CAPíTULO 10: MENTIRAS

Aunque no quise reconocerlo delante de él, sabía que tenía razón. Si seguíamos adelante con su recuperación, no podíamos evitar el estar expuestos a los comentarios. Por eso, al día siguiente, nada más llegar al hospital, fui a ver a Lisa Cuddy

- Últimamente me visitas mucho – dijo al ver la expresión de mi cara.

- ¿Por qué no me lo dijiste directamente? – pregunté.

- Porque no estaba segura de que aceptaras – al menos, fue honesta.

- Ya lo hice una vez, ¿recuerdas? …Y también fue para hacerte un favor…

- Sí y acabaste dejando el puesto.

- Te di mis motivos y estuviste conforme…

- También me acuerdo de cómo volviste aquél verano, después del tiro de House…No me lo niegues, sé que te costó lo tuyo volver a centrarte.

- Tal vez no debí implicarme tanto, pero ambas sabemos por qué lo hice. Su madre me pidió que lo supervisara.

- Lo sé. Fui yo quien concertó la reunión aquí mismo, cuando aún no sabíamos cómo iba a responder, cuando no sabíamos si viviría.

- Debiste confiar en mí, Cuddy. Decirme lo que buscabas de mí.

- No será como la primera vez, doctora Cameron. Si no estás segura, habla con Wilson. Me ocuparé de que sea su sombra…

- Estoy segura y no necesito carabina, Cuddy. – si supiera lo sucedido la noche anterior en casa del doctor hubiera comprendido mis palabras.

- Ten presente que el sufrimiento de House es mancomunado. Es de los que sufre y reparte su amargura y desdén por doquier.

- No me asusta. Le conozco tan bien como tú – recordé sin segundas intenciones.

- Ya… - pareció molesta, pero no sé hasta qué punto – Permite que te dé un último consejo, no pierdas de vista que han pasado más de tres años de aquello, han cambiado las circunstancias, las tuyas y las de él.

- ¿Y? – si tenía algo que reprochar, quería que lo dijera claramente.

- No te conviertas en un juguete roto…Y no permitas que él lo haga…

Mis circunstancias. Mis circunstancias se concretaban en un apuesto médico de rubia cabellera. La decana aludió a la primera vez. La primera vez que acometí tal locura. Enfrentarme y convivir con House durante los treinta días siguientes a su vuelta a la vida, después de los disparos. ¿Tengo que dar gracias a Moriarty?. ¿Por eso ahora todos me encargaban otro imposible? ¿Por eso se dejó hacer la noche anterior?. Tal vez. Nadaba a contracorriente, en el filo desasosegante de las dudas. No quería fallar. No quería equivocarme. Nadie, excepto Blythe House y mi jefa, sabía del asunto. Nunca se lo dije a Chase. Tampoco le conté que la última noche de aquellas inesperadas vacaciones, acabé durmiendo en su cama. Abrazada a él y completamente desnuda.

- Voy a encargarme de la rehabilitación de House – le solté nada más llegar a la cafetería donde ya me esperaba mientras tomaba el primer café de la mañana.

- Vale. – dijo, dejando la taza sobre el platito, y cogiendo la servilleta para limpiarse el labio superior.

- El problema es…

- Sí, lo sé. Se acerca el verano. Me estás diciendo que no podré disfrutar con mi mujer de mis primeras vacaciones como hombre casado

- No. Te estoy diciendo que estar supervisando el despacho es una buena oportunidad para mí.

- Claro.

- Tal vez, cuando todo esto acabe, pueda plantearle a Cuddy reestructurar los laboratorios y juntar en un área única endocrinología e inmunología…

- ¿Es tu última idea brillante y estás haciendo méritos?

- No. Ya sabes a lo que me refiero. No quiero ser la eterna recadera de Cuddy ni la marioneta de House.

- Pues no lo parece…Eres la eterna médico que no hace otra cosa que repartir favores a todo bicho viviente.

- Tú tampoco quieres ser cirujano adjunto por los siglos de los siglos.

- No he planeado nada. Aprendí que contigo no valen para nada las cuentas adelantadas. Ya me jodiste las vacaciones una vez. ¿Por qué no hacerlo de nuevo?..

- No vas a conseguir nada cabreándote de nuevo sin razón ni fundamento.

- Lo sé. Soy un calzonazos vas a hacer tu santa voluntad

- No me vas a desafiar con ese argumento tan infantil, Chase. Te quiero y por eso voy a hacerlo. Será el único modo de que lo entiendas…

- ¿Entender qué? ¿Qué sigues enganchada de un tío mientras te acabas de casar con otro?

- Si no te quisiera no me habría casado y lo sabes…

- Entonces, ¿Qué cojones haces dejando que te manejen?

- No está recuperado, la pierna le duele cada vez más, no puede tomar calmantes y eso repercute en su trabajo y en su vida. Por eso me pidieron que volviera al despacho. Cuddy quiere que le recupere.

- Y tú, ¿Quieres recuperarle?

[…]

No me importaba. Que hiciera lo que le viniera en gana. Estigmas. Siempre me persiguen. Desde pequeño. El abandono de mi padre. La muerte de mi madre. La soledad y esa sensación de que, aun teniéndolo todo, no tengo nada. La inseguridad por la constante sensación de pérdida, de no saber cómo comportarme. Y los celos. Aquellos celos que, aunque infundados, me carcomían el alma.

Abrí el email. Menos mal que se me ocurrió cambiar las claves después de que termino el trajín de la boda. Correos de Melissa. Y fotos. Melissa en casa. Melissa en la playa. Melissa…y la niña. Chloé había crecido mucho desde la primera vez que la vi, cuando apenas era un bebé.

Tecleé. Hice la reserva y suspiré. Si lo pienso no me decido. Yo también tenía mis responsabilidades. Era hora de asumirlas. Mi vida estaba a punto de cambiar en un clic.

[…]

Cuando llegué a diagnosis, House no estaba allí. Tan sólo Remy hacía lo que yo en los primeros tiempos, repasaba en silencio unos historiales. No nos llevábamos especialmente bien. Ni mal. Nuestra relación se llamaba IGNORANCIA, con letras grandes e intermitentes. House había comentado lo que aquello le extrañaba. Según él, el despacho era el paraíso. Sus integrantes eran una golosina para mí. Tan necesitada como estaba de dar rienda suelta a mi altruismo enfermizo, no podía haber recalado en lugar mejor.

Una minoría étnica que luchaba por que no se notara y que pudo ser pasto chamuscado de la silla eléctrica. Un cojo cachondón venido a menos. Una moribunda esquelética con más pena que gloria y, al mando del equipo, una loca persiguiendo una quimera. Eso éramos.

Tal vez era el momento de tratar el tema que teníamos pendiente desde que volví.

- Remy, ¿podemos hablar?.

- Llámame trece…no me importa. Hasta Foreman lo hace.

- Nunca me gustaron los motes.

- Es cierto, tú no tienes ninguno.

- Privilegios que da la antigüedad.

- No. Foreman es casi tan antiguo como tú y me ha contado que su apellido más recurrente cuando empezó era "negrodemierda".

- House siempre exagera, ya le conoces.

- ¿En qué andas, Allison?

- ¿Cómo?

- Mira, voy a serte sincera. Nunca me caíste bien. Ya durante el proceso de selección, cuando House estaba contratando nuevo equipo, te metías por medio.

- Sí. El casting estuvo bien.

- Soy tan buena como tú.

- Lo sé. Y él también. Mataste a un paciente y estás aquí. Si no te apreciara te habría quemado viva en un akelarre

- Sí. Pero estoy en desventaja. El Sr. Huntington es un hombre muy pertinaz.

- ¿Tienes más síntomas?

- No es cosa tuya. Eres la última persona a la que se lo diría. Llevas ambicionando mi puesto desde que llegué. Si lo quieres, tendrás que esperar a que esté muerta.

- Te equivocas…

- No. Y para asegurarme de que puedo estar tranquila, sin que me jorobes al más mínimo contratiempo, te diré que estaré detrás de ti. Tú quieres algo más que el puesto.

- ¿Ah sí?

- Te mueres por ponerle goma a su bastón…- acusó con una metáfora demasiado vulgar.

- De momento, estoy demasiado ocupada procurando que cumpla con lo que le prescribieron en Philadelphia. Veo a Foreman algo inapetente estos días…Tal vez no te importe ser tú la que le haga los honores a House. Más que nada lo digo porque como te gusta hacer fotocopias por los dos lados…

- Si das un paso en falso con House, me encargaré de que Chase se entere. – amenazó.

- No me cabe duda. No esperaba menos de alguien como tú, REMY – recalqué con retintín.

- Moriré. Pero moriré matando. – sentenció como si se hubiera quitado un gran peso de encima y salió de la oficina como los emperadores romanos. Con la cabeza alta y bajando su pulgar.

[…]

Por la noche fui yo quien le busqué. Le necesitaba. Sin saber por qué presentía que todo estaba a punto de explotar. Tanto como lo hizo mi cuerpo, partiéndose bajo el suyo. Amor, rabia, miedo, todo mezclado con el denso sudor del deseo malentendido. Cruel coctelera de placer.