Capitulo 1

BELLA POV

Terminé de desayunar y me fui al instituto, desde lo que había pasado el día de mi cumpleaños Edward se comportaba de una manera muy extraña, no me llevaba, no me traía, yo sospechaba que me iba a dejar, y dolía, dolía más que cuando me enteré de la muerte de mis padres…. Bueno, vale no, no tanto, pero aún así yo quería a Edward, no llegaba a amarlo pero sí le quería muchísimo, y no me podía permitir eso, desde muy pequeña me habían enseñado que amar es destruir, y ser amado, es ser destruido. Fui una estúpida al dejar a Edward entrar en mi vida, sentía una opresión en el pecho que no me dejaba respirar, además de que tenía la sensación de que alguien me observaba desde hacía varios días, y eso no era bueno.

Llegué al aparcamiento y observé que todavía no había llegado casi nadie, me miré en el retrovisor, ojos chocolate pelo lacio castaño con destellos rojizos… sí, la hija de Charlie era preciosa, aun así no soporté más la imagen en frente de mi y arranqué el retrovisor de un manotazo, lo tiré al asiento del copiloto y aguanté las lágrimas, la opresión en mi pecho se acentuó, y me enfadé conmigo misma por ser tan débil, y qué si Edward quería dejarme! Él se lo perdía! No se merecía mis lágrimas! Con ese pensamiento cogí mi mochila y me la eché al hombro mientras salía del coche, cerré la puerta de un portazo y ni me molesté en ponerle el seguro, nadie robaría ese cacharro, caminé ignorando la entrada de un volvo plateado en el aparcamiento, supe en seguida que ellos creerían que no les había visto, sonreí ante el pensamiento, para mí eso no podía pasar desapercibido, era demasiado… llamativo por decirlo de alguna forma, seguí caminando hasta que una melena negra rizada se paró delante de mí, bajo ella estaba Jessica Stanley dedicándome una 'sonrisa', se la devolví

-Buenos días- saludé

-hola bella, verás quería hablarte de algo que he observado- enarqué una ceja- he visto que… -dudó- que Edward y tú estáis pasando por una etapa un poco.. dura y pues quería pedirte permiso- fruncí el ceño

-permiso? Para qué?

-obvio! Pues para declararme!

-no me lo puedo creer- susurré con los ojos como platos

-entonces?

-tú qué mierda crees?!- le semi-grité y continué mi camino enfadada, me sentía humillada, y más sabiendo que ELLOS escucharon esa conversación, estaba a punto de entrar al salón de historia cuando la sensación de que me observaban se incrementó, p aré de caminar y observé el aparcamiento, pero aparte de los Cullen no me miraba nadie más, dirigí mi mirada al bosque y tenía la intención de ir para allá cuando la campana sonó, agité la cabeza para librarme de mis pensamientos y entré a clase

Durante las dos horas de recreo no pude prestar atención a la clase, la opresión en mi pecho y la sensación de ser observada seguían persistentes en mí, por eso cuando sonó el timbre suspiré aliviada, recogí mis cosas lentamente y salí del edificio para ir a la cafetería, sin embargo cuando salí no podía ni moverme casi, toda la gente se aglomeraba en torno a algo, algunos intentaban retroceder mientras que otros avanzaban para ver qué ocurría y cuando lo veían se unían a los que intentaban retroceder, se oían sollozos y gritos, me abrí paso como pude a través de la gente hasta que pude quedar en la primera fila, a mi derecha estaba Edward y sus hermanos

-que alguien llame a la policía ¡! –gritó alguien, yo negué, la policía no sería de mucha ayuda ahora mismo.

No podía creer lo que estaba pasando, todo mi jodido mundo se estaba desmoronando, los demonios habían salido a la calle, bajo las órdenes de Valentine e iban destruyendo todo a su paso, sentí el cuerpo de Edward interponerse inútilmente entre yo y el peligro, sonreí amargamente, contemplé la mirada asustada de alumnos y profesores que habían salido del instituto para ver qué pasaba al igual que nosotros, llevé mi mano al cinturón donde se encontraba mi cuchillo serafín

-Taharal – susurré y la hoja de la daga brilló bajo mi mano reconociendo a su dueña, pero no la saqué, Alice, que ahora estaba en mi lado me miró extrañada, le devolví la mirada y ella frunció el ceño

-por qué tus ojos son verdes? – me preguntó, hice una mueca, al haber visto a los demonios mi glamour no serviría de mucho, decidí responderle con la verdad, ya no servía de nada mentirles

-porque yo no soy Isabella Swan