SaFe & SouND
Acotaciones:
... Cambio de escena.
(Y ya saben todas a quién pertenecen todos los personajes! XD)
CAPÍTULO 16
Lin
Era medio día cuando Lin se bajó de un autobús sin saber muy bien dónde estaba o por qué lo había hecho. Desde que abandonó el departamento de Sesshoumaru en la madrugada, o muy temprano esa misma mañana, sólo se había movido. En cuanto llegó a la primera parada de autobús y notó gente esperando se quedó ahí y se subió a uno, después tomó un tren urbano y dio un par de vueltas en él antes de decidir bajarse y tomar otro autobús… ahora sólo sabía que estaba en la periferia de la ciudad en un barrio de clase media que jamás había pisado antes.
No tenía a dónde ir ni idea de qué hacer en ese momento. Llevaba aún la mochila sobre la espalda y el conejo abrazado al pecho. Ya había contemplado la posibilidad de volver a su estado natal para ir a visitar la oficina de su trabajadora social el día que cumpliera dieciocho años, pero aun faltaba algo de tiempo y no tenía ganas de volver a ese sitio.
Así recorrió las calles sin rumbo fijo ni un plan en mente. Quizás si pudiera encontrar un sitio dónde quedarse podría también buscar algún trabajo. Ahora que estaba más fuerte podría limpiar casas o lavar los platos en algún restaurante para ahorrar más dinero. Eso desearía hacer pero era muy consciente de que al estar sola otra vez su prioridad volvía a ser huir de todas las autoridades.
Un par de horas más tarde ya le dolían las piernas y la espalda, además, moría de hambre. Deseaba posponer eso de comer lo más posible pero no podría hacerlo por mucho más tiempo. Suspiró conteniendo las lágrimas que seguían amenazando con tomar el control y decidió que se arriesgaría y por lo menos esa noche rentaría una habitación, aunque después tuviera que despedirse de algo de comer cuando el dinero se le terminara.
Poco después llegó hasta un punto comercial en ese barrio de la periferia, se topó con un mercado de vegetales frescos y otras cosas, también con una explanada llena de árboles y una biblioteca pública… y como si el lugar hubiera estado llamándola desde el principio, también había un pequeño hotel con un gran anuncio que tenía los precios en exhibición, era muy económico y rentaban las habitaciones por día, semana o mes.
Ella sabía muy bien con cuánto dinero contaba y tenía hechos los cálculos de lo que gastaría en comida si lo mantenía al mínimo… al final decidió que podría darse el lujo de hospedarse una semana entera. La parte lógica de su mente le indicó que era un desperdicio y nada más se estaba aferrando con desesperación para no volver a dormir en la calle pero no fue suficiente para disuadirla, estaba aterrada de tener que cuidarse la espalda todo el tiempo.
Y así decidió ir y enfrentarse al mundo un día a la vez, el primer paso sería pedir una habitación… aunque tuviera que hablar, ahora sabía que podía hacerlo, su habilidad para comunicarse era una de las muchas cosas que Sesshoumaru le había regalado.
...
Esa misma noche Lin estaba sentada en su habitación. Era un cuarto pequeño con una cama individual de colchón duro y sábanas ásperas, tenía un baño pequeño, un tocador, una silla con una mesita de madera desgastada y un televisión vieja empotrada en la pared. Pero era mejor que estar en la calle.
El día había resultado tan bueno como pudo ser después de la manera tan horrible en que empezó. Había podido tomar valor y pedir una habitación, la anciana que era la dueña del hotel fue la primera persona con la que pudo hablar además de Sesshoumaru. También hizo una excursión al mercado que estaba cerca y compró algunas frutas, en una tienda en la siguiente cuadra compró algo de comida enlatada, una botella de agua y unas galletas de chocolate.
Para ese momento estaba muerta de hambre pero apenas se atrevió a tomar una manzana y dos galletas pues sabía que todo debería durarle el mayor tiempo posible. De momento tendría que engañar a su estómago bebiendo agua como lo hacía antes.
Por la diminuta ventana del hotel se colaba apenas la luz de la calle, la cortina empolvada era gruesa y de color café oscuro por lo que le daba la impresión de estar aislada. Se sentía más segura, pero también más sola. No tenía idea de qué horas eran y sentía que todo el cuerpo le dolía pero cada vez que había intentado dormir los recuerdos de la noche anterior la asaltaban y terminaba llorando y abrazándose a sí misma.
Todavía podía escuchar la voz de Sesshoumaru diciendo cosas que jamás creyó posibles, utilizando lo que sabía de ella para herirla deliberadamente. Ese ser que le hizo tanto daño no podía ser la misma persona que le salvó la vida y le dio todo para ser feliz… el que hizo el milagro de devolverle la voz y la confianza.
Pero no podía justificarlo con nada. Era muy capaz de tomar su parte de la culpa, el quererlo como lo hacía y haber intentado demostrárselo saltándole encima fue una estupidez… pero eso jamás sería suficiente para concederle el derecho de hacer lo que hizo.
Suspiró por milésima vez y sintió el nudo en la garganta que le anticipaba más lágrimas en esa noche que quizás no tendría fin. Así sólo pudo abrazar el conejo de peluche y dejar que todo fluyera, aunque a su paso la fuera destrozando cada vez más.
…..
El día siguiente fue otra lucha enorme. Después de lograr conciliar el sueño un rato cuando amaneció le costó mucho trabajo abandonar la cama. Lin sintió como si pudiera quedarse ahí para siempre, sin comer ni beber… sólo esperar hasta debilitarse y perder la consciencia para no seguir pensando en lo mismo.
Por eso, cuando pudo ponerse de pie, tomar un baño y arreglarse para salir sintió que había vencido el obstáculo más grande del mundo. Pensó en que debería buscar algún trabajo y fue directa a la biblioteca, si tenía suerte contarían con un panel de avisos clasificados o algo así.
Entró al edificio y notó que se trataba de un sitio simple, los estantes no eran muy altos ni estaban totalmente llenos, el muro del lado derecho era completamente de cristal y tenía algunas mesas y sillas, y el otro extremo tenía una pared descolorida con cinco computadoras antiguas, todas apagadas. También vio el mostrador y a la bibliotecaria que le sonrió un segundo antes de volver a fijar la atención en el libro que sostenía. Era una mujer de mediana edad y aspecto amable, eso la hizo relajarse un poco.
Lin se tomó su tiempo para inspeccionar el lugar y recorrer los pasillos, al final no fue capaz de encontrar algo que le fuera útil y ni se le ocurrió intentar tomar un libro para no llamar la atención. Estaba por retirarse cuando vio un pasillo al fondo y escuchó la voz amable de una mujer joven, no supo por qué, pero caminó con pasos silenciosos hasta estar muy cerca. Notó que el pasillo era corto y tenía cuatro puertas, dos a cada lado. Una de ellas estaba abierta y se asomó apenas lo suficiente para mirar dentro, ahí vio a un grupo de seis ancianos que escuchaban atentos a la mujer joven mientras les leía un libro. La escena la hizo sonreír de inmediato y deseó poder hacer lo mismo.
- Puedes intentarlo tú. –le susurró una voz masculina muy cerca y se asustó demasiado.
Con un movimiento casi violento se alejó y se llevó ambas manos al pecho. No tuvo voz para gritar, pero le hubiera gustado poder hacerlo. También deseó salir corriendo en un principio pero la mirada desconcertada y preocupada del chico que acababa de hablarle la detuvo.
- Lo siento. No quise asustarte. –se disculpó de inmediato él aún susurrando. – Ven, mi hermana se enoja si la interrumpo. –le aclaró señalando hacia el salón y luego dio media vuelta dirigiéndose a las mesas que estaban pegadas a la pared de cristal. Ella otra vez no supo por qué, pero lo siguió, aunque conservó la distancia.
Él se detuvo en el borde de una mesa y se recargó en ella, Lin vio que se trataba de un chico adolescente, debería tener más o menos su misma edad, portaba ojos y el cabello castaños que iban en sintonía con las pecas tenues que adoraban sus mejillas. Tenía las facciones finas y la expresión tranquila, en conclusión la joven pensó que no le representaba una amenaza en ese momento.
- En verdad lamento haberte asustado. –volvió a disculparse y luego le extendió una mano para saludarla. – Soy Kohaku.
Lin lo observó un segundo antes de respirar profundo y devolverle el gesto. Obviamente era lo más común del mundo pero para ella representó una batalla enorme que sólo ganó porque estaba decidida a seguir con su vida e integrarse al mundo real.
- Puedes decirme tu nombre. –sugirió él con algo de humor y le sonrió una vez más, ella tuvo que prepararse de nuevo antes de contestar.
- Lin. –susurró apenas pero muy orgullosa de sí misma por poder hacerlo.
- Mucho gusto. –su saludo fue breve y él siguió hablando como si fueran grandes amigos en lugar de un par de extraños. – Nunca te había visto por aquí, debes ser nueva. –hizo una pausa y ella asintió. – Mi hermana Sango les lee a los ancianos cuando tiene tiempo y cuando no, suelo hacerlo yo. Además a veces trabajo por las tardes en el mercado, no pagan mucho pero puedo hacerlo sólo cuando tengo tiempo libre de la escuela. –le explicó de repente y luego sacó un paquete de goma de mascar. – No se supone que tengamos esto aquí, pero creo que en realidad no importa. –se encogió de hombros y tomó una pieza, ofreciéndole otra a ella.
Lin la tomó de inmediato y le sonrió ante de asentir con la cabeza y ponerse entre los labios la golosina que sería su primer alimento del día, aunque no pensaba comérsela de verdad. En ese momento la voz de Sango dejó de escucharse y poco a poco se oyeron sillas moverse y otras personas hablando.
- Ya terminó por hoy. Menos mal porque muero de hambre. –se quejó Kohaku sonriendo aún. - ¿Cuántos años tienes? –inquirió de repente.
- Diecisiete. –respondió Lin haciendo acopio de todo su valor. Le daba un miedo terrible develar información personal pero pronto sería mayor de edad y si deseaba tener una oportunidad para hacer algo con su vida, tendría que aprender a responder preguntas… especialmente ahora que estaba sola de nuevo.
- ¡Yo también, acabo de cumplirlos! Te ves más chica, pensé que tendrías quince o algo así. –se encogió de hombros y luego le prestó atención a la mujer joven que iba caminando hacia ellos.
El parecido entre ambos fue muy evidente para Lin, la hermana de Kohaku debería tener pasados veinte años y se veía tan alegre como él. De inmediato los alcanzó y abrazó a su hermano, él tomó la mochila que ella llevaba y se la echó en los hombros. Lin no pudo evitar sentir melancolía.
- Ella es Lin, es nueva por aquí. –la presentó el chico y Sango de inmediato se acercó para saludarla.
- Soy Sango. Mucho gusto.
- Mucho gusto. –afirmó Lin en un susurro apenas y le estrechó la mano, fue mucho más fácil hacerlo con ella por el simple hecho de ser mujer ¿es que algún día podría superar su miedo hacia los hombres? De eso no tenía idea.
- Cuando tengas tiempo ven más temprano, Kohaku o yo les leemos a las personas mayores. Es divertido si te gusta leer.
- Demasiado divertido. –aclaró Kohaku en tono sarcástico y su hermana le golpeó el hombro.
- No lo escuches. –le pidió a Lin y la chica se rió.
- Puedes venir mañana y comprobar por ti misma lo fascinante que es. –ofreció él y Lin sonrió más.
- Ya, vámonos antes de que la espantes de verdad. –se quejó Sango y lo tomó de la mano. – Ha sido un placer conocerte, espero verte pronto de nuevo. –se despidió de Lin.
- Te veo mañana. –aseguró Kohaku marchándose con su hermana.
Lin se quedó quieta mientras ambos se fueron. Los vio pasar el umbral y perderse en la calle, en verdad no sabía si volvería a verlos o no, pero en ese momento estaba dispuesta a intentarlo por lo menos. Ambos parecían personas amables y normales, de seguro regresaban a un hogar con sus padres que los amaban… y bien podrían ser sus amigos mientras no le pidieran develar ningún secreto que la pusiera en riesgo.
...
Tres días después de conocer a Sango y a Kohaku, Lin ya se había acostumbrado a su presencia y a su amistad. Aprendió que sólo eran ellos dos luego de que sus padres murieran en un accidente tres años atrás, en ese entonces Sango abandonó la escuela y buscó un trabajo para poder ser la guardiana legal de su hermano, él ganaba el dinero que podía para ayudarla. Su relación era simple y abierta, no se guardaban secretos y convivían todos los días. A Lin le fue fácil encajar con ellos porque aceptaban su naturaleza callada y nunca hacían preguntas sobre la familia que no tenía ni la escuela a la que no iba.
La parte de conseguir dinero en cambio, no marchaba bien. Ella seguía ahorrando lo más posible manteniendo lo de la comida al mínimo pero todavía no lograba conseguir alguna fuente de ingreso. Había ido a preguntar una mañana en el mercado pero resultó que nadie necesitaba una ayudante y hasta ese momento no tenía más opciones.
Además estaba el hecho de que cada noche las pesadillas la atacaban sin clemencia. Algunas veces eran los recuerdos de su infancia, esos sobre la muerte de su familia y los del tipo que la tocaba, pero en otras ocasiones podía ver y sentir a Sesshoumaru muy cerca para después escuchar sus palabras hirientes y verlo echarla de su hogar una y otra vez. Nunca pudo dormir toda la noche y se encontraba agotada casi todo el tiempo.
Dentro de todo eso lo peor era sentir el fin de su semana llegar con demasiada rapidez. No deseaba volver a estar en la calle, tanto era su miedo que la pequeña habitación austera en la que se hospedaba ya le parecía el sitio más lujoso del mundo, sólo porque le daba un techo y una puerta con cerradura. Pero eso no duraría mucho más y a ese paso jamás podría costearse el lujo de rentarla por otra semana… entonces, si nada mejoraba… muy pronto volvería al frío y al terror.
Tanto era su miedo a hacer eso que a diario contaba el dinero que le quedaba e ideaba formas de comer menos para pagar otra semana de hospedaje, sabía que era nada más que posponer lo inevitable y en el proceso torturarse con el hambre… pero no podía evitarlo.
...
Lin POV
Dos semanas enteras habían pasado ya desde que dejé el departamento de Sesshoumaru y ésta sería la peor de las noches.
De alguna forma me las ingenié para estirar el dinero, más que nada a expensas de los alimentos, tanto así que ya había bajado algunos kilos y la ropa me quedaba floja… con eso conseguí pagar dos semanas enteras en el hotel y mantenerme presentable para que algunas personas en el mercado me dejaran hacer mandados a cambio de una paga pequeña. Pero nunca obtuve algo medianamente estable y hoy estaba sucediendo lo que tanto temí, era de noche y me encontraba en la calle sola con mi mochila y mi conejo de peluche. Ya no tenía un techo ni sabía cuándo volvería a gozar de ese lujo.
Sabía que lo más inteligente hubiera sido alejarme de ese sitio, tomar un autobús y ganar camino hacia el que era mi destino, mi estado natal, al cual debería volver pronto para pedir mis papeles al estado. Pero no lo hice, estaba sentada debajo de un árbol afuera de la biblioteca. Era media noche y todo estaba oscuro y en silencio, los únicos sonidos provenían de un grupo de muchachos que bebían en el otro extremo de la plaza, no me habían visto pero yo los vigilaba para correr de ellos si era necesario.
Tenía algo de frío y mucho miedo, sentía los ojos cansados por todas las lágrimas que derramé cuando salí del hotel con mis cosas y que eventualmente se terminaron dejando a su paso marcas en mis mejillas y nada más.
Estando así me pregunté qué sería de Sesshoumaru, si ya habría vuelto a su vida normal y se habría olvidado de mí. Tal vez estaría en Londres dando una conferencia o en su estudio creando una obra de arte… probablemente ya no se acordaría de mí como yo lo hacía de él.
- ¿Lin? –escuché una voz de hombre que me sobresaltó porque estaba muy cerca. Como mero reflejo me alejé y voltee a verlo con el corazón ya acelerado y todo mi cuerpo listo para correr. - ¿Qué haces aquí? –me preguntó sentándose a mi lado como si nada. En ese momento me di cuenta de que se trataba de Kohaku y eso me alivió.
Lo había visto a diario durante las últimas dos semanas, le había hecho compañía a él y a su hermana cuando les leían a los ancianos e inclusive fue él quien me ayudó a ganarme la confianza de las personas en el mercado para que me dieran diligencias.
- ¿Esperas a alguien? –cuestionó cuando yo no di signos de estar viva. Quise levantarme e irme porque aunque nunca antes me hubiera pedido explicaciones, esta vez lo estaba haciendo y yo no quería darle respuestas. Desafortunadamente los ojos se me llenaron con más lágrimas y no pude moverme. - ¿Estás bien? Voy de camino a casa, salí con unos amigos. Es tarde…
- Estoy bien. –le mentí en un susurro.
- En verdad, Lin, ¿qué haces aquí? ¿Quién va a pasar por ti?
- Nadie.
- ¿Entonces? Ven, te acompaño a tu casa ¿dónde vives? Es muy tarde para que andes sola por estos lugares.
- Vete. No te preocupes. –me abracé más al conejo y escondí el rostro buscado la fuerza para alejar a Kohaku que en ese momento me parecía un ángel guardián… aunque él no pudiera hacer nada por mí.
- Pues no te voy a dejar aquí sola. –se cruzó de brazos y frunció el seño, apenas podía verlo en la oscuridad de la noche pero noté en su voz que hablaba en serio. – Deja que te acompañe a tu casa. –me pidió de nuevo y yo me quedé en silencio unos instantes antes de recopilar el valor para hablar.
- No tengo a dónde ir. –confesé sin saber si estaba equivocándome.
- ¿Qué? ¿Te peleaste con tus padres o algo? –inquirió acercándose un poco, sentí como si estuviera a punto de abrazarme y me alejé apenas unos centímetros. Él me caía bien, en verdad lo apreciaba y sabía que era un buen chico… pero no estaba lista para ese tipo de contacto.
- No tengo familia. –murmuré.
- ¿Y dónde te estabas quedando? No puede ser que no tengas dónde dormir… -inquirió desconcertado, yo ya estaba a punto de llegar al límite y sentí que se me cerró la garganta, así que le señalé el hotel que se alcanzaba a ver a lo lejos. – Olvídalo, Lin, no puedes estar tú sola. Vienes conmigo a casa.
Sin dudarlo me tomó de la mano y se levantó llevándome con él. Al principio no pude hacer más que seguir su movimiento y me puse de pie también, pero cuando intentó halarme me quedé estática. No entendía lo que estaba pasando ¿por qué me querría en su casa? Apenas nos conocíamos hacía poco tiempo…
- No te resistas, si tengo que hacer venir a Sango para convencerte, lo voy a hacer.
Me amenazó muy serio y yo iba a buscar la forma de discutir eso pero en ese momento escuchamos risas altas y al voltear vi a los muchachos que se acercaban hacia nosotros con varias botellas de cerveza aún y semblantes que me asustaban demasiado. Como reflejo me aferré a la mano de Kohaku y cuando me guió de nuevo, no me resistí.
- No puedo creer que intentaras pasar la noche tú sola. –comenzó a hablar de repente mientras dejábamos a los extraños atrás. – Cualquier cosa le puede pasar en la calle a una chica como tú. No sé por qué estás sola, la verdad, pero puedes quedarte con nosotros el tiempo que quieras. Además, Sango no te va a dejar ir tan fácilmente. –hizo una pausa para reírse y yo quise contestarle algo, estaba conmovida por su gesto, pero sólo me quedé en silencio.
Las cuadras que recorrimos hasta su casa no fueron muchas, él habló un poco y yo miré sobre mi hombro todo el trayecto, preocupada porque alguien pudiera seguirnos, aunque no fue así. Cuando llegamos, él abrió la puerta y no me soltó la mano hasta que estuvimos dentro y se giró para cerrarla con llave, como si temiera que me escapara.
El lugar era pequeño, sala comedor y cocina eran un solo espacio abierto, pude ver tres puertas, una estaba abierta y era el baño, otra tenía un póster de la banda favorita de Kohaku y de la otra salió Sango vestida con una pijama negra con rosa.
- ¿Lin? Qué sorpresa. –me sonrió mientras el desconcierto se dibujaba en sus facciones, sentí que las mejillas se me teñían de rojo y en verdad desee escapar.
- Se va a quedar con nosotros. –le avisó Kohaku, yo me asusté un poco ¿no debería pedirle permiso antes?
- Mientras no pretendas que sea en tu habitación… -lo regañó Sango y yo di un paso hacia atrás en forma automática.
- Da lo mismo. –se encogió de hombros y fue hacia la cocina para abrir el refrigerador.
- ¿Lin, saben en tu casa que estás aquí? –me cuestionó Sango de repente, yo quise que la tierra se abriera y me tragara para siempre. Sabía que develar información a los adultos era peligroso, siempre existía el riesgo de que decidieran hacer lo "correcto" y llamaran a servicios sociales.
- No creo que quiera esas preguntas ahora. –habló Kohaku yendo hacia su habitación con una manzana en la mano, eso me recordó que moría de hambre, pero en ese momento tenía cosas más importantes que resolver.
- Lin, puedes quedarte. Eres bienvenida, pero tengo que saber qué está pasando. No quiero tener a tu madre aquí con la policía acusándome de secuestrarte o algo así. Vamos a cenar y me explicas qué sucede. Estaba por servirme chocolate caliente y pie de manzana ¿quieres?
Su amabilidad mezclada con la más absoluta autoridad me desconcertó y me hizo sentir más niña que nunca, así que sólo asentí y la seguí para sentarme en el comedor pequeño. Ninguna de las dos habló mientras Sango sirvió tres tazas de chocolate y tres platos con pie de manzana, luego, se sentó frente a mí y comenzó a cenar con calma, yo hice lo mismo mientras disfrutaba de que algo llenara el hueco en mi estómago y me preparaba para contestar a sus preguntas de la mejor manera posible.
- ¿Y bien?
- Hace años que vivo sola. No tengo familia. –hablé entre un bocado y otro intentado hacerlo lentamente aunque ese pie me parecía lo más delicioso que hubiera robado jamás. Suspiré y dejé el tenedor por un momento, ella aún intentaba asimilar lo que acababa de decirle y decidí que era mi oportunidad para explicarle las cosas… y para marcharme quizás. – Me hospedaba en el hotel al lado de la plaza pero ya no tengo dinero para pagarlo. Iba a pasar la noche en la calle pero Kohaku me vio y me trajo con él. Puedo marcharme, estoy acostumbrada. Sólo evito a servicios sociales.
- ¿Estás acostumbrada? ¿A pasar la noche en la calle? Por supuesto que no lo vas a hacer. –su reacción me asustó un poco, acababa de alzarme la voz sin darse cuenta y yo no sabía qué esperar. – Lo siento. Es que… no sé cómo puedes hacerlo… pero no lo vas a hacer, no más. Te vas a quedar aquí. Mi cama es grande, podemos compartir habitación.
- No tienes que hacerlo. –le aclaré intentando dejarle abiertas todas las opciones y no forzarme dentro de la vida de alguien, no otra vez, no como con Sesshoumaru. Jamás podría soportar perder otra familia cuando ya no me quisieran con ellos.
- Lin, cuando mis padres murieron la trabajadora social me habló de cómo funciona el sistema. Me contó de los centros juveniles… de cómo más que hogares para los adolescentes, son como correccionales… y también me dijo de lo que sucede en los hogares temporales. Me asustó tanto que decidí hacer lo que fuera necesario para conservar la custodia de Kohaku y evitarle eso, jamás lo desearía para ti tampoco, por eso entiendo que no quieras ir con trabajo social. Pero la calle no es una opción mejor.
Su conocimiento me asombró. Nunca me había topado con alguien que ya supiera la realidad de las cosas y que lo entendiera tan bien. Eso me daba tranquilidad, por lo menos ella no iba a entregarme a las autoridades. Pero aún así no estaba segura de que quedarme fuera lo mejor. Además, se había equivocado en algo… la calle sí era una mejor opción que un hogar temporal.
- ¿Qué hay para cenar? –habló Kohaku saliendo de su habitación con la pijama puesta. – Muero de hambre. –llegó a la mesa y se sentó para empezar a comer como si fuera la noche más normal del mundo, Sango hizo lo mismo y yo sólo los miré sin saber qué hacer.
- Quédate esta noche. Mañana podemos hablar. –me dijo ella y sonrió.
Su gesto estaba lleno de sinceridad y no pude evitar devolverle la sonrisa y asentir. Por una noche no pasaría nada malo y estar bajo su techo me daba tranquilidad… aunque fueran sólo unas horas más.
Fin Lin POV
...
Lentamente la vida de Lin fue encajando con la de Kohaku y Sango con el paso de los días que se convirtieron en semanas. Al principio se ofreció a hacer las labores de la casa y luego, cuando tuvo algo de suerte, Kohaku la presentó con una mujer que vivía cerca en una de las pocas casas lujosas del rumbo y necesitaba ayuda para hacer el aseo, eso le dio un trabajo estable.
Acudía tres veces por semana y era algo sencillo, nada más que desempolvar y limpiar un poco. En la casa vivían tres niños pequeños, su madre y abuelo, quien tenía una enfermera cuidándolo siempre, así que Lin podía estar tranquila ahí. Estaba contenta de tener un pequeño ingreso de dinero pero también se decepcionó un poco de que los planes que tuvo para estudiar, esos que Kagome le mostró, ya no fueran a realizarse, sin embargo descubrió algo nuevo, le gustaba enseñar.
En el pasado cuando estaba presente durante las clases de su amiga nunca se planteó la posibilidad de contribuir con algo por el simple hecho de que implicaría hablar pero ahora que estaba más acostumbrada a hacerlo y se pasaba las tardes a solas con los niños, pudo ser capaz de explicarles cosas y ayudarlos con sus tareas. Se le daba bien y ellos parecían contentos, tanto así, que eventualmente su madre lo notó y le pagó un poco más por darles clases de manera formal.
Su vida estaba en paz y eso la mantenía contenta la mayor parte del tiempo, sin embargo, cuando estaba sola y sin nada que hacer su mente le ponía trampas y le plantaba enfrente los recuerdos de Sesshoumaru, los buenos y los malos. Siempre terminaba con los ojos llenos de lágrimas y unas ganas inmensas de verlo… deseaba abrazarlo y gritarle… perdonarlo y hacerlo sentir lo mismo que ella experimentó con sus palabras hirientes.
Pero era muy consciente de que nunca volvería a verlo… y eso siempre fue lo que la lastimó más.
Conforme el tiempo avanzó y su cumpleaños dieciocho se acercó más y más tuvo que enfrentarse a una decisión crucial. Necesitaba ir y conseguir su libertad, quería que le entregaran sus documentos y obtener una identificación, pero le daba mucho miedo hacerlo. Parecía tonto lo difícil que le resultaba la idea de caminar dentro de una oficina de gobierno y solicitar algo, pero estaba aterrada de hacerlo. Su parte irracional temía que la detuvieran dentro y la metieran en un hoyo negro por lo que le había hecho al hombre que abusó de ella. Siempre se había preguntado si él estaba muerto y si la culparían por ello.
Entonces, cada vez que pensaba en tomar un autobús, reclamar sus cosas y volver, no lograba decidirse, siempre consideraba su otra opción, vivir como un fantasma por siempre. Pero eso tampoco le gustaba nada. Al final jamás era capaz de decidirse y sólo lo postergaba.
Una de las tardes que tenía libres acompañó a Kohaku a la biblioteca, era su turno de leer a los ancianos porque Sango estaba trabajando. Lin por lo general se quedaba para escuchar pero descubrió que las computadoras estaban encendidas y decidió ir y distraerse un rato ahí. Lo primero que hizo fue abrir su correo electrónico y lo que vio la dejó pasmada.
Toda su bandeja de entrada estaba llena de mensajes de Sesshoumaru. Uno por día, mínimo, en ocasiones le mandó varios, uno justo después del otro. No supo qué pensar y no deseaba nada más que leerlos pero era muy consciente de que en el momento en que comenzara, lloraría, y no iba a hacer un espectáculo de sí misma.
Por eso prefirió ir con la bibliotecaria y pedirle permiso para imprimir algunas cosas, la mujer amable le dio libertad completa y entonces los abrió uno a uno sólo para imprimirlos sin saber que esa era la pista que Sesshoumaru necesitaba para encontrarla.
CoNTiNuaRá...
Hello! Primero mil gracias a todos por sus reviews, msjs, favs y follows!
Parece que en realidad Lin se enfrenta un poco mejor a la situación?
Nos leemos el próximo domingo, el cap se llama "Búsqueda".
Bonita semana para todas!
