SaFe & SouND
Acotaciones:
... Cambio de escena.
(Y ya saben todas a quién pertenecen todos los personajes! XD)
CAPÍTULO 2
"Reencuentro"
El alumbrado público le permitía estar segura de que se encontraba sola, las casas tenían las luces apagadas y una tienda justo al otro lado de la calle se veía abandonada, pero las cadenas en la reja de la puerta le dieron tranquilidad, no habría nadie escondiéndose ahí esperando para saltarle encima.
¿Tendría mucho tiempo antes del amanecer? Se preguntó si podría recuperarse por completo antes de que las personas comenzaran sus actividades diarias. Además, no debía darse el lujo de dormir en ese vecindario tan normal donde alguien podría llamar a la policía en un intento por ayudarla o asegurarse de que no fuera a robar una casa.
Cada minuto pasó lento y le sirvió para quitarse un poco las sensaciones desagradables del cuerpo, aunque su mente era otra cosa. Aun estaba intrigada por todos los acontecimientos de la noche. Primero, el miedo que sintió cuando alguien se le acercó en el parque aunque eso ahora parecía demasiado cotidiano para darle importancia. Segundo, lo cerca que estuvo de morir aplastada entre el auto y el árbol, cómo sólo unos metros la separaron de un final abrupto. Tercero, el hombre que dejó tendido en el suelo, la absoluta perfección de sus facciones, el color dorado de sus ojos, la profundidad de su voz… inclusive quiso ayudarla aunque ella no hubiera hecho nada por él… nada importante o lógico como llamar al número de emergencias.
Suspiró cansada por milésima vez cuando ya cerca del alba vio que las luces dentro de las casas comenzaban a encenderse. Esa era su señal de partida. Se puso de pie apoyándose en la pared e ignorando el dolor en sus piernas y manos, después se preocuparía por eso, ya que se encontrara segura.
No tenía mucha idea de en dónde estaba o a dónde iba y eso la preocupaba un poco pues las zonas residenciales eran las peores para vagabundos como ella, a las personas con dinero no les gustaban esos sin hogar.
Y así lentamente ese día fue pasando con todas las dificultades que su cuerpo le puso, la sed, el hambre, el dolor… no caminó mucho porque no pudo, pero en algún momento identificó en qué parte de la ciudad estaba y llegó hasta una tienda grande de autoservicio. No solía frecuentarlas porque no podía pasar con su mochila y además, muchas personas la miraban con recelo.
Pero hoy no le importaba eso. Necesitaba comida y agua, por no decir que le caería bien estar un rato fuera del calor del sol y utilizar los baños. Así hizo sus compras con calma, una botella grande de agua fría, un par de latas de comida que podían darle algo de nutrientes y, como premio, unas galletas de chocolate. Claro, eso acabó casi con todo el dinero que tenía y sabía que no podría trabajar en unos días… pero necesitaba comida y la simple idea de las galletas tocando su lengua la estremeció de placer. Pagó en silencio dedicándole una sonrisa tímida a la cajera y se escabulló hacia los baños, intentando ser invisible.
Cuando salió de la tienda con sus nuevas compras y su mochila decidió quedarse cerca bajo la sombra de un árbol, así podría beber toda el agua que deseara y luego ir por más. Extrañamente se sentía relajada ahí, como si no tuviera que estar constantemente vigilando que nadie se le acercara. Tal vez porque en ese momento era sólo una adolescente más entre tantas personas que hacían sus compras. Nada especial. Quizás los demás pensaban que ella tenía un hogar al cual volver, que iba a la escuela y no era alguien indeseable o peligrosa. Sí, eso le gustaba, parecer normal.
En el momento en que la primera galleta de chocolate tocó su boca, fue como si estuviera viviendo el mejor momento de su existencia. Casi se sintió feliz y decidió que trabajaría más duro para poder comerlas más seguido.
Cuando comenzó a caer la noche ella ya había llenado la botella con agua otra vez, le quedaban la mitad de las galletas y ambas latas de comida sin tocar. Aún tenía algo de hambre pero podía resistir. Decidió después de mucho pensarlo que sí podría regresar al parque, darle otra oportunidad para dormir, pero definitivamente no esa noche que estaba demasiado cansada y aún dolorida por todo el esfuerzo y las cortadas de los vidrios.
Así que sólo caminó un poco hasta encontrar un callejón vacío. No le gustaba arriesgarse a estar no alerta en un sitio tan peligroso, donde cualquiera podía matarla y nadie se daría cuenta hasta que el olor del cadáver resultara insoportable para los transeúntes. Se adentró en la oscuridad con cuidado, viendo hacia todos lados en busca de una señal de peligro, pero todo parecía tranquilo.
Pasó los depósitos de basura y se sentó en el suelo, esta vez con su mochila en la espalda, así estaría más lista para correr. Suspiró y se quedó viendo hacia la nada, escuchando los ratones y los insectos moviéndose de un lado a otro, los autos que pasaban cada vez con menos frecuencia, las personas que pasaban en la calle sin detenerse a mirar hacia la oscuridad.
¿Algún día podría ser ella así? Quizás… algo parecido. Cuando fuera mayor de edad y el sistema de hogares adoptivos no pudiera ponerle las manos encima, aparecería en una oficina para que le entregaran sus papeles y entonces comenzaría a vivir en serio. Podría estudiar algo, conseguir un empleo y un lugar para dormir.
Suspiró pensando en lo lejos que se sentía todo eso, aunque no tuviera una fecha exacta en mente. Sabía muy bien cuándo era su cumpleaños, pero desde que vivía en las calles se esforzó el máximo por perder la noción del tiempo y ya no estaba muy segura de su edad. Parecía un poco tonto, pero pensó sería menos doloroso sólo vivir el día a día que contar cada uno esperando porque terminaran y fuera libre, mayor de edad.
Toda esa noche fue difícil, se la pasó luchando contra el sueño y quitándose ratones curiosos que se le acercaban, nunca le dieron miedo, pero tampoco deseaba que la confundieran con comida y le clavaran los dientes. Cuando ya cerca del amanecer apareció del otro lado de la calle el camión recolector de basura, Lin simplemente se levantó y se fue corriendo antes de que alguno de los hombres tuviera oportunidad de acercarse.
Y así comenzó un día más de tantos. Sin nada importante, casi nada diferente. Lo único que no era completamente igual al resto eran las cortadas en su piel y el recuerdo persistente de unos ojos dorados ¿habría sobrevivido el hombre?
Para cuando la noche cayó de nuevo ella estaba otra vez en el lugar del accidente, en la acera observando el árbol magullado y los restos de vidrio y metal aún dispersos por ahí, sí, definitivamente fue un mal accidente y el conductor podría estar muerto a pesar de que llevaba el cinturón y ella hizo su mejor esfuerzo por ayudarlo.
Suspiró y se marchó de ahí para buscar un lugar tranquilo y dormir. Estaba cansada pero contenta. Unas horas antes cerca de ella pasó un perro con correa, pero sin nadie que lo guiara, y ese fue el inicio de su buena suerte…
Flashback
Lin se le quedó viendo al animal cuando se detuvo en la esquina y ella se acercó lentamente, sólo porque iba en la misma dirección. Sin embargo, al estar esperando el momento para cruzar, apenas a un metro del animal, escuchó el grito de un chico y volteó, un adolescente paseando otro montón de perros iba apresurado hacia ella, entonces lo entendió. Sin dudarlo tomó la correa y haló al animal lejos de donde cruzaban los autos, hacia el chico que lo buscaba. El animal, un salchicha, se dejó guiar sin oponer resistencia.
- ¡Gracias! ¡Gracias! –le repitió el muchacho acercándose entre correas revueltas y perros tirando en diferentes direcciones. Lin sonrió y se preparó para otra incómoda interacción con un extraño que pensaría que era tonta o sorda por no hablar. – Acabas de… salvarme… la vida... –murmuró casi sin aliento cuando estuvo muy cerca con todos los perros a su alrededor. Ella sonrió y le extendió la correa esperando que la tomara deprisa para marcharse. – Espera ¿crees que podrías ayudarme? –preguntó mirándola directo a los ojos con una chispa de alegría, ella asintió con un gesto tímido. – Por lo general no llevo tantos, pero hoy no tenía tiempo para dar varias vueltas ¿crees que podrías llevar a la mitad y caminar conmigo? ¿No tienes prisa por irte?
Ella lo observó con cuidado y pensó que no representaba un peligro, pero aún así faltaba que él se diera cuenta de su mutismo. Suspiró y negó un poco con la cabeza extendiéndole de nuevo la correa del perro salchicha.
- Por favor. Te pagaría… -agregó sonando un poco avergonzado. – No quiero que lo hagas como un favor, a mí me pagan por hacerlo así que… sería justo si te doy parte del dinero… -balbuceó nervioso.
Lin sonrió entonces, no estaba muy contenta con la necesaria interacción pero el dinero le venía como caído del cielo por algo tan sencillo. Así que agarró firme la correa que ya tenía y extendió la mano para que él le pasara más.
- ¡Gracias! –exclamó entusiasmado y comenzó a poner en sus manos los perros más pequeños. Muy pronto iban caminando de nuevo, él delante para ser el guía.
Fin del Flashback
Al final fue una buena tarde, porque ganó dinero y el chico estuvo tan apurado todo el tiempo que ni siquiera recapacitó en el hecho de que ella no dijo ni una palabra. Además, al final acabó muy cerca del parque donde deseaba dormir, así pudo calificar su tarde como excelente.
Mientras se sentaba con la espalda recargada en la corteza de un árbol pensó un poco en lo extraño de la vida, ninguna persona debería pensar que tenía buena suerte porque no moriría de hambre en un par de días más. Suspiró y se sacó esas ideas de la cabeza, necesitaba estar atenta y asegurarse de que estaba sola entre la maleza antes de permitir al sueño tocarla, aunque estaba tan cansada que muy pronto se durmió.
...
Sesshoumaru iba sentado en la parte trasera de un taxi, esa misma mañana firmó un alta voluntaria en el hospital porque los médicos deseaban retenerlo ahí otro día entero y él no deseaba eso, estaba bien como para ir a casa. Según le informaron tuvo mucha suerte y fue muy inteligente por llevar el cinturón de seguridad. Sus heridas consistían en un esguince en el cuello, otro en una muñeca y en un tobillo, los tres de diferentes grados de severidad. También se fisuró una costilla y tenía múltiples golpes y cortadas pero ni una sola quemadura. Eso se lo debía a una extraña.
Podía recordar con claridad el rostro de la niña que no sólo se las ingenió para sacarlo del auto, sino que se detuvo a quitarle la sangre del rostro. Por sus ropas y el hecho de que estuviera sola en la calle tan tarde supuso que no tenía hogar y por eso iba de camino a buscarla en lugar de estar descansando, porque sólo una persona antes le mostró ese tipo de alma pura y se sentía en deuda con ella.
Se bajó del taxi y se quedó un rato dado apenas pequeños pasos que le costaban trabajo, miraba hacia todos lados esperando que la niña anduviera por ahí. Aguantó todo el tiempo que su cuerpo le permitió… pero cuando sintió que no podía permanecer más tiempo ahí llamó a Jaken para que pasara por él y para darle instrucciones precisas, estaba decidido a mover toda la ciudad si era necesario con tal de encontrarla.
Pero de repente como si alguien hubiera conspirado desde otro mundo… la vio. Estaba a varios metros de él, parada casi exactamente donde antes estuvo su auto hecho añicos. Se veía demasiado joven y delgada, tenía el cabello atado en la nuca y las facciones contrariadas, le daba casi la espalda y de seguro aún no lo había visto. Aunque eso tal vez no cambiara nada si por alguna razón huyó de él o de las asistencias médicas, probablemente el notar su presencia no la haría acercarse a él.
- ¡Espera! –le habló en voz alta cuando se dio cuenta de que ya se marchaba. No, no la dejaría ir sin pagarle algo de lo que le debía.
...
Cuando el sol salió Lin despertó y se dio el lujo de esperar unos minutos más porque se sentía muy bien, el dolor de sus músculos casi se había ido y no sentía ya las heridas de los vidrios. Respiró profundo y recordó que aún le quedaban un par de galletas de chocolate en la mochila, se daría el lujo de comerlas temprano.
En algún momento tuvo que romper su burbuja de calma y emprender un camino sin rumbo pero antes de abandonar el parque volvió a ver el lugar del accidente, ahora, con la luz de día era mucho más capaz de apreciar los detalles y se estremeció como la primera noche pensando en todo lo peor que pudo haber sucedido. Dio un par de pasos para marcharse, de repente no se sentía tan bien ya.
- ¡Espera! –escuchó una voz masculina que reconoció al instante y sólo la asustó más pero no pudo controlar su reacción e irse como hubiera deseado, sino que hizo lo que él pidió, se detuvo y volteó a verlo.
Por supuesto que era el mismo hombre, pero se veía como una persona diferente. Iba vestido con unos pantalones deportivos negros y una playera del mismo color que se ajustaba a su cuerpo, tenía puesto un collarín, una férula en un tobillo y un yeso en una mano. Iba caminando con algo de trabajo apoyado en un bastón y sus facciones oscilaban entre lo inexpresivo y el dolor. Sus ojos dorados eran penetrantes.
¿Cuánto tiempo hacía del accidente? ¿Dos noches? Sí, eran sólo dos noches y él ya no estaba en el hospital… de seguro ninguna de sus heridas fue tan grave. Una oleada de alivio la recorrió al saber que el extraño estaba bien, pero luego se dio cuenta de que seguía inmóvil mientras él ya la había alcanzado.
- Eres tú. La niña que me ayudó esa noche. –afirmó él y ella sólo se perdió en su mirada. Tenía miedo del desconocido, pero al mismo tiempo no quería alejarse. – Tú me sacaste del auto. –eso último fue como una acusación y ella frunció el seño ¿estaba enojado por eso? – Me salvaste la vida y sólo te fuiste. –terminó de hablar y la miró como esperando una explicación. Lin nada más se quedó inmóvil. – Ni siquiera dejaste que te curaran las heridas. –le señaló sus manos plagadas con costras, ella trató de esconderlas dentro de las mangas de su chamarra. - ¿Por qué no me contestas? –se acercó un paso más y ella se alejó como reflejo mientras sus ojos se clavaban en el suelo.
Por unos segundos nada más se quedaron en silencio y ella apenas recopiló el valor para alzar la mirada y verle el rostro. Ahí se topó con dos gemas ámbar que la recorrían como si fuera transparente, se sintió pequeña e indefensa, pero no como si estuviera en peligro. Fue extraño y algo reconfortante pues desde hace mucho los hombres sólo le inspiraban terror y desconfianza.
- ¿Huyes de tu casa o algo así? –preguntó de repente, como si intentara descifrarla. Lin por fin fue capaz de contestar a algo con un gesto simple, negó con la cabeza. – Pero vives en las calles. –él frunció un poco el seño y ella asintió. – Eres una niña, no deberías andar sola por ahí. –como siempre que alguien le decía esas cosas Lin supo que era el momento de irse, antes de que llegara la policía y la entregara en manos de servicios sociales. - ¡Espera! No te vayas de nuevo. –le ordenó él como si hubiera leído su mente. – Escucha, sólo quiero hacer algo por ti. Salvaste mi vida, quiero agradecerte. Sería más fácil si hablaras.
Lin lo miró intentando entender por qué alguien querría agradecerle a ella, eso era una primera vez y aunque la parte lógica de su mente lo entendía, le costaba trabajo aceptarlo. Por un instante hasta consideró en verdad pronunciar unas palabras para pedirle al hombre que se explicara, pero el miedo que sentía con la simple idea de hablar la mantuvo en silencio. Al final, sólo negó con la cabeza.
- No vas a hablar conmigo. –afirmó él. – Pero puedes escucharme y entenderme perfectamente. –volvió a asegurar sin detenerse a esperar por una confirmación. - ¿Cómo vas a decirme entonces qué quieres? ¿Qué puedo hacer por ti? –la observó con fiereza, ella negó con la cabeza. – De acuerdo. No vamos a resolver nada así. –llevó una de sus manos a la bolsa de los pantalones deportivos y sacó una tarjeta de presentación.- Aquí están todos mis datos. Cuando decidas qué quieres, búscame. – de repente frunció el seño. – Supongo que mis teléfonos no son muy útiles para ti ¿cierto? –las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa muy sutil, ella no pudo evitar sonreír. – ¿Tienes algo con qué escribir? –cuestionó levantando una ceja.
Ella asintió lentamente y deslizó su mochila un poco para poder buscar una pluma que tenía en una de las bolsas laterales. Esa debía ser la mañana más extraña de su vida. Cuando encontró lo que buscaba, volvió a mirar al extraño y le entregó la pluma, él escribió algo en el reverso de la tarjeta y le dio ambos objetos.
- Escribí mi dirección en el reverso. No dejan pasar a nadie al edificio sin autorización previa pero si decides ir, enséñale la tarjeta al portero para que me llamen. Y no la pierdas, no quiero mi información personal en las manos equivocadas. –le advirtió al final sonando un poco más duro que en cualquier otro momento, pero Lin lo entendió, le estaba dando un acceso a su vida a una simple niña vagabunda. Ni ella misma entendía bien la situación.
- No voy a volver a buscarte. Cuando hayas decidido qué quieres, tienes mis datos. –le dijo y la miró a los ojos hasta que Lin asintió y sonrió un poco, sólo un segundo antes de que un par de policías entraran en su campo de visión y sintiera toda la sangre abandonarle el rostro.
Él notó el cambio y siguió la dirección de sus ojos, notó a los dos tipos en uniforme y se preguntó por qué esa chiquilla tendría tanto miedo de unos policías.
- Supongo que prefieres irte ahora. Pero te estaré esperando. –prometió y ella le dedicó una última sonrisa a pesar del pánico antes de dar media vuelta y echar a correr.
CoNTiNuaRá...
Hello!
Primero que nada mil gracias a todas por sus reviews, favs y follows. Me han dado todo el ánimo del mundo para seguir con la historia. Espero que este segundo cap les haya gustado, las cosas se van cocinando lentamente... para el próximo sucederá algo decisivo ;) prometido.
Y bueno, si tienen un minuto dejen un comentario y díganme qué les pareció! (Jitomatazos tmb son bien recibidos!)
Tengan un maravilloso fin de semana! XD
