Una historia diferente
Capítulo 3. Frustración
El sol asomaba perezosamente desde la entrada del refugio mientras Varric recogía las bombas de humo instaladas la noche anterior. Como era de esperar, nadie les despertó a mitad de la noche y todos excepto Anders disfrutaron de un sueño realmente reparador. Incluso Jane, que había tardado mucho en dormirse, amaneció con la mente bastante despejada.
Isabela fue la última en incorporarse de la cama, aunque llevaba despierta más tiempo que ninguno. Fenris, en cambio, recogió rápidamente botellas y mantas y se las ofreció a Jane casi sin mirarla a la cara.
- ¿Te ayudo con algo más? – le tendió dos sacos ya preparados para la marcha, aunque Jane no le respondió.
- ¿Te duele la cabeza amiga? – Isabela se acercó a ellos y cogió los sacos con una sonrisa.
- No. Estoy perfectamente. Algunas pesadillas sin importancia, pero descansada.
- Sí, yo también he tenido una pesadilla esta noche. Te sorprendería - escupió Anders mirando feroz a Fenris desde el fondo de la cueva.
Tras unos segundos de extraña tensión, Jane se dirigió al exterior junto a Varric, que preparaba tranquilamente un desayuno a base de sopa con los huesos del conejo de la noche anterior y un par de patatas.
- Voy a ver si encuentro algunas bayas o algo más para acompañar - dijo Jane entrecerrando los ojos por la luz de la mañana.
- ¡Genial! Aunque no te alejes demasiado, he visto tierra removida justo ahí. Puede ser que alguien se pasase por aquí anoche – Varric parecía haber olvidado que Jane, Isabela y Fenris estuvieron allí mismo, estirados bajo las estrellas.
- Claro… enseguida vuelvo.
Aunque sabía que por allí no había pasado nadie, no necesitó alejarse demasiado, puesto que en unos arbustos cercanos encontró unas frutas del bosque bastante maduras. De repente, escuchó algo detrás de ella y, aunque en un primer momento hubiese apostado por Fenris, al girarse se encontró con Anders mirándola seriamente.
- Hola Jane ¿Te ayudo?
- Ya casi he terminado, pero si quieres coger esta mitad y… - Anders la agarró del brazo con suavidad, haciendo que Jane se incorporase algo incómoda.
- ¿Puedes ser sincera conmigo aunque sólo sea esta vez? – Jane temió que les hubiese escuchado hablar a Fenris y a ella la noche anterior.
- ¿Qué quieres saber? – su voz se quebró inevitablemente.
- ¿Qué pasa contigo y el elfo? –los temores de Jane se hicieron realidad.
- Eso es algo de lo que no quiero hablar ahora mismo.
- Entonces es cierto. Cuando me dijiste que yo no te interesaba, realmente sí tenía algo que ver con él, ¿no es así?
- Anders… ¿por qué quieres saberlo?
- ¡Porque lo necesito!Te… te quiero Jane, es tarde para olvidarlo, y creía que tú también sentías algo por mí hasta que apareció ese maldito engreído.
- Sí creí sentir algo antes Anders, pero sólo fue una ilusión. La soledad, el rencor… no fue real.
- Para mí sí lo fue - dijo Anders con decepción en el rostro.
- Lo siento, no quise herirte, por eso no mencioné a Fenris cuando estuviste en casa.
- Creo que no es un buen momento para seguir hablando.
Anders cogió la mitad de los frutos que Jane había recogido y volvió con el resto mientras ella le miraba con un sentimiento que oscilaba entre la tristeza a la furia. Se sentó en el suelo, allí mismo, y tras unos largos minutos, decidió seguir los pasos de Anders. Cuando llegó con el resto de frutos, Fenris la miró de reojo y rápidamente devolvió su mirada al suelo, donde había estado durante todo aquél tiempo. Estaba tan serio que ni tan sólo Isabela se había atrevido a dirigirle la palabra.
- Bueno chicos, después de esta exquisita sopa sólo tenemos que dirigirnos hacia el este durante un par de horas y, con un poco de suerte, una vez lleguemos donde creo, sabremos si hemos seguido la pista correcta – informó Varric con una gran sonrisa.
- Recordad que Danerius es mío. Yo le mataré – Fenris apretó los puños mientras los hundía en la arena.
- Claro, todo tuyo amigo – Varric le puso la mano sobre el hombro mientras Fenris se había sumergido en oscuros pensamientos.
Terminaron el desayuno y, sin perder tiempo, prosiguieron su larga marcha hacia el este, tal y como Varric había indicado. Jane e Isabela encabezaban el grupo en silencio, atentas a cualquier ruido extraño que pudiese salir del bosque. El camino casi se había deshecho y estaban avanzando campo a través.
- ¿Nerviosa? – preguntó Isabela mientras miraba hacia un lateral de reojo.
- Un poco, pero ya sabes; estar tranquila antes de una batalla es como una sentencia de muerte.
- ¿Crees que vamos a encontrar al mago?
- Es probable que…
Jane cayó de bruces al suelo y una trampa de fuego estalló bastante cerca de ellas. Afortunadamente, el que la había colocado no era demasiado diestro, porque de lo contrario, ambas habrían sufrido serias heridas.
- ¡Mierda! - Varric desenvainó su ballesta y corrió hacia Jane e Isabela seguido de Anders y Fenris.
Un grupo de ocho hombres apareció de entre los árboles y empezó una lucha bastante igualada. Cinco de ellos atacaron con espadas, y el resto se quedaron más atrás, lanzando flechas envenenadas. Anders lanzó un hechizo de hielo que acabó con dos de los asaltantes mientras Varric disparaba a los arqueros sin descanso. Fenris no tardó en perforarle el cráneo a otro de ellos.
Casi habían terminado con todos cuando un tipo que había permanecido escondido tras unos arbustos se lanzó sobre Jane, inmovilizándola en el suelo con el filo de la espada en su cuello. Si hubiesen tenido ventaja, la habría matado al instante, pero ya habían caído seis de sus hombres y necesitaba un rehén para poder huir.
- ¡Todos quietos ahora! – apenas le temblaba el pulso y miraba fijamente a Jane, dispuesto a rebanarle el pescuezo al menor movimiento extraño.
- De acuerdo tío, no le hagas nada - dijo Varric mirándole con una serenidad fingida, intentando no mostrarse nervioso ante los tipos que todavía seguían vivos.
- ¡Vosotros cuatro, detrás de mí! – claramente, se trataba del jefe del grupo – Vamos a largarnos con ella, y como se os ocurra acercaros, la mataré. ¿Está claro?
- Tu trato cojea amigo… ella se queda con nosotros y vosotros os largáis por donde habéis venido.
- Vamos Crash… deberías hacerle caso.
- ¡Silencio! No pienso irme con las manos vacías. Ella nos divertirá esta noche, ¿verdad cielo?
Jane hizo ademán de decir algo, pero Crash apretó todavía más el filo de la espada y Jane notó que empezaba a sangrar, aunque no sintió ningún dolor. Isabela utilizó uno de sus trucos de pícara y, sin que nadie se diese cuenta, desapareció entre las sombras de los árboles. En un gesto extremadamente rápido, lanzó una daga hacia Crash, que cayó fulminado con el arma entre las cejas. Jane se incorporó con el cuello ensangrentado y la lucha se inició de nuevo, aunque esta vez terminó en un abrir y cerrar de ojos.
Cuando los cinco tipos yacían en el suelo, Anders se aceró apresuradamente a Jane con terror en la mirada.
- Dios mío Jane... déjame ver tu cuello – le levantó la barbilla y suspiró aliviado al comprobar que el corte era superficial y su vida no corría peligro alguno – Creía que te perdíamos.
- De nada, por cierto- Isabela sonrió triunfante al grupo mientras Fenris arrancaba su espada del cuerpo de uno de los caídos.
- ¡No os desharéis de mí tan fácilmente! - dijo Jane sonriendo y con la adrenalina todavía corriendo por sus venas.
Aun así, la sonrisa le duró poco. En menos de tres segundos se encontró con los labios de Anders sobre los suyos. El mago la había rodeado con los brazos y la besaba como si allí sólo estuviesen ellos dos. Jane se apartó de él despacio y mirándole con los ojos más sorprendidos del mundo.
- ¿Anders? - susurró Jane paralizada.
- ¡Vaya! – Isabela dejó caer sus dagas y les miró atónita.
- Lo siento, creía que te había perdido Jane.
Anders se alejó del grupo, que le miraba estupefacto por lo que acababa de hacer. Fenris se dirigió a él, dispuesto a matarlo allí mismo, pero tras dar dos pasos se detuvo. No podía hacer nada, Jane no era nada suyo y decidió dominar su furia. En vez de eso se acercó a ella y le ofreció un pañuelo blanco que llevaba bajo su armadura. Jane aceptó el pañuelo y limpió su sangre con él, todavía impactada por lo que acababa de suceder.
- ¿Quieres que le mate? – Fenris le susurró casi al oído aquellas palabras.
- No le hagas nada. Sólo me ha… lo solucionaré con él.
Fenris la miró fijamente un momento y regresó junto a Varric e Isabela, que habían empezado a recoger sus cosas, ahora esparcidas por el suelo del bosque.
- ¡Varric! ¿Pero qué ha sido eso? - dijo Isabela emocionada. Las situaciones incómodas siempre le habían parecido encantadoras.
- Bueno, un beso. ¡Un señor beso diría yo! No es que fuese el mejor momento, pero tenía que terminar pasando.
- ¿Seguimos? – Fenris sentía que si no seguía caminando acabaría por matar al mago.
- Sí, sí, terminemos de recoger las cosas – Isabela recordó la historia que Jane le contó el día anterior sobre la aventura con Fenris, y se puso algo nerviosa.
- Terminemos pues, pero nada de besos hasta mañana chicos – dijo Varric ya más calmado, y rió tan fuerte que algunos pájaros salieron volando de unos árboles cercanos.
ooo
Jane fue en dirección a Anders en cuanto recuperó la compostura, y el resto se quedaron junto a los cadáveres de los asaltantes, esperando no sabían demasiado bien qué. Varric no tardó demasiado en fijarse en Fenris, que caminaba de un lado a otro rígido como una piedra.
- ¿Qué te preocupa elfo?
- Hemos venido a por Danarius, y en vez de eso estamos aquí, esperando a que él le declare su amor. Estoy empezando a perder la paciencia.
- Déjales un momento, es más complicado de lo que parece – Varric miró hacia la pareja con preocupación. A él tampoco le gustaba la idea de quedarse más tiempo del acordado en aquellos montes.
Isabela se sentó en el suelo y miró de reojo a Fenris, que no obvió el detalle. Fenris no quería que se inmiscuyeran en sus asuntos, por lo que tomó una postura más relajada y se sentó junto a ella. Aun así, empezó a escuchar la voz de Jane bastante sobresaltada, y aquello terminó de ponerle nervioso.
No quería reconocerlo, pero no soportaba que Anders la tocara. Allí sentado en el suelo, sintió que estaba perdiendo algo. De hecho, quizás ya era tarde para ello, aunque eso no le impidió levantarse y dirigirse hacia Jane y Anders, que cada vez alzaban más la voz.
- Fenris, no creo que sea buena idea - Varric empezaba a intuir que la impaciencia del elfo iba más allá de encontrar a su antiguo amo.
- No voy a esperar ni un segundo más, no me fío de él – No tardó demasiado en encontrarles y Anders reaccionó con furia extrema al verle.
- ¡Y tú qué quieres! – Jane le cogió del brazo, impidiendo que se lanzara sobre Fenris.
- Jane… ¿está todo bien? - preguntó Fenris haciendo caso omiso de Anders.
- No te metas Fenris… por favor, vas a empeorar las cosas.
- ¡Es culpa tuya! Vienes aquí con la escusa de encontrar a tu amo y no haces otra cosa que estropearlo todo.
- ¿Y a qué te refieres exactamente? – Fenris notó que los ojos del mago empezaban a brillar sospechosamente.
- ¡Lo sabes perfectamente imbécil! Aléjate de ella, ¿me has entendido?
- No eres más que un monstruo…
En menos de un segundo, Anders se lanzó sobre Fenris y le agarró del cuello, mientras de su garganta emergía una voz que apenas parecía humana.
-¡No le hagas daño Anders! – al escuchar los gritos de Jane, Varric e Isabela llegaron corriendo hacia ellos.
- ¡Maldita abominación! – Fenris puso su mano derecha sobre el pecho de Anders, que le soltó del cuello inmediatamente, inmovilizado por el dolor – No te voy a matar porque me das lástima, ¿me oyes?
- Basta ya por favor… - Jane lloraba mientras suplicaba que todo terminase de una vez, y Fenris se apartó de Anders, que cayó al suelo de rodillas. Isabela corrió hacia Anders con temor a que volviese a atacar al elfo y finalmente alguien muriera.
- Basta Anders, déjalo ya. Éste no es el momento para arreglar nada ¿entiendes? – dijo Isabela mientras los ojos de Anders iban volviendo a la normalidad.
- Lo siento, Justicia… me he dejado dominar.
- No pasa nada, ya ha terminado - Isabela le acariciaba el cabello con dulzura.
Fenris seguía de pie, mirando a Anders con unos ojos absolutamente impasibles. Varric se acercó a Jane y le preguntó algo en voz tan baja que ni tan sólo él pudo escuchar, y Jane asintió con la cabeza.
- Chicos, - dijo Varric - no es buen momento para solucionar esto. Tenemos dos opciones, o seguimos con la misión o volvemos a Kirkwall ahora, pero no podemos quedarnos aquí parados. No tardarán en aparecer nuevos asaltantes y no estamos en condiciones de defendernos.
- Sigamos - dijo Anders tajante. Se incorporó y miró a Fenris de una forma que nadie pudo interpretar- Solucionaré esto cuando regresemos a la ciudad. Jane, lamento lo que ha pasado.
- Prefiero no decir nada ahora.
- Lo entiendo – Anders recogió su bolsa y empezó a andar de nuevo, seguido del resto del grupo.
El resto de camino hasta llegar al punto señalado, Varric caminó junto a Anders y hablaron largo y tendido sobre lo sucedido, aunque ninguno de los otros quiso acercarse demasiado a ellos. Sabían que Varric era el más indicado para hacerle entrar en razón. Ambos se consideraban como hermanos, pese a las pronunciadas diferencias físicas, y sus charlas siempre habían dado buenos resultados.
Jane, en cambio, se negó a hablar sobre ello con Isabela. Se sentía profundamente dolida por la situación, y aunque pareciese extraño, sólo deseaba correr y llorar lejos de todo aquél mal trago. Aun así, lo único que hizo fue andar sin pronunciar palabra.
Tras dos horas de marcha bosque a través, finalmente llegaron a un descampado y Varric dio la voz de alarma. Varios metros más adelante había algunos hombres tumbados en el suelo y claros signos de lucha. Corrieron hacia los cadáveres, que finalmente fueron siete, y enseguida se dieron cuenta que, un poco más allá, se encontraba un carromato acompañado de un enano de aspecto amable.
- Buenos días amigo – gritó Varric mientras se acercaba a él con las manos en alto en señal de paz.
- Hola hermano, extraño encontrarnos en lugar tan hostil – el extraño estrechó la mano de Varric con una amplia sonrisa de enano.
- ¿Sabes qué ha pasado ahí enfrente?
- Acabo de dejarlos atrás. Parece que unos bandidos han acabado con ese grupo no hará más de un día. He echado un vistazo por la zona y he encontrado una hoguera extinguida y algunos huesos de ave. Mala fortuna la de ellos.
- Parece que en esta zona se encuentran como en casa. Hace apenas una hora también han intentado asaltarnos a nosotros, aunque se han llevado una buena sorpresa.
Mientras Varric conversaba con el enano, Fenris examinó los cadáveres, dándose cuenta de inmediato que la pista que habían estado siguiendo estaba justo delante de ellos, más muerta que otra cosa.
- Varric, éste es el mago que buscábamos. Los cadáveres son todos de esclavos hombres, ninguno de mujer… malditos desgraciados – masculló Fenris, y miró a Jane de reojo, recordando la noche en la que la atacaron.
- Por tu cara deduzco que no es Danarius – el enano conocía la respuesta.
- No, no lo es.
- En fin, debíamos intentarlo. Creo que deberíamos regresar a casa antes de que se haga de noche y perdamos un día más – Varric dejó caer los brazos junto a su cuerpo en un gesto realmente decepcionado.
- ¿Hacia dónde os dirigís hermano? - preguntó el enano sin perder su sonrisa.
- Regresamos a Kirkwall.
- Yo voy hacia Kirkwall. Llevo estas mercancías a la ciudad, así que si queréis puedo llevaros.
- ¿Cuánto nos costará el viaje? – dijo Jane dirigiéndose hacia el mercader con sentida amabilidad.
- Nada por un hermano humana. Yo os llevo gratis y vosotros me protegéis.
- Un trato justo – Varric encajó su mano con la del enano y todos suspiraron aliviados al saber que no debían volver a casa a pie.
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Habían pasado cuatro días desde que llegaron a Kirkwall, y por lo sucedido durante el viaje, decidieron descansar durante al menos siete días más. El labio de Jane se había curado del todo y apenas se veía una pequeña cicatriz. "Una más para la colección" pensó mientras se miraba al espejo de su cómoda y recordaba la tarde en la que Anders le examinó la herida.
Desde que llegaron, no había salido de su casa. El primer día se lo pasó entero encerrada en su habitación. Valeria llamó a su puerta un par de veces para saber qué le sucedía, pero Jane sólo dijo que estaba cansada. Aun así, tras cuatro días, empezaba a echar de menos el olor de la ciudad, así que se dispuso a salir a dar una vuelta y reflexionar sobre cómo debía enfocar su relación con Anders.
Cuando hablaron de lo sucedido lejos del grupo, Anders se puso muy nervioso. Le recriminó haberle mentido sobre Fenris y le preguntó una y otra vez qué había sucedido la noche en la que aquél mendigo la golpeó. Jane no quiso contarle nada, y cuando le estaba diciendo que lo olvidase todo, apareció el elfo.
Se puso un abrigo de lana y guardó bajo su camisa una daga bien afilada. Se juró a si misma que nunca más cometería la estupidez de salir sin protección y bajó las escaleras de su mansión hacia la calle. Todavía era medio día y en la plaza mayor no podía haber más vida.
Varios mercaderes mencionaban de carrerilla los mil productos que vendían, mujeres y hombres paseaban elegantes junto a la enorme fuente, algunos niños discutían sobre quién había ganado el juego de la coba y algún que otro mendigo ensayaba su cara más lastimosa para recibir sus limosnas.
Jane pasó entre todos ellos, saboreando el característico aroma a especias y dejándose bañar por la luz del sol. Se sentó en un banco junto a una mujer que abrazaba a su bebé y observó la mansión de Fenris a lo lejos. "¿Estará en casa?", se preguntó intrigada, y el azar le permitió ver cómo alguien pasaba frente a uno de los grandes ventanales.
No sabía cuánto tiempo había transcurrido desde que se sentó en el banco, pero al voltear la cabeza, pudo observar que la mujer con su bebé ya no estaba junto a ella. En su lugar había un mendigo que ahora la miraba lastimosamente.
Se incorporó del banco y se dirigió hacia la puerta de la mansión de Fenris. Decidió que todavía podían hablar como personas civilizadas, y además, quería agradecerle que se acercase a ayudarla cuando Anders y ella estaban discutiendo, aunque aquello sólo empeorase las cosas.
Hizo sonar el picaporte varias veces, pero nadie acudió a abrir. El sol ya estaba bajo en el cielo, por lo que debían ser las cuatro o las cinco de la tarde. Realmente se había quedado allí sentada demasiado tiempo, y quizás Fenris había salido sin que ella se diese cuenta.
Llamó una vez más y, al no recibir respuesta, empujó la puerta suavemente. Ésta se abrió, cosa que la alarmó bastante. "¿Y si alguien ha entrado?", pensó, recordando que Fenris tenía enemigos. Se contuvo unos instantes y finalmente entró, cerrando la puerta detrás de ella.
La mansión estaba realmente oscura, puesto que los ventanales estaban todos cubiertos por gruesas cortinas. Jane observó hilillos de luz en los que revoloteaban minúsculas motas de polvo ante la puerta entreabierta del salón. Sacó la daga que llevaba escondida y se encaminó hacia allí intentando no hacer ruido.
Nada, no había nadie. Observó la chimenea que en su día la calentó y la polvorienta alfombra donde ella y Fenris habían pasado aquella noche. De repente, alguien entró en la mansión y Jane se escondió tras un enorme jarrón, sobresaltada. La respiración se le aceleró y escuchó un fuerte golpe, seguido de un lamento.
Al asomarse por la puerta pudo ver que Fenris se encontraba en el suelo y no se movía. Bajó como alma que lleva el diablo y se arrodilló junto a él.
- ¿Fenris? ¿Estás herido? – Le abrió el chaleco buscando signos de lucha, pero no parecía estar herido.
- Jane… lo he hecho…
- ¿De qué hablas? ¿Qué has hecho?
- He ganado… no han podido conmigo.
- ¿Estás… borracho? – aquello tenía toda la pinta de estar relacionado con Varric y cierto juego de cartas.
- Sólo un… yo… ugg… debería… dormir un poco.
- Sí, pero no aquí.
Jane incorporó a Fenris del suelo y lo ayudó a llegar a su habitación. La cama no estaba hecha y había un libro junto a ella. "¿Quizás ha intentado empezar a leer?" Jane no pudo evitar una pequeña sonrisa al intuir que Fenris también tenía preocupaciones más allá de asesinar a cierto mago.
- Túmbate aquí, estarás más cómodo.
- Creo que he bebido demasiado.
- Sí, eso parece. Agradéceselo a Varric, es un experto emborrachando a la gente.
- Varric… es un gran tipo… bueno, grande a su manera…
- Sí, sí, deja que te tape con esto, está haciendo frío– Jane colocó sobre Fenris una colcha vieja y éste la miró embobado.
- Así que estás aquí…
- Ya me marcho, sólo había venido a charlar un rato.
- Quédate un poquito más - Jane todavía estaba colocando bien la colcha cuando Fenris le hizo perder el equilibrio, cayendo sobre él.
- Fenris… estás bebido.
- Y tú estás encima de mí - el elfo pasó su mano por el cabello de Jane mientras la miraba fijamente.
- ¡Tú me has hecho caer! No hagas nada de lo que mañana te puedas arrepentir Fenris.
- ¿Puedo besarte? Eres… preciosa – Jane le miró unos segundos, muy cerca de él, y aunque la tentación empujaba con fuerza, finalmente se incorporó.
- Me marcho ya.
Volvió a esconder su daga y cuando estaba a punto de salir por la puerta de la habitación, Fenris la cogió de la mano y le dio la vuelta. La miró sonriendo un momento antes de dirigirla suavemente contra una pared y empezar a besarla. La tumbó sobre la cama y la acarició de una forma distinta a la primera vez. Jane notó algo más que deseo. Sus caricias eran delicadas y la besaba con tanta ternura que casi parecía haber esperado una eternidad para hacerlo.
- Fenris, para un momento – Jane se levantó de la cama con el pelo revuelto y la blusa a medio desabrochar.
- Sólo quédate un poco más…
- ¿Para ti es un juego? Porque para mí no lo es. Con una vez tuve suficiente - Fenris se sentó, y por un momento pareció recuperar la cordura.
- No eres eso para mí.
- Entonces hablemos claro. Me dijiste que no debía volver a suceder. Después de eso intentaste besarme, y ahora esto. ¿Qué quieres de mí Fenris?
- Yo… no sé qué decir – bajó la mirada y Jane sintió como si un puñal le atravesase el alma.
- Como decía, me marcho ya.
- ¡Espera! Eres la primera persona que conozco desde que perdí la memoria que me importa - dijo Fenris intentando no arrastrar las palabras.
- ¿Pero?
- Pero no puedo ofrecerte nada… no tengo nada que ofrecer.
- Al fin estás hablando claro, aunque estés borracho. Te agradecería que no intentases nada como lo de hoy nunca más.
- Entiendo.
Jane se abrochó la blusa y salió de la mansión hecha una furia con el pelo todavía revuelto. No quería encerrarse en casa de nuevo, así que decidió ir al Ahorcado y tomar algo fuerte que la ayudase a despejar la mente. Se sentía tan estúpida que hubiese llorado, aunque en vez de eso le asestó una patada a una pared y siguió caminando ahora con los ojos vidriosos, medio por el dolor y medio por una profunda frustración.
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Al llegar al Ahorcado, el panorama no era distinto al de cualquier otra noche. Un par de camareras con cara de pocos amigos iban de aquí para allá sirviendo mugrosos vasos de whisky, varios hombres bebían y reían en mesas de madera corroída desde hacía demasiado tiempo, y alguna que otra prostituta embaucaba a cualquiera que hubiera bebido más de la cuenta.
Jane vio a Varric sentado en su mesa habitual, pero con alguien que no recordaba haber visto antes. Era un hombre moreno de piel y de ojos azules. Vestía como un bardo, por lo que, probablemente se trataba de alguno de los contactos del enano. Se aceró a la mesa con cierto recelo y no tardó en ser vista.
- ¡Mira quién tenemos por aquí! Justamente estábamos hablando de ti - dijo Varric con las mejillas coloradas por el alcohol.
- ¿Ah sí? ¿Y se puede saber de qué hablabais exactamente?
- Le estaba contando a James cómo mataste a aquél ogro tan feo en el Valle del Lord. – Varric se echó a reír a carcajadas mientras llamaba a una de las camareras.
- Al fin tengo el placer de conocerla en persona señorita Hawke – el bardo se levantó de su silla e hizo una profunda reverencia.
- Vaya Varric, no sabía que también te rodeabas de gente decente – Jane le miró sonriente.
- Sí, sí… ¡pero no te acostumbres! Te presento a James, un viejo amigo.
- Puedes llamarme Jane.
- Como gustes, Jane.
- Por cierto, ¿no te has cruzado con Fenris? Hace apenas una hora estaba aquí, jugando a los diamantes con nosotros. ¡El elfo aprende rápido! – Jane prefirió ahorrarse explicaciones y mintió, como era habitual últimamente.
- No, no le he visto.
- Espero que no se haya confundido de mansión, el chico iba bastante bebido.
- Seguro que ha sabido llegar, no sufras.
La camarera llegó con tres jarras de cerveza y Varric le guiñó un ojo a Jane.
- Hoy invito yo.
- No te voy a negar el trago, por Dios que lo necesitaba – los tres brindaron y bebieron en silencio.
- ¡Pero bueno! Mira a quién tenemos por aquí… ¡otra vez! – grió Varric con alegría. Jane vio aparecer por la puerta a Fenris, aunque parecía más sereno que hacía un rato. Cogió una silla y se sentó en la mesa con ellos.
- Hola amigo – James le ofreció su jarra, pero Fenris la rechazó con un gesto de hastío.
- No esperaba verte por aquí de nuevo, al menos tras varias horas – Varric le sonrió ampliamente.
- Es que… todavía era temprano para volver a casa.
- ¡Bueno! Siempre eres bienvenido a mi hogar – Varric solía decir que aquella taberna de mala muerte era su propia casa, puesto que había pagado por adelantado la mejor habitación durante un año entero.
- Si nos disculpáis un momento, James y yo tenemos que charlar unos minutos con aquellos tíos. En seguida estamos de vuelta – James miró a Jane y le ofreció una media sonrisa fácil de interpretar.
- Espero que podamos seguir charlando luego Jane.
- Claro, de aquí no me moveré – Fenris también miró a Jane, aunque en vez de una sonrisa, en su cara se dibujó una mueca bastante peculiar.
- No voy a preguntar, no es asunto mío.
- Exacto… ¿por qué has venido aquí?
- No es que tenga muchos lugares a los que ir, la verdad. Además, he visto que no entrabas en tu casa y me he preocupado.
- ¿Me has estado espiando? - Jane le miró con vergüenza al suponer que la había visto pateando una pared.
- No. Sólo quería asegurarme de que estabas bien. Esa daga que llevas parece poca protección y empieza a oscurecer – Jane le miró boquiabierta.
- ¿Cómo sabes que llevo una daga?
- Tan borracho no estoy como para no notarla clavándose en… mi pecho.
- Esto es bochornoso…
- ¿Quieres que me marche?
- Esta no es mi casa, y no tengo motivos para pedirte que te marches – Fenris miró a un lado con gesto consternado y Jane se sintió mal al instante por haberle hablado de aquella forma. James y Varric volvieron a la mesa enseguida.
- Bueno Jane, ¿Y qué te cuentas tú? - preguntó el Bardo alzando una ceja.
- Poca cosa, la verdad. Últimamente el trabajo no está yendo como esperábamos.
- ¿Poca acción quizás? – James volvió a sonreirle de aquella forma tan poco discreta, y mientras Varric les miraba con graciosa curiosidad, Fenris, todavía algo borracho, empezaba a sentir un notorio descontento hacia el bardo.
- Algo así…
- Digamos que hemos estado siguiendo pistas poco fructíferas – aclaró Varric dando otro largo trago a su cerveza.
- Si necesitáis ayuda, siempre podéis contar conmigo, soy ágil con el arco.
- ¿La necesitamos? – preguntó Fenris mirando a James fijamente.
- Sólo era una idea amigo, veo que a vuestro grupo le falta un arquero.
- Lo tendremos en cuenta, aunque por el momento estamos servidos – intervino Varric, y alzó su jarra para hacer un brindis - ¡Por los buenos amigos!
- Y por los nuevos también - dijo James. Jane no pudo evitar sentirse aludida y se puso algo colorada.
- ¿Estás intentando ligar con ella? ¡Porque deberías saber que tiene varios pretendientes! ¿Verdad Fenris? – aunque Varric sólo había querido hacer una broma, enseguida se dio cuenta de que no iba tan desencaminado. Las marcas de Fenris empezaron a emitir aquél característico brillo que nadie pasó desapercibido.
- ¡Varric! No exageres por favor - Jane sintió que aquél era un buen momento para vengarse de Fenris y, aunque sabía que no era lo correcto, algo en su interior le pedía provocar al elfo.
- ¿Acaso he metido la pata? No quisiera ofender a nadie - James fingió una falsa seriedad y miró a Jane.
- No hay nadie que deba sentirse ofendido aquí, a menos que Varric tenga algo que confesar – Jane le guiñó un ojo al enano en un gesto de profunda complicidad.
- Siento herir tus sentimientos, pero ya sabes que no eres mi tipo – Varric rió de nuevo y en la otra punta del bar estalló una pelea, como era habitual.
- En ese caso, déjame que os invite a otra ronda, aunque esta vez de algo más fuerte - dijo James sonriente.
- ¿Te he dicho que me caes genial? – Varric volvió a llamar a la camarera.
Ya llevaban un buen rato charlando y Jane empezó a sentir cómo el alcohol se le subía a la cabeza. James cada vez la ponía en situaciones más comprometidas, y Fenris, que no había vuelto a beber, cada vez estaba más serio.
- ¿La última ronda amigos? – las intenciones del bardo eran más que evidentes a estas alturas - Aunque creo que alguien debería acompañarte a casa Jane, no quisiera que te sucediese nada por el camino.
- Bueno, la última y para casa… y gracias por el ofrecimiento.
- Yo la acompañaré, gracias – Fenris fulminó a James con la mirada. La sola imagen de aquél tipo entrando a la mansión con Jane le hacía hervir la sangre.
- Tomemos la última y que decida la dama, es lo adecuado.
- Fenris es mi… vecino, pero si quieres acompañarnos será un honor para mí – Jane se sentía triunfante al ver la cara de celos de Fenris, y aunque aquello no tenía ningún objetivo claro, calmaba su ira.
La última ronda terminó, y Varric se despidió de ellos bastante ebrio. Tal y como había dicho, James se ofreció a acompañar a Jane, y Fenris no pudo hacer otra cosa que resignarse. El camino hacia alta ciudad se le hizo eterno, y tuvo que apretar la mandíbula en más de una ocasión mientras James lanzaba proposiciones bastante directas a Jane.
Y al fin llegaron a la puerta de la mansión.
- Tu hogar es casi tan elegante como tú Jane, muy adecuado en mi opinión.
- Gracias de nuevo por acompañarme, a ambos.
- Varric me comentó que tienes un whisky excelente en las bodegas de tu mansión.
- Es mejor que el del Ahorcado, ¡eso seguro!
- Si quieres, podríamos probarlo juntos algún día - James miró de reojo a Fenris, que no tenía intención de dejarles solos.
- Algún día quizás, ahora me tengo que despedir. Estoy bastante cansada.
- Por supuesto. En otra ocasión entonces – James cogió la mano de Jane y la beso caballerosamente antes de marcharse. Fenris, en cambio, la miró con furia mientras él se alejaba.
- ¿A qué estás jugando Jane?
- No sé qué quieres decir - respondió Jane con cara de pocos amigos.
- Sí lo sabes. Te has pasado la noche coqueteando con ese… James.
- ¿Y eso tiene algo que ver contigo? No debo nada a quien nada tiene que ofrecerme – Jane se cruzó de brazos y le miró en silencio.
- Supongo que soy un idiota por preocuparme.
Fenris se dio media vuelta y se marchó hacia su mansión, y Jane no tardó en entrar en la suya. Una vez dentro, se sentó en el banco del recibidor y miró al techo bastante mareada. En realidad James no le interesaba lo más mínimo, era pedante y su falsa modestia la desquiciaba bastante. Aun así, ahora se sentía mucho mejor que al salir de la mansión de Fenris. El despecho era un sentimiento que nunca le había sentado bien.
Tras unos minutos, se propuso ir hacia su habitación, pero algo la detuvo. Tras la puerta escuchó un ruido sospechoso y, aunque no estaba en plenas facultades para luchar, desenfundó su daga y se dirigió a la calle intentando no hacer ruido.
Abrió muy despacio y, tras asomar la cabeza discretamente, pudo comprobar que allí no había nadie. "No tengo que beber tanto", pensó, y entonces vio a Fenris, apoyado en la fuente de la plaza mirándola fijamente.
- ¿No te habías ido? - le gritó con enfado.
- Se dirigió a ella con los ojos encendidos de furia y tan decididamente que Jane se asustó. Retrocedió dos pasos, y cuando Fenris se encontraba muy cerca de ella, el puñal se le cayó al suelo.
- ¿Qué... qué te pasa…? – Fenris se agachó y cogió el puñal.
- Esto es tuyo.
- Gracias…
- Dime que me marche y no volverás a saber nada de mí nunca más, te doy mi palabra.
- ¿Qué quieres decir?
- Que si me pides que me marche ahora, no volveré a cruzarme en tu camino.
- ¿Y si te pido que no te vayas…?
Fenris la empujó contra la pared con fuerza y la besó hasta quedarse sin aliento. Jane intentó quitarle el chaleco allí mismo, sin ser plenamente consciente de estar en medio de la calle, pero él la levantó y atravesaron la puerta juntos. Jane lo rodeó con las piernas para no caer y siguieron besándose hasta llegar a su habitación.
Fenris la tumbó en la cama y, de nuevo, empezó a desabrocharle la camisa, aunque esta vez terminó el trabajo. Le besó el cuello y la agarró de las muñecas con cierta brusquedad.
- ¿Va a ser la última vez? – preguntó Jane, y le miró un instante.
- Sólo si tú quieres que lo sea - Fenris terminó de desnudarla y ella le empujó contra su cuerpo, ebria de alcohol y de deseo.
- La cuestión es qué quieres tú.
- Te quiero a ti.
- ¿Me… quieres? – los ojos de Jane se abrieron sorprendidos.
- ¿Necesitas oírlo otra vez? He sido un estúpido, pero no pienso consentir que ningún James se cuele en tu cama por las noches, no mientras siga respirando.
Jane le desabrochó el cinturón y al fin le sintió dentro de ella.
