Los personajes no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación de la novela Inocencia Perdida de Diana Hamilton.


Inocencia Perdida

Diana Hamilton

Capítulo III

Los labios de Sakura eran más suaves y dulces de lo que se había imaginado en sueños. Habían sido un desafío para su ego de macho.

Mientras el cuerpo de Sasuke se llenaba de la fuerza de la pasión, sentía una profunda respuesta de placer en ella, o en él, no estaba seguro, puesto que una ola de deseo había tensado todos los músculos de su cuerpo masculino y no podía distinguir entre sus sensaciones y las de ella.

Los labios de Sakura se abrieron y él la besó más profundamente. Luego deslizó sus manos hacia sus pechos. Y, ¡Dios santo!, ¡eran tan hermosos!, pensó. Pequeños, redondos, pezones erguidos, perfectos.

Los suaves suspiros de placer de Sakura finalmente penetraron el rojo velo de deseo que nubló su cerebro. Sasuke se quedó quieto, mientras sentía que la dulce boca de Sakura se aferraba a la suya, que sus pequeñas manos se deslizaban hacia arriba y que se entrelazaban con sus cabellos, atormentándolo.

El dejó escapar un profundo suspiro.

¿Qué diablos estaba haciendo?, pensó.

Era un estúpido.

Sasuke se puso derecho y se apartó de ella, de una tentación irresistible, desesperado por recuperar el control.

No se atrevió a mirar sus ojos verdes sorprendidos, y se dio la vuelta para ocultar la evidencia de su dolorido sexo erecto.

—El vino... —dijo él con la voz cargada de deseo aún.

Había sido un desastre. Unos segundos más y le habría hecho el amor allí mismo, en el sofá. ¡Y la pequeña Sakura se merecía algo mejor!

Las manos de Sasuke temblaron mientras sirvió el vino.

Por primera vez en su vida se despreció. ¡Hacía tanto tiempo que no estaba con una mujer que se estaba convirtiendo en un animal!

El alcohol no era buena idea en su estado. Pero si se apartaba de Sakura en aquel momento, como le ordenaba su sentido común, ella se habría dado cuenta de que lo que le había sucedido a él había sido catastrófico.

Debía actuar como si aquel beso no hubiera significado nada para ninguno de los dos. Ni siquiera se disculparía diciéndole que era mejor olvidarlo.

Sakura estaba en estado de shock. Su cuerpo estaba ardiendo.

¿Por qué la había besado? ¿Por qué había dejado de besarla?

¿No se había dado cuenta que ella no deseaba que dejara de besarla?

Aquel beso había sido mágico. ¡Y ella lo había estado deseando desde el momento en que lo había visto! ¿No lo sabía él?

Por supuesto que sí. Solo que se había propuesto festejar fraternalmente su cumpleaños. ¿Por pena hacia la pobre chica de la limpieza?

¿Y ella qué había hecho? ¡Prácticamente se lo había comido vivo!

Y, para empeorarlo, él le había tocado los pechos...

Y ella, en aquel estado de delirio, ¡habría hecho cualquier cosa que le hubiera pedido Sasuke! ¡Pero él, en cambio, se había apartado, en estado de shock, y ella se había sentido humillada y ridícula!

Una lágrima se deslizó por su mejilla y cayó en un pétalo de la camelia. Ella se borró la lágrima con el dorso de la mano.

Sasuke se había dado la vuelta. Tenía dos copas en la mano. Estaba muy frío, pensó ella.

No podría soportar la idea de que Sasuke la tomase por una desvergonzada, que realmente estaba dispuesta a desnudarlo.

Miró a Sasuke y notó que sus facciones estaban relajadas. Una sonrisa amable se dibujó en su boca sensual. Se acercó a Sakura y le dio una copa de vino. Él se sentó en una esquina del sofá con su copa en la mano. Estiró las piernas y las cruzó a la altura de los tobillos, lo más lejos posible de Sakura, sin mirarla, como si quisiera evitar el más mínimo contacto.

—Podrías haber invitado a familiares o amigos esta noche para celebrar tu cumpleaños, Sakura —le comentó, tratando de que su voz no dejara entrever las ganas que tenía de volver a besarla, de acariciarle el cabello, de explorar su delicioso cuerpo, de poseerla.

Sasuke se acomodó, incómodo, intentando borrar la punzada de sexo de su mente y su cuerpo.

—Puedes tener visitas fuera de horas de trabajo. Ni Tsunade ni yo queremos que te sientas en una prisión mientras estés trabajando aquí.

Sakura se sintió aliviada. Agradecía que no hiciera ningún comentario acerca de su comportamiento. Al parecer, Sasuke había vuelto a la relación empleada-jefe y no podía quejarse, si quería conservar algo de dignidad.

—Gracias. Pero no tengo a nadie a quien invitar—contestó Sakura.

Al ver su cara de compasión, Sakura deseó haberse tragado sus palabras. No quería que sintiera lástima por ella.

Sin saber qué hacer, Sakura bebió un sorbo de vino. No era vino barato, como el que su madre y ella habían compartido en otras ocasiones.

— ¿A nadie? Perdona, Tsunade me dijo que habías perdido recientemente a tu madre, pero... ¿y tu padre y hermanos?

—No tengo hermanos. Mi familia solo hemos sido mi madre y yo.

El aparentar que no había habido beso alguno era una experiencia sofisticada y difícil para ella, pero al menos le permitía salvar su orgullo.

Sasuke se inclinó hacia adelante con la copa de vino en la mano, y preguntó:

—¿Y tu novio?

No era asunto suyo, pero apostaba cualquier cosa a que debía de tenerlos a montones, pensó Sasuke. A pesar de sus ingenuos ojos verdes, el aura de vulnerabilidad que despedía, no era tan novata en el sexo. Se había excitado hacía un momento, y había estado más que deseosa de besarlo.

¡Podría haberla hecho suya allí mismo!

—No tengo novio —Sakura bajó la mirada.

El la miró con los ojos brillantes, como si ella hubiera hecho algo malo. Pero Sasuke solo quería conversar amablemente y decirle que podía invitar gente a la casa. Estaba demostrándole que era un caballero.

— ¿Quieres decir que no tienes novio en este momento? —preguntó Sasuke, sin saber por qué insistía tanto en ese tema.

Sakura bebió vino. Sasuke estaba muy sexy. Un verdadero hombre. Ella hubiera deseado que le diera la oportunidad de decirle buenas noches, gracias por el vino, y poder marcharse a su habitación. ¿Por qué insistía en preguntar por su vida amorosa? Si no podía estar interesado en ella...

Sasuke era rico, guapo, un exitoso hombre de negocios... No podía querer tener una relación con una don nadie como ella.

Probablemente quisiera controlarla un poco en ausencia de su verdadero jefe.

De pronto pensó que después de lo que había sucedido entre ellos, Sasuke debía de pensar que ella sería capaz de invitar a cualquiera a su cama.

La idea la hizo sentir descompuesta.

—Nunca he tenido novio —dijo ruborizada.

Sus compañeras de colegio le habían tomado el pelo por ello. Su madre no había querido que hiciera amistades fuera del colegio y, además, a ella no le había interesado tener novio. Le bastaba la experiencia de su madre para saber lo que podía resultar de una relación con un hombre.

—Dejé de estudiar para cuidar a mi madre. Estaba gravemente enferma. Tenía un cáncer que no podía operarse e iba a morir. En la etapa final de la enfermedad podría haber ido a un hospicio, pero ella no quería, y yo tampoco. La cuidé yo. Y no me dejaba tiempo para hacer relaciones sociales. Así que no se preocupe —respiró profundamente—. No voy a poner un cartel para que los hombres hagan cola a mi puerta.

Dicho aquello, Sakura dejó la copa en la mesa y le deseó buenas noches con frialdad.

Nunca había sido tan contundente en su vida. Pero estaba enfadada con Sasuke Uchiha.

Sakura lo había puesto en su lugar. Era una experiencia nueva para él. Le gustaba el desafío que suponía. Pero no iba a aceptarlo.

Le había dicho que nunca había tenido novio, ¿sería cierto?

Al principio, se había sentido impresionado por su aura de inocencia. Luego, cuando la había besado, había cambiado de opinión. Su reacción le decía que no era la primera vez.

Ahora que lo pensaba, se daba cuenta de que había habido pequeñas señales... Y si hubiera querido poseerla allí mismo, ella lo habría dejado.

¿Era tan inocente como parecía?

Miró el movimiento de su trasero mientras subía las escaleras, y pensó que no. Definitivamente, no.

Una chica tan encantadora habría tenido montones de chicos rondándola desde la pubertad.

Sasuke bebió su vino y trató de relajarse. ¿Qué importaba que Sakura fuera sincera o no? Si él volvería a China en dos semanas y ella desaparecería de su vida... Aunque en realidad Sakura era una empleada temporal, así que no formaba parte de su vida ni lo formaría.

Era diferente a las mujeres con las que él solía salir. Y muy sexy.

Se sirvió otra copa de vino, se quitó la chaqueta y la corbata y se desabrochó los botones de arriba de la camisa.

Estaba extraordinariamente acalorado.

Debía concentrarse en lo verdaderamente importante: en Anko. Debía abrir los ojos de Kakashi antes de que Anko estuviera en Japón y se comprometiera con él. Después, sería imposible.

Miró la punta del libro que Sakura debía de haber metido detrás de un cojín. Juró entre dientes.

Se había olvidado del tema del libro. Frunció el ceño nuevamente al ver el título del libro. Tenía un título extraño.

Sakura no debía de haberse dormido aún. El libro le daría la oportunidad de dárselo con cortesía, y de hacerle saber que entre ellos no había ningún sentimiento, ni de rencor ni de ningún otro tipo, y cerrar definitivamente la historia entre ellos.

Sakura se dio una ducha rápida y se puso el albornoz.

Su ropa estaba aún apilada en el suelo. Ino y ella habían recibido instrucciones de llevar su ropa sucia todas las tardes al lavadero, para que la señora Senju se ocupara de ella a primera hora de la mañana y evitar que se acumulase.

Sakura la empujó debajo de la cama.

Fue a buscar el colgante que le había dejado su madre, regalo de Kakashi. Lo agarró con manos temblorosas de donde lo había dejado, un lavamanos antiguo que servía de comodín. Desde que se lo había dado su madre, siempre lo llevaba puesto, por razones de seguridad.

Pero en aquel momento sintió rechazo a volver a ponérselo.

Se dio cuenta de lo cerca que había estado de caer en el mismo error que su madre. De hacer el amor con un hombre inalcanzable, de seguir por el camino de la desdicha.

Envolvió el colgante en un pañuelo de papel y lo metió en el fondo de un cajón. Se quedó aferrada al mueble con el corazón latiéndole sin cesar.

Hubiera sido tan fácil... Si Sasuke hubiera querido hacerle el amor ella no habría podido pararlo. No habría querido hacerlo. Y aunque era estúpido, su cuerpo aún lo añoraba. Sus pechos estaban sensibles a su tacto y tenía un ardiente calor entre sus piernas.

El solo recuerdo del calor de su lengua en su boca, las caricias en sus pechos moldeándolos, la hacía derretir de deseo.

Debía dejar de fantasear. Solo había sido un beso, ¡por Dios! Para él no había significado nada. Y encima, su reacción hacia él en lugar de excitarlo le había hecho echarse atrás.

Entonces, ¿por qué un solo beso le hacía perder la sensatez que siempre la había caracterizado?

¿Porque tenía veinte años y jamás había tenido novio y sus hormonas le estaban advirtiendo que era hora de que lo tuviera?

Pero había sido muy distinto de cuando la habían besado por primera vez... Había sido Neji Hyuuga, el guapo de la clase, por el que todas las chicas suspiraban. La había acompañado a casa una vez. A ella no le había importado conversar con él, pero cuando la había agarrado y la había besado, ella solo había sentido rabia... ¡Al contrario que sus compañeras, que se habrían puesto locas de alegría!

Neji se había querido imponer, pero ella le había intentado pegar, y al menos había logrado que perdiera el equilibrio. El gesto de disgusto de Sakura y su actitud con él había sido suficiente como para que Neji dijera a todo el mundo que Sakura era una frígida, e hiciera otros comentarios sobre ella igualmente desagradables.

Al parecer, el modo en que Sasuke Uchiha la había hecho sentir era un enigma.

Ella había ido a esa casa para descubrir la verdad sobre su padre, pero había descubierto algo más. Había descubierto que, al igual que su madre, podía ser una víctima de la lascivia.

Molesta consigo misma, se cepilló el pelo con energía.

Estaba conteniendo el llanto cuando, de pronto, golpearon la puerta.

Debía de ser Ino, que había vuelto a casa.

Sakura abrió la puerta con una sonrisa forzada.

Era Sasuke. Y lo peor era que no podía dejar de mirarlo.

Tenía el cabello despeinado, como si hubiera estado pasándose los dedos por la cabeza. Le daba una apariencia descuidada y peligrosa. Se había quitado la chaqueta y tenía la camisa blanca abierta en el cuello. Su torso era perfecto, a juzgar por lo bien que se ajustaba la prenda a él.

¡Y tenía ese maldito libro en la mano!

El silencio entre ellos fue eléctrico. Sasuke miró sus labios temblorosos.

—Te has olvidado el libro —dijo Sasuke, acercándose.

¿Tenía idea del efecto que ella tenía en él?, se preguntó Sasuke.

Se notaba que debajo de ese albornoz Sakura estaba desnuda. El cinturón estaba apretado en su estrecha cintura.

Sus pechos erguidos empujaban la tela, y la abertura revelaba el rocío de sudor del valle que había entre medio de ellos. Él se imaginó sorbiendo aquella humedad e intentó quitarse aquella imagen de la mente, pero no pudo.

Aquella mujer lo tentaba y excitaba como ninguna otra, simplemente con estar allí delante. No tenía necesidad de los calculados gestos femeninos a los que cínicamente se había hecho inmune.

Debía haber dejado el libro donde lo había encontrado. No tendría que haber ido a su habitación, pensó.

Le entregó el libro.

Ella dio un paso atrás y él oyó el roce de la tela al moverse cuando sus dedos se rozaron. La sensación fue eléctrica, y el libro se cayó al suelo.

Después de un momento de silencio, los dos se agacharon para recogerlo.

El cabello de Sakura cayó sobre su cara, y los pálidos rizos se curvaron sobre su cuello. El borde del albornoz se abrió.

Sasuke se excitó involuntariamente. Miró la curva de su muslo suave y extendió la mano. Le rodeó la cintura.

Luego la hizo levantar y la apretó contra su cuerpo. Aspiró la fragancia a jabón de su piel, sintió el calor de su cuerpo a través de la tela. Y no pudo resistir la tentación: bajó la cabeza para besarla.

Sakura se sintió como si se quemase viva. Sus piernas se debilitaron, como si fueran de barro. Se apretó contra él y se derritió de placer. Cuando sintió la dureza de su excitación masculina, no pudo controlar más su reacción. Y cuando él deslizó su lengua por entre sus labios entreabiertos, ella se abandonó por completo a aquella sensación.

¡Si aquello era lo único que conocería de la gloria, estaba dispuesta a aceptarlo! Los arrepentimientos quedarían para más tarde, cuando llegase la luz del día.


Sinceramente esto fue algo muy tierno y muy intenso porque ya se imaginan lo que pasará, espero muchos reviews.

Elaine Haruno de Uchiha