Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Cada príncipe con su color.
Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." Todos Humanos. Bella&Edward.
Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)
Capítulo 3: Príncipe rosa.
— Maldito —murmuré al reflejo de mi espejo, mientras tocaba el moretón que tenía en mi cuello— Príncipe oscuro, mis polainas, ¿era necesario marcarme? ¡Puto neandertal! —chillé, tratando de cubrir el chupetón que me había hecho Laurent antenoche con la base que había dejado Rosalie en casa.
— ¿Qué pasa, pequeña Bella? —Edward asomó su cabeza por la cortina de la ducha.
— ¡Mira esto! —apunté mi cuello histéricamente. Edward comenzó a reír, con su mano tiró de mi brazo para que me acercara a él y así pudiera ver mejor el moretón que tenía en mi cuello— ¡No te rías! ¿Cómo se supone que iré a trabajar así?
— Mhm, ponte un pañuelo —me dijo, enjabonando su pelo. Rodé mis ojos y fui a buscar un pañuelo a mi habitación, luego de un momento volví a entrar al baño, Edward aún estaba asomado por la tina, con todo su cabello blanco por el champú— Listo, ¿ves? Santo remedio —me dijo, besando mi mejilla—, eso te pasa por revolcarte con frikis, Isabella. Ayer te vi, estaban prácticamente comiéndose el uno al otro.
— Tú me dijiste que me divirtiera —hice un puchero mientras acomodaba mejor el pañuelo sobre la marca— Yo solo seguí tu consejo, me sirvió para despejar la mente, ¿y qué más debo decir? El chico besa de maravilla —me encogí de hombros, recordando cómo se sentían aquellos colmillos contra mi lengua.
Cuidado Isabella, te acabas de cambiar las bragas.
— Tú no estás acostumbrada a estas cosas, boba. Deja de comportarte como si fueras toda una femme fatale —fruncí el ceño y lo fulminé con la mirada. Bueno, traté de hacerlo, ahora solo veía su sombra tomando una ducha— Tú no eres de esas chicas que anda con uno y con otro, así que no permitiré más cosas de este tipo, ¿me has escuchado?
— Si, papá —rodé mis ojos— Pero me sirvió, así que muchas gracias por sacarme de casa. No pensé en Mike ni en Jess en… bueno, casi toda la noche. Y eso es un gran logro —Edward cerró la llave y tomó una de las toallas que estaban a su alcanza. En un segundo estaba fuera de la tina con la toalla colgando deliciosamente en sus caderas.
— Deja de hacerte la chica fuerte, sabes que conmigo ni con Rose es necesario —me dio un fuerte abrazo, mojándome un poco en el proceso.
Mojándome… de la buena manera.
— ¿Qué quieres? ¿Qué ande llorando por los rincones de la casa? Ya lo acepté, fin del asunto —me solté de su abrazo y comencé a cepillar mis dientes.
— Ah, está bien, lo que digas dulzura —dejó un beso en el frontis de mi cabeza— Hoy llegan los nuevos repuestos del Japón y Emmett no puede ir a recibirlos, como sabrás —solté una risita imaginando en que estarán Rosalie y el grandote— llegaré temprano a casa, cuídate ¿sí?
— ¡Ya anda a vestirte! —chillé, salpicándole pasta de diente en todo su rostro.
— ¡Eres una completa asquerosa Isabella! —le saqué la lengua y luego reí, me enjuague la boca rápidamente— ¿Tienes problemas viéndome así? —me dijo, moviendo sus cejas sugestivamente. Lo observé alzando una de mis cejas.
¿Problemas?
Joder, no.
De hecho, podría tener solo en bóxers todo el día para mi propia satisfacción.
— Idiota —le dije, sonriendo. Edward sonrió traviesamente y dio media vuelta, cuando iba caminando hacia fuera del baño, dejó caer la toalla despreocupadamente— ¡Edward! —Chillé, viendo su redondo y perfecto trasero en primer plano— Bonito trasero.
— Y eso que solo has visto mi trasero.
Terminé de arreglarme para ir camino a mi trabajo, aun riendo por las ocurrencias de Ed. Ya había pasado una semana y un día del siniestro y había pedido libre por una extraña infección que me había atacado. Edward me consiguió la licencia médica con una de sus "amiguitas", en la cual rezaba que yo tenía Clamidia. Todo mentira, obviamente, no quería que la gente especulara acerca de mis ojos de sapo.
Ahora que lo pienso, es algo chistoso, debo decir, porque prefiero que la gente piense que me pegué una enfermedad de transmisión sexual a que sepan que he llorado como condenada por el innombrable.
Una semana
Que rápido pasaba el tiempo.
"El tiempo lo cura todo" dicen por ahí.
…
— Que tengas un buen día, Isabella —Una desconocida chica me saludó con una sonrisa lastimera. Fruncí el ceño debido a la situación, era la quinta persona extraña que me saludaba "amigablemente" al entrar a mi lugar de trabajo.
Seguí caminando a lo largo de los cubículos como si nada, ignorando las miradas furtivas que me daban mis compañeros al pasar cerca de ellos, ¿qué le sucedía al mundo el día de hoy? La oficina estaba en completo silencio, algo extraño en un centro de llamado. Algo jodidamente extraño en un lugar donde todos parlotean a través de los teléfonos. Cuando finalmente llegué a mi cubículo tomé asiento bajo la atenta mirada de Alec.
Esto tenía que parar aquí.
— Tú —lo apunté con mi dedo índice, sin dejar de fruncir el ceño— Tú me dirás que mierda le pasa a toda esta gente. ¿Sabes? Me han saludado cerca de seis personas a las que nunca había visto en mi vida, ¿qué demonios sucede con todo el mundo? —lo último lo dije con un volumen de voz un poco más alto de lo normal, para que los chismosos escucharan y metieran sus narices en sus propios asuntos.
— Mi querida Isabella, lo siento tanto… —Alec arrastró su silla y la puso junto a la mía— Puedes contar conmigo en lo que sea, no tengas miedo de decirme las cosas —tomó mi mano entre las suyas y le dio un suave apretón.
— ¿Alec? ¿Qué demonios?
— Ignora al resto —me dijo, mirando por sobre su hombro— ¿Quieres hablar sobre lo que sucedió con Mike?
¿Cómo demonios sabía sobre eso?
— ¿Có-cómo te enteraste? —le pregunté en un susurro. Ya era bastante humillación que te pongan los cuernos, pero que la gente que te rodea día a día sepa que te pusieron los cuernos…
Joder.
Lo peor de todo era la cara de lástima que tenían todos. Ya, está bien, aun estoy dolida y escucho los pequeños cracks que hace mi corazón cada vez que nombran al que no debe ser nombrado, pero ver esa expresión en el rostro de las personas que me rodean realmente me hace querer darles una gran patada en sus partes nobles a cada uno de ellos. Digo, no soy la primera ni la última mujer a la que han timado de esta manera, no es como si fuera la única que tiene una amiga así de suripanta ni tampoco soy la única que ha intentado ahogarse en helado.
— Facebook.
— ¿Facebook?
— Mhm —enarqué una de mis cejas en su dirección— la frase "Bella Swan ha pasado de tener una relación a estar soltera" ¿te suena? —me golpeé mentalmente por el descuido. Putas redes sociales, son tan malditamente chismosas.
— Genial, simplemente genial —rezongué— ¿Debo acostumbrarme a este trato lastimero, entonces? Cerraré el puto facebook, twitter y ese tumblr que me tortura con imágenes de parejas hermosas y perfectas.
— Definitivamente cierra tumblr —Alec volvió a darme una palmadita en el hombro—. Iremos por unos tragos después del trabajo y no acepto un no por respuesta, señorita Swan. Tenemos mucho de lo que conversar.
— Como si fuera a quejarme por eso, me conoces Alec, cundo es alcohol soy la primera en levantar la mano —rodé mis ojos con una pequeña sonrisita en mis labios— Y gracias, por cierto.
— De nada, estamos aquí para apoyarnos los unos con las otras —reí ante su ocurrencia y me giré en mi cubículo para comenzar con mi trabajo, volviendo así a mi tan amada rutina.
Alec dejó la conversación hasta ahí, se giró en su puesto para seguir con su trabajo no sin antes guiñarme uno de sus hermosos ojos azules, los cuales estaban enmarcados con una largas pestañas rubias. La primera vez que lo vi no estaba segura de que era, hombre o mujer, tiene un cutis tan perfecto, un rostro tan prolijo que incluso ahora lo dudo un poco.
Era un elfo, así de hermoso.
— Buenos días, operadora, ¿en qué puedo ayudarle? —se escuchaba un murmullo por toda la sala, debido a la gente contestando el teléfono y emitiendo aquella misma frase. Ah, como amaba volver a la rutina.
Lo peor de todo es que ahora entendía cuando decían que todo te recordaba a él. Nunca lo había creído posible, digo, había tipas que estaban comiéndose un Cuarto de libra con doble queso y se acordaban del amoroso que las había hecho sufrir.
Bueno, nunca pensé que mi trabajo me jugaría una mala pasada.
…
— Buenos días, operadora, ¿en qué puedo ayudarle?
Estaba más feliz de lo normal, y eso es algo completamente extraño en mi, sobretodo estar feliz en el trabajo, desde cuando Isabella? Oh si, desde que el señor Michael Newton había entrado a mi vida. Pareciera como si viera todo en full HD, los colores eran más nítidos, caminaba sobre una nube todo el día y cantaba canciones de Justin Bieber sin sentirme culpable. La vida no podría ser más hermosa de esta manera.
— Uh, hola —escuché una risita y luego un incómodo carraspeo— señorita, creo que me he enamorado y no sé qué hacer— sonreí levemente. Hola, compañero, creo que somos dos aquí flechados por Cupido.
— ¿Y por qué no estás seguro de ello muchacho? —le pregunté, inclinándome hacia atrás en mi asiento.
— Nos conocemos hace solo un mes y sé que es la chica de mi vida —estuve a punto de suspirar ensoñadoramente— pero no sé lo que pensará ella de mi, ¿y si huye cuando le confiese mis sentimientos? Tengo miedo, supongo —el tipo este era una ternurita.
— Creo que lo más sensato es que te armes de valor y le hagas saber lo mucho que te afecta, tal vez te encuentras con una pequeña sorpresa —soltó una risita que mandó un extraño escalofrío a lo largo de mi columna vertebral— ¿Y cómo es la afortunada?
— Ella… —inserte suspiro cursi aquí. El chico estaba perdido— Ella es todo lo que un hombre puede desear. Tiene la sonrisa más hermosa que he visto, es como si iluminara mis días y mis noches con ese simple gesto. Sus ojos son dos pozos chocolates en los que me gustaría sumergirme el resto de mi vida. Su cabello castaño parece seda entre mis dedos y sus labios… sus labios son la ambrosia misma.
Jo-der.
— Whoa, eso… Lo que has dicho es realmente hermoso, si a mí me dijeran algo así yo creo que —sonreí y negué con mi cabeza— No, no creo, estoy segura de que saltaría feliz a tus brazos jurando amor eterno.
— ¿Y qué te parece si mejor aceptas ser mi novia? —me quedé en silencio unos segundos, tratando de asimilar lo que había dicho. ¿Me estaba preguntando a mí?
— ¿P-perdón?
— Isabella Swan, ¿te gustaría ser mi novia?
Bella, respira, inhala, exhala… no hiperventiles, no aun.
— ¿M-Mike?
…
Parpadeé rápidamente y solté el aire que estaba conteniendo inconscientemente, escuchando el tono en el auricular repetidas veces, el cual me indicaba que la otra persona había cortado la conversación. Claro, como no si me había perdido divagando en aquellos recuerdos que solo hacen llorar a mi estúpido corazón. Ah, jodida mierda, tengo que parar con todo esto, Edward tiene razón.
¡Basta Isabella!
Deja de pensar en él.
Deja de ser una mártir y Vive la vida loca, como dijo Ricky Martin.
— Operadora, ¿en qué puedo ayudarle? —el bajón había llegado a mi cuerpo, así que me apiadaba sinceramente de la persona al otro lado del teléfono, porque puede que me desquite con ella debido a la melancolía que estaba sintiendo.
— Creo que acabaré con mi vida.
— ¿Sí? —pregunté aburrida, masticando la tapa del lápiz que sostenía en mi mano— ¿Cuándo? ¿Ahora mientras hablas conmigo o cuando cuelgue la llamada? —recibíamos llamadas suicidas casi todos los días, a veces solo era gente desesperada sin amigos para hablar.
— ¿Pe-perdón? ¡Mi vida no tiene sentido!
— Triste, ¿huh? —suspiré y comencé a balancearme en mi asiento. ¡Mi vida no tenía sentido! Pero aquí estoy, trabajando en vez de tener una maratón de películas románticas— ¿Qué es eso taaan terrible por lo cual no puedes seguir viviendo?
— Mi novia me acaba de dejar por mi mejor amigo, ¡mi mejor amigo! —Solté una risita ante lo irónico de la situación, ¿por qué a mí?— ¿Por qué mierda te estás riendo? ¡No es gracioso! ¡Fueron los mejores seis meses de mi vida! ¡Me tiraré de la azotea de mi apartamento y nadie podrá detenerme!
— ¿Seis jodidos meses? ¿Me estás hablando enserio? —bufé y me crucé de brazos— ¡Yo estuve cuatro putos años, jovencito, cuatro años con un idiota que me cambió por mi mejor amiga! Así que deja de joderme el día con tu intento de suicidio barato ¿Acaso me escucho como alguien que quiere matarse por eso? Joder, no —hubo un eterno silencio en el cual pensé que me había cortado el teléfono… o había saltado.
— N-no, n-no te escuchas tris-triste… Pe-pero te escuchas como a-alguien que quiere matar por eso…
— ¿Matar por eso? —los sonrientes rostros de Mike y Jessica aparecieron en mi mente y si, tuve instintos asesinos— Podría ser, tal vez alguno de estos días los encuentren descuartizados en sus piezas, irreconocibles… Aunque sería mejor torturarlos, lentamente, para que así sufran…
— Uh, y-yo creo qu-que mejor cortaré, ¿sí?
— Puto cobarde, ¿no que ibas a matarte? ¡Adelante, hazlo! ¿Crees que te extrañaran por ello? ¡Tu mejor amigo se estará jodiendo a la que fue tu novia mientras te revientas contra el pavimento, idiota! —chillé, creo que demasiado fuerte.
— ¿Señorita Swan?
— ¿¡Qué demonios quiere!? —un carraspeo realmente molesto le siguió a mi arrebato, me giré lentamente en mi puesto para ver a mi querido jefe con una de sus depiladas cejas alzadas en mi dirección— Uh, ¿si, señor Volturi? —traté de poner la mejor cara de inocencia que tenía reservada para estas ocasiones.
— Creo que aún no se recupera de su, err, enfermedad, lo mejor será que se tome el resto del día libre —suspiré y dejé los auriculares a un costado de mi escritorio.
Lo que me faltaba, parecer una completa desquiciada.
— Uh, ¿sabe, señor? Tiene usted toda la razón, no me siento muy bien que digamos, aún me duele ahí al orinar, si sabe de lo que hablo —el seño Volturi asintió, un tanto incómodo— ¿Puedo tomar prestado a Alec por el día de hoy para que me acompañe a casa? No creo poder hacerlo por mi misma —el jefecito frunció sus labios pero luego asintió en aprobación.
Alec me guiñó un ojo mientras se ponía de pie, arreglaba sus cosas y me ayudaba a ponerme de pie para apoyar la teoría que decía que yo no me sentía muy bien, siendo que podía caminar e incluso correr fácilmente. Creo que solté un "Tendré que pedirle ayuda a alguien para que me eche crema en mi chofi, esta puta Clamidia me tiene irritada como culo de bebé" para que así fuéramos mas creíbles ante el jefe y el resto de mis compañeros.
Una vez había escuchado un: "Tomo para no enamorarme, me enamoro… pero tomo igual"
Bien, era hora de ir por esos tragos.
…
— Mira, ese tipo de allá te está echando el ojo desde que llegamos.
Eché un vistazo de reojo hacía donde Alec me estaba diciendo que se encontraba el espécimen al que normalmente denominamos "hombre". Estaba bien, a decir verdad, estaba más que bien. De hecho, una conversación imaginaria se estaba formando en mi cabeza, donde yo amigablemente le preguntaba a la exquisitez de hombre "¿Cómo estás?" y él respondía con un sexy "Estoy como quiero", porque el muy desgraciado estaba para chuparle los dedos y algo más. Era un morenazo alto, con sus buenos músculos por doquier, estoy completamente segura de que bajo esa franela hay un exquisito sixpack, puede que incluso tenga músculos en sus músculos porque se veía enorme desde el lugar donde nos encontrábamos. Y, lo más importante, ya saben lo que dicen de aquellos hombres de tez más oscura, ¿no? Tienen un enorme regalo ahí entremedio de sus piernas.
— Gah, hombres —le di un sorbo a mi cerveza— ¿Sabes? estoy segura de que ese tipo solo anda buscando una noche de pasión, pero este cuerpecito —me puse de pie y me tambaleé un poco, solo un poquito—, este cuerpo no está disponible, bombón.
— Aún no entiendo como Michael fue capaz de cambiarte por… Por esa —Alec frunció sus labios y se tomó su botella individual de Budweiser de una— Solo hace falta mirarte, si hubieras sido mi novia nunca te dejaría ir.
Luego de la tercera botella le había contado la verdad a Alec.
Después de todo nadie sabía que Michael me había puesto los cuernos, pero si creían que nos habíamos contagiado algo mutuamente debido a nuestra activa relación sexual. No sé quién demonios les dijo al mundo en la oficina que cogíamos las veinticuatro horas, los siete días de la semana, si Mike con suerte duraba una ronda y eso. Bueno, Jessica era la que tenía que lidiar con el amiguito precoz ahora.
Mhm, escucho despecho ahí nuevamente.
— Eres un dulce, Alec —me incliné y besé su mejilla ligeramente— mi autoestima necesitaba algo de eso, te lo agradecemos enormemente.
— De nada cariño, para eso estoy —me guiñó un ojo y volvió a pedir dos cervezas individuales—. Hombres, no saben apreciar lo que tienen hasta que ya es demasiado tarde.
— Idiotas, solo saben hacerte sufrir —resoplé y bebí de mi botella— ¿Crees que sea mejor que me haga lesbiana?
Alec soltó una enorme carcajada e hicimos un brindis con nuestras botellas, por esos amores perdidos y por aquellos que vendrán. Estuvimos un largo rato hablando sobre nuestras penas de amor, él me escuchaba muy bien, digo, él realmente me escuchaba y no fingía hacerlo como la mayoría de los hombres –siente la indirecta Edward–, y sabía qué decir en el momento exacto, era jodidamente perfecto.
Íbamos cerca de la octava botella de cerveza, la cual estaba trayendo algunas –muchas y severas– repercusiones en mi querido sistema motor, me costaba un poquitín articular las palabras, pero pasaba desapercibido según Alec.
— S-su nariz-z es-s enor-rme Alec-c —puse mi dedo índice y pulgar en mi nariz para mostrarle el tamaño— ¡enor-rme! ¿Por-r qué me cambio por-r ella?
— Porque es un idiota, cariño —Alec me hizo cariño suavemente en la cima de mi cabeza, como si fuera un gatito enfurruñado— Los hombres son un tanto insensibles, no se dan cuenta de que las mujeres tienen la sensibilidad a flor de piel y el autoestima por los suelos.
— ¿Tú crees-s que s-soy bonita, Alec-c?
— Eres hermosa, Isabella.
— ¿Cierto? ¡S-soy jodidamente caliente! —le di el último sorbo a mi botella y me puse de pie lentamente para no llevar nada conmigo en el camino— Idiota, él s-se lo pierde. ¡Tú te pierdes-s es-sto Michael!
— Bien dicho hermosa, él se lo pierde —me agarré del brazo de Alec, quien mágicamente se encontraba de maravillas— ¿Hora de ir a casa?
— ¡Hora de ir a cas-sa! —chillé, un hipido salió en el proceso.
Mientras me iba tambaleando para salir del local desde el brazo de Alec, logré divisar nuevamente al monumento morocho que había estado observándome a lo largo de la tarde. Con el alcohol en mi sistema y sin inhibición alguna le guiñé un ojo "seductoramente" y me despedí de él con un leve movimiento de mi mano.
Luego de eso me tropecé con el tapete de la entrada.
Ah, que estás haciendo de tu vida Isabella Swan.
Pero como dicen por ahí, me enderecé y salí del local como si nada, siempre digna.
…
— ¡Soy soltero y hago lo que quiero! —canté –más bien grité–, dando unos pequeños saltitos y alzando mis manos al aire cuando íbamos camino a mi apartamento y yo iba prácticamente siendo cargada en brazos por Alec.
— Tranquila, si sigues saltando así nos iremos escalera abajo Bella y no quiere llevarte a casa con una contusión en la cabeza —Alec venía riendo mientras yo saltaba y chillaba cosas sin sentido alguno— Espero que no esté ese amigo tuyo o si no…
— ¿¡Pero qué mierda!? —demasiado tarde, Alec— ¿Qué pasó aquí? Joder, son las nueve y media de la noche y ella llega en este puto estado, ¿por qué mierda la dejaste beber tanto? ¿¡Qué clase de amigo eres!? Dámela —sentí como era cargada por otros brazos rápidamente.
— No te enojes-s, Eddie —traté de hacer un puchero, pero creo que no resultó.
— No me vengas con esas caras ahora —me tomó en brazos sin hacer ningún tipo de esfuerzo y luego se giró hacia donde estaba Alec— Y tú, vete antes de que te parta esa cara que tienes —vi a mi amigo estremecerse un poco.
— Bien, hora de irme Bells. Nos texteamos —besó mi mejilla y se alejó rápidamente.
Edward abrió la puerta de nuestro apartamento mientras yo iba cantando "había una vez un barco chiquito". Creo que Edward estaba enojado, pero no podía enfocar realmente su cara, por ende, tenía cerca de cinco Edwards enfrente a mí y todos estaban difusos. Giraban alrededor de mi cabeza, como los pajaritos cuando en las caricaturas alguien se golpeaba la cabeza.
— Eres una borracha —me tiró –literalmente– al sofá sin ningún cuidado— Cualquiera se podría haber aprovechado de ti en ese estado. ¿Qué hubieras hecho entonces?
— Bah, me haca fal-lta. Hace unos-s… —comencé a contar, o traté de hacerlo, cuantos días he estado desprovista de sexo— ¡Dos-s putos-s mes-ses! Joder —Edward rodó los ojos y me quitó los zapatos de tacón bruscamente.
— ¿Sabes? incluso yo podría aprovecharme de ti ahora, Isabella —habló, ignorándome por completo.
— ¿Quieres-s aprovecharte de mi, Edward? —me encogí de hombros y abrí mis piernas con desanimo— Es-sta bien, adelante. Pero s-solamente la puntita o me quedaré dormida.
Edward se carcajeó de mí y luego me tomó en sus brazos nuevamente. Suspiré y me sujeté de su cuello con mis brazos, descansando mi cabeza en la curva de su cuello, desgraciadamente estar en esta posición con mi querido amigo me trajo recuerdos amargos que estaba tratando de olvidar, ¡por eso había ingerido tanto alcohol y mira lo que sucede Isabella!
Pero la mente se manda sola, diablos.
…
— ¡Shh! —solté una pequeña risita cuando tropecé con el buró.
La ronca risa de Mike se escuchó tras de mí, erizando los vellitos de mi cuello. Caminamos con sumo cuidado para no hacer ningún ruido, yo sostenía mis tacones en mis manos y trataba de esquivar las prendas de ropa que estaban esparcidas por todo el suelo de la pieza.
— Creo que te hace falta una limpieza.
— ¿Por qué estás hablando despacio? No hay nadie más en el apartamento, solo somos tu y yo Bella —solté una risita nuevamente. Mike se acomodó tras de mí de improvisto y rodeó mi cintura con sus brazos, pegando mi espalda contra su pecho. Jadeé— Creo que no dejaré que vuelva a beber vino, mi dulce señorita.
Y en un segundo mis pies dejaron de toca el suelo, me agarré firmemente al cuello de Michael con mis brazos y volví a reír tontamente, escondiendo mi rostro en su cuello. Su aroma estaba causando estragos en mí que difícilmente tenían que ver con el alcohol. Más bien tenían que ver con él y yo en una cama, en su cama para ser más exactos.
— Te quiero, Mike —murmuré, sacando mi cabeza lentamente de su escondite para observar sus sonrientes ojos. Besó mis labios con dulzura y me dejé llevar por el momento, el alcohol en mi cabeza y algo más que estaba sintiendo.
— Yo te adoro, Isabella.
…
— ¿B-Bella? —me acurruqué mas junto a Edward, escondiendo mi rostro de él— ¿Pequeña? ¿Estás llorando? —me negué a hablar, sintiéndome completamente estúpida por llorar— ¿Qué sucede, cariño?
— S-sucede que M-Mike es-s un imbécil y lo odio —Edward suspiró y besó mi cabeza con dulzura.
— Juro que mataré a ese idiota, ¿tanto lo querías princesa? —mi querido amigo comenzó a mecerme sobre sus brazos como si fuera un bebé. Solté una risita ante su acción, me despegué del calor de su cuerpo y limpié las lágrimas de mi rostro para luego dejar un fugaz beso sobre sus labios.
— ¿No te aprovecharas-s de mi entonces-s? —le dije, cambiando de tema y haciendo un puchero.
— ¿Estás loca? Si lo hago no querrás "solamente la puntita" —y nuevamente movió sus cejas de arriba abajo, sin borrar la traviesa sonrisa de su rostro.
— Oh, lo olvidaba —rodé mis ojos mientras Edward me dejaba sobre mi mullida cama— ¡Edward y su oh-tan-gigantesca verga!
— El que puede, puede —dijo, encogiéndose de hombros con fanfarronería.
— Y el que no, lo inventa —le saqué la lengua, haciéndole un gesto con mi dedo índice y pulgar, mostrándole como de pequeño era su miembro. Luego cerré mis ojos por un momento— Al menos… ¿Me mostrarías tu delicioso sixpack? Haz a tu amiga feliz, lo necesita.
— ¿Quieres que me quite la polera, pervertida? ¿No te bastó con ver mi trasero esta mañana?
— Uhu, la polera, los pantalones-s, los bóxers, si des-seas mostrarme tu bonito tras-sero otra vez —me encogí de hombros. Edward rodó sus ojos y en un segundo su polera desapareció, dejando al descubierto su torso.
Ah, estúpido ¿por qué estaba tan bueno?
— Bien, as-sí es-s más agradable hablar contigo —Edward sonrió y negó con su cabeza repetidamente.
— No hay caso contigo, Bells.
— Nope, no lo hay —era realmente reconfortante observar a Edward sin polera. Una imagen digna de grabar en la retina, gracias al cielo tenía el original en casa y podía mirarlo todas las mañanas de la vida— Ed, no vuelvas a tratar a Alec de esa manera, el solo estaba ayudando a una amiga, como tú lo estás haciendo ahora.
Estaba comenzando a recuperar la habilidad del habla.
— Yo no te estoy embriagando.
— No, pero me estas calentando, creo que será mejor que te pongas esa polera —resopló y volvió a colocarse la polera lentamente. ¡Adiós amigos sixpack, nos veremos luego!— Además, necesitaba un poco de alcohol en mi cuerpo, y necesitaba hablar con alguien sobre lo que pasó.
— ¿Y no puedes hablar conmigo acaso?
— ¡Lo he intentado, pero siempre escuchas los primeros cincos segundos!
— Eso, Isabella —le dio un suave toque a mi nariz—, es porque hablas mucho.
— Alec es comprensivo y me escuchó atentamente durante toda mi historia, toda Edward. Principio a fin, desde que conocí a Voldemort, hasta que me traicionó con la bruja del cuento.
— Bueno, yo podría intentar escucharte sin necesidad de que te emborraches de este modo y tan temprano.
— Hmpf, como sea papá —rodé mis ojos— Alec me dice que soy bonita.
— Yo también lo hago… —Edward se quedó callado por un momento en el cual me dediqué a alzar mi ceja esperando que mintiera con algo— Lo hago, ¿cierto? Si, alguna vez lo he hecho… Déjame pensar cuando fue…
— ¡Eres un mentiroso! Siempre te andas riendo de mi, y de cómo mi cabello parece un nido cuando despierto, y de mis dos pies izquierdos y de mis senos pequeños ¡No es mi culpa no tener los pechos como Rose! Eres el peor amigo.
— Tus senos no son pequeños, nunca he dicho eso.
— "¡Bella, encontré tus pechos! Uh, lo siento, solo eran un par de limones" —Edward soltó una pequeña risita ante el recuerdo de aquel día de compras en el supermercado— ¿Lo ves? No sé por qué somos amigos.
— ¡Hey! Tú también eres mala conmigo, además, esa vez fue chistoso —le saqué la lengua causando una nueva risita en él— Si tanto te gusta el grandioso de Alec, entonces ve y cásate con él, es perfecto ¿no? ¡Has encontrado a tu príncipe nuevamente Swan! —solté una risita y me acomodé en mi cama de costado— Ten tu teléfono celular, tienes un mensaje de tu querido señor perfecto.
— Gracias, zopenco —tomé el celular entre mis manos y suspiré— Te quiero.
— Te quiero más, pequeña, duerme bien y tal vez mañana piensa sobre tu propuesta de "solamente la puntita" —le lancé un cojín mientras el reía y cerraba la puerta de mi habitación tras de sí.
Cuando Edward se largó de mi habitación, dejándome ahí en las penumbras de esta, solté un suspiro y comencé a rebuscar el mensaje en mi teléfono celular. Pestañeé repetidas veces para enfocar la mirada, luego entrecerré mis ojos encontrando finalmente el ángulo para poder ver las letras… Solté una gran carcajada cuando leí lo que mi querido amigo me había escrito.
Alec y sus ocurrencias:
"Demonios, por muy antipático que ese amigo tuyo sea, cada vez que se comporta así de macho conmigo me dan unas ganas enormes de prestarle mi culo por toda la jodida noche sin descanso alguno, creo que con él valdría la pena no poder sentarse durante una puta semana.
Duerme bien y no pienses en hombres, son unos idiotas desde que nacen, ya no hay nada que se pueda hacer.
Las chicas estamos para apoyarnos mutuamente, cariño.
Besos, Alec".
Casarme con Alec.
Podría, si fuera hombre.
«¡Has encontrado a tu príncipe nuevamente Swan!»
Mi príncipe rosa… aunque le quedaría mejor el término de princesa.
¡Buenas Tardes!
Aquí les traigo el tercer capitulo, espero lo disfruten y no sean malas con Bella (?) solo ha pasado una semana, he visto chicas peores a como esta ella cundo han pasado cerca de dos meses, así que tiene todo el derecho la pobre XD este es el capítulo... ¿tres? ah, mierda, ni siquiera se en que capítulo vamos, alguien tiene que pegarme para espabilar o algo, lol. Bueno, sí, es el tres, y en el cinco vendrá un capítulo especial del muchacho al que todas esperamos, el mejor folla-amigo que pueda existir... ¡tin, tin, tin! ¡Edward señoras y... señoras! ya tengo todo planeado (?) ¡Espero disfruten del capitulo tanto como yo disfrute escribirlo!
Pronto tendrán noticias de Primerizo, estoy en proceso de escribir el capítulo y ya no queda mucho para terminarlo ;)
¡Muuuuuuuuuuchas gracias a todas por el apoyo, reviews, alertas y favs!
nos estamos leyendo luego.
Lamb.
