Hace ya dos semanas que me fui, dos semanas que les dejé casi sin despedirme. Me pregunto cómo estarán... Me pregunto cómo estará... Tifa...
Cloud estaba oculto entre la maleza, bajo el oscuro cielo nocturno. Observaba un pequeño puesto de vigilancia militar llamado Fareh, aparentemente en desuso después de la caída de Shinra. Pero eso no era cierto. Sabía muy bien que bajo ese pequeño complejo militar se encontraba una gran plataforma de investigación donde se guardaban todos los experimentos y descubrimientos hechos durante la época dorada de Shinra. Esas investigaciones se mantenían bajo el más estricto control, y tras muchas medidas de seguridad para que nadie pudiera nunca acceder a esa información confidencial.
"Ya estoy aquí." – Dijo una voz desde detrás de Cloud.
"Hola Vincent, ¿Novedades?"
"Solo que ya está todo preparado"
"De acuerdo. Entonces dentro de poco entraremos en acción."
Vincent era uno de los integrantes del grupo que salvó el planeta dos veces, luchando contra Sephiroth. Fue un antiguo Turco, pero debido a discusiones con el profesor Hojo, éste le disparó y le dejó al borde de la muerte. Fue la Dra. Lucrecia Crescent quien le salvó la vida y le inyectó células de Caos para que pudiera vivir. El problema era que Caos era capaz de controlar a su portador y convertirle en una bestia indomable, así que le inyectó la Protomateria para que controlara a Caos, iniciando así una interminable batalla interna en Vincent, que le marcaría de por vida.
Vincent estuvo enamorado de la Dra. Crescent, pero al morir esta durante su parto, en el que dio a luz a Sephiroth, se sintió culpable de su muerte y decidió huir de ese mundo en el que vivía y encerrarse en un ataúd dónde permaneció dormido treinta años hasta que Cloud le despertó para luchar contra Sephiroth.
Esta vez, se habían reunido con otro propósito, asaltar Fareh para obtener el resultado del último experimento de Grimoire Valentine, difunto padre de Vincent. Ese experimento, era la clave para conseguir lo que ambos deseaban, deshacerse de sus temores y opresiones que cargaban desde hacía tiempo. Cada cual a su manera.
"¿Empezamos?" – Preguntó Vincent con su característico tono de voz neutro.
"Empezamos."
Los dos salieron de las sombras silenciosamente y fueron bañados por una clara luz provinente de la luna. Entonces se miraron el uno al otro, dado que en la oscuridad aún no se habían podido ver.
"Vincent, tan elegante como siempre."
"Lo mismo digo."
"Es el equipo de trabajo."
"Veo que coincidimos en esto también."
Vincent vestía su típico traje negro. Una raída capa roja le cubría los hombros y le bajaba por la espalda. Llevaba el cuello de la capa levantado, de forma que le cubría la parte baja de la cara. Su brazo izquierdo era metálico, con la forma de una garra dorada, mientras que en su brazo derecho sostenía su pistola de tres cañones, Cerbero, del cual nunca se separaba. Llevaba su larga melena negra alborotada como de costumbre, con su roja cinta en la frente, de donde salían mechones de pelo por todos los lados. Su expresión era seria como de costumbre, sus ojos, rojos cual rubíes, denotando su ya conocida expresión de indiferencia ante cualquier situación.
En cuanto a Cloud, vestía con su uniforme de SOLDADO, organización a la que perteneció antiguamente, un grupo de élite encargado de las misiones más peligrosas gracias a su gran preparación en combate. El uniforme consistía en unos pantalones azul oscuro, unas botas militares de color marrón y, sobre el torso, un jersey azul, sin mangas y con el cuello alto. Sobre el hombro izquierdo llevaba una hombrera metálica. Sus brazos estaban desnudos excepto por el par de guantes que llevaba. Obviamente, no podía faltar su enorme y nueva espada, Sable Gélido. Lo que más destacaba de Cloud era su típico peinado, con todo el pelo hacia arriba, y sus ojos, de un azul intenso, producto de su exposición a la energía Mako, a la que fue sometido tiempo atrás. Esta energía hacía de Cloud un ser potenciado, con más fuerza, agilidad y velocidad que cualquier otro humano.
Después haberse dado un rápido vistazo el uno al otro, se miraron fijamente y movieron la cabeza en sentido afirmativo. Debido a su parecido de carácter, no necesitaban demasiadas palabras para entenderse. En ese momento, retomaron el camino silenciosamente. Aunque las medidas de seguridad en la superficie no eran un gran impedimento, preferían pasar inadvertidos el máximo de tiempo posible, pues entrar a la base militar por la fuerza no era una buena opción si querían salir de allí ilesos. Es por eso que continuaron avanzando a escondidas, evitando las luces de los focos de vigilancia hasta llegar al perímetro de seguridad formado por una alambrada de metal. Tuvieron que esperar unos instantes a que el guardia que hacía la ronda se alejara para saltar la valla y sin ser vistos.
Una vez dentro del perímetro de seguridad, Vincent guió a Cloud hacia uno de los barracones, el más alejado de todos. Casi fueron descubiertos al girar la esquina del segundo barracón, pero por suerte pudieron esconderse tras unos sacos de arena amontonados en un rincón cercano. Aunque no les hubiera costado gran esfuerzo dejar sin conocimiento a los guardias, podrían haberlos descubierto y eso no les interesaba.
Al cabo de poco salieron de su escondrijo y siguieron hacia el barracón, avanzando encogidos pero velozmente. Cuando llegaron delante de la puerta del barracón, Vincent sacó una llave de debajo de su capa con la que abrió la puerta del barracón sin problemas.
El barracón no tenía nada de especial por dentro. Parecía un viejo almacén a punto de ser desballestado, pero Vincent avanzó sin cavilar hacia una pared donde se encontraba un pequeño botiquín metálico. Con la misma llave que había usado para abrir la puerta, abrió el botiquín. En su interior no había más que un pulsador rojo. Vincent lo pulsó sin pensárselo dos veces y, repentinamente, gran parte del suelo del barracón se abrió y un elevador apareció del interior de aquel agujero
"Nunca dejas de sorprenderme." – Dijo Cloud – "Entiendo que tiempo atrás hubieras estado aquí trabajando como Turco, pero... ¿Cómo puedes recordarlo tan claramente? ¿Y la llave? ¿No han cambiado nada desde que te fuiste de aquí?"
"Hay cosas que jamás se olvidan, y esta es una de ellas. Recuerdo perfectamente todo el edificio. El trabajo de un Turco consiste en eso, en saberlo absolutamente todo, lo que se ve a simple vista y lo que pasa desapercibido a los ojos de la gente común. En cuanto a lo de la llave... Antes de venir aquí pasé por casa de un amigo mío." – Una leve sonrisa asomó en el rostro de Vincent.
"¿Reeve?"– Preguntó Cloud, deduciendo ya la respuesta.
"El mismo."
"Debí suponérmelo... Bueno, ¿bajamos?"
Los dos subieron al elevador, y Vincent tecleó un número en el panel de control:
piso - 34.
"¿Cuántos pisos tiene la base militar?" – Preguntó Cloud, pues él nunca había estado allí.
"Cincuenta y seis. Los veintitrés primeros son para alojamientos de tropas. Del veintitrés al treinta y uno son para armamento y equipos militares. Del treinta y uno al treinta y ocho son laboratorios básicos de experimentación. El resto son laboratorios avanzados para experimentar con materiales peligrosos o, los peores, para experimentar con humanos."
"Y desgraciadamente, conocemos laboratorios parecidos a esos..." – Las miradas de ambos se cruzaron un momento. Dos miradas cargadas de tristeza debido a sus recuerdos pasados.
"Si, así que iremos directos al grano. Piensa que cada piso es diferente de los otros, así que si alguien se equivocara ni que fuera de un piso, estaría completamente desorientado. Es una de las medidas de seguridad pasivas."
"Suerte que has venido. Si fuera por mi, ya no sabría dónde ir."
"Lo sé, pero fui yo quien te invitó a venir, así que ya podías suponer que vendría tarde o temprano."
"Más tarde de lo normal en ti, pero si."
"Bien, sigamos." – Afirmó Vincent, pues no estaba de humor para bromas. De hecho, Vincent casi nunca estaba de humor para bromas.
Vincent pulsó una tecla en el panel de control y el elevador empezó a bajar. Una vez dentro, no volverían a salir sin lo que habían venido a buscar, el Prometeo 2.
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