NOCHE DESASTRE: "Terror"

Frío, lluvia, viento, oscuridad... Los cuatro cazadores lucharon al avanzar por un escenario frondoso y difícil que hacía menguar su valor. La chica, con los ovarios adoloridos y cargando un miedo que le lastimaba la espalda, se aferraba a la mano de su novio, quien pujaba por mantenerla de pie y optimista. Yagari y Chigima, fieles guardianes, los protegieron a cada paso del camino y no perdieron nada de vista. El sendero del que fueron detrás era la ruta principal que pasaba por el bosque, y ya faltaba poco para el kilómetro 58 que serviría como punto de encuentro con Yoken, el hermano menor de Omashu. Avanzando entre barro, rocas y troncos, más de un sapo se había cruzado en el camino de los fugitivos, mas Kira estaba ciertamente aterrada por más cosas que eso. Su mano enlazada con los dedos de Zero era casi la única cosa tibia en ese lugar; el resto del aire era gélido y congestionaba la piel.

-Ya casi llegamos... –susurró el maestro tuerto.

La dama estaba cansada; sus jadeos torturaban a Kiryuu... Era como si dar un paso implicara perder un gramo más de sus fuerzas. No estaba preparada para la vida de persecuciones que su identidad como hija de cazadores le había legado. El brazo musculoso de su pareja la sostuvo por la espalda.

-Sigue conmigo, Kira... –él le murmuró al oído.

A lo lejos, bajo el albor de un poste de luz sobre la carretera, se veía una figura alargada y metalizada. Un brío renovado surcó cuatro pechos exhaustos y Yagari afirmó en voz baja:

-Ahí está.

El auto recientemente estacionado los esperó hasta el momento en que aquel hombre golpeó la ventana del conductor, un joven de melena rubia pálida y mirada grácil, quien de hecho se sobresaltó con la llegada repentina de su compañero y los otros tres. Les abrió las puertas del vehículo y les gritó que subieran. Al fin un lugar seco, Yagari se sentó adelante y Chigima fue atrás, con los jóvenes.

-Yoken –habló el tuerto-, gracias por venir...

-No hay problema, Toga. ¿Están bien?

-Sí... Algo cansados, pero estamos bien. No nos atacó nadie en el recorrido...

-Me alegra profundamente oír eso –opinó, y arrancó el motor otra vez, yendo por la ruta que lo llevaría al oeste de la Academia Cross.

Luego de unos segundos de haberse puesto en marcha, el conductor les avisó que había traído comida en la caja del auto y que les alcanzaría para cuatro días si la racionaban bien. Yagari, agradecido, suspiró y consultó acerca del estado del resto de los cazadores:

-¿Alguna noticia de Nigiko?

-Ni una... Y el otro espía aún no se ha reportado.

-Demonios...

-Seta debió haberse dado cuenta de algo... Porque repentinamente sus acciones se volvieron sigilosas, y encima lo de ustedes, que ya los tenían rodeados...

Pero Kira, afligida, masculló cabizbaja...:

-Es todo por mi culpa...

-¿Eh? –Yoken reaccionó.

-Sus amigos se están arriesgando por mi culpa... Ustedes también... y yo...

-Ey... –Zero la consoló, sosteniéndola con los brazos-. No te digas eso...

-Tranquila, preciosa –el hermano de Omashu siguió-. ¡Tú no hiciste nada malo! Ese monstruo tiene demasiados problemas en la cabeza... Ya sabes cómo son los vampiros descorazonados... Además, has tenido mala suerte; no hiciste mérito.

-¿Tú...? –ella empezó.

-Varios son los cazadores que conocemos tu historia, y déjame decirte que muchos hemos querido intervenir, porque nos da pena ver a una mujer inocente que atraviesa situaciones como las que tú enfrentas. Así que no te atribuyas la culpa.

-¿Soy víctima...? Pero así traigo desdichas para los otros.

-No has sido la única. Relájate.

Kiryuu apretó la mano de la chica a su lado y acarició su hombro. Un silencio controvertido rebotó en el interior del auto en movimiento y Chigima se mantuvo cual fiel escolta, vigilando por su ventana la oscuridad que los rodeaba.

Yoken avisó:

-Llegaremos en dos horas. Es importante que sepan que no tendrán señal en el refugio, así que estarán desconectados de nosotros.

-Sí... Lo supuse –Yagari respondió.

Sería incierto todo lo que pasara en ese sitio en los próximos días. Tanto miedo e inquietud... Tortuoso; Kira tenía efímeros deseos de ya no estar viva, para librar a sus amigos del peligro que ella, con su esencia, diseminaba.

No tardó mucho en dormirse, y mantuvo los ojos cerrados hasta alcanzar las lejanías de Gaketsumi. Era noche cerrada y aún estaba lloviendo; rayos y truenos danzaban en el firmamento entre nubes agresivas y el frío ya era muy fuerte para soportarlo con la ligera ropa que tenían encima. La espera a la llegada del amparo era cruel, causa de un desasosiego fatídico. ¿Cuándo terminaría eso...? Estaban recién a la mitad...

-"Por favor..." –pensaba Kira, dormida-. "Que esto sea un mal sueño... Quiero despertar en la Academia Cross... Quiero estudiar... Quiero hacer bromas en clase y que Zero me defienda de Alika..., que el Director nos hable, que nos riamos juntos... Quiero ser feliz..., normal... Quiero estar... en paz."

Su mano tembló en el contacto con los dedos de Zero... Éste debía pelear contra su propios terrores y mantenerla firme, pues el karma que estaba tolerando era enorme... Suspiró mirando el exterior de su ventana y Yagari lo observó de reojo, sufriendo también. Para sus adentros, dicho maestro masculló:

-"La desgracia de los cazadores..."

***

El trecho se fue abriendo y el bosque se deshinchó. A lo lejos se veían las luces de la ciudad, aunque fuera una localidad ordinaria que por lo general era esquivada por gente que, como Kira, llamaba la atención y propiciaba crímenes y blasfemia.

Como preludio vino un par de granjas abandonadas y luego un cementerio a la izquierda. Las tinieblas exhaladas de la noche repugnaban el advenimiento de los exploradores, y una neblina fina y electrizante infectaba la vista.

-Si preguntan –estableció Yoken, el de cabellera rubia-, venimos a visitar la tumba de un ser querido.

Los cuatro héroes asintieron en silencio...

Al estacionar frente a la imponente reja de entrada, el hermano menor de Omashu se bajó del coche y la abrió, empapándose bajo la lluvia que lo atrapó en esos breves instantes. En la cima del cementerio había una casita desde cuya ventana se distinguía una figura humana que vigilaba sobre un fondo luminoso. Yoken miró de reojo esa presencia poco confiable y entró nomás...

Era una necrópolis gigante...; las tumbas se extendían por todo el terreno hasta alcanzar distancias que los ojos no conseguían ver. Cruces torcidas y lápidas viejas sobre parcelitas de tierra sacra se encimaban unas sobre otras bajo la lluvia inclemente y un constante ir y venir de relámpagos violentos. El auto avanzó por un pequeño caminito por el costado del campo hacia el fondo, donde la tierra se hundía y se erigían unos cuantos sepulcros separados. El escogido por Yoken era uno pequeño de piedra negra en cuya entrada había un disco de vidrio azul roto con la inscripción "Memento Mori". Los aventureros se bajaron junto con el guía rubio, asiendo sus pertenencias y las provisiones que éste había traído por cortesía. Caminaron por barro resbaladizo hasta subir las escaleritas del pequeño santuario y abrir la puerta con una llave antigua en la mano de Yoken. Adentro no había ni una luz; un hedor a encierro terrible taladraba los sentidos y sólo miedo era el efecto producido sobre los advenidos que no querían dar un paso más.

-Cierra la puerta, Toga –el baquiano ordenó.

Encendió una lámpara a querosén y la mantuvo en alto para iluminar el camino. En el piso, una tapadera cuadrada de madera cubierta con una alfombra tupida era el ingreso al pasadizo. El muchacho la levantó luego de insertar la llave en una hendidura y bajó unas escaleras débiles y cubiertas de polvo...

-Vengan.

Presión y un aire sofocante escapó al abrirse esa tapa. No había ni un insecto, pero el miasma que vivía adelante era equivalente a unos cuantos monstruos... Primero bajó Yagari, luego Zero, tomando la mano de Kira, y luego ésta, protegida por Chigima que iba a la zaga y tenso como nunca antes. Nunca había existido una oscuridad tan densa y penetrante como ésa... El trecho que debían atravesar era largo, casi interminable, y parecía el acceso al infierno más profundo.

-No teman; este sitio es seguro.

-¿De dónde salió esto...? –Zero preguntó.

-Siempre lo hemos mantenido como secreto; sabemos que si la ruta hasta este refugio llegara a oídos enemigos, perderíamos una posibilidad de salvación bastante eficaz. Hace más de cien años, la ciudad de Gaketsumi era un pueblo mejor conocido como la cuna de la gitanería, un sitio donde prosperaba las ferias de los gitanos y se mantenía un cierto perfil cultural de desarraigo por las cosas materiales así como carencia de educación. Era un sitio pequeño, no obstante. Pero el nuevo gobierno electo había adoptado una política de purificación de raza, con lo que una larga serie de patrullas militares comenzó una operación para eliminar a los gitanos del país.

-Un genocidio... –Yagari comentó, mientras miraba con ojos exaltados el suelo negro que sostenía sus pies.

-Sí, en realidad. Rápidamente, los habitantes gitanos de la ciudad fueron asesinados, pero uno de ellos, un líder rebelde, había tomado la determinación de construir un albergue para todos ellos, con el fin de, así, desaparecer de la vista de las autoridades. Abrieron entonces este pasaje y edificaron un complejo circuito de material donde podrían depositar todas sus pertenencias y vivir durante mucho tiempo. Es a donde estamos yendo...

El oscuro y caluroso camino se fue hundiendo aún más en los apéndices del planeta... Algunos cráneos e insignias extrañas se empotraban en las paredes de tierra negra... Kira estaba aterrorizada.

-Pero, ¿qué sucedió con esos gitanos?

-Utilizaron a un niño espía y los encontraron. Es por eso que este escondite es ciertamente como una última opción para los fugitivos...; los gitanos fueron asesinados aquí.

La chica se sobresaltó y tomó el brazo de Zero. En realidad, los cuatro prófugos fueron impactados por el dato...

-¿Q-Qué...?

-Sí, suena macabro. Sin embargo, este sitio permaneció a lo largo de los años y la Asociación de Cazadores fue capaz de encontrarlo cuando ya nadie que lo conociera estuviese vivo. Es una gran fortaleza subterránea y, curiosamente, su diseño es tan preciso e inteligente, que pareciera haber sido hecho por los antiguos egipcios. Ha salvado la vida de más de un cazador.

-Entonces esto es una tumba.

-... sí...

-Es horrible... –Chigima opinó.

-Opino para el mismo lado, pero más me preocupa que ustedes tengan un sitio donde resguardarse.

Un suspiro seco y caliente peinaba a la doncella de ojos azules temerosos. La única luz en la mano de Yoken parecía ir a extinguirse en cualquier momento en esa tierra de fantasmas. Ya de por sí el lugar era tenebroso; con esa información, Kira sintió esporádicos deseos de salir huyendo y tal vez enfrentar la muerte afuera, en la tormenta. Kiryuu la abrazó.

Luego de caminar como diez minutos, el trecho se había hecho más pequeño. Faltaba aire y la mecha de la lámpara comenzó a debilitarse. Diferentes motivos arraigaban ansiedad y hasta un filo de desesperación en los cazadores, aunque Yoken ya había visitado el sitio y mantenía la compostura.

Continuó hablando:

-Hay un escape por el que entra un reducido torrente de agua, así que estarán bien. Sin embargo, en cuanto al oxígeno, tendrán que acostumbrarse a contar con poco.

-De acuerdo –contestó Yagari.

Con la llama de la lámpara, el guía encendió un par de antorchas en la entrada a las construcciones. Todo pareció iluminarse más, como si la luz se propagara a gran velocidad ante sus ojos. Siguió caminando hasta una columna donde otra antorcha empapada en querosén aguardaba a ser prendida. Luego una más y otra... Los fugitivos admiraron con pasmo las casas erigidas con tanta dedicación y esfuerzo.

-Bueno, señores cazadores, les sugiero que no prendan muchas teas más. Usen éstas para explorar la zona, pero traten de no perderse; manténganse cerca.

-Yoken, te hago una pregunta.

-Dime.

-Si los vampiros llegaran aquí... ¿Hay una manera de escapar que no sea a través del camino por el que vinimos?

-Eh..., s-sí... De hecho, sí... Pero nadie lo usaría sin estar en una encrucijada mortal...

-¿Por qué?

-S-Síganme...

Fueron detrás de él, aunque Yagari ciertamente estaba más al lado suyo. Un silencio atormentador los rodeó cuando se adentraron en los pasajes amarillos de ese complejo recóndito. Zero se mantuvo pegado a su pareja, a quien abrazó y le dio su sustento. Restos de vidas pretéritas eran atisbadas entre sombras añejas; canastitos de bebé, mesas y sillas desparramadas por el piso, prendas de ropa, utensilios para comer... Era obvio que luego de la matanza no se había puesto orden en ese lugar...

-Yoken, este lugar..., ¿no fue tocado después de aquel día en que entraron los militares...?

-En realidad, no... Por respeto a los gitanos que vivieron aquí, no se modificó nada. Es incluso como para que no se pierda la evidencia de cómo sus vidas fueron abruptamente destruidas a manos de personas torturadoras.

-Igualmente –Chigima terció-, usar este lugar como escondite es aún una falta de respeto.

-Te diría que no. El propósito de este sitio ha sido siempre albergar a quienes huyen de la muerte. De hecho, el lema era "auxilio para ti, unidad para todos".

-Esto es una tumba... Irrumpir en semejante paz es deshonroso.

-Por el bien de tu hija, yo creo que es lo mejor.

Eso fue lo que dijo Yoken, viendo por encima de su hombro hacia Chigima, quien retiró la mirada. Kira, al oír ese término, se ruborizó y bajó la vista al piso de perdigones marrones.

Entonces, después de sortear obstáculos de diversas edificaciones robustas, unas largas escaleras fueron bajando hacia una puerta de piedra extraña... Yoken respiró profundamente y les avisó:

-Por favor, no se espanten... Lo que están a punto de ver es el cementerio de los gitanos.

Kira inspiró con pavura.

-Yoken, la salida alternativa, ¿es por aquí? –Yagari cuestionó.

-Sí. Es la única... Originalmente, este lugar no había sido pensado para ser un cementerio..., pero a poco de estar aquí, una enfermedad extraña atacó a los refugiados y...

-Entiendo...

-La salida de emergencia fue construida casi al mismo tiempo de ese brote; pensaron que, dados sus tabúes acerca de los muertos, ningún extraño se atrevería a buscarla aquí. Y fue así... No ha habido registros de que alguien más hubiese atravesado ese paso.

Llegaron ante el acceso. La cara de la muchacha mostraba turbación y un completo deseo de irse de allí... Se aferró al cuerpo de Zero y enterró los ojos en su pecho viril, gimoteando.

Chigima, por ende, dictaminó con su voz ronca:

-No quiero que ella entre.

Yoken respondió con gentileza:

-Yo tampoco, pero por su bien, debe hacerlo.

-Explícate.

-Si algo llegara a salir mal... y tuviese que huir sola..., tendría que conocer esta salida. Lo lamento.

Tenía razón... Quien más debía ver eso era ella...

-Zero... –no obstante imploró contra el torso de su novio.

-¿Es realmente necesario? –ese chico interrogó al blondo guía, quien asintió.

Con voz de sabiduría le susurró a su encantadora mujer y le dio coraje para que avanzaran juntos. Kira no quería obedecer a su vocablo hermoso, mas sus pies se movieron solos... Yagari ayudó a Yoken a correr la piedra y después entraron con lentitud y un temor latente...

Las tinieblas se hicieron a un lado cuando la lámpara del baquiano irrumpió en la sala, y asimismo una pestilencia a huevos y agua en putrefacción flechó el equilibrio de cada cazador. Se taparon la nariz con el entrecejo fruncido y quisieron protegerse al entrar... Por el medio del cuarto amarillo, que parecía una cueva medieval, cruzaba un puentecito que separaba el paso del resto del lugar... y seguía y seguía muchos más metros adelante. Todo el cementerio constaba de varios cuartos, uno después del otro en línea recta,... y los muertos estaban en el piso, cubiertos apenas por unas mantas que parecían perder los hilos con el pasar de los días. Algunas partes de los cuerpos sobresalían desde debajo de esas frazadas, exhibiendo huesos viejos y secos... Kira se puso a llorar en silencio y cerró los ojos contra Zero, quien le dio cobijo, asimismo aterrado por la misma causa. Hasta Yagari, que ya había visto cosas tétricas en su vida, estaba pasmado. El único que parecía conservar más la indiferencia era Chigima, pues Yoken ya había presenciado eso.

-D-Dios... Todos estos... –el maestro de Kiryuu masculló.

-Son muertos por la enfermedad que los aquejó y luego, por los asesinatos. Muchos de esos cadáveres están aquí como gesto de respeto de alguien que les quiso dar sepultura.

Los hizo pasar por el puentecito del medio, elevado en relación al suelo. Siguieron hasta el cuarto siguiente, luego el otro, el otro, el otro, el posterior y así hasta el último de todos, en cuya pared del fondo se presentaba un agujero en el que podía caber una persona hasta del tamaño de Yagari. Alrededor de esa abertura había tallados que hablaban de una maldición y una venida del diablo, como si ese túnel equivaliese a la vía hasta la boca de Satanás. Nadie perspicaz se atrevería a adentrarse allí, pues los gitanos de Gaketsumi eran conocidos por sus rituales negros y sus leyendas misteriosas...

-¿Qué... es eso? –volvió a interrogar el tuerto.

-Si avanzas por aquí unos cincuenta metros llegarás a la llamada "habitación de la luna". Ahí ascienden unas interminables escaleras hasta el exterior...

-¿Nada más?

-Nada más... ¿Quieren entrar?

-¿Hay luz en esa... "habitación de la luna"?

-En realidad, no...

A la sazón, el guardián de Kira estableció:

-Yo quiero ir. ¿Me prestas la lámpara?

-Claro.

Se la entregó, y dicho caballero penetró en el conducto, gateando a gran velocidad a partir del buen estado de sus músculos. Fue empujando la lámpara hasta el final, en donde contempló el escape de ese refugio colosal... Se maravilló al ver la cantidad de peldaños que subían hasta la superficie...

Superficie que era imposible de ver sin caer en un achaque de vértigo...

-Me estoy sintiendo mal... –la chica, entretanto, confesó...

-Aguanta –le dijo Zero, acariciándole la cara-. Ya nos vamos...

El hermano de Omashu comentó:

-Si, no es extraño, saben...

-¿Qué?

-Se dice que este cementerio succiona la energía de los vivos...

La mujer respiró agitada. Se estaba poniendo pálida.

-Resiste, Kira.

-Es cierto lo que dices, Yoken... –Yagari comentó, tomándose la frente-. Creo que yo tampoco me siento bien...

En cuanto Chigima estuvo de regreso y declaró lo que había visto del otro lado del agujero negro, la damisela no lo soportó más y se fue corriendo, liberándose del abrazo de Zero, quien gritó su nombre.

-¡Kira, espera!

-"Quiero irme... Ya no quiero enfrentar estas cosas... Quiero vivir en paz..., como antes... Como antes... Odio esto... Por favor, que esto termine..." –ella rogó para sus adentros, velozmente atravesando la oscuridad de todos los cuartos de vuelta hacia la salida.

Al alcanzar la abertura, se tropezó y cayó fuera del cementerio. Sólo las sombras la rodearon... En el suelo y carente de vigor, se puso a llorar y apretó los puños en su pánico furioso... Estaba asqueada, superada por todas las cosas que le atacaban el espíritu y la jaqueaban de pies a cabeza...

Los cuatro hombres llegaron de inmediato hasta ella. Zero se lanzó al piso y le dio contención, estrechándola en sus brazos mientras la oyó sollozar.

-Kira..., Kira... Por favor, no llores... Todo acabará pronto... Pronto...

Sus consuelos parecían valer muy poco. La mantuvo contra su pecho hasta que debió cargarla, tras la orden de Chigima, quien pidió dar por finalizado el recorrido para ya instalarse y descansar; la hora de dormir ya había llegado, de hecho.

Luego de unas últimas indicaciones, Yoken se despidió de los guardianes; Zero acompañaba a Kira en su habitación provisional. Les recordó que el teléfono celular no podrían usarlo y que tendrían que esperar la llegada de algún cazador para saber noticias de Seta. Dejaría, por otro lado, las entradas del sepulcro abiertas, sin llave, aunque bien disimulado.

-Haremos lo que esté a nuestro alcance para mantener a Seta lejos de aquí –aseveró, despidiéndose de Chigima y Toga.

-Gracias, Yoken –este último dijo.

-Ni lo menciones. Somos colegas, hermano.

-Te devolveré todo esto.

-Cuando puedas. Mucha suerte.

-Gracias. Cuídate.

-Más ustedes.

Una exigua lucecita se fue alejando mientras el rubio desapareció de escena, regresando por el pasadizo de tierra que antecedía al refugio... Los dos caballeros mayores eligieron un par de cuartos cercanos a la habitación de los jóvenes y dejaron todas sus cosas cerca de la luz, en una sala común. Por el momento, los dejaron descansar y entre ellos se turnaron para dormir y hacer guardia...

-Zero... –Kira susurró, recostada en una cama de piedra.

-Estoy aquí, Kira... –respondió él, sentado a su lado.

-No sé qué haría si no estuvieses aquí conmigo... Tengo miedo...

-Ya todo terminará.

-Es horrible estar aquí... Está todo tan... lleno de recuerdos..., de olores a gente que ya no está...

-Pero en este lugar estaremos a salvo. Fíjate en eso.

Sin embargo, ella tembló. Cerró los ojos y replegó las piernas, tratando de ocultarse del mundo que le hacía daño... El hombre, como réplica, se acostó y la abrazó contra su cuerpo firme, en el cual esa mujer halló salvación.

-Siempre te protegeré... Te lo prometo.

-No me dejes...

-No lo haré. Nunca lo haré.

-Sólo en ti hay luz, Zero...

-Y sólo en ti hay una esperanza para mí.

-Es como caer en el vacío... Este lugar..., esta tumba...

-La oscuridad morirá en poco tiempo. Sólo resiste, ¿sí?

-Duele... Tengo mucho miedo...

-Estaré siempre a tu lado; no te preocupes.

-Quiero ver el sol... otra vez.

-El sol aún existe; enseguida volveremos a verlo. Nos está esperando en el cielo, detrás de toda esta tormenta y el frío, nos espera, Kira.

-Gracias, Zero... Muchas gracias... Tú...

El hidalgo besó la frente de su mejor amiga. Ésta sonrió con lágrimas hirviendo en sus ojos y farfulló:

-Te amo, Zero...

-Y yo, a ti...

-¿Dormimos juntos?

Con esa proposición, sus ojos se cerraron hasta las próximas seis horas. Dormir así sería difícil, pues no había ni días ni noches para guiar los sentidos del cuerpo...

***

No obstante, las tinieblas prevalecerían sobre el firmamento aún por más tiempo... No porque el sol estuviera extenuado como para iluminar la Tierra, sino porque el Conde de la Noche era más obstinado y pujante que muchas otras cosas...

Yoken salió del sepulcro y subió a su auto. La lluvia había amainado hacia una llovizna fuerte y los murciélagos chillaban desde sus hogares en las sombras secas. El vehículo arrancó y siguió de regreso el camino que había tomado para llegar a la tumba de piedra, aunque el barro amenazó en reiteradas ocasiones con dejar atascado al joven en el recorrido, y era ahí cuando lograba ver figuras a lo lejos del cementerio que lo observaban pelear con su coche... De a poco presa del miedo, sofocó al auto con su pie tenaz sobre el pedal del acelerador y se puso ansioso por irse cuanto antes... Pero no estaba solo; a poco de andar, casi fuera de la antigua necrópolis, un anciano de pocos dientes se presentó ante él, con un tridente en la mano y una capa de lluvia blanca y sucia... Los dos congelados en un avistamiento repentino y tétrico, el viejo caminó lentamente hasta golpear con el caño del tridente sobre la ventana de vidrio del vehículo y pedir a Yoken que abriera... Empalidecido, el chico abrió y escuchó las palabras rancias del sujeto cuyos ojos parecían desorbitados en una locura peligrosa:

-¡¿Qué hace usted a estas horas de la noche?! ¡¿No sabe que está prohibido venir en estos horarios?!

-¡E-Eh, lo s-siento! No sabía que estaba prohibido...

-¡No es bueno molestar a los muertos cuando viene la noche! ¡Es especial cuando llueve! ¡¿Nadie le dijo que el agua remueve la tierra?!

-A-Agh..., sí... Es que... vine a ver la tumba de un amigo mío... He tenido muchas pesadillas sobre él y q-quería--

-¡Largo! –le gritó.

-E-Está bien... Disculpe, no volverá a pasar...

-Más le vale...

Yoken no tardó en subir el vidrio de su auto de nuevo... Estaba más que inquieto con esos alaridos de mal aliento. Vio cómo el anciano se alejó del camino, y siguió escapando del cementerio lo más rápido que pudo sin ser evidente en su zozobra. Así, comenzó a alejarse de la ciudad de Gaketsumi...

Dos horas y media después, sin embargo, una llamada sonó en su celular. Atendiendo con gran detalle la carretera de pocas luces y bañada en cerrazón, tomó su artefacto y dio inicio a la conversación... Era su hermano... y no se oía bien, y no precisamente porque hubiera interferencia...

-¿Yoken? ¡¿Yoken?!

-¿Ho-Hola...?

-¡Yoken!

-¿O-Omashu...? ¿Eres tú? ¿Qué...?

-¡Yoken, ¿estás ahí?!

-¡S-Sí, sí, Omashu, soy yo, estoy aquí! ¡No te oigo bien! ¡Hay mucha interferencia...!

Las voces de los dos se mezclaban en ruido blanco intermitente; la comunicación era torpe e incierta...

-¡Quédate quieto! ¡Detendré el auto...!

Pero eso sí lo entendió bien...

-¡NO! ¡NO TE DETENGAS!

-¿Q-Qué...? P-Pero... Omashu, ¿estás bien?

-¡Yoken! ¡Yoken, escucha!

-¡Te escucho, Omashu, háblame!

En ese instante tuvo que pegar un volantazo para no atropellar a un venado. La tensión y la adrenalina fluían por sus venas como dos torrentes de energía histérica.

-¡Yoken, Nigiko está muerto, y el segundo espía apenas sí pudo escapar! ¡Seta lo sabe! ¡Seta sabe que Yagari está huyendo! ¡Hay alguien haciendo de fisgón! ¡DEBES VOLVER!

-¡¿Q-Q-Qué...?!

-¡Alguien nos delató! ¡Seta lo sabe todo y se está desplazando hacia Gaketsumi! ¡Debes advertirle a Yagari y a los otros, o de lo contrario--!

La voz de Omashu de pronto no fue oída ni un instante más...

-¿O-Omashu...?

Pero al regresar los ojos al frente, el conductor rubio se aterró completamente de cara a la presencia de cinco vampiros tenebrosos bloqueando el camino. Dos mujeres y tres hombres, entre ellos, un alto oficial, quien mantenía su mano levantada y apuntando hacia el teléfono muerto del cazador. Una de las mujeres, de cabello rojo y sonrisa pérfida, fijó su psiquis en el auto que venía a gran velocidad y lo paralizó en el aire, mientras que los otros tres se mantuvieron atrás, de brazos cruzados y emitiendo un aura amenazante y agresivo...

-¿O-Oma... shu...? –el muchacho intentó recibir el auxilio de su hermano mayor... En sus ojos vivía el terror puro y su corazón estaba fuera de control... No podía agarrar su arma sin ser evidente... Y ahora, ¿qué?...

El coche era prisionero de una magia negra imbatible y la vampiresa pelirroja abrió la puerta de aquél, dictaminando después su oficial:

-Bájate, sucio humano.

Yoken no quiso obedecer... De reojo miró su escopeta en el asiento trasero y tembló sin saber qué hacer para salvar su vida de esos cinco villanos cuyos ojos brillaban en sangre... Pero el temor le ganó a su sentido de la inteligencia... Quiso asir su arma y los chupa-sangre se lanzaron contra él, destrozando el auto hasta convertirlo en un amasijo de metales y apropiándose del cuerpo del joven, quien gritó en desesperación al comprender que ya no tenía salida...

Una voz vampírica tronó en la noche...

"Cambiaremos sangre por información..."