CAPíTULO 12: VERDADES
Estuve listo. A pesar de la sorpresa provocada por el bofetón, tuve los reflejos suficientes para agarrarla y evitar que se estampara contra el suelo cuando se desplomó. Me miró con rabia un instante antes de labrar mi mejilla con sus dedos. Su tez se volvió color de luna y su cuerpo se desvaneció. Cayó como desinflada.
Para cuando quiso volver en sí, todos estaban al tanto de su desgracia. Foreman y 13, se encargaron de avisar a Cuddy y a Wilson, de modo que, al abrir los ojos, tumbada sobre mi chaise longue, se encontró con nuestras caras compungidas.
- Bebe agua, Cameron – dijo Cuddy, intentando que la doctora reaccionara.
- Estoy bien – replicó ella, mientras se esforzaba en levantarse.
- Deberías irte a casa – aconsejó Wilson.
- No tengo a nadie en mi casa. – repitió como para intentar asumir lo que se le venía encima
- Si necesitas algo, estamos aquí para ayudarte – apostilló 13.
- Gracias, Remy, eres muy amable…- contestó la inmunóloga – pero ya tienes bastante con cuidarte tú.
- Allison, 13 lo ha dicho sinceramente – aclaró Foreman – La discusión no es…
- Eric, no discuto, pero es que nadie puede ayudarme…Nadie puede hacer nada…
Se levantó y se fue. Y ninguno de nosotros supo cómo detenerla.
[…]
Siempre me meto en camisas de once varas. Lo hice con Cuddy, cuando la joven de alquiler que había parido a su hijita se echó atrás, quitándole el caramelo de la maternidad de la boca. Fui a su casa y acabé haciendo algo bonito pero descabellado. Por eso, mientras subía la escalera, me preguntaba una y otra vez, qué diablos hacía en la puerta del apartamento de Cameron. Realmente, era el piso de Chase. Pero daba igual.
Toqué con los nudillos en la puerta. No hubo respuesta. No tuve que llamar más. Me contenté con levantar el felpudo para encontrar la llave. Sabía la gracia que le había hecho a Robert el escondrijo que Cuddy eligió para su ganzúa. Tampoco ignoraba que, al menos en una ocasión, mis pupilos habían asaltado mi casa de manera similar. Era evidente, no tardó en imitarme. Abrí y entré. No se oía nada. Recorrí la casa como quien juega al escondite, porque nunca había estado allí.
Por fin la vi. Nada más asomarme a la puerta del dormitorio. Estaba en pijama. Tumbada anárquicamente sobre la cama. Pero no dormía. Lo sé. Su respiración la delataba. Se movió
- ¿Robert? ¿Eres tú? – preguntó con un hilo de incredulidad en la voz.
- No, soy House – respondí a la vez que me acercaba.
- ¿Cómo has entrado? – interrogó descolocada.
- Tengo una copia de las llaves de todos mis empleados – bromeé – Ya lo sabes, tu marido es tan irresponsable como yo.
- ¿Por qué hablas en presente? – su expresión se dulcificó.
- Porque, hasta que no se demuestre lo contrario, Chase sigue vivo.
[…]
Tres semanas después no había noticia alguna sobre la desaparición de Chase. Y tres semanas después yo le seguía haciendo de enfermero. Pasada la primera noche, hablé con Cuddy
- Cameron no está en condiciones de trabajar – anuncié entrando en su despacho.
- Pero por lo que veo, tú sí – la decana hacía referencia a que por fin podía prescindir de la silla de ruedas.
- Buena jugada, Dra. Cuddy…me conoces bien – sonreí haciendo una mueca de fastidio -, sabías que con ella no me podría negar a lo que fuera…
- De eso se trataba – admitió sin el menor sonrojo.
- ¿Por qué? ¿Por qué estabas tan segura de que Cameron conseguiría de mí lo que nadie pudo obtener?
- Porque es como yo era a su edad…- carraspeó – Porque aún cree en las utopías, en que el mundo puede cambiar para mejor, en que las personas pueden cambiar… - eso era una bomba directa a mi línea de flotación.
- Tenía entendido que tú también sigues creyendo en los milagros.
- Así es – asintió ella – Pero ya no importa ¿verdad?
Me miró y sus ojos verdes me lanzaron una ráfaga de reproches sin que mediaran las palabras. Me había comportado con ella como un auténtico canalla y ella, que sabía por qué, esperaba que ahora estuviera a la altura con la dura etapa que se avecinaba en la existencia de Cameron
Llegué a su casa y entré. Ya no me hacía falta hacerlo por sorpresa. Tenía mi propio llavero. Una calavera metálica acojonante. La encontré sentada en el sofá. El gesto perdido. La mirada ausente.
- ¿Ha habido alguna novedad? – pregunté más por rutina que por educación.
- Sólo esto – un gran sobre descansaba sobre la mesa.
Estar a la altura. ¿Cómo hacerlo?. ¿Cómo encontrarme con ella y confesar que Chase me explicó el verdadero motivo de su viaje?. ¿Cómo decirle que le animé a que lo hiciera? ¿Cómo admitir que tal vez pueda ser responsable de la muerte de su marido?
- ¿Qué es? – me hice el tonto.
- Me han vuelto a llamar del Consulado de Estados Unidos en Melbourne – suspiró – Dicen que no creen que se recupere su cuerpo, alquiló un barco, salió a navegar y a hacer submarinismo, a la misma zona donde estuvimos el año pasado…
- ¿Y ya no se supo de él?
- Nada…Creen que ha fallecido ahogado, en el mejor de los casos, porque se trata de un sitio infestado de tiburones.
- Ya…- el pensar que alguien que conocí pudo tener un final así de atroz, me sobrecogía.
- Y luego esta tarde, ha llegado éste paquete. Sus efectos personales, sus papeles, y fotos, muchas fotos…De él. Y de Melissa y la niña…
- ¿Y la chica con la que estaba? – qué torpeza, acababa de descubrirme…
- ¡¡¡Lo sabías!!! ¡¡¡¿Lo sabías y has permitido que tenga me que enterar por esta documentación?!!! – me increpó y pensé que volvería a pegarme.
- Allison, por Dios, me juró que te lo contaría, me juró que todo iba a arreglarse…- dije con rapidez, intentando explicarme - Siempre me acusó de meterme en su vida…¿Qué habría pensado si te voy con el cuento?...¡¡¡ No era yo el que tenía que tomar la decisión!!!
- Fuera de mi casa, no quiero verte más en lo que me queda de vida…¡¡¡Fuera!!!
[…]
Se marchó y suspiré aliviada. ¡¡¡Cerdo embaucador!!!. Y pensar que tiré a la basura mi relación por su culpa…Chase…¡¡¡Pobre Chase!!! ¡¡¡Era tan niño!!!. Es comprensible que no confiara en mí. Pero House es el menos indicado para reprochármelo. Hemos sido marionetas. Simples guiñoles manejados a su antojo. Pero no. Ya no lo permitiría.
Continué. Entre todo lo que me enviaron había una carta. Una carta de Chase
Querida Allison: No sé por qué he esperado a estar aquí para contarte esto. Quizá es que es más fácil desnudarse en la distancia, o tal vez es que tus ojos verdes me descolocan y me enloquecen tanto, que soy incapaz de ser yo. Me pregunto si alguna vez lo he sido de verdad. En cierto modo, soy como tú, vivo buscando algo que necesito. Lo que no me dio mi madre, lo que mi padre me negó, lo que tú me entregaste y yo, tonto de mí, no supe apreciar, cegado por el miedo de perderte.
¿Te he perdido?. No lo sé. Pero, aunque así fuera, mereces conocer quién soy, antes de que yo mismo lo sepa. Estoy aquí. En un hotel de Melbourne. Con dos personas muy importantes en mi vida, en cierto sentido, tanto o más que tú. Porque me han recordado lo que fui, lo que soy. De dónde vengo y adónde quiero ir.
Esas personas son Melissa Bergman y su hija, Chloé, de apenas 4 años. Las he estado negando toda la vida, pero la muerte de mi padre precipitó las cosas. No sé si te dije, creo que sí, que el eminente reumatólogo me excluyó de su testamento. No me extrañó. No quería nada de él así que tal contingencia no me incomodó.
Me hubiera quedado así, idiota y pobre, como diría House, si no hubiera sido porque alguien con más redaños que yo impugnó la última voluntad del hombre que me engendró. Hace poco descubrí que Rowan, tu suegro, tenía un testamento manuscrito, distinto al que yo conocía, en el que, dejando de lado a su joven y manipuladora esposa, repartía su fortuna entre sus dos hijos, Melissa Bergman y yo mismo.
He vuelto a mi casa, para hacer efectivo el reparto. Melissa no pasa por un buen momento económico, acaba de separarse y necesita el dinero. No me preguntes por qué me negué a verla hasta ahora. Creo que la culpaba del hecho de que mi madre hubiera caído en el alcohol. Gran error. Porque sé que Melissa es una víctima, tan inocente como Chloé…y yo…Yo soy un inmaduro gilipollas. Ha tenido que mandarme multitud de fotos y mails, para que me diera por aludido. Y siempre contestaba de malos modos, escondido, apabullado, avergonzado… Gracias que House me abrió los ojos…¡¡¡Manda narices que al final tenga que estar agradecido a ése pedazo de cabrón!!!...
Te prometo que cuando vuelva las cosas serán diferentes. Seré el hombre que te mereces y el cabeza de familia que mi padre no pudo ser…Encargaremos un bebé y…trataremos de ser felices…
Tengo que dejarte, he quedado con mi hermana para ir al registro civil. Melissa Bergman será, por fin, Melissa Chase. Yo tendré una sobrina, y ella una tía preciosa…Melissa me ha prometido visitarnos el próximo invierno…¡¡¡Tengo unas ganas de que las conozcas a las dos!!!
Te echo de menos…Te amo…
"Tu cangurito"
Robbie
[…]
Jamás conseguiría ser normal. Nunca lo pretendí y para una vez que lo intenté, me caí con todo el equipo. Allá cada cual con lo suyo. Machaqué el candado que Wilson, siguiendo mis instrucciones, había puesto en el mueble bar y me serví una copa, la primera desde que salí de Mayfield (1). ¡¡¡Qué mejor ocasión que ahora para reanudar mi gusto por el bebercio!!!. No iba a pasar nada. Y si pasaba, a nadie le iba a importar. Cuddy no me quería en su vida, Cameron me había echado con cajas destempladas de la suya y Wilson…Apuré el contenido del vaso de un trago. Estaba tan jodido que me supo a agua. Acometía dedidido el segundo cuando el timbre sonó.A ésas horas sólo podía ser un tarado. "¡¡¡Ya tengo Biblia!!!!", grité para espantarle, pero no cesó. Me levanté y agarré mi bastón, abriría la puerta y, de paso, la cabeza de ese mequetrefe maricón. Pero el vendedor de fe, tenía nombre y cuerpo de mujer.
- ¡¡¡Abrázame!!! – suplicó mientras se lanzaba a mi cuello sin darme alternativa.
Cruzó el umbral y…
[…]
(1) .org/wiki/Greystone_Park_Psychiatric_Hospital
