¡Hola de nuevo! Antes de dejaros con la siguiente parte quiero hacer un par de aclaraciones.

Gracias a Darkela, que preguntó la edad de Loki, me di cuenta de que no había aclarado este detalle. En esta parte de la historia, tanto Thor como Loki son bastante jóvenes (unos 15 años). De hecho, este capítulo es el último en que ambos tienen esa edad. A partir del siguiente nos situaremos tres años después para entrar de lleno con la historia :).

¡Un abrazo y nos leemos!


Cuando recuperó el conocimiento, unos ojos verdes lo contemplaban fijamente. Suspiró aliviado, creyendo que Loki estaba a su lado, pero un nuevo vistazo le permitió comprobar que se encontraba muy equivocado.

−No me lo puedo creer. ¡Thor Odinson!

El aludido se sobó la cabeza mientras enfocaba la vista y confirmaba sus sospechas.

−¿Tú?

Amora exhibió una enorme sonrisa.

−Vaya, encanto, así que estabas aquí.

−Amora... −Thor se incorporó y centró su atención en descubrir dónde estaba. Pero una especie de neblina impedía que viera lo que había más allá de un par de rocas y un suelo cálido, por lo que volvió a mirar a la asgardiana−. ¿Dónde estamos?

La Encantadora parpadeó, claramente sorprendida.

−¿Cómo? ¿No lo sabes? −Amora se puso en pie y le ofreció su mano−: Estás muerto, Thor.

Thor alzó una ceja y se puso en pie sin su ayuda.

−No.

Amora volvió a sonreír.

−Oh, créeme, a mí tampoco me hace gracia... −murmuró ella mientras apartaba la mano, fingiendo que Thor no la había rechazado−. ¿Sabes lo humillante que es que esa estirada de Hela te haya conseguido antes que yo?

−No estoy muerto, Amora −insistió Thor−. ¿Dónde está Loki?

−Buena pregunta −dijo Amora arreglándose el pelo sobre los hombros−. Lo he estado buscando pero solo te he encontrado a ti.

−¿Nos buscabas?

−Tu padre está como loco. Desde que desaparecisteis no ha hecho más que mandar guerreros por los nueve mundos en vuestra búsqueda... −Amora se apoyó en una de las rocas y prosiguió−: Alguien, es decir, yo, planteó la posibilidad de que estuvierais, ya sabes, muertos... Pero no habíais entrado al Valhalla, de eso estábamos seguros, así que... −la Encantadora se encogió de hombros−, solo quedaba...

−El Helheim −murmuró Thor.

Su mirada volvió a inspeccionar la neblina y todo cobró sentido. Se encontraba en el inframundo, en el reino de Hela. Eso explicaba también la horrible sensación que le revolvía las entrañas.

−Tú también lo notas, ¿verdad? −preguntó Amora al ver la expresión en su rostro−. Esa agonía... La angustia aprisionándote la garganta −Amora se acercó y acarició la armadura de Thor con una mano−. Es por los muertos... Lo cual quiere decir que sí, estás vivo, Thor.

−Hay que encontrar a Loki −dijo Thor y echó a andar entre la niebla.

−Con cuidado, encanto −Amora se unió a la marcha y, con un movimiento de su mano, la neblina se despejó frente a ellos, dejando ver unos cuantos metros por delante de ellos. Invocó un par de bolas de luz verde y les ordenó que avanzaran frente a ellos, iluminando sus pasos−. Si no estás muerto, ¿cómo has llegado aquí?

−Estábamos en una cueva −explicó Thor−. Encontramos una tumba... tenía el nombre de Loki, y dentro había... algo.

Amora lo escuchó con atención, frunciendo el ceño.

−Al tocarlo, todo dio vueltas y... cuando desperté, estaba aquí, y estabas tú. No sé dónde está Loki.

La hechicera guardó silencio unos segundos.

−¿Dices que la tumba tenía el nombre de Loki?

Thor asintió.

−Pero no era de él. Él está vivo.

−Sí... −Amora observaba el frente, pensativa.

−Lo está, Amora −sentenció Thor.

La Encantadora se giró hacia él y le sonrió, mas ni una palabra salió de sus labios.

• • •

Cuando recuperó el conocimiento, alguien lo zarandeaba con brusquedad.

−¿Q-Qué...?

Tras lograr abrir los ojos, las manos dejaron de sacudirlo y tuvo que sujetarse al desconocido para no caer contra el suelo.

−¡No me toques!

Loki mantuvo el equilibrio por los pelos cuando la muchacha se echó hacia atrás.

−¿Tú otra vez? −resopló Loki al reconocerla como la cría de la caverna.

−Te estaba esperando −le dijo.

Loki parpadeó.

−Espera... ¿dónde estamos? −Loki vio que se encontraban en una especie de montaña, justo junto a un acantilado.

−En mi casa −dijo sin más la chica.

Ella retrocedió sin darse la vuelta y, justo cuando Loki creía que iba a caerse al vacío, se detuvo, como si supiera exactamente dónde se encontraba el borde de la montaña. Loki la siguió y se asomó para descubrir más formaciones rocosas, pequeños ríos de lava y criaturas que no lograba distinguir entre una neblina sin fin.

−Qué acogedora −murmuró Loki.

−Vamos, ella quiere verte −lo apremió la muchacha tirando de su manga.

−¡Eh, eh, calma! −Loki arrugó el ceño−. ¿Dónde está Thor?

−No lo sé. Vamos, tenemos que irnos.

−¿Me vas a decir al menos cómo te llamas?

−Leah −la chiquilla sonrió.

−Muy bien, Leah. Yo soy Loki.

−Ya lo sé.

−¿Cómo que lo sabes?

−Ya te lo he dicho. Te estaba esperando.

Leah volvió a reírse y le hizo un gesto con la mano para que lo siguiera.

• • •

Un paseo por el Helheim con la Encantadora no era lo que se dijera uno de los mayores sueños de Thor Odinson. La hechicera nunca había sido del agrado del dios, no después de todos los problemas y dolores de cabeza que le había causado, así que permaneció en silencio gran parte del camino.

A su alrededor, el paisaje no cambiaba demasiado. La neblina impedía que pudieran ver con claridad hacia dónde se encaminaban, ni siquiera estaban seguros de lo que había diez metros por delante de ellos. Thor no tenía ni idea de qué dirección estaban tomando, ni hacia dónde les conduciría, pero cualquier cosa era mejor que quedarse quietos en un rincón perdido del reino de los muertos.

De pronto, cayendo en la cuenta de algo, Thor se giró hacia Amora y le preguntó:

−¿Cómo es posible que ya os hayáis enterado de nuestra desaparición? Habíamos perdido a los demás hacía apenas un par de horas.

−¿Bromeas? −Amora parpadeó−. Thor, lleváis desaparecidos tres semanas. Cuando regresaron sin vosotros pensé que Volstagg iba a desmayarse. Y tenías que haber visto cómo lloraba la patética Sif...

−¿Cómo has entrado al Helheim? −preguntó cambiando de tema.

Amora se alisó su vestido y miró a Thor.

−Soy una hechicera, Thor. No hay lugar al que no pueda acceder, siempre hallo un método.

Thor fue a replicar, pero la Encantadora detuvo el paso y él hizo lo mismo. Con un rápido chasquido, las bolas de luz desaparecieron tan rápido como habían sido formadas a su alrededor y la neblina los rodeó aún más.

−Amora...

−¿Sí, Thor...?

−¿Qué pasa si Hela nos descubre aquí?

Amora se giró hacia él al mismo tiempo que unas manos esqueléticas aparecían entre la niebla, aproximándose lentamente a ella por detrás.

−Que morimos.

• • •

Aunque lo intentó hasta la saciedad, Thor fue incapaz de deshacerse de las esqueléticas criaturas que los arrastraban. Amora, por su parte, había tratado de hacer uso de su magia contra ellas, pero por algún motivo parecía que eran inmunes a sus hechizos, lo cual la tenía verdaderamente ofuscada.

Finalmente, las criaturas los empujaron al suelo frente a una pequeña escalinata. Desde arriba, sentada en su majestuoso trono, la Reina del Hel los observaba con atención.

−Bienvenidos a mi reino, asgardianos.

−Hela −saludó Amora en un murmuro, escondiendo muy mal su repulsión hacia la otra.

−¡Atrás, viejas apestosas! −gritaba Thor, que intentaba levantarse, pero las criaturas que los habían conducido allí se lo impedían una y otra vez.

−Cálmate, hijo de Odín −le ordenó Hela desde su asiento−. Las dísir solo obedecen a su ama y señora.

Con un elegante movimiento de sus dedos, las criaturas se apartaron de Thor.

−¡Thor!

−¿Loki?

El asgardiano miró hacia todas partes, buscando a su hermano, hasta al fin localizarlo: se encontraba junto a la niña que habían visto en la caverna, unos metros a la derecha de Hela.

Thor se puso en pie y corrió hacia él, pero Hela volvió a alzar la mano y una barrera invisible lo detuvo, golpeándole hacia atrás.

−¡Bruja! −le gritó el rubio a Hela, que lo ignoró por completo.

−¿A qué habéis venido? −preguntó dirigiéndose a Amora.

−Se nos habían extraviado unos principitos −comentó Amora con una de sus encantadoras sonrisas−. Lamento si os hemos supuesto una molestia −canturreó, aunque por su expresión era evidente que le traía sin cuidado si era así−. Y ahora, si nos disculpáis, regresaremos a Asgard y...

−Regresaréis a Asgard −aceptó Hela−, pero solo tú y el hijo de Odín.

−¿Qué? −dijo Loki.

−Loki no va a quedarse con vos, vieja harpía miserable −escupió Thor.

−El destino de Loki Laufeyson está escrito −replicó Hela tajantemente−. Su sino es el Helheim, no se marchará.

−Vos no tenéis su alma −intervino Amora esta vez.

Hela se tomó una breve pausa y respondió:

−Su alma me pertenecerá.

−Pero no os pertenece ahora.

La reina del inframundo y la Encantadora se fulminaron con la mirada, ambas conscientes de quién tenía la razón.

−Las nornas así lo quisieron, Encantadora. Loki Laufeyson está destinado a acabar aquí.

−¡Loki no está muerto! −exclamó de repente Thor, y miró a su hermano−. ¿A que tú también sientes la cosa esa que te da ganas de vomitar?

−¿Qué...? −Loki parpadeó.

−¡SILENCIO! −ordenó Hela, y en cuestión de segundos, un hilo de plata cosió los labios de Thor, haciéndolo retorcerse de dolor.

−¡Basta! −gritó Loki y corrió hacia Thor, pero esta vez nada impidió que los dos hermanos se reunieran. Loki acarició con los dedos la boca de su hermano antes de girarse hacia Hela y gritarle−: ¡Está bien, como quieras! Me quedaré. Pero detente. Y déjalos ir.

Thor sacudió la cabeza y trató de hablar, pero solo consiguió que el hilo cerrará con más fuerza sus labios.

−No, Loki, tú vienes con nosotros −dijo Amora.

−Era mi tumba, Amora, la vi −le dijo Loki y tragó saliva para deshacerse del pequeño nudo que apretaba su garganta−. Quizá... Quizá Hela tenga razón.

−¡Pero aún estás vivo, ella no puede...!

Hela alzó la mano y Amora estuvo tan segura de que iba a coserle la boca también que no terminó la frase. No obstante, lo único que hizo a reina del Hel fue señalar de nuevo a Thor.

−Última oportunidad, asgardiano. Volved a vuestro mundo o permaneced en el Hel para siempre.

Los dedos de Hela volvieron a moverse en el aire y la boca de Thor se descosió, no sin que el príncipe volviera a gemir de dolor. Segundos después, respondió:

−Entonces, me quedo.

−Thor... −susurró Loki, pero este lo interrumpió:

−Lo ha dejado claro, ¿no? Volver sin ti o quedarme contigo. Mi decisión es obvia. No voy a volver a Asgard sin ti.

Loki parpadeó sin poder creer lo que su hermano decía.

−Pero Thor, tú tienes que volver −insistió Loki, tomándole el rostro entre las manos−. Tienes que volver a casa, y seguir haciendo esas tonterías que haces con el martillo... Y ser rey alguna vez. Casarte, aunque ojalá no sea con Sif porque, ¿sabes?, no la aguanto −sonrió, de forma nerviosa, y Thor lo imitó. Loki tragó saliva y le suplicó−: Tienes que vivir, Thor.

Pero Thor negó con la cabeza.

−No sin ti.

Loki lo observó detenidamente unos segundos antes de tirarse a su cuello y abrazarlo con fuerza.

−De veras, eres el idiota más grande y encantador de los Nueve Reinos.

Hela contempló la escena en silencio. Cuando los hermanos se separaron, la reina se levantó y anunció:

−Marchaos.

−¿Qué? −dijeron ellos al unísono.

−No puedo manteneros aquí a los dos. Odín jamás lo permitiría, y lo último que deseo ahora mismo es una guerra contra Asgard. Marchaos −Hela observó a Loki−. Y tú, no olvides que tu alma me pertenecerá. Tarde o temprano, volverás a tu tumba, y regresarás a mí.

−Espero que sea dentro de varios milenios −murmuró Loki.

En silencio, los tres asgardianos se levantaron y emprendieron el camino de vuelta a su mundo, bajo la atenta mirada de Hela y su acompañante.

−Ahora vuelvo a estar sola −suspiró Leah y se dejó caer al lado del trono de Hela−. ¿Creéis de veras que volverá a nosotras, mi señora?

Hela regresó a su sitio, sentándose con elegancia.

−Sí, Leah −respondió, apoyando las manos en su regazo−. El problema es qué haremos cuando el Dios del Trueno también quiera pasar la eternidad en nuestro reino.

−No entiendo por qué. Hablan muy bien del Valhalla...

−Cada quien tiene su propio paraíso, pequeña.

−Sí... −Leah se acomodó y murmuró−: El mío estaría lleno de batidos...

Hela suspiró y cerró los ojos mientras, en su mente, veía cómo los asgardianos iban dejando su reino. Vio la sonrisa de Thor Odinson. La mirada brillante de la Encantadora. Pero, sobre todo, vio la forma en la que Loki curaba con su magia las heridas de la boca de su hermano. Con un nuevo suspiro, alejó aquellas imágenes de su mente y se dedicó a mover la niebla a su alrededor, consciente de que no habría forma posible de separar a ambos hermanos.