Advertencia:
*Esta historia contiene incesto, si no te agrada este tipo de relaciones o lectura NO lo leas.
*Posible OoC en algunos personajes.
.
.
Un amor más que fraternal
.
.
.
[InuxKag]
.
.
[Long-Fic]
.
.
By Yasaku Cullen
.
.
= Capitulo 5. Padeciendo y superando la tormenta=
.
.
―Tienes que esperar como mínimo a que lo llamemos Naraku ―susurró Hakudoshi casi como si fuera un suspiro de resignación y fue entonces cuando reconocí su voz.
― ¡Hakudoshi! ―grité entre aliviada y asustada― ¡Hakudoshi sácame de este lugar! ―le supliqué, pero como repuesta solo escuché dos carcajadas de hombre demasiado estridentes.
―Valla Hakudoshi… parece que la niña te recuerda ―se burló Naraku quitándome su mano de encima, pero no me relajé pues ahora me sentía peor por haber pensado que tal vez Hakudoshi había sido sincero conmigo en el banquete del gobernador, pero tal parecía que no…─. En fin, como parece que ya sabe quienes somos no hay necesidad de tenerla con lo ojos vendados ¿cierto? ─sin esperar respuesta me quitó el pañuelo de los ojos y pude verlo.
Alto, de cabello largo y ligeramente rizado de color negro, su mirada me asustaba, podía ver ella un brillo maniaco que me decía tuviera cuidado con él.
Desvíe mi mirada de la suya sintiéndome fuertemente intimidada, pero a pesar de todo no le iba a dar la satisfacción de supiera le tenía miedo, así que fingiendo curiosidad pude ver a Hakudoshi.
Era curioso, la noche que conocí a ese chico había sonreído de manera misteriosa, pero a pesar de todo me parecía una sonrisa real que fue capaz de engañarme. Lo miré fijamente y pude ver su piel tan clara al igual que su cabello por su herencia alvina, que según me dijo provenía de su madre, pero ahora ni siquiera creía en eso.
─ ¿Qué pasa princesita? ─preguntó Naraku burlón y yo le dirigí una mirada envenenada al escuchar el estúpido apodo que me habían puesto varias chicas que conocía por los negocios de mi padre.
Lo único que realmente me sacaba de quicio en las reuniones formales donde se encontraban grandes empresarios, era que las imbéciles que asistían me miraran con ira y me llamaran princesita ante la forma de tratarme de mi padre y Kouga ¡¿Y si era una princesa para ellos que demonios debería de importarle a ellas?!
─Mi padre te va a matar… ─murmuré con los dientes apretados mientras más lágrimas que no había notado resbalaban por mis mejillas.
─ ¡Oh, si! ¡Claro, Inuyasha! ─gritó con sarcasmo y después soltó una carcajada que fue seguida por la de Hakudoshi.
─Inuyasha te va a matar… ─insistí mirándolo con odio incontrolable.
De eso era de lo único que estaba realmente segura. Si salía con vida de ahí, tanto como si moría, Inuyasha se encargaría de acabar con ese malnacido.
─Claro, claro… ─se burló Hakudoshi y se dirigió a una puerta a varios metros de mí, que me encontraba en medio de una habitación oscura iluminada tenuemente con una vela en una mesa cercana a mí─ Me voy a ver a Kanna ─anuncio con un brillo siniestro en sus ojos y una mirada pervertida ¿O será que yo era la pervertida? En fin…
─De acuerdo chico… ─Naraku se acercó a mí y me tomó la barbilla para alzarme el rostro, yo traté de zafarme moviendo mi rostro, pero me sostuvo con más fuerza─ Realmente te pareces a tu madre Kagome… y sin duda también un poco a kikyou… ─su sonrisa me asustó, pero mantuve mi rostro impasible y aún así mis ojos dejaron escapar unas cuantas lágrimas, no se si de miedo o ira.
─Yo no me parezco a Kikyou ─respondí fríamente, si antes odiaba que me compararan con ella, ahora que lo pensaba no era nada placentero… y menos si había tenido sexo con Inuyasha. Tsukikuroi río de manera estruendosa que podría decir se parecía a la risa diabólica de los malos de las películas.
─Claro que te pareces… ─sonrío de medio lado acercándose peligrosamente a mi rostro y yo, que había usado esa forma de acercarme como un juego antes─ por eso siento unas enormes ganas de besarte…
No me dio oportunidad de reaccionar, porque de un momento a otro ya me encontraba con sus labios aplastando los míos de una manera que me daba asco verdaderamente.
Moví mi rostro tratando de alejarlo de mí, pero me tomó con todas sus fuerzas para que no lo lograra. En un intento desesperado por separarme de él, le mordí el labio con fuerza.
Su reacción fue la esperada y se separó de mi boca al instante, pero sin alejarse lo suficiente para hacerme feliz, así que con la ira acumulada le escupí en el rostro.
─ ¡Maldita! ─gritó y me abofeteo de nuevo, pero esta vez no solté ni una lágrima y solo lo miré con odio.
─Eres un bastardo Naraku… ─musité quedamente y sin decir una cosa más el idiota salió de la habitación totalmente a oscuras.
Cerré los ojos con fuerza, respirando profundamente tantas veces que al final el exceso de oxigeno termino mareándome ligeramente.
Ahora que me encontraba de nuevo sola en la oscuridad, tenía miedo otra vez y quería llorar y gritar llamando a Inuyasha para que me abrazara y dijera que todo estaba bien, pero ahora que lo pensaba ¿Cómo estaría Inuyasha…? ¿Me estaría buscando? ¿Estaría en la central de policías? ¿O en la casa? ¿Y Rin, estaría muy asustada? ¿Kouga estaría totalmente fuera de control? ¿Miroku me extrañaría? ¿Sango en estado de shock? ¿Kohaku se encontraría con ella o con Rin? ¿Kikyou estaría con Inuyasha en esos momentos…?
Miles de preguntas me azotaban y me conmocionan al momento en que me hieren… Puedo ver a Rin abrazada al brazo de su padre que parece ignorar el contacto, a Ayame tomando la mano de su hermano, para tranquilizarlo un poco, Miroku abrazando a su esposa con seis meses de embarazo mientras Koha la tomaba de la mano y lanzaba miradas nerviosas a Rin, y a Inuyasha… a Inuyasha siendo consolado de cualquier manera fría ─o muy caliente─ por kikyou…
Un sollozo se escapó de mis labios de solo pensarlo, debía de pensar de manera positiva… Si es que en esos momentos era verdaderamente posible hacerlo.
Tal vez en otros momentos no me preocuparía del todo, pero en ese instante el recuerdo de Inuyasha diciendo que me amaba, aunque no fuera consiente de que yo lo escuchaba, me daba las fuerzas que necesitada.
Tendría que soportar el tiempo necesario, para volver a ver a mi papá… a mi Inuyasha… al hombre que amaba más que nada…
.
.
.
Abrí los ojos como por decima vez, despertando de la inconsciencia. No estaba segura de cuanto tiempo había transcurrido desde la primera vez que había abierto mis ojos cubiertos por ese pañuelo. Traté como por millonésima vez tratar de zafar las sogas que me sujetaban los brazos tras la silla, pero mis muñecas se encontraban ya tan irritadas que lo dejé apenas empecé a forcejear.
No tenía ni idea de si habían pasado uno, dos o cinco días… y eso me frustraba demasiado. Sabia que Inuyasha no dejaría de buscarme, pero si la policía decidía que ya era demasiado tarde para encontrarme con vida, las investigaciones terminarían… pero me inquietaba aun la idea de que Naraku conociera a mi madre, además… si todo eso era porque deseaba el contrato con la constructora seguramente ya debería de habérselo dicho a mi padre, porque Inuyasha no prestaría atención a los negocios hasta encontrarme.
Suspiré como hacia a cada minuto… Necesitaba algo con que distraerme y como si mis plegarias hubieran sido escuchadas, Kanna una chica de apariencia idéntica a la de Hakudoshi, solamente que con u semblante más serio y menos burlón, entró a la habitación con una bandeja torcida y casi vacía… bueno, peor seria que no me hubieran alimentado ni una sola vez ¿No? Aunque bueno… tampoco es que ella sea muy buena compañía, ya que casi no habla, pero al menos oía todo lo que le contaba sin callarme por más molesta que pudiera ser, y créanme… puedo llegar a ser muy fastidiosa si quería…
Por un rato me estuvo dando una barra de cereal mientras yo hablaba sin parar acerca de cómo amaba acampar al aire libre y de la ultima vez que lo había hecho, cuando de pronto callé al escuchar un gran ruido en la parte de arriba…
Kanna frunció el ceño, era la primera vez que mostraba alguna expresión frente a mí y eso me sorprendió, pero también me puso alerta. Algo pasaba que la había hecho romper su fría mascara.
Su mirada vagó hasta la puerta y luego de regreso a mí y sin siquiera pensarlo dos veces, dejó todo lo que traía en el suelo, para salir corriendo por la puerta con una rapidez que me sorprendió en sobre manera.
Traté de descifrar los ruidos que se oían, pero solamente lograba escuchar fuertes golpes que le propinaban a alguien, al igual que las maldiciones que salían sin recato alguno de una boca sucia, porque ¡Por Kami! Realmente eran palabras insultantes.
Pronto escuché como alguien una puerta era fuertemente azotada de nueva cuenta, pues ya había logrado entender que el ruido anterior era exactamente el de una puerta siendo abierta de golpe. Unos pasos rápidos se acercaban a la puerta y por un momento pensé que Naraku había vuelto a tener uno de sus ataques de ira, que ya me habían tomado desprevenida dos veces y eses dos veces había sido por pura suerte que aun siguiera con vida y cuerda…
Agité mi cabeza con fuerza, tratando de alejar esos asquerosos recuerdos de mi mente. No los necesitaba y costara lo que me costara los iba a borrar de mi memoria para siempre si era posible.
Suspiré preparándome para lo que fuera a venir y cuando la puerta de la habitación donde me encontraba se abrió de golpe, levante la vista, para encarar lo que hubiera entrado por ahí…
El corazón se me detuvo en ese momento y las lágrimas salieron de mis ojos en el momento que me encontré con su mirada. Nunca en mi vida había pensado que él me rescataría de esa manera.
Su mirada se clavó en mis ojos y yo traté de llamarlo por su nombre pero estaba totalmente conmocionada y las palabras no salieron de mi garganta al ver su labio partido y su rostro un poco golpeado.
─Kagome… ─musitó casi sin aliento y yo por más que lo intenté no pude sonreírle para demostrarle que no me encontraba tan mal─ ¡O por Dios! ¡Me asuste tanto! ─gritó y corrió hasta a mí.
Sus manos me tomaron el rostro con delicadeza y supuse que era por las marcas que seguramente tendrían mis mejillas de tantas bofetadas que había recibido en los últimos… bueno días que levaba encerrada en ese lugar a merced de un hombre loco por el dinero que de un momento para otro se había convertido en mi verdugo y también en la peor de mis pesadillas…
─Kagome… ─susurró y pude ver que sus labios temblaban ligeramente mientras su mirada bajaba a los míos. Con una sonrisita tierna que no supe como fue capaz de aparecer, me acerqué a sus labios y con suavidad para no lastimarlo deposité un corto beso que pareció sedarlo un poco.
Suspiró y yo suspiré. Él de alivio y yo resignada a que lo único que era capaz de hacer por él seria herirlo al besarlo, tal vez no físicamente, pero sin duda alguna lo heriría en el alma si continuaba con eso.
De un momento a otro mis brazos quedaron libres y cuando llevé mis manos al frente soltó un gruñido de ira al ver mis muñecas tan rojas y muy lastimadas.
─Vámonos ─le supliqué y casi en el instante en que lo dije me ayudó a levantarme de la silla y me sostuvo de la cintura cuando me tambalee debido a no haber caminado en lo que a mi me parecían siglos.
Nos acercamos lentamente a la puerta del cuarto y justo cuando la abrió, noté que había una escalera hacia arriba, fue entonces cuando me di cuenta de que me habían tenido prisionera en un sótano.
Sótano… Realmente carecían de imaginación al mantenerme ahí…
─Me tenías muerto del susto ─me regaño cuando llegamos hasta la cima de las escaleras y sus labios se posaron en mi cabeza recordándome algo.
─ ¿Y mi papá? ─pregunté con el ceño fruncido.
─En la oficina de un detective llamado… ¡Aahh! No me acuerdo… ─meditó por unos segundos quedándose quieto─ ¡Ya se! Es un tal Higurashi… creo que su nombre es Souta…
Eso me tranquilizo ligeramente… Inuyasha me buscaba… eso era algo que sin duda me alegraba, pero él no estaba aquí conmigo, sino…
─Gracias Kouga… ─murmuré con una sonrisita que lo hizo mirarme ligeramente preocupado, seguramente no había parecido sincera─ te debo una…
─Tú nuca me deberás nada Kag ─murmuró con amargura y ahora yo lo miré preocupada─, aunque vallas a terminar conmigo después de que ambos estemos a salvo… ─me miró a los ojos y pude ver que en ellos solo había una ligera sombra de tristeza, más no parecía odiarme por ello y seguramente leyó la pregunta que brillaba en mis ojos, porque respondió antes de que pudiera formularla─ Rin es una amiga muy leal Kagome… No quería que viniera yo solo cuando averigüe quien te había llevado. Y cuando le dije que era mi deber como tu novio me gritó como loca que no iba a serlo más, pues estabas enamorada de otro hombre, yo le respondí que ya lo sabia y que de cualquier forma lo haría por ti ─su sincera sonrisa me deslumbró por un momento y cuando entendí sus palabras, no pude más que bajar la cabeza avergonzada y sollozar un poco.
Siempre lo había sabido… y aun así había arriesgado su vida por una causa perdida, por un amor no correspondido… por una estúpida mal agradecida.
─Déjame y vete Kouga… ─susurré y en cuanto lo dije sus brazos me rodearon aprisionándome en su pecho.
─Te amo más que a mi vida Kagome y si tú no me amas, no será un impedimento para que de mi vida por ti… ─sus palabras me hirieron más que aliviar el dolor que había causado mi decepción por mi misma─ Ahora vámonos que realmente, este lugar me pone de nervios…
Me separó de su pecho y me dirigió por un estrecho pasillo hasta una pequeña sala, pero antes de que pudiera quitar mis ojos del desastre que se encontraba ahí me soltó y me colocó detrás de su espalda con un rápido movimiento, que hizo que me tambaleara, pero logré sostenerme de sus hombros.
─Valla, valla… ─su voz me traspasó el cuerpo, helándome la sangre. Kouga estaba en peligro por mí… Kouga podría salir lastimado─ Tienes un príncipe azul, princesita…
─Kouga no… ─supliqué cuando dio un paso hacia adelante, preparándose para atacar a Naraku.
─Tranquila, no me pasara nada malo… ─su voz sonaba seria, pero si no tenía ese toque burlón y altanero de cuando peleaba con algún chico en el parque es que no sabía si saldría bien librado de ello… y su voz no era ni burlona ni altanera… y me asustaba mucho…
El corazón casi se me salía del pecho por causa de mis acelerados latidos. El pánico me empezaba a invadir, a mí me golpeaba hasta que ya no le oponía tanta resistencia y podía aprovecharse de mí sin batallar demasiado y eso era lo único que se atrevería a hacerme, aunque lo negara, se que sin duda alguna le tenía un poco de miedo a mi padre y sus influencias en el mundo.
―Kouga… no vete… ―le supliqué, a él si lo mataría. Kouga para él no era más que un niño tonto que había ido a salvar a la princesita y eso no lo podía permitir jamás.
Traté de acercarme a Naraku, dispuesta a sacrificar mi libertad por la del chico que siempre me había amado, eso era lo mínimo que él se merecía como recompensa por estar conmigo, pero Kouga me lo evitó a toda costa abrazándome a su espalda con un solo brazo.
―Tú no puedes quedarte aquí Kagome ―su voz sonó tan firme que puedo decir me intimido por un instante― o te juro que jamás te lo perdonare. Tranquila, te prometo que saldremos de esta.
Yo sabia que eso no era cierto, jamás podríamos salir los dos de esta y menos si él ya se encontraba herido y agotado por haber peleado con el fantoche ese que se quedaba a vigilarme con Kanna cada vez que Hakudoshi o Naraku tenían que salir, pero me consolaba el saber que ya era más fuerte que la ultima vez que lo había visto pelear, porque de otra manera no habría podido con ese monstruo.
Entonces todo se movió en cámara lenta, logrando absorber y codificar con mi mente lo que sucedía. La mano de Tsukikuroi sacó de su espalda una semiautomática al mismo tiempo que mi futuro ex novio se abalanzaba contra él, dejándome parada y totalmente petrificada.
Empezaron a forcejear y yo solamente era capaz de observar como mi adorado Kouga trataba de arrebatarle la pistola a Naraku, pero este ultimo era más alto y con más masa muscular que él y eso le estaba dando mucha ventaja al mal nacido, pues ahora Kouga trataba de mantenerse en pie mientras sostenía el arma por el cañón.
La adrenalina y el miedo corrían entremezclados en mis venas en lugar de la sangre que debería hacerlo, pero era totalmente conciente de que al intervenir podría darle algo más de que preocuparse a Kouga que de la bala que podría salir despedida en cualquier momento.
El fuerte y rápido puño de Kouga se estrello contra la cara de Naraku, pero solo segundos después un certero rodillazo le dio de lleno en el estomago a Kouga sacándole el aire y haciéndolo caer de rodillas al piso, corrí hasta donde estaban ambos, pero al llegar a ellos y tratar de quitarle de encima al desgraciado, Naraku me empujó con fuerza, haciéndome caer de espaldas sobre un montón de cosas y lastimándome. Cerré los ojos al sentir como algo se clavaba en mi hombro, seguramente cristales de los floreros que se encontraban destrozados por todo el lugar.
Un fuerte sonido resonó en mis oídos, desubicándome por completo.
Abrí los ojos asustada y lo que vi me saco un grito desgarrador.
Naraku sonrío triunfante y caminó hacia mí. Otro atronador disparo se escucho y cerré los ojos por instinto para no ver venir mi muerte, pero esta, jamás llegó abrí los ojos de nueva cuenta y frente a mií, tirado en el suelo se encontraba Naraku muerto.
Unos brazos que reconocería en cualquier lugar me rodearon mientras varias personas que no sabia quienes eran ni porque vestian de esa manera se acercaban a Kouga. Me solté casi sin pensarlo y me abalancé sobre el llamándolo.
― ¡Kouga! ¡Kouga, no! ¡Respóndeme! ―le ordené en gritos desgarrados, no podía creerlo.
Él estaba ahí, frente a mí mientras los brazos de mi padre trataban de alejarme de la escena, pero yo me resistía tratando de acercarme a él y cerrar la herida de bala en su pecho que brotaba sangre sin control, tal y como lo estaban haciendo unos hombres, pero yo lo que quería era que él abriera los ojos y me dijera con una gran carcajada que todo había sido una broma cruel, para hacerme pagar por el hecho de querer dejarlo así como así, pero por más que lo llamaba a gritos llenos de dolor y luchaba con los brazos de Inuyasha que me sujetaban con fuerza.
― ¡Kouga! ¡Kouga! ¡Kouga! ―no podía detenerme. No dejaría de llamarlo hasta que me sonriera.
―Amor, Kagome… por favor… ―me suplicaba mi padre en el oído mientras me arrastraba fuera del lugar.
Me llevó a una ambulancia, sentándome en sus piernas como a una niña pequeña, pero yo forcejeaba como una que no quería estar ahí. Necesitaba verlo. Necesitaba a Kouga vivo. Necesitaba a Kouga más de lo que yo misma lo hubiera pensado y no es que nunca lo hubiera considerado importante, era simplemente el mismo sentimiento que me invadió cuando mamá murió. Sentía el dolor correr por mis venas, agarrotándome los miembros y desconectándome los sentidos. Yo no quería perder personas a las que amaba. La muerte siempre fue algo parecido como algo que jamás debería de pasarme a mí o perdería sin remedio la cordura.
―Hija… Kagome… ―sentía sus manos acariciarme el cabello la espalda, buscando una respuesta coherente de mi parte, pero de mi boca solo salía el nombre de ese chico que me había amado de con locura, a tal punto de estar ahí, adentro de esa pocilga de casa, desangrándose y seguramente herido de muerte. Sabía que lo estaba lastimando al ignorarlo de esa manera, pero simplemente no podía evitarlo.
Por un rato trate de escapar de su agarre y correr a la casa para ver a Kouga, pero al final mi cuerpo estaba tan cansado que no podía hacer más que mirar desde la cárcel que eran sus brazos, hasta que vi como salía una camilla cubierta con una sabana, dejando ver una cabellera negra, pero con rizos desordenados que me ayudaron a tranquilizarme un tanto, pero siguiéndole, venia otra idéntica, solo que mostrando una cabellera sedosa de color azabache.
Salté de sus piernas tomándolo desprevenido y corrí hasta la camilla, pero unos brazos distintos a los que esperaba me atraparon por la espalda, pegándome a un pecho con un calor desconocido por mi cuerpo.
―Tranquila pequeña… vámonos de aquí… ―por alguna razón no me pude resistir a su suave voz.
Solamente me deje guiar por él mientras sollozaba abrazada a su pecho.
Había perdido a Kouga… había perdido a la mitad de mi vida, a una de las personas que más amaba en el mundo.
Los brazos que me rodeaban me resultaban cálidos y en cierta forma familiares, pero sabia que no podían serlo, pues jamás había oído esa voz.
─Kagome… pequeña ¿Te hizo algo? ─murmuró sobre mi cabeza de manera tranquilizadora mientras yo me pregunte de donde sacaba tanta confianza para acariciarme el cabello.
─Souta… ─la voz de mi padre me llegó a los oídos y yo me solté del abrazo del hombre para hundirme ahora si, libremente en los de Inuyasha. Ya no podía hacer nada por Kouga… nada…
¿Ahora con que cara iba a ver a Ayame? ¿Rin me perdonaría el hacer que su mejor amigo de toda la vida muriera? No quería pensar en nada de eso… No podía ni imaginar el dolor de ambas… Ayame sufriría horriblemente al perder a su amado hermano y Rin… Rin, aunque no lo aceptara, sentía algo un poco más fuerte que simple amistad por Kouga… Yo sabia que Rin en cierta forma amaba a Kouga… Más que cariño de amigos… pero menos que el incontrolable amor que yo llegaba a sentir por Inuyasha. Ella amaba a Kouga de la misma manera que yo…
─Inuyasha… ─sollocé lentamente y con los ojos cerrados me paré de puntitas para besarlo en los labios.
Su rechazo no me asusto en lo más mínimo, sino que me asusto cuando algo me jaló del brazo separándolo bruscamente de mí y cuando un puño se estrello contra su rostro derribándolo.
Miré a mi padre en el pisó y me volví a quien me había tomado del brazo. Era un hombre alto, incluso un poco más alto que mi padre, pero lo que me impresiono no fue la ira homicida en sus ojos, sino el color de estos… sus ojos eran idénticos a los míos…
.
.
Continuara…
Hola!!!
Valla chicas yo pense que si iban a llegar a los 42... Mmm... Mala suerte jaja, pero bueno, creo que pedi demasiado... u_ú... En fin...
¿Qué les parece eehh?
Se los juró rompi una regla muy importante para mi y esa es NUNCA LASTIMAR A KOUGA... Me van a creer loca pero llore en cuanto termine la escena de lo que sucedio con mi amado lobo TToTT!!!
Realmente nose de donde saqué el valor para hacer tal barbaridad!!! Yo amo tanto a Kouga que de hecho planeaba un final diferente haciendo que se quedara con su amada Kag!!! Kyaaa!!! Voy a llorar otra vez por haberlo asesinado!!!
...
Bien, ya más o menos me calme... Jeje... bueno, con lo que refiere a Souta ¿Que tal, eehh? ¿Sorprendidas?
Jaja, no podia dejar fuera al adorable de Souta *u*!!! hay que admitir que es super tierno... pero aqui tendra un papel diferente.
Importante!!!
Ya tengo el sig cap!!!
Lo quieren ya ahora tienen que llegar a los 50 reviews!!!
Y para ke lo vean aqui les dejo un adelanto:
─ ¡¿Y tú quien te crees para sermonearlo?! ─grité desesperada volviendo a jalar mi brazo, pero su agarré se intensifico un poco más por arriba de mi codo, pero sin llegar a incomodarme─ ¿Quién te crees para retenerme contigo? ¡Déjame estar con él! ─me jalé de nueva cuenta y su agarré se apretó tanto que lancé un pequeño gemido de dolor.
De un momento para otro, me encontraba detrás de mi padre que lo miraba furioso y el hombre le dedicaba esa misma mirada llena de odio y repulsión que hace unos momentos.
.
.
─ ¡Por Kami Inuyasha! ¡Yo soy el que te ha dado muchas libertades de tenerla todo este tiempo! ¡He sido demasiado considerado contigo y con tu perdida! ¡También fue mía! ¡Pero lo único que he conseguido con eso es que te aproveches de ella! ¡Deberías de haberlo superado…! ¡No debería haberla dejado contigo! ─la seriedad de sus palabras me asustó.
Al parecer él tenía más derecho sobre mí que mi propio padre y parecía totalmente dispuesto a alejarme de él.
Okidoki!!!
Ahora sip!!! Ponganse las pilas!!!
.
.
.
Kisses!!!
