Los personajes no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación de la novela Inocencia Perdida de Diana Hamilton.
Inocencia Perdida
Diana Hamilton
Capítulo VII
«¡Dios santo!», pensó. No había funcionado. Ni el paseo por Regents Park, ni la visita a la joyería habían logrado que dejara de pensar en el sexo.
Sasuke terminó la llamada por el teléfono móvil al servicio de comidas a domicilio y se metió en la limusina.
Había hablado con la empresa de catering que solía contratar cuando estaba en Tokio. Al menos la presencia de los empleados aquella noche haría que no se abalanzara sobre ella.
Frunció el ceño. Esperaba que así fuese.
Había pensado llevarla a cenar fuera, pero del modo en que estaba reaccionando su cuerpo era una vergüenza mostrarse en público.
Cuando el chofer los había dejado para que dieran un paseo por el parque, Sakura se había acercado al hombre y le había dicho:
—No hemos parado a comer porque hemos hecho un desayuno fuerte. Pero debe de estar hambriento usted. No nos importa esperarlo para que coma algo...
Había parecido muy preocupada por el chofer.
—Es muy amable de su parte, señorita. Pero la señora siempre me prepara un bocadillo para comer. Ahora usted disfrute del paseo.
Era la primera vez que una mujer que lo acompañaba se preocupaba por el bienestar de otro ser humano, pensó Sasuke.
No quería mirarla. La deseaba tanto...
Distraídamente, Sakura jugó con la cadena cíe oro que le había comprado Sasuke. Cuando se la había probado, el roce de los dedos de Sasuke en su cuello le había puesto los pelos de punta. Y la había excitado...
No había querido que siguiera gastando dinero en ella, pero había tenido que admitir que la cadena era el accesorio perfecto para su traje.
Al menos, sería un recuerdo que podría dejarle a su hija... Como su madre le había dejado el colgante a ella...
Su mano se deslizó hacia su regazo. Tal vez ya tuviera un hijo suyo en su vientre, pensó.
Era una locura, pero deseaba con toda su alma llevar un hijo de Sasuke en su vientre.
Se giró hacia él y, aunque el cristal impedía que los escuchase el conductor, le dijo confidencialmente en voz baja:
—Hemos sido tontos. Se puede comprar un test de embarazo en la farmacia, ¿no? Así lo sabremos seguro.
Sí, tenía razón.
Sasuke se quedó callado.
Era cierto. Podrían haberlo hecho ya. O podría haber tomado la píldora del día siguiente. Había sido en lo primero que había pensado él. Y lo había descartado inmediatamente. ¿Por qué? ¿Porque inconscientemente quería una excusa para tenerla a su lado?
A Sakura solo se le había ocurrido la prueba de embarazo. Su ingenuidad era una de las cosas que más le gustaba de ella.
Se moría por estrecharla en sus brazos. Sasuke se estremeció. ¡Era increíble las emociones que despertaba Sakura en él!
Seguramente Sakura estaría esperando que él le ordeñase al chofer que parase en la primera farmacia que viese...
Entonces Sasuke pensó que, estuviera embarazada o no, quería que se quedase con él.
Y no era solo sexo. Era mucho más.
Cerró los ojos. Las ganas de estrecharla en sus brazos, de abrazarla, de besarla hasta hartarse, eran casi irreprimibles. Se alegraba de estar llegando al apartamento. Iba a tener que pensar largo y tendido acerca de lo que deseaba realmente. No quería actuar impulsivamente. Lo había hecho hacía diez años y había aprendido una lección.
Pero Sakura no era como Karin, o como las otras harpías, que tenían cajas registradoras en lugar de corazón.
— ¿Señor?
De pronto Sasuke se dio cuenta de que se había quedado ensimismado, que Sakura se había bajado y que el chofer le estaba abriendo la puerta del coche. Al parecer, ella le hacía olvidarse de todo. Aquello empezaba a ser serio. Tendría que usar la cabeza y no pensar con las hormonas.
Salió del coche y acompañó a Sakura al ascensor. Su inconsciente podría haberse olvidado del test de embarazo, pero era hora de que su racionalidad tomase las riendas de su vida. Al día siguiente por la mañana tendrían tiempo de comprar la prueba de embarazo y de hacerla antes de tomar el vuelo.
La idea le dio un dolor en la entrañas. Pensó que si la prueba de embarazo daba negativa, no tendría excusa para llevarla con él a Hunan, porque para Sakura no habría necesidad de hacerlo.
Sasuke la acompañó a la entrada de su apartamento.
— ¡Oh, Dios santo! —Sakura se tropezó.
Casi se cayó. Sasuke la sujetó con ambas manos rodeándole la cintura para que no se cayera.
— ¿Quién diablos ha dejado esto aquí? —protestó ella—. ¿Qué es?
Sakura se había tropezado con montones de cajas que había en el suelo y varios elegantes carritos de la empresa de transportes.
— ¿Realmente no lo sabes? —Sasuke se metió las manos en los bolsillos y pasó por entre las cajas—. Las he hecho enviar yo. El portero tiene una llave. Te recomiendo que las mires y elijas lo que quieres llevarte a China.
Inmediatamente después de decirlo, se arrepintió. Tal vez Sakura no fuera a casa de su madre, ¿no?
Se maldijo y añadió:
—Te ayudaré a llevarlas a tu habitación.
Ella lo miró sorprendido.
— ¡Es una locura!
¿Había comprado todo lo que se había probado en la tienda? No podía ser.
Estaba horrorizada. Debía de haber costado una fortuna todo aquello. Se había sentido incómoda por aceptar el traje y la cadena de oro, pero aceptar aquello estaba fuera de toda lógica.
El no hizo caso a su mirada de horror, y malinterpretó sus palabras a propósito.
—No tengo ningún impedimento físico. Puedo subir las cajas sin problema.
—Pero... —alarmada, lo siguió—. No he querido decir que no tuvieras fuerza para subir las cajas. ¡Sabes que no es lo que he querido decir! ¡No puedo aceptar esto! Es demasiado. No llegaré a usarlo nunca. Es un derroche. ¡Devuélvelo!
—No puedo. Y a mí no me sirve para nada —Sasuke se irguió. Dejó en su habitación el vestido de gasa que le había quedado tan espectacular en la tienda—. No es la ropa que más me favorece.
Sakura estuvo tentada de reírse al ver aquellos ojos negros risueños. Pero aquel era un asunto serio.
Puso voz de enfado y dijo:
—Tú te inventaste mi papel de dama de compañía, ¿no lo recuerdas?
Cuanto más pensaba en aquel papel menos le gustaba, pero eso le daría la oportunidad de ver a su padre.
—Debería tener apariencia de chica humilde, y no llevar todo eso... ¡Deberías haberme comprado un vestido negro sencillo y un mono de nylon para cuando limpie los zapatos de la señora!
Sus palabras fueron como un bofetón para él. No soportaba la idea de que aquella hermosa criatura hiciera trabajos bajos para una mujer como Anko.
—Cambio de planes. No sé por qué pensé en aquello. Tú irás a China como invitada mía. Una igual en toda regla —los ojos de Sasuke brillaron—. Y en cuanto a limpiarle los zapatos, ¡Anko no se merece ni tocar los tuyos!
— ¡Guau! —exclamó Sakura con los ojos bien abiertos.
La sola idea de que realmente la considerase como una igual la hizo temblar. Se había enamorado de un hombre tan por encima de su clase que la idea de que la presentase como invitada suya le resultaba difícil de asimilar.
Sakura notó que Sasuke se relajaba.
—Ponte esto para mí esta noche —dijo sonriendo Sasuke. Le dio el vestido de gasa—. Vamos a comer en casa. El servicio de comidas a domicilio no tardará. Traeré el resto de cosas.
Ella sintió un cosquilleo en el estómago. Estaba excitada. No podía creer todo aquello.
Una hora más tarde Sakura se miró al espejo. No se reconocía. Estaba irreconocible. El vestido de gasa blanca y dorado le quedaba como un guante. Le realzaba los pechos, la cintura.
Llevaba la espalda al descubierto hasta la cintura, así que no había podido ponerse uno de los sujetadores de encaje que había encontrado en una de las cajas. Solo un par de braguitas, un liguero y un par de medias de seda.
Se sentía como una mantenida. Una querida. No le gustaba. Pero esa noche lo aceptaría. Jugaría a ser realmente especial, la querida del chino.
Mañana volvería a la realidad. Se haría la prueba del embarazo, y si era negativa, pondría en acción el plan B: visitar Dentotekina Hatake cuando supiera que su padre estaba allí.
¿Y si la prueba daba positivo? Bueno, por esa noche, no pensaría en ello.
.
—El señor Uchiha está en el salón, señorita.
— ¡Oh, bien, gracias! —dijo Sakura, y salió de la cocina.
Evidentemente, los camareros del servicio de comidas no querían que estuviera allí.
Un camarero de blanco y una mujer con aspecto de eficiencia estaban haciendo algo con una bandeja de acero inoxidable, y con el horno.
Sakura se dio la vuelta con sus zapatos dorados de tacón y se dirigió a la sala del apartamento.
Se sentía extraña con aquella ropa, pero debía admitir que la excitaba caminar con aquellos zapatos y aquella seda sobre su cuerpo.
¡Dios santo, aquel vestido provocaba sensaciones eróticas!
Sakura salió de la habitación.
Sasuke estaba de espaldas, mirando por la ventana. Llevaba un esmoquin. Al verlo Sakura se puso más nerviosa aún.
Sus hombros anchos, sus estrechas caderas y sus piernas largas le quitaron la respiración.
Era tan bello que la dejaba sin palabras...
Sasuke se dio la vuelta, aunque ella no había hecho ruido y se había quedado mirándolo desde el quicio de la puerta.
Sasuke la miró de arriba abajo. Luego le sonrió. Ella se derritió.
—Estás hermosa, querida —le dio la mano—. Ven aquí.
Su voz sensual debió de ponerla más nerviosa, pero no fue así.
Lo que hizo fue encenderla y alegrar su corazón.
Ella lo obedeció, decidida a disfrutar de aquel mundo de fantasía.
Pero en realidad estaba siguiendo el dictamen de su propio deseo, por primera vez en su vida.
Sus ojos negros tenían un poder irresistible. Ella bajó la mirada, porque no podía mirar aquel deseo masculino tan directamente.
Sakura fue consciente de su feminidad por primera vez en su vida. El vestido de seda, los ojos de Sasuke, el ambiente cargado de electricidad le hacían sentir un calor que amenazaba con quemarla por dentro.
Se dio cuenta de que estaba jugando con fuego.
—Eres perfecta... —dijo él. Y le dio un beso en la mano.
Ella se puso colorada. Su corazón parecía salírsele por el pecho.
Él hubiera deseado regalarle esmeraldas para que hicieran juego con sus hermosos ojos. Buscaría diamantes que fueran dignos de sus delicados dedos. Sakura, que jamás le había pedido nada ni esperado nada de él, sería quien tendría todo lo que el dinero pudiera comprar. Sería su mujer.
El cuerpo de Sasuke se excitó. El cortejo acababa de empezar. Había sido un necio por luchar contra el efecto que ella tenía en él y la imparable reacción que tenía con ella, por haberse privado del éxtasis que solo Sakura podía darle.
Si ella lo deseaba.
Pensó en Sakura. Había sido virgen. No era promiscua. Eso debía de querer decir que la noche de pasión que habían compartido significaba algo para ella. Que no había sido simplemente lascivia de parte de Sakura.
Tenía que saberlo. Alzó la mano de Sakura hasta su mejilla para sentir su calor y tuvo la respuesta.
Sakura se acercó a él. Sintió sus suaves estremecimientos. Vio sus labios entreabiertos, suaves y húmedos. Su mano, presa de la de él, se soltó y lo acarició. Le dibujó tímidamente la boca.
Sasuke se estremeció al ver que los ojos de Sakura estaban llenos de deseo. ¡Era suya! ¡La vida nunca había sido tan dulce!
La sangre galopaba en sus sienes, ensordeciéndolo. Bajó la cabeza para besarla, pero un movimiento en su visión periférica lo detuvo.
El joven camarero carraspeó y puso el champán con el cubo de hielo en la mesa, delante de una de las ventanas. Abrió la botella, y la dejó en el cubo.
— ¿Sirvo la cena en cinco minutos, señor?
—Sí, gracias —respondió Sasuke, con esfuerzo, sin saber de dónde le salían las palabras.
El tener a los camareros rondando por allí había sido una manera de asegurarse que no ponía las manos en Sakura, pero aquello había sido cuando aún estaba luchando con sus emociones, inseguro de sus sentimientos. Ahora hubiera deseado que los camareros estuvieran a millones de kilómetros.
Sasuke le sonrió. Rodeó su cintura con su brazo y la llevó a la mesa. Sirvió el vino en una copa y se la dio. Notó el brillo en los ojos de Sakura, se fijó en sus pechos erguidos debajo de la tela dorada. Aquella visión lo atormentaba.
¡Dios! ¡Cómo iba a hacer para no tocarla!
Le ofreció una silla para que se sentara, y luego se sentó él. Se puso la servilleta en el regazo para ocultar su excitación.
Sakura sorbió el vino. Sentía un calor casi insoportable. Estaba muy acalorada. Parecía extenderse fuego por sus venas.
Sasuke había estado a punto de besarla. La fantasía se había transformado en realidad.
Sakura sintió que aquella mujer de dorado que había visto en el espejo un rato antes no habría estado tan callada en aquella situación. Habría estado radiante, relajada, seductora y segura. Y ella sabía que no tenía ninguna de aquellas cualidades.
—Es la primera vez que vengo a Tokio. Es la ciudad más importante de mi país, y no sé nada de ella. ¡Tú que eres extranjero la conoces mucho más! —comentó. Se puso colorada y sorbió lo que quedaba de vino.
—Entonces, un día te presentaré esta ciudad —respondió Sasuke—. Te mostraré todo lo que pueda interesarle a una turista.
Era evidente que Sasuke quería que se sintiera cómoda. Sakura sabía que no esperaba que le contestase. Tener en cuenta aquellas palabras hubiera significado que se volverían a ver en el futuro, a su regreso de China, o después de que supieran si ella estaba embarazada. Y ambos sabían que eso no ocurriría.
Afortunadamente, el camarero apareció con el primer plato: Gambas y arroz a la vinagreta.
Sakura intentó no pensar en su posible embarazo. Quería disfrutar de aquella noche, que sería la última que pasaría con él a solas. Lo amaba desesperadamente...
Durante el primer plato, Sasuke habló fluidamente de varias cosas, con aquella voz aterciopelada y sensual. Sakura respondió como pudo, porque tenía un nudo en la garganta. Sabía que había estado a punto de besarla. ¿Querría besarla aun cuando los empleados de la comida a domicilio se hubieran ido? A juzgar por el modo en que la miraba, y la falta de apetito que mostraba, puesto que apenas había tocado el segundo plato, no era imposible...
Ella empezó a imaginarse mentalmente la escena, sus cuerpos unidos, la boca de Sasuke buscando, hambriento, la suya.
El latido de su corazón se aceleró, y sus huesos parecieron derretirse y transformarse en miel. ¡Lo deseaba tanto!
El camarero contratado volvió para llevarse los platos. Sasuke y Sakura se miraron. Ella no podía desviar la mirada. La encantaba con aquellos ojos negros. Él le miró los labios entreabiertos. Luego puso voz grave y ordenó:
—Puedes levantar la mesa y marcharte, Muku. Si queremos café, lo prepararemos nosotros.
Sakura se estremeció, excitada. En aquel momento supo lo que su madre había sentido por su padre. Había estado locamente enamorada, y el amor había tenido una fuerza más poderosa que ella misma. Y el amor por un hombre y el deseo hacia él le había hecho olvidar sus principios.
Ahora Sakura y Sasuke se habían quedado solos. Reinaba el silencio en el apartamento.
Sakura deslizó su lengua por sus labios. Se sentía hambrienta, excitada, sus piernas parecían de gelatina.
Sasuke se levantó y fue hacia ella. Le rodeó la cintura. Luego la atrajo hacia él.
— ¡Nunca he deseado tanto algo como te deseo a ti! Y tú también me deseas...
El calor de su mano en su espalda se expandía por todo su cuerpo. Y la fuerza de su excitación masculina apretada contra su vientre suave le daba escalofríos.
No pudo mentirle. Agarró su cabeza con las manos y acercó su cara invitándolo a besarla.
La pasión se apoderó de ellos. Sakura se aferró a sus anchos hombros como si su vida dependiese de ello.
—Eres sensacional, querida mía. ¿Lo sabes? Llegas a mí como no lo ha hecho ninguna mujer...
En un impulso de salvaje emoción, Sakura guardó las palabras de Sasuke en su corazón y las imprimió en su cerebro.
Ella no tenía mucha experiencia con los hombres, y tal vez sus palabras fueran poco originales y repetidas, pero Sasuke parecía sincero. Y esa noche necesitaba creerle.
Sasuke deslizó los dedos por sus brazos y llegó hasta sus hombros. Allí encontró el lazo de los tirantes del vestido, y lo desató. La suave gasa del vestido cayó y descubrió sus anhelantes pechos.
Sasuke sintió un ardor en todo su cuerpo y la miró con un intenso deseo.
—Quiero mirarte, toda —Sasuke encontró la cremallera del vestido, que le llegaba a la cintura.
La bajó y dejó caer el vestido.
Sakura sintió un estremecimiento. Él se arrodilló delante de ella y deslizó sus manos por sus caderas. Su cabeza de cabello oscuro se inclinó y su boca se hundió en los rosas rizos de su pubis, entre sus muslos temblorosos, solo separados del calor de sus labios por la fina barrera de sus braguitas de encaje.
Sakura se echó hacia atrás, y acarició la cabeza de Sasuke, emitiendo un gemido de éxtasis. Alzó su pelvis, y llevada de un instinto tan viejo como el tiempo, separó sus pies y abrió sus piernas.
.
— ¡Eres perfecta! —susurró Sasuke.
Sakura estaba acurrucada alrededor de él, con el cabello extendido en la almohada. No podía dejar de mirarla, y su corazón estaba tan lleno de ternura que parecía que iba a explotar.
Había dormido un rato, una media hora aproximadamente. Ahora, por la suave luz de la lámpara de la mesilla la estaba viendo despertar, moviendo sus increíbles pestañas...
Sasuke sintió una punzada de felicidad en su corazón. Había encontrado lo que había pensado que no existía en la realidad, una criatura mítica, una mujer a la que podía confiar su vida, adorable, increíblemente sexy, abierta y generosa mientras hacía el amor. Una mujer que no tenía avaricia alguna.
Sasuke dibujó el contorno de sus labios levemente entreabiertos y la ayudó a despertarse. Necesitaba que se despertase, aunque solo fuese para que escuchase lo que tenía que decirle.
Habían hecho el amor apasionadamente, y no habían tenido espacio para las palabras, y el último rato, cuando ella había dado casi gorjeos de placer y se había dormido en sus brazos con la gracia de un gatito, había sido un momento tan tranquilo, placentero y hermoso que había sentido ganas de llorar de emoción.
Le pediría que fuera su esposa. No podía concebir la vida sin ella.
Intentó controlar su impaciencia y quitó sus dedos de aquellos labios eróticos. Pero sintió la tentación de acariciar suavemente uno de sus pechos. Y esperó a que Sakura se despertase naturalmente.
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Sakura no podía seguir durmiendo. ¿Cómo iba a seguir durmiendo con aquel calor de su mano en el pecho? Su consciencia, además, empezaba a pesarle.
Pasará lo que pasara, amaría a aquel hombre con toda su alma hasta el final de su vida. Debía ser sincera con él, pensó. No podía ocultarle ya nada. Era posible que la odiase por lo que iba a contarle, pero era un riesgo que tenía que asumir.
Abrió los ojos y lo miró. Sasuke estaba apoyado en un codo. Le sonrió. Le pareció que la miraba con ciega adoración, ¿o sería que su imaginación le estaba jugando una mala pasada?
—Querida... —dijo sensualmente.
Ella se ahogó en sus ojos.
—Tengo que decirte algo... —le dijo Sakura, tapándole la boca con la mano.
La quitó cuando él la acarició con su lengua.
«Tienes que hacerlo», se dijo Sakura.
Se irguió y se sentó con las rodillas flexionadas, rodeándoselas con sus brazos.
—Debí decírtelo antes... Yo soy la hija ilegítima de Kakashi.
Una disculpa a todos, pero surgió algo y pero aquí esta el capítulo, espero ya no volver a tardar. Pero ya le dijo la verdad a Sasuke ¿cuál crees que sea la reacción de él?
Elaine Haruno de Uchiha
