Los personajes no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación de la novela Inocencia Perdida de Diana Hamilton.


Inocencia Perdida

Diana Hamilton

Capítulo VIII

Hubo un silencio denso. Sakura sintió ganas de llorar. No hacía falta que dijera nada Sasuke. Ella sabía que él se apartaría. Sabía que su afirmación le haría daño.

Sasuke se sentó en la cama, se puso el albornoz y se ajustó el cinturón. La miró y le dijo:

—No te creo.

La mujer perfecta era tan imperfecta como todas las demás. Él no tenía idea de qué clase de juego perverso estaba jugando Sakura, pero sabía que Kakashi había adorado a su esposa, a su adorable tía Rin.

Kakashi había dedicado su vida a su esposa inválida, y la había cuidado hasta el final de sus días. No lo creía capaz de tener una mujer, y menos de dejar abandonada a su amante con su hija... Que era lo que Sakura le estaba dando a entender si era verdad lo que le había comentado sobre la historia de su madre: una mujer que había sido madre soltera y que había pasado penurias económicas.

¡Si pudiera creer lo que decía!

—Lo siento, pero es verdad —dijo Sakura con un nudo en la garganta y lágrimas en los ojos.

Sakura era una actriz perfecta, pensó Sasuke.

Detrás de esa apariencia de inocencia, escondía una mente retorcida.

Pues él sería igual de bueno para ocultar el dolor que le había causado ella.

Sasuke se dio la vuelta y fue a encender la luz de la habitación. Necesitaba verla mejor, adivinar lo que estaba pasando por su hermosa cabecita.

Cuando se dio la vuelta, vio que ella se había tapado hasta la cabeza. Un poco tarde para ocultar su desnudez, teniendo en cuenta la intimidad que acababan de compartir, pensó él con ironía. Luego vio las lágrimas en los ojos de Sakura y le dijo más suavemente de lo que pensaba:

—No sé qué pretendes diciendo que mi padrino dejó embarazada a tu madre y que luego se lavó las manos, abandonando a tu madre y a ti. ¿Pretendes sacar tajada de esta historia? Tu madre ya no está aquí para mantenerte, así que ahora depende de ti. Supongo que no dirías algo así si no hubieras preparado algo convincente para avalar tu historia.

Sasuke se dio la vuelta. Una parte de él no podía soportar verla llorar, con esas lágrimas silenciosas que rodaban por su piel blanca.

—Voy a ducharme. Tienes cinco minutos para pensar cómo vas a convencerme. Y te advierto, no será fácil. Has decidido conseguir algo, ¿no? Si convences a Kakashi de que eres una hija perdida, puedes sentarte a esperar tranquilamente su herencia. Ni lo sueñes, Sakura. Eso no sucederá. ¡Yo lo impediré!

Sakura lo observó cerrar la puerta del cuarto de baño y sintió un dolor profundo en su corazón. El cuento de hadas del que había sido protagonista se había transformado en una tragedia.

¡Amaba a Sasuke y este pensaba que era una mujer calculadora e interesada! ¡La había tildado inmediatamente de actriz, y de maquinar un plan para beneficiarse del dinero de un hombre rico! ¡Sus estúpidos sueños románticos habían terminado!

Se secó las lágrimas con la sábana y sollozó. Ella no había pensado nunca que la pudiese amar, no estaba totalmente loca. Los hombres como él no se enamoraban de chicas como ella. Pero había fantaseado con que pudiera tenerle afecto, que sintiera cariño por alguien que quedaría como un bonito recuerdo en su memoria, una cierta ternura por el regalo del amor que ella le había dado.

Una tontería. Para él, ella no había sido más que un rato de sexo, pagado con ropa cara.

Sakura se levantó de la cama y volvió a su habitación. «¡Cinco minutos para planear algo!», recordó sus palabras. ¡Podría darle todas las pruebas que quisiera en menos de cinco segundos! ¡Pero no se las daría! ¡Tendría que esperar!, decidió, furiosa, conteniendo el llanto.

Se puso el vaquero y el jersey, y sacó todas las pruebas que necesitaba del fondo de su maleta, las metió en el bolsillo de su anorak, y salió del apartamento.

Dos horas más tarde, después de un paseo, volvió con la cabeza más fría. Le había hecho bien caminar, tomar un café e ir a la farmacia.

Había estado tentada de pasar más rato fuera, esperar a que Sasuke se hubiera ido al aeropuerto.

Pero además de ser cobarde, no habría sido práctico. Su apartamento habría estado cerrado con llave, y no hubiera podido recoger su vieja ropa. ¡Podía hacer lo que quisiera con la ropa que le había comprado! ¡Ella no la quería!

Cuando llegó el ascensor al apartamento, Sasuke estaba saliendo de su casa. Ella se puso nerviosa. Parecía furioso.

— ¿Dónde diablos has estado? —preguntó, rabioso.

A ella no la asustaba. No lo permitiría. Ella no era su prisionera. Podía ir a donde quisiera.

—En la calle —respondió ella. Y pasó por delante de él, hacia el salón.

Sasuke la siguió.

—Fui a comprar esto —le explicó, dejando la prueba del embarazo en una de las mesas bajas.

Se dio la vuelta y lo miró. Sasuke la miró con ojos asesinos.

— ¿Había que hacerlo, no? —dijo ella con tono frío.

No sabía cómo podía hablarle de aquel modo, pero claro, algo se había muerto dentro de ella cuando la había acusado de mentirosa y actriz, y de ir tras la fortuna de Kakashi Hatake.

—Dependiendo del resultado, podrás suspirar, aliviado, o salir corriendo. Como hizo tu querido padrino, por lo que sé.

Solo sabía por su madre que Kakashi Hatake no había sabido de su existencia. Su madre había sido una mujer amable y buena, que lo había amado, y que no habría dicho nada ni hecho nada que pudiera herir a otro ser humano. Podría haber dicho que su padre no sabía que tenía una hija para proteger la reputación del hombre al que amaba, y para no herir a su hija diciéndole que su padre había eludido su responsabilidad.

Ahora ella no sabría nunca la verdad.

— ¿Es eso lo que piensas de mí? —preguntó Sasuke.

Sakura se encogió de hombros.

— ¿Y yo, cómo lo sé? Yo creí saber qué clase de hombre eras, pero me he equivocado.

Sakura vio un brillo en los ojos de Sasuke, ¿sería de desagrado? O de pena, podría ser. Pero ella no lo podía saber, y no estaba interesada en saberlo. Hacía unas horas, ella había estado viviendo un montón de fantasías, pero aquella mirada hacía que todo se transformase en arrepentimiento. Aquel sueño se había terminado.

Metió la mano en el bolsillo de su anorak. Sería mejor acabar con aquello de una vez. Y si Sasuke intentaba disculparse por la opinión que había expresado sobre ella, no le haría caso. Le había hecho demasiado daño.

—Querías la prueba —Sakura extendió el ajado sobre marrón que contenía las pruebas—. Aquí está la prueba de la relación de mi madre y el señor Kakashi —miró a Sasuke.

El fijó los ojos en ella con desconfianza, pero agarró el sobre.

—Pero, claro, según tú, todo esto es un montaje mío. Yo soy muy lista. He robado una de las pruebas y falsificado la otra. O tal vez sean auténticas, puedes creer lo que te apetezca.

— ¡No hables de ese modo! — exclamó él, clavándole los ojos—. He tenido una reacción desproporcionada en relación a lo que has dicho, lo reconozco.

¡Dios santo! ¡Se había estado volviendo loco en las dos últimas horas, pensando que ella se habría marchado, que no la volvería a ver, y que no tendría la oportunidad de disculparse por su reacción!

Él siempre se había jactado de juzgar bien a la gente. Y una vez que se había recuperado de su shock inicial ante lo que había dicho Sakura, había pensado que ella no era una mujer retorcida, manipuladora y ambiciosa. Él había sido el objetivo de ese tipo de personas muchas veces como para poder reconocerlas rápidamente.

Sasuke suspiró profundamente y dijo:

—No sé bien en qué basas tu creencia de que Kakashi es tu padre, pero evidentemente lo que te ha llevado a esa conclusión es un error, pero estoy seguro de que tú tienes razones, aunque equivocadas, para creerlo —Sasuke se puso erguido, y alzó la cabeza—: Pero, comprende Sakura, por favor, que conozco a Kakashi de toda la vida, y sé que es un hombre honorable que amó a su esposa. Y si, en el caso remoto de que pudiera ser posible, hubiera tenido una aventura fuera de su hogar y hubiera dejado embarazada a alguna mujer, no habría rehuido sus responsabilidades. No puedo creer que haya hecho eso.

— ¡Alguna mujer!

¡Estaba hablando de su madre! ¿Con quién creía que estaba hablando?

¡Y si esa era una disculpa por sus acusaciones, podía olvidarse!, se indignó internamente Sakura.

Estaba temblando de rabia. Pero por dentro sintió una punzada de amargo triunfo.

Sasuke palpó con los dedos un bulto envuelto en pañuelos de papel. Se dio cuenta de que no había convencido a Sakura con su disculpa. Ella lo miraba como si lo odiase. Pero no podía culparla por ello. Su cínica visión de las mujeres había hecho que no midiera sus palabras, y que no se detuviera a pensar en lo que estaba diciendo. No se perdonaría nunca por ello.

Cuando el colgante quedó al descubierto, con todo su brillo y su belleza, Sakura notó que Sasuke se ponía pálido.

Este miró a Sakura y luego al colgante varias veces.

— ¿Cómo has conseguido esto?—Era fácilmente reconocible. Una pieza de familia. Él nunca había visto la joya, pero había visto un retrato de su tía, deslumbrante con su vestido de novia, sentada en la sala principal de Dentotekina Hatake, en el que llevaba aquel colgante.

Años antes, poco antes de la muerte de su tía, él había notado que el retrato había desaparecido. Kakashi le había dicho con resignación:

—Rin me pidió que lo quitase. No puede soportar ver cómo era antes, y darse cuenta de cómo está ahora.

Sakura intentó reprimirse el comentario cínico de que seguramente ella lo habría robado, según él, y respondió la pregunta serenamente.

—Kakashi se lo regaló a mi madre. Quiso que se lo quedara ella. Antes de morir, mi madre me lo regaló a mí. En aquel momento yo no lo quise, y ahora tampoco lo quiero. Pensaba devolvérselo a Kakashi después de que lo conociera. Ahora tú puedes hacerlo por mí.

Sasuke no respondió, solo la miró con un gesto imposible de descifrar antes de sacar la carta del sobre. Luego achicó los ojos mientras observaba la letra manuscrita inclinada.

Sakura le explicó sin el menor rastro de emoción:

—Mi madre jamás me nombró a mi padre. Pero después de que muriese encontré esta carta. Entonces supe su identidad.

El papel tenía el encabezamiento de Dentotekina Hatake y ponía: Mi querida Hana, y finalizaba con Te querré siempre, Kakashi. Y entre medio, hablaba de los detalles de una futura cita. Hablaba de una reserva de dos noches en un pequeño hotel de la costa con la información de que:

No nos conocerán allí está apartado del camino, y podemos estar juntos, mi ángel, y atesorar cada preciado momento.

Sasuke volvió a doblar la carta con sumo cuidado y la metió nuevamente en el sobre con el colgante.

Sasuke miró a Sakura y le dijo clavándole los ojos:

—Cámbiate de ropa. Salimos para el aeropuerto en menos de una hora.

—No —respondió Sakura. Y con voz quebrada añadió— He cambiado de parecer. ¡No me iré contigo!

¿Es que realmente pensaba él que lo acompañaría después de haberla acusado de aquel modo?

Era cierto que se había disculpado, pero había dado rodeos.

Aquel cambio de actitud de Sasuke después de una noche de amor había sido una humillación para ella, y era algo que no olvidaría fácilmente. Le había demostrado que ella no le importaba nada y que solo la había usado para el sexo, porque había estado a mano. Era mejor separarse de él en ese momento, olvidarse del asunto de conocer a su padre, y de todo aquello.

—Vendrás conmigo, te guste o no —Sasuke guardó el sobre en un bolsillo interior de la chaqueta de su traje.

Su voz parecía haberse suavizado, pero Sakura sabía que seguía enfadado. Se le notaba en la mirada.

Él no podía obligarla a seguirlo, pensó Sakura.

Entonces se le ocurrió que lo único que podía hacerlo cambiar de opinión era la prueba de embarazo.

Sakura entrelazó los dedos con ansiedad y dijo:

—Tú estás pensando que podría estar embarazada, ¿no? No te preocupes. He comprado la prueba de embarazo, ¿no es cierto? Podremos saberlo en unos minutos... Ya he leído las instrucciones.

Se puso colorada, porque pensó que si no se había quedado embarazada la primera noche, podría haberse quedado aquella segunda noche.

Sasuke no había usado ninguna protección de la que ella pudiera haberse dado cuenta. ¡Al parecer no aprendían de los errores! Era posible que la prueba no diera un resultado fiable. Entonces, ¿por qué estaba tan nerviosa?

Sasuke la miró como si fuera a decir algo importante, pero lo único que dijo fue:

—Olvídate de la prueba de embarazo. El resultado, sea cual sea, no cambiará nada.

¿Qué diablos quería decir eso?, pensó ella.

Pero entonces, Sasuke la miró y ella se olvidó de todo, ahogada en sus ojos negros, y se derritió, porque esos ojos le recordaron hermosos momentos de intimidad.

Sasuke se acercó, le puso las manos en los hombros y la obligó a que se diera la vuelta.

—Es hora de que te cambies. Ve. Tienes todo el derecho del mundo a conocer a Kakashi. Quiero estar contigo cuando lo hagas. Esta situación tiene que resolverse —dijo.

Era posible que tuviera razón, admitió ella, mientras iba al dormitorio que había estado usando.

Tenía curiosidad por saber cómo era su padre como persona, se preguntaba si su padre aceptaría la relación o si la rechazaría y la echaría porque no quisiera recordar un pasado indiscreto que hacía mucho que había borrado de la memoria.

Extrañamente, después de haberse enamorado de Sasuke, no culpaba tanto a su padre por lo que había hecho. ¿No decían acaso que el hombre iba en busca de favores sexuales para asegurarse de que sus genes se pasaban a las generaciones siguientes, y que por ello no era capaz de resistir la tentación?

Si su pobre madre se había comportado como lo había hecho ella con Sasuke, entonces Kakashi no habría podido resistir tampoco la tentación.

Así que no iba a pegarle a su padre con el bolso, reflexionó mientras se cambiaba y se ponía el traje de cachemira color crema sin el menor entusiasmo. Seguidamente sacó la ropa vieja de su maleta y la reemplazó por el vestuario que le había regalado Sasuke.

Luego se preparó para salir al encuentro de aquel hombre al que amaba tanto como odiaba.

Sakura seguía sintiendo odio en el momento de ajustarse el cinturón para aterrizar. Sasuke no había hablado durante todo el viaje. ¡Al menos una palabra que pudiera significar algo importante en aquella situación!

Había sacado unos papeles del maletín que había llevado con él en cuanto se habían sentado en el avión, y se había puesto a trabajar, como si ella no existiera. Y cuando finalmente ella, harta de su actitud, le había tocado en las costillas para llamar su atención, Sasuke la había mirado con dureza y le había preguntado qué quería.

—Nada —le había respondido Sakura. Se había acomodado en su asiento y había hecho todo lo posible por no llorar y hacer el ridículo.

¿No se daba cuenta de lo mal que se sentía? ¿Es que no le importaba? Evidentemente, no.

Sakura estaba hecha un manojo de nervios ante la perspectiva de poder conocer finalmente a su padre, y además se sentía hasta mal físicamente, porque empezaba a darse cuenta del motivo por el que Sasuke estaba enfadado con ella.

Al parecer, mientras había sido la limpiadora con la que había tenido una relación sexual, y con la que había podido tener una actitud digna de Pigmalión, mientras veía cómo solucionaba la posibilidad de un embarazo, todo había estado bien. Hubiera podido desaparecer con la conciencia tranquila después de haberle llenado el armario de ropa.

Pero ahora ella se había transformado en un asunto molesto para la familia de su querido padrino, porque era la prueba de algo de lo que era mejor no hablar delante de la gente. Y eso lo cambiaba todo.

El calor le golpeó la cara al salir de la pequeña Terminal de aviones. Era un contraste agradable después de la fría primavera de Japón. Un coche negro grande los estaba esperando. Un chofer uniformado se acercó a ellos. Sakura sintió ganas de huir de allí. Tenía el estómago en un puño.

Presa del pánico de lo que la aguardaba en aquel país, Sakura se aferró al brazo musculoso de Sasuke y exclamó:

— ¡Quiero irme a casa! ¡No puedo hacer esto! Yo... ¡Kakashi no querrá que se desvele un desagradable secreto de su pasado! ¡No puedo seguir con esto, de verdad, no puedo!

—Sí, puedes —la contradijo Sasuke firmemente—. No puedes empezar algo tan serio como esto y luego huir de ello. Creí que eras más valiente —luego se interrumpió para decirle algo en chino al conductor.

Él le hablaba de valentía cuando lo que ella sentía era que sus piernas se debilitaban y que en cualquier momento dejarían de sujetarla.

—Ven —le ordenó Sasuke haciéndola subir al coche.

El chofer estaba cargando el equipaje en el maletero.

—La finca no está lejos. Te sentirás mejor cuando te pongas ropa más fresca y puedas relajarte. Mi madre te ayudará a ponerte cómoda.

Sasuke tenía la puerta de atrás del coche abierta, y la mano puesta en su espalda. Instintivamente, Sakura se resistió. Entrar en aquel coche era como meterse en un laberinto sin salida.

¡Se hubiera echado en brazos de Sasuke y le hubiera pedido que la salvara! ¡Oh, cuánto deseaba haberse callado aquella mañana!

Al parecer, el ser sincera no siempre era una ventaja. Podrían haber estado juntos, viviendo una fantasía, con Sasuke mirándola como si la encontrase la mujer más deseable del mundo. Y ella podría haberse tomado su tiempo para ir conociendo a su padre antes de decidir si le daba la noticia de quién era. Ahora esa decisión ya no estaba en manos de ella.

—Entra —dijo Sasuke con gesto poco afable—. Por si te vale de algo, me ha dicho Yin que ha llevado a Kakashi a la oficina de Hunan esta mañana. Lo recogerá más tarde. Tendrás tiempo para tranquilizarte y empezar a comportarte razonablemente antes de conocerlo.

Víctima de sus propias palabras, Sakura decidió entrar en el coche. Sasuke entró por la otra puerta y se sentó a su lado.

Ahora sí que no tendría escapatoria.

El coche iba a gran velocidad por las afueras de Hunan. Aquella sensación de vértigo no hacía más que aumentar su nerviosismo.

Enseguida estuvieron en el campo, una extensión de llanura seca adornada de valles fértiles, casas de campo blancas entre pequeños bosques.

Sakura intentó concentrarse en el paisaje, pero no pudo borrar el nerviosismo que le producía la idea de conocer a su padre. Y lo peor era que el hombre que le había hecho el amor la noche anterior y la había hecho sentir tan especial la estaba tratando con frialdad y desprecio.

Cuando el coche entró en una carretera estrecha que desembocaba en un valle en el que se anclaba una mansión, Sasuke se echó hacia adelante y habló con el chofer.

—Estás muy pálida —le dijo luego Sasuke.

El coche se detuvo frente a una pequeña casa blanca con un naranjo. Había un pollo en sus alrededores, y varias mesas y sillas de metal. Debía de ser un bar.

—Tal vez te venga bien beber algo frío.

Sakura lo dudaba. Solo una varita mágica podría ayudarla en aquel momento. Pero cualquier cosa que demorase su llegada le serviría un poco.

Una mujer gruesa y vestida de negro salió a recibirlos solícitamente, como si ellos fueran los únicos a quienes servir. Sasuke pidió lo que querían beber y luego se dirigió a ella:

—Puedes quitarte la chaqueta —le comentó Sasuke con cierto aire de superioridad— Ese traje es muy abrigado para este clima.

Ella se sintió molesta por aquel tono.

—No puedo quitármela. ¡No llevo nada debajo!

No era del todo cierto. Llevaba un sujetador de encaje de los que había hecho enviar él junto con las demás cosas. Pero hablarle de ropa interior en aquella situación le pareció demasiada intimidad.

—Es tentador verte sin ropa, pero tienes razón, no quiero que te miren más que mis ojos.

Sus palabras la marearon.

La mujer de negro apareció con las bebidas. Eran dos vasos largos de zumo de naranja.

Sakura no comprendía por qué Sasuke le había hablado de sexo, puesto que desde que le había hablado de su relación con su padrino parecía disgustado con ella.

¿A qué jugaba? ¿Qué buscaba con aquello? ¿Por qué era tan cruel?

—Bebe el zumo. Te refrescará —le aconsejó él con un tono de impaciencia en su voz.

Sakura se irguió y bebió. El zumo estaba frío y fue un alivio.

—Supongo que contestaste al anuncio pidiendo una limpiadora temporal solo para tener la oportunidad de conocer a Kakashi —dijo Sasuke.

Ella casi se atragantó.

Sasuke tomó un pañuelo blanco del bolsillo delantero de la chaqueta y se lo dio.

—Esa es la única razón de que estuvieras allí, ¿no? —Al parecer, Sasuke no iba a dejar de presionarla, pensó Sakura. —Y en realidad no estabas buscando un libro en el estudio de Kakashi la noche de tu cumpleaños. Estabas buscando información.

Sakura se sintió peor aún. Se sintió como una ladrona.

Nerviosa, empezó a atar el pañuelo que le había dejado Sasuke.

—Comprendo por qué no me lo confesaste en aquel momento. Apenas me conocías. Pero luego...—Sasuke hizo una pausa, como si se hubiera quedado pensando que ella se había acostado con él sin conocerla apenas—... cuando empezamos a intimar podrías habérmelo dicho.

Otra vez aparecía una palabra alusiva a la intimidad entre ellos.

—Solo habíamos intimado en el aspecto físico—murmuró ella, poniéndose colorada—. En otros sentidos, estamos muy distantes.

— ¿De verdad?

—Por supuesto. Una limpiadora criada en la escasez y Un hombre como tú, que no sabe lo que es tener que preocuparse por cosas tan mundanas como pagar el gas, estamos a kilómetros de distancia... No tenemos una relación íntima en nada de peso. Pero la verdadera razón por la que no te revelé mi identidad ha sido porque no quería enfadarte. Evidentemente, querías mucho a tu tía. Y te habrías enfadado si te hubiera dicho que tu tío había engañado a tu tía y que yo era el resultado de ese engaño. Sabía que me despreciarías. Yo sería una molesta mancha en la familia.

Sakura siguió hablando:

—Y yo no iba a hacer nada horrible, como chantajearlo o hacerle pagar por todos los años que me había tenido en el abandono —dijo a la defensiva—Solo quiero saber qué tipo de hombre es mi padre. El plan era que, si me gustaba, le habría dicho quién era yo y que mi madre había muerto y que nunca había dejado de amarlo. Le habría devuelto el colgante y habría desaparecido. Si no me gustaba, le habría devuelto el colgante de forma anónima.

—Pero al final, me lo dijiste —comentó él secamente—. ¿Por qué?

Sakura se acomodó en la silla. Era la pregunta más difícil de contestar de todas. ¿Cómo iba a explicarle que se había enamorado de él y que no podía soportar la idea de mentirle?

Decidió ocultar sus sentimientos por él, y contestarle casi avergonzada:

—No quería secretos entre nosotros.

Sasuke achicó los ojos y sonrió diciendo:

—Comprendo...

Pero parecía un hombre al que le había tocado la lotería.

En ese momento Sasuke se levantó y dijo:

—Venga, es hora de marchamos.

Ella lo siguió, pensando que jamás comprendería a aquel hombre. Entre otras cosas, porque no tendría la oportunidad.


Bueno hay veces que se da a odiar a Sasuke, pero su lado bipolar que tanto la confunde. Pero ya vieron ella no dará otra oportunidad ¿ustedes le creen o no?

Elaine Haruno de Uchiha