Disclaimer: Harry Potter y todo lo relacionado con su universo le pertenecen a J.K. Rowling. Esto es sin ánimo de lucro. La trama es mía; no copies ni publiques sin mi permiso expreso.
Claim: Remus Lupin, Lily Evans
Advertencias: -
Palabras: 1.704
Largo: One-shot
N/A: para Laura :) Hace siglos que te debo un Remus/Lily, y supongo que esto no es exactamente lo que querías, pero la intención es lo que cuenta, ¿no? *coff* A ver cuando subo el Remus/Tonks.
YA VOY, VALHALLA
"I don't care about you"
(Friday, I'm in love, The Cure)
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Hay días y días. Nadie sabe cuántos porque nadie los cuenta; sería ridículo. Sale el sol y se pone, y entremedio (sobre todo si el planeta está perezoso, como en verano) algunos mueren y otros nacen. Algunos lo piensan y otros no lo hacen, bien porque no les interesa, bien porque están demasiado ocupados.
Para Remus, antes de llegar a Hogwarts, todos los días eran iguales: despertarse pronto, ayudar a mamá a preparar el desayuno, desayunar, vestirse como un buen chico para ir a la iglesia (el mago era papá; mamá seguía las costumbres cristianas de los muggles de rezar los domingos... y desde que él murió, todos los días), estudiar, comer poco, estudiar más, leer porque sí, y una vez al mes perder la consciencia entre la piel de un monstruo llamado hombre lobo, entonces más lobo que hombre.
Pero una vez en el castillo, las cosas empezaron a cambiar, seguramente para bien. Estando en quinto año, era incapaz de predecir si conseguiría salir de su habitación (perdida en el orden del desorden, no como antes; que consiguiera mantener su cama libre de sustancias sin clasificar ya era raro) una hora antes o una después, o si llegaría a tiempo a clases. Tampoco sabía qué días iría a la biblioteca y qué otros estaría con Peter, James y Sirius, porque si se les ocurría algunas de esas ideas de esto no te lo puedes perder, va a ser épico, los libros debían dejarse en un rincón. Como decía James, las palabras no van a desaparecer, pero Malfoy se irá del pasillo adecuado en cinco minutos.
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El lunes no tuvo más remedio que llegar tarde a clase, porque la ronda de prefectos se había alargado demasiado y sus compañeros de habitación (amigos, dirían ellos, pero Remus estaba muy irritado ese día para pararse a corregirse y llamarlos así) no estaban hechos para despertarse pronto. Seguramente estarían se humor para una pequeña escapada bajo la capa invisible de James por la noche y él ni siquiera se enteró. Aunque lo hubiera hecho no los habría castigado, si se trata de aceptar cosas, pero aun así... qué más da.
Pasa que ese día, cuando entró en la clase de Encantamientos y se sentó con un suspiro, Lily (que estaba a su lado) frunció un poco el ceño, haciendo que sus ojos se oscurecieran un poco, y dijo:
-Esas malas compañías van a hacer que te vuelvas otro, Remus. Y no quiero eso. Estás bien así, llegando a tiempo a los sitios y sonriendo cuando otros lo necesitan. No te vuelvas un egocéntrico como Potter y Black, ¿vale?
-Sólo he llegado tarde porque me he dormido, Lily. No creo que pase nada.
Entonces ella cerró la boca torpemente. El licántropo pudo ver que sus mejillas se teñían de un color rojizo que no estaba ahí los días corrientes, de puntualidad, de hola, has dormido bien, ¿no? Faltan aún trece días.
Sonrió, realmente agradecido por el gesto de la pelirroja.
-Pero, oye, Lily... gracias.
Ella le sonrió de vuelta y el verde esmeralda de sus ojos se iluminó como si fuera una niña pequeña.
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El martes pasó como un día normal. Él se despertó a la hora de los días normales, no independientes (que era como él llamaba a los que eran diferentes de los demás por alguna razón, aunque se tratase de una nimiedad), y Lily fue Evans para Cornamenta y Lily para él; es decir, que se hablaron como siempre, sonriendo para llenar los silencios antes de que se volvieran incómodos y discutiendo acerca del largo necesario de la redacción que deben hacer para el jueves.
Lo mismo pasó el miércoles, solo que Peter y Sirius tuvieron que quedarse castigados por haberse metido con Snape. Ellos decían que había empezado el otro, pero si lo llamaban Quejicus incluso para hablar con McGonagall nunca colaría.
(Y Lily iría a asegurarse de ello explicándole a quien hiciera falta lo que había pasado paso por paso si Black seguía llamándola pecosa. Remus se enteraba de todo eso sin poder evitarlo al mirarla con ojos llenos de preguntas. Ella nunca se pudo resistir a ser honesta con él, incluso aunque le diera por llamarla pecosa. Pero si Black volvía a hacerlo...)
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El jueves fue definitivamente diferente. Remus había escrito diez centímetros más de lo necesario por culpa de esa conversación con Lily, pero no importaba para nada si lo comparaba con lo que ocurrió más o menos a las cinco de la tarde. Él andaba pensando en sus cosas, como siempre: diez días para la luna llena, la mejor manera de mejorar el mapa del merodeador, si leer ese libro que le habían recomendado o ponerse a escuchar un buen vinilo de los que le gustaban desde siempre y trivialidades así.
Los había que preferían pensar en las palabras más hirientes que sisear.
-Vaya, vaya, Lupin. Tu túnica aún parece más vieja si no hay dos idiotas protegiéndote a menos de cinco centímetros.
-Vaya, vaya, Malfoy. Tu, sin embargo, pareces tan imbécil como cuando estás sin los idiotas: no bajas del máximo nivel -contraatacó Remus.
A él no le importaba que intentasen burlarse de él. Sabía la imagen que daba y lo podrido que estaba el cerebro de algunos slytherin (era necesario admitir que no todos eran iguales; los había que se callaban y lo miraban con un sentimiento indescriptible cuando otros intentaban meterse con él. Intentaban, porque nunca conseguían dar con su talón de aquiles).
-Deberías ahorrar durante cinco años para pagarte una clase de educación, repugnante...
-¡Dejadlo en paz! -exclamó Lily, saliendo de la nada (es decir, dos metros por detrás de Remus, con los brazos llenos de libros), toda ella mechones de pelo rojo revuelto y furia expresada a través del lenguaje corporal.
-No te metas, sangre sucia.
De repente, el estar enfadada de Lily se convirtió en tristeza, simple y llanamente eso. A ella sí que sabían cómo hacerla llorar, aunque interiormente, porque ella odiaba ser débil y, lo que es más, que otros la vieran sufriendo. Se paró de golpe y bajó la cabeza. Aun así tuvo valor para decirles que cerraran la boca.
Justo cuando otro slyhterin iba a responder, vieron llegar a un profesor desde lo más lejano del pasillo, que en realidad tampoco era lo que se dice muy largo, y se fueron mascullando palabras ininteligibles.
-Tranquila. Vamos a la biblioteca, anda -dijo Remus, procurando ser suave.
Caminaron en silencio, de lado pero separados, los dos pensando en cosas distintas y, por lo tanto, a kilómetros de distancia. Ella ni siquiera andaba como era habitual, pero entró con aire natural a la biblioteca y se sentó junto a Lupin en la mesa de los días normales. Dejó ahí los libros, pero no abrió ninguno.
-Eh, Lily, ¿estás bien? -ella asintió, pero antes se detuvo a titubear, lo que no podía significar nada bueno. Remus suspiró y, renuniendo el valor de la amistad del día a día, del reírse casi sin pensarlo, puso su mano sobre la de ella, que era más pequeña, blanca y suave-. Sabes que no tienes que hacerles caso. Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar; obviamente, la edad mental de Malfoy y demás es de menos de dos años, porque no hablan, dicen lo que escuchan.
-No escuchan nada bueno.
-No. Si yo escuchara la mitad de cosas que me dicen y la otra mitad me la tomara en serio, ya me habría tirado por un precipicio.
-Seguro que Potter o Black estarían abajo con sus escobas de último modelo.
Remus se rió, más contento ya que ella tenía la mueca de siempre en la cara.
-Y aunque no. No me importan esos slytherin, así que no será necesario. ¿Vas a permitirles que eso te afecte? Debes saber que eres mil veces mejor persona y mejor bruja que todos ellos juntos.
Ella negó con la cabeza y sonrió. Los dedos de su mano se entrelazaron con los de Remus como si fueran piezas cercanas en un puzzle lleno de color, harmónico. Ese contacto tan básico se le hacía entonces realmente importante.
-Muchas gracias, Remus. Eres increíble.
Lily se acercó un poco y entonces él, como quien no quiere la cosa, deshizo el momento y se separó. Sonrió con prisas repentinas y se levantó.
-Tengo que irme a...
Y ni terminó la frase, inmerso en su huida como estaba. Caminó deprisa hasta salir de la biblioteca y luego más bien corrió. Se detuvo dos pasillos más lejos, debatido entre maldecirse en su fuero interno por ser un traidor o sentirse aliviado. Había estado muy cerca de no poder evitar besarla al perderse en esa combinación de melena de fuego y labios delicados.
Curiosamente, los momentos en los que era más difícil resistirse a la tentación solían pasar el cuarto día de la semana.
