NOCHE ENEMIGA: "Cacería"

El auto se adentró en un sendero oscuro y tupido con árboles de copas gordas. La luna reinaba en las alturas, sofocada con nubes que cada tanto se ponían rojas y llamaban a los ejércitos sanguinarios de seres despreciables. Chigima, con todos sus sentidos puestos en el manejo del vehículo y los estímulos del exterior, se había alejado, en cuestión de pocas horas, de la Academia Cross para hallar un escondite donde poner a Kira a salvo. Dicha mujer siguió sujetando la mano de su caballero y se mantuvo pegada a él, quien exhalaba en cada aliento una determinación etérea que daba testimonio de su madurez.

-Chigima –inquirió ella en un aire de preocupación-, ¿estás seguro de que Seta no atacará la Academia por las dudas?

-Yagari ya se ocupó de correr la voz de que no estás allá –el guardián de barbita castaña respondió con su vocablo rasposo-. Además, Cross tiene sus recursos también; de seguro ya se las ingenió para prevenir la situación.

-Ah...

-Por otra parte, sabemos que el Conde busca venganza, no una matanza indiscriminada de humanos. No le interesa gastar sus energías en gente común. Tu sangre, querida, es sagrada para ese monstruo.

La mujer se encogió de hombros y frunció el ceño. Su intimidación era obvia, y era entonces cuando Zero volvía a abrazarla y darle contención.

Unos minutos transcurrieron y una figura fue visible más adelante. El conductor avisó que no se asustaran, que era el mentor de Kiryuu, y ése caminó hacia el coche luego de que el mismo se detuvo. Se ubicó en el asiento de acompañante y colocó su bolso entre sus piernas, luego girando hacia atrás para saludar a los enamorados fugitivos:

-Nos volvemos a ver, pupilo. Kira Airen, ¿cómo te encuentras?

-B-Bien... Gracias por venir con nosotros.

-No me lo agradezcas; es lo menos que podía hacer; las cosas se estaban poniendo demasiado tensas. Chigima –se dirigió al guía de mirada naranja-, ya me ocupé de hacer andar los rumores; Seta se está replegando.

-Pero porque sabe que estamos huyendo.

-Sí. Tratará de seguirnos el rastro lo más rápidamente posible.

-Tendremos que ser más veloces nosotros.

-Tu refugio, ¿queda muy lejos de aquí?

-No. Quince minutos.

-Mmm... Chicos, ¿están armados? Zero, espero que hayas traído el amuleto que te regalé.

-Claro, Maestro –aseveró el joven hombre, palpando la parte trasera de su cinturón, del cual pendía el muñequito de la suerte.

A ritmo lento, el paso del bosque fue atravesado por los cuatro aventureros que huían del desastre. Entonces la carretera se desvió pero siguieron en la misma dirección. No muchos metros en la vanguardia, eminencias en la tierra, como cerros o valles confusos, disimulaban la localización de una cabaña lúgubre acogida por un cerco de pinos altos. Estacionaron en un rincón protegido por varios troncos y descendieron con sus valijas y bolsas. Era casi medianoche, como la hora de la cena. Alrededor de la casa se oían cantos de murciélagos y pájaros silvestres; unos cuantos grillos y de seguro un que otro sapo. El chico de melena platinada le preguntó a su damisela si tenía miedo por eso, mas ella respondió que no, que ya no podía seguir teniendo miedo de esas cosas tan triviales, siendo que la perseguía el diablo en persona.

Al abrirse la puerta del refugio de madera, los héroes ingresaron sin demora y cerraron con llave. En el interior, los pisos eran crujientes y desfilaba un rayo de luna que penetraba por la ventana sucia; había cantidades de polvo significativas, pues hacía tiempo que nadie le pasaba una franela a los muebles o daba una barrida. Un aroma a encierro sobrevolaba como un miasma viejo entre las pocas habitaciones de las que constaba, pero por suerte no se avistó ningún animalillo infiltrado. Comenzaron a desempacar las cosas que necesitarían esa noche y repasaron el plan de quedarse ahí hasta al menos la mañana siguiente. La idea era trasladarse de locación en locación hasta que Seta les perdiera el rastro y pudieran vivir en otra parte con (relativa) tranquilidad.

-Tenemos gas –afirmó el tuerto Yagari, de cabello azulado, luego de revisar las hornallas de la cocina-; no es mucho, pero sirve. Chigima, esta comida en lata que tienes en los estantes, ¿sirve?

-Creo que sí, pero mejor revisa la fecha de vencimiento.

-A ver... Sí; aún está buena. Chicos –avisó a los novios-, ubíquense en un cuarto y luego vengan, que algo podremos comer.

-Les mostraré dónde quedarse –dijo el padrino de la mujer, mostrando el camino hasta la recámara donde dormirían luego.

No era una habitación como de las que tenía Cross en su Academia, pero no podían quejarse en esas condiciones. Agradecidos, comenzaron a sacar un par de cosas de sus valijas (el equipaje de Zero no era muy importante) y revisaron que el sitio fuera seguro. Entonces el varón cerró la puerta y observó los dulces gestos que Kira ostentaba con sus manitos; ciertamente parecía que ella no se daba cuenta de la forma en que la estaba mirando; debía estar demasiado ensimismada en sus cavilaciones inseguras y en la preocupación. No obstante, Kiryuu avanzó hasta ella y la tomó gentilmente de la mano, llamando su atención. Se miraron nuevamente y Kira inquirió:

-¿Qué sucede, Zero...?

Pero no respondió a eso con palabras, sino que le besó la frente con suavidad y le acarició el pelo, enterrando su mirada lila en ella, quien preguntó luego:

-¿Tienes sed?

Negó con la cabeza y a la sazón la estrechó en un abrazo cálido y arrullador. No le dijo nada; más cosas decía con las acciones y el lenguaje corporal. La chica cerró los ojos y se sujetó de él, susurrando cerca de su corazón valiente:

-Me siento muy feliz de que estés conmigo. Me traes la paz con tan sólo mirarme...

-Kira...

-Gracias... Muchas gracias... Aunque me siento tan mal... cuando pienso que dejaste una vida pacífica para lidiar con todo esto...

-Nada me haría sentir mejor ahora. Estoy donde debo y quiero estar.

-Incluso te expuse a ti..., porque cuando Seta te reconozca... de seguro querrá matarte también... Asesinaste a su amigo Rido...

-No me importa. Tú eres el blanco principal de ese tipo y en eso me voy a concentrar. Tú eres mi prioridad de ahora en adelante.

-Pero, Zero...

-¿Sí, princesa...?

Sonrojada, le pidió:

-No quiero que arriesgues tu vida por mí. Por favor...

-Lo que me pides no lo puedo acatar. Kira, no voy a permitir que te hagan daño; me pondré delante de cada bala y bestia para protegerte.

-No lo hagas...

-No puedo ignorarte; eres lo que quiero resguardar. Y aunque quizás eso te haga odiarme, debes entender que te amo demasiado para no desempeñar un rol de guardián frente a ti...

Consternada y presa de la angustia al verse obligada a aceptarlo, se colgó de su cuello y lo besó en los labios con intensidad. Zero, en los primeros segundos, no pudo reaccionar del todo bien, mas enseguida la enlazó con sus brazos por la cintura y le respondió. Los segundos parecían volverse horas cuando estaban tan juntos, y fervorosamente deseaban poder olvidar las complicaciones a fin de vivir en paz como el bello dúo que eran. Se abrazaron con fuerza y se regalaron el amor más tierno que tenían en el alma...

-Mmm... Se siente extraño... –el hombre comentó luego de quebrar el beso.

-¿Qué cosa? ¿Besarme?

-Besarte y ser besado... Es raro...

-Pero espero que te guste.

-No lo dudes ni un instante.

Cercanos, terminaron de instalarse y se sentaron un rato en la cama de madera para descansar. Los guardianes, mientras tanto, terminaban de asegurarse seguridad por esa noche. La única luz que podían prender en el comedor era una lámpara a kerosén, o alguien desde afuera podría avistar movimiento en la cabaña. La vista anaranjada de Chigima enfocaba ese exterior a través de la ventana, y muy poco podía diferenciarse entre las tinieblas silvestres. En la mesa redonda donde comerían en breve, descansaba su arma, un rifle de tres caños y fácilmente recargable, de gran potencia y aspecto inquietante, tal y como su dueño. Yagari había dejado el suyo, uno más bien normal, contra una de las paredes de esa sala común. Un aroma a comida enlatada, como a salsa de tomate pimientosa, se suspendía dentro de esos muros con la cocción de la cena casi lista.

A la sazón, aprovechando el momento, el gran cazador de un solo ojo interrogó a su compañero:

-Dime, Chigima..., ¿cuál ha sido tu experiencia en estas huidas? ¿Es realmente muy eficaz el seguimiento de Seta o crees que no es mucho dilema escapar de él?

-Sus deseos de venganza son muy fuertes. Desde que perdió a la mujer que amaba a manos de los padres Airen no ha tenido otra cosa en mente más que aniquilar hasta el último de dicho clan. Es como si beber de la sangre de sus cuerpos le resultara un ritual de purificación. Así que, sí, es un dilema evadirlo, pues su pujanza es contundente y tiene numerosos aliados que se disgregan por los pueblos acatando sus órdenes.

-Así fue como la vieron a Kira.

-Sí. Por otro lado, parece que su sentido del olfato cuenta con una afinidad pasmosa, por lo cual tratar de esconder la sangre de su percepción es muy complicado. Es capaz de identificar a una persona a distancia con sencillamente sentir el aroma de la piel.

-Dios... Es un monstruo, de hecho.

-¿Nunca lo habías visto? ¿No lo conocías?

-Me enfrenté a un miembro de la familia Houki una vez, pero Seta no tenía la rimbombancia que tiene ahora. Sin embargo, me habían contado acerca de él, aunque no con el detalle del que tú gozas.

-No diría "gozar" –aseveró Chigima, volteándose hacia el otro-... Esa bestia nos hizo prisioneros. Desde que los padres de Kira mataron a esa vampiresa, los dos hemos tenido que correr constantemente, y lo peor es que no se le puede poner fin a la vida de Seta sin que eso traiga más desastres, pues sí, él es uno de los más poderosos Condes de la Noche, pero detrás de él vienen más de sus seguidores que continuarían una venganza eterna. Es algo de nunca acabar.

-Kira debe sentirse terrible...

-Sí –contestó, regresando a la ventana-. De hecho, hace dos meses intentó suicidarse, alegando que si ella moría yo podría ser libre... Fue en ese día que decidí dejarla al cuidado de alguien que le facilitara una vida pacífica y serena.

-Cross.

-Sí.

-Mmm... Fue una buena decisión; gracias a que la enviaste a la Academia conoció a Zero.

-Supongo.

-Puedes confiar en él; es mi aprendiz; lo conozco bastante.

-Espero que sea la excepción a la regla.

-¿Perdón...?

-Lo que quiero que quede claro es que no dudo que Kira se sienta a gusto con él; de otra forma, no me habría pedido que viniera con nosotros, y muy seguramente es un buen novio. Pero no deja de ser un vampiro –dijo entonces, mirando a Toga de nuevo-. Los vampiros desean sangre; es así de sencillo. Así como los animales ansían satisfacer sus necesidades básicas, Kiryuu también vive con ese anhelo. Si llega a lastimar a Kira, no lo perdonaré. Y si eso incluso atrajera a las tropas de Seta...

-Chigima –rigurosamente espetó-, Zero es un buen hombre y no es estúpido.

-Pero el deseo de sangre va más allá del intelecto; es instintivo. Por eso no puedes confiar en un vampiro.

-Él no es un vampiro como los conoces.

-No, claro... Fue un Nivel E que sobrevivió y se convirtió en un chupa-sangre ordinario.

-No lo conoces. Aún cuando había caído al Nivel E, repugnaba la idea de beber sangre. Su voluntad humana tiene una potencia muy atípica. Tienes que darle una oportunidad para demostrártelo.

-Ya se la di. Lo que me inquieta es que no la aproveche y atraiga al Conde. ¿Entiendes mi preocupación?

-... sí. Supongo que tendrás que esperar hasta ver que estás equivocado.

-Me llenaría de regocijo equivocarme. Lo que espero que veas es que no puedo permitir que Kira sea lastimada, ya sea por Kiryuu o por cualquier otro vampiro. –Admiró la luna. -Ella es... como una hija para mí y daré mi vida para resguardarla de todo mal, incondicionalmente.

***

Luego de esa cena improvisada, aún tenían hambre. El protector de pelo marrón se quedó vigilando por las ventanas que el enemigo no efectuara movidas y Yagari le cuidó las espaldas, sentado contra el muro contrario y observando lo mismo que él.

Los novios, por su parte, se disponían a descansar. Kira, exhausta tras un día de emoción y estrés, se recostó en la cama y respiró profundamente, aún con los ojos abiertos mientras Zero se deshizo de su chaqueta azul y se quitó las zapatillas. Se acostó a su lado y la miró con ojos brillantes y calmos.

-Hola, Zero... –le susurró ella.

-Hola, Kira...

-¿Estás asustado?

-No.

-¿Cómo lo haces?

-Tengo fe.

-¿Fe? Pero y si...

-¿Qué más puedo hacer?

-No lo sé... Es que...

Él le tomó la mano y le besó los nudillos; en una muestra de afecto categórico, se la llevó al pecho y ahí la hizo descansar. Su mirada precisa e inteligente era un sedante para la chica, quien se acercó más a su pareja y le hizo una petición:

-Zero..., bebe mi sangre, por favor...

-No, Kira.

-¿Por qué?

-Los vampiros te sentirán; no podemos hacerlo aquí.

-Vaya... Realmente quiero que lo hagas...

-No insistas... Si sabes que te necesito tal y como eres.

-No es sólo por eso... Es que también..., cuando me muerdes, siento que no podrías estar más cerca de mí... Eso es hermoso...

-Kira..., ya sabes que eres lo más cercano a mi corazón. No hace falta que clave mis colmillos en tu cuello para que te des cuenta... Pero..., agh..., sin embargo, cuando todo esto pase, lo haré de nuevo si quieres, ¿de acuerdo?

-Está bien... Y, ¿te puedo pedir otra cosa?

-Lo que sea...

-No dejes que me aleje de ti. No si muero o--

-Eso no lo digas –la contuvo, callando sus labios con un dedo.

-No..., está bien –ella aclaró, tomando ese dedo y toda su mano entera poniéndola contra su mejilla-. Lo que me temo es que algún día algo cambie en mí y quiera distanciarme... Eso... Eso es lo que quiero que impidas...

-No te preocupes; eso no pasará. Tú misma dijiste que no olvidarías todo lo que vivimos juntos, y esas cosas son lo que nos mantendrá unidos. Yo lo sé.

-Gracias... Estaré tranquila, entonces...

-Será mejor que duermas ahora...

-Tú dormirás también, ¿no?

-Ocúpate de ti misma; yo estaré bien siempre y cuando tú tengas fuerzas.

-De acuerdo... ¿Te encontraré aquí en la mañana?

-Siempre.

Ella le sonrió y acercó sus labios, formulando un beso dulce de buenas noches. Zero la abrazó y le dio calor toda la noche, protegiéndola hasta de sus pesadillas. Acarició su cabello negro y la envolvió en su cuidado. Y en sus oídos delicados dejó grabado un mensaje de afecto al susurrarle "te amo" en reiteradas ocasiones, aún cuando ella ya estaba dormida y no podía ser consciente de eso.

Esa noche, se encontraron en sus sueños.

***

Al alba, todavía regía la oscuridad. Se avecinaba una tormenta importante y el cielo estaba infestado de nubarrones negros. Zero abrió los ojos y echó un vistazo a la ventana, aún desde su lecho. Luego volvió a su mujer y le acarició la mejilla. Todavía estaba dormida con un gesto de paz interior que lo volvía loco. Le besó cálidamente el mismo lugar y a la sazón decidió ir a darse una ducha. Con cuidado para que ella no despertara y perdiera horas de sueño, tomó sus cosas y entró al baño, antes cruzándose con los guardianes que seguían haciendo vigilancia.

El primero que lo saludó fue, claro, Yagari.

-Pupilo, buenos días.

-Hola, Maestro. Chigima...

Aquél sólo contestó con un leve gemidito. Su vista estaba empotrada en las afueras.

-¿Durmieron bien? –el cazador tuerto le consultó.

-Sí... Ustedes no durmieron nada, ¿cierto?

-No hay problema.

-Mmm... ¿Qué sucederá hoy?

-Eso depende de si todo se mantiene en calma aquí y de lo que me notifiquen mis compañeros... –explicó, al final levantando en su mano su teléfono móvil.

-¿Tienes observadores?

-Sí. De hecho, creo que infiltraron a un hombre entre los seguidores de Seta.

-¿De verdad?

-Así es. Suena a suicidio, lo sé, pero el tipo tiene habilidad.

-Oh.

-Sí. Pero por ahora quédate tranquilo. Kira, ¿se despertó?

-Aún no. Quiero que duerma un poco más.

-Lógico.

Aunque el agua de la ducha salía helada, no fue tan malo. Zero terminó de bañarse y se miró al espejito del lavatorio; en sus ojos sintió una presencia más a parte de la suya propia. Ichiru lo veía a través de su imagen... Dos caballeros en un mismo cuerpo poderoso, y un corazón honrado que los guiaba a salvaguardar a la mujer más tierna que se había presentado en el camino del hijo más serio de los Kiryuu.

Se vistió con una camisa negra de manga corta y un pantalón de jean azul. Como todos los días, era hermoso y seductor, y de su piel suave se emitía un perfume viril que enloquecía a cualquier chica. Salió listo y fue a ver a su compañera, quien ciertamente ya había abierto los ojos y se sentaba en el borde la cama.

-Kira... –dijo él con alegría y avanzando hasta ella. Se arrodilló y la abrazó tiernamente. –Buenos días...

-Hola, Zero...

-¿Cómo estás?

-B-Bien...

-¿Segura?

-Ahm... En realidad... Te-nemos un problema...

El tono de preocupación de la jovencita era tétrico; el alma del muchacho se enfrió en el temor y la miró de frente, esperando una explicación...

Era más inoportuno imposible... Era el día 28 de su mes y su cuerpo sangraba solo a raíz de su naturaleza... Curiosamente, Zero pudo controlar sus instintos y no lo perturbó demasiado la noticia... Pero las bestias que venían detrás de ellos sentirían esa esencia...; no podía ser demasiado disimulado... Kira se sintió fatal; a falta de todo lo que estaba pasando, su organismo era un llamado a todos los chupa-sangre que ponían en peligro la vida de sus tres escoltas. Sin embargo, Kiryuu le dio todo su apoyo y le repitió una y otra vez que todo estaría bien y que no se culpara. Ella no quiso salir del cuarto; ahí se quedaron los dos.

-¿No estás deseando morder mi cuello...? –le preguntó al hombre en un susurro.

-No...

-Lo estás controlando...

-Debo hacerlo. No soy una bestia...

-Perdóname por todo esto...

-Ya basta.

Una lagrimita cayó del ojo derecho de la damisela, mas no exhaló ni un sollozo. Él la tomó de la cara y besó esa gotita, lamiéndose después los labios y sintiéndole el gusto salado. No se alejó de ella en ningún momento.

Pero sí era irrebatible que la menstruación de Kira sulfuraba a los vampiros enviados del Conde de la Noche. Yagari, por ende, llamó a sus socios y se mantuvo informado.

-Omashu –habló con uno de sus más confiables colegas por teléfono-, ¿a qué te refieres con que están elaborando una estrategia nueva?

-Toga, ya saben que Airen y Chigima salieron huyendo, y saben que Zero Kiryuu está con ellos. Están trazando todas las posibles rutas de escape que pudieron haber tomado y ya enviaron equipos a explorar las zonas. Los rastreadores* están como locos; están sintiendo sangre...

-Demonios... No podemos pararlo...

-¿Es el primer día de la chica?

-Sí...

-Ustedes tampoco tienen tiempo para huir por los siguientes cinco días que dure...

-No demasiado. Ellos van rápido.

-El Destino ha complicado la situación...

-No se puede hacer nada... Por favor, cuando Nigiko averigüe algo más, avísame.

-Cuenta con ello. Y de hecho, si no hay otra salida, te echaremos una mano, Toga... Aunque es un despropósito que te hayas involucrado en esto...

-Omashu, se trata de mi aprendiz y la mujer que ama. No puedo quedarme al margen.

-Claro...

-Seguimos en contacto.

-Tengan cuidado.

El cazador tuerto colgó y le pasó toda la información a Chigima; luego, a Zero. Así hubo que tomar una decisión... No podían quedarse en esa cabaña mucho más, o los localizarían en cuestión de un día o dos. Los cuatro fugitivos, reunidos en el comedor, hablaron seriamente y determinaron su siguiente paso, aunque la doncella constantemente era víctima de la vergüenza...

-Salir también es un riesgo –Zero aseveró.

-Sí, pero quedarnos no es salida –dijo Chigima.

-¿Viajaremos hasta que se cansen de buscar? –Yagari terció.

-No van a cansarse.

-Pero, ¿podríamos despistarlos si nos mantenemos en movimiento?

-Viajar de día no es conveniente; somos visibles.

-Pero de noche los vampiros están más activos.

-Tienen vampiros diurnos y nocturnos.

-¿Qué es peor?

-Ambas cosas son iguales.

-Mmm...

-Dime algo, Yagari... Tu compañero espía...

-Nigiko.

-Él, ¿podría darnos noticias cuando se acerque la noche?

-Puede ser. ¿Quieres que esperemos a eso?

-Movernos ahora que el panorama es tan incierto no me parece prudente.

-Mmm. Bien... Supongo que sí, es lo más indicado... Debemos esperar. ¿Están de acuerdo? –le preguntó a los novios, quienes asintieron...

Al mediodía soplaba un viento inclemente que mecía los pinos; ramitas desprendidas de los mismos chocaban contra las ventanas y se creaba una atmósfera fría y tenebrosa. No había mucho para comer; a duras penas algo de pan y algunas frutas. Mas agua, por suerte, no escaseaba. Luego de almorzar a medias, los guardianes permanecieron en el comedor, expectantes y latiendo en un nerviosismo que los pintaba de rigor de punta a punta, mientras que los jóvenes se resguardaban en el cuarto de ellos. Kira no podía batir su humillación; uno de los procesos más vergonzantes de su cuerpo era público para más de una persona y resultaba una complicación; se sintió como una carga para todos... Sin embargo, Zero la arrulló en sus brazos y le dio cobijo contra su pecho viril.

-No es tu culpa... –le murmuró con convicción.

-Pero...

-No te sientas así... Ya todo pasará.

-¿En serio?

-Sí, en serio... Al final todo estará bien.

-Lo único que quiero es estar contigo; es lo que pido y nada más.

-Y así será.

-Quisiera poder revivir mi cumpleaños... o el tuyo...

-Fueron hermosos días...

-La Academia... Era una vida muy linda, de adolescente.

-Pero tendremos más días bellos. Ahora tendremos días como pareja que compartiremos con libertad para decirnos cuánto nos amamos.

-Mmm...

-No obstante, esos días en la Academia jamás los olvidaremos; los tendrás siempre contigo, como un pequeño tesoro en tu corazón... Así que no se trata de algo que se borró para toda la eternidad. Además, yo estoy aquí y soy la prueba más fehaciente que tienes de todos esos días.

-Sí... Aunque el mundo se venga abajo, tú estás aún conmigo... ¿Cómo podré agradecerte?

-Dándome un beso.

-Eres poco exigente.

-No creas; para mí tiene mucho valor...

Con una sonrisa, la chica se acercó y le acarició el exterior de la boca con sus labios. Sus ojos casi se cerraban, sólo para verse un poco de cerca y luego abrir un beso más pasional que puso frenético el corazón de la mujer.

Roto el momento al separar los labios más tarde, ella se puso a descansar entretanto él le acarició el pelo y le hizo dibujos en la piel con la yema de su dedo. Era increíble que Zero pudiese mantener tanta calma a pesar de lo que estaba ocurriendo...; evidentemente le importaba una única cosa, y eso era estar al lado de su doncella, quien después de un rato susurró en un tono reflexivo aunque algo triste:

-Zero..., ¿por qué no puedes beber de mi sangre ahora?

-Ya te lo dije.

-Repítemelo.

-Los vampiros te olerán; nos encontrarán.

-Pero yo ya estoy sangrando... Si estuvieran cerca, ya me habrían hallado...

-Quizás no lo interpretan como dos tipos iguales de sangre... La de tu cuello con seguridad la detectarán. Ya oíste a Yagari; están por todos lados.

-Es que...

-No seas caprichosa; cuando salgamos de esto lo volveré a hacer, pero no es responsable ahora que nuestros guardianes están arriesgando sus vidas por nosotros.

Ella replegó sus labios en un dolor extraño. Quiso enterrarse en la cama, y eso por supuesto fue un detonador para que el muchacho la interrogara con el entrecejo fruncido:

-¿Qué te pasa? ¿Por qué lo deseas tanto...?

-Creo que se ha vuelto mi necesidad...

-Eso no es bueno...

-¿Por qué? Tú necesitas beber la sangre de alguien y yo necesito que alguien beba la mía.

-Pero...

-Lamento que suene tan infantil...

-No, suena como a otra cosa, pero no te preocupes; no te juzgaré.

-¿Suena como un deseo sexual irresponsable? –dedujo-. Mmm... Puede ser..., pero es una equivocación de mi alma...

-Ah... Yo... Nunca pensé en...

-Claro..., porque bebiste más sangre a parte de la mía.

-No me hagas pensar en eso.

-Yo siempre te quise preguntar..., Zero..., ¿cuál fue la sangre más deliciosa que probaste?

-Agh, Kira...

-No importa qué me contestes... Sólo quiero saber cómo es la mía.

-Es la mejor.

-¿No mientes para hacerme sentir mejor?

-¿Te parezco el tipo de hombre que hace cosas como ésa?

Ella sonrió.

-No, Kira, de verdad... Tu sangre es la que más he disfrutado..., y, ¿sabes por qué? Porque tu sangre transmite emociones hermosas que nadie más me ha transferido.

-¿A qué te refieres?

-¿Recuerdas lo que te dije..., acerca de que la sangre traduce los sentimientos y los pensamientos de las personas? Bueno, cuando bebía la sangre de Yuuki sentía que ella deseaba que Kaname Kuran lo hiciera en mi lugar, porque estaba enamorada de él y al final sus actos demostraban lo poco que le importaba lo que me estaba pasando. Luego..., cuando tuve que beber la sangre de Kuran..., era como besar a mi peor enemigo... La sangre de mi hermano Ichiru, luego..., estaba cargada de dolor hacia mí y la soledad y debilidad de su vida...; fue tortuoso... Pero cuando bebo de tu sangre, Kira..., siento que en cada gota me amas y confías en mí para que lo haga... Es como si con tu sangre me entregaras tu alma para que la cuidara con todo mi corazón...

-Oh, Zero... No sabía que era de esa forma...

-Lo es –afirmó, recostándose junto a ella-. Por eso te quiero y deseo pasar el resto de mi tiempo de vida contigo.

Ruborizada, Kira elaboró otra interrogación:

-Zero..., sobre tus sentimientos..., ¿puedo preguntarte algo más?

-Sí, claro...

-¿Qué... deseaste para tu cumpleaños..., cuando te dije que soplaras las velitas de tu pastel?

-Ah..., eso... Qué dulce que fuiste... Quería besarte cuando me mostraste todo lo que habías hecho para mí ese día... Mi deseo...; deseé... nunca más perder a la gente que amo..., y eso lo deseé pensando más que nadie en ti... No quería perderte por nada del mundo en ese momento.

-Mmm... Eres tierno; siempre lo fuiste.

-Supongo que aprendí de ti.

Aseveró con eso mientras volvió a acariciar la mejilla de su novia y luego le dio un cálido beso que la hizo dormir por un rato.

***

Sin embargo, un villano vil y bestial aún se estaba moviendo. Rodeado de hombres y mujeres con colmillos filosos y mirada escarlata, un rey sanguinario de largo cabello platinado y mirada perversa elaboraba planes cruentos para perseguir a cuatro personas que anhelaban únicamente la paz... En su cuartel, sus conversaciones frías con los dirigentes de las patrullas vampíricas concluían en que la exploración debía centrarse en el norte de la ciudad Fukuoka, sobre todo en las proximidades de los pasos de montañas.

-Si no los hemos atrapado aún es porque están quietos en un escondite... Busquen en las zonas más despobladas de las afueras de la ciudad. No se fueron muy lejos.

Su olfato ya lo guiaba a detectar la ubicación de la doncella Airen y entre sí murmuraba al vacío de la distancia con ella:

-Oh, mi hermosa dama... Puedo sentirte..., ¿dónde estás? No puedes esconderte para siempre... Porque voy a encontrarte...

Su voz era tenebrosa... Tan omnipotente y cruda, que Kira sintió escalofríos mientras dormía... La perseguía en sus pesadillas y estaba muy pronto a poder poner sus garras sobre ella...

¿Quién correría más rápido? Zero, ¿tendría la fuerza para dar fin a la vida de otro Pura Sangre...?

Temiendo esta clase de interrogantes y que los ojos del enemigo se hubieran filtrado, Yagari se puso a custodiar el área. Eran como las cinco de la tarde y no había sol; la tormenta estaba casi sobre ellos. La oscuridad lo amparaba mientras con su único ojo azul vigilaba cada rincón del valle irregular donde estaban ocultos. Con su rifle en mano, sus pasos eran lentos pero seguros, y agazapado con un cuerpo entrenado se dirigió por los rededores hasta cubrir cerca de trescientos metros a la redonda.

El silbido del viento era aterrador; los árboles se bamboleaban con suavidad pero con la suficiente contundencia para que la tierra pareciese ir a voltearse en un horrible terremoto apocalíptico. El aire era frío; ningún animal cantaba. Y así el gran cazador sublime sintió que tenía miedo... Era como si los astros lo estuvieran siguiendo o como si la luna intentara verlo... Era vulnerable a la amplia vista del exterior y su corazón hallaba incertidumbre...

De pronto todo pareció empezar a dar vueltas y Yagari fue víctima de un sentimiento de ruina... Alguien lo estaba mirando... Así fue casi una casualidad que pudo discernir los ojos rojizos de unos cuervos posados sobre las ramas de los árboles... No estaban muy cerca, mas no estaban muy lejos... No eran aves convencionales...

-"Demonios..." –dijo para sus adentros.

En un primer instante no atrevió a mover un dedo; por temor a que lo vieran, echó cuerpo a tierra y observó hasta notar el vuelo que fue remontado por unas cuantas de esas alimañas...

-"¿A dónde van...?" –se preguntó, contemplando cómo se distanciaban al compás de un canto irritante que emitían a través de sus picos prietos.

Aunque fuera como víbora, se apartó de la situación y luego corrió de regreso a la cabaña. En el interior, tras cerrarse la puerta de entrada, Chigima lo interrogó con tensión:

-¿Qué pasó? ¿Qué viste?

-Algo anda mal afuera... Hay demasiado silencio.

-¿Un presentimiento...?

-Te hago una pregunta, Chigima... "Cuervos con ojos rojizos"..., ¿te dice algo?

-¿Q-Qué?

-La zona está rodeada de pájaros negros y ojos de esa tonalidad. Varios acababan de irse, pero aún hay más.

-¿Estás seguro de lo que viste?

-Completamente.

El protector de Kira se tomó la frente y miró en introspectiva. Perturbado, reconoció ante Yagari que esos cuervos eran clásicos esbirros de Seta, observadores que perseguían los deseos del Conde y actuaban como fisgones camuflados... Los héroes estaban, consecuentemente, en la mira de soldados exiguos pero que iban para la misma dirección que el monstruoso vampiro Houki.

-Tenemos que huir. Si encima de todo me dices que delante de ti hubo varios que se fueron, no podemos perder ni un minuto más.

Así dictaminó el cazador de ojos naranjas y traje gris. Caminó hacia el cuarto de los novios y dijo, despertando ligeramente a la hija de los Airen:

-Kira, Kiryuu, tenemos que irnos ahora.

-¿Q-Qué... pasa, Zero...? –ella masculló al despertar. El chico le acarició la cara y suavemente le murmuró que era hora de levantarse.

-Tomen sus pertenencias más importantes lo antes posible y vengan al comedor.

El varón de cabellos platinados empacó los objetos con mayor valor de su novia y las puso todas en un mismo bolso donde llevó unas pocas prendas de ropa para él y un que otro accesorio. Apenas sí la jovencita podía reaccionar; aún sentía presión sobre los ojos y no hallaba paz, aunque el hombre de ojos lilas le habló para despabilarla:

-Debe haber algún problema, linda. Pero no te preocupes; nos iremos a otro lado y todo estará bien.

-Ze... ro... Tuve una... pesadilla...

-¿Sí? ¿Con qué?

-Con... Se... ta... Él... me mordía...

-Nadie te morderá. Porque sólo yo estoy autorizado, ¿cierto?

Ella asintió, aún frotándose los lagrimales. Mientras tanto, y ya estando listo él, Zero se arrodilló frente a la cama y colocó en los piecitos de su princesa las botas marrones que había traído. Le dio su chaquetita celeste y la ayudó a ponerse de pie. Así se aseguró de que su gargantilla estuviera bien puesta y enganchó la hebilla de la rosa turquesa en su cabello negro.

-¿Estás lista?

-S-Sí...

-¿Nos vamos?

-¿A dónde?

-No lo sé. Hay que ver.

-B-Bueno, Zero...

-¿Dejamos el resto de nuestras cosas en el cuarto? –preguntó el muchacho hacia Chigima una vez que fueron al comedor, donde los guardianes ponían todo en inactividad.

-Sí. Luego me ocuparé de venir a buscarlas –respondió el cazador de barbita marrón.

-Pero, ¿qué sucedió?

-Espías de Seta –Yagari explicó-. Están afuera, en los árboles.

Ahí sin duda la chica se despertó.

-¿Qué...?

-Sí; son cuervos. Si no nos vamos ahora, nos atraparán aquí.

-Ah, Zero... –Kira farfulló aterrada y sujetándole el brazo.

-Tranquila... –él le dijo por lo bajo, abrazándola-. ¿A dónde iremos? ¿Tienen un plan?

-Estoy tratando de hablar con mi compañero –el tuerto comentó, discando unos números en su teléfono celular desde hacía rato-. Veré cómo nos puede ayudar.

Chigima terció hacia Zero:

-Pero el hecho es que, con o sin ayuda externa, debemos irnos de aquí; esta cabaña ya no es segura.

Con la zozobra esbozada en sus rostros, los chicos esperaron que Yagari obtuviera noticias de su colega. Luego de un minuto o dos de insistir con la comunicación, el hombre oyó la voz de su amigo por el aparato.

Ya estaba lloviendo...

-¿Toga? Hola, ¿cómo estás? ¿Ha pasado algo?

-Sí, hermano. Nos tienen rodeados; debemos retirarnos cuando antes de aquí.

-¿Qué? ¿Cómo...? Pero, ¿tienen adónde ir?

-No. Por eso te llamé.

-Ah... Mira... Eh..., las cosas se han puesto peores...

-¿Por qué?

-Nigiko... No hemos tenido noticias de él; ni una sola... Estamos preocupados.

-Maldita sea.

La pareja y Chigima escucharon con ansiedad...

-Sí... No sabemos qué pasó con él. Mandamos a otro espía para averiguarlo, pero... tememos lo peor.

-No...

-De todas maneras..., tú necesitas ayuda... Déjame ver... ¿Hacia dónde necesitan ir?

Yagari miró a Chigima para ver que no se fuera a equivocar en las indicaciones que le daba a Omashu. Continuó:

-Simplemente necesitamos un escondite; uno de verdad efectivo y desde el cual los vampiros no huelan sangre.

-Claro, por la chica...

-Sí.

-Mmm... Aquí Haniko tiene un rancho en un campo de la ciudad de Shinshimi... Pero no, ahí la olerán... Algo... ¡Ah, ya sé! ¿Algo bajo tierra?

El maestro Yagari consultó con su compañero de ojos naranjas:

-¿Un escondite subterráneo?

El otro asintió.

-¿Dónde es eso? –siguió con la conversación telefónica.

-Es en las afueras de la ciudad Gaketsumi. Hay que pasar por catacumbas debajo de un cementerio, pero luego hay unas pequeñas construcciones que les servirán para vivir unos días. Te aseguro que allá podrán desangrarse y ni el más hábil vampiro los sentirá. Ya lo he visto.

-Ajá... ¿Cómo llegamos?

-Déjamelo a mí. Enviaré a Yoken con mi auto y los recogerá donde tú me digas.

-Bueno, lo mejor para nosotros ahora es ir al... –le permitió a Chigima que propusiera:

-Oeste –dijo aquél.

-Oeste –Yagari repitió por el teléfono-. ¿Está bien si lo buscamos en la carretera?

-Kilómetro 58, que está alejado de donde están ahora.

-Iremos por el bosque y esperaremos verlo.

-Bien. ¿Recuerdas cómo es el coche?

-Sí.

-De acuerdo... Entonces le diré que salga de inmediato. ¿Necesitan algo, como alguna provisión?

-Algo de comida.

-Entendido. Calculen que en media hora o cuarenta y cinco minutos, dependiendo de la lluvia, ya estará por allá, así que te sugiero que vayan partiendo.

-No hace falta la recomendación... Ya estamos complicados.

-Pues, entonces, nos vemos. Suerte.

-Nos hablamos.

-Vayan con cuidado...

Yagari explicó el pacto que había hecho con su socio Omashu. De acuerdo, los otros tres se dispusieron a viajar nuevamente, mas Chigima dictaminó que tendrían que hacerlo a pie, o serían demasiado visibles para los cuervos. Y aunque el panorama llenaba a los jóvenes, sobre todo a Kira, de temor y vacilación, sabían que era la huida o la espera a la muerte inevitable. Con armas en mano, incluso ella con el látigo Ayilai que le había dado Cross, apagaron la única luz de la sala común de la cabaña y salieron al exterior, sólo después de que aquella muchacha se rociara una considerable cantidad de perfume que socavara la esencia a sangre que se emanaba de su cuerpo femenino. El aire era más frío que antes y la lluvia azotaba con más fiereza a cada segundo. Chigima cerró la casa con llave y se ubicó en la retaguardia, mientras que Yagari fue a la vanguardia y guió a sus compañeros. Había que atravesar un territorio boscoso de aproximadamente seis kilómetros donde la oscuridad era el cielo y la tierra. No podían moverse con linternas ni hablando, pero sí un lazo de compañerismo y valentía los mantuvo unidos. Zero llevó a su novia de la mano, sosteniendo en la otra su revólver negro Eclipse, y sus ojos lilas perforaron todo lo que enfocaron; nadie podría atreverse a atacarla en ese momento y lugar, pues él la amaba con todo su arrojo. Fueron los cuatro agazapados, empapados de pies a cabeza y vilipendiados por un frío húmedo y filoso; era una odisea de riesgo máximo y que ponía a prueba su resistencia y su fe audaz.

La cuestión era si eso sería suficiente.