SaFe & SouND
Acotaciones:
... Cambio de escena.
(Y ya saben todas a quién pertenecen todos los personajes! XD)
CAPÍTULO 5
Miedo
Lin POV
El agua caliente de la regadera se sentía como lo mejor del mundo, el vapor que flotaba tenía aroma a jabón y manzanas. Me sentía bien. Mejor que nunca antes.
El día anterior cuando decidí buscar a Sesshoumaru Taisho tomé una de las más arriesgadas de mi vida, pero fue la correcta. Después de comer ayer en dos ocasiones, recibir medicinas y dormir en un lugar cálido sin que nada me interrumpiera…me sentía como si pudiera flotar.
Si era muy minuciosa en la revisión podía sentir cierta molestia por la fiebre que volvió durante la noche, además, mi espalda seguía doliendo igual que la parte baja de mi vientre. Pero era poco, nada comparado con la mañana anterior.
Aún estaba asustada, aunque tuviera las puertas cerradas… él aún podía tener una llave y entrar en cualquier momento, pero después de veinticuatro horas de estar segura a solas con él, ya dudaba que en verdad estuviera actuando para atacarme después.
Cerré las llaves y me envolví en una toalla, desee pasar más tiempo ahí, sólo relajándome, pero Izayoi dijo que iba a reparar el desayuno y me gustaría ayudarla, hacer algo para agradecerles a ella y al señor Sesshoumaru lo mucho que habían hecho por mí. Después de ponerme otra toalla en el pelo respiré profundo y me preparé para salir, el miedo en esas circunstancias no tenía lógica, pero aún así no lo pude evitar.
Cuando salí a la habitación y la encontré vacía me sentí mucho mejor. Me apresuré a secarme y a ponerme sobre la piel algo de la crema humectante de flores que encontré reposando olvidada el día anterior en una de las repisas del baño. Después, me vestí con la ropa que Izayoi me dio, unos pantalones deportivos azul marino y una blusa del mismo color, se disculpó porque me quedarían grandes y no eran nuevas, ella tenía que ser una de las personas más amables que haya conocido.
Por último me até el cabello en la nuca y salí hacia la estancia, estaba vacía. El comedor se veía igual. Luego, me acerqué a la cocina, Sesshoumaru estaba sentado en la barra del desayunador e Izayoi hacía algo en el fuego. Cuando estuve lo suficientemente cerca el olor a comida me asaltó y al mismo tiempo un par de ojos dorados me recorrieron de arriba abajo.
- Te ves mejor. –dijo él de repente y di un paso hacia atrás mientras por mero instinto me abrazaba a mí misma, no me gustaron sus palabras. – Quiero decir, más saludable. –aclaró al instante y disipó un poco mi temor, pero me sorprendió que se tomara la molestia de hacerlo.
Simplemente asentí y entré a la cocina, acercándome a Izayoi, ella me sonrió y yo la cuestioné con la mirada esperando que entendiera que deseaba ayudarla, pero al parecer no tuve tal suerte, vi el desconcierto en sus facciones. A veces desearía poder hablar.
- Lo siento querida, no entiendo… -me dijo con expresión apenada, yo señalé la sartén donde hacía hot cakes.
- Creo que quiere ayudarte. –apuntó Sesshoumaru y lo miré sorprendida porque comprendiera mis intenciones con tanta facilidad, luego asentí.
- ¡Oh! Allá hay algo de fruta que iba a rebanar. –me señaló una tabla de picar donde estaban dos manzanas, medio melón y dos plátanos al lado de un cuchillo, asentí y fui para ocuparme.
Los siguientes minutos transcurrieron en silencio, yo trabajé con cuidado de hacerlo bien y me sorprendí una vez más por lo tranquila que estaba. Luego empecé a preguntarme cuánto tiempo me quedaría en ese lugar. Sería lógico que quisieran que me marchara pronto, ya habían sido muy considerados conmigo. Tal vez después de desayunar me pedirían que me fuera. ¿Podría lavar mi ropa antes? Me gustaría mucho poder hacerlo para tener algo limpio que ponerme después, tal vez si era capaz de escribir la petición el señor Sesshoumaru me lo permitiría.
- ¿Hijo, puedes poner la mesa? –le preguntó ella y él se puso de pie sin contestar nada.
Yo pretendí no estar prestando atención pero me sorprendió saber que ella era su madre, no se parecían en nada, el color de su cabello y ojos era tan distantes que no me podía explicar que tuvieran genes en común. Quizás él era idéntico a su padre, tal vez de ella sacó su amabilidad y ese sentido extraño de justicia que lo llevó a pensar que me debía algo.
- ¿Todo listo? –me sorprendió Izayoi estando muy cerca de mí y me paralicé por un segundo antes de asentir y dejar el cuchillo, ya había terminado. – Perfecto, muchas gracias por tu ayuda, él no se mete en la cocina a menos de que sea su única opción. –se rió un poco y no pude evitar sonreír. – Vamos, pon todo en estos platos y ven a la mesa. –me los entregó y ella tomó otras cosas para llevarlas.
Me apresuré a terminar mi labor y luego sostuve los tres platos en equilibrio para avanzar con cuidado hasta el comedor. Estando ahí puse cada uno en un lugar y aprecié el resto del trabajo. Si fuera capaz de hablar, me hubiera quedado sin palabras.
Nunca había visto un simple desayuno en casa que pareciera sacado de una película. Tenían tazas de café, jarras con dos jugos diferentes y leche, azúcar, miel, tres tipos de mermeladas, chocolate líquido, los hot cakes, la fruta, platos a juego, servilletas de tela, manteles… la mesa era tan perfecta como las dos personas sentadas esperándome.
- Si necesitas algo más, querida, sólo dilo. Bueno… de alguna forma… -se dirigió a mi Izayoi y yo sonreí y me sentí un poco mal porque dudara tanto al dirigirse a mí.
Ojalá pudiera hablar aunque fueran algunas palabras.
Fin Lin POV
...
Mientras continuaban desayunando en silencio Sesshoumaru sintió la mirada persistente de Izayoi que lo presionaba para hablar. Él tenía un plan, ella albergaba serias dudas de que fuera lo mejor, pero no podía hacerlo cambiar de opinión, así que lo mínimo que le pidió fue estar presente cuando pusiera las cartas sobre la mesa.
Ella estaba profundamente preocupada por las consecuencias que podría tener para él albergar a una menor de edad en su departamento. Lin parecía ser nada más que una niña común y le preocupaba la idea de que estuviera sola en las calles, pero la seguridad de Sesshoumaru estaba por encima de cualquier cosa porque ella lo amaba como a su hijo, aunque no lo fuera en verdad siempre se sintió así… desde que conoció al niño de cinco años y mirada antigua, ese pequeño que a su corta edad ya sabía lo que se sentía ser abandonado por la persona más importante del mundo. Desde esa primera vez que pudo hablar con él y se dio cuenta de los efectos devastadores que tuvo la partida de su madre biológica, ella supo que nunca podría alejarse.
- Lin. –habló por fin el hombre ya cansado de la silenciosa insistencia de la mujer mayor. Al sonido de su voz la chica lo miró expectante. – Izayoi piensa que te va a tomar una semana recuperarte por completo. –le avisó y ella volteó a ver a la doctora, quien asintió sin dejar ver nada en su expresión. – Y creo que lo mejor es que te quedes aquí mientras tanto.
- Si es que estás de acuerdo. –agregó Izayoi deseando que a Lin le quedara muy claro que tenía la opción de irse en cualquier momento si así lo deseaba.
Ella se tomó un momento para procesar la oferta que le estaban haciendo ¿una semana? ¿La dejarían quedarse por todo ese tiempo? ¿Qué más podría estar escondido ahí? Según su experiencia no podía confiar en extraños, especialmente en los hombres… a los que como regla general les gustaban demasiado las niñas como ella. Pero… Sesshoumaru Taisho no parecía así. No tenía esa extraña mirada que la desvestía, no había buscado hacerse su amigo ni entrar a su habitación… no había hecho nada de las cosas que ella ya identificaba muy bien como señales de peligro.
En ese instante recordó un momento de su vida que tenía sepultado muy en el fondo. Caras y voces, risas y abrazos que le regalaron unas personas cuando era muy pequeña. Su familia. La única que tuvo. Ellos siempre fueron buenos, la amaron todo el tiempo que la tuvieron a su lado. Eran la prueba de que los seres humanos tenían algo más que maldad en su interior. ¿Y si Sesshoumaru era también así? ¿Y si podía confiar en él?
Una semana. Tenía que ponerse en riesgo una semana. Días y noches a solas con él. Expuesta a su fuerza… pero también a la bondad que ya le había demostrado. Tendría un techo y una cama, comida y medicinas, todo lo que necesitaba para sanar y tomar fuerzas antes de regresar a las calles.
- Puedes tomarte tu tiempo para pensarlo. –le aseguró Izayoi cuando notó que se tardaba mucho en responder.
Lin suspiró y dejó sobre su plato el tenedor que sostenía con más fuerza de la necesaria. En ese momento tuvo una idea, ella sabía identificar las señales de peligro y estaba a punto de ponerles una prueba a esos dos amables extraños. Se levantó y fue hasta la barra de la cocina, donde antes notó un block de notas y una pluma, luego regresó e ignoró las miradas que se posaban curiosas sobre ella, escribió una línea y se la pasó a Sesshoumaru.
"Qué puedo hacer para pagarte?" –decía el papel, él lo leyó y luego la miró, sus ojos ámbar no registraron emoción alguna.
- Puedes hacerme de desayunar. –le ofreció pasándole la nota a Izayoi, quien se sorprendió tanto por la pregunta, como por la respuesta.
Lin sopesó las palabras del hombre durante unos segundos ¿había pasado la prueba? Ella pensó que si tuviera intenciones deshonestas le hubiera ofrecido no hacer nada para que se sintiera cuidada, en confianza. El hecho de que le pidiera algo a cambio… le sonó razonable. Sí, Sesshoumaru Taisho acababa de pasar la prueba y eso la hizo feliz porque en verdad deseaba quedarse.
- Yo voy a venir todos los días a verte. –interrumpió Izayoi sus pensamientos, Lin le extendió la mano para que le entregara el block.
"Ya has hecho mucho por mí. También quiero pagarte de alguna forma." –escribió y se la regresó.
- Oh, no, querida. –contestó de inmediato con una gran sonrisa. – Me volví doctora para ayudar a los demás, no necesitas darme nada a cambio. Mi paga es ver que te cuidas y te recuperas. –le regresó la nota sin perder el gesto de bondad.
Lin lo pensó un poco más, sus palabras tenían sentido pero le preocupaba un poco ser una carga para los demás. Pero al final se dio cuenta de que era una oferta demasiado buena para rechazarla. Tenía que tomar el riesgo.
"Me gustaría quedarme. Gracias a ambos. No les daré problemas." –escribió rápidamente y se la entregó a Sesshoumaru, esperanzada.
Él la tomó y luego de leerla asintió y se la pasó a Izayoi. En su semblante nada cambió y eso le gustó a Lin, mientras menos atención llamara sería mejor. La otra mujer le sonrió con ternura y dejó la nota sobre la mesa. Los tres volvieron a concentrarse en el desayuno.
Cuando terminaron Lin se apresuró a levantarse y llevar las cosas a la cocina y comenzar a lavar los platos, por lo menos hacer eso le daba cierta tranquilidad, aunque si tenía que ser sincera consigo misma se sentía un poco cansada y con dolor. Pero era soportable, por el momento prefería trabajar para ganarse el lugar que ocuparía durante una semana.
- Tengo que irme ahora. –le habló Izayoi entrando a la cocina. – Voy a dejar una de mis tarjetas de presentación en tu cama. Yo sé que estás a salvo con Sesshoumaru y que si te da fiebre, él puede llamarme. Pero quiero que te sientas segura mientras estás aquí. –la mirada profunda y preocupada que fijó en Lin le llenó los ojos de lágrimas a la chica que sólo pudo sonreír un poco y asentir, deseando no llorar… Izayoi la había tomado por sorpresa ¿hacía cuánto tiempo que nadie se preocupaba así por ella? – Quisiera poder abrazarte. –murmuró antes de dar media vuelta y abandonar el lugar.
Lin se quedó estática, aturdida por sus palabras y el posible significado de ellas. Porque le creía. Contra todo lo que la experiencia en su vida le había enseñado, justo esa mañana… sentía que podía confiar en Izayoi, que a pesar de que fuera imposible, existía algo de cariño ahí.
Cuando pudo recuperarse de todas las emociones que la abrumaban, continuó lavando los platos y luego acomodó todo en su lugar (después de tener que abrir cada gabinete para averiguar cuál era éste). Al terminar salió de la cocina y vio a Sesshoumaru sentado en la sala con un libro entre las manos ¿le prestaría alguno? Esperaba que sí, pues leer era una de las cosas que más disfrutó siempre.
Estaba pensando aún en cómo preguntar por el libro cuando sonó el timbre del ascensor y la asustó un poco ¿esperaban a alguien más? ¿Habría regresado Izayoi? De inmediato se puso nerviosa y se apresuró a huir hacia su habitación, pero Sesshoumaru le habló antes de que diera más de dos pasos.
- Espera. –le ordenó con la voz helada, ella se quedó igual. – Es Jaken, mi asistente, tiene algo para ti.
Lin sintió toda la sangre abandonar su rostro y contuvo el aliento, aterrorizada. Pensó en correr y encerrarse… pero podían sacarla de ahí. También consideró qué tantas probabilidades tendría de alcanzar a llegar al elevador antes de que la arrastraran de regreso.
- No tienes por qué temer. Él jamás te haría daño. Además, yo no lo permitiría. –explicó Sesshoumaru al de percibir su reacción, luego, avanzó hacia donde un hombre bajito con expresión y ojos de sapo apareció.
Jaken era poco agradable a la vista pero una de las pocas personas en las que Sesshoumaru confiaba lo suficiente para darles libre acceso a su departamento y sus asuntos privados. En esta ocasión le encomendó traer cosas para Lin, por eso llevaba varias bolsas apenas balanceadas en ambas manos.
- ¡Señor Sesshoumaru! Disculpe la tardanza… pero encontré todo lo que me pidió. Aunque todavía no entiendo para qué…
- ¡Jaken! –lo interrumpió el hombre de los ojos dorados antes de que dijera alguna tontería, podía ser muy confiable pero no tenía filtro entre el cerebro y la boca.
- ¡Lo siento, señor! –se disculpó deteniendo sus pasos pero sin soltar las bolsas, hasta ese momento fue que notó la presencia de una niña ahí.
La recorrió de arriba abajo intentando descifrar quién era. Obviamente su jefe acababa de encargarle muchas cosas para ella pero no le encontraba sentido. Hasta donde conocía la familia de Sesshoumaru era pequeña y no tenía ningún pariente que encajara con ella.
- Jaken. –murmuró Sesshoumaru para detener el escrutinio al que sometía a la chica, sabiendo que la haría sentir incómoda. – Ella es Lin. Es mi invitada, se va a quedar unos días. –lo vio a los ojos con la mirada penetrante, el otro hombre asintió y tragó en seco. – Lin, como te lo dije, él es Jaken, es mi asistente. Le pedí que trajera algunas cosas para ti.
Ella se quedó muy quieta, pero ya no se sentía en peligro, sino asombrada otra vez por la bondad de ese hombre. Ya le había dado demasiado y seguía haciéndolo. Además, luego de ver la manera en que su asistente se desenvolvía era tan inocente que no podía asustarla en lo absoluto.
- ¿Te parece bien si lleva tus cosas a la habitación para que puedas verlas con calma? –preguntó muy seguro de que Lin no desearía sacar lociones de baño y ropa interior frente a nadie, en realidad, temía que no aceptara algunas de las cosas en absoluto, asustada por el significado que podrían tener si él fuera un criminal pervertido. Ella respiró profundo y asintió. – Jaken, ve a la habitación de huéspedes. Deja las cosas donde ella te diga y sales de inmediato. Mientras ella esté aquí esa recámara está fuera de todo límite ¿entendido? –le advirtió sólo por si acaso. Confiaba en él para no dañar a Lin intencionalmente, pero sabía que era lo suficientemente torpe para asustarla sin querer.
- Sí, señor Sesshoumaru. –respondió apresurado y caminó a donde le indicaron.
- Ve y revisa todo. Si no te queda algo o no te gusta, sólo dímelo y podemos cambiarlo. Tómate todo el tiempo que quieras. –dio media vuelta y se dirigió hacia donde había dejado su libro olvidado. Lin se quedó quieta un segundo y después fue detrás de Jaken, aún sin dar crédito de la situación.
...
Lin POV
Cuando entré en la recámara vi de nuevo al señor Jaken de pie con todas las bolsas, sin dudar le señalé la cama y él fue con trabajos a dejarlas ahí y se marchó sin siquiera mirarme de nuevo ¿le caería mal? No, más bien parecía que estaba siguiendo las órdenes de su jefe al pie de la letra. Cerró detrás de sí y fui a poner el seguro, después regresé a la cama y de la almohada tomé la tarjeta de Izayoi para guardarla en mi mochila antes de empezar a ver qué había en las bolsas.
Tomé la primera al azar. Ahí dentro estaban dos cajas de zapatos, al abrir la primera encontré un hermoso par completamente plano, de color negro con un pequeño moño rosa, se parecían a unas zapatillas de ballet. Me los puse con cuidado y los sentí cómodos, asombrada porque me quedaran a la perfección. Una parte de mí no deseaba quitármelos pero era necesario. En la otra caja estaban unos Converse clásicos, blanco y negro, que también se sentían como guantes en mis pies.
La segunda bolsa tenía ropa. Eran tres juegos de pijamas idénticos en forma, pantalones y blusas de manga larga y cuello redondo. Pero los diseños eran muy diferentes. Unas eran amarillas con algunas flores rosas que parecían haber sido dibujadas por un infante. Era linda pero algo infantil para mi gusto, aunque no me iba a quejar. Otras tenían un estampado de figuras de animales propios de una niña, ni siquiera me detuve a analizar eso. Las últimas, sin embargo, eran hermosas. De un color lila enigmático y de tela diferente… más suave y más adulta, sin nada de figuras. Intenté probarme esas últimas prendas y encontré que me quedaban a la perfección, holgadas para ser cómodas, pero no demasiado como para que mi cuerpo se perdiera en ellas.
En otra bolsa había más ropa, sólo que era casual, para salir a la calle. Tres pares de jeans sencillos, siete blusas diferentes y femeninas, aunque algunas me parecieron también para niñas. Todo me quedó bien, quizás un poco grandes, pero lo prefería así.
Después encontré un montón de botellas y frascos, tuve que leer las etiquetas y oler cada una. Fue fascinante. Shampoo, gel para baño, acondicionador, crema humectante y otra para peinar, gel, fijador en spray… cuando terminé con eso había una fiesta de aromas en mi nariz. Al fondo de esa bolsa vi dos paquetes de toallas femeninas diferentes y uno de tampones y me sonrojé. Bueno, eventualmente serían necesarias esas cosas… pero la idea del señor Jaken comprándolas por orden de Sesshoumaru hizo que sintiera mi piel arder hasta la punta de los pies.
Regresé todo dentro y seguí con los descubrimientos, encontré cosas que iban más allá de lo que podía necesitar… él me regaló joyas, accesorios y otras cosas. Nada que haya tenido antes. Era simple bisutería pero el gesto me conmovió. Collares, pulseras, broches y ligas para el cabello, esmaltes para uñas, cepillos y peines, aretes… ¿cómo notó que tengo las orejas horadadas? Tal vez sólo lo supuso.
Tuve que tomarme un par de minutos para asimilar eso. Ya ni siquiera estaba frente a una situación de mucha bondad, esto era demasiado. Me pregunté cuánto dinero le habría costado todo aquello y no pude ni hacer un cálculo. Quizás era su forma de pagar la deuda que creía tener conmigo… pero me pareció que era excesivo. Al final respiré profundo y me quité del rostro las lágrimas que no me di cuenta antes estaban ahí.
Sólo quedaba una bolsa de rayas rosas, en cuanto vi el nombre de la marca me paralicé. Ropa interior. No, tenían que ser más pijamas… nunca antes había entrado a esa tienda, obviamente, pero recuerdo los aparadores llenos de lencería… no, no podía pensar eso. Tenía que darme la oportunidad de revisar el interior antes de entrar en pánico y salir corriendo. Lentamente la abrí y vacié todo el contenido sobre un pequeño espacio libre en la cama. No supe qué pensar.
No eran pijamas… pero tampoco diminutas prendas de encaje… sino… ropa interior, normal. Tomé un conjunto y sentí la suavidad de la tela entre mis dedos, ambas piezas eran blancas y simples, cubrían lo suficiente y no dudé que me quedaran. Las puse dentro de la bolsa y tomé otras, color rosa con los bordes en chocolate, ambas eran hermosas, también las guardé. Así uno a uno vi los diez conjuntos y los regresé a su lugar. Porque no podía aceptarlos.
Lentamente me alejé de la cama hasta toparme con la pared del otro lado de la habitación, donde me senté abrazándome las rodillas al pecho. Tenía demasiadas emociones confundidas. Seguía sin entender la necesidad de regalarme tantas cosas, pero hasta que vi la ropa interior no pensé que las intenciones de Sesshoumaru fueran comprar mi confianza… pero ahora no estaba segura. Ninguna de las prendas era atrevida, al contrario, parecían diseñadas para niñas que apenas alcanzaban la pubertad. Pero quizás a él le gustaban así…
Una oleada de náuseas me recorrió junto con los recuerdos que tanto luché siempre por mantener a raya. No podía. No iba a ignorar mi miedo, esta vez era demasiado grande. Sesshoumaru me tenía a solas en su casa y se había tomado la molestia de observarme lo suficiente para adivinar mis tallas y mandar a alguien a comprarme ropa interior.
No, no, no. No iba a ser tan tonta para dejar que eso pasara de nuevo. No me iba a poner en las manos de nadie sólo porque mi otra opción era la calle. Ya estuve suficientes años sola entre extraños como para dejarme vencer de repente sin luchar. Iba a salir de ahí en ese mismo momento, sólo con mi mochila, nada de sus regalos.
Con mucho cuidado me puse de pie y volví a vestirme con algo de la ropa que era mía, después, guardé ahí las pocas cosas que había sacado y regresé todo lo demás a sus correspondientes bolsas… así podría devolver todo a las tiendas o tirarlo a la basura. La verdad no me importaba.
Caminé hasta la puerta y me detuve un instante a revisar que mi respiración fuera estable, al cabo de un par de minutos, lo logré y salí. Di cada paso en silencio con la esperanza de que nadie me viera, ni Sesshoumaru ni el señor Jaken, si es que no se había ido ya. Pero no tuve tanta suerte, en el instante en que salí del pasillo escuché su voz.
- ¿Te vas?
CoNTiNuaRá...
Hello!
Primero mil gracias a todos por sus reviews, favs y follows! Me hace muy feliz saber qué piensan!
Espero les haya gustado el cap! Disculpen el corte abrupto al final, pero no me pude resistir!
Una pequeña disculpa también por todos los "secretos" que hay en la historia, como el pasado de Lin o los detalles de la vida de Sesshoumaru. El momento de su revelación está fríamente calculado.
Muchas gracias a todas! Si tienen un segundo les pido un review para saber qué les pareció!
Bonita semana!
