"Oportunidad de Vivir"

Capítulo 31: Misión Cumplida

Dedicado a Eternal Vampire con mucho cariño n.n

En la cueva, Inu Yasha, Harumi, Sango y Miroku seguían a las elfas, las cuales los conducían a la siguiente prueba que deberían enfrentar para poder conseguir el Collar de la Pureza.

- Déjenme decirles que ustedes son los únicos que han logrado pasar la primera prueba en mucho tiempo... Por no decir décadas...—dijo una de las elfas, mientras los jóvenes mostraban asombro en sus rostros. Se hizo un pequeño silencio - Creo que no nos hemos presentado. Mi nombre es Aya –

- Yo soy Chizu—dijo la del cabello atado en una cola de caballo.

- Yo soy Inu Yasha—dijo éste – Ellas son Sango y Harumi—ambas hicieron una reverencia – Y este es Miroku—hizo lo mismo que las chicas.

- Es un gusto conocerlos—dijo Aya.

- Disculpen por haberlos puesto en semejante peligro en sus sueños—dijo Chizu – Pero era necesario para poder comprobar si ustedes eran dignos o no de recibir el Collar de la Pureza... Necesitábamos saber qué tan fuerte es su corazón... –

- ...Y para ello, debimos hacerlos sucumbir ante sus "puntos débiles" a través de las situaciones que vivieron en sus sueños... Pero todos pudieron superarlas... –

- ...Además de hacerse más fuertes gracias a ellas—agregó Chizu.

- ¿Quieren saber cuáles son exactamente sus puntos débiles?—preguntó Aya.

- Yo estoy de acuerdo... de ese modo será más fácil superarlos...—dijo Sango.

- Yo pienso igual que Sango—dijo Miroku - ¿Y ustedes, Harumi e Inu Yasha? –

- También—contestaron ambos.

- El punto débil de Inu Yasha es el temor a fallar ante las expectativas de los demás, el de Harumi, el miedo a quedarse completamente sola. La debilidad de Sango es el perder las esperanzas y rendirse ante las grandes dificultades y la de Miroku es el deseo casi incontrolable de venganza—contestó Aya.

Todos se quedaron en silencio, reflexionando un momento, hasta que todos se detuvieron ante un gran portón, el cual era de cristal e incrustaciones de oro y plata, las cuales tenían forma de flores y enredaderas que rodeaban las puertas. También, tenía variadas piedras preciosas como rubíes y jades.

- Es hermoso...—dijo Harumi, asombrada.

- Detrás de estas puertas se encuentra el Collar de la Pureza. Si desean obtenerlo, uno de ustedes deberá probar que su corazón es lo suficientemente puro y tiene buenas intenciones ante el portón—les dijo Chizu.

- ¿Cómo podemos hacerlo?—preguntó Inu Yasha.

- Es simple. A quien elijan, deberá poner una de sus manos en el centro del portón –

- ¿Quién lo hará?—preguntó Aya.

- Yo lo haré—dijo Inu Yasha, dando un paso adelante.

- Bien... acércate al portón y coloca tu mano dónde te indiqué—dijo Chizu, mientras Inu Yasha obedecía las indicaciones de la elfa.

Apenas lo hizo, las enredaderas de metales preciosos cobraron vida, comenzando a moverse, acercándose al brazo del príncipe y empezando a rodearlo, hasta cubrirlo casi por completo. Esto sorprendió bastante al chico.

- No te asustes. No tienes nada que temer. Todo estará bien—dijo Chizu.

- Sólo confía en ti mismo...—dijo Aya – Y en la pureza de tu corazón... –

El joven cerró sus ojos, dejando su mente en blanco. Sintió una cálida sensación en su pecho, la cual era agradable. Abrió sus ojos y se dio cuenta de que estaba en un lugar donde no había nada, y el blanco lo cubría todo. Esto le extraño un poco, pero no demasiado, aunque no sabía por qué.

Inesperadamente, vio una silueta acercándose. Ésta estaba cubierta por un resplandor de colores radiantes y sutiles, mezclados en una perfecta combinación. Por más próximo a él que estuviese, el chico no podía distinguir de quién se trataba.

- ¿Eres el príncipe Inu Yasha Taisho, no es así?—preguntó aquel ser.

- Sí, lo soy—contestó con firmeza.

- Dime... ¿Por qué deseas obtener el Collar de la Pureza? –

- Lo necesito para llevar a cabo mi misión –

- ¿Y cuál es aquella? –

- Debo derrotar al emperador Naraku y devolverle la paz a este país... Es mi deber como hijo del anterior emperador y parte de la dinastía Taisho... –

- ¿Hay alguna otra razón por la cual quieras obtener el Collar Sagrado? –

- Sí... Le prometí a Kagome que se lo llevaría lo antes posible... –

- ¿Es esa persona importante para ti? –

- Claro que lo es. Es a quien yo más quiero... –

- Si su vida estuviese en peligro... ¿Estarías dispuesto a arriesgar la tuya por la de ella? –

- Sin ninguna duda. Por ella yo daría todo, incluso mi alma si fuese necesario... –

- ¿Qué uso le dará al Collar? –

- Será usado para la purificación de la Perla de Shikon, la cual está en manos del emperador, y contaminada con poder maligno... Kagome se encargará de purificar aquella joya... –

- Tus palabras y lo que he podido apreciar en tu corazón, me han mostrado que tus propósitos y sentimientos son legítimos y puros... Por lo tanto, te has ganado el derecho a llevarte el Collar de la Pureza... Inu Yasha Taisho... –

Un fuerte resplandor lo cubrió todo, cegándolo por completo. Luego de ello, abrió sus ojos y se dio cuenta de que se hallaba frente a las puertas, pero su cuerpo ya no se encontraba rodeado por las enredaderas.

- Bien hecho—dijo Aya – Haz pasado la prueba—sonrió.

- Es hora de que entres al Salón del Collar—le dijo Chizu, mientras las puertas se abrían de par en par, mostrando su interior.

- ¿Podemos entrar nosotros también?—preguntó Harumi con curiosidad.

- Sí, pueden hacerlo. Pero si al pasar entre las puertas, éstas detectan algún atisbo de malas intenciones en sus corazones, serán inmediatamente expulsados del salón y de la cueva...—explicó Aya.

- Está bien—contestaron Sango, Miroku y Harumi.

- Entonces, acompáñennos...—dijo mientras hacía ingreso al salón.

Los demás la siguieron, no teniendo mayores problemas al pasar bajo el portal, más que quedarse un par de segundos detenidos debido a que sus corazones estaban siendo examinados.

Luego, al entrar a la habitación, se dieron cuenta de que el piso era de cristal, permitiendo ver que había agua por debajo de él, además de algunas flores de loto.

A los costados del salón pudieron ver que había decenas de mini-cascadas, las cuales eran iluminadas por claraboyas de los más diversos colores ubicadas en el techo, las cuales se encargaban de que entrara luz natural al lugar.

En el centro del salón se hallaba una especie de altar de mármol, de forma circular y con escalones que ascendían hasta una plataforma que se encontraba a un metro de altura, en la cual había una estatua con figura femenina, que portaba algo en sus manos, aún no visible del todo para los jóvenes.

Hasta allí se dirigieron los viajeros y las elfas. Apenas pusieron un pie en los escalones, una fuerte luz iluminó a la estatua y ésta comenzó a cobrar vida.

Todos se acercaron rápidamente hacia ella, quien resultó ser una elfa también. A diferencia de Aya y Chizu, los cabellos de ella eran rubios como el oro y tan largos que llegaban hasta el suelo. Portaba una tiara de plata con algunas esmeraldas en su cabeza. Sus ojos eran de color verde claro y su tez blanca como la nieve. Llevaba puesto un vestido de color blanco con bordados dorados y plateados en las mangas y en el escote (si quieren ver más detalles, pídanme el dibujo n.nU), el cuál se ceñía como un guante a su cuerpo.

Miroku miraba embobado la belleza de la elfa, por lo que recibió un buen codazo por parte de Sango para que recobrara la compostura y actuara como era debido.

- Bienvenidos sean al salón del Collar de la Pureza—les dijo aquella elfa – Mi nombre es Mafumi y soy la encargada de cuidar el Collar que tengo aquí, en mis manos –

Las miradas de todos se dirigieron hacia la joya. Ésta tenía forma de flor. Sus pétalos eran de cristal, los cuales estaban unidos en su centro por una argolla de oro, la cual tenía pequeñas esferas de piedras preciosas a su alrededor. Además, poseía una cadenilla de oro entrelazado con plata, para poder ponérselo en el cuello.

- Es muy lindo...—dijo Harumi.

- Así es—dijo Mafumi – Por cierto, joven príncipe, usted será el encargado de cuidar el Collar hasta que se lo entregue a la joven Kagome... –

- ¿Era usted quién me hizo aquellas preguntas cuando se examinaba la Pureza de mi corazón?—preguntó el chico.

- Sí, era yo—contestó la elfa – Necesitaba probar si eras realmente digno de portar este Collar. Y pude comprobarlo, así que confío en que será capaz de cuidarlo hasta entregárselo a quién será su dueña. Usted lo portará hasta que aquello suceda—puso el Collar en el cuello de Inu Yasha.

- Agradezco su confianza—dijo, haciendo una reverencia.

- Espero que los demás jóvenes también ayuden en el cuidado de la joya –

- Claro que lo haremos—fue la respuesta de Sango, Harumi y Miroku.

- Entonces dejo todo en sus manos. Confío en que lograran su cometido. Les deseo la mejor de las suertes en ello –

- Gracias—dijeron los cuatro.

- Aya, Chizu, encárguense de escoltarlos a la salida de la cueva. Luego de ello, vengan aquí porque hay algo de lo que debemos hablar –

- Como usted ordene, joven Mafumi—contestaron ambas – Acompáñennos—les dijeron a los viajeros.

- Es un placer haberla conocido—dijo Inu Yasha, inclinándose levemente.

- Lo mismo digo, joven príncipe. Envíele mis saludos a la señorita Kagome –

- Así lo haré—contestó.

- Por cierto, antes de que se vayan, hay algo que debo decirles—las miradas se concentraron en ella – Luego de que su misión haya acabado, deberán venir y devolver el Collar de la Pureza. Esto es de vital importancia ya que alguien podría necesitarlo en el futuro tanto como ustedes en estos momentos –

- Lo entiendo. Prometo venir personalmente a devolverlo—dijo Inu Yasha.

- Sin nada más que decir, les deseo un buen viaje y éxito en su misión. Adiós –

- Adiós, señorita Mafumi—dijeron todos, menos las elfas que los acompañaban, para luego hacer abandono del salón.

Caminaron a través de la cueva, la cual se hallaba más iluminada que antes, dándoles mayor confianza a los jóvenes.

Cuando llegaron a la entrada, la gran roca que impedía la salida se movió por sí misma, dando paso a los viajeros y las elfas

- Espero que tengan un muy buen viaje—les dijo Chizu.

- Y también debemos agradecerles, porque gracias a que obtuvieron el Collar de la Pureza nosotras podremos volver a nuestro hogar hasta que sea hora de que devuelvan la joya—explicó Aya.

- Me alegro por ustedes—dijo Harumi, con una sonrisa.

- Hace varias décadas que no vemos a nuestra familia...—dijo Chizu.

- Se llevarán una gran sorpresa al vernos—dijo Aya con una sonrisa – Bueno, no retrasamos más su viaje –

- ¡Suerte! –

- Gracias. Adiós—dijeron los cuatro.

- Adiós—se despidieron ambas, para luego entrar a la cueva.

- Es hora de que volvamos al castillo Minami—dijo Inu Yasha, a lo que los demás asintieron.


Lentamente comenzó a abrir sus ojos, sintiéndose algo mareada. Se levantó con cuidado, apoyándose en la pared para no caer.

- ¿Dónde estoy?—preguntó en un susurro – No recuerdo cómo llegué hasta aquí... –

- Señorita, que bueno que despertó—dijo una mujer joven, entrando a la habitación. Su cabello era color marrón, largo y con unos mechones más cortos a la altura de sus mejillas. Sus ojos eran azules y pequeños, y su tez era blanca. Parecía no tener más de 20 años de edad (Si quieren ver cómo es en realidad, entren al buscador de imágenes de Google, busquen por las palabras "Sara Inuyasha" y les aparecerán imágenes de ella, ya que es un personaje que aparece en unos de los especiales de la serie, llamado "La Mujer Que Amó a Sesshomaru", que no sé si habrán tenido la oportunidad de ver... o.o)

- ¿Quién es usted?—preguntó confundida.

- Disculpe por no presentarme antes. Mi nombre es Sara Arai ¿Y el suyo? –

- Me llamo Kagome Higur... perdón, Kagome Asakura—rectificó – ¿Podría decirme qué hago aquí... Y cómo llegué hasta este lugar? –

La señorita Arai estaba a punto de contestarle, cuando apareció Kazuru a través de la puerta.

- Kagome, me alegra ver que estás bien...—dijo con una pequeña sonrisa la recién llegada, quien tenía algunas vendas en su cabeza, brazos y tobillos, al igual que la princesa, la cual acababa de percatarse de ello – Veo que la señorita Arai vino a hacerte compañía –

- Así es—contestó Sara.

- También estaba a punto de explicarme lo que sucedió, y cómo fue que llegué hasta aquí—dijo Kagome.

- No se preocupe, yo me encargaré de ello—dijo Kazuru.

- Si es así, entonces iré a ver cómo se encuentra Ren... Con su permiso, me retiro—hizo una pequeña reverencia y se fue.

- ¿Quién es Ren?—preguntó, en un susurro y con curiosidad, la princesa.

- Es un joven aldeano que se vio involucrado en la lucha contra los monstruos—contestó la sacerdotisa, mientras ambas tomaban asiento a lado de una pequeña mesa que se encontraba en la habitación – Tú no sabes lo que sucedió luego de tu desmayo... –

- Sólo recuerdo que vi a alguien antes de desmayarme... ¿Podrías contarme que pasó después? –

- Claro. Lo que sucedió fue... –

-----Flash Black-----

- ¡Kagome!—exclamó alarmada Kazuru, al ver que su compañera se encontraba en el suelo, inconsciente junto al aldeano - ¿Qué puedo hacer...? Esto se está poniendo demasiado difícil...—pensó, mientras lanzaba una de las pocas flechas que aún quedaban en su carcaj hacia unos de los monstruos, que amenazaba con acercarse a la princesa.

Durante lo que había durado la batalla, los aldeanos no habían dejado de observar admirados el desarrollo de ésta, sobretodo la forma en que las sacerdotisas arriesgaban sus vidas por las de ellos.

Las personas más cercanas—afectivamente—al aldeano que se encontraba inconsciente, se encontraban sumamente preocupados por su bienestar. Sobretodo Hayao, quien era el culpable de que aquel joven estuviera en aquel peligro.

La situación estaba muy tensa y si algún milagro no ocurría Kazuru, por más esfuerzo que pusiera en su pelea, sería derrotada.

- Debemos hacer algo para ayudar a la sacerdotisa...—dijo el señor Daichi – no podemos dejarla sola en esta lucha... –

- ¡Ayudémosla a acabar con los monstruos!—se oyó decir a un aldeano a lo lejos.

- Entonces tomemos nuestras armas ¡Y a pelear!—dijo el jefe de la aldea, mientras tomaba una lanza y los demás lo imitaban, para luego salir del escudo espiritual.

- Pero... ¿Qué hacen?—preguntó Kazuru consternada - ¡Vuelvan al campo espiritual, o podrían resultar heridos! –

- Vamos a ayudarle, señorita Kazuru –

- No se preocupe, déjelo todo en nuestras manos—dijo otro aldeano, al mismo tiempo que se lanzaba al ataque de los monstruos restantes.

Kazuru estaba a punto de objetar, mas sus piernas dejaron de responder y cayó al suelo.

- ¡Maldita sea¡Por qué las energías me tienen que abandonar justo ahora!—se levantó como pudo, lanzando flechas a las criaturas que los aldeanos acababan de acorralar con sus armas y acabando con ellas, purificándolas.

- ¡Bien hecho señorita Kazuru!—le dijeron un par de aldeanos.

- No hay de... qué...—contestó con un hilo de voz, pues se sentía extremadamente mareada, además de que sus ojos amenazaban con cerrarse.

- ¿Está usted bien?—preguntó Daichi acercándose a ella, mientras algunos hombres se encargaban de llevarse a Kagome y al joven que se encontraba a su lado a una de las cabañas de la aldea.

- No...—fue lo único que pudo contestar, antes de caer desmayada en los brazos del señor Mizuno.

-----Fin del Flash Back-----

- Eso fue lo que pasó...—terminó de explicarle Kazuru.

- Ya veo... perdón por dejarte sola en la batalla—se disculpó Kagome.

- No te preocupes... Eso ya pasó... Ahora debemos concentrarnos en curar nuestras heridas y volver al templo... –

- Eso es verdad—contestó la joven, algo pensativa – Espero pronto volver a ver a Inu Yasha y los demás... Inu, te extraño tanto...


Ya era de noche cuando Inu Yasha, Harumi, Sango y Miroku volvieron al castillo Minami.

- ¡Al fin han vuelto!—exclamó la princesa Rin al verlos – Me tenían muy preocupada... –

- Discúlpanos...—dijo Inu Yasha –...pero hemos logrado encontrar lo que estábamos buscando—le mostró el Collar de la Pureza.

- Es una joya muy hermosa...—dijo, contemplándola maravillada – Bueno, es momento de que entremos al castillo... Seguramente deben tener mucha hambre¿no? –

Apenas Rin dijo esto, los estómagos de los 4 jóvenes rugieron al unísono, lo que provocó un sonrojo inmediato en el rostro de cada uno de ellos.

- Sí...—contestaron cabizbajos, mientras la princesa sonreía.

- Un banquete los espera, no se preocupen. Entremos—los chicos asintieron y la siguieron.

Cuando llegaron al salón principal un banquete los esperaba, tal como la chica había dicho. Allí, los jóvenes comieron hasta ya no poder más y luego de ello se fueron a dormir.


Rato después de la conversación de Kazuru y Kagome, ambas se encontraban cenando en la casa de Sara, quien amablemente les había ofrecido que se quedaran allí el tiempo que necesitasen. Ella acababa de volver de otra de las habitaciones de su cabaña, donde el joven Ren descansaba.

- Disculpen la demora—dijo, sentándose frente a las sacerdotisas - ¿Desean una taza de té o algo más?—preguntó.

- No se preocupe—contestaron ambas.

- ¿Puedo hacerle una pregunta, señorita Arai?—preguntó Kagome.

- Claro, pero antes llámeme Sara—contestó ésta.

- Entonces tú llámame Kagome—dijo la joven.

- Y a mí dime Kazuru—dijo la sacerdotisa.

- Esta bien... –

- ¿Cuál es tu relación con el joven Ren? –

(Que curiosa es ésta princesa XD Pregunta y ni siquiera ha visto al chico n.nU)

- Bueno, a Ren lo conocí hace unos cinco años, si no mal recuerdo... Llegó a esta aldea muy mal herido, apenas caminaba del hambre y cansancio que tenía... También, recuerdo que no dejaba de repetir "Debo ir al norte", aún en sueños... Al verlo así, lo acogí en esta cabaña, donde durmió por un día entero. Cuando despertó... No recordaba nada de su antigua vida, ni siquiera su nombre...—hizo una pausa – Lo vi tan desamparado y atónito por lo que le sucedía, que le ofrecí quedarse a vivir aquí hasta que recuperara la memoria...—volvió a hacer una pausa – Y, hasta la fecha, aún no vuelven sus recuerdos...—terminó de explicar.

- Ya veo...—dijo Kazuru.

- Realmente lo lamento por el joven Ren...—dijo Kagome - ¿Fuiste tú quién le dio su nuevo nombre? –

- Así es... Debía, por lo menos, darle una nueva identidad... –

- Eres una muy buena persona—dijo la princesa con una sonrisa – Seguramente se encuentra muy agradecido por todo lo que has hecho por él... –

- Gra-gracias—contestó, algo sonrojada.

- No hay de qué –

- Ya es tarde...—dijo Kazuru – Lo mejor será ir a dormir... –

- Tienes razón—las tres se levantaron – Buenas noches, que descansen—dijo Sara.

- Igualmente—contestaron las sacerdotisas y se fueron a su cuarto, el que ambas compartían, donde rápidamente se durmieron.

Un nuevo día llegó, bastante soleado para ser parte de la estación invernal. Las jóvenes sacerdotisas se levantaron.

- ¡Uy! Ese Ren es tan testarudo... Lo único que intento es cuidar su salud y él ni me hace caso...—oyeron una voz bastante enfadada desde fuera de su habitación, a la cual reconocieron como la señorita Arai.

- ¿Sara?—preguntó Kagome, abriendo la puerta - ¿Qué sucede? –

- Apenas me levanté vi que Ren ya había desayunado y estaba a punto de irse de aquí, a trabajar... ¡Y con lo herido que está!—exclamó enfadada – Y me salió con las excusa de que si no trabajaba, no tendríamos qué comer hoy...—dio un suspiro – Aunque tal vez no esté tan equivocado en eso... –

- Si necesitas ayuda en algo, cuenta conmigo—ofreció la princesa con una sonrisa.

- Yo también puedo ayudar—dijo Kazuru, apareciendo detrás de Kagome.

- Muchas gracias a las dos. Bueno, será mejor que desayunemos o no tendremos energía el día de hoy—se dirigió a la cocina a preparar los alimentos, mientras las sacerdotisas le ayudaban en lo que podían.

Rato más tarde, las tres salían de la cabaña con canastos cargadas de frutas, verduras y flores, las cuales irían a vender al mercado de la aldea. Kagome y Kazuru habían cambiado sus vestimentas de sacerdotisas—las cuales estaban bastante maltratadas por la batalla del día anterior—por kimonos. El de la princesa era blanco con bordados de girasoles y margaritas, mientras que el de la joven Tsukishirô era verde, con bordados de dragones en la parte inferior y las mangas.

Todos los aldeanos y aldeanas se quedaban viendo a las sacerdotisas, tanto porque los habían salvado como por todos los vendajes que cubrían las partes visibles de sus cuerpos. Algunos de los comerciantes les regalaban parte de sus mercancías como agradecimiento, y los niños llenaban de flores sus cabellos.

Al fin llegaron al final del mercado, donde supuestamente Sara y Ren instalaban su puesto de venta.

- Veo que también haz venido...—dijo Ren, dándole la espalda.

- Claro que vine... Este también es mi trabajo ¿no?—respondió ella con un tono mordaz, caminando hasta quedar frente a él – Además, debo asegurarme de que estés bien...—dijo de forma más relajada – De todos modos, eres un desconsiderado conmigo...—bufó.

- ¿Por qué lo dices?—preguntó.

- Porque lo único que pretendo es cuidarte, y lo primero que haces es escapar ¬¬ -

- Yo no pretendía escapar, sino que ganar dinero para poder comer hoy ¬¬ -

- ¡¡Pero estás malherido!! –

- ¡Ese no es tu problema! –

- ¡Claro que lo es! –

Comenzó una batalla verbal entre ambos. Debido a todo ese alboroto, la gente comenzó a acercarse y hacer un círculo alrededor de ellos.

- Creo que se han olvidado de nosotras...—dijo Kagome, con una gota en la cabeza.

- Así parece...—dijo Kazuru y lanzó un suspiro – Debemos hacer algo para detenerlos, o seguirán así todo el día... –

- Sí... Espera, me acercaré a ellos...—caminó lentamente hacia donde Ren y Sara se encontraban discutiendo – Ehm... Disculpen –

- ¡¿Qué quieres?!—ambos la observaron con miradas asesinas, lo que asustó a la princesa, la cual comenzó a retroceder lentamente.

- ¡Na-nada! Disculpen la interrupción—corrió hasta quedar detrás de Kazuru – Esos dos me dan miedo... –

- Vamos ambas, entonces—dijo Kazuru, a lo que Kagome asintió y la siguió – Disculpen, pero... ¿No creen que no es lo más adecuado pelear en medio de un mercado, con decenas de personas viendo el "espectáculo" que están dando?—les preguntó, mirándolos directamente.

Los jóvenes se observaron avergonzados, pidiéndose disculpas. Los curiosos comenzaron a alejarse, volviendo a sus trabajos y sus compras, cuando se dieron cuenta de que no había nada más "interesante" que ver.

- Ren, permíteme presentarte a las jóvenes que nos acompañan—dijo Sara – Ésta es Kagome—la aludida hizo una pequeña reverencia – Y ella es Kazuru –

- Mucho gusto—dijeron ambas.

- El gusto es mío—se inclinó levemente, a modo de reverencia - ¿Son ustedes las sacerdotisas que salvaron a la aldea? –

- Así es—contestó Kazuru.

- Se están quedando en nuestra cabaña por unos días—agregó Sara – Por cierto... Kagome, nunca te agradecí adecuadamente el que hayas salvado a Ren de aquellos monstruos. De verdad, muchas gracias—hizo una profunda reverencia.

- Yo también debo agradecerle—dijo Ren e imitó a la joven Arai.

- No... no tienen nada que agradecer...—contestó, algo nerviosa – Era mi deber... lo haría por cualquier persona en peligro...—movía sus manos de un lugar a otro, en señal de nerviosismo.

- Discúlpeme por no haberla reconocido antes –

- N-no hay problema... –

En ese momento, Kagome se percató nuevamente del parecido que tenía Ren con una persona que ella había conocido en el pasado.

Él era alto, de tez blanca, ojos color café, que a la luz del sol tenían destellos dorados. Sus cabellos eran negros, con reflejos plateados, largos hasta la cintura, pero atados a la altura de su cuello. Su mirada era algo fría, con toques de misterio en su interior.

- En verdad se parece mucho a... –pensaba Kagome, hasta que fue interrumpida por Sara.

- Si lo desean, pueden ir a dar un paseo por la aldea... Ren y yo nos encargaremos del resto—les sugirió la joven.

- Está bien... Nos vemos luego—se despidió la princesa, mientras ella y Kazuru comenzaban a caminar.

- Nos vemos—se despidió.


En el castillo Minami, Inu Yasha, Harumi, Sango y Miroku se preparaban para iniciar su viaje de regreso al templo de la Gran Izumi.

Decidieron que lo mejor era volver rápido, de tal modo que no retrasaran más su misión, además de las enormes ganas que tenía el príncipe de volver a ver a Kagome.

- Muchas gracias por recibirnos en su castillo, señor Minami—agradeció Inu Yasha.

- No hay de qué, su majestad. Es más, fue un honor haberlos tenido a usted y sus compañeros aquí y, de cierta manera, aunque fuera mínima, ayudar con su causa—le dijo el terrateniente.

- También deseamos ayudarles, entregándoles alimentos y dos de nuestros caballos, de modo que su viaje no sea tan duro...—les dijo la esposa del terrateniente, mientras un par de jóvenes traían a los equinos – Lamentamos no poder darles algunos más, pero nuestros soldados están próximos a salir en una campaña... –

- No se preocupe por ello. De verdad estoy muy agradecido por todo esto—dijo el joven Taisho e hizo una reverencia.

- Les recomiendo que realicen su viaje rodeando la montaña, y no pasando a través de ella. Quizás sea un poco más largo, pero al ir en caballo el camino se les hará más corto—agregó Rin – También... quería pedirte un favor Inu Yasha... –

- ¿Dime? –

- ¿Podrías darle este obsequio y esta carta a Kagome?—le entró un pequeño paquete atado con una cinta y un sobre.

- Claro, no hay problema—contestó con una sonrisa.

- Les deseamos el mejor de los viajes—dijo Kotaro – Estaremos esperando el día en que necesite a nuestros soldados para derrotar al emperador... –

- El señor Tetsu Higurashi se encargará de hacérselo saber... Nuevamente, gracias por todo... –

- ¡Suerte!—dijo Rin, alegremente – Espero volver a verlos pronto—sonrió.

- También nosotros—dijo Sango, comenzando a salir del castillo, al igual que sus amigos, junto con los caballos y el alimento.

- Adiós—dijeron los Minami.

- Adiós—contestaron los viajeros.


Unas horas habían pasado ya desde la pelea entre Sara y Ren, y el mercado ya había cerrado, por lo que todos los comerciantes y compradores se dirigieron a realizar sus demás labores diarias. El clima había cambiado, tornándose a uno bastante frío.

Las sacerdotisas se dirigieron a la cabaña de la señorita Arai, debido a que ya era hora de almorzar. Los cuatro disfrutaron de un agradable momento.

Cuando hubieron acabado, Kagome y Kazuru decidieron ir a revisar los alrededores, para cerciorarse de que no hubiese ninguna amenaza de ataque por parte de monstruos, en forma de venganza por los que habían sido purificados el día anterior. Iban preparadas con sus arcos y flechas, por si acaso llegaban a necesitarlas.

- ¿Percibes algo Kazuru?—preguntó la joven Higurashi.

- Nada aún—contestó, cerrando sus ojos e intentando sentir alguna presencia extraña.

Mientras tanto, en la cabaña, Sara y Ren intentaban encender un brasero para entrar el calor, mas se dieron cuenta de que la leña no sería suficiente para hacerlo.

- ¿Podrías ir en busca de leña, por favor?—preguntó la chica.

- Está bien, no hay problema—contestó el joven, tomando un hacha y saliendo del lugar.

Se encaminó hacia el bosque, que era precisamente donde estaban las sacerdotisas.

En esos momentos, ellas se encontraban tomando un descanso bajo un árbol, intentando reponer energías luego de la búsqueda de monstruos.

Se mantuvieron unos momentos en silencio, el cual Kagome se encargó de romper.

- ¿Sabes algo, Kazuru...?—dijo la princesa.

- ¿Qué sucede?—preguntó la aludida.

- Algo extraño me ha sucedido... –

- ¿Qué es aquello? Claro, si se puede saber... –

En ese instante, Ren se encontraba a sólo unos pasos de Kagome y Kazuru. Al verlas, se escondió detrás de un arbusto, sin saber en realidad el por qué de su acción. Podría decirse que se trataba de un presentimiento.

- Lo que pasa es que he visto a alguien, el cual se parece mucho, quizás demasiado, a una persona que yo conocí en el pasado... –

- ¿Lo has visto aquí, en esta aldea? –

- Así es...—contestó algo pensativa – Es alguien a quien tú también has podido ver, además de conocer... –

- Dime ¿De quién se trata? –

- Del joven Ren... –

Al escuchar su nombre, el chico sintió un extraño escalofrío. Aún así, se mantuvo escondido, esperando que la princesa revelara algunos detalles más.

- Es increíble el parecido que tiene con aquella persona... Quien se supone falleció aquel fatídico día... El día del ataque al Palacio Real de los Taisho... –

- ¿A quién te refieres?—preguntó preocupada y curiosa a la vez.

- Me refiero a... –

Kagome estaba a punto de contestar, cuando un fuerte estrépito se escuchó en los alrededores. Alertadas por aquello, ambas se levantaron y comenzaron a observar por todos lados por si encontraban algo fuera de lo normal.

- Espérame aquí—dijo Kazuru – Tú vigila en este sector... Enseguida vuelvo –

- Está bien ¡Ten cuidado!—contestó la joven, mientras la otra sacerdotisa se internaba en medio del bosque.

Unos sonidos llegaron desde detrás de la chica, asustándola, pero también obligándola a tomar su arco y una flecha, y apuntarlo hacia donde aquel ruido provenía.

- ¿¡Quién está ahí!? Muéstrese en este instante o recibirá una de mis flechas...—dijo intimidante.

- Soy yo—dijo Ren, saliendo de entre los arbustos. Kagome suspiró aliviada.

- Que bueno que se trata de usted, joven Ren—dijo con una sonrisa – Pensé que podía ser un monstruo... Por cierto... ¿Qué hace con esa hacha? –

- Ah, esto—la dejó en el suelo – Sara me pidió que viniese a buscar leña para el brasero... –

- Ya veo... –

- Por cierto... Escuché que usted estaba hablando de mí, antes de que aquel estrépito sonara... –

- Ehm... olvídelo, no era nada importante—dijo, mientras dejaba su arco y carcaj en el suelo.

- Pues para mi sí tiene importancia... Usted estaba hablando de mí pasado... –

- Disculpe, debo ir a ayudar a Kazuru...—tomó sus armas y estaba a punto de irse, cuando Ren la tomó fuertemente por el brazo – ¡Suélteme! –

- No lo haré, hasta que me cuente la verdad... –

- ¡Me hace daño!—exclamó, mientras intentaba zafarse del agarre del joven.

- ¡Ya le dije que no lo haré! Dígame qué es lo que sabe sobre mí... –

- No es nada... Déjeme ir, por favor... –

- Miente... Yo escuché claramente que estaba a punto de decírselo a la sacerdotisa Kazuru...—arrastró a la joven, hasta que la acorraló en un árbol, sosteniendo con sus manos ambos brazos de la chica y haciendo que el árbol se encargara de inmovilizarla por la espalda.

- ¡¡No hay nada que deba decirle!! Además... no estoy totalmente segura de que lo que pienso sea verdad... Podría estar equivocada... –

- ¡Eso no me importa!—exclamó, ejerciendo más fuerza en su agarre y enterrando sus uñas en las extremidades de la chica, las cuales comenzaban a sangrar - ¡¡Te exijo que me digas lo que sabes!!—su voz denotaba lo enojado y desesperado que se encontraba por saber la verdad. Su mirada era tan fría como el hielo.

- ¡¡Basta!!—sus ojos derramaban lágrimas por el dolor.

- ¡¡Dime la verdad!! –

- ¡¡Detente, Sesshomaru!! –

Los ojos de Ren se abrieron sobremanera, mostrando la sorpresa que sentía. Kagome cubrió su boca con sus manos.

- ¿Sesshomaru?—preguntó Ren confundido, mientras todo comenzaba a darle vueltas y caía al suelo, inconsciente.


Notas de la Autora:

Hola! n.n Cómo están? Espero que bien :)

Seguramente muchos se sorprendieron de ver que ha aparecido Sesshomaru o.o Parece que no estaba muerto, sino que andaba de parranda... Aunque el pobre no recuerda nada de su pasado. Además, puede ser un simple error de Kagome, aunque si es así... podríamos decir que ella "metió la pata" o.o

Esta vez vengo rápidamente (ya que nos las 2:30 AM y debería estar durmiendo XDD) Así que no contestaré reviews... u.u Espero que me entiendan... Este es uno de los pocos momentos en que me puedo "escapar" del estudio para la PSU... Y prefiero publicar para que puedan seguir disfrutando del fic n.n

Además... el día de hoy (viernes) no voy a poder entrar al PC, ya que voy a estar preparándome para la noche, debido que es mi fiesta de graduación (ya que hace unos días terminé el último año de escolaridad en mi país Cuarto Medio). Es una ocasión muy importante para mí y espero disfrutarla n.n

Bueno, muchas gracias por estar siempre aquí, apoyándome con sus reviews o simplemente por leer n.n

Espero que les haya gustado este capítulo! Déjenme revies con su opinión!!!

Cuídense mucho:D Espero verlos pronto! (no sé cuando tendré el próximo capítulo listo, porque solo llevo un par de líneas XD)

Adiós!

Dany-Chan


Ya saben:

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VISÍTENLOS!