Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).
Cada príncipe con su color.
Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." Todos Humanos. Bella&Edward.
Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)
Capítulo 6: Príncipe marrón.
"Príncipesa: Y no, no es que haya escrito mal "princesa" en italiano. Llamamos así al tipo de príncipe que… bueno, en vez de tener agradable aguijón entre sus piernas, tiene lo mismo que tú: una flor que lo espera. No se dejen llevar por las apariencias, y recuerden que antes de ver el trasero de un hombre y fantasear con ello, esperen que de la vuelta para ver si realmente se trata de un él y no un ella. (También podría tomarse como la opción final, para cuando nos demos cuenta de que los hombres son unos asquerosos cretinos y lo mejor sea cambiar de sexualidad)".
.
.
.
— Explícalo nuevamente, bebé.
Rose había apretado el botón equivocado debido a la impresión y la máquina trotadora en la que estaba la hacía correr a una velocidad del terror. En cambio yo, iba caminando tranquilamente sobre el aparato. Un día libre, y yo en el gimnasio acompañando a Rosalie, quien viene dos veces a la semana para así mantener su figura de infarto.
Mi cuerpo no estaba acostumbrado a ningún tipo de ejercicio, bastaba con ver el pequeño rollito en mi cadera que no me dejaba en paz y me torturaba día a día cuando me observaba al espejo, siempre aparecía ahí, era como si el muy bastardo me sonriera y dijera: "¿Es que acaso no te gustó esa hamburguesa con doble queso, las patatas fritas y la bebida extra grande?, ¿te gustó?, ¡pues no te quejes por mi entonces!" para darse cuenta de ello. ¿Ejercitar los dedos con el mando de la televisión o la computadora, sirve? Porque era una completa experta en ello, podría ganarme la medalla de oro en las olimpiadas si fuera un ejercicio valorado.
— ¿Qué quieres que te explique? Le propuse a Edward que tuviéramos sexo. Simple y conciso, no hay nada que explicar sobre eso. Edward y yo, más sexo, igual a una Bella feliz y con el dinero de las pilas recargables aun en el bolsillo.
— Te ofrecí prestarte a Emmett, hubieras tenido la mejor experiencia de tu vida… ¿Edward?, ¿estás segura de que se le para? Dudo seriamente de él y su capacidad sexual.
— Bueno Rosie, déjame decirte que yo soy la que vive con él, y te recuerdo que las paredes de nuestro querido apartamento no están insonorizadas, por lo tanto… —reí y rodé mis ojos— algo le hará a esas mujeres que trae a casa para griten tan jodidamente fuerte, ¿no crees?
— ¿Y si te pega algo?
— Y si… —abrí mis ojos de dos en dos. ¡Joder, no había pensado en eso! — ¡Oh, mierda! Tendré que preguntarle si está al día con sus chequeos en el hospital… gracias por recordármelo Rosie, no sé qué haría sin ti.
— Nada, por supuesto —mi rubia amiga sonrió socarronamente—. Ahora, me gustaría escuchar como coño le pediste que fueran follamigos. Enserio, ¿qué mierda de nombre es ese?
— Ah, solo… fue culpa de las películas. Ese día después de que Edward saliera, vaya a saber Dios donde, me quedé en casa para entretener a mi amiga que ha estado abandonada por un largo tiempo con el señor Bunny, luego de hacerla llorar de alegría me acomodé en la sala y me puse a ver Amigos con beneficios… ya sabes, esa donde sale Ashton Kutcher y Natalie…
— Esa es Amigos con derecho, la otra es donde sale Justin Timberlake y Mila…
— ¡Son putamente iguales! Amigos, se follan, se enamoran. Da igual el nombre de la película, captaste el punto —Rose rió— Y me dije: Bella, estás sola, tu vida sexualmente activa paso a nada de un día para otro, no te ha tocado nadie más aparte del señor Bunny… y luego está Edward, a unos pasos de tu habitación. Es hombre, tiene una espada y tú tienes un lugar donde él puede enfundarla muy bien.
— Estás jodida, cariño. Yo que tú me hubiera quedado con Alice, tal vez es una señal del señor para que experimentes otras cosas, ya sabes.
— ¡Pero si seguí sus señales! —suspiré recordando aquellas benditas señales— Diosito estaba ahí, ofreciéndome a Edward en bandeja desde hace unas semanas, la manzana prohibida, tal vez es una jodida prueba para ver si arregla mi vida de una puta vez o sigue cangándome la existencia. No sé como no lo vi antes. Las películas me ayudaron a aclarar mi mente…
Había tomado una buena decisión.
Sip.
¡Gracias por la señales, yisus!
…
Era deprimente escuchar los gemidos provenientes de la habitación de Edward a las diez de la noche cuando yo no tenía nada más que hacer que sentarme a ver una maratón de "The Vampire Diaries". Ian Somerhalder en gloria y majestad, si, lo sé, valía la pena que el trasero te quedara cuadrado por estar sentada todo el día viendo a ese hombre.
Pero Edward estaba a unos pasos de mi follando con vaya a saber Dios que fulana.
Y la envidiaba un poquito.
Solo un poquito.
— Incluso esta Elena se ha jodido a casi todos los tipos de Mystic Falls —resoplé y me crucé de brazos mientras observaba como Damon la tomaba entre sus brazos y la pegaba contra la pared.
Ah, putas suertudas.
Me puse de pie para ir a buscar un snack y así no llorar al ver toda la vida sexualmente activa que me rodeaba. Una puede ahogarse en comida chatarra sin sentir remordimiento hasta el otro día. Desgraciadamente tenía que pasar frente a la habitación de Edward para llegar a la cocina, cada paso que daba, cada vez se escuchaba más fuerte como la tipa gritaba y el sonido de la cama al rechinar.
Isabella, camina a paso rápido e ignora…
Edward era un vil asno.
Él lo hacía a propósito.
¿Quién en su sano juicio folla con la puerta abierta sabiendo que hay alguien en la misma casa que puede que tenga que transitar frente a la habitación del amor?, y sobre todo cuando ese alguien ha estado en abstinencia por unos meses.
Este era un acto de crueldad horrendo.
Me incliné hacia adelante para echar un vistazo, verificar que estaban ocupados en lo suyo y así poder pasar desapercibida para la pareja cuando me desvié completamente del cometido. Todo fue culpa del redondo y exquisito trasero de Edward y de cómo sus músculos se contraían cada vez que empujaba contra la mujer "x" que estaba bajo su cuerpo. Mordí mi labio inferior inconscientemente siguiendo los movimientos de sus caderas y me convertí en una sucia voyeur por un pequeño –bastante largo, a decir verdad– lapsus de tiempo. Era realmente espectacular y te daban unas ganas enormes de morder ese trasero.
Incluso me estaban dando unas ganas enormes de proponerles un trío.
¡Ew, Isabella!
¡Puto Edward y su trasero perfecto!
Creo que sí, era la hora de desenfundar al señor Bunny finalmente.
.
.
.
En el apartamento existían dos baños. El que era para uso comunitario y aquel baño que se encontraba incluido en mi habitación. El baño comunitario se había descompuesto hace más de una semana y aún esperábamos que viniera el tipo del edificio a ver qué coño pasaba, así que desgraciadamente Edward estaba tomando una ducha en mi baño.
Edward, mi amigo, el mismo que tiene unas costumbres extrañas y deja sus calzoncillos tirados en el suelo.
Y ahora el piso de mi habitación era el que sufría por eso.
— Puto cerdo asqueroso —tomé la prenda con la punta de mis dedos índice y pulgar y la mantuve a una distancia considerable de mi cuerpo. Ed tenía que dejar esta jodida manía, ¡en el baño había un canasto para la ropa, por todo lo santo!
Estaba a punto de entrar al baño, donde el idiota estaba tomando una ducha, para recriminarle sus obscenos hábitos a la hora de sacarse la ropa cuando lo vi. Había nombrado con anterioridad sus costumbres extrañas, más bien no extrañas, si no jodidamente exhibicionistas, porque en el mundo de Edward no había nadie más que él, por ende, ¿qué daño haría que se tomara una ducha sin cerrar la cortina de baño?
Así que sí, enserio, lo-vi.
En todo su esplendor se asomaba ahí mientras Edward enjabonaba su cabello, ajeno a que yo estaba completamente estupefacta observándolo. Era como si el muy bastardo me estuviera saludando, joder, que terrible agonía. ¿Por qué tenía que verlo a él?, yo solo iba a regañar a Edward y en cambio aparece su amigo defendiendo su honor. Era realmente difícil sacar la vista de ese punto de su anatomía, sobre todo cuando estaba erguido ahí orgullosamente como si se estuviera burlando de mí. Y lo estaba haciendo, ¿hace cuanto que no veía una verga? Podía hacerme pasar como virgen en este punto de la historia.
Debo apuntar que la de Edward era… hermosa.
Buena, tan hermosa como puede ser una verga, digo, ¿qué tiene de hermosa una cosa larga como una manguera, dura como una puta roca y con una cabeza que parece una ciruela? Absolutamente nada.
— ¿Quieres tocarlo ahora o solo te contentas con mirar?
Levanté la vista, desgraciadamente Ed había acabado con su cabello y me observaba con diversión y algo más allí en lo que no quise profundizar. No, no, ya estaba haciendo demasiada calor dentro como para profundizar en eso, estaba completamente segura del porqué sus ojos se había oscurecida de aquella forma, pero si pensaba en ello directamente lo más probable es que mi ropa acabe en el suelo.
Y no queremos eso.
¿No lo queremos?
— Oh, nunca tendrás esa suerte —le sonreí con mofa, mirando directamente a sus ojos para así dejar de mirar su hombría— ¡La próxima vez, deja tu jodida ropa interior en el puto canasto, Edward! —le lancé el calzoncillo que aun estaba en mis manos a su rostro y di media vuelta para salir del baño.
Si seguía ahí podría humillarme a mi misma poniéndome de rodillas.
No, Isabella, siempre digna.
— ¡Y la próxima vez que vayas a admirar mi jodida verga cierra la puta boca si no vas a usarla!
El muy cabrón.
…
—… Y la última señal, la tercera y por último, la vencida, fue cuando me dijo que estaba pensando en mi, estirada sobre la puta cama y él entre mis piernas —agarré la botella de agua mineral que estaba mi alcance y le di un corto sorbo mientras seguía con mi trote lento.
— ¡Esas no son jodidas señales!
— ¡Si lo son Rosie! —chillé, rodando mis ojos— Piénsalo, conozco a Edward hace ocho putos años y nunca lo había visto tal cual y como Lizzie lo expulsó de su vagina. A lo más su trasero, a lo más… ¡Y ahora ocurre eso la misma semana! Era como si su cuerpo se estuviera presentando a mí, ¿sabes? dándome una vista preliminar hasta que ¡boom! Me tira esa bomba de que ha estado pensando en mí sin ropa…
— Estás loca, completamente desquiciada, cariño. Michael se llevó uno de tus tornillos también a parte de tu corazón, estoy segura de eso —resoplé y apreté el botón de stopque tenía la máquina corredora para bajar de ella— ¿Me dejarás corriendo sola?, ¿qué clase de amiga eres?
— En primera, no sé porque vine al gimnasio, ¿cuándo he corrido en mi vida?
— Pero es un buen lugar para conversar —dijo Rose, bajando las revoluciones a su máquina para ir a un trote lento—, hay una vista que ni te digo… —comentó, devorándose con la mirada a un chico que estaba haciendo pesas unos cuantos pasos más allá— Y ese Adonis de por allí no ha dejado de mirarte desde que llegamos.
Le di un sorbo a mi botella de agua mineral y miré disimuladamente –como solo nosotras sabemos hacerlo– sobre mi hombro, en dirección a donde apuntaba Rosalie. Al lado del tipo que levantaba pesas había un morenazo con músculos por doquier, en una máquina mutante llena de pesas gigantescas que él levantaba con el dedo meñique, como si fuera la cosa más ligera del Universo. El tipo en cuestión se me hacía vagamente familiar. Entrecerré mis ojos y volví a beber de mi botella rebanándome los sesos para recordar el porqué se me hacia conocido.
Hasta que la campanita en mi cabeza hizo ¡ding, ding, ding!
¡Era el morenazo del bar!
El mismo al que yo le guiñé un ojo cuando iba dejando el lugar de manera deplorable con la ayuda de Alec. Ese que tenía músculos en sus músculos. Ese que posiblemente tenía un sixpack del terror y que ahora, al estar sin polera, me lo confirmaba. Ese que se había adueñado de mis bragas por completo. El tipo de piel oscura que guardaba un regalo para Isabella Swan bajo esos pantalones de ejercitar.
— ¡Joder! —fue lo único que salió de mis labios. Me giré para observar a Rosalie que, al igual que yo anteriormente, se lo estaba comiendo con la vista— Rosie, puede que yo haya hecho el ridículo frente a ese hombre. ¿Recuerdas esa vez que salí con Alec y me emborraché?
— Lo recuerdo, cariño —Rose siguió corriendo y yo me apoyé en su máquina, haciendo un puchero.
— Bueno… al salir del local yo le guiñé un ojo, me despedí con una seña de mi mano tratando de ser seductora —Rosie rió y negó con su cabeza— y luego tropecé con el tapete de la entrada —escondí mi rostro en mis brazos que estaban cruzados sobre la máquina—. Siempre tengo que andar haciendo el puto ridículo, gah.
— Uh, bueno, bebé, ahora no estás bajo los efectos del alcohol así que puede que lo hagas bien.
— Estás jodida si piensas que me acercaré a él.
— Nope, no pensaba eso, pero él está caminando hacia nosotras y… joder, gírate y velo, es como si viniera en cámara lenta. Como cuando los salvavidas de Baywatch (1)corrían a la orilla de la bahía —Rosalie mordió su labio inferior y aumentó la velocidad de la máquina— esos músculos… Bella, ¿qué mierda estas esperando?, ¡date vuelta!
Me atraganté con el agua cuando Rosalie me forzó a girar. Mi espalda estaba apoyada contra la máquina corredora, me encorvé un poco y comencé a toser a causa del agua. Genial segunda impresión. Cuando finalmente unos pies se detuvieron frente a mi comencé a levantar mi cabeza lentamente, recorriendo el cuerpo del espécimen en sí. ¿Qué?, ¿es que enserio creen que los hombres son los únicos que miran de esa forma a las mujeres? Mojigatas, a mi no me engañan.
— Hola, nena —estuve a punto de hacer una mueca por el "nena". Odiaba que los hombres dijeran nena. Era, me resultaba molesto, ¿qué tiene de sexy? "Hola, nena, ¿quién es mi nena?, ¿quién?" Ew — ¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este?
Oh Dios santo, eso era tan cliché.
Pero bueno, ¿qué no es cliché en esta historia?
— Uh, ho-hola —murmuré, golpeándome mentalmente por aquel pequeño tartamudeo— Una chica como yo está acompañando a un chica como ella —apunté a Rose— Es obvio, solo mira ese estómago plano y luego mira este pequeño rollito de aquí —comenté, tocando mi cadera. El chico rió y se apoyó en la máquina de Rose, quedando frente a mí y muy cerca.
Tenía una dentadura sacada de un comercial Pepsodent.
Estuve a punto de cerrar mis ojos encandilada por la blancura de sus dientes.
— Graciosa, me gusta —me guiñó un ojo y la chica de allá abajo palpito enloquecida— Tú eres la chica del bar, ¿cierto?
— La misma —le dije, haciendo una mueca con mis labios— Puede que no me hayas visto en mi mejor momento aquella noche —me encogí de hombros restándole importancia cuando en realidad me moría de la vergüenza.
— Esas cosas le pasan a cualquiera —volvió a reír— mi nombre es Jacob, por cierto —estiró su mano y fui despistada por sus bíceps por un pequeño lapsus. Tome su mano en la mía y la estreché.
— Isabella, un gusto Jacob —sonreímos a la par. Rosalie carraspeó a mis espaldas y rodé mis ojos— Y ella es Rose, mi mejor amiga —la apunté con mi pulgar y la muy bribona se ganó una sonrisa arranca bragas por parte de mi nuevo amigote.
— ¿Acabaste con la corredora? —me preguntó, estirando su brazo para apuntar la máquina, y de paso hacia un gesto con este para que así sus músculos se marcaran. Asentí un tanto embobada— ¿Qué te parece ir por las pesas?
— Oh… —comencé a reír como enferma— ¿Estás loco?, ¿has visto estos? —alcé mis escuálidos brazos sin fuerza alguna— Ni en sueños, no me podré ninguna de ellas, ¡ni siquiera podría con las pesas de peluche que se hizo Bob Esponja! —frunció el ceño y ladeó la cabeza a la derecha.
— ¿Bob Esponja? —preguntó confundido, ladeando su cabeza.
Escuché un pequeño "Oh por Dios, no" susurrado por Rosalie pero en lo único que yo pensaba era:
¿Quién demonios no conoce a Bob Esponja?
— ¿Una esponja amarilla, cuadrada, que vive debajo del mar, de dudosa reputación sexual, que tiene como mejor amigo y/o compañero si lo prefieres, a una estrella de mar rosada? —el chico se veía totalmente perdido— ¿Enserio no lo conoces?, ¿enserio?
— Uh, no, yo nunca he escuchado de eso, ¿qué es?, ¿una nueva marca de esteroides?
— O-olvídalo —moví mi mano, tratando de restarle importancia al asunto. Bob Esponja era la caricatura favorita de Edward y mía, nos reíamos como idiotas cada vez que la veíamos, simplemente no puedo creer que alguien no sepa quién rayos es Bob— ¿Las pesas, dices?
Y la sonrisa volvió a su rostro…
… Pero por poco tiempo.
— ¿Belly Pocket?, ¿escuché bien o la pequeña irá a las pesas? Muchachote, creo que deberás reconsiderar eso, puede que la enana se quede atrapada bajo ellas y este de acá te mataría —desde algún lugar del inframundo apareció Emmett, apoyando su brazo sobre el hombro de Jacob como si fueran amigos de por vida— ¿Qué onda, Jake? —bueno, tal vez si lo sean.
— ¿Quién dices que me mataría? —preguntó Jacob, frunciendo el ceño.
— Yo, por supuesto.
La voz provenía desde mi espalda, la conocía tan malditamente bien que me odiaba un poco por ello. Edward no podía venir aquí y simplemente arruinar "el momento" que estaba surgiendo entre Jacob y yo. Ya saben, tal vez el me mostraba alguna maniobra en las pesas que se yo que cosas hacen los hombres en los gimnasios para impresionar a una mujer. Pero con Edward aquí todo sería un chiste, y más si estaba con el idiota de su amigo.
Joder, enserio él parecía mi hermano mayor en algunos aspectos.
— ¿Qué estás haciendo tú aquí? —murmuré entre dientes al simio que tenía a mi lado.
— Cullen, creo que no estás en el derecho de amenazar a alguien —comentó el moreno, cruzándose de brazos y haciendo que sus pectorales se marcaran aún más. Cada movimiento de este hombre hacía a su cuerpo verse un poco más apetecible de lo que ya era.
— Carajo, Emmett, ¿te diste cuenta? El idiota pudo unir más de tres palabras en una oración, ¿qué coño le hiciste Bella? —Edward pasó su brazo por mi cintura y me atrajo hacia sí, para dejar un baboso beso en mi mejilla— Es un gimnasio, tengo membrecía, vengo aquí todos los putos viernes en la tarde, la pregunta sería ¿qué estás haciendo tú aquí, pequeña Bella? —rodé mis ojos y resoplé— Pero ya, enserio, ¿qué fue lo que le hiciste y de donde lo conoces? —susurró junto a mi oído, solo para que yo escuchara.
Fruncí el ceño indignada.
O sea, primero el muy puto arruinaba la oportunidad de mi vida de poder cumplir una de las tantas fantasías sexuales que tiene una mujer, la cual es poder coger con un nativo americano que tenga un miembro descomunal para ver que se siente que te partan en dos, y segundo, Edward me estaba exigiendo explicaciones, él enserio me estaba exigiendo explicaciones.
— Rosie, te ves completamente deseable en esa máquina, podría estar todo el día mirando como corres y así apreciar el suave rebote de tus pechos —creo que Rosalie se tomó las palabras de Emmett como un cumplido porque volvió a aumentar la velocidad de la máquina— Si no les importa, le haré compañía a esta hermosura.
Y sin más se subió a la máquina que yo estaba utilizando con anterioridad.
— Bueno, entonces si todo vuelve a su orden, ¿no tenías que enseñarme a usar esas máquinas, Jacob? —me alejé un poquitín de Edward y le sonreí al hombre frente a mí, quien estaba teniendo una extraña competencia de miradas con el neandertal de mi amigo.
— A la mierda, si te quiebras algo no vayas corriendo donde mi Bells, estaré… —su mirada se desvió y cuando la seguí pude ver que una rubia teñida le hacía ojitos a lo lejos— Creo que estaré algo ocupado en el sauna —sonrió felinamente y dejó una suave palmada en mis pompas— Te la presto por ahora, Black. No la vayas a espantar con tu inteligencia —y con una risita sardónica se alejó de nosotros.
Estaba siendo cruel deliberadamente con el pobre hombre.
— Bien, ven, te enseñaré algunas cosas.
Y como si no lo hubieran llamado estúpido con anterioridad, jaló de mi mano y me llevó a esas máquinas monstruosas con pesas por doquier. Estaba repleto de hombres con unos cuerpos de infarto, aunque había algunos un tanto exuberantes para mi gusto personal. Eran… Solo tenían muchos músculos, muchos, demasiados, en cualquier momento explotaban como un jodido globo. Incluso había chicas así. Dios, ¿cómo les puede gustar lucir así? Preferí mil veces tener a mi amigo "el rollito de la cadera" de mi parte.
¡Gracias McDonald's!
— ¿Para qué sirve esto? —le pregunté, apuntando la máquina en la que se estaba sentando. Jacob me sonrió y acomodó sus brazos en el fierro que sostenía las pesas de treinta y cinco kilos cada una. Estaba sentado en un extremo de la máquina, una especie de apoyo se encontraba en su tórax el cual lo ayudaba mientras el comenzaba a levantar las pesas.
— Para trabajar brazos —comentó, haciendo un mínimo esfuerzo al levantar las pesas. Me fijé en como flexionaba sus brazos y en las pequeñas venitas que se marcaban gracias a la fuerza que estaba haciendo— bíceps y tríceps, más que nada.
— Whoa, pero, ¿son necesario setenta kilos? —pregunté, frunciendo el ceño sin quitar la vista de sus brazos.
— Bueno, no… —sonrió dándome una leve mirada— son cosas que hace uno para impresionar —y me guiñó un ojo. Reí quedamente, hombres y sus extraños métodos, nunca lograría entenderlos— Y dime, Isabella, ¿qué es lo que haces por la vida?
— Ah, bueno, ya sabes, un poco de todo —me encogí de hombros y me senté en una maquina que estaba frente a él— Trabajo como telefonista, no es el mejor trabajo pero ayuda a pagar las cuentas. Estuve así de cerca —junté mi dedo índice y pulgar para mostrar la distancia— de entrar a la Universidad, pero bueno, el dinero es escaso en esta época así que para otra vida será.
— ¿Y qué querías estudiar? —me preguntó con esfuerzo, el sudor estaba comenzando a aparecer en su rostro debido al peso que estaba levantando. Suspiré y me acomodé un poco más en el asiento.
— Ah, artes —volví a reír—, no es como si al estudiar eso me hubiera dado muchos ingresos tampoco, pero bueno, tampoco aspiraba a ser la nueva Dalí o algo por el estilo. ¿Qué hay de ti, Jacob?, aparte de levantar cosas, ¿qué haces?
— Uh, bueno, estuve en la Universidad gracias a una beca deportiva —hizo una mueca con sus labios y dejó caer las pesas, apoyó sus brazos en el apoyo que yo nombré anteriormente y me dio una nueva sonrisa—. No estuve mucho, no servía para… Bueno, no era muy bueno en las matemáticas…
— ¡O en historia! —chilló Emmett, aun corriendo junto a Rose.
— ¿Qué pasó con historia? —Edward venía acercándose a nosotros, su cabello estaba alborotado y sus ojos brillaban con satisfacción. Se sentó junto a mí y le dio una mirada entre burlesca y divertida a Jacob— ¿Estás hablando sobre tus logros académicos? Joder, necesito escuchar esto.
— ¿Por qué no le dices a tu amiga que te de otra mamada mejor?
— Shh, Isabella —Edward colocó sus dedos en mi boca para hacerme callar— estás hablando mucho pequeña, deja que el hombre siga con su conversación.
— ¡Saca! —chillé, empujando su mano lejos— ew, Edward, solo… Ew.
— ¿Qué? —me preguntó y luego soltó una gran carcajada— No exageres, que ella tiene lo mismo que tu allá abajo —se encogió de hombros.
— Oh Dios mío, eres un asqueroso, ¿te lavaste las manos al menos?
— Por supuesto que sí.
— ¿Te gustaría que yo hubiera manoseado la verga de alguien y luego pasara mis manos por tu cara? No, no te gustaría.
— No, por supuesto que no me gustaría —una sonrisilla apareció en sus labios nuevamente— Al menos que fuera la mía, esa sería otra historia…
— ¿Qué fue lo que sucedió Jacob? —volví mi atención al chico frente a mí, ignorando por completo a Edward.
— Me despidieron —comentó, encogiéndose de hombros. Sentí una pequeña risita a mi lado y le di un codazo a Ed para que mantuviera la boca cerrada— Pero me dije: ellos se lo pierden, no yo.
— ¿Te echaron?, ¿eso quisiste decir? —asintió— Oh, ¿y qué fue lo que hiciste?
— Reprobó todos las putas materias, eso fue lo que hizo —Edward soltó una gran carcajada— Cuéntale de esa vez que tenías clase de Álgebra, por favor hazlo, es la mejor historia.
— Edward, basta —murmuré.
— ¡Pero si el chico es un idiota! —Ed me rodeó con su brazo y volvió a reír— Vamos Jacob, dime, ¿cuánto es siete por ocho?
Bueno, si Edward se estaba burlando del pobre Jacob que necesitaba utilizar sus dedos para multiplicar siete por ocho, no era la gran cosa. Yo también lo hacía cuando había que sumar y esas cosas, digo, putas matemáticas, es culpa de ellas y como nos arruinan la existencia. Jacob estaba realmente concentrado tratando de llegar al resultado de la multiplicación, Edward se acercó a mi oído y susurró:
— Tienes que dejar de conseguir puros idiotas.
— La mayoría de las personas tienen problemas con las matemáticas —lo excusé, observando cómo Jacob fruncía el ceño completamente concentrado en lo que estaba haciendo.
— Él solo sabe hablar de su cuerpo, de cómo sus bíceps crecen al hacer pesas, de cuánto tiempo le ha tomado desarrollar esos abdominales… solo espera y verás, pequeña.
— Estás envidioso porque su cuerpo es más apetecible que el tuyo, idiota.
— Oh, ¿eso es lo que piensas? —me preguntó, sin dejar la sonrisa. ¿Por qué tenía que sonreír con todo?— ya veremos si luego sigues pensando igual, cariño.
— ¡Cincuenta y seis! —chilló Jacob, sacándonos de nuestra pequeña discusión. Una adorable sonrisa adornaba su cara haciéndolo ver más joven. En realidad, parecía un pequeño cachorrito. Aw, daban unas ganas enormes de abrazarlo y… toquetearlo y hacerle muchas cosas.
— ¿Y cuánto es ocho por siete? —rodé mis ojos ante la estúpida pregunta de Edward.
¡Le había preguntado exactamente lo mismo hace solo unos minutos!
— ¡Joder, Cullen!, ¿enserio me harás contar con mis dedos otra vez? —preguntó Jacob frustrado, haciendo una mueca con sus labios. Suspiré y cerré mis ojos por un momento— Ocho por una ocho, ocho por dos dieciséis, ocho por tres veinticuatro… Ocho por cinco cuarenta… Ocho por siete… Ocho por siete ¿cincuenta y cuatro?
— ¡Cincuenta y seis, joder!, ¡siete por ocho y ocho por siete es lo mismo! —chillé exasperada. Jacob ladeo su cabeza y volvió a hacer una mueca con sus labios sin comprender del todo.
— Te lo dije, pequeña. Él es un idiota sin cerebro, ¿para qué mierda quieres relacionarte con alguien así?
— Edward, basta. Solo… Deja de insultarlo —suspiré pesadamente, Ed se estaba portando demasiado antipático con el pobre chico— Un error, un pequeño error que cualquiera comete.
— Jacob, la palabra imbécil, ¿es aguda, grave o esdrújula?
— ¿Eh?, repite la palabra —dijo el pobre chico. Fruncí el ceño sin entender porque quería que Edward repitiera la palabra. Ed soltó una pequeña risita y sin dejar de sonreír la dijo nuevamente:
— Imbécil —mi querido amigo bajó un poco su tono de voz al decir la palabra.
— ¡Grave! —chilló Jacob, guiñándome un ojo.
— ¿Ves?, solo era cosa de matemáticas, mala persona —volví a golpear el costado de Ed con mi codo.
— Espera, espera —Edward carraspeó y prosiguió— ¿por qué es grave la palabra, Jacob?
— Hmpf, porque bajaste tu tono de voz al decirla, duh. Si la hubiera dicho Isabella sería aguda —lo peor de todo es que él ni siquiera estaba avergonzado, es más, el estaba seguro de haber dado un discurso digno de un premio nobel— Entonces, Isabella, ¿te gustaría seguir hablando de lo que estas máquinas le hacen a estos preciosos? —hizo una posé muy similar a la de La Roca (2) para exhibir sus brazos.
Ya, vale, había entendido el punto de Ed. El chico era un idiota.
Pero su cuerpo…
Dios, su jodido cuerpo era tan hermosamente lamible. Yo solo podría obviar el hecho de que él era un tanto lento, es más, podría amordazarlo para que así no hablar, ¡no era como si tuviéramos que hablar a todo esto! ¿Por qué Edward tenía que arruinarlo? Si no supiera que con suerte sabe que uno por uno es uno, sería perfecto.
Bueno, su cuerpo es lo perfecto aquí.
Ah, Isabella, dile adiós al Príncipe marrón.
Marrón, café, como un chocolate, ¡yo solo quería darle una pequeña mordidita!
…
— Tienes un don para hacer mis días más deplorables de lo que ya son.
Dejé el bolso de ejercitar sobre el sofá y me senté junto a él enfurruñada, ambos de mis brazos cruzados sobre mi pecho y puede que un infantil puchero se haya instalado en mis labios sin ganas de retirarse por ahora. Nope, iba a estar ahí por un largo momento, hasta que aceptara finalmente haber perdido aquel bombón andante.
— ¡Oh, vamos!
— ¿Y qué si el chico no sabe multiplicar o clasificar las palabras por su entonación? —resoplé haciendo que un mechón de mi cabello de levantara con el aire que expulsé de mis labios— ¿Lo viste?, Ed, era como… Era como uno de los guerreros de Spartacus (3) joder. Y esa tableta de chocolate que tenía por estómago, ¡mierda, a veces te odio un poquitín! Insisto en que lo tuyo es envidia, porque cuerpos así no hay hombre, no hay —cerré los ojos y apoyé la cabeza en el respaldo del sofá.
No tuve mucho tiempo para meditar y dejar que se me pasara el momento infantil del día, porque Edward me sacó del sofá tomándome en sus brazos sin esfuerzo alguno. Abrí mis ojos y observé su rostro. Esa sonrisita que derretía a mujeres y hombres por igual, estaba en su rostro. Y eso era peor, porque me daban ganas de golpearlo y quitar esa sonrisa de allí, ¡no era gracioso mi sufrimiento por el celibato que estaba viviendo! Una chica necesita atenciones de vez en cuando, sobre todo si ya se había acostumbrado a ellas por Dios.
Maldito Mike.
Te odio.
Todo esto es tú culpa.
¡De seguro estás teniendo sexo ahora mismo con Jessica! Y heme aquí, siendo cargada a quien sabe qué lugar del jodido apartamento por mi querido amigo, quien piensa que mi vida es un chiste.
— ¿Qué estamos haciendo en tu habitación? —le pregunté con el ceño fruncido cuando abrió la puerta de su cuarto— ¿Edward? —me tiró sobre la cama sin ninguna delicadeza. Era tan bruto a veces, creo que aun no ha evolucionado del todo.
Ed permanecía de pie a la orilla de la cama, observándome, divertido.
Okay, esto se estaba poniendo extraño. Abrí mi boca para hablar cuando él me hizo un gesto con su mano para que me callara, y así fue como llevó ambas de sus manos al borde de su polera y de un tirón la sacó por sobre su cabeza. Ya. Dios. Mis ojos no podían estar más abiertos ahora y parecía un jodido pez bajo el agua abriendo y cerrando la boca de lo atónita que me encontraba. Si, tal vez exageré con eso de la envidia porque Edward estaba perfectamente tonificado, pero ¿qué era lo que él estaba haciendo? Sus ojos no se quitaban de los míos, esta vez sus manos siguieron aquel caminito de la felicidad que…
¡Jo-der!, ¿porqué tenía que tener sus oblicuos tan marcados?
Una pequeña debilidad mía.
Sus largos dedos comenzaron a bajar lentamente la cremallera. No sé si esto era un striptease privado para ponerme cachonda o algo, no sé qué demonios él pretende haciendo esto. Pero, hey, ¿quién soy yo para detenerlo? Cuando sacó sus pantalones, quedando nada más que en sus bóxers, las palabras finalmente abandonaron mi boca:
— ¿Q-qué mierda estás haciendo? —mi voz salió un poquito más aguda de lo normal, en realidad, parecía como el grito de una gata en celo. Odié mi voz enormemente, carraspeé y sentí mis mejillas colorearse un poco.
Pero no respondió. ¡Ja!, por supuesto que no iba a hacerlo. Él solo se lanzó a la cama como si estuviera en una piscina para tirarse el clavado perfecto. Me pegué más al colchón cuando su rostro quedó a escasos centímetros del mío, tragué saliva y parpadeé un par de veces. Su cuerpo aprisionaba el mío sin pudor, podía sentir sus músculos a través de mi ropa, también podía sentir cierta protuberancia en la parte baja de su anatomía golpeando contra mi cadera.
Ah, mi amiga estaba empezando a aclamar atención.
Dejé de respirar cuando Edward pasó su nariz deliciosamente lento a través de mi cuello hasta llegar a mi oído, donde, después de soltar una pequeña y sensual risita que casi me hizo llegar al orgasmo inmediatamente, susurró:
— Voy a mostrarte que tan apetecible puedo ser yo y mi cuerpo. Ni siquiera pensarás en Jacob cuando termine contigo pequeña, no pensaras en ninguno de esos cabrones y, por sobretodo, te olvidaras de la diminuta verga de Mike. Ahora, ¿no eras tú la que quería sentir un puto orgasmo?
— ¿S-sí? —murmuré, empuñando mis manos para no cometer una locura.
— Bueno, Bells, lamento decirte que no podré cumplir eso.
— ¿N-no? —fruncí el ceño un tanto alicaída.
— Nope —murmuró, podía sentir la pequeña sonrisa que adornaba su rostro sobre mi piel. Lamió lentamente el lóbulo de mi oreja, haciendo que me estremeciera por la sensación. Y continuó— Te haré sentir uno y muchos más, pequeña. No seré uno de tus putos príncipes, pero cuando te haga gritar tampoco lo harás como una dulce princesa.
Joder.
Léase la palabra de manera literal y figurada.
(1) también conocida como Guardianes de la Bahía o Los Vigilantes de la Playa, fue una serie de televisión estadounidense sobre los socorristas que vigilan la playa de Santa Mónica, en la costa de Los Ángeles, California.
(2) Dwayne Douglas Johnson, es un actor, comediante y luchador profesional estadounidense, conocido también por su seudónimo The Rock, que trabaja para la WWE.
(3) La mejor serie de la existencia, hombres desnudos y... Ok, no, aquí vamos con lo que dice wikipedia: es una serie de televisión que presenta de manera novelada la vida del famoso gladiador rebelde Spartacus. (mucho mejor que mi descripción, creo)
¡Buenas Tardes!
Les traje actualización doble, así que no pueden odiarme (?) Primerizo y CPCSC, jajaja. Ya, se que muchas querrán matarme por dejarla ahí, pero, ¿qué es un fanfic si no hace sufrir a las lectoras? es un requisito ser cruel deliberadamente (?) ok, no XD Espero el capitulo sea de su agrado, pronto aparecerá Jasper, tengo un papel que me encanta para él. Si ya me imagino a Edward todo caliente arreglando autos... Jasper... Si, también puedo imaginarmelo todo caliente así como lo pondré en el fic (?) No se si se dan cuenta pero tengo una debilidad por el cowboy ese. Amo a Emm también, pero.. sprry, Jasper me pone. Así que paciencia como siempre chicas. Y cuidado, que el león ya comenzó con su caza y la pobre ovejita de Bella, que mas que testaruda, es una ciega a morir, caerá de a poco ;)
Lamb.
