Hoolas n.n! Aquí les traigo un nuevo capítulo, espero que lo disfruten!
- Aclaraciones:
- Palabras - Dialogo de los personajes
- Palabras en cursivas - Pensamientos de los personajes
- (Palabras en paréntesis) - Aclaraciones o palabras de la autora
-
Disclaimer: Inu Yasha & Cía no son de mi propiedad... Se
dieron cuenta que siempre cambio esta frase? XDD Yo creo que ni la leen -.-u
"Oportunidad de Vivir"
Capítulo 10: Descubrimientos
Inu Yasha tomó sus pertenencias y las de Aome, y luego tomó a la chica en sus brazos, para llevarla a un lugar donde pudiese ser atendida. Realmente, la joven se veía muy mal: sudaba mucho, su cuerpo ardía en fiebre, le costaba respirar, entre otras cosas.
- No te preocupes Aome, pronto estarás mejor. Buscaremos a alguien que pueda atenderte de manera adecuada—dijo Inu Yasha, tratando de correr de la manera más delicada que podía, para no aumentar el malestar que la chica sentía. (No me refiero con delicada a de manera fina, sino que con cuidado de no ser brusco n.nu)
- Inu Yasha—ella susurró con dificultad, entreabriendo sus ojos.
- Tranquila. Pronto vas a poder descansar—le dijo dulcemente.
- No me dejes sola—se aferró al haori del chico. Este acto enterneció a Inu.
- No te preocupes, no lo haré—le sonrió. La joven se quedó dormida – Sólo espero que encontremos a alguien que nos ayude pronto—pensó, mientras seguía avanzando con agilidad.
Pasaron unos diez minutos y ambos ya se encontraban cerca del sendero que seguramente los llevaría a una aldea. Inu Yasha escuchó ruidos de pasos y voces, así que se ocultó tras unos arbustos y un árbol. Recostó cuidadosamente a Aome sobre la hierba y trató de ver el origen de los sonidos que había escuchado. A lo lejos, vio avanzar a un grupo de bandidos a través del bosque. No tenían muy buena cara. (Claro, son bandidos n-nu)
- Debo llevar a Aome lejos de aquí. Si nos llegan a ver, podrían querer pelear con nosotros, y este no es el momento más adecuado...—pensó Inu. Aome abrió los ojos.
- ¿Qué pasa¿Por qué nos detuvimos?—preguntó la chica.
- No hables. No hagas esfuerzos innecesarios... Luego te explico. Por ahora, permanece en silencio—la chica asintió. Inu siguió espiando sigilosamente a los bandidos. Estos cada vez se acercaban más a ellos.
- Lo mejor será huir—pensó y luego tomó a Aome, para emprender la huída. Desafortunadamente, Inu pisó una rama y su crujido llegó hasta los oídos de los bandidos. El chico rápidamente se escondió.
- ¿Quién anda ahí?—preguntó uno de los ladrones, quien parecía ser el jefe. No hubo respuesta.
- Quizás sólo fue un animal, jefe—dijo uno de sus subordinados.
- ¡Masashi!—dijo y otro de los ladrones asintió – Ve a inspeccionar—este volvió a asentir y fue.
- No me queda otra que enfrentarlos—pensó Inu Yasha – Aome, quédate aquí. No te muevas por nada del mundo. Yo ya regreso—le susurró. La chica asintió – Es a mí a quien buscan—dijo, saliendo del arbusto.
- Miren, que joven más valiente—dijo sarcásticamente el jefe - ¿Quién eres? –
- Eso no te interesa...—respondió Inu, fríamente – Déjenme pasar... –
- ¿Y si no queremos? –
- Pues tendrán que vérselas conmigo—desenvainó su espada – Necesito terminar rápido con esto o si no...—pensó y luego miró de reojo hacia donde estaba Aome escondida.
- Pagarás por tu insolencia, jovencito...—todos los bandidos empezaron a desenvainar sus espadas, dispuestos a atacar a Inu Yasha. Este adoptó posición de ataque.
La lucha comenzó. Primero, se lanzaron dos bandidos contra él, pensando que con ellos sería suficiente. Pero Inu logró herirlos y alejarlos de él. Luego se le acercaron cinco más. Esto le presentó un poco más de dificultad al chico. Defenderse de cinco personas que atacaban simultáneamente no era fácil, aún con todo el entrenamiento que había recibido.
Uno de los bandidos empezó a acercarse a donde se encontraba Aome. Inu Yasha se dio cuenta de esto e intentó con más ahínco salir del ataque de sus enemigos. Logró derribar a dos y luego a uno más, pero más soldados llegaron a combatir con él.
- Veo que eres bastante bueno. Te subestimé, pero veamos que puedes hacer contra todos mis hombres... (Uy! Que raro sonó eso de "Todos mis hombres" o.o) ¡Ataquen!—por lo menos diez bandidos más se lanzaron al ataque.
El joven ya no podía contra todos ellos, pero seguía intentando derribar a los más débiles y defenderse de los ataques de los más fuertes. El jefe iba a apoyarse en uno de los árboles para seguir viendo el "espectáculo" que se presentaba frente a él. Desgraciadamente, eligió el árbol detrás el cual Aome se encontraba y la vio.
La joven logró ver su cara y se dio cuenta por su expresión que el hombre no tramaba nada bueno.
- Miren con quien me he encontrado—rió – Una bella y encantadora jovencita escondida tras un árbol—rió maliciosamente. Inu Yasha logró escuchar esto.
- ¡No le hagas daño!—gritó enfurecido.
- Veo que es muy importante para ti, tu novia quizás... –
- Si le llegas a tocar un pelo yo...—dijo enfurecido.
- ¿Tú qué¿Me atacarás? Eso difícil lo veo con todos mis hombres atacándote...—volvió a reír de manera malvada. Aome dificultosamente logró tomar su espada y con las pocas fuerzas que tenía hirió al jefe de los bandidos en un brazo - ¡Argh! Maldita mujer, pagarás por esto—tomó a Aome por el cabello y la suspendió en el aire. La expresión del rostro de la chica demostraba que estaba sufriendo mucho, tanto por el trato del bandido hacia ella como por su estado de salud.
- ¡No le hagas nada, maldito!—gritó Inu Yasha, con una mezcla de ira y desesperación – Déjala ir. A quien quieres es a mí, no a ella... –
- Ella pagará por lo que me acaba de hacer—desenvainó su espada, dispuesto a atacarla.
Inu Yasha comenzó a desesperarse. Sentía que no podía hacer nada por Aome en esos momentos en que ella más lo necesitaba. Todo porque los bandidos no habían dejado de atacarlo insistentemente, aunque ya había tumbado en el suelo a unos cuantos.
La espada del jefe de los bandidos fue acercándose más y más al cuerpo de la joven.
- Voy a... ¿morir?—pensó Aome, cerrando sus ojos – Discúlpame Inu Yasha por no poder ayudarte en esta lucha, pero mi cuerpo no me acompaña ni me responde...—lágrimas empezaron a correr por sus ojos – Este es mi fin...—se preparó para morir, pero justo en el momento en que se suponía el bandido iba a matarla, sintió como la soltaba. Cuando el hombre cayó al suelo, Inu Yasha logró deshacerse del ataque de los bandidos y fue en su auxilio.
- ¿Te encuentras bien?—preguntó y la abrazó protectoramente. Luego dirigió su mirada hacia donde se encontraba el bandido y se sorprendió.
- ¿Qué fue lo que pasó?—abrió sus ojos y miró hacia donde el chico miraba. Sus ojos se abrieron aún más, de asombro. No podía creer lo que estaba viendo.
Lo que los ojos de ambos veían era una joven que se encontraba apuntando con su espada al pecho del bandido.
- Pagarás por lo que estabas a punto de hacer—le dijo fría y amenazadoramente.
- ¿Quién eres¿Y qué haces aquí?—preguntó desesperado. Los demás bandidos veían con impotencia y miedo lo que le estaban a punto de hacer a su jefe.
- Nadie se mete con las Princesas de la Muerte y vive para contarlo—le susurró al oído. Los ojos del bandido se abrieron sobremanera.
- ¿Princesas de la Muerte? Pensé que eran sólo una leyenda...—dijo con un hilo de voz.
- Pues ya ves que no... Adiós...—la joven enterró su espada en el cuerpo del bandido, dándole muerte – Si ustedes—dirigiéndose a los demás bandidos—no quieren correr con la misma suerte, huyan de aquí ¡Rápido!—dijo fríamente.
Realmente ella inspiraba un gran temor hacia los demás. Todos los bandidos huyeron despavoridamente, tratando de salvar sus vidas.
La chica se acercó a Aome e Inu Yasha, y este abrazó sobre protectoramente a la joven enferma.
- No te preocupes Inu Yasha—le susurró Aome – Ella es... –
- ¿Estás bien Aome?—preguntó la joven que había asesinado al bandido - ¿Qué tienes?—Inu Yasha reconoció el traje que la joven llevaba puesto.
- Entonces tú eres...—dijo el chico.
- Sango, una de las Princesas de la Muerte—contestó ella - ¿Quién eres tú? –
- Me llamo Inu Yasha—contestó él.
- ¿Cómo está Aome? Se ve muy mal...—el joven dejó de abrazarla y la recostó en la hierba.
- Al parecer pescó una gripe en la noche. Cuando desperté, vi que se encontraba con una fiebre muy alta y traté de llevarla a algún lugar donde pudiesen atenderla mejor, pero en ese momento me encontré con estos bandidos—explicó él.
- Ya veo—contestó Sango – Vi un templo cerca de aquí. Allí podríamos llevarla para que la curen—tocó la frente de Aome para cerciorarse de lo mal que se encontraba su amiga.
- Vamos para allá, entonces—el chico tomó a Aome en sus brazos.
Sango le dijo que la siguiera, para indicarle el camino hacia el templo. Inu Yasha así lo hizo. Llegaron al templo en veinte minutos, que para los tres fueron eternos. Sango fue la primera en entrar, para pedir ayuda. Luego, le indicó a Inu Yasha que él y Aome podían entrar.
- Síganme, por favor—les dijo una joven sacerdotisa de cabellos negros y largos, ojos azul-grisáceos, piel blanca y estatura mediana, indicándoles el camino. Los jóvenes le obedecieron.
Ella los llevó hasta una habitación en la que se encontraba un futón y un tiesto con agua fría, que seguramente había sido dispuesto por otra sacerdotisa momentos antes.
- Recueste a la joven allí, por favor—le dijo a Inu Yasha y éste así lo hizo, con extremo cuidado, y luego la tapó con la manta. Al encontrase allí, la cara de Aome mostró una pequeña expresión de alivio.
Enseguida llegó otra sacerdotisa, también joven, de cabello negro pero más corto que el de la otra, ojos color verde, piel blanca y estatura alta. Ella traía algunas hierbas medicinales en un canasto.
- Buenos días—les dijo a Sango e Inu Yasha. Ellos correspondieron el saludo - ¿Desde cuando tiempo que empezó a tener molestias la joven?—preguntó, refiriéndose a Aome.
- Eso no lo sé, pero cuando desperté la encontré con fiebre muy alta—respondió Inu – Se debe haber enfermado ayer, ya que quedó toda empapada y luego comenzó a hacer frío y llover—explicó él – Aunque no me dijo nada de que tenía alguna molestia –
- Quizás sí las sintió, pero no se lo dijo...—dijo apaciblemente la sacerdotisa mientras revisaba a Aome - ¿Pueden salir un momento? Necesito examinar más detenidamente a la chica –
- Esta bien—ambos obedecieron.
- Tu también puedes salir—le dijo a la otra sacerdotisa que se encontraba allí, esta asintió y salió.
- No se preocupen, la joven está en buenas manos—les dijo la primera sacerdotisa con la que se habían encontrado – Kazuru—refiriéndose a la otra sacerdotisa—se caracteriza por curar y atender bien a sus pacientes –
- Sólo espero que Aome se mejore pronto...—dijo Sango – Al fin la encuentro y la veo en este estado... –
- ¿La estuvo buscando por mucho tiempo? –
- Hace por lo menos dos semanas. En casa nos pareció extraño que no volviera y vine a buscarla... –
- Ya veo—sonrió – Que bueno que la haya encontrado –
- Así es –
A Inu Yasha un escalofrío le recorrió la espalda. Si estaban buscando a Aome, lo más probable era que se la llevasen de vuelta a la fortaleza de Naraku apenas estuviese mejor. Y él no quería eso. Le gustaba mucho la compañía de la chica.
- ¿Cuáles son sus nombres?—preguntó la sacerdotisa.
- El mío es Sango—respondió ella.
- Y el mío es Inu Yasha—respondió él.
- Mucho gusto. Yo soy Harumi—hizo una reverencia – Cualquier cosa que necesiten, pueden pedírmela –
- Gracias—agradecieron ambos.
- Ya que su amiga deberá estar en reposo por unos días, les mostraré unas habitaciones donde podrán descansar durante su estadía aquí. Síganme, por favor—les dijo y éstos así lo hicieron. Les mostró las habitaciones, donde cada uno dejó sus pertenencias y luego fueron a ver a Aome. Se encontraron con Kazuru saliendo de la habitación.
- ¿Cómo está Aome?—preguntaron Sango e Inu Yasha al mismo tiempo.
- Le he dado algunas medicinas para que disminuya la fiebre. Ahora, se encuentra durmiendo—les contestó la sacerdotisa - ¿Harumi, les mostraste sus habitaciones?—le preguntó.
- Sí—contestó ella.
- ¿Podemos ver a Aome?—preguntó Sango.
- Claro, pero procuren no despertarla—les dijo Kazuru. Ambos asintieron y entraron silenciosamente.
Vieron a la chica, con algunos paños húmedos en la cabeza, recostada. No llevaba puesto su kimono, sino un pijama blanco. Los jóvenes se quedaron un rato, en silencio, acompañándola, y luego se retiraron.
- Siento que he visto su rostro con anterioridad...—pensó Sango, refiriéndose a Inu Yasha, mientras se dirigía a su habitación - ¿Dónde habrá sido? No puedo recordarlo... –
- Estoy seguro de que cuando Aome se recupere, esa chica llamada Sango tratará de llevársela a la fortaleza de Naraku...—pensó Inu Yasha, entristecido – Pero, si Aome se resiste a volver... ¿La dejarían quedarse conmigo?—se preguntó – No seas tonto... ¿Cómo Aome va a querer quedarse contigo, si tiene a su "familia" y a sus amigos en la fortaleza... Además, yo soy el objetivo al que no pudo matar y donde Naraku está su pasado... Y quizás su futuro...—Inu se dirigió hacia una laguna que había en la parte trasera del templo. Desde allí, vio pasar a unas sacerdotisas, que se dirigían a rezarle a su dios. Se sentó en una roca cercana y siguió pensando – Ahora que lo pienso... quizás yo fui el culpable de que Aome se enfermara... Yo fui el que le arrojó agua en la cara...—se entristeció aún más, pero recordó la expresión de la chica al recibir el "ataque" y rió un poco – Aún enojada... Se ve tan linda...Siempre que la veo en alguna situación desfavorable, me dan unas inmensas ganas de protegerla y no dejar que nada le pase...—meditó un momento – Creo que... Me enamoré de Aome—miró al cielo y vio que se despejó un poco, dejando escapar por entre algunas de las nubes que quedaban, rayos de luz. De repente, apareció un arcoiris – Que hermoso. Ojalá que Aome pudiese verlo... Aome, no dejaré que te alejen de mi lado. Lo prometo. Nadie nos alejará, ni Sango, ni Naraku...—pensó decidido y se fue a su habitación, para descansar un poco.
Llegó la hora de comer y todos fueron llamados a un gran salón, menos Aome a quien le llevaron la comida a su habitación, donde se servían habitualmente los alimentos en ese templo. Allí se encontraban Kazuru y Harumi, junto con las otras sacerdotisas que habitaban en lugar, sentadas cada una en su lugar. Sango e Inu Yasha pudieron ver dos puestos vacíos al frente de Harumi y Kazuru y se sentaron allí. Unas jóvenes fueron dejando la comida en frente de cada uno de los presentes.
- Gracias por la comida—dijeron todos al unísono y empezaron a comer. Cada persona conversaba con la gente que tenía enfrente o a su lado, y Sango e Inu Yasha no eran la excepción.
- ¿Cómo fue que llegaron a este templo?—preguntó Sango a Harumi y Kazuru.
- Bueno, ambas llegamos poco después de que ocurriese el derrocamiento de la Dinastía Taisho—dijo Harumi.
- Así es—continuó Kazuru – Unos días después de que todo eso ocurrió...—comenzó a relatar...
----- Flash Back -----
Unas pequeñas Kazuru y Harumi, de once y diez años respectivamente, estaban trabajando en el campo de sus padres, recolectando las verduras de la época de cosecha. Se veía que era un trabajo algo duro, pero ellas se veían bastante felices haciéndolo, junto a sus progenitores.
De repente, la familia escuchó un fuerte murmullo, proveniente de la entrada de la aldea. Detuvieron sus faenas para ver que estaba ocurriendo. Los padres de las niñas les pidieron que se ocultaran en el sótano del granero, para mayor seguridad. Éstas obedecieron.
- Volveremos pronto, no se preocupen—la madre de las niñas sonrió y cerró la escotilla del sótano. Ella y su esposo fueron a la entrada de la aldea.
Los minutos pasaban y ellos no regresaban. Esto comenzó a preocupar a las hermanas.
- ¿Por qué papá y mamá no vuelven Kazuru?—preguntó inocentemente Harumi.
- No lo sé. Seguramente algo los retrasó, pero ya deben de estar por regresar, no te preocupes—sonrió para darle mayor tranquilidad, aunque ella misma no la sentía. Tenía un mal presentimiento. Y casi siempre que tenía alguno, estos se cumplían.
Repentinamente, ambas sintieron gritos desgarradores, de sufrimiento. Esto las asustó mucho, pero sobre todo a Harumi, que era la menor.
- ¿Qué pasa?—pregunto - ¿Qué son esos gritos¿Qué pasa allá afuera? –
- No lo sé, pero no es seguro salir ahora...—le contestó.
- Quiero ver a papá y mamá .¡Déjame salir¡Quiero verlos!—imploraba la niña, llorando. Pero Kazuru no se lo permitía - ¿Por qué?—sollozaba.
- Ellos nos pidieron que nos quedáramos aquí y eso haremos. Hay que obedecer sus ordenes... –
- Pero... –
-Si los desobedecemos, se enfadarán con nosotras. Y tú no quieres eso¿verdad? –
- Claro que no, hermana—se quitó las lágrimas de los ojos. De repente, sintió como s i su corazón se oprimiera y luego un vació. Kazuru sintió lo mismo y temió lo peor.
- Ellos... Acaban de morir...—pensó y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos.
- ¿Qué pasa¿Por qué lloras?—preguntó asustada.
- No pasa nada—mostró una sonrisa falsa y se quitó las lagrimas – Todo está bien—abrazó fuerte a su hermana y con cariño le frotó la cabeza. Esto hizo que la pequeña se quedase dormida y esto alivió un poco a Kazuru - ¿Por qué¿Por qué tuvieron que dejarnos solas en este temible mundo?—las lagrimas que antes había retenido ahora salían con libertad – Ahora... ¿Quién nos defenderá del mal?—se preguntó. Después de llorar desconsoladamente, se durmió con su hermanita en brazos.
Un nuevo día llegó y la luz comenzó a traspasar las rendijas de la escotilla, llegando a los rostros de las hermanas. Esto las despertó.
- Buenos días, Harumi—le dijo Kazuru, con una sonrisa.
- Buenos días hermana—le contestó la niña - ¿Ya volvieron papá y mamá? –
- No, aún no –
- ¿Y cuándo van a volver¿No te lo dijeron?—preguntó.
- No, pero creo que ya deberíamos salir de aquí. Ya no debe haber ningún peligro allá afuera—separó a Harumi de sus brazos y se levantó, para abrir la escotilla.
Ambas salieron. Lo que vieron las sorprendió: la aldea había sido completamente arrasada y se podía ver los cuerpos de muchos aldeanos en el piso, con charcos de sangre a su alrededor. Harumi abrazó a su hermana y ocultó su rostro en el regazo de ella.
- ¿Por qué¿Por qué mataron a los aldeanos?—lloraba - ¿A papá y mamá también los mataron?—preguntó desconsolada.
- No lo sé, pero... debemos escapar de aquí para que no nos encuentren. Busquemos otra aldea que sea más segura que ésta y allí pediremos alojamiento ¿Está bien? –
- Lo que tu digas...—dijo sin animo, se secó las lágrimas y tomó la mano de Kazuru. Ésta la guió hasta fuera de la aldea.
Kazuru miró hacia atrás, viendo por última vez la aldea donde había pasado sus momentos más felices, y luego siguió caminando junto a su hermana.
Caminaron por muchos días y pasaron por varias aldeas, algunas de ellas tan devastadas como la de la cuál provenían las niñas. Esto las puso aún más tristes. A algunas personas con las que se encontraron en su camino, les preguntaron quién había sido el culpable de toda esta masacre.
- Se dice que fue el hombre que derrocó a la dinastía Taisho, el nuevo emperador, llamado Naraku—les contestó un hombre – Tengan cuidado de encontrarse con su ejército. Esos hombres son muy despiadados y no dudarían en hacerles daño. Les recomiendo ir a un templo que se encuentra aquí cerca—les señaló su dirección – Ahí estarán a salvo –
- Muchas gracias—ambas agradecieron, hicieron una pequeña reverencia y fueron en dirección al templo.
Cuando llegaron allí, unas sacerdotisas las vieron y las hicieron entrar enseguida. En ese lugar les dieron algo de comer y ropa limpia.
- ¿Qué les pasó, pequeñas¿Por qué viajan solas?—les preguntó la sacerdotisa mayor, que era la superior de las demás sacerdotisas. Era una mujer algo mayor, que seguramente pasaba los cincuenta años de edad, pero aún así se veía bien para la edad que tenía. Sus ojos mostraban una inmensa paz y amabilidad, pero a la vez gran sabiduría, cosa que le dio bastante confianza a Kazuru.
- Nuestra aldea fue atacada y al parecer, sólo nosotras sobrevivimos...—le explicó la chica. Harumi mantenía la mirada fija en el suelo.
- Veo que han sufrido mucho a su corta edad—les dijo con un tono comprensivo - Pueden quedarse aquí cuanto tiempo deseen—les sonrió.
- Eso nos viene muy bien. Muchas gracias—hizo una pequeña reverencia.
- ¿Cuáles son sus nombres, pequeñas invitadas? –
- El mío es Kazuru –
- Y el mío Harumi—contestó, levantando su mirada.
- Yo soy Izumi y les doy la bienvenida a este templo—les dijo alegremente.
Pasaron algunos otros días, en que las niñas fueron recomponiéndose de la situación por la que habían pasado, gracias a la ayuda de la gente del lugar, quienes las trataban muy bien. Un día, la señorita Izumi las llamó, para darles una importante noticia. (No está casada, así que es señorita n.nu)
- Siéntense niñas—les indicó. Éstas obedecieron – Tengo algo que informarles. En estos días que he compartido con ustedes, me he dado cuenta de que ambas poseen poderes y habilidades que quizás nunca se dieron cuenta que tenían, y éstas les servirían de mucho si ustedes aceptaran convertirse en sacerdotisas de este templo... ¿Aceptarían serlo?—les preguntó.
- Yo acepto, siempre que Kazuru esté de acuerdo—dijo Harumi.
- Claro que sí. Será un placer poner nuestra vida a disposición del bienestar de los demás—dijo Kazuru.
- Pues bien, desde mañana empezarán con su entrenamiento para ser sacerdotisas—sonrió.
----- Fin del Flash Back -----
- Y así fue como nos convertimos en sacerdotisas—finalizó su relato, Kazuru.
- Durante mi viaje, he conocido a bastantes niños que quedaron huérfanos por culpa del ejército del emperador Naraku—les dijo Inu Yasha. Sango lo miró desconfiada. No le gustaba que ofendieran a su señor – Incluso yo, soy uno de ellos... –
- Muchos pequeños quedaron en una situación similar a la nuestra. Por eso, tratamos de ayudarlos lo mas posible, dándoles comida y medicinas. Pero no podemos tenerlos a todos aquí, así que tratamos de buscarles aldeas seguras donde puedan vivir—les contó Harumi – Esa es una de nuestras labores como sacerdotisas –
- Así como a nosotras se nos ayudó, nosotras tratamos de hacer lo mismo por los demás—dijo Kazuru.
- Ustedes son muy buenas personas—les dijo Sango – Que bueno que haya gente así en una época como ésta –
- Es nuestro deber –
La comida terminó y cada sacerdotisa volvió a sus labores. Inu Yasha fue a visitar el resto del templo, mientras Sango fue a ver a Aome.
- Hermana... Pronto volveremos a donde ambas pertenecemos... a donde nuestro señor Naraku...—le susurró a Aome. Ésta última tuvo un pequeño cambio en la expresión de su cara y una fugaz lágrima, que no fue notada por Sango, salió de uno de sus ojos.
Notas de la Autora: Ohayou, Konnichiwa o Konbanwa (Dependiendo de la hora XD) Cómo andan? Espero que bien n.n Yo aquí, actualizando y escribiendo mis notas de autora, y a sólo dos semanas de volver a clases o.o Nooooo! x.x Bueno, lo inevitable siempre llega, así que hay que asumirlo n.nuu
Sango ha vuelvo a aparecer en esta historia n.n! Y se quedará aquí por un buen tiempo, no se preocupen. Apareció en un momento muy acertado¿no creen?
También tenemos nuevos personajes, como las sacerdotisas Harumi y Kazuru :D
Lamento que este capítulo no haya tenido mucho InuxAome, pero el próximo si tendrá, no se preocupen n.n
Ahora, un adelanto del próximo capítulo de "Oportunidad de Vivir", titulado "Profecía"
La habitación estaba iluminada por cientos de velas y se podía apreciar el humo del incienso, que le daba cierto aire místico. Al fondo del salón, se encontraban todas las sacerdotisas, sentadas, con actitud de respeto. Izumi, estaba parada en un gran altar y sentadas un poco más abajo estaban Kazuru y Harumi, cada una con un pergamino en sus manos. Izumi les hizo una seña a Aome, Sango e Inu Yasha, para que se sentasen detrás de las jóvenes sacerdotisas que se encontraban cerca de ella. Éstos así lo hicieron, un poco intrigados por la naturaleza de la situación.
Había algunos murmullos, pero Izumi, con un gesto, hizo que éstos terminaran. Miró a los jóvenes invitados y les sonrió.
- La razón por la que todos han sido convocados aquí—comenzó a hablar Izumi—, se debe a que hay una profecía que involucra a algunos de los presentes y es necesario que ustedes la conozcan, ya que habla sobre el próximo destino de sus vidas... –
¿De qué tratará la profecía¿A quiénes involucra? Eso y otras cosas más, en el capítulo once n.n!
Bueno, quiero agradecerles a Kagome Katheryne (Estoy bien, gracias XD Que bueno que te guste tanto mi fic, me haces muy feliz n.n Y respecto a tu pregunta si Miroku regresa con Inu y Aome, la respuesta es sí n-n), Jessy Aome (Tu tmabién me caes muy bien n.n Gracias por tu constante apoyo en esta historia!)y Lady Dragon84 (Disculpa si en este capítulo no hubos momentos rómanticos, pero después habrá más, como te prometí n.n), por su apoyo en esta historia. Ustedes me ayudan y me dan muchos animo para seguir escribiendo n.n Muchas gracias!
Y, como siempre, también hay que darles las gracias a la gente que lee pero no deja review! Anímense a dejar alguno, que yo no muerdo n-nu Y de paso me dan energías para continuar!
Deseandoles lo mejor, se despide...
Atte. Dany-Chan
P.D: Hagan click en Go! Y me dejan un review! Onegai! ;o;
