Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Cada príncipe con su color.
Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." Todos Humanos. Bella&Edward.
Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)
Capítulo 4: Príncipe...¿Príncipe-sa?
"Cada príncipe con su color"
Puede que en mi intento de olvidar y ocuparme en algo que me distrajera de los recuerdos y cosas extrañas como esas, haya abierto un blog. Un blog. ¡No sé qué jodida mierda iba a hacer yo en un blog! Si con suerte lograba recordar la contraseña del Facebook –el cual he ignorado para fines propios por aquel desliz de cambio de relación sentimental–. Pero ahí estaba, un blog en colores pasteles, muy girly, tal y como yo.
¡Ja!
"¿Príncipes azules? Claro, sí que los hay… en las películas animadas de Disney que ven nuestras hermanas pequeñas y nosotras a escondidas. Pero tranquilas, que a eso vengo yo… Mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año.
Y siempre recuerden esto:
¿Azul? Eso ya pasó de moda".
Sonaba como aviso de comercial o algo parecido, pero esa era la primera entrada que tenía mi blog. Creo que el tiempo libre me estaba realmente haciendo daño, antes no hallaba la hora de dejar el trabajo y llegar a casa para relajarme un rato mientras Edward le daba un orgásmico masaje a mis pies –cosa que nunca hizo, pero una chica tiene derecho a soñar– y ahora incluso prefiero escuchar la vida de las penosas personas de Nueva York.
Pero al parecer mi misión de vida era instruir a las mujeres para que no fueran tan ingenuas e idiotas como yo y así ningún hombre las engañara y les hiciera creer que era el príncipe encantado cuando solo se trataba de un podrido sapo. Azul, verde, amarillo, naranjo… el jodido color que fuera, los príncipes solo salieron de la imaginación del señor Walt Disney para así poder joder nuestra psiquis de por vida.
La segunda entrada de mi blog daba una pequeña explicación sobre aquellos pseudo-príncipes que me he encontrado a lo largo de mi hermosa y bastante corta vida:
"Príncipe Azul: Denle un caluroso saludo al cliché de todos los tiempos, al caballero que deja caer su capa para que tus adorables pies no pisen aquel charco que se encontraba en el suelo, ese que abre la puerta de su carroza para ti, el que pone su chaqueta sobre tus hombros cuando tienes frío… el que hace eso contigo y con muchas otras más. Es increíble leer todo lo que puede hacer, lo más increíble es que lo ponga en práctica.
Príncipe Oscuro: "Oscuro" no es exactamente un color, pero como "negro" solo es la ausencia de luz, por ende, la ausencia de color, lo dejaremos así para fines prácticos –y no soy cerebrito, Wikipedia es mi perra–. Entiéndase a este espécimen como un tipo del inframundo, amante de la oscuridad que te hechiza con unos colmillos mas buenos que el mismísimo infierno –tampoco digo que el infierno es bueno, no te preocupes señor Jesús, amén– Créanme cuando les digo que "besos en el cuello" tendrá otro significado con uno de estos.
Príncipe Rosa: Es perfecto, tanto externa como internamente. Te dice cuan hermosa eres aunque seas el adefesio mas jodidamente feo que haya pisado el universo, te dice que nadie te merece por lo buena que eres, te ayuda a elegir tu vestimenta, te dice que está "in o out" en el mundo de la moda, te acompaña a hacer shopping sin rechistar… Oh, ¿mencioné que también le mira a los hombres su entrepierna?"
— Bueno, no es tan aburrido después de… ¡Oh, tengo un seguidor!
— ¿Seguidor en qué? —levanté la vista de mi laptop para ver a Edward asomado por la puerta de mi habitación.
— En mi blog —le dije, con aires de suficiencia, tenía mi primer seguidor, ¡yay!
— ¿Qué vendrá después?, ¿tendré que aguantar que mi ropa este llena de pelos de gato? —Rodé mis ojos y le lancé un cojín— Iré al taller, acaba de llegar una camioneta y los chicos tienen problemas para encontrar el defecto. Jodidos idiotas, no se para que los contraté, ¿cómo no van a poder abrir la puta camioneta e inspeccionar?
— No seas así, Ed. Tómalo como que eres el más genial y necesitan de tu sabiduría en esto.
— Soy el más genial.
Lo dejé de escuchar cuando su ego se hizo tan grande que ocupó mi habitación entera y me costaba respirar. Si Edward iba al taller podía cambiar mi deplorable tarde por una muchísimo mejor. Apagué mi computadora rápidamente y me coloqué un short de mezclilla azul claro, un canguro gris y unas cómodas Vans a juego. Así parecía de veinte años y lo amaba, estaba teniendo una especia de crisis por la edad e incluso el otro día había llorado pensando en que estaba a punto de llegarme la menopausia.
— Bien, ¿a qué hora nos vamos?
— ¿Por eso te vestiste tan rápido? —Asentí ante la aturdida mirada de mi amigo— Eres… tienes que dejar a los chicos trabajar, mierda Bella no puedes ir con ese short, serás una distracción, ¿en qué estabas pensando? Ponte un pantalón y cúbrete.
— Edward, por favor no me jodas, estaré tranquilamente sentada en el sofá observándolos trabajar.
— Si, y ellos estarán tranquilamente trabajando observando tus piernas.
—¡Edward! —rodó sus ojos y bufó.
— No tienes porqué venir al taller conmigo, Bella.
No, no tenía por qué hacerlo, pero quería hacerlo. Era el mejor lugar donde una chica podía recrear la vista y Edward no me quitaría ese privilegio. Envídienme porque tengo un pase VIP por ser la amiga de uno de los dueños. Suspiré y me enganché de su brazo, para que así no me dejara sola y desamparada en casa haciendo completamente nada, le hice ojitos y solo me bastó pestañear rápidamente tres veces y colocar un semi-puchero para que mi chico asintiera.
¡Yay!
— Sabes que me gusta ir al taller —le dije, mientras caminábamos hacia La Abuela— ¿Alguna adquisición nueva a la que deba darle el visto bueno? —Edward rodó sus ojos y rodeó la camioneta. Me subí a ella en silencio, con una sonrisita en mis labios.
— La verdad es que sí —me contestó cuando echó a andar la camioneta—, y creo que te gustará —agregó, con una sonrisita de diversión plasmada en sus labios.
— ¿Enserio? Descríbemelo.
— ¿Qué? Joder, no. ¿Es que acaso piensas que lo ando mirando o algo? —Edward frunció sus labios. Rodé mis ojos ante su estúpida réplica, ¡tenía que haberlo visto, demonios! Un "Alto, musculoso y bien dotado" no le hace daño a su hombría.
— ¡Vamos, Ed! Solo dime como es, ¿es de tu porte?, ¿tiene tu físico?, ¿es igual de guapo que tú? —Edward rió y negó con su cabeza un par de veces— No seas malo, deja que lo imagine por un momento.
— Si quieres que sea de mi porte, tenga mi físico y sea guapo como yo —alzó sus cejas destacando aquella parte, lo ignoré completamente— ¿Por qué coño no te metes conmigo?
— Porque eres Edward, duh.
— Qué descubrimiento, genia.
El resto del camino lo pasamos en silencio, mi cabeza de igual manera quedó rondando en aquellas palabras que Edward había dicho. Puede que tenga un poco de razón, en mi defensa puedo decir que él es el único chico caliente que conozco hasta el momento, ¿con quién mas voy a comparar? Mike era más bien el tipo de chico "Casémonos y tengamos muchos hijos" mientras que Edward era el tipo de chico que al mirar tu estábamos como "Rompe mis jodidas bragas con tus dientes".
La diferencia estaba clarísima.
Cuando llegamos al taller de Ed, "Need for speed" –ignoremos el hecho de que Edward pasaba noches enteras en vela jugando en su querido Xbox 360 a ese bendito juego– me ayudó a bajarme de un salto de La Abuela, había tenido algunos precarios accidentes en el pasado ya que el tope de la camioneta y el suelo estaban a una altura considerablemente peligrosa para mis pies.
— Bienvenida al paraíso, tú solo siéntate por ahí y no toques nada —resoplé y lo seguí a interior del taller— Y cúbrete esas piernas —nuevamente ignoré su diatriba, a él se le daba muy bien eso de "amigo protector"… Sé que la cosa era "hermano protector" pero nunca en la vida podría imaginar a Ed como mi hermano, eso sería… Bueno, sería incesto.
Finalmente estábamos dentro del taller, el orgullo de Edward.
El lugar era realmente espacioso, los chicos ya estaban trabajando en alguno que otro auto. Edward se dirigió a una camioneta enorme, si no me equivoco es una Montero, algo se aprende viviendo con este monstruo. Estaba conversando con el grandote, quién sonrió en mi dirección como saludo, a lo que le correspondí alegremente. Caminé hacia unos sofás que habían puesto –lejos de la carrocería, pero bastante cerca para admirar– para mí. ¿Ven? Eso de ser VIP no era en broma.
Estaba a punto de comenzar el show.
— ¡Eh, pequeñuela! —Emmett venía corriendo hacia mí con su brazo en el aire.
— Buenas, grandote —me levanté y besé su mejilla izquierda, luego volví a sentarme, sin quitar la vista de aquellos hombres que trabajaban en los automóviles sin parar— Ya era hora de que te viera por aquí.
— No es mi culpa que vengas en mis días libres, corazón —me guiñó un ojo— ¿Disfrutando la vista?
— Oh, no sabes cuánto.
No estaba prestándole mucha atención, por más apetecible que se viera en aquel overol azul marino, el cual tenía el cierra subido solo hasta sus caderas. El muy cretino sabía lo que estaba haciendo, todos ellos lo saben a decir verdad pero se hacen los jodidos ingenuos. Hombres, les encanta provocar aunque les cueste aceptarlo. Frente a mí se encontraban Paul y Sam. Los monumentos de Paul y Sam. Anteriormente había estado presente en el taller de Ed, acompañándolo, sin mirar mucho, como si tuviera una de esas orejeras de los caballos que me impidiera mirar hacia los lados mientras estaba con Mike.
Y también porque era idiota.
Pero no tanto, ¡já!
Porque esos chicos eran completamente difíciles de ignorar, se los digo. Hombres aborígenes con sus pechos al aire, sus bíceps trabajando mientras movían las herramientas de un lado a otro, engrasados trabajando bajo un Chevette del 77, un metro ochenta de pura testosterona a solo unos centímetros de mis tan necesitadas manos. ¡Alguien necesita agua por aquí!
— Vas a sufrir de una combustión en cualquier momento, enana. Mírate, estás toda orgasmeada ahí.
— Esa palabra ni siquiera existe, grandote.
— Nope, pero te describe perfectamente—se paró delante de mi obstruyendo la hermosa vista que estaba teniendo.
— Joder, quítate de en medio —lo empujé en vano ya que La Mole no se iba mover— Mira, Emmett querido. Estas caliente, no necesitas que te lo diga —Emmett comenzó a hacer poses a lo fisicoculturista— Pero, a diferencia de Jessica, yo sigo el código de amigas. Tu follas con Rose, estas simplemente descartado, te vuelves asqueroso a mis ojos, no existes, ew. Así que si me permites…
— ¿Qué tienen ellos que no tenga yo? —dijo, haciendo un adorable puchero.
— El culo virgen.
— ¡Joder!, ¿es que las chicas hablan de todo? Ese era un puto secreto —se acercó a mi amenazadoramente, lo cual me hacía bastante difícil aguantar la risa— No le digas a nadie, ¿sí?, y no se te ocurra decirle a Edward, porfis. ¡Eso solo era entre Rosie y yo!
— ¿Porfis?, ¿es enserio? —y no pude aguantar la carcajada que amenazaba con salir— ¿Estás seguro de que eres hombre? No quiero que juegues con Rosie de esta manera, ¿me has oído? —lo dejé callado. A un tipo de dos metros y puro músculo lo dejé callado, yo, con mis metro cincuenta y ocho y mis planas boobies.
— ¡Edward, Isabella me está molestando!—chilló mientras se alejaba de mi dando una grandes zancadas— ¿Por qué la trajiste?, ¡desde mañana no puede venir!
— ¡Le contaré al mundo tu secreto, que no se te olvidé! —le grité, haciendo que se congelara en su lugar y me mirara asesinamente cuando todos empezaron a atrincherarlo con preguntas como "¿Qué secreto?", "¿qué fue lo que hiciste ahora?", "¿finalmente descubrieron que tienes la verga chica?"
Edward observaba todo a lo lejos negando con su cabeza, luego me dio una mirada a mi e hizo ese gesto con los dedos de "te estoy observando". Rodé los ojos y me tiré en el sofá para seguir viendo la película que se rodaba frente a mis ojos cuando divisé una pequeña figura junto a Ed. No pequeña, más bien menuda. Desde mi posición se veía que medía cerca de uno sesenta y cinco, a más no poder, era considerablemente más bajo que Ed, pero…
Tenía un trasero de los mil demonios.
Ese overol le quedaba pegado a esa parte de su anatomía, un tanto respingón pero estaba bien puesto en su lugar. Algo tenían los hombres con trasero que me llamaban la atención, enserio, era un buen lugar para afirmar las piernas, si saben de qué hablo. Estuve a punto de chiflar como uno de esos hombres de la construcción, pero me contuve como la dama que era.
Isabella, solo siéntate y disfruta.
— Cierra la boca.
— ¿Es él? —le pregunté a Ed, que venía limpiando sus manos en un trapo sucio— ¿La nueva adquisición del taller?
— Oh, sí, es él —Edward rió y desordenó mi cabello. Hice una mueca ante el desagradable olor a grasa que desprendían sus manos y recé mentalmente para que no me hubiera manchado el cabello. Esa cosa era difícil de sacar, no iba a saberlo yo lavando la ropa del inútil de mi amigo.
— ¿Cuál es su nombre? —le pregunté, embobada mirando cómo se inclinaba hacia adelante para observar dentro del capó de la Montero y dejaba su parte trasera expuesta hacia mi inocente persona. Ahogué un gemido ante aquel espectáculo, ¡ya se los dije yo! Este era el mejor lugar de la tierra.
— Su nombre… Brandon.
— Brandon… —como el vocalista de The Killers, un punto más para el petizo— ¿Desde cuándo está trabajando con ustedes? —No es que me interese, en realidad quería preguntar si tenía novia o sería capaz de ayudar a esta pobre chica a alcanzar la gloria en una noche.
— Ya va un tiempo —Ed se encogió de hombros restándole importancia.
— ¡Edward, ya encontré el puto problema! Solo tenemos que cambiar las bujías (1) y el manifold de admisión (2) —siempre había encontrado estimulante escuchar a los chicos hablar con términos desconocidos para mi, a pesar de no entender lo que hablaban era… jodidamente sexy.
— Cabrón, ¿Qué mierda le habrá hecho a la pobre camioneta? Ella no tiene la culpa, esta gente no sabe como apreciar una de estas bebés —Ed rodó sus ojos— ¡Voy contigo enseguida para terminar esto!
— Edward, tienes que presentármelo luego —Edward me dio una mirada y frunció el ceño— ¡Es el último favor que te pido, lo juro! —bufó y asintió mientras se iba a para reparar las… las… algo con "jías" y "admisión".
Hice un baile interno de la victoria y nuevamente me acomodé en el sofá, sin quitar la vista de Edward y mi nuevo mejor amigo –Entre nos, próximo rollo de una noche para esta mujer desesperada–. El chico, a pesar de su estatura, era realmente masculino. La manera en la que se paraba, como si algo lo molestara ahí entre sus piernas, como golpeaba a Edward con su puño en el brazo y todos esos gestos que había visto en películas de chicos de fraternidad. Luego de estar analizando su comportamiento como si fuera uno más del team de Criminal Minds, vi como Edward se acercaba a mí con una sonrisa depredadora.
Excitante y escalofriante al mismo tiempo.
¿Qué iba a hacer este cretino?
— ¡Hey, Brandon!, ¡ven aquí, quiero presentarte a alguien!
Abrí mis ojos de par en par y comencé con un monólogo interno que empezaba algo así: "Isabella no hiperventiles y usa tus encantos de mujer, despliega tus mejores atributos –ajá, mis piernas– y ponte de pie junto a Edward para saludar al trasero del siglo". El chico, Brandon, se acomodó la gorra que estaba usando haciendo que así la visera cubriera su rostro, mientras se acercaba a nosotros. Hice una pequeña mueca al no poder ver su cara, pero la hora de la verdad vendría luego, y si su otra cara estaba para morderla, su rostro frontal debía ser hermoso.
Oh, mierda.
Oh, santísima mierda.
— ¿Quién? —Ed apoyó su codo en el hombro del recién llegado y sonrió hacia mí.
El muy bastardo.
— Te presento a mi queridísima y soltera amiga, Isabella Swan —Traté de sonreír relajadamente pero me era imposible, solo quería salir corriendo y esconderme en algún lugar, tal vez debajo de alguno de los autos en reparación y dejarlos caer sobre mi accidentalmente.
— Uh, u-un gusto —Estiré mi mano a modo de saludo, aún con la tensa sonrisa en mi rostro. Antes de coger mi mano se limpió la grasa en el overol y luego la agarró. Su mano era incluso más pequeña que la mía.
Joder.
— El gusto es mío —sonrió abiertamente y se quitó el gorro, desordenando su cabellera azabache— Mi nombre es Alice Brandon, los chicos me llaman por mi apellido todo el tiempo para no sentirse intimidados con una mujer en una habitación llena de testosterona, así que puedes llamarme como plazcas, dulzura —y me guiño un ojo.
Ella me había guiñado un ojo y yo no encontré nada más maduro que ruborizarme.
Bueno…
¿Podría llamarla mi Príncipe... sa?
Creo que habrá que cambiar el título de mi blog, no hay color alguno para describir esto.
(1) Es el elemento que produce el encendido de la mezcla de combustible y aire en los cilindros, mediante una chispa.
(2) es donde entra el aire y la gasolina hacia los cilindros.
¡Buenas Tardes!
Aquí les traigo el cuarto capítulo, espero les guste y lo siento por la demora :) Alguien me preguntó por Alice y Jasper... bueno, aquí está Alice XDDD Jasper también saldrá, así que no se preocupen por ellos que les tengo sus papeles listos –mentira, no se aun pero sé que saldrá, algún color habrá para él, de eso seguro–. El capítulo 5 viene la sorpresa de Ed, así que hay conocerán un poquito al amiguito de Bella que está bastante bueno (?) no me demoraré tanto subirlo, para esta otra semana estará si o si porque el capítulo ya está casi listo, solo faltan algunos retoque y voila, Edward como capitulo 5. Muchas gracias por sus rr y todas esas cosas, son un amor todas ustedes, enserio, espero que les haya sacado más de una sonrisa y sin más nos leemos luego :3
¡Muuuuuuuuuuchas gracias a todas por el apoyo, reviews, alertas y favs!
see you later alligator.
Lamb.
