CAPíTULO 11: MUERTES
Marzo. Dos meses más tarde.
No llevábamos ni un año casados y estábamos como al principio. La cama era lo único que nos funcionaba, el único nexo que parecía irrompible. En la intimidad, cuando las palabras sobraban, Chase se transformaba, parecía olvidar todas sus torpezas. Todos los agravios. Para mí, esos instantes eran como un rayo de esperanza, la débil cuerda a la que agarrarme para enfrentarme con el más estruendoso de los fracasos. Porque era duro fracasar, darse cuenta de que todo fue un error. Inocente de mí, creía que ése detalle, ser fisiológicamente compatibles, podría ser el primer paso para arreglar las cosas. Pero no. El sexo es una parte importante de la vida en pareja pero ni mucho menos la única
La bronca fue monumental. Me avergoncé de verme obligada a dar tal espectáculo. ¿Y Chase era el que me decía que prefería lavar los trapos sucios en casa?. Aquella mañana no le importó seguirme por todo el pasillo hasta el despacho. Entré en la oficina con él detrás, pisándome los talones y el orgullo.
- ¡¡¡Haré lo que me venga en gana!!! ¡¡¡Tengo el pasaje para dentro de tres días y me iré a ese viaje tanto si te gusta como si no!!!
- Te dije que hablaríamos en privado. – miré a House y añadí – No es el momento ni el lugar.
- Ah claro, no vaya a ser que se entere que me marcho…No quiero ponérselo tan fácil al cojo hijoputa.
- Eh, eh, ¡¡¡Basta!!! - intervino House – Soy patichulo, mi madre es ama de casa y no me estoy acostando con Cameron.
- No tienes que explicarte, House. – le corté para luego dirigirme a Chase -. Si dudas de mí es que no me conoces y, lo que es peor, que yo no te conozco a ti
Sé que se siguieron hablando pero no me quedé para escucharles. Ni falta que hacía.
[…]
- Te lo repito. - insistió con una tranquilidad pasmosa echando mano del verbo menos adecuado pero más directo -. No me estoy follando a tu mujer, Dr. Chase – Jamás lo hice pero si te empeñas lo acabarás logrando – remató ácido pero en tono más que serio.
- El matrimonio es…una mierda – confesé mordiéndome los labios y casi tragándome las lágrimas.
- Cuando no estabais casados la relación iba bien – buscaba mi mirada a duras penas mientras yo trataba de esquivarle - ¿Qué ha cambiado, Dr. Chase?
- Nada – mentí – Soy celoso. Eso es todo…
- No. Porque no hay motivos. Ella te quiere y lo sabes – sus ojos se me clavaban, me sentía como un crío rindiendo unas cuentas indebidas.
- Yo también pero …- no podía hablar y, al mismo tiempo, no podía mantener el secreto por más tiempo.
- ¿Qué ha cambiado, Robert? – insistió sin conmoverse un ápice cuando mis ojos eran ya dos chorreantes grifos.
[…]
Abril. Otro mes dispuesto a liquidar el calendario.
En el gimnasio
- Termina ya. – me ordenó con sequedad – No tenemos todo el día.
- Me duele – repliqué sudoroso - , me duele mucho.
- Me da igual. No eres el centro del universo. Tengo más cosas que hacer que estar pendiente de ti todo el día ¿sabes?
- Estas así porque Chase está a punto de volver y tienes miedo… - le dije sin esconderme.
- Por eso y por otras cosas… - contestó demasiado enigmática.
[…]
Ningún aviso en más de treinta días. Ni un correo. Ni una llamada. Nada. Estaba enfadada con él. Pero no era el típico disgusto provocado por la costumbre de las riñas. Era mucho más profundo. Me sentía mal. No podía comer. Ni dormir. Ni respirar. Para colmo de males, Chase se estaba jugando el despido, porque no había vuelto a casa pero tampoco se había presentado a trabajar. Tenía que hacer algo. Busqué en sus cosas sintiéndome como una usurpadora de algo ajeno. Nada tampoco. Sólo un teléfono de un hotel no se sabe dónde. Llamé, sin pensármelo dos veces
- Robert Chase, ¿No se aloja ahí? – era la tercera vez que interpelaba lo mismo.
- No, señorita, lo he mirado, en el pc y en el libro de control tradicional, el que se usa cuando se nos fastidia la oficina en red. Ya se lo dije, en nuestro registro no figura nadie con ese nombre
- ¿Está seguro?
- Absolutamente, señorita.
- A ver, hágame el favor, eche otro vistazo…- pensé con rapidez – Busque por otra entrada – no sé cómo no se me ocurrió antes, pero sin pretenderlo, salió de mi boca el otro apellido, el de su madre – Cohn. Robert Cohn.
- ¿Cohn? Robert Cohn…Sí, estuvo aquí la semana pasada con una mujer y una niña. Según dijeron, iban de excursión y quedaron en volver para recoger sus cosas…
- ¿Está seguro?
- Totalmente, el Sr. Cohn era el típico lugareño, rubio, ojos azules, buen aspecto, unos treinta años…- describió el recepcionista.
- Sí, ése es. – confirmé yo.
- Parecía muy feliz. Su esposa era muy amable y la bebé muy graciosa…- se explayó el empleado - . Mire, si quiere, le digo algo cuando vuelva. ¿De parte de quién, por favor?
- Nadie, una vieja amiga. – no sé cómo tuve fuerzas para preguntar – ¿Me puede decir adónde estoy llamando?. Es extraño, pero en el número que tengo no aparece esa referencia.
- Ah claro, somos un hotel discreto, nuestros números de contacto están encriptados y no puedo darle esa información. De hecho, ya he hablado de más por lo que le he contado…
- Por favor, es necesario que contacte con mi amigo, se trata de un asunto grave…- supliqué temblorosa.
- Está bien, se lo diré, pero espero no tener problemas…El prefijo es el 61
61. El de Australia. Sin querer las lágrimas llegaron. ¿Cómo podía ser tan rastrero?. Recordé la conversación que tuvimos, poco antes de la boda, cuando le confesé que guardaba semen de mi marido fallecido. "¿Por si sale mal? ¿Por si resulto ser un anarquista radical con una familia secreta y rejuvenezco al revés?". Estaba segura de que Chase no era pariente de Benjamin Button (1). Pero me costaba aceptar la otra posibilidad que ahora me golpeaba sin descanso. La de que otro Robert Chase, una persona distinta a la que yo conocía, se hubiera fabricado otra vida al otro lado del mundo.
[…]
Llegué al despacho con cara de pocos amigos. Las ojeras hacían innecesaria cualquier explicación.
- ¿Noche movidita con Chase? – preguntó House – Dile al golferas que ya es hora de venir a currar. Le va a caer un expediente de no te menees porque Cuddy no da vacaciones para descansar de las vacaciones.
- Lo sé. – muy mal aspecto debía tener porque él cambió su gesto-. Chase no ha vuelto y no creo que lo haga. – le dije sonándome la nariz.
- Vamos, Cameron, ¿No será que te gusta demasiado el melodrama?
[…]
Aquella misma tarde, mientras estaba con House haciendo su rehabilitación diaria, recibí una llamada sorpresa que no lo era tanto.
- ¿La Dra. Allison Chase? – preguntó una voz que no conocía.
- ¿Sí? – salté poniéndome en alerta.
- Le llamamos del Servicio de Vigilancia Costera de Australia.
- ¿Sí? – volví a repetir como si no hubiera otra palabra en mi diccionario mental
- Siento tener que ponerme en contacto con usted para decirle esto. Todo parece indicar que…
- ¿Quéeeeeeee? – vociferé con desesperación.
- Creemos que su marido ha muerto…
Colgué y me quedé callada. House, que se había incorporado al oírme gritar, me preguntó
- ¿Qué pasa?
- Chase ha muerto – lo debí decir como una autómata porque no se lo creyó.
- Qué bien – dijo acercándoseme - ¡¡¡ Estás de suerte, encanto!!! ¡¡¡No veas lo que me ponen las viudas por partida doble!!!
Le abofeteé y no recuerdo más…
