Hola!!! Bueno, pues malas noticias para ustedes y buenas para mí ¡Este es el ultimo capitulo! ¡Así es, esta hermosa historia ya se termina aquí! Lamento no haber avisado antes, pero soy algo distraída y lo olvidaba n//un…

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Advertencia:

*Esta historia contiene incesto, al igual que escenas de sexo explicitas, si no te agrada este tipo de relaciones o lectura NO lo leas.

*Posible OoC en algunos personajes como Inuyasha y otros.


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Un amor más que fraternal

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[InuxKag]

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[Long-Fic]

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By Yasaku Cullen

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= Capitulo 8. Mi ultimo regalo de Navidad =

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─Amor… Kagome… ─sus manos me movían por los hombros y yo simplemente apreté los ojos girándome debajo de la cobija que me cubría, ya estaba despierta desde hace rato, pero ¡Qué flojera levantarme!─ Kag, despierta. Souta te espera abajo ─su nombre me dolió en el alma, pues él nos separaba.

Abrí los ojos perezosamente y cuando fui del todo consiente, Inuyasha ya salía de mi habitación cargando una caja llena de mis accesorios y arrastrando una maleta con la otra mano.

Me levanté y cuando me despabilé un poco distinguí, sobre mis sabanas blancas, ropa que me permitiría enfundarme sin ocasionarme retraso alguno.

Me quité la blusa azul del día anterior que no había sido capaz de quitarme y me coloque una blusa de tonalidad más clara de botones y manga corta, para después colocarme una chamarra de mezclilla. Me abroché los tenis ─que había sido lo único de lo que me había desprendido en día anterior─ rápidamente y salí corriendo después de coger un cepillo que se encontraba sobre mi tocador, el cual utilizaba para desenredar mi cabello mientras corría escaleras abajo, de vez en cuando posando mi mano en el bolsillo de mi falda para evitar que mi celular saliera de ella.

─Hola pequeña… ─sus palabras estaban llenas de amor, pero yo lo miré con ira. Realmente siempre había deseado que me vieran como una mujer y no como una estúpida niña, débil, llorona y pequeña.

Simplemente no les respondí y miré a mi padre suplicante, pero este solo negó con la cabeza, destruyendo mis ilusiones de que tal vez, solo tal vez, si hubiera sido estar a su lado.

─No me quiero ir Inuyasha… ─supliqué y sus ojos dorados, ligeramente opacados por la tristeza me contemplaron por un instante, para luego suspirar y abrazarme con fuerza descomunal a la cual yo respondí con toda la intensidad que me fue posible.

─Te amo… ─me susurró en el oído. Tan bajito que supe que mi tío jamás seria capaz de escuchar su seria y perfecta voz decirlo, más como un juramento que como una constatación de un hecho.

─Pequeña… ─su voz, su manera de llamarme me hacia sentir extraña, pues podía percibir la devoción que emanaba.

Me giré a mirarlo, él era mi tío, pero yo solamente conocía a uno. Uno diferente en todos los sentidos, frio, maduro, inteligente y hermoso. Ante mis ojos tenía algo muy distinto, Souta se veía como una persona cálida, hasta cierto punto un poco infantil, listo sin duda, pero no le llegaba y hermoso… no era tan hermoso como él, pero sin duda no era nada feo.

Suspiré.

Ahora tendría que vivir con él, pero bueno, solo serian dos años, para que pudiera salirme de su casa y poder regresar a la mía y estar con Inuyasha para siempre. Solo serian dos años… solo dos…

¡Por Kami! ¡No lo soportaría! Yo necesitaba a mi padre como al aire para respirar… No, él era el aire que yo necesitaba para respirar…

Me giré y volví a hundir mi rostro en su pecho sin dejar de rodearlo con los brazos, no quería alejarme de él.

Las lágrimas salieron de mis ojos, ahora comprendía el porque desde que tenía doce años creía que mi vida era de telenovela. Jamás podría estar con mi padre… Jamás podríamos ser felices juntos…

─No… por favor no… ─supliqué entre sollozos. No quería mostrarme débil, pero no podía evitarlo, solamente habíamos disfrutado unos pocos días juntos, solo nos habíamos acostado tres veces… Y yo necesitaba más… más de su piel, de sus labios, de su voz, de sus ojos. Realmente lo necesitaba, más de lo que jamás podría necesitar cualquier cosa.

─Amor… no, por favor no… ─yo sabia que al ponerme así le haría todo más difícil a él, y él no tendría que estar sufriendo conmigo en esos momentos, así que suspiré antes de pararme de puntitas y besarlo de manera ansiosa y si a mi "querido tío" no le agradaba, pues que se fuera al demonio y no mirara, porque yo no estaba dispuesta a irme sin probar sus labios una vez más, pero para mi sorpresa no me impidió que lo siguiera besando, ni dijo nada cuando Inuyasha me tomó con fuerza de la cintura pegándome a él y profundizando el beso.

Esa seria la ultima vez que lo besaría, la última vez que me embriagaría de su aliento, pues tenia claro de que Souta no me dejaría verlo los fines de semana como lo hubiera hecho una madre que se divorcia de un esposo irresponsable.

Profundicé aún más el beso después de unos cuantos segundos y le rodee el cuello con los brazos mientras el me acercaba a su cuerpo todo lo que le era posible.

Sus labios los sentía desesperados y exigentes, pero no lo eran más que los míos, que a pesar de que mis pulmones empezaban a dolerme no me sentía capaz de separarme de sus labios, pero el conservaba la cordura más que yo, así que con ternura pero firme en lo que hacia se separó de mí para poder besarme la coronilla.

─Te amo… Te amo Kagome… ─susurró y yo dejé de derramar lágrimas de desesperación cuando me sonrió. Su sonrisa sin duda me tranquilizaba el alma.

Dejó de rodearme con los brazos y Souta me tomó de la mano alejándome de Inuyasha y colocándome a su lado.

─Cuídala… ─le ordenó mi padre con voz firme y yo no pude separar mi mirada de la suya en ningún momento, aunque él no mirara a mí pues sus ojos de oro estaban posados de manera amenazante sobre los de mi nuevo y "adorado" tío.

─No, espera ¿Y mi Tails? ─inquirí, mi hermoso perro se encontraba dormido en un rincón de la sala y yo no me quería separar de él.

─Pregúntale a tu tío ─respondió mi padre mirando a Souta.

─Llévatelo si quieres… ─corrí hasta donde se encontraba mi Rottweiler y lo desperté acariciándolo detrás de las orejas, le hice una seña para que me siguiera y así lo hizo, al llegar a un lado de mi padre, este se arrodillo y acaricio de manera cariñosa a mi mascota para después pararse y mirarme de una manera que no pude descifrar y sin más, mi nuevo tutor me arrastro fuera de la casa, hasta su auto, en el cual solo habían dos maletas mías que reconocí como las que había llenado para darla a la caridad.

Me giré en el asiento a ver a mi padre por la ventana mientras Tails se acomodaba en el asiento de atrás sobre mis maletas, pero él ya se dirigía a su deportivo con el celular pegado al oído.

Salimos de los terrenos de mi hermosa mansión y las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos, realmente me dolía que mi padre actuara con tal indiferencia ante nuestra separación.

─Pequeña… ─me llamó la voz de Souta y lo miré, podía notar su rostro contraído por el dolor y sus ojos me miraban suplicantes─ Lo lamento, pero no podía dejarte con él… Se ha aprovechado de ti…

─ ¡Él no ha hecho nada malo, Souta! ─grité totalmente enojada ¿Cómo podría pensar alguien que Inuyasha se habría aprovechado de mí? ─ ¡Yo fui quien inicio todo! ¡Y de eso hace menos de quince días! ─chille más de frustración que de otra cosa, realmente no comprendía ¿Mi pecado había sido tan grave como para merecer esa cruel separación? Yo no lo creía, no lo creía posible si él me amaba, pero al parecer no me amaba tanto si nuestra separación le era indiferente.

Sus ojos se posaron en los míos en cuanto nos detuvimos frente a un semáforo en rojo.

─Kagome… ─estiró su brazo hacia mí, con clara intención de abrazarme y yo me habría negado a su contacto de no haber estado tan voluble en esos momentos, pero realmente necesitaba un abrazo que me consolara y un hombro para empapar con mis lágrimas, así que me dejé atraer a su cuerpo.

Manejó con una mano durante todo lo que restaba del camino, pero lo hizo a una velocidad lenta, ya que seguramente no quería alejarme de su cuerpo, muy pronto.

Al llegar a un edificio, me separé de él y miré el lugar. Al parecer mi querido tío no vivía en una gran mansión o en una casa en los suburbios, sino en un pequeño complejo departamental.

Bajé del auto y él también lo hizo rápidamente, al llegar a mi lado abrió la puerta y mi hermoso perro saltó del auto dispuesto a echarse a correr por ahí, así que sin más suspiré, en esos momentos no me apetecía correr detrás de él.

─Tails, quieto… ─susurré sin ánimos, pero él me escucho y se detuvo de golpe, para volver su hocico a mi con el reproche en sus ojitos─ Más tarde monstruo… ─le aseguré y de inmediato regresó a mi lado, para empezar a lamer mi mano, la cual retiré para poder acariciarle la cabeza.

─No es muy grande Kagome ─me aseguró la voz de Souta a mi lado que ya había bajado mis maletas. En su rostro podía ver incomodidad─, se que estas acostumbrada a cosas mejores, pero tal vez dentro de poco pueda acabar de recolectar el dinero para la casa, no tendrás un baño propio, pero tratare de darte lo mejor que pueda…─su nerviosismo me causo un poco de ternura, así que con mi mano libre tomé la suya haciéndolo callar de golpe.

A pesar de todo, no era su culpa no entender lo que teníamos mi padre y yo, nadie que no vivido un amor prohibido, podría entender nuestros sentimientos.

─No importa Souta… Realmente no soy tan exigente… ─traté de sonreír, pero me resulto imposible hacerlo de una manera que no reflejara mi dolor.

─Kagome… Lamento si te duele alejarte de tu padre, pero… ─podía ver como en sus ojos se debatía entre decir lo que pensaba o no, así que le ayude.

─Es enfermizo… Lo se… ─suspiré. Realmente no podía odiarlo, por más que lo intentara en mi mente, pero yo sabia que su preocupación por mi era sincera además de su cariño. Sobre todo no podía desechar la sensación de calor que sentía a su lado, que era más que un vago recuerdo renovado, era la realidad de sus sentimientos hacia mí─ pero es lo más real que he tenido… ─susurré más para mí que para él.

─ ¿Entramos? ─me preguntó dudoso y me di cuenta de que me había quedado recargada en su auto aunque él ya había caminado hasta la puerta.

Asentí y le hice señas a Tails para que me siguiera, tal vez hubiera sido mejor dejárselo a mi papá, pero era el mejor recuerdo de mi tío Sesshomaru que tenía. Él si había sido mi tío por todo ese tiempo y simplemente no lo podría olvidar, ni a él ni a mi querida prima, que en esos momentos se hallaba en Londres con su madre.

Al llegar al tercer piso el elevador se detuvo y nos dirigimos hasta la puerta con el numero setenta y seis, al entrar me encontré con un departamento, que no parecía el de un adulto, pues a pesar de todo me di cuenta de que mi querido tío había tratado de arreglar el lugar y limpiar el piso, pero en realidad seguía estando desordenado y un poco sucio.

Era bonito sin lugar a dudas y tenía cierto aire a la habitación de un adolecente con la consola de video juego sobre la mesita de la sala y otros detalles que no me pasaron inadvertidos.

Me llevó a mi habitación y dejó mis maletas sobre la cama.

─Kagome… ─me llamó desde la puerta y yo me giré, se mordía el labio inferior dudoso.

─No te preocupes Souta… Estoy bien… ─mentí sin mirarlo a los ojos, pues los míos eran idénticos a los suyos y mostraban más de lo que deberían.

─De acuerdo… En la tarde vendrá una amiga, que me hará el favor de cuidarte mientras estoy en el despacho ─me informó y yo asentí.

Lo cierto es que tenía la esperanza de que me dejara sola cuando se fuera a su despacho de investigador privado, pero al parecer no iba a ser posible jamás.

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Los días pasaban y todos y cada uno de ellos era poco agradable sin la compañía de mi Inuyasha, pero lo cierto es que tampoco lo estaba pasando tan mal. Dos semanas habían servido para evitar que llorara las veinticuatro horas del día.

Souta era divertido y de hecho ya se había vuelto un gran amigo, en las noches cuando regresaba de trabajar, siempre llegaba con un par de películas de renta que nos sentábamos a ver en el sofá mientras cenábamos comida italiana o un poco de sushi del puesto que se encontraba en la esquina.

Lo que realmente detestaba era a la "amiga" de Souta, era linda, si, pero era una cabeza hueca y todo el día se la pasaba atosigándome con preguntas acerca de que me había contado mi tío de ella y queriendo saber si ella me parecía una buena chica para él. Y la verdad es que me resultaba verdaderamente molesta e infantil para estar con él.

Todos los días al despertarme, encontraba un mensaje en mi celular del numero de mi padre con frases como: "Amor… Eres mi luz, te extraño." "Mi hermosa Kag, te necesito." "Te amo hija… más de lo que jamás pensé amar." Y yo le respondía a todos con la misma frase: "Te amo, te amo más que a mi vida…"

No estaba segura de si eso estaba bien, pero realmente no le hallaba el lado malo a todo eso, pues solo eran dos mensajes al día, uno a él y uno a mí, así que no me sentía culpable en lo más mínimo.

Era la mañana de Navidad y ese día no había recibido ni un solo mensaje de Inuyasha, cosa que me deprimió un poco, pero al ver a Souta tan entusiasmado por pasar una navidad conmigo, no pude evitar contagiarme un poco de su alegría.

Sabía que Sou no tenía mucho dinero, por lo cual no esperé ningún regalo, pero cual fue mi sorpresa al encontrarme con un collar de plata con una lágrima de zafiro en una caja forrada de terciopelo.

─ ¡Oh, por Kami! ¡Souta es hermoso! ─grité alegremente y le rodee el cuello con los brazos antes de darle un tierno beso en la mejilla.

Yo no lo consideraba mi tío, pues el concepto que yo tenía de esa palabra no le quedaba nada bien, pues su forma de ser tan divertida y complaciente conmigo se parecía mucho a la de Kouga, pero sus ojos demostraban que en mí veía a mamá y eso me hacia feliz.

─ ¡No debiste molestarte! ¡Seguramente es muy caro y…! ─exclamé después de unos segundo y lo volví a guardar dentro de la cajita, pero el negó con la cabeza y la abrió para sacarla.

─No, he ahorrado lo de tus regalos de navidad por once años… Creo que es justo que recibas un regalo del que alguna vez fue tu tío favorito ─me sonrío y me lo extendió─ ¿Me dejas ponértelo? ─preguntó mirándome tiernamente.

─Claro… ─susurré y dejé que me lo colocara en el cuello.

─Te queda perfecto… ─aseguró y me beso en la frente para después pararse de mi cama y caminar hasta la puerta donde se detuvo con una sonrisa radiante─ La cena de hoy la preparare yo, pero… atente a las consecuencias, hace siglos que no cocino nada que no sea ramen instantáneo.

─No te preocupes yo te ayudaré… Después de todo yo no te he dado ningún regalo ─me levanté tomando mi celular de la mesita donde lo dejé después de haber revisado si tenía algún mensaje y le acaricie la mejilla─, pero si te pido una cosa más ¿me la darías? ─inquirí mordiéndome el labio inferior y vi que la preocupación brillaba en sus ojos─ No es nada que te pueda costar un solo yen ─le aseguré y se relajo casi al instante─, es solo… ¿Me podrías regalar una fotografía tuya…? ─le pregunte casi implorante.

Puso cara de no creérselo, pero después soltó una gran carcajada y yo lo miré con el ceño fruncido, pero cuando me abrazo sonreí.

─Claro, ven… ─me tomó de la mano y me arrastro hasta su cuarto mientras Tails nos seguía pisándome los talones, pues mi adorado perro no se había separado de mí ni un solo momento.

Me senté en la cama y mi mascota me imitó saltando sobre ella y acurrucándose en las almohadas.

─ ¡Oh, genial! ─se quejó Souta y yo le sonreí mientras jalaba a Tails de las patas para ponerlo ─o lo más que pudiera poner de ese monstruo─ sobre mi regazo.

─Lo lamento… esta un poco mal acostumbrado a molestar a las personas ─y es que en realidad ese era su único propósito en la vida, según lo que yo le había inculcado.

─No importa… ─se encogió de hombros y se sentó a mi lado con una caja de zapatos en sus manos─ Toma las que quieras, si… tú me regalas algunas tuyas. Es más hasta te perdono el que prepares la cena… ─me aseguró y yo asentí gustosa al recordar que mi padre había metido ─sin que yo me diera cuenta─ un montón de fotos mías y de mis amigos dentro de un sobre en el fondo de la maleta.

Sacamos todas las fotos de la caja y las esparcimos por la cama. Cada foto que me llamaba la atención se la mostraba y él me contaba la historia que había en esa imagen, en muchas de ellas él sonreía y me contaba de alguna ridiculez hecha con sus amigos a los dieciséis años.

─No sabes la arrastrada que me dio Midoriko por eso… ─hizo un gesto de dolor y luego río de manera melodiosa─ lo bueno es que a tu padre aún no se le quitaba la estupidez de la adolescencia y también voló un par de botes de la prepa y como tu madre no se resistía a sus sonrisas ─rodó los ojos como si le fastidiara la idea de que alguna chica cayera ante los encantos de su novio─ no me costó más que una semana de estar sin salir…

Sonreí al imaginarme la escena y así continuamos hasta que me dio hambre.

─Enseguida te preparo un poco de cereal con leche ─sonrió y me despeino con su mano─, ya tienes tantas fotos mías que creo que me he quedado sin una sola, ahora te toca darme unas, ve por ellas mientras saco tu desayuno ─salió del cuarto y yo lo hubiera seguido de inmediato de no haber sido porque mi amado Tails se había quedado dormido sobre mis piernas.

─ ¡Uh! ¡Tails! ¡Quítate, tengo hambre!

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Souta Pov.

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─ ¡Uh! ¡Tails! ¡Quítate, tengo hambre!

No pude evitar una carcajada al oírla, realmente se comportaba como una niña y me resultaba verdaderamente placentero el ver que se parecía a mi hermana más que a nadie en el mundo.

Saqué el cereal y lo serví en un tazón, de verdad esa niña estaba loca, lo bueno es que ya estaba acostumbrado a comidas extrañas, pues desde que tenía memoria a Midoriko siempre le había gustado ponerle mermelada de durazno al cereal de chocolate ¡Por Kami! ¡Aún me resultaba asqueroso el solo verlo!

─ ¡Cereal! ─gritó Kagome que llegaba corriendo con su perro atrás de ella ¿Qué nunca se cansaba de seguirla por todos lados?

Pero antes de que se sentara en el banquillo de la cocina, quité el tazón.

─Las fotos o no te doy tu revoltijo ─ le advertí y ella de inmediato me lo entregó─. Toma ─ casi me arrebató su desayuno y yo abrí el sobre tamaño oficio que me entregó─ ¿Él… chico era tú… novio…? ─pregunté extrañado y ella escupió todo de nuevo en el tazón, lo miró con asco y a mí con reproche y dolor en sus ojos.

─Era más que mi novio… Era mi mejor amigo… ─susurró y unas lágrimas salieron de sus ojos─ Es una historia larga… ─musitó y miró las fotos mordiendo su labio inferior.

─Cuéntala. Tengo tiempo… ─le aseguré y ella sonrió.

─De acuerdo, pero tengo hambre y no voy a comerme esto ya ─se levantó y dejó su tazón de cereal en el fregadero─. Ven ─ me tomó de la mano y yo recogí las fotos para poder seguirla.

Tomó una manzana del frutero y la mordió mientras se sentaba en el sofá y yo le pasaba una foto donde se veía un poco chica.

─Mmm… ─sonrió levemente y yo no entendí que era lo gracioso─ Tenía doce y medio ─explicó, pero yo seguía sin entender─, era el catorce de febrero. Este ─señaló al chico que ya había visto antes, solo que se veía más chico. Él le entregaba una rosa con un rubor en las mejillas de ambos─, es Kouga, fue mi novio desde ese día. Mi prima Rin nos tomó esa foto ¡La subió a su pagina casi al instante! Creo que todavía se encuentra ahí… ─sacudió la cabeza con ademan resignado, pero yo quería saber más, más sobre ella y su vida hasta que volví a entrar en ella.

Mordió la manzana aún con una sonrisita en los labios y esperó.

Yo revolví unas cuantas y me sorprendió una foto, así que la levanté y la miré con una ceja alzada, a lo cual mi amada sobrina se sonrojo y trató de arrebatármela, pero yo logré retenerla en mi mano.

─Habla ─le ordené.

─Bien… ─murmuró aún con las mejillas cubiertas por un color carmín─ Ese día en la secundaria organizaron un viaje para los de tercero que ya se graduaban, pero los de los grados menores no estaban invitados, pero Kouga era hijo del director y lo convenció de que me dejaran ir… ─se rió y no entendí el motivo─ papá casi se muere cuando le avise por mensaje de texto que me iba a la playa y que no iba a regresar hasta el día siguiente, por eso estamos en traje de baño.

─Pero ¿Bikini? ─pregunté sin comprenderlo bien, así que le eché otra mirada a la foto, donde mostraba a mi pequeña sentada en un tronco, vestida con una camisa de chico abierta sobre el bikini ─demasiado pequeño, para mi gusto─ mientras un chico la besaba en el cuello y le acariciaba la cintura ─por debajo de la camisa─.

─Idea de Rin, no mía, de Rin ─aseguró y antes de que me diera cuenta ya la había guardado en la bolsa de su pants.

─Y esa posición tan… ─lo dejé en el aire y se sonrojó aún más que antes, por lo que solté una carcajada.

Así que me puse a buscar más fotografías y entre ellas encontré una que no me agradó nada ─en la foto se encontraba con Inuyasha, con Kagome y una mujer que ya había visto anteriormente─, pero quería saber que sucedía para que se encontraran tan arreglados.

Se la mostré y su rostro se ensombreció.

─Kikyou… ─suspiró y luego una sonrisita traviesa apareció en sus labios─ Mejor dicho, Kiky-perra ─la miré con él ceño fruncido, pero ella parecía inmune a los reproches por expresarse de esa manera─, fue la novia de papá por poco más de dos años. Ese día cumplí los catorce y mi padre me llega con la "maravillosa" noticia que Kiky-perra viviría con nosotros como su nueva novia ─podía sentir el dolor en su voz… y al mirar sus ojos, los noté opacos y sin brillo alguno─. Desde entonces me propuse más firmemente que él seria mío… ─murmuró y yo no quise entender del todo lo que decía─ Y lo logre… ─pero ella era demasiado buena para hacerme reír y hacerme rabiar a la vez, sin duda, pero sus ojos demostraban la satisfacción ante la victoria de una guerra que a mí no me parecía declarada.

─De acuerdo… otra… ─suspiré tratando de no imaginarle en los brazos de Inuyasha mientras él se la follaba ¡Realmente no quería pensar en eso!

Por un rato más continuamos con lo que estábamos, hasta que yo también tenía tantas fotos de ella con los demás, como ella mías con su madre, Inuyasha ─que por un tiempo fue mi héroe─ y mis amigos. Fue entonces cuando ella se levantó y se dirigió a su habitación, para buscar su ropa y darse un baño, era increíble que pudiéramos estar tanto tiempo hablan y escuchando nuestras historia sin hartarnos del otro, pues yo la verdad no era muy sociable con los demás desde que salí de la universidad y ella era una adolecente que debería odiarme de verdad por haberla separado de su padre pedófilo e incestuoso.

Me dirigí a la cocina y empecé a observar el refrigerador. No tenía lo necesario para preparar una buena cena de Navidad ─ni siquiera para una cena común y corriente hay que admitirlo─, así que suspiré, tendría que hacer las compras, pero no me apetecía en lo más mínimo separarme de Kagome, pues me la estaba pasando muy bien con ella, a pesar de que solamente acostumbrábamos a hablar de él pasado, más claramente de Midoriko, a la cual yo había tratado de olvidar. Mi hermana había muerto y sinceramente nunca me gusto hablar de ella después de eso, no cuando ella me había dejado solo en el mundo.

─Kagome ¿Quieres ir de compras conmigo? ─le pregunté casi en un grito, pues suponía que se encontraba bañándose aún, esa niña tardaba milenios dentro de la regadera y no se me ocurría una buena razón para ello, es decir, aunque sea una chica no debería de tardar media hora debajo de la regadera.

─Si… ─contestó su voz y casi no la escuche, pues había sonado como un suspiro muy débil.

─Apúrate entonces ─le advertí al pasar frente a la puerta.

─ ¡Hay cosas que no se pueden apresurar! ─gritó enfadada y yo me quedé estático. Me confundió su comentario ¿Qué cosas no se pueden apresurar? Se supone que el agua caliente sale de inmediato debido al calentador automático y realmente el lavarse uno mismo no era algo que necesariamente se hiciera lentamente ¿Qué más se podría hacer mientras te bañas? Esa chica era ridícula…

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Kagome Pov.

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─ ¡Hay cosas que no se pueden apresurar! ─le recriminé.

¿Es que una ya no puede tomar un baño mientras piensa en su padre haciéndole el amor en la regadera? Realmente Souta no tenía ni idea de lo molesta que estaba con él ¡Me había regresado a la realidad de manera muy, muy cruel!

Salí de la ducha y me vestí rápidamente después de secarme el cuerpo, aunque pensándolo bien no era su culpa. Él no tenía idea ─por suerte─ de lo que hacia mientras me duchaba. La vergüenza hubiera sido mortal, pero su ira, sin duda alguna, hubiera sido peor que ella. Tendría que actuar como si él nunca me hubiera interrumpido en mi rutina diaria de caricias mientras mi mente se concentraba por completo en hacerme creer que eran las manos de Inuyasha.

Salí del cuarto de baño con la toalla en las manos mientras me la pasaba rápidamente por él cabello, para secarlo.

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Poco después nos encontrábamos en su automóvil rumbo al súper mercado, para comprar las cosas que ocuparíamos para preparar nuestra cena navideña.

Al llegar al lugar me di cuenta de que el lugar estaba decorado para la época. Realmente en esa ocasión no me importaba en lo más mínimo eso, tal vez había perdido mi espíritu navideño, pero no tenía caso que me entusiasmara si no iba a poder besar a Inuyasha debajo del muérdago.

─Bien, primero buscaré un jamón ─me informó y yo sonreí ¿Es que los hombres son adictos a la carne?

─Claro, vamos… ─lo jalé de la mano hasta donde se encontraban los carritos.

Pocas veces había ido de compras a un súper mercado por los víveres. Normalmente nos eran llevados a casa una vez a la semana por el servicio que además se dedicaba a lavar, planchar y mantener la casa limpia mientras nosotros salíamos ya fuera de viaje a algún lugar ─antes de que la perra llegara a nuestras vidas─ o cuando yo salía a dar la vuelta con Rin o Kouga y mi padre y kikyou se largaban por ahí a comprarle ropa nueva.

Recorrí los pasillos al lado de Souta quien iba recargado en el carrito mientras charlaba conmigo alegremente y yo trataba de responderle con naturalidad y no con el resentimiento que sentía en contra de él por haber sido tan poco oportuno antes de salir de casa.

Nos encontrábamos en él departamento de carnes frías cuando Hitomi se detuvo a un lado nuestro con un carrito casi lleno. Yo me contuve de hacer una mueca al ver que mi tío se giraba a ella casi como atraído por un imán. Realmente le gustaba esa chica, y si, era bonita, pero realmente no me agradaba la gran cosa. Solamente era tres años mayor que yo y por lo tanto, igual de madura que yo. Lo cual reducía su madurez a cero y su entusiasmo al estar cerca de Souta a diez.

─Voy al baño Sou… ─le informé y él asintió con la cabeza, pero apenas di unos cuantos pasos cuando su mano me detuvo por él codo.

En sus ojos había un brillo extraño, parecía triste de pronto y yo lo miré preocupada. Le pregunté si sucedía algo malo, pero el solo parpadeo confundido, como si se hubiera dado cuenta de la reacción que acababa de tener y negó con la cabeza.

─No… es solo… ─sus ojos aun me miraban llenos de tristeza y algo de dolor─ Te quiero Kagome… ─me aseguró antes de darme un abrazo que yo respondí titubeante a él.

Me soltó y negó con la cabeza. Realmente parecía que ni él mismo se entendía.

Me giré y suspiré. Seguramente ya estaba enloqueciendo.

Al llegar al baño me senté en el lavamanos. No tenía necesidad de estar ahí, pero mejor tener mi trasero en la fría baldosa que ver como mi tío y Hitomi babeaban el uno por el otro sin darse cuenta.

La situación me resultaba incomoda porque no podía estar cerca de personas con sentimientos sin recordar a mi padre y realmente no quería llorar por él más tiempo. Tal vez ya se había olvidado de mí y se había largado a buscar a la puta que tenía de novia, para volver a disfrutar de noches llenas de sexo salvaje.

Apreté mis puños enfurecida ¿Realmente habría sido capaz de hacer eso mi padre? Negué para mi misma que eso fuera cierto. Él no me dañaría de esa manera, pero en esos momentos ya no estábamos juntos y podría haber… No, seguíamos juntos, tal vez no físicamente, pero al menos él nunca me había dicho "Lo siento hija, pero ya no podemos seguir amándonos. No eres tu soy yo…" Solté una risita ante lo estúpidos que resultaban mis pensamientos. Nunca se me había ocurrido pensar a mi padre decir esa repetitiva frasecita a alguien.

Salté del lavamanos y me giré al espejo, para poder mirarme el cuello. Suspiré. En mi piel ya no quedaba ni un solo rastro de que él hubiera estado dentro de mí y que yo le hubiera pertenecido. Todas las pruebas físicas de eso ya habían desaparecido. Tal vez si me hubiera tatuado su nombre y él el mío, hubiera sido una evidencia clara, pero eso no había sucedido y ahora jamás podría suceder…

─ "Tal vez… no soy tan fuerte…" ─pensé con amargura al notar las lágrimas rodar por mis mejillas─ "Tal vez…si soy una niña llorona todavía…"

Agaché mi mirada y abrí el grifo para lavar mi rostro, no quería que Souta se diera cuenta de que había vuelto a derramar lágrimas.

Tomé un poco de agua con mis manos y cuando me iba a alcanzar el rostro una mano se posó en mi boca y otra me sostuvo con fuerza por la cintura.

Cerré los ojos por instinto, temiendo que pasara lo mismo que había pasado en el centro comercial, pero casi de inmediato el calor del brazo que me envolvía me resulto tan familiar que los abrí de golpe, para observar el reflejo en el espejo.

Hubiera sonreído de haber podido hacerlo, pero su mano aun no se retiraba de mi boca, así que solo pude derramar más lágrimas.

─ "Definitivamente soy una niña llorona…" ─pensé y me solté para girarme.

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Souta Pov.

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Ya había pasado mucho tiempo, cerca de veinte minutos y Kagome aún no regresaba, ya me estaba preocupando ¿Podría haberle pasado algo malo? Los cómplices de Naraku aún se encontraban libres ¿Podrían haber regresado por ella como venganza?

Miré a mí alrededor tratando de encontrarla, tal vez ya había vuelto y se encontraba por ahí cerca buscando algo que necesitara, pero mi mirada no lograba encontrarla.

Estaba dispuesto a entrar al baño de mujeres si no aparecía en menos de cinco minutos.

Hitomi me pedía que me calmara y que antes de hacer cualquier tontería la voseara en el puesto de información del lugar, cosa que de inmediato acepte jalándola de la mano y dejando nuestras compras abandonadas.

─… tiene dieciséis años, su cabello es negro, sus ojos cafés, trae un pantalón de mezclilla y una blusa… ─mi celular vibró y en seguida le siguió una melodía, por lo cual interrumpí mi descripción de mi sobrina.

Lo abrí de inmediato y en él me encontré un mensaje de texto de ella, lo miré y suspiré resignado.

─Señor, la blusa… ¿de qué color era? ─me preguntó la chica una vez que acabo de apuntar en su libreta todo lo demás que ya le había informado.

─Olvídelo… ─susurré guardando mi teléfono en mi bolsillo. Me giré a Hitomi y negué con la cabeza.

Ella me miraba confundida.

─Iré a casa ─le informé con voz apagada─. Lamento mucho haberte entretenido con esto, no tenías por… ─de pronto me vi interrumpido por sus labios, que acariciaban los míos de manera suplicante. La impresión no me dejó reaccionar y no correspondí a su contacto.

Cuando se separó de mí su mirada estaba vidriosa, como si quisiera llorar y el alma se me vino a los pies.

La había lastimado y lo sabia, pero en ese momento mis sentimientos se concentraba egoístamente en mi propio sufrimiento, por lo cual no la detuve cuando se giró y salió corriendo del lugar.

Me dirigí a casa y me tiré en el sofá, en el que normalmente descansaba el perro de la casa, fue entonces cuando reparé que no se encontraba en la casa tampoco.

Eso me daba menos esperanzas de las que albergaba de poder verla de nuevo. Esperanzas que no sabia aún se encontraba en mí…

Saqué mi celular y lo abrí, dirigiéndome a los mensajes recibidos.

"Sou…

Perdóname. Se que tal vez no debería de hacerlo, pero no daré un paso atrás y no lo lamentaré jamás. Me voy. Gracias por haber estado conmigo y por darme buenos recuerdos. Tú no fuiste mi tío, fuiste mi amigo.

Te quiero.

Kagome"

Lo cerré de golpe y estaba preparado para lanzarlo y que al estrellarse con la pared se rompiera en cientos de piezas, no me importaba si no tenia dinero suficiente para comprarme uno de la misma calidad, no me importaba si perdía los números de mis más importantes clientes así como todos los datos importantes de los casos que llevaba en esos momentos, pero no lo aventé porque si había algo en ese celular que no quería perder, una foto de ella y yo juntos en la que ella me besaba la mejilla y el único mensaje de texto que ella seguramente me escribiría jamás, junto con la declaración de que si me quería aunque fuera un poco.

Ella había sido la cosa más importante de mi vida después de mi hermana, ella se había convertido en mi hermanita, en mi amiga…

Sonreí con amargura.

Entendía el porque Inuyasha no se había podido resistir a esa niña. Ella era pura, y fácil de amar, pero tal vez me tendría que resignar a no tenerla conmigo.

Tal vez sino me hubiera empecinado en "protegerla" de su padre no la hubiera perdido, pero no me arrepentiría por eso, la había tenido por diecisiete días para mi solo y jamás olvidaría su compañía.

Podía confiar en que se encontrara bien, Inuyasha no le haría más daño del que yo le hubiera podido hacer, porque aunque no lo especificara, yo sabía que se encontraría con él. Porque lo había entendido ―tal vez me había demorado demasiado―, él lo era todo para ella.

Y mi último regalo de navidad para ella ya no seria ese estúpido collar. Sabía que ese regalo no significaría nada con el que le daría…

La dejaría ser feliz con él…

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Fin


Hola!!! Bien, se que él final no es muy bueno… Ni siquiera es bueno y soy consiente de ello, pero aún queda él epilogo.

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Gracias por sus Reviews!!! Me ayudaron como no tienen idea!!! Y me hicieron muy, muy, muy feliz!!!

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Pido 130 para subirlo pronto, aunque es seguro que lo suba antes del 14 pues entregan calificaciones y pues… creo que no he salido muy bien que digamos… u_ú…

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Y por eso dejo como aviso que es probable que deje mis otros Fics por un tiempo, hasta que me retiren el castigo que estoy segura me darán.

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Es todo!!!

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Kisses!!!