Hikaru
Capitulo 4: "Expectativas"
El tono de marcado se detuvo. Timbró un par de veces y volvió a sumirse en la bruma de un silencio estremecedor.
Kisame alzó la vista, dejando de lado el teléfono inalámbrico que reposaba en su escritorio. Contuvo un suspiro de hastío, mirando reluctante hacia el enmudecido aparato y dejando que el recuerdo de aquella última charla emergiera de entre la bruma de aquella mañana.
— ¿El último tomo? –Había dicho Kisame, durante el casi silencioso ambiente en la solitaria cafetería Ichiraku.
Itachi le había dirigido la mirada sobre el borde de su taza de café, sin advertir ningún gesto en particular salvo sus escuetas afirmaciones. Asintió solamente con un gemido, pero Kisame avistó algo más allá. Una difusa y porfiada media sonrisa.
—La he asesinado. –Fue todo cuanto espetó el Uchiha, y Kisame no se equivocó, aquella leve sonrisa se había ampliado un poco más—He asesinado a Hikaru…finalmente soy libre.
Hoshigaki dejó escapar un suspiro y volvió a revisar la carpeta que estaba sobre la raída mochila a su derecha.
—Si, me di cuenta de eso ayer. –respondió Kisame, y volvió a dejar el manuscrito donde estaba—. Hombre, ¿no crees que era demasiado pronto? Digo, una veta de oro no la encuentra cualquiera y tú sabes lo competido que esta el mundo literario hoy en día…
—Es el mejor momento. Lo se –exhaló Itachi. Se le veía abatido, realmente abatido, pero aun así, a pesar de lo pronunciado de sus ojeras y del pálido semblante a causa de desvelos y malpasadas a veces casi innecesarias, la sonrisa seguía tan a flote como una cometa de papel en medio de un cielo nublado de invierno.—Pero hay otras cosas que quiero hacer, Kisame.
Éste negó con la cabeza.
—Chico, esta saga ha sido lo mejor que Akatsuki Editores ha podido publicar. Nunca habíamos tenido tanto éxito en ventas y ahora que vas a firmar un contrato con una editorial occidental, ¿lo único que te interesa es retirarte?
—No voy a retirarme, Kisame. —el semblante de Itachi se aclaró un poco. Bajó su mano hasta el bolsillo de su pantalón, sacando una desgarbada cajetilla y encendió un cigarrillo—Quiero empezar con otra cosa, nada más.
—Bueno, si así lo dices. Pero ten en cuenta, han sido cinco años –carraspeó Kisame—La tal Hikaru salvó de la bancarrota a la editorial, pagó tu maldito departamento en la zona residencial de Konohagakure y todo lo que te salió del divorcio. Y tu simplemente la matas por…—Kisame hizo una pausa, tomando de nuevo la carpeta y escudriñando las hojas, hasta encontrar una de las páginas finales—…por seppuku.
Itachi simplemente se alzó de hombros.
—Era una manera acorde a la trama, aunque si por mí fuera, la hubieran asesinado en ese campo de cebollas que aparece en el tercer tomo. Da lo mismo, esta muerta ya –dijo sin emoción alguna.
—Si, pero ya sabes lo difícil que es empezar de cero, "comadreja".
—Aja.
Itachi jaló bruscamente el maletín –una descolorida y maltrecha mochila de cuero barato- y sacó una pila de casi 200 hojas bond, descoloridas y sujetadas con pulso apurado por un broche a presión, y las dejó enfrente de Kisame. Ese desgarbado "cuadernillo" era su última novela que, gracias a Dios por sus pequeños favores, no contaba en su reparto con Hikaru Mikazuki. Kisame releyó el título, sin percatarse del todo por la sobriedad y austeridad de éste.
—"Shinobi"… ¡Jeh! ¿Ahora una trama medieval de ninjas o qué? –resolló Kisame, con una escueta carcajada que retumbó con un eco semi parcial. Itachi ni siquiera se inmutó.
—Cuestión de tiempo, supongo. La trama es original y con eso me basta.
Kisame chasqueó la lengua, pasando su vista sobre el manuscrito.
—Bueno, si tienes tantas expectativas con esto, lo leeré a fondo y ya veremos que rumbo toma –respondió Hoshigaki, con cierto aire de formalidad, raro en él a pesar de su actual cargo de representante editorial. —Claro que primero resta esperar la reacción del público por semejante "homicidio".
—Es el fin de una saga. Sólo eso.
Y ese había sido el último diálogo que tendría cara a cara con Uchiha Itachi.
Capitulo 5: "Embonando las Piezas"
Estaba muerta.
Ésta última idea se acuñó en la febril mente de Itachi Uchiha, y de un modo cálido e inexplicable, pareció calmar un poco las cosas.
Si, finalmente…Hikaru Mikazuki estaba muerta.
Había razones de toda especie para que no volviese a escribir sobre Hikaru, pero una pesaba sobre las demás, férrea e inmutable, Hikaru, gracias a Dios por fin estaba muerta.
Había muerto cinco páginas antes del final de El hijo de Hikaru. No quedó ni un ojo seco en la casa cuando aquello ocurrió, ni siquiera los ojos de Itachi, sólo que las lágrimas que corrían por sus mejillas habían surgido de una risa histérica.
Al terminar el nuevo libro, una novela pseudo medieval sobre un aprendiz de ninjutsu con un demonio sellado en su interior, se había acordado de escribir la última oración de El hijo de Hikaru:
"Así que Izanami y Youtaro abandonaron juntos el jardín del templo Shinto, sosteniéndose mutuamente en su dolor, decididos a encontrar otra vez el sentido de sus vidas."
Mientras Itachi escribía estas líneas, se reía de tal manera que no acertaba las teclas de la máquina. Había tenido que volver atrás varias veces. ¡Ah! Gracias a Dios por las ventajas del botón corrector de Word Office. Al escribir FIN, se lanzó a dar saltos por la habitación, la misma habitación en el hotel de Yukigakure, gritando: ¡Libre! ¡Por fin libre! ¡Dios Todopoderoso, ya soy libre! ¡Esa perra estúpida está en la tumba!
La nueva novela se llamaba Shinobi y al terminarla no se había reído. Se quedó un momento frente a la máquina pensando:
Tal vez acabas de ganar el premio a mejor ficción, amigo mío. Entonces había pillado...
—Una magulladura en la sien derecha, pero no parecía nada serio. —La voz de Sakura emergió de nuevo, suficientemente alta como para no ignorarle y suficientemente clara como para no tomarla como una de sus alucinaciones febriles. Era de mañana, ella le había traído el desayuno…y seguía sin callarse. Itachi escuchaba la mitad, la otra mitad era el ardor de sus piernas y su mente, trataba de embonar el tosco relato de Sakura con el verdadero hecho del accidente—… Eran sus piernas... Me di cuenta en seguida, aunque ya oscurecía, de que sus piernas no estaban...
... el teléfono y había llamado al servicio de habitación para pedir una botella de sake "Urakasumi Zen". Recordó cómo la había esperado caminando arriba y abajo en aquella habitación en la que había terminado todos sus libros desde hacía diez años. Itachi recordó haberle dado treinta ryos de propina al camarero y haberle preguntado por el parte meteorológico. Recordó cómo el camarero, aturdido, complacido y sonriente, le había explicado que la tormenta que se dirigía hacia ellos en esos momentos, se desviaría al Sur, hacia Sunagakure. Recordó la sensación helada de la botella, el discreto sonido del corcho al liberarse. Recordó el gusto seco, áspero y ácido de la primera copa y la búsqueda en su maleta del pasaje a Konoha. Recordó que de repente, bajo el entusiasmo del momento, había decidido...
—...que mejor le traía a casa en seguida. Me costó lo mío subirlo a la camioneta, -Sakura expresó una sonrisa orgullosa—no se deje engañar por mi apariencia frágil, he sido enfermera y he cargado con pacientes de mi misma talla o un poco más. Y tenía un montón de mantas en la parte de atrás. Así que lo metí y lo tapé; y ya entonces, a pesar de la poca luz y todo eso, pensé que su cara me era conocida. Creí que a lo mejor...
... que sacaría su viejo auto del estacionamiento y, en vez de meterse en el avión, iría conduciendo hacia el Oeste. "Qué demonios había en Konoha de todos modos. La casa vacía, helada, inhóspita, tal vez hasta desvalijada. ¡Que se joda!" Pensó Itachi bebiendo más sake. ¡Vete al Oeste, jovencito, al Oeste! La idea era tan loca que tenía sentido. Sólo se llevó una muda de ropa y su...
—...encontré su maleta y la llevé también al camión; pero no vi nada más y tenía miedo de que usted se muriese..., así que puse en marcha la camioneta y...
... manuscrito de "Shinobi" y se lanzó a la carretera hacia el noroeste. La idea le había parecido un poco tonta al principio, un viaje que podía haber emprendido el joven de veintidós años que era cuando vendió su primera novela; pero que tal vez no fuese adecuado para un hombre de casi treinta y ocho. Tras unas cuantas copas más de sake, la idea ya no se le antojó descabellada. Le pareció honrosa. Una especie de Gran Odisea a alguna parte, un modo de volver a familiarizarse con la realidad después del tránsito a través del terreno ficticio de su novela. Así que Itachi se había ido...
—... ¡como una luz que se apaga! ¡Estaba segura de que se moriría..! ¡Quiero decir que estaba bastante segura! Así que le saqué la cartera del bolsillo del pantalón, busqué su permiso de conducir y vi su nombre, Itachi Uchiha. En el primer momento pensé: "Debe ser una coincidencia", pero la foto de la identificación también se parecía a usted. Entonces me sobresalté y tuve que sentarme ante la mesa de la cocina. Al principio creí que me iba a desmayar. Después de un rato, empecé a decirme que tal vez la foto fuese asimismo una coincidencia. Esas fotografías que usan en las identificaciones no poseen nunca parecido alguno con el modelo; sucedió que hallé una credencial de la Asociación de Escritores y… y por tanto, supe que usted estaba...
... en un apuro cuando la lluvia empezó a caer. La tormenta se desviaba al Sur, qué demonios, y, además, aquel maldito túnel lo ponía nervioso. Había estado escuchando la rutinaria estación de la KHBL y no cambió la estación hasta que el auto empezó a patinar seriamente y se dio cuenta de que no se trataba de un simple chubasco campestre, sino de una tormenta de verdad, que no se estaba desviando al Sur, sino que se dirigía directamente hacia él y que estaba a punto de verse con el agua al cuello... Recordaba que el efecto del sake había empezado a desvanecerse. Y reconstruyó el momento en que se inclinó hacia la consola para tomar sus cigarrillos..., empezó el último patinazo e intentó contrarrestarlo sin conseguirlo..., sintió un golpe sordo y pesado... y el mundo se volvió patas arriba. Él...
—...gritó. Y, cuando le oí gritar, supe que viviría. Los moribundos casi nunca gritan. Carecen de la energía necesaria. Lo sé. Decidí que yo le haría vivir, Itachi-sama. Así que saqué mi medicina para el dolor y se la hice tomar. Entonces se durmió. Cuando se despertó y volvió a gritar, le di un poco más. Tuvo fiebre durante un tiempo; pero también acabé con eso. Le di un par de analgésicos altos en paracetamol e ibuprofeno. Estuvo a punto de irse una o dos veces, mas eso ya pasó. Puede estar seguro. —Sakura se levantó—. Y ahora tiene que descansar, Itachi-sama. Tiene que recuperar sus fuerzas.
—Me duelen las piernas.
—Sí, ya lo sé. Dentro de una hora le daré un poco más de medicina.
—Ahora, por favor.
Le avergonzaba suplicar, pero no podía evitarlo. La marea había bajado y el Tsukiyomi había aparecido, con otra ola de ardiente e inmisericorde dolor.
—Dentro de una hora —Sakura le respondió con firmeza, y se dirigió a la puerta con la cuchara y el plato de sopa.
— ¡Espere!
Se volvió mirándole con una expresión que era a un tiempo severa y amorosa. A Itachi esto no le gustó. No le gustó en absoluto.
— ¿Han transcurrido dos semanas desde que me sacó?
Sakura otra vez pareció confusa y molesta. Más adelante, Itachi se enteraría de su sentido del humor y sus constantes cambios.
—Algo así.
— ¿Estaba inconsciente?
—Casi todo el rato.
— ¿Qué comía?
Ella lo escudriñó.
—Intravenoso —dijo brevemente.
— ¿Intravenoso?
Sakura tomó su sorpresa por ignorancia.
—Le alimenté por vía intravenosa —le dijo—, a través de unos tubos. De eso son las señales que tiene en los brazos. —Sakura lo miró con ojos fríos y escrutadores—. Me debe la vida, Itachi-sama. Espero que lo recuerde. Confío en que lo tenga en cuenta.
Entonces se marchó.
Capitulo 6: "Mi fan número uno"
Soy Sakura Haruno…le he salvado la vida…y soy su fan número uno.
La frase surgía una y otra vez, con aquella horrible veracidad que comenzaba a inquietarle sobremanera, más aun ahora que pasaba más tiempo despierto…y consciente. Era una advertencia, una sobrecogedora premisa anticipada.
Después de todo, ella –aquella delgaducha mujer de melena rosa- le había salvado la vida…con todo y sus consecuencias.
Aquella mañana, Sakura volvió a aparecer, con dos cápsulas y un vaso de agua, en cuanto el reloj de la habitación contigua dio las ocho.
Itachi se incorporó ansioso, apoyándose en los codos, mientras ella se sentaba en la cama.
—Ya he conseguido su libro. Hace dos días que lo tengo —le dijo.
El hielo repiqueteaba en el vaso. Era un sonido enloquecedor.
—"El hijo de Hikaru" —continuó ella—Me encanta... Es tan bueno como los otros. ¡Mejor! ¡Es el mejor!
—Gracias —logró decir Itachi, mientras sentía el sudor cubriéndole la frente—. Por favor... mis piernas.., me duelen mucho...
—Yo sabía que se iba a casar con Izanami —Sakura parecía ajena a toda queja que no tuviese que ver con el "afamado" libro. Le habló con una sonrisa embobada—, y creo que Izanami y Youtaro volverán a ser amigos con el tiempo. ¿Lo serán? —Pero inmediatamente cambió—. No, no me lo diga. Ya lo descubriré por mí misma. Quiero que me dure. Se me hace siempre el tiempo tan largo hasta que aparece otra nueva novela...
El dolor le latía en las piernas. De las rodillas para abajo, tenía la sensación de que estaba entero; pero no quería mirar. A través de la ropa de la cama podía ver las formas abultadas y retorcidas. Eso era suficiente.
—Por favor, Haruno-san, el dolor...
—Llámeme Sakura. Todos mis amigos me llaman así.
Le entregó el vaso. Estaba fresco y empañado. No le dio las cápsulas, que en sus manos le representaban la marea. Ella era la luna que le había traído aquella marea bajo la que se erigía el Tsukiyomi.
Le acercó las cápsulas a la boca y él la abrió de inmediato... Entonces, ella las retiró.
—Me tomé la libertad de mirar en su bolso de viaje. No le importa, ¿verdad?
—No, claro que no. La medicina.
Las frías gotas de sudor que cubrían su frente se hicieron casi sudorosas. ¿Iba a gritar? Itachi pensó que tal vez si.
—He visto que guarda allí un manuscrito. —Sakura tenía las cápsulas en la mano derecha y se las pasó lentamente a la izquierda. Él las seguía con los ojos—. Se titula "Shinobi". No es una novela de Hikaru, yo lo sé. —Lo miró con un cierto reproche, pero, al igual que antes, impregnado de amor, una mirada maternal—. No había ninjas en el territorio samurai que hay en la trama de Hikaru, ni siquiera como espías. —Sakura sonrió—. También me tomé la libertad de hojearlo. No le importa, ¿verdad?
—Por favor —gimió—, no me importa; pero, por favor...
Sakura abrió la mano izquierda. Las cápsulas rodaron, vacilaron y luego cayeron en la palma de la derecha con un ruido apagado.
— ¿Y si lo leo? ¿Le importa que lo lea?
—No. —Sus huesos estaban destrozados, sus piernas llenas de vidrios rotos—. No. —Itachi intentó hacer un esfuerzo sobrehumano por contestar algo más entendible, en vez de aquella apurada respuesta. Era obvio que ella no entendía la urgencia del analgésico y él no estaba de humor para soportar otro "cambio de clima". Esbozó algo que esperaba pareciese una sonrisa—. No, claro que no.
—Porque jamás se me ocurriría hacer una cosa así sin su permiso —dijo ella con vehemencia—. Le respeto mucho. En realidad, Itachi-sama, le amo.
De pronto Sakura se sonrojó de un modo alarmante. Una de las cápsulas cayó encima de la colcha. Itachi estiró el brazo para cogerla, pero ella fue más rápida. Él gimió, mas ella no se dio por enterada. Tras apoderarse de la cápsula, volvió a perderse en su vaguedad mirando a través de la ventana.
—Amo su mente, su creatividad —continuó—, es lo que he querido decir.
Con desesperación, porque no podía pensar en otra cosa, Itachi le respondió:
—Lo sé. Usted es mi admiradora número uno.
—Eso es —gritó—. Eso es exactamente. Y a usted no le importaría que yo lo leyese con ese espíritu, ¿no es cierto?, el espíritu de... amor de admiradora. ¿Aunque los demás libros suyos no me gustan tanto como las historias de Hikaru?
—No —le dijo y cerró los ojos—. Si quiere, haga gorros de papel con las hojas de ese manuscrito; pero..., por favor..., me estoy muriendo...
—Usted es bueno —le dijo Sakura dulcemente—. Yo sabia que tenía que serlo. Con sólo leer sus libros, lo adiviné. Un hombre capaz de crear a Hikaru Mikazuki, imaginarla y darle luego su aliento vital, no podía ser de otro modo.
De repente, Itachi se encontró con los lánguidos y huesudos dedos de ella en la boca, aterradoramente íntimos y al mismo tiempo, estremecedoramente bienvenidos. Chupó las cápsulas que estaban entre ellos y se las tragó antes de poder acercarse torpemente a la boca el vaso de agua, derramándola.
—Como un bebé —comentó la mujer; pero él no podía verla porque aún tenía los ojos cerrados y ahora sentía en ellos el ardor de las lágrimas—. Pero bueno. Tengo tanto que preguntarle... Hay tantas cosas que quiero saber.
Los muelles ni siquiera crujieron cuando ella se levantó.
—Vamos a ser muy felices aquí —le dijo.
Aunque un golpe de horror pareció desgarrarle el pecho, Itachi no abrió los ojos.
Capitulo 7: "Una justicia más poderosa que la del hombre"
Shisui detuvo el incesante tecleo del ordenador, justo en el momento en el que sonó el teléfono.
—Departamento de policía estatal de Konoha, ¿En qué puedo ayudarle? —la pregunta salió casi automática.
—Eh, muchacho, ya tenemos el informe.
Shisui calló en cuanto se percató de la voz al otro lado del auricular.
— ¿Morino-san? —balbuceó, e inmediatamente apartó el altero de desordenados papeles, desperdigados a diestra y siniestra del escritorio — si…tengo el resto del reporte. ¿Ya avistaron el vehículo? ¿Revisaron la hora de salida del hotel? ¿Interrogaron a los aldeanos de los alrededores?
—No hay nada.
Y Shisui sintió que algo se atascaba en su garganta. Era como tener la tierra moviéndose bajo sus pies y luego detenerse abruptamente.
— ¿Qué? —resolló el Uchiha.
Pudo oírse un suspiro apesadumbrado por parte de Morino.
—No encontramos nada, Shisui-san. Sólo el vehículo y…
— ¿Estaba completo? ¿Al menos encontraron algo de él?
—Shisui, la puerta estaba abierta, parecía haber sido abierta a la fuerza —la voz de Ibiki sonaba seria y tan fría como el viento del exterior—Pero no hay huellas ni rastros. Probablemente no sobrevivió, Shisui. Hay muchos depredadores por la zona que…
Pero Shisui ya no escuchaba. El mundo se había detenido justo en aquella última oración.
Probablemente no sobrevivió. Itachi…Itachi Uchiha estaba…
— ¡No! —resolló.
Hubo una pausa e Ibiki sintió precisamente la aprensiva exclamación. Conocía a Shisui, no en vano había trabajado con él en el mismo cuartel hacía cinco años, y sopesaba el hecho de que el chico siempre era demasiado entregado a su trabajo, y considerando que la víctima desaparecida en esta ocasión era el primo consanguíneo de éste, tomó la situación con más calma. A pesar de que él era muy dado a la filosofía de no entrometer asuntos familiares en el trabajo…a menos de que estas situaciones fuesen inevitables. Y ésta era una de esas situaciones.
—Shisui, interrogamos a los únicos vecinos que estaban cerca del área; sólo eran dos familias, los Yamanaka y los Nara; y ninguno se dio por enterado. Nadie en el pueblo tampoco sabe nada al respecto. No han visto a tu primo, ni vivo ni muerto. —su tono era serio, firme pero no tan rudo como solía ser. Exhaló— Te he mandado las fotografías del vehículo por correo y algunos efectos personales los tenemos en la comisaría de aquí. Pero no hay huella de nada, ni de alguien que lo haya sacado ni de algún animal que haya desgarrado la puerta. Tampoco diría que Itachi-san hubiera estado en condición de salir por cuenta propia. El vehículo había caído en picada…
— ¿Se…se desvió de la carretera o algo así?
—Derrapó, por decirlo de un modo. Si somos realistas, Shisui, el impacto pudo haberle matado. El vidrio estaba cuarteado, pudo haber chocado contra el cráneo o contra la barricada. Había gotas de sangre sobre los cristales.
Shisui despegó la bocina. Se pasó una mano por la sien, justo debajo del desgarbado mechón de cabello que asomaba por su gorra de policía. Su respiración era tenue…
—Yo…yo quiero ir a corroborar eso. —musitó.
—Muchacho, ya hicimos todo cuanto pudimos. —Morino respondió en todo apaciguado—Pero puedo pasarte la papeleta de la jurisdicción. Si puedes llegar hasta acá antes del mediodía del viernes…
—Si puedo.
—Entonces esta decidido —Morino asintió, sin más remedio. "No hay peor ciego que el que no quiere ver", pensó—Asignaré a Hayate para que te asista con el papeleo y los interrogatorios, si lo deseas.
—Puedo hacerlo solo. Es mi familia.
Shisui se despidió cortésmente de su superior, y dejó la bocina de nuevo sobre el teléfono. Su vista pasó distraídamente sobre los papeles y deparó en la pantalla del ordenador. Estaba leyendo en línea el último proyecto de su primo. Sabía que Itachi se dedicaba de lleno a la narrativa y que había cosechado una fortuna con su famosa saga "Hikaru"…y ahora, el encabezado de varios foros relativos a él y a su obra simplemente tenía el sutil tema:
"Itachi Uchiha: desaparecido" "El genio del melodrama narrativo ¿Muerto o vivo?"
Harto de esto, Shisui simplemente atinó a descargar el texto de su último libro, conscientemente con la mentalidad de distraerse un poco, y conocer acerca de qué diantres escribía él; inconscientemente en busca de alguna pista.
Un párrafo llamó su atención, justo al final de la página en vista.
"Hay una justicia más poderosa que la del hombre…y yo seré juzgada por él."—rezaba el penúltimo dialogo de Hikaru Mikazuki.
Y yo seré juzgada por él, repitió mentalmente mientras sin que se diese cuenta de manera consciente, su mano derecha re escribía la frase en una nota post-it. La dobló y la guardó en el bolsillo de la gabardina.
Capitulo 8: "Técnica"
A la mañana siguiente, Sakura le trajo más sopa y le dijo que había leído cuarenta páginas de lo que ella llamaba su "libro manuscrito". Agregó que no le parecía tan bueno como los demás.
—Es difícil de seguir. Salta constantemente hacia atrás y hacia adelante.
—Técnica —Itachi respondió escueto. Se encontraba en uno de esos momentos entre el dolor y el "no dolor" y pudo, por lo tanto, pensar un poco mejor en lo que ella le decía— Técnica, eso es todo. El tema..., el tema impone la forma. —Suponía vagamente que a ella podrían interesarle esos trucos del oficio, que tal vez hasta llegaran a fascinarla, pues lo habían hecho, Dios lo sabía, a los participantes en los talleres de escritores, cuando, siendo más joven, daba conferencias—. Verá, la mente del chico es confusa, así que...
— ¡Sí! Está muy confundido, y eso lo hace menos interesante. No es que carezca por completo de interés. Usted no podría crear un personaje que no lo tuviera. Pero es menos interesante. ¡Y las palabrotas! Salen a cada momento. No tiene... —caviló dándole la sopa automáticamente y limpiándole la boca, casi sin mirarlo, cuando se le derramaba. Se asemejaba a una mecanógrafa experimentada que escribe sin mirar las teclas. En ese momento Itachi comprendió, sin esfuerzo, que aquella mujer había sido enfermera. No; médico no. Un médico no tendría práctica en dar sopa.
Si el meteorólogo de aquella tormenta hubiese hecho su trabajo la mitad de bien de lo que Sakura Haruno hace el suyo, yo no estaría en este estúpido lío, pensó amargamente.
— ¡No tiene nobleza! —Sakura gritó de repente, saltando y estando a punto de derramar la sopa de tallarines sobre la pálida cara de Itachi.
—Sí —dijo él con tolerancia—, comprendo lo que quiere decir, Sakura. Es cierto que Menma no tiene nobleza. Es un chico huérfano que trata de salir de un mal ambiente, ¿comprende? Y esas palabrotas... todo el mundo las utiliza en...
— ¡No es cierto! —Sakura le interrumpió con una mirada imperativa—. ¿Qué se cree que hago yo cuando voy a la tienda de abarrotes en la ciudad? ¿Qué se imagina que digo? "¡Eh!, Shikamaru, dame una bolsa de ese jodido alpiste para gallinas y una puta bolsa de maíz forrajero y un poco de esa mierda para los hongos de los oídos."
Sakura le miró. Su rostro parecía un cielo dispuesto a lanzar rayos y centellas de inmediato. Él se echó atrás asustado. El plato de sopa temblaba en las manos de la mujer. Una gota cayó en la colcha, luego dos.
— ¿Y entonces voy al Banco y le digo a Kotetsu-san: "Aquí tiene este cheque de mierda y más vale que me dé cincuenta putos ryos lo más rápido que pueda, carajo"? ¿Usted cree que cuando me sentaron en el banquillo en Sun..?
Un torrente de sopa color tomate cayó en la colcha. Ella la miró, lo contempló a él y el gesto se le torció como una sábana sucia.
— ¡Mire!, ¡mire lo que me ha hecho hacer!
—Lo siento.
— ¡Seguro! ¡Seguro que lo siente! —Sakura gritó estrellando el plato contra un rincón y haciéndolo pedazos. La sopa salpicó toda la pared. Itachi tragó saliva.
Ella, entonces, se apaciguó. Se quedó allí sentada durante una media hora, mientras el corazón de Itachi Uchiha parecía haber dejado de latir.
Se fue recobrando poco a poco y de repente sonrió entre dientes.
—Qué genio tengo.
—Lo lamento —Itachi se disculpó, sintiendo la garganta tan reseca como un desierto.
—Lo supongo.
La expresión de Sakura se apagó otra vez y se quedó mirando la pared, enfurruñada. Él creyó que iba a volver a quedarse en blanco; pero la enfermera suspiró y dejó la cama libre de su escaso peso.
—En los libros de Hikaru no tiene que utilizar esas palabras porque nadie las empleaba en aquella época. No se habían inventado. Los tiempos de animales exigen palabras de animales, supongo, pero aquellos tiempos eran mejores. Usted debe seguir con sus historias de Hikaru, Itachi-sama. Se lo digo sinceramente, como su admiradora número uno que soy. —Sakura se dirigió a la puerta y se volvió a mirarlo—. Pondré otra vez en la bolsa su libro manuscrito y terminaré "El hijo de Hikaru". Puede que cuando lo acabe vuelva al otro.
—No lo haga si la enfurece —le dijo él tratando de sonreír—. No quisiera verla enfadada. En cierto modo, dependo de usted, ¿sabe?
Ella no le devolvió la sonrisa.
—Sí —le dijo—, depende de mí. ¿No es cierto, Itachi-sama? —de nuevo, apareció aquella malsana sonrisa. Aquella mueca digna de un demonio que soñaba en medio de una profunda hoguera de intensas llamaradas. Esa expresión oscura, a la que Itachi comenzaría a temer después— Voy a terminar el libro. Solo me restan tres capítulos más…solo tres y sabré que el final de este será tan perfecto como el de los otros.
El miedo lo invadió aun más.
—Sakura-san, yo…
—Descuide, lo terminaré para esta noche.
Y sin más, se marchó.
Capitulo 9: "La Muerte de Hikaru"
La profecía se había cumplido. Ella no había fallado a su palabra.
Sakura Haruno volvió en la noche, tal y como había acordado. Entró tarde en la habitación con la cara tan gris cómo la ceniza.
—Sakura-san...Sa...Sakura ¿Se encuentra b..?
—No.
¡Kami! Ha tenido un ataque de corazón, pensó Itachi, y tuvo un instante de alarma que inmediatamente cedió a la alegría. Que lo tenga. ¡Que tenga uno grande! ¡Que se le reviente el jodido pecho! Sería completamente feliz si pudiese arrastrarse al teléfono doliese lo que doliese. Se arrastraría al teléfono atravesando sobre cristales rotos si tuviese que hacerlo.
Y sí, era un ataque al corazón; pero de Otra clase.
Sakura se acercó a él, no titubeando, sino bamboleándose como un marino que baja del barco después de una larga travesía.
—¿Qué..?
Itachi trató de escurrirse, pero no tenía sitio. Detrás estaba la cabecera de la cama, y luego la pared.
— ¡No!
Llegó al lado de la cama, tropezó, vaciló y por un instante pareció que se le iba a caer encima. Entonces se quedó allí de pie, mirándole con la cara blanca como un papel, las cuerdas del cuello tensas, una vena latiendo en el centro de su frente. Las manos cerradas se le abrieron de golpe, volvieron a cerrarse en dos puños sólidos como rocas y se volvieron a abrir.
— ¡Usted..., usted..., usted..., maldito traidor!
— ¿Qué? No sé lo...
Pero de repente Itachi lo supo y sintió el estómago primero vacío, luego como si hubiese desaparecido por completo. Recordó que la mañana ella tenía el marcador a una cuarta parte del final del libro. Lo había terminado. Ya se había enterado de todo lo que quedaba por enterarse. Se había enterado de que Hikaru no era estéril, sino que lo era Youtaro, el rival de Izanami. Sentada en aquella sala que él aún no había visto, ¿tendría la boca abierta y los ojos desorbitados cuando Hikaru comprendió por fin la verdad y tomó la decisión de escaparse con Izanami? ¿Se le habían llenado los ojos de lágrimas al comprender que Hikaru e Izanami, lejos de mantener relaciones clandestinas a espaldas del hombre que ambos amaban, estaban tratando, en realidad, de darle el mayor regalo, el regalo de un hijo que él creería suyo? ¿Se le había acelerado el corazón cuando Hikaru le había dicho a Youtaro que estaba embarazada y Yotarou la había estrechado contra si, con los ojos bañados en lágrimas, susurrando "Mi amor, oh, mi amor" una y otra vez? Estaba seguro de que todo eso había ocurrido en unos cuantos segundos. Pero en vez de llorar con profundo dolor, cómo debía haberlo hecho, cuando una traición del mismo Daimyo al cual servían Izanami y Youtaro llevó a su hija (a Hikaru) a cometer el único acto noble de retribución de honor que existía en esa época: el seppuku, había cogido un cabreo de todos los demonios.
— ¡Ella no puede estar muerta! —Sakura le chilló, mientras sus puños se abrían y se cerraban a un ritmo cada vez más rápido— ¡Hikaru Mikazuki NO PUEDE ESTAR MUERTA!
—Sakura…Sakura, por favor...
Había un jarro de agua en la mesa. Lo cogió y empezó a blandirlo ante él. El agua fría se le derramó en la cara. Un cubito de hielo le aterrizó al lado de la oreja derecha y se deslizó almohada abajo hasta instalársele en el hombro.
En su mente...La vio estrellarle el jarrón en la cara, se vio muriendo de una fractura de cráneo con una hemorragia cerebral masiva en medio de una inundación de agua helada mientras en los brazos se le ponía la piel de gallina.
No había duda de que era eso lo que ella quería hacer.
En el último momento, Sakura se volvió y lanzó el jarrón contra la puerta, donde se hizo pedazos.
Se dio la vuelta para mirarle, mientras, con el dorso de las manos, se apartaba de la cara los mechones de pelo. Dos manchitas rosas florecían ahora sobre su palidez.
— ¡Maldito traidor! —Jadeó— ¡¿Cómo pudo hacer eso?!
En aquellos momentos, Itachi estaba seguro de que su vida dependería de lo que pudiese decir en los próximos veinte segundos. Habló rápido, con urgencia, los ojos brillantes mirándola fijamente.
—Sakura, durante el período Edo, la disciplina de los samurais y el respeto a la casa a la que servían tenían un código de honor, y era lógico que el padre de Hikaru vio como una traición lo de su embarazo. El seppuku era la única alternativa honorable y su espíritu siempre...
— ¡Yo no quiero su espíritu! —Chilló, torciendo los dedos como garras y sacudiéndoselas en la cara como si quisiera arrancarle los ojos—. ¡Yo la quiero a ella! ¡Usted la mató! ¡Usted la asesinó!
Volvió a cerrar los puños, los bajó, cómo pistones, a ambos lados de la cabeza de él y los lanzó contra la almohada haciéndole rebotar lo mismo que si fuese una muñeca de trapo. Sus piernas relampaguearon y lanzó un gritó.
— ¡Yo no la maté!
Sakura se quedó paralizada mirándole fijamente con aquella expresión estrecha y negra, esa mirada de grieta en la tierra.
—Claro que no —dijo con un sarcasmo amargo—. Y si usted no fue, Itachi Uchiha, ¿quién, entonces?
—Nadie —le dijo con más suavidad—. Simplemente, se murió.
En última instancia, sabia que eso era cierto. Si Hikaru Mikazuki hubiese sido una persona real, tal vez la Policía le hubiese pedido cuentas a él. Después de todo, él tenía un motivo, la odiaba. La había odiado ya desde el tercer libro. Habría podido asesinarla, pero no lo hizo. Al final, a pesar de su desprecio por ella, la muerte de Hikaru había supuesto para él una cierta sorpresa. Habría permanecido fiel a si mismo haciendo que el arte imitase la vida, aunque fuese un poco, y que llegase hasta el final de las trasnochadas aventuras de Hikaru. Ella había fallecido de una muerte casi inesperada pero al mismo tiempo honorable.
—Miente —murmuró Sakura—. Yo creí que usted era bueno; pero no lo es. Usted no es más que un cochino bastardo embustero. ¡Cómo todos!
—Ella se fue, eso es todo. Esas cosas ocurren algunas veces. Es como en la vida real, cuando alguien simplemente...
Sakura volcó la mesita de noche. El cajón salió disparado. Su reloj y sus monedas cayeron con él. Ni siquiera sabía que estaban allí. Se encogió todo lo que pudo.
—Usted debe pensar que yo nací ayer —argumentó la mujer con los labios fruncidos enseñando los dientes—. En mi trabajo, vi morir a docenas, a centenares de personas, ahora que lo pienso. Unas veces se van gritando; otras, lo hacen dormidas; simplemente se van, como usted dice, seguro, pero los personajes de los libros NO se van simplemente. Dios nos lleva cuando le parece que ya es hora y un escritor es como Dios con los personajes de un relato, los crea como Dios a nosotros, y nadie puede pedirle cuentas a Dios. De acuerdo, está bien; pero en lo que a Hikaru respecta, voy a decirle una cosa, asqueroso farsante, voy a decirle que da la casualidad de que Dios tiene las piernas rotas y está en MI casa comiéndose mi comida,,. y...
Otra vez se quedó en blanco. Se puso rígida, con los brazos muertos a los lados del cuerpo mirando la pared. Allí se quedó mientras Itachi la miraba desde la cama, con manchas circulares en la almohada junto a sus orejas. Oía el agua del jarrón goteando en el suelo y se le ocurrió que podría cometer un asesinato. El asunto se le había ocurrido antes de forma estrictamente académica, por supuesto, aunque esta vez no era así y él sabía por qué. Si ella no hubiese tirado el jarrón, él mismo lo habría estrellado contra el suelo para tratar de hundirle un trozo de vidrio en la garganta mientras estaba así, quieta e inerte como un perchero.
Miró las cosas que habían caído del cajón, pero sólo había monedas, una pluma, un peine y su reloj. No estaba la cartera. Y, lo que era más importante aún, no había ninguna navaja de bolsillo.
Sakura fue volviendo en si poco a poco; y, al menos, la furia ya se le había pasado.
—Creo que lo mejor será que me marche. Vale más que no le vea por un tiempo. Creo que es lo... más prudente.
— ¿Marcharse? ¿A dónde?
—No importa. A un sitio que yo sé. Si me quedó aquí, haré algo inconveniente. Necesito pensar. Adiós, Itachi-sama.
Atravesó la habitación.
— ¿Volverá a darme mi medicina? —preguntó, alarmado.
Salió y cerró sin contestarle.
Escuchó sus pasos por el vestíbulo. Parpadeó mientras le llegaban sus gritos rabiosos, palabras que él no podía entender, y el ruido de algo que caía destrozándose. Una puerta se cerró de golpe. Un motor arrancó. Oyó un chirrido de ruedas girando en la nieve compacta. El motor empezó a alejarse. Emitió un ronquido, luego un zumbido y finalmente desapareció.
Itachi estaba solo.
Solo en casa de Sakura Haruno, encerrado en aquella habitación. La distancia entre ese lugar y Konoha era cómo la que existía entre un continente y otro.
Estaba en la cama, mirando al techo, con la garganta seca y el corazón latiendo a toda velocidad.
Al cabo de un rato, el reloj de la sala dio las doce y el dolor, el Tsukiyomi…volvió a aparecer.
Continuara…
N/A: Mañana y el Sábado subo el resto. Gracias por leer y comentar!
