Capítulo #17
Mi casa estaba a diez kilómetros de distancia, y recorrerlos sola a oscuras no había sido la opción más inteligente. Además, Emmett me encontraría y conduciría a mi lado hasta que subiera a su estúpido jeep. Me di la vuelta y corrí por la estrecha carretera que llevaba al instituto. Las farolas iluminaban la calle, que estaba rodeada de árboles, y evitaban que resultase terrorífica. El instituto estaba a menos de un kilómetro y medio de Hank's, así que podía sentarme en las gradas del campo de fútbol y pedir a Edward que me recogiese cuando hubiese acabado.
Me sonó el teléfono y eché un vistazo al mensaje de texto.
Emmett:
Bells, lo siento. Dime donde estas por favor.
Apreté «ignorar» y seguí en dirección al campo de fútbol.
Justo antes de llegar a la puerta de entrada, unos faros iluminaron la oscuridad. No me detuve. Si era Emmett, y estaba bastante segura de que lo era, necesitaba alejarme de él. Quería llorar y no podía hacerlo con él mirando. Oí que cerraba de golpe la puerta del jeep y cómo corría por encima de la grava. Sería imposible adelantarlo corriendo, pero podía intentarlo.
—Bells, lo siento. —Me rodeó con los brazos antes de que pudiese echarme a correr.
—Suéltame. Quiero estar sola. Llamaré a Edward y él me vendrá a recoger luego para llevarme a casa.
—No —respondió.
—No era una pregunta de sí o no. Está decidido. Y ahora, vete.
—Bells, tienes que escucharme. Lo que he dicho no iba en serio. Quería ver el fuego en tus ojos. Lo echaba de menos y he arremetido a sabiendas de que te enfadarías. Me he equivocado y lo siento mucho. Por favor.
Hundió la cabeza en mi cuello y respiró profundamente. Mi intención de seguir enfadada con él desapareció por completo cuando hizo algo tan irresistible como acariciarme el cuello.
—¿Así que no lo consideras un trabajo de niñera a cambio de que Edward te deba una? — pregunté en un tono mucho más suave que el que había estado usando.
—No, ya lo sabes —respondió, acariciándome el cuello y entrelazando los dedos con los míos.
—¿Y lo de pedirme a mí como chica del espíritu no es un gran sacrificio que haces por Edward? Porque, si lo es, puedo negarme a hacerlo y tú te buscas a otra chica.
Se quedó inmóvil y entonces sus labios dejaron una estela de besos desde mi cuello hasta mi oreja.
—La sola idea de verte haciendo cosas para Edward el día del partido ya era bastante mala. No podía imaginarte preparando galletas para otro, decorando su taquilla y besándole en la mejilla. La única chica del espíritu a la que quiero es a ti.
Me di la vuelta en sus brazos y levanté la vista para mirarle.
No me siento muy fuerte desde el punto de vista emocional, con todo lo que está pasando en casa y después yendo a la escuela y viéndote allí —Interrumpí la explicación. Contarle cuánto detestaba verle con Rosalie colgada del brazo era injusto. Me asió el rostro entre las manos.
—Y yo soy el imbécil más grande del mundo por no pensar un poco antes de tratarte como lo he hecho. Lo siento tanto, Bells, perdóname, por favor.
Me puse de puntillas y le di un beso.
—Estás perdonado —susurré y di un paso atrás de mala gana—. Deberíamos irnos —proseguí, y me dirigí hacia su jeep.
No me deslicé para sentarme a su lado mientras salía del aparcamiento. Eché un vistazo a su mano entre mis piernas y me fijé en lo fuerte que sujetaba el cambio de marchas. No era así como tendría que haber ido la noche. Volvía a estar en el jeep de Emmett. Estábamos solos y a Edward le parecía bien. Suspiré y giré la cabeza para mirar por la ventanilla, contemplando los árboles que pasaban mientras Emm conducía de regreso a Hank's.
—Espera aquí. Vuelvo en seguida —dijo, y bajó de un salto del jeep. Salió del restaurante segundos después con una bolsa de comida para llevar. Le observé mientras subía de nuevo al jeep y me ofrecía una sonrisa torcida.
—Hamburguesa de beicon y queso sobre pan tostado —anunció al ofrecérmela.
—Gracias —respondí, sintiendo que el corazón me daba un brinco por el simple hecho de que recordase lo que me gustaba tomar en Hank's.
No podía dejar que volvieses a casa sin comer nada. Y menos aún después de haberme asegurado de que íbamos a cenar a un lugar que te gustase. No te he salvado del Seafood Shack para que te vayas con el estómago vacío…
—Así que ésa era la razón por la que Edward había cambiado de idea. Sonreí de oreja a oreja y abrí la bolsa.
—Bueno, todavía me debes tu compañía mientras como.
—¿Ah, sí? ¿Tú crees? —dijo, levantando las cejas.
—Pues claro, me sentiré estafada si me obligas a comer sola.
Asintió y condujo la camioneta hacia las afueras del pueblo. Parecía que íbamos a acabar la noche con una partida de billar.
—¿Crees que te acordarás de lo que te enseñé? Porque me encantaría verte inclinada sobre la mesa de billar toda la noche. —El tono provocador de Emmett no me ayudó a distraerme de lo que decía. Me notaba ruborizada y tuve que apartar la vista.
—Mierda. He dado rienda suelta a mi imaginación —añadió con la voz ahogada mientras sacudía la cabeza—. Tengo que pensar en otra cosa. De prisa.
Yo también necesitaba pensar en otra cosa, pero mi mente no paraba de reproducir la noche que pasamos en la parte trasera de su camioneta. Cada sonido. Cada caricia. Me estremecía con sólo recordarlo.
—Bells, por favor. No me mires así. Vamos al bar, jugaremos al billar, eso es todo. No puedo pensar en nada más. Si lo hago… bueno, no puedo.
Mi respiración seguía siendo superficial, pero asentí y me obligué a abrir la boca para tomar un mordisco de la hamburguesa. Cualquier cosa para no pensar en lo bien que me sentía en los brazos de Emmett. Ninguno de los dos volvió a hablar hasta que aparcamos en el bar. Abrí mi puerta antes de que él pudiese hacerlo por mí y bajé de un salto. Que Emmett me tocase mientras mi cuerpo estaba en alerta roja recordando lo bien que podía hacerme sentir era una mala idea.
—Estando Edward en la ciudad no esperaba verte aquí con ella —dijo Esme Cullen cuando entramos en el bar.
—Le estoy haciendo compañía, mamá. Déjalo ya.
Las cejas se le dispararon hacia arriba y me miró de reojo.
—¿Así que a Edward le parece bien que salgas con ella? Hay que ver, estaba convencida de que le iba a dar un ataque si se enteraba de que andaban juntos por la ciudad.
—Emmett y yo hemos sido amigos durante tanto tiempo como Edward y yo. Edward se alegra de que estemos recuperando nuestra amistad —expliqué antes de que soltase algún comentario sarcástico.
—Apuesto lo que quieras a que no sabe que estás en este bar con él. Si se entera de que te ha arrastrado hasta aquí, dudo que se alegre de que pasen tiempo juntos.
—No te metas, mamá. Hemos venido a jugar al billar.
Dejé que Emmett me guiara lejos de Esme antes de que los dos se enredasen en una discusión sobre si Edward aprobaría mi presencia en el bar o no. Estaba casi segura de que se mostraría en contra, pero se había convertido en algo que Emmett y yo compartíamos. No estaba dispuesta a renunciar también a esto. Eché un vistazo a Esme mientras Emmett me conducía hasta la mesa de billar. Se leía claramente el descontento en su mirada. Me observó un momento antes de negar con la cabeza y regresar a la barra.
—Perdona. Empiezas a gustarle un poco más, pero la familia de Edward no le hace ninguna gracia y, como eres su novia, eso te convierte en parte de su familia.
Comprendí lo que se había callado. Me había quedado con Edward en lugar de escoger a Emmett, y por eso me había ganado un punto negativo. En su opinión, la había traicionado a ella y a Emmett.
—No pasa nada. Lo entiendo —aseguré mientras cogía el palo de billar.
—Muy bien, Belli, es hora de que te dé una paliza.
—Ni lo sueñes —repliqué a sabiendas de que me iba a ganar. Había mejorado, pero no lo bastante para derrotarle.
Dos partidas más tarde, recibí un mensaje de Edward.
Edward:
¿Estás en casa?
Levanté los ojos para encontrarme con los de Emmett.
—Es Edward, pregunta si estoy en casa.
Emmett guardó su palo y alargó el brazo para coger el mío.
—Dile que ahora te llevo.
No quería volver a casa, pero no podía decirle nada más a Edward, así que le envié un mensaje.
Bella:
Emmett me está llevando a casa.
Emmett señaló la puerta con la cabeza.
—Venga, vamos.
No me tomó de la mano, ni me tocó la espalda como hizo la primera vez. Nos fuimos del bar sin que me mirase o me tocase ni una sola vez. Recibí otro mensaje.
Edward:
Dile que te lleve a mi casa. Los demás están durmiendo y yo estoy en la casa de la piscina. Ven a verme. Te llevaré a casa luego
No podía pedirle eso a Emmett. Después de nuestra pelea, la noche había sido maravillosa. Pedirle que me dejase en casa de Edward era excesivo. Una vez en el jeep, jugueteé con el teléfono intentando decidir qué decirle a mi novio.
—¿Qué pasa, Bells? ¿Qué te ha dicho para hacer que empieces a mordisquearte el labio?
Suspiré y mantuve los ojos en el móvil.
—Quiere que me lleves a su casa de la piscina. Pero yo no quiero que lo hagas.
Él detuvo la camioneta en el arcén y se volvió para mirarme.
—¿Por qué?
Levanté la vista para mirarle.
—Porque no —contesté.
Emmett soltó un rugido y golpeó el volante con las palmas de las manos provocando que diese un respingo.
—No puedo seguir con esto, Bells. Me está matando. Tenerte tan cerca y no tocarte me está volviendo loco. Eres suya, Bells. Suya. Tomaste tu decisión y comprendo el porqué. No te lo tengo en cuenta, pero joder, Bells, duele.
Sentí que se me desgarraba el pecho.
—Lo siento tanto, Emmett. Siento haberte hecho esto. Lo siento por todo. Perdona. Siento no poder arreglarlo. Lo siento.
—Déjalo. No tienes nada de que disculparte. Yo lo empecé y soy yo el que tiene que ponerle fin. Pero parece que soy incapaz de mantenerme alejado de ti.
Me deslicé por el asiento, pasé la pierna por encima del cambio de marchas de nuevo y descansé la cabeza sobre su hombro. Me rodeó con el brazo y me apretó con fuerza contra él. Cerré los ojos mientras me daba un beso en la cabeza. Ninguno de los dos sabía qué decir. Permanecimos sentados en silencio, abrazados, hasta que el móvil me alertó de que tenía otro mensaje de texto. Empecé a separarme, pero Emmett me sostuvo a su lado y arrancó el motor.
—Deja que te abrace un poco más —susurró roncamente mientras volvía a la carretera. Cuando aparcó en la calle de Edward, Emmett me dio otro beso en la cabeza.
—Será mejor que te apartes
Holaaaaaaaaaaaaaaaaa, aquí un nuevo capitulo de nuestra historia, ¿que les pareció? un poquito tarde, lo siento, ajajaja pero apenas me eh despertado les subi estos capis, les cuento, estoy sola en mi casa y ESTA LLOVIENDO muchisimo, y pues no soy fanatica de las tormentas los truenos y todo eso estando sola en mi casa :( auxilio!
¿Les gusto el capi? Yo no se ustedes pero yo me ofrezco de consolar a Emmett :( Ay lo amo muchisimo!
¿Y ustedes?
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Un beso
Franyi
