"Oportunidad de Vivir"
Capítulo 29: Incertidumbre
(Al fin he podido volver a representar el nombre de un capítulo con una sola palabra, como acostumbraba hacerlo al principio de este fic XD Bueno, aparte de eso, quería decirles que el desarrollo de este capítulo será algo "cortado", no tan fluido como en capítulos anteriores. Ya se darán cuenta por qué, pero les aclaro que es para poder desarrollar bien la trama de este capítulo, y dejarlos con harto suspenso en algunas parte XD Ya no los interrumpo más :P Ojala que disfruten mucho el capítulo! n.n)
Kagome y Kazuru al fin habían logrado llegar a su destino: la aldea que se encontraba bajo el asedio de los monstruos. Pudieron ver bastante devastación a lo lejos: por lo menos la mitad de las viviendas estaban destruidas, y gran parte de los campos de cultivo se encontraban quemados o inutilizables.
Lentamente, fueron acercándose hacia el lugar, viendo que había un grupo de jóvenes en la entrada de la aldea. Se aproximaron a ellos, los cuales parecían estar hablando sobre algún tema de importancia.
- Disculpen que los interrumpa—dijo Kazuru. Todos dirigieron su mirada hacia ella – Somos las sacerdotisas provenientes del templo de la Gran Izumi, las cuales hemos venido a acabar con las criaturas malignas—los rostros del grupo mostraron atisbos de alegría.
- Al fin han llegado. Nuestra aldea las esperaba con ansias—dijo un chico, de unos diecinueve años, el mayor de los que allí se encontraban.
- Nuestro padre desea hablar con ustedes. Síganme, por favor—les pidió una chica de unos quince años, de mirada amable. Era la hermana del chico, llamado Hayao.
- Claro—contestaron las jóvenes y la siguieron hasta una de las casas de la aldea, la más grande de todas las que habían en los alrededores.
- Padre, las sacerdotisas han llegado—informó a un hombre, el cual se encontraba sentado y observando unos planos de la villa.
- Adelante, pasen—les dijo cordialmente y las tres entraron – Siéntense. Enseguida mi hija Karin les traerá un poco de té –
- Gracias—dijeron ambas.
- Permítanme presentarme. Mi nombre es Daichi Mizuno y soy el jefe de esta aldea ¿Cuáles son sus nombres? –
- Yo soy Kazuru Tsukishirô y ella es Kagome Asakura –
- Es un gusto conocerlo—la princesa hizo una pequeña reverencia.
- Muchas gracias por venir en nuestra ayuda –
- ¿Podría explicarnos mejor la situación, por favor?—preguntó Kazuru.
- Claro. El ataque de los monstruos comenzó hace unas dos semanas, o un poco menos—empezó a explicar el señor Mizuno – Primero, llegaron a la aldea exigiendo que les entregásemos nuestras pertenencias más valiosas y a las mujeres más jóvenes de la aldea. Por supuesto, nosotros nos negamos. Entonces, como forma de venganza, comenzaron a destruir parte de las viviendas del lugar y asesinaron a un par de aldeanos. Luego de ello, nos advirtieron que continuarían con esto hasta que les entregásemos lo que querían. Y así ha sido. Como pudieron apreciar, la mitad de nuestra aldea ha sido arrasada por esas criaturas—hizo una pequeña pausa – Por ello pedimos su ayuda, porque ya no encontrábamos otra solución al problema... –
- Ya veo...—dijo Kagome – ¿En qué momento suelen aparecer los monstruos? –
- Generalmente lo hacen al atardecer—contestó.
- Si es así, prepararemos todo para aquella hora—dijo Kazuru – Quiero pedirle que le informe a los aldeanos que no salgan de sus casas en ese momento. De esta forma, podremos llevar a cabo nuestra labor de forma más segura para ellos –
- Está bien—dijo mientras Karin llegaba con una bandeja y depositaba las tazas de té en frente de cada uno de ellos, además de algunos bocadillos.
- Gracias—dijeron las sacerdotisas.
- No hay de qué. Con su permiso, me retiro—la joven hizo una pequeña reverencia y se fue.
- ¿Podría mostrarnos en qué lugar suelen aparecer las criaturas?—preguntó Kagome.
- Sí—extendió nuevamente su mapa sobre la mesa – Siempre llegan desde la entrada sur de la aldea—se las señaló.
- Entonces ahí prepararemos todo—dijo Kazuru.
- Karin y Hayao los guiarán hasta ese lugar –
Se quedaron un rato más conversando sobre los asuntos competentes al contraataque que llevarían a cabo las jóvenes. Cuando todo quedó aclarado, Daichi llamó a sus hijos y les pidió que acompañaran a las sacerdotisas a la entrada sur de la aldea.
A sus alrededores podían escuchar sonidos como el de las aves al cantar y el agua de un arroyo que corría cerca de ellos. Con sus manos comenzaron a palpar el terreno en el cual se encontraban recostados. Lentamente, cada uno de ellos abrió sus ojos, bastante confundido.
- ¿Dónde estamos?—preguntó Inu Yasha, levantándose.
- Realmente no lo sé...—contestó Sango.
- Esto debe ser obra de las guardianas del Collar de la Pureza...—dijo Harumi.
- Así que de esta forma pretenden probar si somos dignos o no de llevarlos el objeto sagrado—dijo Miroku.
- Pues eso parece—dijo el príncipe.
Los demás se pusieron de pie, lo que les permitió percatarse de lo que había a su alrededor. Se encontraban en una pradera, alfombrada por el pasto más verde que habían visto en sus vidas. El cielo era de un intenso color celeste, sin ni una sola nube cruzándolo. Miraron a su izquierda y se percataron de que en aquel lugar estaba lleno de flores de unos maravillosos colores. A su derecha, había sólo 4 árboles, todos ellos en flor. Esto les pareció extraño, por lo que se acercaron a ellos.
- Un árbol de cerezas, otro de manzanas, uno de naranjas y otro de nueces...—dijo Inu Yasha extrañado.
- ¿Qué significará esto?—preguntó Sango.
- Es bastante extraño...—dijo Miroku – Aunque a mi me gustan mucho las nueces—una gota apareció en la cabeza de los presentes.
- Hablando de gustos, mi fruta preferida es la naranja—dijo Harumi.
- A mi me gustan las cerezas—dijo Sango.
- Y a mi las manzanas...—dijo Inu Yasha - ¿Tendrá eso algo que ver con éstos árboles? –
- Quizás cada uno de nosotros deba acercarse al que produce su fruta favorita—dijo Harumi.
- ¿Tú crees?—preguntó Sango.
- Pues es lo único que se me ocurre en este momento... ¿Alguien más tiene alguna idea? –
- Creo que no—dijo Inu Yasha, después de unos segundos de silencio por parte de todos – Hagamos lo que tú dijiste... –
Cada uno se aproximó al árbol que producía su fruta—o fruto, en el caso de la nuez—favorita, hasta quedar enfrente de él. Acercaron lentamente sus manos hacia el tronco.
Cuando lo tocaron, algo extraño sucedió. Inesperadamente, los pétalos de las flores que se encontraban en los árboles comenzaron a caer, hasta dejar sólo el tronco y las ramas, desprovistas de cualquier indicio que indicase que había vida en ellos. El cielo se oscureció rápidamente y toda la vegetación que había en los alrededores se secó, dándole un aspecto bastante lúgubre al lugar que con anterioridad había sido tan hermoso.
De repente, la mano de los jóvenes comenzó a ser absorbida por el tronco que tenían enfrente. Trataron desesperadamente de zafarse de allí, pero no lo lograron. Es más, entre mayores eran sus esfuerzos, más profundamente se hundían sus extremidades.
- ¡No sabemos lo que nos espera, ni a donde nos dirigiremos ahora!—exclamó Inu Yasha – Procuren cuidarse mucho –
- Debemos prometer que sea como sea, saldremos de ésta...—dijo Miroku.
- Así es—dijo Sango, quedando apenas su cabeza libre de la "prisión vegetal".
- Cuídense mucho, por favor...—dijo Harumi, un segundo antes de ser absorbida completamente por el árbol.
Momentos después, cualquier señal de la existencia de los viajeros desapareció del lugar.
Kagome y Kazuru se dispusieron a preparar todo para la aparición de los monstruos. Comenzaron con la colocación de pergaminos con conjuros protectores en las cercanías de las casas que estaban en la periferia de la aldea, de forma que se formara un campo de protección alrededor de los aldeanos en el momento en que ambas activaran los sellos de los pergaminos.
- Ya he colocado todos los de las casas del lado oriente—dijo Kagome.
- Bien. Entonces hemos terminado con eso...—dijo Kazuru.
- ¿Qué sigue? –
- Debemos poner sellos que sirvan para purificar a los monstruos de forma más efectiva... –
- En la entrada sur de la aldea¿no? –
- Así es. Intentemos esconderlos, para que las criaturas no los descubran –
- Está bien—tomó algunos de los sellos y comenzó a buscar buenas posiciones para colocarlos.
Cuando acabó, Kazuru se encargó de activarlos y dejarlos listos para usar en el momento preciso. Luego de ello, ambas se dirigieron a la casa del señor Mizuno, para poder almorzar.
La tarde pasó con cierta tranquilidad, aunque las actividades de los aldeanos se vieron interrumpidas por la orden de que debían quedarse dentro de sus casas para evitar cualquier peligro innecesario.
- ¿Está todo bien?—preguntó Hayao, acercándose a las sacerdotisas. Durante todo el día había estado espiándolas y de cierta forma, esto ya comenzaba a molestarlas.
- Sí. Por favor regrese a su hogar, joven Mizuno. En cualquier momento pueden aparecer los monstruos y algo malo podría sucederle—le explicó Kagome.
- ¿No hay nada en lo que yo pueda ayudarles? –
- Realmente no. Retírese, si no es mucha molestia...—le pidió Kazuru, con un dejo de impaciencia en su voz. No le gustaba la gente impertinente.
- Esta bien. Adiós...—Hayao se fue del lugar, a lo que las sacerdotisas suspiraron aliviadas.
- Realmente no me gusta la gente metiche... –
- Ya no te preocupes de ello. Continuemos con nuestro trabajo... –
Le dolía mucho la cabeza y el cuerpo. Sentía como si hubiese caído de gran altura, aunque milagrosamente no tenía ningún hueso roto o algo parecido. Se levantó con cuidado, tratando de percatarse del lugar al que había llegado.
- ¿Dónde estoy?—se preguntó, mientras comenzaba a caminar. Había un sol brillante y un clima agradable.
A lo lejos, vio un imponente palacio que se alzaba en las alturas de un cerro. Como le llamó la atención, se acercó a él lentamente, pero con cuidado para no encontrarse con alguna situación extraña, ya que la actual lo tenía bastante confundido.
Al aproximarse a la construcción, pudo darse cuenta de que aquel le era bastante conocido. Rápidamente se escondió detrás de unos arbustos, mientras un par de soldados pasaba frente a él. Con precaución se levantó y continuó con su camino.
Inesperadamente, cuando estaba a punto de dar otro paso, se encontró con que había muchos soldados escondidos tras el follaje del bosque que rodeaba la parte trasera del palacio. Todos ellos llevaban una cinta blanca en sus muñecas, con unas alas en sus extremos.
- ¿Los aliados?—pensó confundido.
- Estamos a sus órdenes, su alteza Taisho—le dijo uno de ellos, el cual parecía ser el general de los demás.
- ¿A mis órdenes?—la situación era bastante extraña.
- ¿Desea que ataquemos el palacio del emperador Naraku de inmediato, o que todo sea hecho de acuerdo a los planes, príncipe? –
- Actuemos según lo planeado...—contestó Inu Yasha, mientras sostenía inseguro su espada.
No sabía cómo había llegado a aquella situación y esto lo confundía en extremo, pero sabía que debía actuar cómo fuera.
Al fin el momento de derrotar a su enemigo había llegado.
Hace unos minutos que estaba caminando en dirección incierta. A su alrededor podía cómo la luz de luna bañaba todo a su paso, incluso a su cuerpo.
Con calma, se sentó a pensar alguna forma de llegar a algún lugar conocido—si es que lo había—, o por lo menos seguro, en donde pasar la noche.
Se acercó a una cascada de cristalinas aguas que estaba cerca y con ellas se refrescó la cara, tratando de darse ánimos para seguir.
Pasaron unos momentos, hasta que por fin logró dar con una edificación. Rápidamente entró a ella. Cuando lo hizo, se dio cuenta de que se hallaba en un templo, bastante conocido para ella.
- El templo de la Gran Izumi... ¿Cómo llegué a este sitio?—se preguntó extrañada, mientras seguía recorriendo el lugar – No hay nadie por aquí... quizás todas las sacerdotisas están durmiendo...—caminaba por los pasillos, tratando de hacer el menor ruido posible para no despertar a nadie.
A medida que iba avanzando, una extraña sensación iba apoderándose de ella. Sin saber por qué, comenzó a sentir miedo, e incluso desesperación. Escalofríos recorrían sin compasión el cuerpo de Harumi, lo que le hizo correr en busca de alguien que pudiese disipar los temores que asediaban su mente.
Un súbito viento frío corría en la aldea donde él se encontraba, dónde no sabía cómo había llegado. Con rapidez, decidió ir a refugiarse en alguna de las viviendas que allí había, esperando no incomodar a sus habitantes ni causarles molestia.
Tocó la puerta, mas no recibió respuesta y entró. Sentía ruido al interior de una habitación, así que hasta allí se dirigió, pensando que encontraría personas en aquel lugar, las cuales pudieran orientarlo o darle una respuesta de dónde estaba.
Pero no fue así. Las voces parecían ser hechas por el viento que entraba a través de una de las rendijas de la ventana, la cual aportaba una tenue luz al cuarto. Extrañado, cerró la puerta y siguió buscando a alguien por los alrededores, mas no encontró a nadie.
- No entiendo por qué no hay nadie aquí... –
Continuó con su búsqueda, sintiendo que cada vez que entraba en algún cuarto, la puerta detrás de él desaparecía y aparecían otras más a su alrededor. Pensando que haciendo ingreso a una de ellas, cada vez que "cambiaba de cuarto", finalmente llegaría a alguna parte, continuó con sus intentos. Pero esto no sucedía y él se encontraba cada vez más confundido y desorientado.
De repente todas las puertas y pasillos desaparecieron, dando paso a la total oscuridad e inesperadamente, una voz que parecía lejana y lúgubre comenzó a llamarlo, atrayéndolo con una fuerza desconocida.
- Miroku... Miroku... –
Aunque sus ojos estuviesen cerrados, sentía como el lugar donde se encontraba estaba en movimiento. Por más que tratase de ver que había a su alrededor, algo frente a sus ojos se lo impedía, además de que no podía mover su cuerpo. Eso la tenía bastante desesperada.
- ¿Dónde estoy?—pensó angustiada, mientras en vano trataba de liberar sus manos de la atadura que les impedía la movilidad.
- Será mejor que no sigas intentándolo, porque mientras yo esté aquí, no lo lograrás...—le dijo una misteriosa voz.
Trató de responder, pero se percató que una mordaza se hallaba en su boca. También se dio cuenta de que era una venda la que cubría sus ojos y la privaba de la luz y las imágenes del exterior, y también de ver el rostro de la persona que se encontraba frente a ella.
- Maldita sea—pensó encolerizada – Lo único que deseo en este momento es poder moverme y partirle de un golpe la cara a ese tipo... –
- No debiste haber hecho aquello, Sango Asakura... Sino, no estarías en esta carroza, rumbo a la fortaleza del emperador para recibir tu merecido castigo...—rió malvadamente.
Sango deseó aún con más fuerzas el ser capaz de liberarse y escapar de aquel lugar, para poner a salvo su vida o, por lo menos, poder defenderse de aquel "castigo" que le esperaba.
Un par de horas habían pasado y ya comenzaba a oscurecer en la aldea donde Kazuru y Kagome se encontraban (Recuerden que los días en invierno son más cortos :P). La hora de que los monstruos aparecieran se acercaba más y más, y las jóvenes se habían encargado de advertirles bien a los aldeanos que no se alejaran de sus casas, o sus vidas correrían peligro.
Las sacerdotisas decidieron sentarse en la entrada de la aldea a esperar a las criaturas malignas. Para aprovechar el tiempo, empezaron a meditar, de manera que sus poderes espirituales aumentasen y no les fuese tan difícil derrotar a los monstruos cuando estos llegasen a donde ellas se encontraban.
Luego de unos momentos, comenzaron a sentir presencias que se aproximaban, y que no pertenecían a la de seres humanos. Se levantaron, preparadas para pelear.
- ¿Lista Kagome?—preguntó Kazuru.
- Claro—contestó ella con una sonrisa.
Ambas tomaron una de sus flechas y tensaron sus arcos, dispuestas a disparar a la menor provocación.
El momento de la pelea se acercaba irremediablemente, y no había vuelta atrás.
Todo había sucedido muy rápido, por lo que le costaba recordar cómo fue que llegó a estar al interior del lugar que momentos atrás había visto sólo por fuera. Tampoco tenía idea de dónde estaban los soldados que antes lo acompañaban.
Hace años que no recorría aquellos pasillos, aunque ahora todo era muy distinto a lo que él recordaba. Los corredores ya no transmitían esa agradable sensación de calidez y seguridad, sino que ahora todo se veía muy oscuro y se veía bastante impersonal. Aquello se debía, seguramente, al actual dueño del ex-palacio imperial, ahora llamado fortaleza del emperador Naraku.
Inu Yasha avanzaba ágilmente, tratando de llegar a un lugar aún incierto para él pero que, guiado sólo por su intuición, buscaba con desesperación (Salió verso sin ningún esfuerzo XD).
- Necesito saber qué es lo que estoy buscando, y por qué... –
Sin pensarlo, sus piernas detuvieron su marcha. Extrañado, miró a su alrededor para ver a dónde había llegado.
Se percató de que se encontraba frente a una gran puerta, la cual parecía bastante lujosa y estaba ataviada con diferentes metales nobles y joyas de los más diversos colores. Viendo esto, pudo identificarla.
- Esta es... la puerta que conduce al salón principal... –
Decididamente, se acercó a ella y la abrió, sin saber lo que le esperaría ni quién se encontraba dentro del lugar que la puerta resguardaba.
Apresuradamente, abrió una por una las puertas de los cuartos de las sacerdotisas, no encontrando a ninguna de ellas por los alrededores.
Aquellas extrañas sensaciones que venía sintiendo desde hace unos minutos, continuaban en aumento, sofocándola y apenas permitiéndole caminar. Con pasos cortos y lentos, e intentado respirar algo del gas vital que comenzaba a hacerle falta, logró llegar hasta un sitio bastante conocido para ella: el Santuario del Sagrado Juramento. Regularmente, ese lugar le traía mucha paz y aclaraba su mente, por lo que esperaba que esta vez surtiera el mismo efecto.
Se acercó a donde las aguas cristalinas caían desde las hermosas e infinitas fuentes. Con una de sus manos, tomó un poco de agua y la roció en su rostro, intentando refrescarse y calmarse un poco. Logró respirar con algo más de normalidad, y sus pies le permitían avanzar con su ritmo usual, lo que la alivió.
Se sentó, tratando de analizar la situación.
- No entiendo por qué no hay nadie por aquí... ¿Dónde estarán todas¿Habrán salido a una nueva misión sin habérmelo dicho? Eso es bastante extraño...—pensaba en voz alta – Algunas deberían haberse quedado cuidando el templo de algún peligro... –
De repente, un extraño viento comenzó a correr por las cercanías. Era frío, oscuro y parecía quitar el aliento apenas tocaba tu rostro. Se acercaba amenazadoramente al santuario.
Ella se percató de ello y formó un escudo de poder espiritual alrededor de ella, para protegerse. Se percató de que el viento apenas tocaba siquiera una hoja del follaje del bosque, la hacía secarse y morir irremediablemente.
Todo lo que había cerca comenzó a extinguirse debido a la diabólica brisa la que, al no encontrar algo más con lo que acabar, se acercaba peligrosamente al escudo de Harumi. El santuario permanecía intacto, sin el más mínimo daño.
La oscuridad rodeó completamente al escudo, comenzando a presionarlo. La joven sentía que su protección podía ceder en cualquier momento. El viento era demasiado fuerte y parecía haberse ensañado con ella, intentando acabarla como fuera.
En una acción desesperada y no premeditada, deshizo el campo espiritual y corrió rápidamente hacia el interior del santuario. Apresurada abrió las grandes puertas de madera, buscando protección. Sin embargo, una intensa luz apareció, cegándola completamente y jalándola hacia el interior del lugar. Sentía como caía, sin nada a su alrededor que pudiese detener su caída.
¿A dónde iría a parar ahora?
La voz que lo llamaba lo había conducido finalmente hacia una especie de túnel, en total oscuridad, el cual no parecía tener salida.
Aún así, el joven no se dio por vencido y continuó caminando por el pasadizo, hasta que tocó una pared que parecía ser el fondo, y en la parte superior pudo ver unos pequeños rayos de luz.
Esperanzado, tanteó las murallas a su alrededor, percatándose que una escalera hecha de sogas permitía subir hasta donde la luz provenía. Le costó bastante llegar allí, pero cuando lo logró, se dio cuenta de que una escotilla impedía la salida.
Concentrando sus energías, logró empujarla y al fin ver cómo la luminosidad entraba a raudales al túnel, iluminando la parte donde él se encontraba con anterioridad.
Salió del agujero y comenzó a ver a sus alrededores, intentando descifrar dónde estaba ahora. Cualquier lugar era mejor que las puertas interminables en las que había estado antes.
Caminó unos minutos, hasta que por fin pudo divisar una aldea fortificada a lo lejos. Esto lo alegró y se acercó rápidamente a ella. Le pareció conocida, pero por más que intentaba recordarla, no podía.
- Seguramente cuando entre a ella podré reconocerla—pensó – Ojala que aquí sí encuentre personas... o por lo menos un indicio para lograr salir de toda esta confusión... –
Hizo ingreso a la aldea, de forma tranquila. Allí pudo ver algunas casas en un estado deplorable, como si recientemente hubiesen sido atacadas, pero otras en mejor estado. Esto le extrañó, así que se acercó a las que no tenían mayores daños, esperando encontrar a alguien en ellas.
Al entrar en una de ellas, se dio cuenta de que estaba bastante oscuro en su interior. Para poder ver, abrió una de las ventanas. Deseó no haberlo hecho, ya que el "espectáculo" que se mostró ante sus ojos no era nada agradable.
Vio que había personas inconscientes en el piso, con bastantes heridas que aún sangraban, y que se veían bastante graves. Inmediatamente se agachó, intentando socorrerlos. Sólo uno de ellos recuperó la consciencia a los pocos minutos, después de que el joven, con lo que tenía alrededor, vendó sus heridas.
- ¿Miroku... eres tú? –
Sintió como el carruaje traspasaba unas pesadas puertas, ingresando a un lugar que parecía lleno de gente, por las voces que podía oír ingresando desde fuera del transporte.
Bruscamente, este se detuvo y el tipo que la acompañaba abrió con violencia la puerta, tomando a la joven desprevenida y sobresaltándola.
- ¿Te asuste?—preguntó con ironía – Pobrecita...—la tomó sin cuidado de un brazo y la sacó bruscamente del carruaje, haciendo que se golpeara fuertemente con el suelo.
Si las miradas mataran, y la suya no estuviese cubierta por la venda, el hombre habría caído instantáneamente fulminado y sin posibilidades de salvarse.
- Ojala fuera así...—pensó la joven muy enojada, comenzando a planear un sinfín de formas dolorosas de acabar con él apenas se librara de las cuerdas que la ataban y de la venda y mordaza que no le permitían ninguna forma de expresión.
- Aquí está la chica—informó a otra persona que estaba frente a él, lanzándola a los brazos de ese sujeto.
- Tiene buen cuerpo, eso debemos admitirlo...—una sonrisa lujuriosa surcó su rostro, tocando el pobre cuerpo de la joven.
Esto le dio asco y, sacando fuerzas de flaquezas, logró elevar sus piernas atadas y golpear directamente el rostro del tipo que la sujetaba.
Sango cayó estrepitosamente al suelo, pero nada le quitaba la satisfacción de haberle inflingido alguna clase de daño al degenerado (Se lo merecía, no creen ustedes? o-ó!)
El hombre golpeado ardía de ira, mientras el que había estado antes en el carruaje con la chica desapareció por un momento, sin que nadie se percatara de ello.
Sango logró hallar una piedra en el suelo, lo suficientemente afilada como para poder cortar las sogas que ataban sus manos. Cuando ya las tuvo libres, procedió a quitarse la venda de los ojos.
Lamentablemente, no alcanzó siquiera a ver el rostro de sus captores, ya que el sujeto que anteriormente huyó de aquel lugar, volvió con un objeto contundente y golpeó sin piedad la cabeza de Sango, dejándola inconsciente.
Los monstruos hicieron aparición frente a las sacerdotisas. Su aspecto era bastante amenazador, pero esto no las hizo retroceder. Es más, incluso les dio más valor para acabar con ellos.
- ¿Lista Kagome?—volvió a preguntar Kazuru.
- Sí—contestó ésta con energía.
Apenas las criaturas malignas las divisaron y comenzaron a acercarse peligrosamente rápido, ambas dispararon sus flechas. Lamentablemente, no dieron en el blanco, aunque sí lograron rozar a los monstruos, lo que los enfureció aún más.
- Malditas sacerdotisas... ¡Qué diablos hacen aquí?—exclamó uno de ellos.
- Hemos venido a acabar con ustedes—dijo Kazuru en un tono frío, lanzando una flecha directamente al monstruo que estaba más cerca de ella.
Dio en el blanco y la criatura maligna se purificó, desapareciendo como por arte de magia del lugar.
- ¿Quién sigue?—preguntó con un tono arrogante y una sonrisa de satisfacción en el rostro.
- Esta vez seré yo quien acabe con uno de ustedes—dijo Kagome decidida y lanzó una de sus flechas, acertando y purificando a otro de los monstruos – Ahora sólo quedan dos... –
- Eso es lo que tú crees, chiquilla—dijo uno de ellos, riendo malignamente y luego dando un fuerte y largo silbido, que obligó a las jóvenes a cubrir sus oídos.
De los alrededores comenzaron a escucharse fuertes estrépitos, que a cada segundo que pasaba iban en aumento. Esto alertó a las sacerdotisas, las cuales tensaron nuevamente sus arcos, listas y dispuestas a defenderse.
Los aldeanos observaban, expectantes todo esto desde el interior del campo de protección, creado por Kazuru y Kagome momentos antes. Para su mayor seguridad, este escudo volvía invisible a lo que estuviese dentro de él, por lo que las criaturas malignas no habían podido percatarse de su presencia.
De la nada, aparecieron muchos monstruos, los cuales tenían un aspecto temible. Al parecer, eran los secuaces de los seres exterminados.
El panorama se estaba poniendo cada vez más difícil para las sacerdotisas.
- Kagome, no te separes de mí por ningún motivo... Si estamos juntas, podremos defendernos mejor—le aconsejó Kazuru.
- Claro, así lo haré—contestó.
Los monstruos se abalanzaron contra ellas. Pero no contaban con la rapidez y habilidad de las sacerdotisas, quienes lanzaron sus flechas de forma, la mayoría de las veces, certera, purificando a gran parte de las criaturas.
A unos metros del escenario de la pelea, detrás de un árbol, se encontraba un joven, el cual fascinado observaba el desarrollo de la contienda.
- Esas sacerdotisas son muy buenas... y bellas, eso no hay que ignorarlo—sonrió.
De lo que este joven no se percató, fue que uno de los monstruos se acercaba peligrosamente a él, debido a que no se encontraba protegido por el campo espiritual.
Inesperadamente, uno de los aldeanos salió rápidamente del escudo, corriendo hacia donde el chico estaba a punto de ser atacado.
- ¡Cuidado Hayao!—exclamó el aldeano, lanzándose sobre el joven y salvándolo del golpe que estuvo a punto de recibir de parte del malvado ser. Ambos cayeron al suelo (Ahí está el molestoso de Hayao otra vez ¬¬u A alguien más le cae tan mal como a mi? u.ú?).
- Ahora sí que no se salvarán de esta—dijo el monstruo, sacando sus garras y dispuesto a asesinar a ambos jóvenes.
Kagome se dio cuenta de ello y lanzó una de sus flechas a aquella criatura, acabando con ella. Ambos suspiraron aliviados, mas esto no les duró mucho, porque más monstruos se lanzaron hacia ellos.
La joven Higurashi no tuvo más remedio que romper la cercanía con Kazuru y acercarse de forma ágil hacia el par de jóvenes.
Frente a ellos, comenzó a lanzarle flechas a todos los seres que se les aproximaban, logrando purificarlos.
- Corran hacia la aldea. Allí estarán a salvo—les indicó Kagome.
Ambos asintieron y siguieron las órdenes de la chica. Hayao logró entrar al campo espiritual, pero el aldeano no, debido a que tropezó con un tronco, el cual estaba allí porque había sido arrancado de la tierra por los monstruos, y fue rápidamente rodeado por ellos.
Kazuru no podía hacer nada por ayudarlos, ya que ella se encontraba en graves problemas acabando con las criaturas que se encontraban a su alrededor. El cansancio de la joven era notorio. (Deben ser por lo menos unos 25 monstruos los que acudieron al llamado de los primeros 4 o.o Se deben imaginar lo difícil que es acabar con todos ellos u.ú... Aunque ya ha muerto buena parte de ellos :P)
Kagome, en una acción desesperada, le lanzó una piedra al que parecía ser el más fuerte, tratando de llamar la atención de todos los que estaban a su alrededor. Lo logró, por lo que empezaron a acercarse a ella.
Lamentablemente, su plan no había dado resultado del todo, debido a que un monstruo se había quedado rezagado, tomando por el cuello al joven que se encontraba en el suelo.
- Vas a morir—sonrió – Di tus últimas oraciones...—dijo el monstruo con una sonrisa sádica en su rostro. El aldeano no podía respirar, por lo que perdió la consciencia.
- ¡No lo permitiré!—exclamó Kagome, concentrándose y enviando una onda de su poder espiritual, acabando con todas las criaturas malignas que se encontraban a unos siete metros a la redonda de ella. Ya quedaban sólo unos siete monstruos con los cuales acabar.
Para la desgracia de la chica, el monstruo que tenía en su poder al joven estaba a más distancia. Cansada, cayó de rodillas. Desesperadamente trató de tomar su arco y su carcaj, al cual le quedaban muy pocas flechas, para acabar con la criatura. Los tomó y apuntó hacia su blanco. Sus brazos temblaban por el cansancio, pero aún así no se dio por vencida y disparó.
La flecha cumplió su objetivo, por lo que la criatura maligna se purificó y el joven cayó al suelo, inconsciente aún.
Con dificultad, Kagome se acercó a él. El cabello cubría todo su rostro, por lo que no podía saber su identidad. Con una de sus manos, y con extremo cuidado, apartó la cabellera. Cuando estaba a punto de ver quién era, un monstruo se acercó a ellos, dispuesto a atacar.
Volvió a tomar su arco y, con las pocas fuerzas que tenía, lanzó la última flecha que quedaba en su carcaj, la cual dio en unos explosivos que el monstruo portaba en su cinto. Éstos explotaron, acabando con él.
La onda expansiva lanzó lejos a Kagome y al joven, los cuales se golpearon fuertemente contra el piso.
En el límite entre la consciencia y la inconsciencia, la sacerdotisa se acercó nuevamente al aldeano, arrastrándose por el suelo. En ese momento, pudo ver su rostro todo magullado y con algunas heridas, mas esto no le impidió reconocer quién era él en realidad.
- No puede ser... Él es...—sus pensamiento se fueron acallados por un repentino desmayo, el cual sin piedad afectó a la chica, dejándolos a ella y al chico a merced del destino.
Notas de la Autora: Hola! Esta vez estas notas son cortas, y no podré agradecer ni contestar sus reviews, porque estoy realmente corta de tiempo y con mucho esfuerzo pude terminar este cap para poder subirlo con el menor retraso posible... (Ya que comúnmente subía los capítulos en la medianoche entre viernes y sábado...)
Espero que les guste tanto como a mi escribirlo n.n
También, espero que me comprendan y me perdonen por no contestar los reviews, lo que no significa que no me guste recibirlos ni leerlos, al contrario, me encanta leer sus opiniones y poder responderles, pero esta vez no se va a poder u.u Estoy demasiado ocupada, esta semana tengo 2 pruebas (exámenes) y 3 informes que entregar n.nU Así que ven que tiempo no me sobra x.x!
Perdonen si es que hay fallas de redacción o faltas de ortografía... No pude revisarlas. Si lo hubiese hecho, hubiesen tenido el capítulo para el viernes o el sábado aproximadamente, y esa no era la idea XD
Cuídense mucho! Y les deseo lo mejor, como en todos los capítulos :D
Los quiero mucho! Adiós!
...-:Dany-Chan:-...
