Capítulo #21

—Empieza por el principio, Bells, y cuéntamelo todo.

Era imposible explicárselo todo. Fijé la vista en la carretera mientras la camioneta de Emmett se alejaba. Edward esperaba mi respuesta y el silencio entre los dos era atronador.

—Este verano, Emmett y yo reavivamos nuestra amistad. Ya sabes que habíamos estado muy unidos. —Hice una pausa para tomar aire—. Él me comprende. Comprende mis tonterías y sabe que no soy perfecta por mucho que me esfuerce por serlo. Con Emmett, puedo ser yo misma sin preocuparme de perder su amistad.

—Me cuesta creer que acariciarte la boca y devorarte con la mirada sean cosas de amigos.

—La única relación que puede haber entre él y yo es de amistad. Lo sabes perfectamente. Emmett es afectuoso, toca los labios de muchas chicas.

Edward alzó las cejas con incredulidad, como si considerase que lo que estaba diciendo era absurdo.

—No sé si estamos hablando de la misma persona, pero Emmett, mi primo Emmett, no se dedica a mirar a nadie con deseo y ansia en los ojos como te miraba a ti. Eres demasiado ingenua para darte cuenta, pero confía en mí, Bella, te desea y voy partirle la cara.

Vaya, ésa no era la respuesta que buscaba. Tenía que echarme la culpa a mí, no a Emmett. Tendría que redirigir su enfado.

—Estás malinterpretando la situación. Emmett intentaba convencerme de que no siguiese adelante con lo que pensaba hacer hoy. Él cree que tú y yo estamos hechos el uno para el otro. Yo no estoy tan segura. Aún somos jóvenes y necesito un poco de espacio. No estoy preparada para considerar el matrimonio. La idea me asusta. Hay tanto por vivir. Emmett cree que estoy cometiendo un error porque considera que eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Lo que has visto es a tu primo intentando persuadirme de que no rompa contigo.

La expresión de asombro e incredulidad de Edward resultaba un poco insultante. ¿Por qué le costaba tanto creer que quería romper con él?

—¿Tú… tú… quieres romper conmigo?

Hizo un gesto de negación la cabeza y retrocedió para alejarse de mí. Se había puesto pálido, como si acabase de anunciarle que no podría volver a jugar al fútbol nunca más. Tampoco era el fin del mundo.

—Cuando estoy contigo me convierto en una farsante, Edward. No soy la chica buena que tú crees que soy. Amas a la falsa Isabella y me he esmerado por ser digna de ti durante mucho tiempo, pero estoy agotada. No me gusta devolver los estúpidos carritos de la compra a su lugar en el aparcamiento y no me gusta sentirme obligada a comportarme como una buena samaritana con cualquiera que pasa por ahí. A veces deseo echar a correr y preocuparme sólo por mí. Tengo mal genio y soy egoísta, además de una impostora. La chica a la que amas y con la que quieres casarte no existe.

Fue como si me hubiesen quitado un peso de encima. Volvía a respirar por primera vez en tres años.

—Eso no tiene ningún sentido —dijo Edward sacudiendo la cabeza con incredulidad.

Tenía la libertad en la punta de los dedos y podía saborearla. Fue exasperante quedarme allí sin hacer nada, escuchando mientras él intentaba convencerme de que no sabía lo que estaba diciendo. Pero me sentía capaz de mantener el control: la verdadera Isabella tenía agallas.

—No, es la verdad. Quiero salir por ahí y enrollarme con alguien en el coche hasta perder el sujetador en el asiento trasero. Quiero levantarle el dedo a Rosalie cuando me mira mal en los pasillos del instituto. Y quiero ponerme mi biquini rojo y disfrutar de que los chicos me repasen con la mirada. No soy quien tú crees, nunca lo he sido y nunca lo seré.

Me acerqué a él y me puse de puntillas para plantarle un beso rápido en la mejilla. El olor familiar de su colonia hizo que el estómago me diese un vuelco a causa de la emoción. Le echaría de menos, pero no lo bastante como para convertirme en otra persona sólo para conservarlo a mi lado. Ahora me veía de otra forma. Se le notaba en la cara. La emoción que agitaba su mirada al verme por fin tal como yo era fue agridulce. Me di la vuelta con determinación y me dirigí a paso rápido hasta mi coche. Me marché sin mirar atrás. Cuando aparqué, Ángela estaba sentada en los escalones de entrada de la vieja residencia de ladrillo de tres pisos a la que había sido asignada. Desde el aparcamiento, pude ver que se estaba mordisqueando la uña del pulgar. Ángela sólo se roía la uña cuando estaba nerviosa. Había sido muy vaga al explicarle la razón de mi visita. Necesitaba contárselo todo a alguien. Necesitaba vaciarme el pecho. Di un respingo al oír un golpe en la ventanilla, era Ángela mordisqueándose la uña y con el cejo fruncido. Me obligué a sonreír y ella se apartó un poco para que pudiese salir.

—Te prometo que me han salido canas mientras te esperaba —comentó a la vez que tiraba de mí para abrazarme—. No puedo creer que hayas venido sin avisar a nadie.

Me aparté un poco y la miré a los ojos.

—Pero si eso aún no te lo he contado.

Puso sus grandes ojos marrones en blanco y me cogió del brazo para guiarme hasta su dormitorio.

—Corazón, en cuanto se dieron cuenta de que no ibas a regresar, recibí un mensaje de mi tía, y después Jessica y Lauren lo colgaron en su muro de Facebook.

Resoplé y apoyé la cabeza en su hombro. Ángela me dio una palmadita en el brazo y me condujo a un banco apartado bajo la sombra de un gran roble. Se dejó caer en el banco y señaló el espacio vacío a su lado.

—Venga, escúpelo. Nunca has sido objeto de ningún chismorreo. Tiene que ser interesante.

Me removí en mi asiento y observé atentamente las palmas de las manos. Admitirlo era una cosa, pero mirar a Ángela a la cara mientras confesaba todos mis defectos era muy distinto. Habíamos sido amigas durante tres años y yo no había mencionado ni una vez la posibilidad de sentir la más leve atracción por Emmett.

—Ya sabes que Emmett y yo estábamos muy unidos de pequeños. —Decidí empezar por ahí, parecía la mejor opción.

—Dios mío, ¿me estás diciendo que tiene que ver con EMMETT? ¿Emmett Cullen?

Me encogí un poco y asentí con la cabeza sin mirarla.

—Sí, tiene mucho que ver con él. - Ángela me tomó de la mano y su gesto me

transmitió algo de consuelo.

—Este verano, Emmett y yo empezamos a pasar tiempo juntos. Tú estabas con Ben o trabajando y Edward estaba fuera. Creí que sería una buena idea reavivar la amistad que habíamos compartido en el pasado.

Ángela me apretó la mano para señalar que lo comprendía y me escuchó mientras le explicaba que habíamos jugado al billar en el bar donde trabajaba su madre, que fuimos a nadar al hoyo y vimos una película en mi casa, entonces me interrumpí, consciente de que lo que iba a explicarle a continuación no sería tan fácil de comprender. Al fin y al cabo, yo era una chica buena.

—Esa noche, en la parte trasera de su jeep, Emmett y yo… nosotros… —Tragué saliva y cerré los ojos con fuerza—. Nos acostamos.

Ángela me soltó la mano y me pasó el brazo por la espalda.

—Vaya —fue su única respuesta.

—Lo sé. No fue la única vez, y aunque sé que no volverá a pasar… Creo… Creo que le amo. Quizá siempre le quise. No. Sé que siempre le quise. Cuando estoy con él, siento cosas que nunca he sentido por Edward. Puedo ser yo misma. No tengo que fingir. Emmett conoce mis peores defectos.

—El corazón desea lo que el corazón desea. No podemos evitarlo —dijo Ángela.

Suspiré y levanté los ojos para mirarla. Las lágrimas sin derramar me nublaban la visión.

—Pero he arruinado su vida. Él sólo tenía a Edward. No me malinterpretes, yo fui a por Emmett. Cuando lo pienso, me doy cuenta de ello. Todo esto es por mi culpa. No debí interponerme entre los dos.

Inhalé con fuerza y hundí la cabeza en su hombro.

—Emmett podría haberse negado. Sabía perfectamente que estaba destruyendo su relación con Edward con cada momento que pasaba contigo. No cargues tú sola con toda la culpa.

El tono severo de Ángela me hizo llorar con más intensidad. Emmett necesitaba a Edward. Quizá no lo comprendía, pero le necesitaba. Tenía que arreglarlo de alguna manera.

—¿Cómo lo soluciono? ¿Cómo puedo ayudarle a recuperar a Edward?

—Tú no lo puedes solucionar. Emmett sabía lo que hacía, Bells. Te escogió a ti antes que a Edward. Ahora tienes que dejar marchar a Edward; ¿vas a escoger a Emmett?

Me sequé las lágrimas de las mejillas y levanté la vista para mirarla.

—Escogerle provocaría que toda el pueblo le odiase. Se convertirá en el tipo que le robó la novia a Edward. No puedo hacerle eso.

Ángela se encogió de hombros.

—Dudo mucho que a él le importen los demás. Lo dejó claro cuando decidió que lo que quería hacer era verse a hurtadillas con la novia de su primo. Tiene que quererte, Bells. Nunca en la vida habría creído que Emmett haría algo que hiriese a su primo. Le quiere de verdad. Eso sólo puede significar que te quiere más a ti. —Alargó la mano y me dio unas palmaditas en el hombro—. La cuestión es si tú le amas con la misma pasión. ¿Estás dispuesta a enfrentarte a tu familia y al resto de la ciudad para estar con él?

Pov Emmett

Vaya, vaya, las ranas empezarán a criar pelo en cualquier momento. Edward Cullen acaba de entrar en un bar.

La voz de mi madre sonó alta y clara en la sala vacía. Dejé la cerveza que había estado observando desde que llegué, cinco minutos antes. Nadie tenía ni idea de dónde estaba Bella, así que había ido al bar con la esperanza de que me encontrara, en caso de que también ella me estuviese buscando.

—No es una visita social, tía Esme. He venido a ver al traidor hijo de perra de mi primo.

Mi madre silbó y sacudió la cabeza.

—Tendría que haber supuesto que acabarías enterándote de que Emmett y Bella estaban coqueteando por toda la ciudad.

—Cállate, mamá —dije sin mirarla. Mantuve los ojos en Edward. Nunca habría creído que me miraría con tanto odio. Aunque sabía que me lo merecía, me costaba tragármelo. Tenía el pelo detrás de las orejas y los dientes tan apretados que se le veía un tic en la mandíbula.

—¿Está aquí? —preguntó Edward, examinando el bar vacío. Él también había supuesto que Bells vendría a por mí.

—No.

—¿Dónde está?

—No lo sé.

Edward se acercó a grandes zancadas. Dios mío, no quería pegarle. Sólo quería a Bells, la verdadera Bells. A la que Edward no conocía. A la que nunca sería capaz de amar.

—¿Cómo has podido hacerlo, Emmett? Eres como mi propio hermano.

Ver el dolor que reflejaban sus ojos fue como si me retorciesen un cuchillo en las entrañas. No bastaba para que me arrepintiese de lo que había hecho, pero dolía.

—No la conoces. Nunca la has conocido.

—¿Que no la conozco? ¿NO LA CONOZCO? ¿Quién narices te crees que eres? Ha sido mía durante tres años. TRES AÑOS. Ustedes dos ni siquiera se saludaron en todo este tiempo. ¿Y me marcho durante el verano y se reconcilian? ¿Traban amistad? ¿Qué es lo que pasó exactamente? Porque no me pienso tragar las tonterías que me contó.

¿Debía decirle la verdad? Merecía saber la verdad, pero no podía explicársela sin el consentimiento de Bella. También era su historia.

—Recuperamos nuestra amistad. Pasamos tiempo juntos. Recordamos por qué estábamos tan unidos de pequeños. —Me interrumpí y fijé la mirada en Edward. Había una verdad que necesitaba saber. Una verdad que me pertenecía a mí solo. Pero confesarla mataría cualquier posibilidad de que pudiésemos pasar página. Todo se reducía a quién era más importante. Mi primo. La única persona que siempre supe que estaría a mi lado pasara lo que pasase, mi mejor amigo. Y luego estaba Bella. La única persona sin la que no podía vivir. Ya no. - La amo.

Edward se quedó boquiabierto, pero en seguida volvió a apretar los dientes. Se estaba preparando para darme un puñetazo. Se notaba en su postura.

—La amas —repitió con incredulidad—. ¿Eres consciente de que pienso casarme con ella algún día? ¿Y tú qué, Emmett? ¿Piensas casarte con ella? ¿Mudarse a la casa de tu madre? Quizá consiga trabajo aquí con la tía Esme cuando sus padres le den la espalda.

Mi puño aterrizó en su cara antes de darme cuenta de lo que estaba haciendo. Edward se tambaleó, le chorreaba sangre de la nariz. Un rugido le retumbó en el pecho, me saltó encima y consiguió derrumbarme. Su puño encontró mi mandíbula sólo porque yo sabía que me lo merecía. Pero éste era el último golpe que recibiría de él. La sangre que le corría desde la nariz hasta la boca me obligó a contenerle. No quería volver a pegarle, pero no pensaba permitir que me atizara.

—¡Basta ya! —chilló mi madre por encima de nuestros gruñidos, pero Edward no cejó en su intentos de golpearme y yo no dejé de bloquearlos.

—Eres un cabrón, Emmett. Es una buena chica. No puedes ofrecerle lo mismo que yo. —Las palabras de Edward provocaron que durante un segundo perdiese el control, y mi puño volvió a aterrizar en su cara. Mierda. Sería mejor que se callase de una puñetera vez.

—¡Cállate, Edward! —grité, apartándolo de un empujón y poniéndome de pie.

—Es verdad y lo sabes, lo que pasa es que ella es demasiado estúpida como para darse cuenta…

No pudo terminar la frase, porque en medio segundo lo tuve de espaldas al suelo y apretándole la garganta con la mano.

—No vuelvas a llamarla estúpida —le advertí.

Se había pasado de la raya. Le quería, pero la quería más a ella.

—Ya basta. Apártate de él, Emmett. Esto ya ha durado más que suficiente. Van a dejar que una chica eche a perder su relación. Ninguno de los dos se va a casar con ella. No son más que niños. Hay que admitir que es dulce y guapa, pero no como para perder a tu familia.

Mi madre estaba de pie junto a nosotros, su sombra cubría la cara de Edward. Aflojé la mano que tenía en su garganta por si se estaba poniendo azul sin que me diera cuenta.

—No es de mi familia. —La palabras de Edward escocían, pero si me hubiese arrebatado a Bella, yo sentiría lo mismo. Le solté y me levanté poniendo distancia entre los dos sin apartar la vista de él.

—Lo siento, niño, pero estar cabreado con él por una chica no cambiará la sangre que corre por tus venas. Los dos son y serán familia para siempre.

Edward hizo una mueca de desdén mientras se limpiaba la sangre de la nariz y de la camisa.

—No es más que el bastardo del hermano fracasado de mi padre.

No reaccioné. Era lo que Edward pretendía. Pero no lo hice. Mi madre chasqueó la lengua como hace siempre que sabe algo importante que los demás ignoran. La miré de reojo durante un segundo para ver qué estaba planeando.

—De hecho, Emmett no es el bastardo del hermano de tu padre. Es el bastardo de tu padre. La sangre que corre por sus venas es la misma que la tuya. No te equivoques al respecto.

Me quedé paralizado mientras dejaba que sus palabras penetrasen en mi cerebro. Me tambaleé y tuve que agarrarme a la mesa de billar en busca de apoyo mientras esperaba alguna señal de que mi madre estuviese mintiendo.

—No —fue la única respuesta de Edward. No me atrevía a mirarle. Ahora no.

—Sí. Pregúntaselo a tu padre, a Carlisle. Demonios, pregúntaselo a tu madre. Será divertido. Tampoco me soporta, no será grave que me odie un poco más por haberme ido de la lengua.

—Estaba diciendo la verdad. Lo notaba en su voz. Había oído sus mentiras toda la vida. Sabía la diferencia.

—No. No eres más que una puta estúpida. Mi padre nunca…

Mi madre soltó una carcajada y dio la vuelta a la barra para coger un trapo y arrojárselo a Edward.

—Límpiate la sangre de la cara y vete a casa. Cuando comprendas que estoy diciendo la verdad, tu hermano y tú podrán arreglar las cosas. Como decía, no hay ninguna chica por la que valga la pena pelear. También se lo puedes preguntar a tu padre. Seguro que él también tiene su propia opinión, al fin y al cabo, de tal palo, tal astilla…

¿Qué estaba diciendo? Una sonrisa amarga se le dibujó en los labios.

—No sé qué es peor, si descubrir que no eres más que un cabrón traidor o que tu madre intente endosarte a mi padre. — Edward escupió las palabras antes de

darse la vuelta y salir por la puerta por la que había entrado como una bala sólo quince minutos antes.

Pov Bella

—Bueno, abuela, ya he vuelto. Es hora de dar la cara —dije mientras dejaba una sola rosa de tallo alto sobre la lápida de su tumba, a la mañana siguiente.

Me había levantado a las cuatro de la madrugada, después de pasar la noche con Ángela, para llegar a tiempo a clase. No necesitaba añadir una falta sin justificar a mi lista de infracciones. Tal como estaban las cosas, lo más probable era que mis padres me castigasen durante lo que me quedaba de vida. Me senté en el banco de madera que estaba delante de su tumba. Mi madre lo había sacado del porche de casa de la abuela y lo había traído aquí.

He metido mucho la pata. No estabas aquí, así que fui corriendo a ver a Ángela, lo que seguramente sólo empeoró las cosas. Creo que mis padres aún no saben la razón, pero no creo que importe.

Tomé un sorbo del café moca que había comprado al entrar en la ciudad. Faltaba una hora para que empezasen las clases y volver a casa ahora sería una mala experiencia.

Todo esto es por Emmett. Le quiero. Es de locos, ¿no? He tenido que enamorarme de Emmett Cullen, el chico malo de la ciudad. Yo, la novia de su primo y mejor amigo. Pero con Emmett puedo ser yo misma, abuela. Igual que contigo. No es malo, a diferencia de lo que piensan los demás. No conocen su corazón. Son incapaces de ver más allá de su boca malhablada, de la bebida y su actitud rebelde, no ven que no es más que un chico sin padre. Nadie le tendió la mano, ni intentó enseñarle lo que era correcto. Tuvo que crecer solo. No es justo. Todo el mundo le juzga aunque saben que no hubo ninguna influencia positiva en su vida. Está claro que su tío no se preocupaba por él, nunca le educó ni se interesó por él. Creo que se ha convertido en alguien maravilloso a pesar de las cartas que le tocaron. No soporto la manera que tiene la gente aquí de juzgar a los demás. Emmett sólo necesita que alguien crea en él, y yo creo en él.

Tomé otro trago de café y apoyé la espalda en el banco. El cementerio estaba tranquilo a esas horas de la mañana. La única señal de vida fue el paso de un autobús escolar. Me sonó el teléfono, alertándome de que tenía un mensaje. Bajé la vista y fruncí el cejo.

Edward:

¿Dónde estás y dónde está Emmett?

Vacilé un momento, sin estar segura de cómo responder. Aunque el hecho de que Emmett hubiese desaparecido me preocupaba.

Bella:

Estoy delante de la tumba de mi abuela. No he visto a Emmett desde que se marchó ayer.

Esperé la respuesta, pero no llegó. Cogí las llaves de donde las había dejado, encima del banco, y me puse de pie.

Tengo que irme abuela.

—Te quiero —me despedí enviándole un beso antes de volver al coche.


Holaaaa pepsi cola JAJAJAJA ¿Como estan? Feliz Navidad dulzuras, espero que esten bien, este capi estuvo buenisimo ¿Que les pareció? ¿Aman u odian a Edward?¿Aman u odian a Emmett? ¿Y a Bella? Yo amo a Emmett, no soporto (EN ESTA HISTORIA) a Edward, y tengo una relacion Amor/Odio con la Esme de esta historia, es un poco diferente a como estamos acostumbradas a verla ¿Amaron el capi? Comenten y haganmelo saber

¿Creen que sea cierto que Emmett y Edward sean hermanos?

Pues van a tener que esperarse hasta el viernes para saber

MUAJAJAJA

Besos

Franyi