¡Hola! Os traigo otro trocito más. No quiero enrollarme mucho, solo dar las gracias a los que le habéis echado un ojo a esta historia, espero que os guste cómo continúa (: ¡un abrazo y feliz Navidad!


Cuando la puerta terminó de abrirse, un nuevo camino rocoso apareció al otro lado.

−Ni hablar −murmuró Loki, decidido a no poner un pie dentro.

−Muy bien, pues yo pienso entrar.

Thor traspasó la puerta y echó a andar por el nuevo pasadizo, observando las paredes a su alrededor. La roca allí dentro era menos arenosa y cálida como lo era en el resto de la caverna, por lo que automáticamente se preguntó si aquel lugar pertenecía a Nidavellir... o acababa de meterse en una zona fuera de aquel mundo.

−Esto no me gusta nada, Thor −dijo Loki, que había terminado entrando y lo seguía de cerca−. Aquí no vamos a encontrar al resto...

−Calla.

−No me mandes callar, idiota, eso tendría que decírtelo yo a ti, ¡mira dónde nos met...!

De un momento a otro, la enorme mano de Thor tapaba la boca de Loki, negando con la cabeza. El silencio se hizo a su alrededor y, de tal forma, lo que había escuchado Thor se oyó con más claridad.

−¿Alguien está... cantando? −preguntó Loki en un susurro, deshaciéndose de la mano del otro.

Thor no respondió y siguió avanzando en silencio. Loki, sosteniendo en alto la antorcha, lo observaba de reojo.

−Parece una mujer.

−Mira, quizá tengamos suerte y esté lady Sif cantando al final de la cueva, tan interesado que estabas en encontrar a nuestros compañeros.

Loki le dio un manotazo, a sabiendas de que Thor no notaría molestia alguna, y terminó esbozando una sonrisa idéntica a la que Thor le dedicaba. Aunque no se lo dijo, Loki agradeció el comentario sobre Sif (a quien antes verían cubierta de barro que cantando), ya que aquellas palabras lograron relajarlo un poco y liberar algo de nerviosismo.

La voz estaba cada vez más próxima a los hermanos, que recorrían el pasadizo con cautela, pendientes de cualquier movimiento o cambio a su alrededor. Mjolnir brillaba en la mano del mayor, mientras que el menor tragaba saliva sin atreverse a pronunciar palabra.

De pronto, frente a ellos apareció una silueta. El pasillo se abría, formando una enorme estancia rocosa. Justo en medio, sobre una especie de banco de piedra rectángular, alguien cantaba. Loki alzó la antorcha hacia la figura mientras se aproximaban: se encontraba de espaldas, pero pudieron distinguir que se trataba de una joven. Su cabello caía por su espalda y era tan negro como el del hechicero; recogiendo varios mechones, dos palos adornaban su cabellera. Cuando estuvieron más cerca, comprobaron que, en realidad, eran huesos.

Loki se giró hacia Thor, pero este ya había decidido lo que hacer.

−¡EH! −exclamó, llamando la atención de la desconocida.

Ella, sobresaltada, detuvo su canto y se dio la vuelta, observándolos con los ojos desorbitados.

−¿Quiénes sois? ¿Cómo habéis entrado?

Cuando se puso en pie, descubrieron que tan solo era una chiquilla. Llevaba un vestido verde y la acompañaba un pequeño perro que no habían visto al llegar, que gruñía justo a su lado.

−La pregunta es quién sois vos −dijo Thor señalándola con su martillo.

Al ver el arma, la muchacha ahogó un grito de sorpresa y se tapó la boca.

−Por Yggdrasil, no puede ser...

−Sentimos la intrusión −intervino Loki−, solo nos preguntábamos si podíais indicarnos alguna salida...

−Estaba hablando yo, Loki −se quejó Thor.

−¿Loki? −repitió ella abriendo mucho los ojos y luego volvió a taparse la boca para soltar una risita.

Loki entrecerró los ojos, observándola.

−¿Os hace gracia mi nombre?

La muchacha sacudió la cabeza de forma negativa.

−Dinos, ¿hay una salida? −insistió Thor.

−Oh, pues... −la niña se acarició la barbilla, pensativa−, habéis entrado por la salida.

Thor frunció el ceño, confuso, pero Loki suspiró.

−¿Y la entrada?

Ella volvió a soltar una pequeña risita justo antes de desaparecer.

−¿A dónde ha ido? −Thor dio varias vueltas sobre sí mismo, tratando de encontrarla.

Loki avanzó hacia el lugar en el que había estado sentada la muchacha mientras el perro le gruñía.

−¡¿Dónde rayos se ha metido?! −exclamó Thor.

−Se ha ido −dijo Loki con pesadez mientras hacía aparecer un círculo verde alrededor del perro, impidiendo que la rabiosa criatura saliera de él y se acercara más a su posición.

−Qué clase de brujería es esta... −murmuró Thor consternado−. ¡Puertas mágicas! ¡Niñas que se teletransportan! −dirigió una mirada al perro y resopló−. ¿Con qué vas a sorprendernos tú, criatura?

−¡Matar! ¡Matar! ¡Matar! −ladró de pronto la bestia.

Thor, abatido, dejó caer su martillo al suelo.

−¡Esto ya es el colmo! Loki, ¿lo has oído? ¡El perro... ha hablado!

−Thor...

−¡Me niego! ¡No puede ser! ¡UN PERRO QUE HABLA!

−Thor, maldita sea, ven aquí y mira esto.

Thor suspiró y se acercó arrastrando los pies hasta Loki.

−Qué has encontrado.

−Pues...

Loki miró alternativamente a su hermano y al rectángulo de piedra.

−Creo que mi tumba.

Thor se arrodilló y pasó la mano sobre la roca. Sobre ella, alguien había grabado las runas que formaban el nombre de Loki Laufeyson.

−¿Quieres que la abramos? −preguntó el rubio alzando la cabeza.

Loki asintió levemente.

Ambos empujaron la roca, dejando a la vista el interior de la tumba.

−¿Qué... es? −murmuró Thor.

Una especie de líquido morado llenaba el agujero, de tonos cambiantes y espirales en su superficie.

−No tengo ni idea... −susurró Loki, estudiando el contenido.

Sin meditarlo previamente, Thor estiró el brazo y, antes de que Loki pudiera detenerlo, hundió la mano en la sustancia púrpura.

−¡Thor, no...!

Segundos después, atraído por una especie de magnetismo, Thor se hundió dentro de la tumba, perdiéndose bajo la superficie del líquido.

Loki contuvo el aliento, completamente solo en la caverna. Y antes de ni siquiera pensarlo, imitó a su hermano, desapareciendo él también y dejando la estancia vacía, únicamente inundada por la voz del perro, que seguía exclamando «¡Matar, matar, matar!».