SaFe & SouND
Acotaciones:
... Cambio de escena.
(Y ya saben todas a quién pertenecen todos los personajes! XD)
CAPÍTULO 3
Lin POV
Dolor. Como agujas que quemaban, como algo que se estiraba en mi interior y luego se retorcía. No tenía fin, ya ni siquiera podía recordar cuándo se volvió tan malo.
Inició hace varios días, pero antes era leve y no estaba presente siempre, además, se concentraba en la parte baja de mi vientre… pero ahora iba hasta la mitad de la espalda. Quizás seguiría ascendiendo hasta matarme.
¿Qué podría ser? A pesar de mis condiciones de vida rara vez me enfermaba… un resfriado o vómito, nada más. Pero esto no tenía nada que ver.
El dolor no me permitía moverme, estaba acostada en la parte trasera de un callejón, vulnerable como nunca antes. Además, de seguro tenía fiebre porque los escalofríos no me daban tregua.
Ya no podía ni pensar con claridad, mucho menos idear un plan para pedir ayuda que no terminara con servicios sociales llevándome otra vez. Eso no podía permitirlo, prefería morir aquí mismo que regresar al sistema de hogares adoptivos.
Si tan solo fuera fácil morir. Cerrar los ojos y no sentir nada.
¿Cuánto tiempo le tomaría a la enfermedad matarme? Tal vez muriera antes por deshidratación ya que desde el día anterior no bebía agua. La falta de comida no me preocupaba tanto porque ya antes había sobrevivido algunos días sin probar alimento.
Si tan solo esto acabara rápido…
La luz de la mañana iba ganando terreno y odiaba que ni siquiera la oscuridad pudiera resguardarme ¿qué iba a hacer? Tenía que moverme antes de que las cosas empeoraran… porque si algo había aprendido de la vida es que las cosas siempre pueden ser peores.
En un vago intento por calentar mis manos, temblorosas y débiles, las metí en los bolsillos de la chamarra y ahí dentro sentí algo. Era la tarjeta de Sesshoumaru Taisho, el hombre del accidente.
La había leído mil veces en los muchos días desde que me la dio y tenía bien grabada en la memoria su dirección. Él dijo que quería pagarme por sacarlo del auto, yo seguía sin entenderlo. Era sólo una vagabunda, no un miembro real de la sociedad ¿cómo podría querer darme algo? Yo sólo hice lo mínimo necesario, lo que cualquiera hubiera hecho en mis circunstancias.
Por esas razones; además del miedo que le tenía a los extraños, a los hombres y a las trabajadoras sociales; nunca pensé en buscarlo. Pero… ¿y si lo hacía? ¿Qué es lo peor que podría pasar? No, esa no era la pregunta correcta porque bien podría ser un loco que me torturara por días antes de matarme… o podría entregarme al sistema… quien me llevaría a manos de algún loco que me torturaría sin matarme.
Pero también podía ser un buen ser humano que me daría algo de comida, agua y me dejaría quedarme unas horas bajo su techo mientras la enfermedad cedía… si es que tenía posibilidades de recuperarme.
Respiré profundo y apoyé ambas manos en el suelo frío preparada para soportar el dolor de cada movimiento y caminar hacia Sesshoumaru Taisho. No sería fácil, quizás ni siquiera era lo correcto, pero era lo único que podía hacer. Ya me sentía como si estuviera muriendo y el dolor es la manera más fácil de convencer a alguien… eso lo sabía muy bien, ya lo había experimentado.
Cuando por fin pude ponerme de pie y comenzar a caminar me di cuenta de que tal vez había esperado demasiado y mi cuerpo no resistiría el camino. Eran por lo menos veinte o treinta cuadras desde donde estaba hasta donde él vivía. Bueno, tenía que intentarlo.
Suspiré y me concentré en dar cada paso decidida a, por una vez, no esperar lo peor de la vida.
Fin Lin POV
...
Sesshoumaru terminó de vestirse después de su sesión matutina de ejercicio y un baño. Aún no podía trabajar con su cuerpo como antes del accidente, pero en el mes transcurrido desde entonces había hecho grandes progresos. Fue hasta la cocina y se sirvió cereal y leche. No tenía planes para ese día.
Él solía trabajar en casa, en una de las habitaciones de su departamento habilitada como estudio, pero estaba en un periodo de vacaciones, si es que así lo podía llamar. Se tomaba un tiempo libre para recuperarse por completo y renovar su mente. Sólo con la cabeza clara era capaz de concentrarse.
Fue a la sala luego de terminar su desayuno y encendió la televisión, quizás ahora que podía moverse con más libertad era tiempo de salir de la ciudad, tal vez sólo una semana a una playa. Él prefería los climas fríos y el invierno era su época favorita del año, pero después de todo lo que había sucedido en torno al accidente bien podía marcharse y olvidarse del mundo unos cuantos días.
Cuando la televisión ya no pudo mantener su atención, se puso de pie y caminó hasta la ventana, al abrirla el aire helado le golpeó la piel y él lo agradeció. Se sentía bien. Miró hacia abajo desde su penthouse y como siempre que hacía eso se preguntó qué estaría haciendo la niña indigente que le salvó la vida.
Esa criatura se convirtió en un enigma para él desde el primer instante en que sus ojos se posaron en los de ella. Era una niña apenas… trece o quizás catorce años, supuso él, no tenía hogar y la aterraba la idea de un hospital o policías. Además, por alguna razón… lo ayudó. Se arriesgó acercándose a su auto destrozado y lo sacó ¿qué tanto valor necesitó para eso? ¿Qué tanta fuerza?
De no ser por ella, él hubiera estado dentro del vehículo cuando las llamas lo envolvieron. Y sin embargo, no quiso pedirle nada. Ella, esa niña que no poseía ni lo más básico que cualquier ser humano podía necesitar… no quiso ni siquiera algo de dinero.
Varias veces consideró la posibilidad de volver al parque y buscarla otra vez pero no lo hizo porque hubiera sido absurdo, él ya tuvo la suerte de encontrarla y hacer su oferta, no podía forzarla. Además, tal vez era mejor así, si la chica huía de la policía no podía ser nada bueno.
De repente el sonido del intercomunicador lo sacó de sus pensamientos, fue y levantó el auricular ¿no había entendido su familia que quería estar solo?
- ¿Qué sucede? –preguntó osco al hombre del otro lado de la línea.
- Señor. –susurró el portero un poco intimidado.- Hay una niña con una de sus tarjetas de presentación y esta dirección escrita en el reverso… -le explicó con voz insegura.
- Mantenla ahí. Voy para allá. –respondió rápido y fue hasta el elevador sin importarle mucho que no llevaba abrigo, sólo ansiaba quitarse el enigma de la cabeza, por fin, la niña quería algo.
El camino hasta la planta baja se le hizo más largo de lo normal, pero sabía que era sólo su impaciencia. En cuanto las puertas del ascensor se abrieron la brisa helada lo golpeó de nuevo, pero no le prestó atención, porque la vio a ella. Pero no exactamente.
Estaba ahí de pie, con la misma chamarra, pantalones de mezclilla, tenis y mochila que antes. Sesshoumaru supuso que seguramente tendría frío sólo con eso puesto, pero lo que llamó su atención fue su rostro. Su piel blanca ahora se veía de un tono pálido que rozaba lo transparente, sus facciones delgadas parecían ridículas, con los pómulos que sobresalían de manera poco saludable. Su cabello castaño iba atado igual en su nuca, por lo que no se veía mucho… pero pudo jurar que estaba algo más opaco.
Pero lo peor de todo fue la expresión vacía y vidriosa de sus ojos… y lo azul de sus labios. ¿Estaría muy enferma o sólo tendría hipotermia? ¿Por qué ir a buscarlo a él? No lo entendió pero se acercó lentamente para averiguarlo.
- Señor Taisho ¿la conoce usted? –preguntó apurado el portero.
- ¿Qué te pasó? –Sesshoumaru ignoró al otro hombre y caminó hasta quedar muy cerca de ella, temía que en cualquier momento se desmayara y se golpeara la cabeza contra el suelo. A la niña se le llenaron los ojos de lágrimas y le temblaron las manos, pero no respondió. – De acuerdo. No me respondas. Pero si estás aquí supongo que quieres algo ¿qué quieres?
La observó intentando descifrar sus ojos, estaba asustada y enferma, pero… ¿qué esperaba de él? Si sólo quisiera ayuda, hubiera ido a un hospital, no con él. De repente, vio cómo la resolución cambiaba en su mirada y daba un paso hacia atrás. Por mero reflejo le tomó una mano para detenerla y se asustó de lo que sintió.
Primero la sorpresa de su piel, estaba ardiendo en fiebre. Y después la reacción de la niña, que actuó como si algo le hubiera mordido la mano y la haló con fuerza, alejándose de él y del contacto con horror.
- ¡Espera! –le gritó ¿cuántas veces ya le había dicho eso ya desde que la conoció? – No te vayas. No voy a lastimarte. Necesitas ayuda.
Quería tomarla de ambos brazos y sentarla en algún lado hasta que llegara una ambulancia, pero era muy consciente de que no podía hacer eso. Así que sólo se le quedó viendo a los ojos, esperando porque ella confiara un poco y no saliera corriendo.
Después de un minuto de tenso silencio, ella se relajó un poco y se quedó quieta, lo vio a los ojos como pidiendo algo y luego respirando profundo señaló hacia arriba.
- ¿Para qué quieres subir? –preguntó asombrado por la petición pero sin mostrar nada en el exterior.
Ella se le quedó mirando como si estuviera buscando palabras… o señas quizás, para explicarse, finalmente hizo un gesto de cerrar los ojos y dormir, Sesshoumaru supuso que le pedía un sitio cálido para descansar. ¿Debería? Eso nunca se le ocurrió. Siempre estuvo seguro de que ella pediría dinero para usarlo en lo que le hiciera falta.
- ¿No tienes miedo de estar a solas conmigo? –le dijo con algo de recelo, si obviamente ella se aterrorizó en cuanto le puso una mano sobre la suya no podía imaginarla deseando estar desprotegida y encerrada con él. Lentamente, ella asintió. - ¿Entonces? ¿Aún así quieres subir y dormir? –su tono no cambió mucho, pero levantó una ceja apenas de manera perceptible.
Ella lo pensó un poco más y volvió a asentir. En sus ojos castaños estaban claros el miedo y la determinación entrelazados. Quizás ella nunca pensó pedirle nada, tal vez sólo ahora que estaba ardiendo en fiebre pudo encontrar el valor para acercarse. En unos segundos pensó mil razones por las que no debería dejarla subir con él, pero la que le indicaba lo contrario fue la única que contó. Él le debía la vida a esa desconocida.
- Vamos. –pronunció con cuidado y se encaminó hacia el ascensor escuchando los delicados pasos que lo seguían.
Cuando estuvieron dentro notó que ella se recargó contra la pared más alejada de él y suspiró, las manos pálidas y ardientes le temblaban un poco y no le quitaba los ojos de encima, claramente esperaba que en cualquier momento la atacara. Poco después las puertas se abrieron y él entró al departamento, en otras circunstancias lo correcto hubiera sido cederle el paso a la dama, pero tenía cierta certeza de que ella no lo deseaba caminando a sus espaldas.
- Estás enferma, tienes fiebre. –le dijo cuando ambos se encontraban en la sala, ella miraba hacia todos lados pero al escuchar su voz, se concentró y asintió. – Puedo llevarte a ver un doctor. –ella abrió los ojos asustada y negó con la cabeza. – Pues yo no sé qué hacer contigo. –declaró frunciendo un poco el seño y ella asintió de nuevo comenzando a caminar hacia la salida dando cortos pasos hacia atrás. – No te estoy diciendo que te vayas. –le aclaró y con eso ella pareció muy confundida. Sesshoumaru estaba al borde de su paciencia, comenzaba a odiar esas conversaciones unilaterales. – Puedes empezar por dejar la mochila y sentarte a la mesa, te doy algo de comer y pienso cómo resolver esto. –le señaló el pequeño comedor al otro lado de la amplia estancia y ella caminó lentamente, aún con la guardia en alto, hasta alcanzar las sillas y dejar su mochila en el suelo a un lado.
Luego de unos minutos en la cocina Sesshoumaru regresó con un vaso de jugo de naranja y dos emparedados con carnes frías y vegetales, los puso enfrente a la niña y se sentó al otro lado de la mesa con el celular en las manos. Ya sabía qué iba a proponerle. Ella lo miró a los ojos esperando que hablara.
- ¿Te asustan los doctores? –preguntó iniciando una especie de interrogatorio, ella negó con la cabeza. - ¿Los hospitales? –ahora asintió. - ¿Huyes de la policía? –ella lo meditó un poco y luego se encogió de hombros. – Huyes de las trabajadoras sociales. –afirmó y ella confirmó su suposición, parecía extrañada de que él hubiera adivinado.
Esa niña no tenía miedo de la cárcel, sino de ser puesta en una casa con extraños ¿tendría malas experiencias acumuladas? Quizás la respuesta era muy obvia sabiendo que prefería vivir sola en las calles.
- Conozco a alguien que es doctora. Podría venir y revisarte. Sin policía ni trabajo social. Como un favor para mí. No puedo dejarte dormir aquí sin saber si tienes un resfriado o necesitas hospitalización urgente. Espero que puedas entender eso.
La observó fijamente, intentando saber si ella entendía el significado verdadero de sus palabras, para su sorpresa ella asintió con confianza y una pequeña sonrisa. Eso le sirvió para confirmar que por muy chica y vagabunda que fuera, entendía bastante bien cómo funcionaba el mundo. Sí, probablemente esa chiquilla ya había vivido demasiado para su corta edad.
- Come mientras yo la llamo. –ordenó y vio las manos temblorosas y pálidas que fueron primero a vaso de jugo, entonces buscó el número que necesitaba esperando que la persona del otro lado estuviera dispuesta a acudir. – Izayoi. –la saludó en cuanto ella respondió.
- ¿Sesshoumaru? Qué sorpresa ¿está todo bien? –la mujer del otro lado contestó algo sorprendida. Él nunca llamaba sólo para socializar.
- Tengo una situación entre manos y tus habilidades me vendrían bien. Necesito que vengas a mi departamento cuanto antes. –le pidió en su mismo tono inexpresivo mientras observaba a su visitante probar la comida.
- ¿Qué pasa? ¿Tienes dolor en alguna de tus lesiones? –esta vez sonaba más alarmada, ella era anestesióloga, por lo que quitar el dolor resultaba su especialidad, pero Sesshoumaru jamás la requirió antes para eso.
- No es para mí. Tengo una visitante que se reúsa a ir a un hospital. Necesito que vengas a revisarla. Quizás tomar muestras de sangre, no sé.
- ¿Qué tiene y por qué no puede ir a un hospital?
- Sólo sé que tiene fiebre. No es una persona muy comunicativa y en verdad creo que prefiere morir en el frío antes de pararse en una sala de urgencias, pero aceptó verte.
- ¿Hay algo ilegal en todo esto? –preguntó más que desconcertada.
- Nada que te ponga en riesgo. Sólo necesito que vengas, aquí puedo explicarte más. –contestó molesto, él no debería estar metiéndose en tantos problemas… pero siempre le debería la vida a esa chiquilla que mordisqueaba el segundo emparedado con algo de ansias.
- Está bien. En una hora estoy ahí. –al final suspiró.
- Gracias. Izayoi… no se lo digas a mi padre. –terminó la llamada sin dejar espacio a réplicas y se le ocurrió que mientras esperaban la llegada de la médico, esa niña bien podría tomar un baño y ponerse ropa más cómoda… y limpia. Así esperó pacientemente mientras ella terminaba de comer y sólo la observó. Al final la joven lo vio a los ojos y le sonrió de nuevo. – Va a venir pero tenemos tiempo antes. Deberías tomar una ducha, quizás te ayude con la fiebre. Ven.
No se detuvo a esperarla, sólo caminó cruzando la estancia hacia el pasillo y luego se detuvo en la segunda puerta, el baño de visitas, una vez ahí miró sobre su hombro y la encontró a varios metros, con la mochila en la espalda y el miedo en las facciones ¿es que pensaba que iba a abusar de ella?
- ¿Tienes ropa limpia para ponerte? –le preguntó desde la distancia, ella negó. – No te muevas de ahí. –le ordenó y siguió camino hasta su propia habitación.
Obviamente no poseía nada apropiado, pero tendría que encontrar algo que funcionara. Sacó unos pantalones deportivos grises que podían ajustarse con un cordón… tal vez no se le caerían a la niña. Luego sacó una playera negra de algodón con mangas largas y una sudadera gris. Después fue hasta los cajones y sacó un paquete con bóxers que nunca fue abierto y regresó con todo hasta el baño. Ella no se había movido de su lugar.
- Puedes cerrar la puerta por dentro. No tengo una llave que la abra. Te dejé ropa limpia ahí. –le indicó mientras caminaba de regreso a la estancia esperando que al no sentirse cerca de él accediera a bañarse.
Cuando pasó a su lado ella se alejó un poco por mero instinto y él fingió no notarlo, sólo caminó un poco más y luego se detuvo para verla a los ojos y saber si accedería o no. Así se contemplaron un poco, hasta que ella asintió.
- Por lo menos deberías decirme tu nombre. –murmuró él dirigiéndose hacia la mesa donde se quedaron olvidados el plato y el vaso, la escuchó caminar y luego cerrar una puerta, un segundo después también supo que le puso el seguro y se preguntó una vez más…
¿Qué pudo sucederle para que tuviera tanto miedo?
...
Casi una hora después de la llamada a Izayoi y el baño que tomó Lin estaban ambos en completo silencio sentados en la sala, ella temblaba un poco y se abrazaba a sí misma, su mochila reposaba en el suelo a su lado. Ahora que estaba limpia se veía un poco mejor, pero su cuerpo delgado que se perdía entre la ropa de Sesshoumaru y lo pálido de sus facciones la traicionaban. Él también noto que su cabello húmedo estaba recogido justo como cada vez que la vio antes y se preguntó qué tan largo sería.
De repente la joven suspiró y se agachó para sacar algo de entre sus cosas, primero una pluma y luego un pequeño cuaderno, de donde cortó un trozo de hoja para escribir en él, después se puso de pie y caminó lentamente hacia el hombre hasta dejarlo sobre el sillón a poca distancia y luego volver a su sitio original. Sesshoumaru tomó la nota y la leyó en voz alta.
- ¿Lin? ¿Ese es tu nombre? –preguntó con un atisbo de sonrisa y ella asintió. – Es bueno saberlo, ahora puedo llamarte así en lugar de "niña". –la chica sonrió más y sus mejillas ya arreboladas por la fiebre se tiñeron de rojo intenso. En ese momento sonó el timbre del ascensor.
Detrás de las puertas apareció una mujer de mediana edad, con cabello largo y negro de expresión amable, llevaba una especie de maletín negro que combinaba bien con su forma de vestir contemporánea. La recién llegada caminó hasta estar cerca de la sala, entonces se detuvo a observar a Lin y luego a Sesshoumaru.
- ¿Mi paciente? –preguntó señalando a la chica.
- Sí. Su nombre es Lin. –afirmó él sin levantarse.
- Soy Izayoi, mucho gusto. –se acercó y le extendió una mano a su nueva paciente, quien dudó por un segundo antes de regresar el gesto. – Estás ardiendo en fiebre. –concluyó de inmediato la mayor.
- Te lo dije. -apuntó Sesshoumaru.
- ¿Te duele algo en especial? –le preguntó la médico a Lin pero antes de que pudiera recibir cualquier tipo de respuesta, él volvió a intervenir.
- Lin, la primera puerta por el pasillo es la habitación de huéspedes. Ve mientras yo hablo un poco con Izayoi. Sólo unos minutos para explicarle la situación, después, ella puede ir también y revisarte a solas para que estés más tranquila. –apuntó él con su voz autoritaria y llena de confianza.
Pasaron unos segundos de silencio que Izayoi no entendió pero Sesshoumaru ya estaba algo acostumbrado a las pausas que se tomaba Lin para determinar si una situación era segura o no, si quería hacer algo o sólo quedarse donde estaba. Al final, ella asintió y tomó su mochila antes de marcharse por el pasillo. Sesshoumaru escuchó atentamente sin decir nada hasta que la puerta se cerró.
- Disculpa las molestias, pero como puedes ver, está enferma. –habló mientras le señalaba un asiento cercano a él.
- Sí, está enferma, pero no entiendo quién es o por qué está aquí. –la mujer caminó lentamente y luego se sentó preparándose mentalmente para escuchar algo que de seguro no le iba a gustar. Toda la situación le parecía muy sospechosa.
- No sé quién es, sólo sé que la noche del accidente cuando el auto se incendió yo no estaba ahí dentro porque ella me sacó. –empezó a explicarle con tranquilidad. – Cuando abrí los ojos, estaba en el suelo a varios metros del fuego y ella me limpiaba la sangre del rostro con algo mojado. Estoy seguro de que se cortó las manos mientras me sacaba, pero en cuanto le mencioné ir al hospital, se fue corriendo.
- ¿Por qué? –interrumpió la mujer.
- No estoy totalmente seguro. Ella no habla, no ha dicho ni una sola palabra aunque es muy capaz de escuchar y entender todo. Creo que huye de cualquier posible contacto con trabajadoras sociales. –soltó su mejor suposición.
- Sesshoumaru ¿y qué está haciendo aquí? –preguntó algo desesperada pues aún no entendía nada.
- Volví a verla en el mismo parque casi en cuanto salí del hospital y le ofrecí algo en agradecimiento, de no ser por ella… con seguridad hubiera muerto calcinado dentro del auto. Ella no quiso nada, así que le dejé una tarjeta con mi dirección y hoy apareció aquí con ese aspecto demacrado y ardiendo en fiebre. Me pidió un lugar para dormir, o algo así supongo que quería… es difícil entenderla a veces. –al final suspiró y su interlocutora se sorprendió bastante, Sesshoumaru no solía ser tan expresivo ni dar tantas explicaciones.
- Entonces… quieres que sepa qué tiene… y vas a dejar que pase aquí la noche. ¿Entiendes los riesgos de eso? Es sólo una niña y puede que sus padres la estén buscando.
- Lo mínimo que puedo hacer es ofrecerle un techo para que descanse mientras está enferma, te llamé porque no va a dejar que la lleve a un hospital y me preocupa que tenga algo grave y se ponga peor estando bajo mi techo. –hizo una pequeña pausa y volcó toda la fuerza de su mirada en la mujer. – Entiendo los riesgos, pero le debo la vida.
- ¿Qué edad tiene? -preguntó Izayoi empezando a entender que como siempre Sesshoumaru haría lo que quisiera y en ese momento lo que deseaba era ayudar a una niña indigente con todo y las posibles complicaciones.
- No tengo idea. Justo antes de que entraras escribió su nombre, quizás así puedas sacarle más respuestas. Pero no esperes mucho, tengo la impresión de que es bastante lista y jamás daría información que pueda ser usada en su contra.
Izayoi lo vio y sonrió ampliamente, aunque no se atrevió a reírse, pero él supo exactamente lo que estaba pensando. Por mucho que odiara el parecerse a su padre, él también hablaba a veces como abogado.
- Está bien. Supongo que puedo revisarla y tomarle algunas muestras de sangre si es necesario. –se puso de pie y se encaminó hacia la habitación de huéspedes.
Sesshoumaru la observó ya sin prestarle atención pues en su mente se estaban atropellando mil ideas sobre lo que haría con la extraña que de alguna forma era su responsabilidad ahora ¿cómo se metió en ese lío?
CoNTiNuaRá...
Hello!
Primero mil gracias a todos por sus reviews, favs y follows! Me hace muy feliz saber qué piensan!
Espero que este cap haya dejado ver un poco más cuál es el rumbo de la historia ;) Aunque definitivamente faltan muchas cosas por suceder. (No soy fan de los spoilers pero en el prox cap Sesshoumaru tomará una decisión importante)
¿Qué opinan?
Ya saben todos sus comentarios son muy bien recibidos! Si tienen un segundo les pido un review. XD
Tengan un maravilloso fin de semana!
