Los personajes no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación de la novela Inocencia Perdida de Diana Hamilton.


Inocencia Perdida

Diana Hamilton

Capítulo IV

Sakura se despertó de su turbulento sueño mucho antes de la madrugada. Contuvo el aliento y se apartó del tibio cuerpo desnudo de Sasuke.

Le dolía el cuerpo y cada milímetro de su piel le quemaba por sus besos. Pero eso no era nada comparado con el dolor de su corazón.

Las imágenes eróticas se agolpaban en su mente. Imágenes de las caricias de Sasuke en su deseoso cuerpo, de sus labios, de sus manos volviéndola loca. Y su reacción inmediata, salvaje, desvergonzadamente abandonada a su deseo. La había vuelto loca de deseo. Le había rogado con impaciencia:

—Ámame... ¡Por favor, ámame!

Ahora esas imágenes la atormentaban.

—Te deseo... ¡Cómo te deseo! —le había dicho él.

Y la había poseído.

Cuando ella había gemido de dolor, Sasuke había parado y ella se había movido frenéticamente contra él, invitándolo a que se adentrase más profundamente. Porque no quería que parase. Por nada del mundo.

Y entonces tampoco Sasuke había podido frenar su desbocado deseo. Le había agarrado el trasero, y con la respiración entrecortada se había internado más profundamente, eróticamente, suavemente. Y Sakura se había sumergido en un placer trascendente, al margen de todo, excepto del delicioso goce del acto de hacer el amor.

Hasta que su cuerpo había explotado en un cataclismo de éxtasis que la llevó a la cima del placer junto con él.

Sasuke la había abrazado, lo recordaba.

Ahora intentaba reunir el coraje para recordarle que debía marcharse a su habitación antes de que alguien se despertase.

No habían hablado durante aquella unión perfecta. Sasuke solo la había abrazado y le había acariciado el cabello en la oscuridad hasta que ella se había quedado dormida.

Pero no había dormido relajadamente.

¿Qué iba a pensar de ella? Era terrible imaginarlo.

Apenas lo conocía y ya se había acostado con él. ¡Se había portado como una cualquiera!

Le había rogado que la amase, pero el amor no entraba en aquel lote. Sasuke había hecho el amor porque ella debía de haberle enviado las señales adecuadas.

Así que no podía culparlo. Cualquier hombre habría aceptado algo que se le ofrece en bandeja.

Era como su madre.

Hana Haruno había hecho el amor con un hombre inalcanzable y no había medido las consecuencias, viviendo solo para la siguiente vez que viera a su amante secreto.

Así que tal vez no debiera culpar a su padre por lo ocurrido, después de todo. Tal vez no hubiera sido lo suficientemente fuerte como para rechazar algo que se le ofrecía abiertamente.

Sakura se estremeció al pensarlo. En aquel momento Sasuke se movió y preguntó en chino:

¿Tienes frío, cariño? Ven a mi lado. Yo te daré calor.

—No creo que sea buena idea —se apartó Sakura, avergonzada.

No había nada que deseara más que volver a hacer el amor con él, pero no podía hacerlo.

—Solo quiero hablar contigo. Te doy mi palabra de honor —le aseguró Sasuke.

Tiró de ella y la apoyó en las almohadas. Luego la tapó con las mantas.

Sakura deseaba desaparecer de la faz de la tierra.

Seguramente Sasuke le haría prometer que no contaría nada a nadie sobre lo que acababa de ocurrir.

No querría que nadie supiera que el respetado y rico hombre de negocios se había acostado con la humilde mujer de la limpieza.

Y ella no podía decirle que era la hija de un miembro de la realeza.

No podía decírselo a nadie hasta que no se lo dijera a su padre, y tal vez ni siquiera entonces. Porque tal vez Kakashi no quisiera que le recordasen indiscreciones de su pasado, o le dijera que no quería saber nada de ella.

Además, cuando se enterase Sasuke la odiaría por ser la hija, fruto del engaño de Kakashi a su querida tía.

Sasuke se apoyó en un codo.

Sakura esperó a que Sasuke le dijera algo horrible. La luz del amanecer entró por la ventana de la pequeña habitación.

—Tengo que marcharme. Tsunade se levanta temprano y no quiero comprometerte —dijo él.

Sakura estaba a punto de llorar. Era un verdadero caballero. No la trataba como a una ramera. Sino que estaba pensando en ella.

Sasuke le quitó un mechón de pelo de la frente y le agarró la barbilla.

—Eras virgen, Sakura. Debería lamentar lo que sucedió, debería disculparme, pero, sinceramente, no puedo. Fuiste tan... —hizo una pausa, como si su aptitud para hablar japonés lo hubiera abandonado. Deslizó la mano por el cuello de Sakura y le dijo— Fue sensacional...

Sus caricias, su fragancia, su belleza… la mareaban.

Ella hubiera deseado abrazarlo y decirle que lo amaba. Volvió a excitarse. Pero sus siguientes palabras la enfriaron.

—Como esta ha sido tu primera vez, no creo que hayas usado nada para protegerte.

Ella lo miró con la boca abierta.

—Me refiero a protección contra un embarazo.

Sakura se quedó sin palabras, y negó con la cabeza. Estaba demasiado avergonzada de su comportamiento como para decir algo.

—Yo tampoco me puse nada. Es inexcusable. Podrías estar embarazada, Sakura. Es algo en lo que los dos tenemos que pensar.

Oyó el roce de tela de la ropa de Sasuke mientras este se vestía. Sakura sintió ganas de llorar.

—Tenemos que hablar más detenidamente de este tema. Mientras tanto, prométeme que no te preocuparás —dijo Sasuke antes de abandonar la habitación.

Sakura jamás se había sentido tan sola.

¿Cómo no se iba a preocupar? La historia podría repetirse y su vida ser un desastre, igual que la de su madre. ¿Cómo podía no preocuparse?

.

Sasuke se dio una ducha rápida, se cambió de ropa y salió de la casa en la madrugada de primavera.

Un paseo lo ayudaría a aclarar su mente y a poder estar seguro de las decisiones que empezaban a tomar forma.

Luego, como solía hacer, actuaría.

.

— ¡Para algunos está bien! —exclamó Ino mientras comía un huevo con salchichas.

Ino vio a Sasuke por la ventana de la cocina y miró. Era normal que mirase. Era tan guapo que cualquiera hubiera mirado. Con aquel vaquero y aquel jersey grande estaba muy atractivo.

Sakura sintió un malestar en el estómago.

Desde que había decidido bajar a desayunar su estómago estaba revuelto. Sentía náuseas por momentos, como si se tratase de las náuseas de un embarazo. La preocupaba que pudieran ser el resultado de lo que había sucedido la noche anterior.

—Tienes que admitirlo, es un tío bueno de verdad - dijo Ino, tomando una tostada con mermelada. Sakura no había podido tomar nada prácticamente.

—El señor debe tener hambre -dijo Tsunade. Y se levantó de la mesa.

De pronto Sakura pensó que si la historia se volvía a repetir...

— ¿Está casado? —preguntó de pronto Sakura en voz alta, cuando no había sido su intención hacerlo.

— ¡No! —exclamó Tsunade—. Una vez, cuando le dije que era hora de que asentara la cabeza, me dijo que por qué iba a tener que contentarse con una flor cuando podía tener un ramo —Tsunade chasqueó la lengua—. Sin embargo, algún día le llegará el momento.

— ¿Estás fantaseando con la posibilidad de ligártelo? - exclamó Ino— Olvídalo. Si hubiera alguna posibilidad, yo me lanzaría de cabeza. Pero supongo que elegirá a una de su clase. Una mujer fantástica, con pedigrí y mucho dinero. No se contentará con menos.

¡Como si necesitase que se lo recordasen!, pensó Sakura.

Se excusó y se marchó.

.

Sasuke entró en la casa por la zona de servicio. Se quitó las botas de andar y se puso unas zapatillas. La casa olía a beicon y huevos. Pero cuando había entrado se había sentido tan decepcionado que temió volverse loco.

No había rastro de Sakura. Solo un plato con una tostada a medias, donde debía de haber estado comiendo. Tsunade estaba haciendo café. Ino estaba comiendo la última que quedaba en la panera. El mono marrón le tiraba en las costuras.

Hasta con el mono de trabajo Sakura le parecía sexy, pensó Sasuke, recordando su imagen, cuando recuperó la cordura y se le pasó la frustración por no encontrarla. No veía la hora de hablar con ella, pero podría hacerlo a la hora de la comida.

—Aprovecha ahora, Ino —le dijo Tsunade a Ino. Tenía el café en una mano y la panera llena de tostadas recientes—. Sakura es muy dura para esto. Y no quiero venir y encontrarte cotilleando y perdiendo el tiempo.

Sasuke se reprimió una sonrisa cuando Ino puso los ojos en blanco y se puso de pie.

—Trabajaré esta semana completa y luego lo dejaré. Este trabajo es muy aburrido, y no estoy acostumbrada a que me traten como a una niña. Mi novio quería ir a una discoteca anoche, pero no pudimos. Me propuso no venir a dormir aquí. Me podría haber quedado en su casa. Me propuso que os dejase colgados. Pero le comenté que no me pagarían si no trabajaba toda la semana. Y no pienso limpiar suelos gratis.

Miró a Sasuke con la cara roja, como buscando su aprobación. A él le venía bien que se marchase Ino. Era perfecto para sus planes.

—Lamentaremos perderla, Ino. Parece tenerlo decidido, así que no le insistiré en que se quede —dijo Sasuke.

Ino se marchó de la cocina.

— ¡Esa chica es tan poco de fiar como el resto de su familia! El señor Kakashi espera que la casa esté reluciente cuando vuelva con su prometida. Sakura es trabajadora, pero no puede hacerlo sola, ni siquiera ayudándola yo. Y es tarde para poner otro anuncio.

—Relájate, Tsunade. Siéntate, ¿quieres? —Sasuke le hizo señas hacia la silla que estaba frente a ella y empezó a comer el beicon de su plato.

Tenía apetito a pesar de los fantasmas y remordimientos que lo habían acompañado por la mañana temprano.

Pero había hecho frente a esos fantasmas. No había excusa que justificase su comportamiento.

Pero al menos ya sabía qué debía hacer.

—Déjamelo a mí —le dijo a Tsunade.

Y cuidadosamente le habló de las decisiones que había tomado. Tsunade alzó las cejas al enterarse de cuáles eran los planes de Sasuke para Sakura.

Media hora más tarde había puesto en funcionamiento la primera parte de su plan. Una pareja de limpiadoras se presentaría al día siguiente por la mañana.

Lo único que le quedaba por hacer era informar a Sakura de los cambios en el servicio doméstico. ¿Acaso no le gustaban los desafíos a él?

Subió las escaleras y se dirigió a la habitación donde estaban trabajando las muchachas, guiado por la risa fuerte de Ino. Estaban en el dormitorio principal.

La puerta estaba abierta. Al acercarse oyó decir a Ino en respuesta a una pregunta que había hecho Sakura.

— ¿La cabaña Briar? Claro que la conozco. Es la cabaña de una finca. El jardinero principal vive allí. ¿Por qué me lo preguntas? ¿Conoces a alguien?

—No, no. Una persona que sabía que venía a trabajar aquí me la mencionó. Me dijo que era muy bonita. Y no sabía dónde estaba.

—Tienes que doblar a la derecha al final del camino de entrada, bajando la cuesta. Luego vuelves a doblar a la derecha y tomas un sendero y llegas enseguida. Es bonita, si te gustan las rosas y esas cosas. Yo prefiero otro tipo de lugares.

Sasuke se sonrió. Evidentemente Ino no apreciaba la vida rural. Entró en la habitación. Ino estaba echada en la cama de Kakashi, encima de una colcha sucia, mirándose las uñas comidas de las manos.

Lo vio y se levantó de la cama. Pero él solo tenía ojos para Sakura. Estaba de espaldas, limpiando los cristales de la gran ventana. El sol de la mañana iluminaba su cabello como si fuera de oro. A diferencia de Ino, Sakura estaba poniendo el alma en su trabajo. Se ganaba cada penique de lo que cobraba.

Sintió ternura por ella. Aquello lo sorprendió. Ocurriese lo que ocurriese, no permitiría que Sakura sufriera por lo que había ocurrido la noche anterior. Había sido mágico, instintivo, mucho más trascendente que otras relaciones que había tenido.

Pero no quería pensar en ello.

Lo borraría de su memoria y se aseguraría de que no volviera a ocurrir.

Sakura no se había dado cuenta de su entrada silenciosa en la habitación.

—Supongo que no recuerdas a la familia que vivía en la Cabaña Briar, antes de que el jardinero actual ocupase su puesto, ¿no?

—Yo sí —intervino Sasuke.

La vio quedarse pasmada.

—Ha habido un cambio de planes, señoritas —dijo él.

Ino se había puesto a limpiar relajadamente ahora.

—He decidido contratar a un equipo de limpieza. Empezarán a trabajar mañana. Les pagarán hasta el final de la semana, así que pueden hacer las maletas y marcharse ahora.

Sakura se puso pálida. A pesar de haberle dicho que no se preocupase por nada, le estaba ordenando que se marchase.

¡Encima, ella no había averiguado nada sobre su padre!

Ni siquiera había tenido la oportunidad de ver la cabaña donde había vivido su madre los primeros dieciocho años de su vida.

Pero no podía hacer nada. No tenía contrato con Dentotekina Hatake ni nada que la amparase como para poder seguir en el puesto de trabajo.

Sakura recogió los artículos de limpieza. Observó que Sasuke daba unos papeles a Ino y esta se marchaba.

Alzó la barbilla, a pesar del dolor que estaba causándole.

¡No iba a llorar!

¡Sasuke podía guardarse su asqueroso dinero! ¡Ella no iba a aceptar más que lo que le correspondía por esos días!

Sasuke se volvió hacia ella lentamente y la miró. Sakura se dio la vuelta para marcharse. No podía mirarlo. Porque entonces caería en la tentación. Como su madre, se había enamorado perdidamente del hombre del que debería haber huido.

—Tú no te vas a ningún sitio —dijo él—. Dejé que se marchase Ino porque el trabajo no es trabajo para ella. Contigo es distinto.

¿Porque trabajaba más? ¿Porque no se quejaba?

A Sakura le dolió aquello.

Hacía un momento había estado a punto de llorar. Ahora sentía algo diferente.

Ella lo amaba, pero debía terminar con aquello. Si para huir de Sasuke tenía que olvidarse de su padre, lo haría. Porque si se quedaba cerca de él, se arriesgaría a amarlo más profundamente. A no poder tener una relación con otro hombre nunca más.

—Tú no me necesitas. Las limpiadoras profesionales lo arreglarán todo. Yo no haré más que molestar. Es mejor que me marche.

Se sentía vacía, desesperadamente vacía, sufriendo una pérdida imposible de soportar.

Lo mejor era marcharse. Si se quedaba estaría esperando todo el tiempo una sonrisa, una mirada, una palabra amable, no dormiría por las noches añorando que él estuviera con ella.

—Olvídate de la limpieza -dijo Sasuke impacientemente—. Es posible que te haya dejado embarazada, ¿no lo recuerdas? Quiero tenerte cerca hasta saber si estás embarazada. Me he aprovechado de ti, algo de lo que me arrepiento profundamente. No obstante, me haré cargo de mis responsabilidades. Así que te quedas.

¿Qué quería decir con aquello? ¿Que si estaba embarazada la llevaría a una clínica privada y le pagaría un aborto?

—Puedo arreglarme sola.

Sasuke se acercó a ella. Le tomó la barbilla y le dijo:

—No, no puedes. Y aunque pudieras, yo no lo permitiré. Me siento culpable solo con lo que ha sucedido, así que no quiero más motivos para estarlo —respiró profundamente y añadió— Cámbiate de ropa. Te llevaré a almorzar. Y mientras comamos te contaré mis planes.

Sakura abrió la boca para decirle gracias. Pero él se lo impidió poniéndole la mano en los hombros y diciendo:

—Por favor, Sakura, ven —sonrió.

Ella casi se ahogó en su sonrisa y en esos ojos negros. Y con aquella fragancia masculina casi se emborracha.

Asintió y bajó la cabeza. No podía negarle nada si se lo pedía de aquel modo.

Al parecer, era un caso perdido en lo concerniente a Sasuke.


¿Creen que esté embarazada o no? Hagan sus apuestas y ya verán si aciertan o no.

Elaine Haruno de Uchiha