Los personajes no me pertenecen, son de Masashi Kishimoto y la historia es una adaptación de la novela Inocencia Perdida de Diana Hamilton.
Inocencia Perdida
Diana Hamilton
Capítulo XI
Lo que menos le apetecía a Sakura era enfrentarse al nuevo día. Finalmente había podido dormirse entre el llanto, y cuando Shizune la había despertado a las diez con el desayuno en la cama, hubiera querido hundir su cara en la almohada y decirle que se marchase.
Pero se acordó de sus modales y, a pesar de todo, le agradeció el desayuno. La mujer lo dejó en una mesa pequeña que había debajo de una de las ventanas.
Sakura fue al cuarto de baño de su habitación, donde vio sus ojos rojos y su nariz roja, muestra de su desdicha.
El descubrimiento de que no estaba embarazada fue el golpe final. Aunque debería de haber sido un alivio, recibió la noticia con desazón.
Abrió el ropero y se preguntó qué ropa se pondría.
Al parecer, era bastante estúpida. En lugar de estar celebrando la noticia de no ser una madre soltera cuyo hijo llevaba los genes de un manipulador capaz de extorsionar por dinero, se ponía triste por no llevar en su vientre un hijo de Sasuke.
Su estado de ánimo era el de un duelo. ¿Por un bebé que no existía? ¿Por la pérdida del amor?
Debía alegrarse de haber descubierto a tiempo el tipo de hombre que era Sasuke. Al fin y al cabo, había encontrado a su padre, y este era un buen hombre. Y eso debería bastarle para ser feliz, ¿no?
Eligió un traje pantalón azul, que era lo más sobrio que encontró en la maleta.
Hubiera preferido ponerse sus viejos vaqueros y una camiseta. Se sentía mal por usar la ropa que le había comprado Sasuke; la hacía sentir el tipo de mujer que aceptaba regalos por los servicios prestados.
Se estaba cepillando el cabello cuando entró Mikoto.
Esta le sonrió y le dijo:
— ¿Qué tal te encuentras?
—En estado de shock —dejó el cepillo y miró a aquella mujer elegante y cordial.
—Debe de haber sido un encuentro muy emotivo —comentó Mikoto.
Evidentemente, la mujer hablaba de Kakashi y no del shock que había supuesto el descubrimiento sobre su hijo.
—Pero ha sido un encuentro feliz, ¿no? He desayunado con Kakashi, y él me ha contado todos los detalles. ¡Está muy contento! — luego suspiró mirando el desayuno y exclamó—: No has comido nada. Debes comer. El café debe de estar frío. Pediré que te traigan café recién hecho.
—No, de verdad... Con el zumo es suficiente. No suelo comer casi nada en el desayuno —mintió. En circunstancias normales, solía comer bastante.
Mikoto la hizo sentar frente a la mesa, y ella obedeció. Sería mejor hacer un esfuerzo, si no, su anfitriona empezaría a sospechar que le ocurría algo.
Mientras Sakura bebió obedientemente el zumo de frutas, Mikoto se sentó en una silla frente a ella y le dijo:
—Tu padre es un hombre honorable, Sakura. Debe de haber amado profundamente a tu madre como para olvidarse de sus promesas de matrimonio. Siempre fue muy cuidadoso con Rin, hasta el final de su vida. Nunca la habría abandonado, y él me ha dicho que tu madre aceptó que fuera así. Él no sabía que ella estaba embarazada de ti cuando desapareció. Lo crees, ¿verdad?
Sakura asintió con la cabeza, las lágrimas le nublaban la vista. Su madre había tenido una vida tan dura a causa de su decisión... Pero al menos había hecho lo que le había parecido que era lo que debía hacer.
— ¡Rin había sufrido una pérdida tan grande que Kakashi no podía fallarle! ¡Ella confiaba en él y habría sido un duro golpe que ella perdiera esa confianza! Para él debió de ser muy terrible que ella enfermase tan pronto en su vida matrimonial. Ambos deseaban desesperadamente tener hijos, y desgraciadamente eso no ocurrió. Pero ahora Kakashi te tiene a ti, y se siente muy feliz. Si te digo la verdad, ¡no puede dejar de sonreír!
Seguramente la señora Mikoto se preguntaría por qué Sakura parecía tan triste.
—Yo también me siento muy contenta por ello —respondió Sakura.
Era verdad.
—Anko se ha ido. Sasuke la ha llevado a Hong Kong. El compromiso se ha roto, ¡gracias a Dios! Anko no era una mujer para Kakashi.
La sonrisa de Sakura se borró de su boca. Anko se había marchado porque Sasuke la había amenazado.
— ¿Está enfadado Kakashi? —preguntó Sakura, angustiada.
—En absoluto. Creo que ha sido un alivio para él que ella rompiese el compromiso antes de que él se viera obligado a hacerlo. Sé que no estaba seguro de su compromiso. El casarse con una mujer tan exigente habría sido un precio muy alto para poder tener un hijo. Que era lo único que él deseaba de ella, si te soy sincera. Y ahora que has aparecido tú, ¡Kakashi ha colmado ese deseo plenamente!
Sasuke la había llevado a China porque había pensado que cuando Kakashi se encontrase con su hija sería más fácil deshacerse de Anko, la mujer que le impediría disfrutar de su herencia, pensó Sakura.
Si Sasuke no la hubiera presionado, ella hubiera intentado ponerse en contacto con su padre, para satisfacer su curiosidad. Pero, probablemente, una vez que la hubiera satisfecho, se habría apartado de él sin decirle quién era, porque habría tenido miedo de su rechazo, o peor aún, habría temido que se riera de ella.
Pero, ¿por qué no la había dejado marchar Sasuke? Debía de haber sabido que si ella aparecía en la vida de Kakashi correría el riesgo de perder su herencia.
Tal vez había cosas que ella no sabía sobre Anko para que él la amenazara de aquel modo...
—Tu padre está deseoso de pasar el día contigo —dijo Mikoto—. Creo que deberíamos empezar por mostrarte la casa y los jardines.
Sakura se puso de pie con más energía de la que había tenido en toda la mañana, deseosa de olvidar a Sasuke por un rato, hasta que pudiera hablar con él y pedirle que le explicase por qué había amenazado a Anko.
Sakura respiró profundamente. Paz, silencio y tranquilidad. Solo se oía el ruido del agua de las fuentes de los patios y jardines, y el susurro de la brisa moviendo los pinos que había tras el alto muro de piedra que separaba la mansión del exterior.
Todos dormían en la casa. Ahora ya no se perdería en la mansión. Le habían mostrado toda la propiedad. Aunque no se quedaría allí demasiado tiempo. Kakashi estaba deseoso de volver a Japón.
Quería presentarles a sus amigos, a los miembros de su empresa, y a cualquiera que sintiera curiosidad por escucharlo. Y tenía ganas de mostrarle la casa familiar en la que habían vivido varias generaciones.
Cuando ella le había confesado que ya conocía bastante bien Dentotekina Hatake, y le había contado que había estado trabajando allí como limpiadora temporal, él la había abrazado fuertemente y le había agradecido la molestia, porque otra, en su lugar, simplemente le habría escrito.
Había sido un día muy emotivo en uno u otro sentido. Y mientras su padre y ella habían dado los primeros pasos para conocerse, había podido dejar de pensar en Sasuke, quien, al parecer, había preferido combinar el llevar a Anko a Hong Kong con una reunión de negocios. No se esperaba que volviese hasta el día siguiente.
Pero en aquel momento ella lo tenía en la mente. Recordaba su figura, y lo que sentía cuando lo tocaba. Sus manos añoraban tocar su cara; sus labios se morían por sus besos... Aunque se decía que él era un hombre manipulador y que el amor por él era una pérdida de tiempo, no podía dejar de pensar en él, lo necesitaba.
Cuando oyó unos pasos que se acercaban, Sakura se secó una lágrima que le estaba resbalando por la mejilla.
¿Sería su padre? ¿Algún empleado de la casa?
—Querida...
Aquella voz la hubiera reconocido en cualquier sitio... Era Sasuke.
Sakura sintió como si el suelo temblase bajo sus pies.
Sasuke era tan bello... La luz de la luna iluminaba su cabello levemente despeinado y resaltaba su piel cobriza en contraste con su camisa blanca. Ella sería capaz de perdonar cualquier cosa a aquel hombre, lo amaría siempre...
Pero sabía que tenía que luchar contra ello. Así que reunió fuerzas, se puso a la defensiva y dijo serenamente:
—Me has sobresaltado. Creí que no venías hasta mañana...
—Estaba ansioso por volver.
Lo tenía muy cerca. Tanto que podía sentir el calor de su cuerpo, oler su fragancia masculina...
— ¿Quieres saber el motivo de mi impaciencia? ¿Quieres que te lo cuente?
—Me lo imagino —ella se dio la vuelta, un poco a la defensiva. Se mojó las manos en la fuente del patio distraídamente—. Puedes relajarte. No estoy embarazada. Y estoy tan contenta de saberlo como lo estarás tú —añadió rápidamente, a la defensiva también, por si a él se le ocurría que quería retenerlo con alguna excusa.
No le veía la cara, pero debía de estar sonriendo de oreja a oreja por la noticia que le acababa de dar. Pero cuando lo escuchó hablar, notó un tono de pesadumbre en su voz:
—Si eso es lo que sientes, debemos tener más cuidado en el futuro.
¿En el futuro? ¿Qué futuro?
¿Se refería a los encuentros furtivos que pudieran tener cada vez que visitara Japón? ¿O realmente iba a pedirle que se casara con él como le había dicho a Anko?
—¡Olvídalo! - exclamó Sakura dándose la vuelta—. ¡No pienso acostarme contigo cada vez que a ti se te antoje! ¡Pero al menos tu ofrecimiento... si ha sido lo que parece... quiere decir que has dejado de estar tan irascible!
Sakura estaba llorando otra vez, ¿cuándo diablos iba a dejar de demostrar sus emociones?, se preguntó.
—Basta, Sakura! — le ordenó Sasuke—. ¡No llores, tonta! Yo no he estado enfadado contigo. O solo por escasos momentos, cuando pensé que te estabas inventando la historia de que eras la hija de Kakashi. Y te pedí disculpas por ello, ¿no lo recuerdas? ¿Te acuerdas? —repitió al ver que ella no decía nada, y la agitó suavemente.
— ¡No debiste pensar eso, ni siquiera por un momento! —protestó ella—. Realmente me hiciste daño, ¿lo sabes?
Habían pasado una noche tan perfecta que había empezado a pensar que Sasuke podía sentir algo por ella. Y entonces, él le había derrumbado todas sus ilusiones acusándola de codiciar la riqueza de Kakashi.
—Lo siento, querida mía. Espero que puedas perdonarme algún día por un momento de falta de confianza en ti —le rodeó los hombros y la llevó a un asiento en un rincón del jardín, debajo de un árbol que daba sombra en el calor del día.
—Siéntate y escúchame... —dijo Sasuke.
Sasuke se sentó a su lado y le tomó las manos. Sakura las quitó suavemente. Tenía que defenderse, y el solo contacto con su piel la ponía en peligro. Buscó un pañuelo de papel en el bolsillo de su chaqueta y se sonó la nariz. No era un gesto seductor, pero lo que ella quería era alejarlo para que él no la sedujese.
Pero no logró ahuyentarlo.
Sasuke le sonrió y le quitó un mechón de cabello de la frente.
—Yo me enamoré por primera vez a los diecinueve años. Ahora que lo pienso, solo fue una repentina revolución de hormonas, que aquejan a los hombres de esa edad. Conocí a Karin en un club nocturno. Ella era realmente deslumbrante. Y cuando me demostró que le gustaba, me sentí tan orgulloso, tan halagado, ¡que apenas pude mantenerme de pie! Hice todo lo que me pidió, le compré todo lo que se le antojó, la llevé a los mejores restaurantes, la traje a mi casa y le presenté a mis padres...
Sasuke respiró profundamente y luego continuó:
—El fin de semana que estuvimos aquí, tuvo un desliz. Le escribió una postal a su hermana, que vivía en Beijín, y le pidió a Mui que la echase al correo. No se preocupó por la curiosidad que todo ser humano tiene. Mui la leyó y me la trajo. En pocas palabras, se jactaba de su suerte. Había conseguido un rico estúpido; cinco años más joven que ella y muy fácil de manejar. Aquel fin de semana en casa del joven rico, contaba Karin, iba a conseguir que el muchacho le diera un anillo de compromiso, y cuando se casaran podría disfrutar de una vida de lujo y caprichos...
Sakura no dejó de mirarlo.
—Después de aquello, debo admitirlo, me hice muy cínico. Sobre todo porque conocí muchas otras mujeres de su estilo. Mujeres muy atractivas, envueltas en papel de regalo que solo buscaban mi dinero. Y eso, querida mía, explica que haya reaccionado de ese modo contigo —Sasuke volvió a tomar sus manos, y esta vez ella no las quitó.
Sakura sintió pena por él. Su fortuna y su belleza habían sido un atractivo para mujeres sin escrúpulos.
—En cuanto a lo de que he estado irascible, como has dicho tú, cariño mío, no tenía nada que ver contigo. Sino con Kakashi. Sentí que había visto un doble juego: engañando a Rin y a tu pobre madre... Y también estaba resentido por la vida de estrecheces que os hizo pasar a ti y a tu madre... Luego, cuando escuché lo que dijo, pude comprenderlo.
—Tú empezaste a pensar en el doble juego cuando viste que yo podía tener pruebas de mi identidad. Pero al principio pensaste en el dinero de mi padre —lo acusó ella.
—Lo siento, te lo he dicho. Te he explicado por qué me hice tan desconfiado. Por favor, perdóname.
Sakura no quería sentirse demasiado conmovida por su historia, porque rápidamente podría caer a sus pies. Podría aceptar ser su amante ocasional aunque solo fuese para demostrarle que ella era capaz de amarlo por lo que era y no por lo que poseía.
De pronto, Sasuke le apretó suavemente los dedos y le dijo:
—Cásate conmigo, Sakura. Quiero que seas mi esposa...
Ella sintió sus palabras como si fueran un golpe, puesto que recordó las palabras de Anko.
Sasuke no era mejor que aquellas mujeres de las que le había hablado, ¡el muy desgraciado!
— ¡Quítate de mí vista, Sasuke! ¡Y no vuelvas a acercarte a mí! —exclamó Sakura y salió corriendo hacia su habitación.
Cerró la puerta y se echó a llorar.
Enseguida oyó los golpes en la puerta. Sakura cerró con llave y se derrumbó, llorando, en el suelo.
No le abrió.
¡No lo quería volver a ver!
Lo rechazó porque recordó esa conversación y se encerró. ¿Lo perdonará después de eso? ¿tendrán una oportunidad más? Espero sus comentarios.
Y por cierto, ya estamos a un capítulo para que acabe esta historia.
Elaine Haruno de Uchiha
