Disclaimer: Todos los personajes que reconozcan, pertenecen a la talentosa Stephenie Meyer. Todo lo demás, es propiedad de mi cabecita loca :3
El diario de mi madre
...Navidad y Año Nuevo...
Domingo 25 de Diciembre, 1994
Hoy fue Navidad y, como siempre, la celebramos con los Cullen, una familia amiga de mis padres. La verdad se conocían hace montones de años y los conozco desde que era una bebé. Siempre que hay alguna festividad, la celebramos con ellos, e incluso, algunas vacaciones viajamos todos juntos a donde sea que nos lleve la carretera, es entretenido, principalmente porque los hermanos Cullen son divertidísimos, sobre todo Emmett, quien es mayor que yo por tres años. Edward –el otro hermano Cullen–, en cambio, es más serio, pero aún así hablamos de diversos temas.
La Navidad se pasó como un borrón para mí. En mi casa, estaban todos revolucionados por los preparativos de esta festividad hace una semana, incluso mi hermano Jasper, quien tiene 19 años y es el más serio y centrado de mi familia; ha, definitivamente, sacado la personalidad de mi padre, Charlie Swan –el jefe de policía de Forks. En cambio, yo he sido una extraña mezcla entre la energética personalidad de mi madre, Renée Swan, y la centrada de mi padre. Sé cuando debo ser de alguna manera o de otra.
La víspera de Navidad también la pasamos en la casa de los Cullen. Esme y Carlisle, los señores Cullen, nos habían invitado cordialmente a pasar la noche aquí –porque sí, aún seguimos en esta enorme mansión– y mis padres habían aceptado, gustosos. No puedo quejarme de nada, la verdad. Amo cuando vengo para acá, sobre todo cuando la pasamos tan bien como lo hicimos anoche.
A mis cortos 17 años, tenía un gran grupo de amigos. Este incluía a Alice, Rosalie, Jasper, Jacob, Emmett, Edward y a mí. Alice y Rose son mis mejores amigas, las cuales se contrastan completamente; mientras que Alice es bajita y con el pelo corto y oscurísimo, Rose es alta y con el pelo largo y de un color casi dorado. Jasper, mi hermano, dos años mayor que yo, es el serio del grupo, el consejero. Jacob es el hijo del mejor amigo de mi papá, tiene la edad de Jasper y se lleva excelente con todos, tiene una personalidad única, con una enorme sonrisa. Emmett es el payaso del grupo, el que lanzaba una broma con tal de sacarte una sonrisa; ahora está estudiando en la universidad, pero sigue juntándose con nosotros en los fines de semana. Y Edward…, bueno, Edward es… Edward; tiene ese desordenado cabello color bronce, con esos verdes ojos tan profundos; en realidad es realmente guapo, todas las chicas del instituto están muertas por él, incluyéndome; es un muchacho bondadoso y maduro, no como los típicos adolescentes que se dejaban llevar por los impulsos, todo lo contrario, es un joven centrado, sabe lo que quiere.
La víspera de Navidad tuvimos una especie de "pijamada" entre los cuatro –Emmett, Jasper, Edward y yo–, en la cual la pasé excelente. Nos reímos hasta que nos dolió el estómago. Y, en vez de cuando éramos unos niños, nos quedamos despiertos hasta altas horas de la noche. Nos dormimos cuando ya no soportábamos más el estar despiertos –a las tres de la madrugada–, y caímos rendidos en la habitación de Edward. A mí me habían dejado la cama, claro, ya que era la única mujer, y los chicos durmieron en sacos de dormir, repartidos por todo el suelo alfombrado.
En medio de la noche, a eso de las cuatro o cinco de la madrugada, un Edward bastante adormilado me sacudió por los hombros.
–¿Bells? –me llamó, susurrando.
–¿Mmm? –pregunté de vuelta, incapaz de pronunciar palabra alguna. Se veía tan guapo con el cabello desordenado…
–¿Puedo acostarme contigo? Mi espalda me está matando. –Hizo una divertida mueca, de la cual me reí entre dientes.
–Claro, Ed. –Me moví en el amplio colchón de la cama de Edward -dándole la espalda-, dejándole el suficiente espacio para que se acomodara.
No puedo mentir, en el momento cuando la cama se hundió por su peso, estaba casi desfalleciendo, mi respiración era casi errática y el corazón me latía de una manera impresionante, sólo deseaba que no se diera cuenta el efecto que tenía en mí. De pronto, su brazo tomó mi cintura y me movió hacia él, dejando mi espalda contra su pecho. Ese es un momento que nunca olvidaré. Me sentía protegida entre sus brazos, tranquila, muy tranquila. Mi respiración se volvió más lenta, pero mi corazón aún sufría los efectos de estar a su lado.
Edward puso su cabeza en mi cuello y suspiró profundamente, haciéndome cosquillas. Me reí suavecito para no despertar a los chicos que estaban profundamente dormidos en el piso. Levanté mi mano derecha, lentamente y la puse en su nuca, acaricié con un ritmo suave su cuero cabelludo, haciendo que su respiración se hiciera más rápida. Su cálido aliento golpeó mi cuello, produciendo que me estremeciera. Me di la vuelta en sus brazos y quedamos de frente mirándonos; sus ojos verdes brillaban gracias a la tenue luz de la luna que entraba por su ventana, se veían más hermosos que de costumbre.
Posó su mano derecha en mi mejilla y la acarició con sus largos dedos de pianista. Sus ojos se posaron en los míos y se quedaron allí por un buen rato. De repente, su mirada se desvió a mis labios, y sus dedos se situaron en ellos, su pulgar rozó mi labio inferior. Mi respiración se volvió rápida, mi hálito golpeando con su pulgar. Me miró nuevamente a los ojos, casi preguntando con la mirada si podía besarme; yo sólo pude pestañear repetidas veces, embriagada por la intensidad de su mirada. Lentamente fue acercándose a mí, con su boca entreabierta, causando que nuestros alientos se entremezclaran. Nuestros labios quedaron a pocos centímetros y me miró por última vez a los ojos, antes de que ambos los cerráramos. Nuestras bocas se juntaron en un dulce beso, que al principio inició por un suave roce; una descarga eléctrica me traspasó todo el cuerpo. Sus labios se empezaron a mover, por lo que le respondí en seguida, aunque de manera torpe, ya que nunca antes había dado un beso. Mis manos se fueron directamente a su cabello y lo acaricié de manera lenta y dulce. Él, en cambio puso sus dos manos en mis mejillas, acariciándolas de forma suave.
Lamentablemente, el aire nos hizo falta y nos separamos; Edward me dio un último beso en la boca y se alejó de mí, aunque sus manos siguieron en mis mejillas. Yo sólo pude sonreír de una manera que estaba segura que era boba. Me sonrió de vuelta y me abrazó contra su pecho. Al poco tiempo me quedé profundamente dormida.
Esta mañana desperté gracias a unas suaves caricias en mi cabello. Abrí los ojos lentamente y me encontré con la intensa mirada verde de Edward.
–Feliz Navidad –susurró, acariciando aún mi cabello con sus delicadas manos.
–Feliz Navidad para ti también. –Le sonreí mirando sus hermosos ojos.
Para nuestra suerte, Emmett y Jasper nunca se dieron cuenta de que Edward y yo dormimos juntos en su cama, ya que habían descansado toda la noche y gran cantidad de la mañana.
Para cuando ya estábamos tomando desayuno en la cocina, acompañados de nuestros padres, Jasper y Emmett bajaron con una cansada expresión en cada uno de sus rostros. Finalmente, cuando todos acabamos de comer un rico desayuno preparado por mi madre y Esme, nos dirigimos a la sala y nos sentamos todos alrededor del árbol.
Nuestros padres se acomodaron en el gran sofá de la sala con una gran sonrisa en el rostro. Edward, Jasper y Emmett, se encontraban en el sofá más pequeño, donde apenas cabían por lo grandes que eran. Yo, por mi parte estaba sentada en el suelo, a un lado del árbol navideño. En estas fechas así, era yo la que repartía los regalos para cada uno, era algo así como una Señora Santa Claus por una mañana.
La repartición de regalos pasó en un tumulto de risas y sonrisas. Siempre que entregaba un regalo, daba un pequeño desfile y mostraba el paquete por todos los ángulos posibles –haciendo que varias risas salieran de los presentes–, hasta que éste llegaba a manos del destinatario. Los regalos con mi nombre, los dejaba a un lado para al final del "show" –como solía decirle yo en secreto–, abrirlos.
Cuando ya todos tuvieron todos sus regalos, los abrimos todos juntos, sacando varios gestos de asombros y sonrisas de todos. Yo había dedicado toda una semana entera para comprar los presentes de cada uno de los cercanos que tenía. Y para mi suerte, todos quedaron encantados con lo que les di.
Mi madre me regaló una pequeña cadena con un dije de violín; es bastante significativo para ambas, ya que las dos compartimos ese gusto por este instrumento, además, su madre, mi abuela Daphne, nos lo había enseñado a tocar, cuando ella aún estaba viva. Mi padre me dio este diario, el cual me dijo que lo ocupara para sacar a flote mis "dones para escritora"; es un poco extraño, ya que nunca me encontré una buena narradora de historias ficticias, así que decidí ir plasmando un poco de mi vida aquí. Mi hermano Jasper, me obsequió una nueva edición de Cumbres borracosas, mi libro favorito. Esme y Carlisle, me dieron la colección completa de las obras de William Shakespeare, lo cual lo agradezco demasiado, ya que es mi dramaturgo favorito. Emmett me regaló un lindo vestido de verano, el cual estoy completamente segura que Esme lo eligió. Finalmente, Edward me dio un brazalete de plata, el cual está conformado por pequeñas flores una al lado de otra, hasta completar la dimensión de mi muñeca; es bastante hermoso.
Pedo decir que esta es una de mis Navidades favoritas. La razón es simple… Edward me besó y eso quedará en mis recuerdos como el momento más preciado de mi vida. Quizás ese beso no significó nada para él, pero para mí, al contrario, fue bastante especial. Además de ser mi primer beso, fue con la persona que quería que fuera, y eso no pasa tan a menudo ahora.
No tocamos el tema en ningún momento del día, pero nos dábamos miradas furtivas cada cierto tiempo. No sé si alguien se habrá percatado, pero si lo hicieran, no me importaría mucho, sólo me importaba lo que él pensara de mí. Suena un poco obsesivo, pero eso es lo que quiero, saber si se interesa en mí de alguna forma… Aunque, claro, es casi imposible, ya que no soy un prototipo de chica "hermosa", sino que soy simple. Mi cabello castaño y mis ojos del mismo color, me hacen una chica común. No es que me queje, me gusta cómo soy, pero no llamo la atención a ningún chico en la preparatoria.
Esta noche también nos quedaremos a dormir, sólo Jasper y yo para hacer una nueva pijamada. Creo que también vendrán Alice, Rose y Jacob, aunque no estoy segura. Espero que Edward me bese de nuevo, ansío tener sus labios contra los míos nuevamente.
Domingo 01 de Enero, 1995
"Año Nuevo, vida nueva".
Eso es lo que me decía mi madre absolutamente todos los Años Nuevos, y esta vez no fue la excepción. Me lo dijo una vez que los fuegos artificiales –en la televisión– acabaran, luego de que me diera un abrazo, deseándome un buen año próximo.
La verdad es que no deseo una "vida nueva", estoy bien con lo que tengo. Mis padres se aman y también me aman a mí; y tengo unos amigos maravillosos, eso es mucho más de lo que desearía alguien para una buena vida, o eso creo. La verdad es que no me interesa nada más, no soy una persona materialista, no necesito el dinero para ser feliz; sin embargo, mi familia no tiene problemas económicos.
La celebración del Año Nuevo, esta vez, fue más sencilla, ya que no viajamos a ninguna parte y nos quedamos en Forks, celebrando con todos nuestros amigos más cercanos. Eso incluyó a los Cullen –obviamente–, los Black –la familia de Jake–, los Brandon –la familia de Alice– y los Hale –la familia de Rose. Éramos 19 personas en total que estábamos en la casa de Carlisle y Esme.
Alice es hija única, por lo que sólo había ido con sus padres, Jasmine y Phil Brandon. La familia de Jake, es la familia más pequeña, entre nuestro grupo de amigos, ya que sólo son su padre Billy –el cual estaba en silla de redas, por culpa de un estúpido accidente automovilístico– y él. Los Hale son los más numerosos, pues son cuatro hermanos –Rose, Vera, Lillian y Stan– y sus padres –Sussie y Xavier.
La pasamos realmente bien, y nuevamente hicimos una especie de pijamada, sólo que esta vez de sumaron Rose y Alice, ya que Jacob debía ir con su padre de vuelta a su casa y ayudarlo en todo. Los demás –exceptuando a Esme y Carlisle, claro está– se fueron a dormir a sus casas.
Al igual que en Navidad, nos quedamos despiertos hasta altas horas de la noche, sólo que dormimos todos en la sala de estar, cada uno en sacos de dormir.
Esta vez, Edward no se me acercó en medio de la noche. De hecho, la última semana se ha comportado de manera extraña. No me ha vuelto a besar, lo que me deprime cada día más. Edward es una persona que no juega con los sentimientos de los demás, o eso creo. Nunca lo he visto haciendo daño a alguien, intencionalmente, claro. Tal vez no se dé cuenta de que su alejamiento me está produciendo daño… Lo cual es totalmente razonable, ya que soy una chica que sufre en silencio.
No lo puedo negar, he llorado los últimos días por el comportamiento de Edward. Lo que me enfurece demasiado, ya que nunca esperé que el simple comportamiento de un chico me afectara tanto como lo está haciendo. Para ser sincera, estoy molesta conmigo misma por ser tan débil.
Unos días luego de Navidad, Alice notó mi estúpida cara de enamorada.
–¿Bella? –me llamó.
Ambas estábamos en el patio trasero de la casa de Rose, viendo cómo sus tres hermanos pequeños, Vera, de doce años; Lillian, de siete; y el pequeño Stan, de cinco, jugaban alegremente con la nieve.
Rose y Alice estaban sentadas a cada uno de mis costados. Miré a cada una alternativamente, preguntándome qué era lo que querían.
–Bella, ¿hay algo que no nos has contado últimamente? –preguntó Alice, suavemente.
–¿A qué te refieres? –traté de alargar lo más posible el momento. Sabía lo que me preguntarían.
–Bella… –dijo Rose reprobatoriamente–. Sabes a lo que nos referimos. Tú rostro lo dice todo. No trates de atrasar más esta conversación, ¿sí?
Suspiré resignada.
–Bien… Yo… Uh… –comencé a divagar. ¿Cómo se suponía que tenía que contar esto? Ni siquiera ellas sabían que me gustaba Edward–. Eh… ¿Recuerdan que pasé Navidad en la casa de los Cullen? –Decidí comenzar por lo más simple de explicar. Ambas asintieron con la cabeza, febrilmente–. Pues… Jasper, Emmett, Edward y yo, dormimos en la habitación de Edward. –No pasé de largo las expresiones soñadoras de ambas, cuando pronuncié el nombre de mi hermano y el de Emmett–. Nos dormimos a eso de las tres de la madrugada. Y, bueno, obviamente yo dormí en la cama de Edward, y los chicos durmieron en sacos de dormir.
Luego de unas horas, Edward me despertó y… y se acostó conmigo. –Ambas lanzaron unos chillidos de emoción. No sabía el por qué de su reacción pero aún así, les seguí contando–: Y luego, él… él… me besó –dije tan bajo que no me escucharon.
–¿Qué? –preguntó Rose, interesada.
Alice se inclinó un poco hacia mí, esperando mi respuesta.
–Me besó –susurré, pero esta vez ambas lo escucharon perfectamente. Las dos tenían una expresión de asombro y alegría en el rostro.
–¡Eso es genial, Bella! –exclamó Rose.
Yo me sonrojé y sonreí tímidamente.
–¿Te gusta? –preguntó Alice, bastante interesada.
Suspiré profundamente y asentí con los ojos cerrados.
Un nuevo chillido de parte de Alice no se hizo esperar. Pero yo no cambié mi expresión, seguía con los ojos cerrados, casi al borde de las lágrimas. Al parecer, Rose lo notó e hizo calmar a Alice.
–¿Qué ocurre, Bells? –preguntó Rosalie, casi maternalmente. Me acarició el cabello, abrazándome fuertemente.
En ese momento, mis lágrimas no dieron más y se desbordaron de mis ojos, con más facilidad de la que me hubiera gustado. Rose tomó mi rostro entre sus manos y me miró a los ojos con preocupación, mientras ella secaba mis mejillas con sus pulgares.
–¿Qué paso, Bell? –preguntó con más impaciencia.
Bajé mi mirada al suelo y sorbí mi nariz.
–Él… él no me ha vuelto a hablar. Me ignora como si no estuviera en la habitación, desde el día después de Navidad. –Mis lágrimas crecieron en cantidad, desbordándose con mayor frecuencia que antes–. No sé qué le ocurre… Yo… no lo comprendo.
Por primera vez en mucho tiempo, lloré en los brazos de alguien más que no fuera mi almohada. Me sentí reconfortada de cierta manera, las manos de Rose eran tan tiernas que parecían las de una madre. Por otro lado, estaba Alice, quien acariciaba mi espalda con sus pequeñas manos, comprendiendo todo por lo que estaba pasando.
Ése también es uno de los momentos que nunca olvidaré. Mis mejores amigas resultaron ser las mejores consoladoras –por así decirlo– del mundo. Pude desahogarme con ellas cada maldita noche que lloraba por la actitud de Edward.
El desayuno de hoy fue un completo desastre. Hubo una pequeña pelea de comida en medio de la cocina, hasta que Esme entró y dio un fuerte jadeo de la impresión. Todos nos congelamos con los alimentos en nuestras manos, a medio camino de ser tirados. Luego de un momento, Carlisle apareció detrás de Esme. Largó una fuerte carcajada, al vernos completamente sucios de harina y huevos.
Habíamos intentado hacer panqueques, pero a Emmett se le ocurrió que era buena idea tirarle un huevo al cabello de Edward. Luego, toda la cocina fue un tumulto de huevos y harina por el aire.
Además de ese pequeño momento, el Año Nuevo fue relativamente aburrido este año.
Domingo 01 de Enero, 1995
(Horas más tarde)
Retiro lo dicho. Ha sido el mejor Año Nuevo de mi vida.
Edward, poco instantes antes de que me fuera a su casa, me arrastró al patio trasero y me llevó a un gran árbol que hay allí. Mi respiración era casi errática, no sabía lo que iba a hacer. Edward es tan impredecible, algunas veces.
Me apoyó en el tronco del árbol y fue acercando su rostro al mío. Yo sólo pude mirar sus labios que estaban entreabiertos. Nuestros rostros se quedaron tan cerca por unos momentos, que casi podía sentir el calor de su piel contra la mía. Mis ojos no estaban abiertos, por lo que no me di cuenta cuando Edward ya tenía sus labios contra los míos. Respondí su beso bastante emocionada. Levanté una mano y la dejé sobre su pecho, sintiendo su respiración errática, mientras que la otra la coloqué en su nuca, acariciando su cabello cobrizo. Él por su parte, puso sus manos en mi cintura, lo que hizo que un escalofrío pasara por mi columna.
Luego de unos instantes, la falta de aire nos quemaba los pulmones, por lo que nos separamos y unimos nuestras frentes, tratando de acompasar nuestras respiraciones jadeantes.
–Feliz Año Nuevo, Bells –dijo, luego de que abriéramos los ojos. Sonreí en respuesta.
Estaba feliz de que Edward nuevamente me hubiera besado.
Tomó mi mano y nos dirigimos dentro de la casa. Se despidió de mí con un suave beso en la comisura de los labios, lo cual me hizo sonreír.
Hasta ahora, no sabía cuán grandes eran mis sentimientos hacia Edward. Puedo decir, completamente segura de mí misma, que estaba completamente enamorada de Edward.
Finalmente, aquí está el capi :D Espero que les haya gustado n.n Y en serio perdón por la demora, pero la escuela me tiene vuelta media loquita :S Como se pudieron dar cuenta, puse dos fechas en vez de una, como me lo pidieron algunas, así que espero que sea de su agrado :)
Para las que leen "Sólo con un beso", demoraré un poquitín, pero CREO que actualizaré el viernes, a más tardar el domingo...
Recuerden que en mi perfil está mi facebook para que me agreguen ^^
Cuídense un montón, un beso y un abrazo °\(^3^)/°
Saludos desde Chile ;)
Lizzie...
