros reinaron en un terreno que el trío flamante debió encarar con honor y fe de supervivencia. Atrás quedaba la cotidianeidad de los estudiantes; el peligro era su nueva realidad.

Ése fue el final de los días y el inicio de un futuro que debía ser enfrentado con valor, pues los ángeles de la oscuridad estarían al acecho a cada momento. Era el tiempo de los héroes. Sólo el más fuerte e íntegro vencería en esa guerra a la luz de las lunas de plata.