Esta historia, es un tanto dramática a mi parecer.

En la niñez, todo parece demasiado fácil. No hay obstáculos en tu vida, solo la de ir cada día al Jardín de Infantes y aguantar que tus compañeros a veces te molesten por no hablar demasiado o por no saber que es de lo que ellos hablan.

Tus padres siempre están ahí, acompañándote en cada paso, en cada esfuerzo, pero sin embargo siempre esta esa sensación de que algo falta y no saber que es, es insoportable. Por eso con nuestra ignorancia infantil lo dejamos de lado porque pensamos que eso no tiene importancia y es tonto sentir eso.

Los días pasan y tu sientes que todo es muy lindo, excepto cuando tus papas tienen que ir a trabajar y te dejan con tus tios.

El tiempo vale oro y si no aprovechas ese tiempo, nadie te esperara. Las cosas siempre suceden por algún motivo.

Las personas en las que creías confiar te lastiman, te hieren piscamente. Aunque tú quieras olvidar lo sucedido no puedes porque estas atrapada en una cárcel, y no es una con barrotes de hierro. En esa cárcel solo existe un escudo tan invisible e intocable, ese escudo que no podemos derivar eso que no hace sentir inútiles, débiles, ese es el escudo y la cárcel de la cual no podremos escarpar nunca por más que ignoremos. Esa cárcel tiene un nombre… La mente, los recuerdos esos que nunca se van de ahí, siempre permanecen para torturarte, para recordarte que eres una mala persona que no debería existir en este mundo, sin embargo es preferible ignorar, ya que queremos pertenecer y aprovechar algo que no sabemos cuánto durara en el transcurso de la vida…

Asi es mi vida, esa es mi historia una que cuando la cuente, me causara dolor, pero necesito desahogarme para poder vivir tranquila. Esta es mi narración. La narración de la patética vida de Isabella Swan.