Capítulo #7

Bella Pov

Al despertar, encontré a mi madre sentada en mi cama. Aunque tenía la visión borrosa a causa del sueño, me fue imposible pasar por alto sus ojos enrojecidos y con bolsas.

—Mamá —musité, deseando abrazarla y consolarla. La niña pequeña de mi interior sintió terror al verla tan alterada.

—Buenos días, corazón. Siento despertarte, pero quería hablar contigo antes de que llegue tu padre.

El estómago me dio un vuelco.

—Isabella, cariño. La abuela ha fallecido.

Cualquier otro pensamiento desapareció de mi mente.

—¿Qué?

Mi madre dejó escapar un pequeño sollozo y me tomó de la mano. Su delicada caricia no me sirvió de consuelo.

—Anoche, la abuela fue a dormir. Esta mañana, tu padre ha ido a arreglarle el calentador del agua y la ha encontrado en la cama. Ha sido un infarto.

Negué con la cabeza, incapaz de creer lo que mi madre me estaba contando. Tenía que ser un sueño. No podía estar pasando. Teníamos planes. La abuela y yo. Nos quedaban tantas cosas por hacer.

—Cariño, sé lo unida que estabas a la abuela. Es un momento difícil para todos, pero especialmente para ti. No pasa nada por llorar. Estoy aquí contigo para ayudarte.

Nunca había considerado la posibilidad de que la abuela fuese a morir. Era parte integrante de mi vida. Una válvula de escape del mundo en el que vivía habitualmente. Me comprendía de una manera que mis padres eran incapaces de hacer. La abuela nunca esperaba que fuese perfecta, como lo esperaban ellos o Edward. Estar con ella era liberador. Igual que cuando estaba con Emmett. Podía ser yo misma con la seguridad de que me seguiría queriendo. Una sensación de vacío se apoderó de mi estómago mientras las lágrimas me resbalaban por las mejillas.

Todavía la necesitaba. ¿Cómo podía haber desaparecido? La había visto hacía poco. Me dijo que no podía haber nadie tan perfecto como Emmett sin camiseta. Habíamos reído juntas. Acababa de hacerse la pedicura. ¿Cómo podía estar muerta? No estaba preparada para morir. Tenía las uñas de los pies de color fucsia. Estaba dispuesta a pasarlo bien. Habíamos planeado ir al cine juntas.

—Teníamos planes —dije con voz estrangulada.

No sabía qué más decir. Nada tenía sentido.

Bella:

Una vez más, siento el retraso en responder. Después de un día entero haciendo senderismo, me quedo frito en cuanto llego a la cabaña. Estoy combatiendo el agotamiento para escribirte este email. Hoy, Jazz y yo hemos escogido un sendero especial que ni mi madre ni mi papa querían probar, así que mi padre se ha quedado con ella. Algunos tramos eran bastante empinados. Ha sido fantástico. Cuando hemos llegado al final, la vista era increíble, y Jazz ha visto a su primer oso negro. Debe de haberle sacado una docena de fotos. Aguanta un poco más. Tu aburrimiento está a punto de acabar. Estaré en casa dentro de veinte días. Te quiero

Edward

Edward:

Hola…

….

No quería contarle a una pantalla de ordenador que mi abuela acababa de morir. No podía explicarle que había lavado el coche con Emmett y que habíamos jugado al billar. Tenía la vista borrosa de tanto llorar, y sincerarme con una máquina era lo último que deseaba. Borré la respuesta, cogí mi bolso y me dirigí al coche. Podría haberme mentido a mí misma, fingiendo que no tenía ni idea de adónde me dirigía, que necesitaba escapar y conducir sin rumbo. Pero en el fondo sabía perfectamente adónde iba.

Aparqué mi auto junto al claro del señor Jackson. Emmett no estaba en casa y su madre echó un vistazo a mi expresión afligida y me dijo dónde encontrarlo.

Oí el tractor antes de verlo. Mis pies empezaron a caminar por su cuenta en dirección al ruido. Necesitaba a alguien que me ayudase a olvidar la terrible verdad. No necesitaba ningún ridículo email sobre cascadas y osos. Necesitaba a alguien a mi lado y la primera persona en la que pensé fue Emmett. Él no me diría que todo se iba a arreglar. No intentaría tranquilizarme como a una niña pequeña. Le necesitaba.

En cuanto me vio caminando por el campo, detuvo el tractor. Sus ojos se clavaron en mí y empecé a correr. Sentía las lágrimas en mi rostro mientras corría hacia él. Bajó de un salto, justo antes de que le alcanzara.

Emmett me atrapó cuando me desplomé en sus brazos. Las lágrimas silenciosas se convirtieron en ruidosos sollozos por primera vez desde que supe que la abuela había muerto. No preguntó nada. Yo ya sabía que no lo haría. Esperaría a que estuviese preparada para hablar.

Pov Emmett

Me senté bajo el viejo roble y coloqué a Bella en mi regazo. Sus brazos se tensaron en torno a mi cuello mientras sollozaba lastimosamente contra mi pecho. Tenía miedo de preguntarle qué ocurría. En lugar de eso, la abracé y esperé. Cada uno de sus lamentos me producía un dolor en el pecho, y me costaba respirar. No fue fácil esperar ahí sentado a que se calmara lo suficiente como para contarme a quién tenía que ir a partirle la cara. Todo su cuerpo se sacudió en un gran sollozo y la acuné con más fuerza contra mí. Se me encogía el corazón con cada temblor de su cuerpo. Incluso de niños no soportaba verla triste. El día que un niño la hizo llorar en el patio de la escuela, acabé por estampar su cabeza contra el suelo. Me gané dos días de suspensión, pero valió la pena. Nadie más volvió a molestarla. Sabían lo que les convenía.

Los sollozos se fueron convirtiendo en pequeños quejidos. Bajé la vista y nuestras miradas se encontraron cuando levantó la cabeza de mi pecho sudado. Con sus grandes ojos verdes observándome, la opresión que sentía en el pecho empezó a palpitar. Si alguien le había hecho daño, le mataría. Si Edward había sido el culpable, acabaría con él. Fuese o no fuese mi primo, nadie tenía derecho a hacer llorar a Bella.

—Anoche mi abuela tuvo un infarto. —musitó. Eso no me lo esperaba.

—Lo siento, cariño.

Abrázame, por favor —contestó.

Si pudiera, la abrazaría para siempre. Con mucho cuidado le aparté el pelo de la cara, que tenía llena de lágrimas, y se lo puse detrás de las orejas. Miró hacia abajo y se puso tensa al darse cuenta de que yo no llevaba camiseta. Ahora mi pecho no sólo estaba empapado de sudor, sino también de lágrimas. Iba a decirle algo, pero su mano subió por mi torso y empezó a secarlo suavemente, y las palabras se me atragantaron.

Sabía que no debía dejar que lo hiciera, pero fui incapaz de sentirme culpable. Se acomodó en mi regazo hasta que estuvo sentada a horcajadas sobre mí. El corazón me golpeaba contra las costillas con tanta fuerza que ella tenía que notarlo. Necesitaba ponerle freno a aquella situación.

—Emmett.

Aparté la vista de sus manos sobre mi pecho y la miré a la cara. Había una pregunta en su mirada. La veía claramente. ¿Era eso lo que necesitaba en ese momento? ¿Estaba mal dejar que lidiase con su dolor haciendo algo que después sólo le provocaría aún más sufrimiento? Las lágrimas se le habían secado. Tenía la boca entreabierta y tomaba profundas bocanadas de aire. Demonios.

—Sí —respondí en tono ahogado.

Apartó las manos de mi pecho y me dispuse a inspirar intensamente para aliviar mis pulmones privados de oxígeno, pero entonces comprendí por qué había detenido aquellas inocentes caricias que me volvían loco. La inspiración se me atragantó cuando se quitó la camiseta. Sin apartar los ojos de mí, soltó la diminuta prenda de tirantes sobre la hierba. Creía que no había nada más sexy que Bella en biquini. Estaba muy equivocado. Bella en un sujetador blanco de encaje era de lejos lo más sexy que había visto en mi vida.

—Bells, ¿qué estás haciendo? —pregunté en un susurro ronco. Intenté obligarme a mirarla a la cara para juzgar en qué estaba pensando, pero no podía apartar la vista de la suave piel color crema que sobresalía por encima del sujetador. Deseaba tanto apartar el encaje y ver sus pezones por primera vez.

—Tócame —murmuró.

El hecho de que era la chica de Edward ya no parecía importar. No podía decir que no. Joder, no podía decirme que no a mí mismo. Tracé una línea desde su clavícula hasta su escote. Jadeó con fuerza y se hundió en mi regazo, presionando mi sexo. Si seguía así, me iba a poner frenético. Como si pudiese leerme la mente y quisiera ponerme a prueba, contoneó un poco el culo sobre mi erección.

—Oh, mierda —gemí, asiéndole la cara y apretando su boca contra la mía.

En el momento en que su boca tocó la mía el mundo empezó a dar vueltas. Yo había perdido la virginidad a los trece años, y desde entonces había habido muchas chicas, pero nada me había preparado para esa sensación. Bella me rodeó el cuello con los brazos y apretó su pecho, que ahora estaba desnudo, contra el mío provocando que me estremeciera por primera vez en la vida. Seguí trazando un sendero de besos desde su boca hasta la oreja y bajé por su cuello. Había cruzado la raya al besarla y acariciarla. Tenía que ponerle freno.

—Emmett, por favor —suplicó y se sentó sobre las rodillas, ofreciéndose.

Era débil y estaba más excitado de lo que nunca en mi vida lo había estado. Solté un gruñido mientras le lamía el pecho y le levantaba las caderas para sentir su calor.

—Oh —jadeó mientras me agarraba con fuerza los brazos y me apretaba. Estaba temblando. Necesitaba más. Tenía que pararlo. No deberíamos estar haciéndolo. Bella estaba conmocionada. Bella pertenecía a Edward. Paré y cerré los ojos con fuerza. Joder. ¿Cómo se suponía que iba a controlarme? Bella se removió en mi regazo y pensé que iba a levantarse, pero su cálido aliento me acarició la piel justo debajo del ombligo. Antes de que pudiese reaccionar, sacó la lengua y me lamió el tatuaje que tenía en el lado izquierdo, peligrosamente cerca la cadera. Abrí la boca para decirle que parase cuando su mano subió por mi pierna.

—Joder —gemí, apretándome contra su mano. Parecía incapaz de dominar mi propio cuerpo.

Bella había conseguido tomar el control. Cuando acarició con el dedo la cintura de mis pantalones y empezó a desabrocharlos, conseguí reunir un poco de fuerza de voluntad. Cubrí su mano con la mía y la mantuve donde estaba. No podía permitir que lo hiciese. Estaba intentando olvidar su dolor con un poco de placer y, por mucho que quisiera ayudarla, no podía. Al fin y al cabo, tenía una puñetera conciencia.

Bells, cariño, no podemos hacerlo. Estás conmocionada —conseguí decir en un susurro ronco. El corazón me seguía martilleando contra el pecho.

—Necesito tocarte, Emmett. Por favor —susurro gateando otra vez hasta mi regazo y trazándome una hilera de besos por el cuello. Edward. Tenía que acordarme de Edward.

—Tócame un poco más —suplicó, echándose atrás y mirándome con sus ojos tristes y necesitados. No podía decirle que no. Ya no. Había dejado que llegase demasiado lejos. Estaba enganchado. Deslicé las manos desde su cintura hasta la parte inferior de sus pechos antes de cubrirlos con las manos.

Joder, eran perfectos. Ella era perfecta.

—Dime dónde quieres que te toque —dije yo. Necesitaba que fuese ella la que me guiase. Arqueó la espalda, apretando más el pecho contra mis manos.

—Así está bien —replicó jadeando con suavidad.

Ver cómo inclinaba la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados como si estuviese en pleno orgasmo hizo que todo lo demás se desvaneciera. Necesitaba más. Necesitaba volver a verlo. Volví a deslizar una mano por su estómago, la moví hasta su muslo y la pasé por el interior de sus pantalones cortos hasta que sentí la tela húmeda de sus braguitas. Se estremeció y soltó un gritito.

—Emmett - gimió, temblando en mis brazos.

Sabía lo que necesitaba. Quizá iba a arrastrarme al infierno, pero estaba dispuesto a dárselo. Si esto era lo que necesitaba, me aseguraría de que lo tuviese.

—Eres como estar en el paraíso, Belli Boo

.

Bajé la cabeza y la besé. Deseaba tanto estar con ella. Pero no era el momento. Se trataba de ayudarla a ella, no a mí.

—Emmett… por favor… Dios… Oh… por favor… más… por favor —resolló. Estaba cerca. Lo sentía. Y yo también lo estaba.

—Vamos —la animé antes de morderla con suavidad.

—¡Emmett! —gritó, y soltando un gemido.

Más de una hora después, la sostuve mientras se acurrucaba en mi regazo. Estaba esperando que me invadiese el horror por lo que acababa de hacer. Pero tener a Bella entre mis brazos no me ayudaba a reunir los remordimientos que se suponía que debía sentir. En lugar de eso, por fin me sentía vivo.


Holaaaa chicas, un nuevo capiiii, les tengo una super hiper mega importante pregunta ¿Les gustaria que actualizara 3 veces por semana? ¿Si? ¿No? ¿Emmett es mio? ¿Quieren chocolate? JAJAJ en serio, respondan, muy pronto tambien comenzare una historia y dejenme decirles que VA A ESTARRRR DE INFARTO, ya tengo los primeros 3 capis listos, asi que quiero adelantar esta historia un poco mas, acuerdense, ya tengo esta historia COMPLETAMENTE lista, asi que depende de ustedes si quieren que la actualic veces por semana (Mientras mas comenten mas rapido actualizo) en serio, si comentan mucho puedo subi veces por semana, dependera de ustedes!

¿QUE LES PARECIO EL CAPI?

Aqui se pone calientee! uy uy JAJAJAJA no se, pero Emmett me mata, me encanta desde que vi las peliculas y lei los libros, su forma de ser sexy pero tierno me enamora, se podria decir que no puedo decidir por cual de los Cullen quedarme, todos me gustan, Carlisle, es UN MUY SEXY DOCTOR y es muy hermoso, Jasper tiene ese aire malo pero sexy, Emmett ya nombre que me encanta de él, y Edward, bueno, Edward ES EDWARD. Así que lo AMO.

¿Les gusto el cap?

COMENTEN PORFA

UN BESO

FRANYI