Los personajes no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación de la novela Inocencia Perdida de Diana Hamilton.


Inocencia Perdida

Diana Hamilton

Capítulo VI

Sasuke condujo el coche a un aparcamiento subterráneo. Llevaba el equipaje de Sakura.

Cuando bajaron, él la acompañó a un lujoso apartamento. La hizo entrar en un ascensor tan moderno como el propio edificio y apretó el botón del último piso. La sensación de incomodidad de Sakura se fue haciendo cada vez más profunda hasta devorarla prácticamente.

Ante ella se abrió una gran superficie de brillantes suelos de madera. Había varios sillones de piel negros con sus correspondientes mesas bajas. La iluminación era parte también del decorado. Dos cuadros modernos, que debían de ser auténticos y costar una fortuna, completaban la decoración.

Era el apartamento que usaba Sasuke cuando estaba en Tokio, le había dicho. También tenía una casa en Fujian.

Todo muy diferente del lugar donde había vivido y crecido ella. Cuando la había acompañado a su casa a recoger las cosas, lo había visto achicar los ojos al ver a los grupos de adolescentes ociosos en la calle, pateando latas de cerveza vacías en un antiguo parque con juegos que se había transformado en un solar lleno de basura y coches abandonados, y cuando había pasado junto a grupos de holgazanes en las esquinas...

—Te mostraré dónde dormirás —dijo Sasuke con un tono de voz inexpresivo.

Como si lamentase haberle propuesto que lo acompañase a China, pensó Sakura, donde ella iba a tener la oportunidad de respirar la atmósfera de la sin duda exquisita casa de su madre.

Sakura lo siguió como un autómata.

Sakura había tenido que ir a su casa para recoger el pasaporte y algunas cosas que le faltaban y ahora se sentía muy incómoda. No era que le diera vergüenza de su casa, pero el contraste entre su modesto piso y aquel lujoso apartamento le hacía más evidentes las diferencias.

Sasuke le había dicho que recogiera el pasaporte y que no se molestase en recoger nada más. Sin duda debía pensar que se podía arreglar con sus vaqueros de trabajar y las camisetas que se había llevado a Dentotekina Hatake.

Cuando Sasuke la había acompañado a su casa ella le había aconsejado que se quedara en el coche para que no se lo robasen, pero él no había querido. La había seguido al pequeño supermercado, y se había quedado conversando con Naruto mientras ella subía a su habitación. Hinata la había seguido.

— ¿Sabes lo que estás haciendo? ¿Y si es un tratante de blancas? Ahora que no está tu madre, ¡Dios la tenga en la gloria!, me siento responsable de ti.

—Es mi jefe -dijo Sakura metiendo el pasaporte en su mejor bolso.

.

Agregó un par de pañuelos limpios y una cartera con el sueldo que le había pagado Tsunade.

—Ir a China es el único modo de ver a Kakashi Hatake. No está en Japón —había bajado una maleta de arriba de un ropero—. Al parecer, ha estado enfermo y se está recuperando allí. Es la única oportunidad que tengo de conocerlo. No te preocupes por mí, de verdad...

—Bueno, si estás segura... —Hinata no había parecido convencida—. Mantente en contacto con nosotros, ¿quieres? Tienes nuestro número de teléfono. Y Sakura... No creas que me olvidé de tu cumpleaños. No te mandé una postal ni te llamé por teléfono porque no sabía si estabas allí de incógnito, ¡y no quería descubrirte! Pero he planeado hacerte una fiesta de cumpleaños para cuando vuelvas.

Conmovida, Sakura abrazó a Hinata, pensando lo decepcionada que se sentiría su amiga de saber que había seguido los pasos de su madre, y que se había entregado a un hombre completamente fuera de su alcance.

Al ver una cama cerca de ellos, en su apartamento, Sakura se sintió turbaba.

Como si hubiera intuido su incomodidad, Sasuke la miró. Su mirada casi le hizo olvidar su firme decisión de borrar de su mente todos aquellos sueños de añoranza de él.

—Es tarde para aprovechar el día. Pediré la cena e iremos mañana de compras.

Su oscuro tono la hizo estremecer. Incapaz de sustraerse a la visión de aquel cuerpo poderoso y perfecto, se quedó mirándolo, mientras Sasuke dejaba su equipaje a los pies de la cama.

Sakura se dio cuenta del incómodo silencio que se había instalado entre ellos e intentó suavizarlo, haciendo un esfuerzo y diciendo:

—¿Cuánto tiempo vamos a estar aquí?

Inmediatamente recordó que él le había dicho que iban a ir de compras, entonces le comentó:

—Si me dices dónde está el supermercado, puedo hacer la compra. Soy experta en encontrar gangas.

De ese modo se ocuparía en algo. Y de paso le ahorraría dinero cocinando.

Sasuke la miró con ternura. Se dio cuenta de que Sakura estaba deseosa de desempeñar un papel en el que se sentía segura. Pero, no, ella se merecía algo mejor. Lo mejor, pensó.

No sabía por qué aquel pensamiento lo asaltaba con tanta insistencia, ni de dónde le salía.

Le sonrió y le respondió:

—No vamos a ir de compras al supermercado, querida. Quiero verte con ropa buena. Tienes un cuerpo muy bonito. Es una pena que lo ocultes debajo de esa ropa de trabajo. Y solo estaremos en Tokio hasta que arregle lo de los pasajes de avión —miró su reloj de oro—. De lo que me voy a ocupar ahora mismo.

Sakura se puso colorada ante aquel piropo. Se le hizo un nudo en la garganta. No pudo decir nada hasta que él se dio la vuelta y se marchó de la habitación.

Cuando pudo recomponerse por fin, no pudo decirle que no podía permitirse comprar ropa nueva, porque Sasuke estaba hablando por teléfono.

Además, intentaría encontrar entre su ropa alguna que no lo hiciera avergonzarse de ella...

Intentó no pensar demasiado en lo que le había dicho acerca de su cuerpo, puesto que seguramente los hombres que se acostaban con una mujer en su primera cita decían cosas así, y decidió deshacer la maleta.

.

Sakura llevaba un rato despierta, pero no se atrevía a levantarse y hacer frente al día que la esperaba.

Había pasado una mala noche. Y ahora tenía todo un día por delante. Con él.

Después de que Sasuke le mostrase la habitación que ocuparía, Sakura lo había dejado que hablase por teléfono y que hiciera todo lo que tenía que hacer. Había decidido darse una ducha en el cuarto de baño de su habitación, y se había deleitado usando los champuses, aceites y cremas de belleza que normalmente estaban fuera de su alcance.

Y para demostrarle que no solo tenía vaqueros viejos, se había puesto el único vestido que tenía, que se había comprado para el viaje a Seúl.

Se ajustó el cinturón del vestido. Evidentemente había adelgazado. Pero no le quedaba del todo mal con aquellos zapatos marrones.

Se había puesto nerviosa cuando Sasuke había golpeado la puerta para informarla de que ya estaba la cena. Quería gustarle a Sasuke con aquella ropa. Y se sintió decepcionada al ver que él no reparaba en ella. Al menos no dijo nada.

Se sentaron frente a frente en la mesa de la cocina.

Sabía que la comida que había pedido Sasuke debía de estar deliciosa, porque él no se estropearía el paladar con comida grasienta de cualquier sitio de mala muerte, pero aparte de mordisquear una gamba grande en salsa de limón ella no había podido comer nada.

—Viajamos pasado mañana —fue lo único que le dijo Sasuke.

Parecía preocupado, pero era evidente que no quería contarle a ella el motivo.

Sakura se imaginó por qué.

—Mira, si has cambiado de parecer en cuanto a lo de llevarme a China, dímelo. A mí la idea tampoco me atrae demasiado.

Sasuke apartó su plato apenas probado también, y dijo:

— ¿Te estás echando atrás, Sakura?

Su tono le advirtió que una respuesta afirmativa podía terminar en una agria discusión. Además, no perdería la oportunidad de conocer a su padre, reflexionó Sakura.

Pero también podía visitar a Kakashi Hatake cuando este estuviera en Dentotekina Hatake.

No sabía por qué no lo había pensado antes.

—Supongo que soy un estorbo para ti. Sé por qué me quieres tener cerca, ambos nos comportamos estúpidamente... Pero te doy mi palabra de honor de que te escribiré cuando sepa si estoy embarazada. No hace falta que me lleves a China.

Sabía que lo que acababa de decirle iba en contra de sus sentimientos, pero el estar con él también era una tortura.

Sasuke se quedó mirándola, simplemente.

Como si estuviera reflexionando si podía confiar en su palabra, pensó Sakura.

—El arrastrarte a China, como dices tú, no es ninguna molestia para mí.

Sakura se quedó muda. Se movió inquietamente en el asiento. Luego no supo qué hacer, y decidió decirle buenas noches y marcharse a su habitación.

Al menos la actitud de Sasuke no parecía indicarle que tuviera intención de volver a hacerle el amor. No repetía sus errores. Eso debería de haberla dejado tranquila, pero no fue así.

Ya eran las diez de la mañana. Ella no estaba acostumbrada a quedarse en la cama hasta tarde, pero la idea de compartir horas y horas con Sasuke la ponía nerviosa.

Era evidente que él no confiaba en que ella cumpliese su palabra. En realidad no se conocían... ¿Cómo habían podido hacer el amor entonces?

Sintió vergüenza, y se tapó con el edredón.

De pronto, Sasuke entró en la habitación para despertarla:

— ¡Eh! ¡Despierta! ¡Estorbo humano! Voy a llevarte a desayunar.

Ella lo miró por encima del edredón que le tapaba la cara hasta los ojos.

Lo vio sonreír y eso la relajó. Esa sonrisa y esos ojos brillantes la fascinaban, y le aclaraban que lo de «estorbo» era una broma.

No lo comprendía. La pasada noche apenas le había hablado. Y hoy estaba bromeando con ella. Debía de ser su temperamento chino, volátil...

Los ojos de Sakura brillaron como invitándolo a su cama. Sasuke se quedó sin habla. Su cabello era como una nube de azúcar. Se moría por tocarla, por quitarle el cabello de la cara, por destaparla y perderse en ella nuevamente.

Sasuke metió las manos en los bolsillos para no traicionarse y se alejó de la tentación.

—Ponte algo abrigado. Hace frío en la calle —le dijo.

Sasuke cerró la puerta con tranquilidad y fue a la cocina a buscar lo que había preparado para ella.

Sakura se levantó diez minutos más tarde. Al llegar a la cocina lo encontró mirando una taza de café. No la había oído llegar, y Sakura pudo recrearse en contemplarlo durante un instante.

Sasuke era tan atractivo, que le hacía dar un vuelco al corazón. Estaba vestido con un traje gris que le quedaba perfecto, una camisa gris más clara y una corbata azul de seda.

Lo único que se desviaba de la perfección era su cabello negro despeinado. Parecía que se lo había estado despeinando nerviosamente con los dedos. Le daba un aire de vulnerabilidad irresistible.

¿Cómo era posible que un hombre tan atractivo la hubiera encontrado deseable como para hacer el amor con ella? Si no hubiera sabido que había sucedido, hubiera pensado que era imposible. A no ser que simplemente hubiera querido sexo, y le hubiera dado lo mismo cualquier mujer.

Debió de hacer algún ruido, porque Sasuke se dio la vuelta y la miró. Notó que se fijaba en su vaquero, el más presentable que tenía, en el anorak que llevaba encima de un jersey rojo que Hinata le había tejido para navidad.

No podía describir con exactitud la emoción que impregnaba aquella mirada, pero una cosa estaba clara: había una lucha interna en aquella atractiva cabeza.

Ella no se había dado cuenta de que había estado conteniendo el aliento mientras él la observaba hasta que notó que sus anchos hombros se relajaban, que el gesto de su boca se hacía más suave y dibujaba una leve sonrisa mientras se ponía de pie. Entonces Sakura dejó escapar una exhalación.

Sasuke se acercó a ella. Llevaba veinticuatro horas torturándose mentalmente como para pensar en lo que podría estar sintiendo ella.

Hasta aquel momento, en que se puso a pensar que Sakura estaba sola en el mundo. Debía de estar asustada ante la perspectiva de un posible embarazo, nerviosa por la posibilidad de tener que pasar un par de semanas en un país extranjero con gente extraña.

Él tenía que tranquilizarla, hacerla sentir cómoda. Hacer que comprendiese que se haría cargo de ella. Sintió ternura al pensarlo. La idea de cuidarla no era problema alguno, siempre que pudiera controlar su libido, reflexionó.

Sasuke buscó un pañuelo en su bolsillo y le limpió los labios del carmín con el que los había recubierto. Ella lo miró, sorprendida.

Al menos no llevaba ese vestido barato. Debía de ser como tres tallas más grandes que la suya, de mala confección... Y aquel color azul púrpura no le favorecía, pensó Sasuke. Cuando la había visto con él, había vuelto a sentir ternura por ella. Le hubiera querido quitar aquella prenda que la ofendía, y haberle puesto el mejor vestido que pudiera comprar el dinero, y pagar tributo a su natural encanto.

—Así está mejor —dijo Sasuke después de quitarle la barra de labios casi anaranjada—. Debe de estar esperando la limusina. ¿Tienes hambre? —le preguntó, mientras le ponía una mano en la espalda y la acompañaba al vestíbulo y luego hasta el ascensor.

Sakura se dejó acompañar, hecha un manojo de nervios internamente.

El gesto de Sasuke había sido muy erótico, muy íntimo, pensó Sakura.

Aunque también podía significar que no le gustaban las mujeres que llevaban maquillaje...

Sasuke la hizo sentar en el asiento de atrás de la limusina con chofer, y ella le preguntó:

— ¿Por qué has alquilado esto, si tienes un coche tan bueno?

—Porque no me gusta conducir en Tokio. Requiere mucha concentración. Y hoy quiero concentrarme en ti.

Aquella información la inquietó tanto como la proximidad de su cuerpo. Era una memoria viva de la noche que habían pasado juntos.

Sakura tragó saliva y desvió la mirada.

Al rato, el coche paró y Sasuke le abrió la puerta.

Estaban en una calle secundaria, aparcados en un lugar prohibido, delante de un bar con carteles escritos a mano, y precios con sus especialidades.

Ella lo miró y le sonrió.

—El chofer vendrá a buscarnos en tres cuartos de hora —le rodeó los hombros con su brazo—. Comamos, ¿quieres? Parece un sitio de mala muerte, pero te aseguro que la comida, aunque es muy sencilla, es muy buena.

Para Sasuke sería un sitio de mala muerte, pero para Sakura estaba bien.

Había olor a beicon y café, las sillas eran de plástico y las mesas de formica. Un hombre de mono blanco parecía el encargado. Saludó a Sasuke como si fuera un viejo conocido.

Sakura se sentó en una mesa libre que había al lado de una ventana. De pronto, tuvo hambre. Debía de ser por la felicidad que sentía.

Era evidente que no la había llevado allí porque lo avergonzara llevarla a un lugar más distinguido, porque lo conocían bien en aquel sitio. Y eso la llenó de satisfacción.

Les sirvieron un desayuno inglés completo, que ella no pudo comer totalmente.

—Pagamos a medias, ¿te parece? —dijo ella.

—No me insultes, cariño —dijo Sasuke firmemente.

Su tono fue tan duro, que la felicidad que ella había sentido desapareció. Habían estado charlando fluidamente. Se había establecido entre ellos una atmósfera de confianza en la que él le había contado cosas sobre su casa de Hunan. Había descrito la vieja fuente de su jardín, y le había contado que si de pronto le apetecía comer una naranja, no había más que ir al naranjo y arrancar una. Le había prometido llevarla allí. Y ella se moría de ganas de conocer todo aquello.

Ahora aquella intimidad había desaparecido por culpa de unas palabras. Y ella se sentía ridícula.

—El chofer estará aquí dentro de un momento.

— ¿Por qué? ¿Adónde vamos?

—De compras. A comprar ropa. Ya te lo he dicho -dejó un billete de veinte libras en la mesa.

—No necesito ropa. No puedo permitirme comprar ropa que no necesito.

—Probablemente, no. Pero yo sí. Compláceme.

—No —a Sakura no le parecía bien—. ¿Qué intentas hacer? ¿Pagarme?

—No digas eso —Sasuke se pasó la mano por el pelo—. Es cierto. Me siento culpable por lo que he hecho. Nada puede hacerme sentir mejor en relación a eso. Pero te prometo que el único motivo para comprarte ropa es ver tu hermoso cuerpo vestido con prendas que le hagan justicia. Así que te lo vuelvo a pedir, ¿puedes complacerme en esto?

Parecía sincero. Ella se derritió al pensar lo que le había dicho de su cuerpo.

Finalmente, Sakura asintió.

—Bueno, prométeme una cosa más, Sakura, relájate y disfruta de la experiencia.

Y sorprendentemente, ella se relajó.

La llevó a un salón de cristal y mármol, en el que le movieron la cabeza de un lado a otro, le tocaron el cabello, lo estudiaron, la peinaron y le enseñaron cómo usar el maquillaje.

Era una experiencia nueva ser el centro de interés y lo disfrutó.

Conversó amenamente con la chica que se ocupó de su maquillaje, sobre gatos, perros, y sobre el maquillaje que le iba mejor.

Sasuke la esperó en un sillón, leyendo una revista.

Cuando terminó la transformación, Sakura se acercó a Sasuke. Este le hizo una señal de aprobación y la acompañó a la puerta, dándole su brazo. Sakura se sintió mareada de orgullo.

Era la envidia de las mujeres que estaban esperando. ¡Era la primera vez que la envidiaban en su vida! Se sentía en las nubes.

Luego la llevó a una tienda lujosa, llena de alfombras mullidas y ornamentos dorados, y con una gran araña en el medio de sus techos altos.

La hizo sentar en uno de los sofás que había y él se fue a hablar con una mujer que fue a recibirlo.

Discutieron un momento y la mujer la miró con rechazo. Probablemente era la primera vez que veía a una dienta tan mal vestida, pensó Sakura.

La mujer desapareció entre espejos, con gesto de contrariedad.

—No sé qué estamos haciendo aquí. Vámonos, rápido. Antes de que vuelva. No me hace falta un vestido nuevo, o lo que sea, ¡me siento una tonta aquí!—se quejó Sakura.

—Silencio. Y deja de minusvalorarte. No eres ninguna tonta, así que no puedes parecerlo. Además, no quiero que la madre de mi hijo parezca una vagabunda.

Sakura tragó saliva.

—¡No hables así! Probablemente no haya ningún bebé. Y lo que pasó fue tan culpa tuya como mía. No me forzaste, ¿no lo recuerdas? De todos modos, ¿te gustaría que te llevara a una tienda y te hiciera sentar como a una muñeca mientras te compro pantalones, chalecos y otras cosas?

Sasuke se rio. En ese momento volvió la encargada de la tienda acompañada por otra mujer.

Llevaban un perchero completo de vestidos.

Se los mostraron a Sasuke. Este eligió unos cuantos. Todos eran sensacionales, pero poco prácticos, a los ojos de ella.

Más tarde se encontró en medio de una habitación tan grande como la sala de estar de cualquier persona normal, y llena de espejos. Se suponía que tenía que probarse todos los vestidos y mostrárselos a él. Al parecer, ella no contaba.

La mujer más joven le ofreció ayuda. Ella le dijo que podía arreglarse sola.

No quiso mirarse al espejo con aquella ropa fuera de su alcance. Estaba contenta con su forma de vida. No quería desear cosas que no tendría jamás. Como Sasuke.

Sakura se quitó el último vestido que se había probado, y siguió con la farsa de hacer un desfile delante de Sasuke.

Cuando volvió a salir del probador, Sasuke la miró pero no hizo comentarios. Estaba sentado, con una copa de champán en la mano.

Sakura siguió con aquella representación. Era el último vestido que quedaba en el riel. Un traje de cachemira en color crema. Se abrochó la chaqueta. También le habían llevado una selección de zapatos para conjuntar con la ropa. No se los había probado. No llevaba medias, así que no podía hacerlo.

—Quédate con este —dijo Sasuke al verla con el traje.

Fue el primer comentario que hizo sobre la ropa. Y aunque ella no quería que le comprase nada, se estaba poniendo un poco ansiosa por la falta de entusiasmo ante su pase de modelos. La dueña de la tienda debía de estar un poco enfadada al ver que él rechazaba todo lo que le mostraba, después de haberse tomado tantas molestias con ellos.

Al volver al probador, Sakura se miró al espejo. Se sorprendió. El traje era realmente bonito. Tenía clase. No podía creer que fuera ella la que veía en el espejo.

La encargada de la tienda, con una sonrisa de satisfacción, le llevó un par de zapatos de piel con un tacón mediano y un par de medias. Realmente era un crimen usar aquel traje con sus zapatos de cordones.

Cuando Sakura volvió al lado de Sasuke, este le sonrió. Con la ropa adecuada y el maquillaje apropiado Sakura estaba deslumbrante, pensó.

La miró como si se la quisiera comer.

Sakura tenía una elegancia natural. Apenas necesitaba maquillaje. Y aquel traje con escote en uve le quedaba estupendo. No pudo evitar dirigir la mirada al escote, al nacimiento de sus pechos, que apenas se vislumbraba. Era mejor no mirar allí, porque se acaloraba.

Intentó no mirarla a los ojos.

Sasuke carraspeó, le dio su brazo y le dijo:

—Vamos —la acompañó a la limusina—. Tenemos que ir a otro sitio.


Una disculpa a todos, pero surgió algo y no lo subí ayer, espero les guste el capítulo.

Elaine Haruno de Uchiha