Capítulo #18
Cuando llegué a casa, Tanya estaba sentada al final de mi cama, hojeando mi álbum de fotos del verano pasado. Cerré la puerta con un poco más de fuerza de la necesaria, para ocultar la frustración que me producía comprobar que había estado curioseando entre mis cosas una vez más. Dio un respingo. Bien, esperaba haberla asustado. Se lo merecía por fisgar entre mis cosas.
—Ah. Hola, Bells, por fin llegas —comentó con una sonrisa cordial.
No entendía a esta chica. Siempre hablaba con voz suave y nunca mostraba ninguna emoción. Era como si mi tía Carmen hubiese dado a luz a un jodido robot. Estaba de mal humor y verla invadiendo mi espacio personal no sirvió para mejorar mi ánimo.
—Espero que no te importe que haya sacado uno de tus álbumes. Nuestras madres estaban contándose cosas en susurros y me aburría. Me alegro mucho de que estés aquí.
Su sonrisa sincera hizo que me sintiera un poco culpable por estar tan molesta con ella. Al fin y al cabo, su padre era un cretino y su madre no estaba demasiado interesada en consolarla, que digamos. En vez de eso, obligaba a todo el mundo a revivir la experiencia una y otra vez. Pensar en la compasión que Tanya tenía que soportar superó la exasperación que sentía, así que me senté a su lado.
—Siento haberte dejado aquí sola con ellos tanto rato. Al final me he quedado en casa de Edward más tiempo del que pensaba.
No era del todo cierto, pero no necesitaba saber más. Una sonrisa soñadora iluminó su semblante y su mirada recayó en el álbum que tenía sobre el regazo. Eché un vistazo y vi que estaba abierto por una página en la que había una foto de Edward en la playa. Su pecho blanco relucía a causa del agua y tenía una sonrisa boba en la cara que me recordaba a cuando éramos pequeños.
—Tienes tanta suerte, Bells. Edward debe de ser el chico más guapo del mundo. Recuerdo que de niña deseaba estar en tu lugar porque siempre podías jugar con él y con su primo. Incluso entonces era tan caballeroso y bien parecido.
¿Caballeroso y bien parecido?
¿Quién usa palabras como ésas para describir a un chico?
Puede que mi madre. Sacudí la cabeza con incredulidad y me tumbé en la cama.
—No es perfecto, Tanya —repliqué, sorprendiéndome a mí misma. Había admitido por primera vez en la vida que Edward Cullen tenía defectos. Tanya giró la cabeza para mirarme. Sus dos cejas cobrizas estaban levantadas en señal de interrogación.
—Nadie es perfecto.
Pareció considerarlo un momento y después se volvió para inspeccionar el álbum un poco más.
—Supongo que tienes razón. Antes pensaba que mi padre era perfecto —contestó, pero su voz se fue apagando.
El corazón se me encogió un poco ante el tono lastimado de su voz. No sabía si quería hablar del tema u olvidarlo. Como su madre hablaba por los codos continuamente, pensé que quizá preferiría olvidar.
—El otro primo. ¿Cómo se llama? ¿Everth o Emmett?
—Emmett —aclaré, sintiendo curiosidad por lo que iba a decir.
—Ah, sí. Puf, me acuerdo de cuando me encadenó a la verja donde el padre de Edward tenía los perros de caza. Me aterrorizaba estar tan cerca de la puerta. Recuerdo que pensé que los perros me morderían a través de la verja.
Se me escapó una risita ahogada al recordarlo y Tanya se dio la vuelta sobre la cama, frunciendo el ceño.
—No tiene gracia. Sabes que los perros me dan un miedo de muerte. Y ese niño horrible me obligó a cantar a pleno pulmón. Cada vez me decía que tenía que cantar más alto si quería que me liberara. Y cuanto más alto cantaba, más se enfadaban los perros. Fue horrible. —Se interrumpió y una sonrisa dulcificó sus labios, borrando la mueca anterior—. Entonces apareció Edward, regañó a Emmett y me desató. Tú apareciste de la nada y te inventaste una excusa ridícula diciendo que necesitabas a Emmett para algo. Los dos echaron a correr riendo a carcajadas. Edward sacudió la cabeza mientras los miraba marchar y se disculpó por su primo. Fue muy amable.
Había olvidado aquella travesura. Habíamos hecho tantas que no podía acordarme de todas. Pero al escuchar a Tanya contándola, reí en voz alta. Me había escondido detrás del viejo roble a unos metros de distancia. Emmett me había dicho que me mantuviese fuera de la vista por si aparecía Edward. Tuve que meterme el puño en la boca para no reír a carcajadas viendo a Tanya desafinando a voz en grito.
Estaba convencida de que los dos acabarían juntos. Han pasado siete años y sigues riéndote de mi tormento. Eran malvados, los dos.
Me apoyé sobre los codos y le sonreí.
—Si no lo recuerdo mal, me dijiste que era tan apestosa y maloliente como un pescado podrido y que ningún chico se iba a casar conmigo porque apestaba y tenía el pelo grasiento como el de un perro sarnoso.
Tanya se ruborizó y se tapó la boca con las manos. Estaba claro que había olvidado esa parte.
—Ah, es verdad —contestó avergonzada.
Asentí y reprimí otra carcajada ante su expresión.
—A Emmett no le hizo gracia, así que decidió hacerte pagar por decirme algo tan cruel. Por eso te ató y te obligó a cantar.
Tanya me ofreció una sonrisa cómplice.
—Tú estabas escondida detrás del árbol del que saliste cuando apareció Edward, ¿no? Estabas escuchando mientras me torturaba.
Volví a tumbarme con las manos detrás de la cabeza.
—Sí, lo escuché todo.
Una almohada me dio en la cabeza y me llevé un buen susto, y alargué el brazo en busca de la otra para devolverle el ataque a mi prima, que no podía evitar soltar una risita tonta. ¿Quién habría imaginado que Tanya podía ser tan boba?
—¿Chicas? —La voz de mi madre nos interrumpió, y nos quedamos paralizadas con las almohadas suspendidas en el aire, dispuestas a darnos una buena paliza. Mi madre titubeó antes de cruzar el umbral. Se había recogido el pelo rubio en una cola de caballo y no se había maquillado. Sus ojos revelaban el estrés y la preocupación que sentía. El lío por lo de mi tía la estaba agotando emocionalmente.
—Sí —replicó Tanya al instante, soltando la almohada como si la hubiesen descubierto haciendo algo terrible. Mi madre nos miró a las dos y sonrió al ver que no era una pelea, sino que nos estábamos divirtiendo.
—Siento interrumpir la guerra de almohadas. Pero tengo que hablar con Ashton a solas un momento, si no te importa, Tanya.
Mi prima asintió y se apresuró hacia la puerta.
—Gracias —dijo mi madre al cruzarse con ella, y Tanya musitó algo con la cabeza baja. Se me ocurrió que mi prima creía que se había metido en un lío y me entraron ganas de reír. Esta chica estaba paranoica.
Dejé sobre la cama la almohada que tenía en la mano y me arrellané en la cómoda silla púrpura que me quedaba cerca.
—¿Qué pasa? —pregunté. Mi madre se sentó en la cama, casi en la misma posición que Tanya. La espalda recta y las manos dobladas sobre el regazo. Nunca me había dado cuenta de cuán distinta era yo de mi madre.
—Necesito un favor. De hecho, es para Tanya.
—Mañana por la noche vendrá tu tío para hablar con tu tía, y tu padre y yo actuaremos de árbitros. Creemos que será mejor que Tanya no esté aquí. Estoy segura de que habrá lágrimas y reproches. Tanya ya ha sufrido mucho, no hace falta exponerla más a todo este drama. Tu padre y yo queremos protegerla y pensamos que sería fantástico si mañana te la pudieras llevar contigo. No he querido obligarte a estar con ella hasta ahora porque acaban de empezar las clases y Edward y tú han pasado el verano separados, pero necesito que me ayudes.
Estaba de acuerdo en que Tanya no tenía que estar allí para presenciar el melodrama que al día siguiente se representaría en casa. No obstante, había planeado ir con Emmett a la fiesta del prado. Quizá que Tanya estuviera conmigo no fuera tan mala idea. Tendría más oportunidades de mirar a Emmett a escondidas, con Tanya allí. También podría distanciarme un poco de Edward con la excusa de no incomodarla.
—Vale. Ningún problema. Saldremos hasta tarde.
Tanya volvió a mi habitación una hora después. Había disfrutado de mi soledad. Había comprobado mis e-mails, había respondido a uno de Ángela y había escuchado mi lista de reproducción favorita. Cuando mi prima puso los pies en la habitación, ya llevaba el pijama y el pelo le caía sobre los hombros en grandes rizos húmedos que le enmarcaban la cara. Siempre había envidiado su bonito pelo rubio rojizo. Su tez pálida y sus pecas me sobraban, pero el pelo se lo envidiaba. Me quité los auriculares de los oídos.
—Hola —dijo, subiendo al colchón que descansaba en el suelo junto a mi cama.
—Hola —contesté, preguntándome la causa de su expresión apesadumbrada. Conociendo a mi tía, seguro que le había contado que su padre vendría al día siguiente por la noche. Su madre era más tonta que un saco de patatas. Era incapaz de comprender cómo mi madre y ella podían compartir la misma sangre.
—¿Estás bien? —le pregunté mientras colocaba la colcha y se metía debajo. Se encogió de hombros y se dio la vuelta para mirarme.
—Sé que va a venir.
Asentí con la cabeza. Me lo había imaginado.
—Gracias por llevarme contigo mañana. Creo que no estoy lista para verle.
En cierto modo, lo comprendía. Su padre no sólo había traicionado a su madre, también la había traicionado a ella. Me pondría furiosa con mi padre si hiciese algo así. Pero eso no me impediría seguir queriéndolo, ni añorarlo. Hacía más de una semana que Tanya no veía a su padre. Seguro que le echaba de menos.
—¿Crees que algún día lo estarás? —pregunté, pensando instantáneamente que quizá tendría que haber mantenido la boca cerrada. No respondió en seguida y empecé a creer que no lo haría.
—Algún día. Pero todavía no —murmuró contra la colcha que le cubría la barbilla.
Apoyé la cabeza en la almohada y observé el techo. A veces mis padres me volvían loca con su obsesión con que fuese perfecta, pero ellos nunca me harían pasar por el sufrimiento que Tanya estaba experimentando.
Ajaaa ya estamos conociendo a Tanya, bueno la verdad ya le agarre cariño en esta historia, aqui no es la tipica perra que estamos acostumbrados a ver, aqui es dulce, y es muy linda. Bueno espero que les guste la historia, muchisimas gracias por sus reviews me encanta leerlos y ver que hay personas que apoyan la historia.
Chicas, comenten, que les parece si en vez del martes, les subo el capi el lunes, comenten y dejenme ver si les gusta, estoy pensando actualizar esta histora Lunes, Miercoles y Jueves, ¿LES GUSTA? Comenten y haganmelo saber
Un mega abrazote
Franyi
