PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN, PERDÓN X 10000000000000 ;o;!! Lamento haberme demorado tanto en actualizar! x.x! Realmente no era mi intención, pero el primer semestre de la universidad me absorbió completamente y, además, me vino un fuerte ataque de desinspiración, así que ni siquiera en mis momentos libres podía escribir algo decente...
Cada vez estamos más cerca del final de esta historia... Espero que el capítulo sea de su agrado...
Como recordatorio, un fragmento del capítulo anterior (seguro que ya se les olvidó en que había quedado, con todo lo que tardé en subir este capítulo... más de 4 meses o.oU)
- ¡Kagome! Así que aquí estabas—dijo Rin, apareciendo con Inu Yasha a su lado.
- Nos preocupamos al verte salir así, tan de repente...—dijo el príncipe.
El ex-heredero al trono se volteó, al reconocer a quienes pertenecían las voces de los jóvenes que acababan de hablar.
Todo pareció acontecer en cámara lenta desde ese instante. Las miradas de Inu Yasha y Rin se cruzaron con la de Sesshomaru. Al principio, no hubo reacción por parte de los dos primeros. Parecía como si se hubiesen congelado repentinamente.
El mayor de los Taisho intentaba mantener la calma. Jamás pensó que justamente ambos aparecieran juntos y tan repentinamente, sin darle la posibilidad de prepararse mentalmente tanto como él quería.
Kagome comenzaba a preocuparse por la no-reacción de los jóvenes. Iba a decir algo, pero fue interrumpida por Rin.
- No puede ser...—dijo la princesa Minami, con una cascada de lágrimas corriendo por sus ojos y una mano cubriendo parte de su boca. El siguiente en emitir palabra fue Inu Yasha.
- Se-Sesshomaru... –
- Aclaraciones
- Palabras - Dialogo de los personajes
- Palabras en cursivas - Pensamientos de los personajes
- (Palabras en paréntesis) - Aclaraciones o palabras de la autora
Disclaimer: La serie Inu Yasha no me pertenece, como muchos de ustedes ya se habrán dado cuenta XDD
"Oportunidad de Vivir"
Capítulo 37: Felicidad del Corazón
Rin e Inu Yasha no podían creer a quién tenían frente a sus ojos. Ni en sus más descabellados sueños se les pasó por la mente que su prometido y hermano, respectivamente, estuviese con vida.
Luego de que Naraku esparciera hace años los rumores de que el en aquel entonces heredero al trono había sido asesinado, ninguno de los dos albergó esperanzas de encontrarlo, por más que dentro de ellos lo extrañaran bastante.
El silencio volvió a reinar entre los cuatro, pero fue Kagome quien se encargó de romperlo.
- ¿No desean ir a un lugar algo más privado a conversar? Supongo que tendrán muchas cosas que contarse...—dijo la princesa.
- Está bien...—contestó Inu Yasha, viendo fijamente a su hermano – Sesshomaru... ¿Q-qué haces... aquí?—preguntó, mientras todos comenzaban a caminar.
Rin se hallaba muy ensimismada en sus pensamientos, al tiempo que las lágrimas paraban de correr por su rostro. Su vista estaba clavada en el suelo, sin atreverse a ver al joven que tiempo atrás había sido su prometido, mientras que él le lanzaba miradas furtivas a intervalos irregulares.
- Esa es una larga historia...—contestó el mayor – Te lo contare todo cuando lleguemos a un lugar más tranquilo...—dijo, a lo que el chico asintió.
- Rin-chan... ¿Te encuentras bien?—preguntó Kagome a la princesa, mas ella no contestó – Lamento que hayas tenido que enterarte de esto así, de forma tan repentina. Verdaderamente no era mi intención... –
- ¿Hace cuanto que... lo sabías?—preguntó la joven, en un susurro casi inaudible.
- Hace algunas semanas... –
- ¿Por qué no nos lo habías dicho?—preguntó Inu Yasha volteando a verla directamente.
- Porque fui yo quien se lo pidió—contestó Sesshomaru tranquilamente.
- Me hubiese encantado poder darles la noticia apenas me enteré...—dijo la princesa Higurashi – Eso se los aseguro... Fue bastante difícil para mí guardar el secreto... –
Llegaron al mini-salón donde momentos antes tres de ellos habían estado comiendo. Inu Yasha abrió las puertas y Miroku y Sango lo observaron, algo extrañados.
- Hemos vuelto...—anunció el cumpleañero, haciendo un gesto para que los demás entraran.
- Que bueno—dijo Sango, con una sonrisa – Ya me estaba preocupando por lo mucho que se tardaban en regresar... –
- Disculpen, pero... ¿Quién es el joven que los acompaña?—preguntó Miroku, bebiendo un poco de sake.
- Les presento a mi hermano, Sesshomaru Taisho... –
Miroku se atragantó con el licor y empezó a toser, mientras Sango los observaba entre sorprendida y extrañada.
- ¿Pe-pero... cómo...?—preguntó la joven.
- No puede ser... es... i-increíble...—dijo el chico, mientras intentaba recuperar el ritmo normal de su respiración. (Mal momento para beber sake XD)
- Así es...—dijo Inu Yasha - ¿Quieres... tomar algo?—preguntó a su hermano. Aún no podía creer que él se encontrara a su lado, luego de tantos años sin verlo.
- No te preocupes...—respondió él – Estoy bien así... –
- Tomemos asiento—dijo Kagome, a lo que los demás asintieron.
La forma en que se ubicaron fue la siguiente: Kagome e Inu Yasha en un lado de la mesa (la cual era cuadrada), Sesshomaru y Rin frente a ellos, y Miroku y Sango en el lado de la mesa que quedaba a la izquierda de los primeros.
Se formó un silencio incómodo entre los seis jóvenes, el cual ninguno era capaz de romper. De repente Sango tomó a Miroku del brazo y se levantó.
- Nosotros nos iremos para no incomodarlos...—dijo la chica – Nos vemos luego—se despidió y abandonó la habitación junto a su amado.
- Bien... creo que no vale la pena seguir permaneciendo en silencio, así que les contaré la razón que explica el por qué estoy vivo...—dijo Sesshomaru – Lo que sucedió fue... –
El joven relató cómo fue que él y su padre salieron del palacio para encontrarse con Naraku y sus soldados rodeándolos, y la forma en que emperador y heredero al trono lucharon antes de recibir heridas mortales—por lo menos en el caso de Inu Taisho—además de la poca delicadeza con la cual sus cuerpos fueron llevados a un lugar algo alejado de la residencia real.
Inu Yasha intervino por un momento complementando lo que Sesshomaru les contaba, relatándole al chico la forma en que había fallecido su madre, que tanto él como Kagome recordaron con bastante tristeza.
El mayor continuó con su historia, contándoles lo mismo que él había recordado el día en que recuperó su memoria: cómo se salvó de la muerte y llegó a la aldea donde todos se encontraban en ese momento.
- Entonces... ¿Fuiste tu quién... se encargó de enterrar... los cuerpos de papá y mamá?—preguntó Inu Yasha.
- Así es...—contestó su hermano – Naraku dio por supuesto que los tres habíamos fallecido, y ni siquiera se encargó de darnos un entierro "digno"... –
- Ya veo...—dijo cabizbajo - ¿Y has vivido como un aldeano todos estos años? –
- Sí. No tenía idea de quién era en realidad, hasta hace unas pocas semanas... –
- Pero lo importante es que ustedes hayan podido reencontrarse¿no es así?—dijo Kagome, con una sonrisa.
- Es verdad. Si no hubiese sido por ti, quizás nunca hubiese recuperado la memoria...—dijo Sesshomaru – Hubiese seguido siendo Ren Shirou por el resto de mis días... –
- Tienes razón. Estoy muy agradecido contigo, Kagome—le dijo su amado mientras sonreía.
- Yo... Yo también... estoy muy agradecida...—dijo Rin saliendo del mutismo en el que se hallaba sumida, observando a los presentes detenidamente, sobretodo al joven desaparecido por tantos años, y mostrando una pequeña sonrisa.
En ese momento, Sesshomaru se dio cuenta de cuánto había cambiado físicamente la princesa Minami. La última vez que él la vio ella aún tenía una expresión algo infantil en su rostro, no se destacaba por su estatura y su cabello pasaba sus hombros por unos pocos centímetros.
En cambio, después de todos estos años, su cara mostraba rasgos de madurez y fineza que la hacían una mujer muy bella, su cuerpo era esbelto, su estatura más alta y su cabello, el cual se encontraba recogido en una coleta alta, llegaba hasta sus caderas.
- No hay de qué—contestó la princesa Higurashi, algo avergonzada – Yo jamás pensé que me encontraría con Sesshomaru en una aldea como ésta... Además, fue en un momento inesperado... –
- ¿Cómo fue que se encontraron?—preguntó Inu Yasha.
- ¿Recuerdas lo que te conté acerca de un aldeano que salvé poco antes de desmayarme en la batalla contra los monstruos?—preguntó, a lo que el chico asintió – Pues bien, ese "aldeano" era tu hermano... –
- Así es. En ese momento no reconocí a Kagome, pero luego se dieron ciertos acontecimientos que me hicieron recobrar la memoria—dijo, omitiendo la forma algo "agresiva" en que había logrado sonsacarle información a la princesa-sacerdotisa. Ella desvió la mirada hacia el suelo.
- Ya veo—contestó el menor de los Taisho, sin percatarse de la reacción de la joven.
- Kagome se encargó, el mismo día en que recordé quién era en verdad, de informarme a rasgos generales qué es lo que habían estado haciendo todo este tiempo, sobretodo con su misión para derrotar a Naraku... –
- ¿Qué piensas hacer al respecto¿Te nos unirás o permanecerás aquí? –
- Iré con ustedes. Es mí deber hacerlo—dijo – Además, no estaría mal vengarme por todo el mal que ese tipo ocasionó tanto a mi familia como al país... –
Hubo un pequeño silencio, que Inu Yasha se encargó de romper unos segundos después.
- ¿Ha sido muy dura tu vida todos estos años?—preguntó a Sesshomaru.
- Como la vida de cualquier "aldeano normal", sólo que cargando la confusión de no haber sabido ni quién era en realidad ni mi pasado... De cierta forma, enterarme de la verdad ha sido quitarme una carga de encima, pero lo más seguro es que la tuya haya sido mucho más dura, debido a la tristeza de haber perdido a todos tus seres queridos... –
- Sí—bajó la mirada – En todos éstos años, muchas veces me sentí muy solo... Pero el haberlos encontrado a ustedes—observó a Kagome y a su hermano—me ha traído tranquilidad y felicidad—sonrió – Y junto con ver a Rin, me trae recuerdos de nuestros buenos tiempos...—dijo refiriéndose a su niñez en el Palacio Real.
- Me alegra mucho oír eso—dijo la joven Higurashi con una sonrisa, mientras tomaba la mano del chico – No volverás a estar solo. Me tendrás siempre a tu lado, no lo dudes—le guiñó un ojo – Mi apoyo es incondicional... –
- Gracias—contestó, a lo que se produjo un nuevo e incómodo silencio – Bueno, creo que ustedes dos necesitan tiempo a solas para hablar—dijo, viendo alternadamente a Sesshomaru y Rin – Nosotros nos vamos...—ayudó a Kagome a levantarse y salieron.
- ¿Crees que estará bien dejarlos solos?—le preguntó la joven al menor de los Taisho una vez que abandonaron el salón.
- Claro que sí... Ellos deben arreglar lo que el tiempo pudo haber separado poco a poco...—dijo con un tono algo nostálgico – Además, ya habrá tiempo para que yo pueda conversar tranquilamente con mi hermano... –
- Es verdad... –
- Por cierto...—dijo y abrazó fuertemente a la chica, quién no se lo esperaba – Debo agradecerte apropiadamente lo que has hecho...—acercó lentamente sus labios a los de la joven.
- Entonces... ¿Te gustó tu regalo de cumpleaños?—preguntó, con un tono inocente y travieso a la vez, mientras sus mejillas adquirían un tono rosa por la cercanía de su rostro con el del chico.
- Es el mejor regalo que alguien pudiese haberme dado...—la distancia se hizo nula, dando paso a un tierno beso, que cada vez fue haciéndose más apasionado, el cual se vio interrumpido cuando el aire comenzó a hacerles falta y escucharon unas pisadas a lo lejos.
- Creo que este no es el mejor lugar para estar haciendo esto...—dijo con una gota en su cabeza, y un lindo sonrojo pintando su rostro.
- ¿Qué te parece si vamos a dar un paseo por los alrededores? Que no estemos con los demás no significa que no podamos seguir disfrutando de lo que queda del día...—tomó la mano de la chica con firmeza.
- Es una buena idea—sonrió – Vamos...—ambos caminaron por los pasillos y salieron del restaurante.
En el mismo momento, pero dentro del mini-salón donde antes Inu Yasha y compañía se encontraban celebrando el cumpleaños del chico, Sesshomaru y Rin se hallaban sumidos en un incómodo silencio. Ninguno de los dos sabía bien qué decir en ese momento; no encontraban las palabras adecuadas para expresar lo que sentían al volver a verse.
- ¿Sabes... algo?—preguntó Rin, bastante nerviosa, mientras Sesshomaru posaba su mirada en ella – Te extrañé mucho... todos estos años... pensando que... habías muerto... hace bastante tiempo...—bajó su mirada, recordando todos los momentos de agonía y dolor por los que había tenido que pasar al recordar al chico que ella tanto amaba en su juventud.
- Yo... lo lamento. No fue mi intención hacerte sufrir...—respondió él.
- No te disculpes, no hay necesidad... Además, tú no tienes la culpa de haber perdido la memoria y los recuerdos de tu familia y de mí... –
- Aún así... siempre sentí que había algo que me faltaba, cierto vacío, que la vida que llevaba como aldeano no era capaz de llenar... Lo cual era bastante desesperante y frustrante... –
- A través de tus palabras puedo darme cuenta lo mucho que has cambiado—dijo, con una sonrisa – Antes eras una persona muy fría, que apenas mostraba sus sentimientos hacia los demás, pero ahora... Podría decir que eres una persona más expresiva y también más sincera. Y eso me alegra mucho...—volvió a sonreír – Veo que vivir como una persona "común y corriente", ha dado buenos frutos... –
- Tienes razón, pero... hay algo que, aunque mi memoria haya estado dormida por tanto tiempo, no ha cambiado dentro de mi corazón... –
- ¿Y qué es eso?—preguntó con curiosidad, pero a la vez con un extraño presentimiento que la hacía sentir nerviosa, sobretodo por la proximidad entre ella y el joven. Por lo mismo, un pequeño sonrojo invadió sus mejillas.
- Había olvidado lo linda que te ves con tu rostro sonrojado...—dijo, acercándose más a ella, y tocando con una de sus manos la cara de la princesa, quien se estremeció con el contacto.
- ¿Será esto un sueño¿Será mi mente la que está jugando conmigo, como tantas veces lo ha hecho antes?—pensó la chica – Aunque así sea, no quiero despertar... No ahora...—cerró sus ojos un momento y luego los abrió - Se-Sesshomaru... –
- También había olvidado lo bien que se escucha mi nombre en tus labios... y lo bien que se siente ver mis ojos reflejados en los tuyos –
- N-no sigas...—dijo, apartando la mirada, llena de dolor – No quiero que éste sea otro de mis sueños, y que termine haciéndome más daño... Ya no quiero más falsas esperazas que continúen rompiendo mi corazón... –
El príncipe tomó delicadamente el mentón de Rin, haciendo que lo observara directo a los ojos.
- Te prometo, mejor dicho, te juro que no soy ninguna ilusión...—la distancia entre ambos era casi inexistente, y fue el joven quién se encargó de acabar con ella.
Al principio, la chica no podía creer lo que estaba sucediendo. Ni en sus más profundas ensoñaciones había experimentado sensaciones como las que sentía en estos momentos. Cuando se dio cuenta de que aquello era real, y no otra de sus desesperadas fantasías, cerró sus ojos y se dejó llevar por la felicidad que embargaba su corazón, correspondiendo aquel contacto tan lleno de sentimientos y de anhelos escondidos, ocultos por mucho tiempo en lo más profundo de sus seres.
Sesshomaru, para profundizar aquel beso, tomó a Rin de la cintura y la acercó más a él, mientras ella colocaba sus brazos alrededor del cuello del chico. Así siguieron hasta que el aire comenzó a faltarles, siendo obligados a separarse. La princesa se acurrucó en su pecho, con lágrimas corriendo por sus ojos, mientras el chico la abrazaba posesivamente. Con uno de sus dedos, quitó con delicadeza las lágrimas del rostro de la joven.
- ¿Por qué lloras?—le preguntó, susurrando en el oído de Rin.
- Por la gran felicidad que siento en este instante... Nunca pensé que volvería a ser tan feliz... como lo soy ahora...—dijo, con una sonrisa llena de vida – Creo que no lo había sido desde la última vez que te vi... –
- Pues eso no estuvo bien... fue mucho tiempo...—le reprochó, sin disgusto en su voz.
- Pero valió la pena, pues te tengo a mi lado de nuevo... y con eso me basta...—se acurrucó aún más en el pecho de Sesshomaru.
- No te preocupes... No me perderás de nuevo... Lo prometo... –
Kagome e Inu Yasha caminaban por la aldea, tomados de la mano, bajo la luz de la luna. La chica iba de lo más tranquila, mientras el joven tenía un pequeño debate mental.
- ¿Se lo digo, o no se lo digo?—pensaba por vigésima vez el príncipe – Quizás no debería decir en este momento lo más importante, sino que ir paso a paso... –
- ¿Te sucede algo?—preguntó, al verlo tan ensimismado y con una expresión confundida, además de un pequeño sonrojo en su rostro.
- Ehm... N-no, nada—dijo con algo de nerviosismo y una gota en su cabeza.
- A mi no me engañas, Inu Yasha Taisho... Dime qué es lo que te pasa...—lo observó inquisitivamente.
- Lo haré... Pero cuando lleguemos a ese puente—indicó uno que estaba a unos cien metros de ellos.
- Esta bien... –
Caminaron en silencio, aún tomados de la mano, hasta que llegaron al lugar acordado. Bajo él corría un tranquilo pero abundante río, en sus aguas se reflejaban la luna y las estrellas, y algunas luciérnagas volaban por los alrededores, dándole cierto misticismo y un toque romántico al entorno.
- ¡Que lindo es todo esto!—exclamó la princesa, maravillada por la hermosura del lugar.
- Pero no tan linda como tú...—pensó el chico, mientras la observaba ensimismado.
- Casi se me olvida... Ahora sí, cuéntame qué es lo que te sucede...—se apoyó en la baranda del puente, y el joven la imitó.
- B-bueno yo... Ehm... Hay algo que tengo que decirte...—su voz denotaba lo nervioso que se sentía – Es ahora o nunca... No hay momento ni lugar mejor que este... –
- ¿Y qué es eso?—preguntó con la curiosidad de una niña pequeña.
- Días atrás me di cuenta de que entre nosotros no hay ninguna "relación formal", ya que cuando Naraku envió esa carta al castillo Higurashi todos pensamos que habías fallecido y nuestro compromiso fue anulado por tus padres... –
- Tienes razón...—bajó la mirada – No lo había pensado... –
- Aunque sea así... Yo quiero... ha-hacer algo al respecto...—tomó las manos de la joven entre las suyas, lo que causó un gran sonrojo en ella por lo inesperado del acto – Kagome... ¿Tú... quieres...¿Quieres ser...¿Quieresserminovia?—preguntó tan rápido, debido al nerviosismo, que la chica no logró comprenderlo.
- Disculpa, pero no te entendí... ¿Podrías repetir lo que dijiste?—una gota apareció en su cabeza.
- B-bueno... ¿Qui-quieres se-ser m-mi no-novia?—preguntó con mucha dificultad, y con el rostro rojo como un farol.
Ahora sí el sonrojo tiñó por completo el rostro de Kagome. Ella no se esperaba una pregunta como aquella, pero segundos después una felicidad enorme embargó su corazón. Cuando al fin pudo reaccionar, se lanzó a los brazos de Inu Yasha.
- Sí, si quiero—dijo con una gran sonrisa – ¡Me encantaría ser tu novia! –
Inu Yasha la observó con la alegría pintada en su cara, abrazando con fuerza a la princesa.
- Ya di el primer paso...—pensó él – Algún día, le pediré a Kagome que nos comprometamos y le entregaré el anillo que compré especialmente para ella... Algún día reuniré el valor suficiente para hacerlo... Estoy seguro... –
Los jóvenes se separaron un poco, observándose fijamente. Ambos se encontraban atrapados en la mirada del otro de la cual no querían, en ese momento, liberarse. Sin darse cuenta comenzaron a acercarse lentamente al rostro de su amado, hasta que sus labios se fundieron en un beso tierno y lleno de amor. Se separaban sólo lo necesario para poder tomar un poco de aire y luego continuaban con su "tarea". Únicamente en el momento en que escucharon el ruido de una carreta acercarse a ellos, se separaron completamente, con los labios hinchados y las mejillas rojas.
Cuando la carreta se alejó del puente, Kagome se acurrucó en el pecho de Inu Yasha, quien la abrazó con delicadeza.
- Te amo... y espero que nada nunca nos separe...—dijo la princesa.
- Yo también... yo también—contestó él, mientras acariciaba los sedosos cabellos de la joven.
Luego de esto, permanecieron un par de horas más juntos, disfrutando de aquellos momentos tan íntimos y llenos de amor que no podían vivir muy a menudo debido a su misión, aparte de los continuos desmayos que Kagome había estado sufriendo. (Por suerte no se ha desmayado... Parece que los efectos que el Collar de la Pureza provocaba en ella se están atenuando...)
Algo parecido estaban viviendo Sesshomaru y Rin en su tan anhelado, además de inesperado, reencuentro. Alternaban partes de relatos de lo que les había pasado en aquellos años en los que no se habían visto, con muestras de cariño que los dos necesitaban en lo más profundo de sus almas para reparar las heridas de sus corazones.
Ambos iban caminando por las calles de la aldea, tomados de la mano, rumbo a la posada donde Rin y compañía se hospedaban.
- ¿En qué parte de la aldea vives?—le preguntó la princesa, con curiosidad.
- En la zona sur, algo lejos de aquí...—contestó el príncipe Taisho - ¿Por qué lo preguntas? –
- Es que me encantaría conocer el lugar en el que has vivido tantos años... –
- Pues no tiene nada de especial... Es una simple cabaña de aldeano... –
- Aún así... ¿Podrías llevarme hasta allí? –
- Es muy tarde. Dejémoslo para mañana... –
- Yo quiero conocerla ahora—dijo e hizo un mohín de disgusto. La verdad de veía muy graciosa así.
- Pareces una niña... –
- ¡¡Yo quiero ir¡¡Llévame!!—los ojos de la princesa parecían los de un cordero degollado. El príncipe, por más que lo intentó, no pudo resistirse a esa mirada.
- Está bien... Vamos—suspiró, mientras la princesa se aferraba fuertemente a su brazo, con una gran sonrisa en los labios – No sabía lo caprichosa que puedes llegar a ser... –
- Todos los días se aprende algo nuevo—dijo con alegría - ¡Vamos!—ambos comenzaron a caminar hacia el hogar del "joven Ren".
Tardaron unos buenos minutos en llegar hasta aquel lugar ya que, como Sesshomaru había dicho, estaba algo alejado de donde antes se encontraban.
- No sé qué gracia tiene ver la cabaña de noche... No se puede apreciar mucho...—dijo el chico.
- Es que tenía muchas ganas de conocerla—dijo mientras caminaba alrededor de la casa y de la pequeña huerta que la rodeaba, y el príncipe la seguía – Me daba mucha curiosidad... Y, además, la luz de la luna la ilumina y le da cierto toque místico—sonrió.
- Como digas... –
- Me agrada... Se nota que está muy bien cuidada, y esas flores plantadas en los alrededores le dan un toque encantador—sonrió.
- Fue Sara quien las plantó –
- ¿Sara¿La joven que te salvó hace unos años?—preguntó.
- Así es. ¿No te comenté que vivo con ella desde que llegué a esta aldea? –
- Pues... no ¬¬—en su voz pudo notarse un atisbo de celos - ¿Y qué tal te llevas con ella, eh?—preguntó, mientras caminaba con el joven hacia la entrada de la cabaña, tratando de disimular el interés que sentía por la respuesta del joven.
- Bien. Tenemos algunas peleas ocasionalmente, pero nada fuera de lo común... –
- Que bueno—dijo con un tono de voz alegre, pero que se notaba a kilómetros que era falso.
- ¿Estás celosa, acaso?—le preguntó, burlón.
- No. Eso no es verdad...—contestó ella, con un mohín de enfado.
- A mi me parece que sí...—sonrió.
Lo que ninguno de los dos imaginaba, era que alguien dentro de la cabaña se había despertado debido a la conversación que ellos mantenían fuera de ésta. Esa persona, pensando que podría tratarse de ladrones, tomó un trozo de madera que tenía en su habitación y se dispuso a defender su integridad y la de su hogar, aunque debiera hacer uso de la fuerza para lograrlo.
- Que no...—dijo Rin, mirándolo resentida.
- Que sí...—dijo Sesshomaru, llevándole la contraria.
- Que no... –
- Sí... –
- ¡No! –
- ¡Sí! –
- ¡No! –
- ¡No! –
- ¡Sí! –
- Viste, lo admitiste—él mostró una sonrisa de triunfo.
- No es justo, me engañaste—cerró sus ojos con fuerza y dio pequeños golpes al pecho del chico.
Se detuvo por un segundo, e iba a continuar con su "tarea", pero el joven se lo impidió, tomando sus muñecas con sus manos. La chica opuso algo de resistencia, pero luego de que el príncipe posara su mirada directamente en sus ojos, ella cedió.
- No siento más que amistad por ella, no te preocupes... –
Él soltó sus muñecas y con delicadeza tomó con una de sus manos el mentón de la joven, acercándolo a sus labios. El contacto fue tenue al principio, pero a medida que pasaron los segundos fue profundizándose más y más.
La persona que estaba dentro de la cabaña, al percatarse de que el ruido no provenía del interior, sino del exterior de su casa, decidió salir para ver de qué se trataba.
- Quizás sean un par de borrachos...—pensó, mientras abría la puerta, aún con el trozo de madera en sus manos – No es bueno confiarse... –
El "espectáculo" con el cual se encontró le dejó sin palabra. Su cuerpo se paralizó, dejando caer la madera, la cual al golpear el duro suelo hizo un estrepitoso estruendo. Aquel ruido llamó la atención del par de príncipes, los cuales se separaron enseguida, alertados por aquel sonido.
Los ojos de Sesshomaru se abrieron bastante al percatarse de la presencia de esa persona.
- Maldición... Esto no puede ser peor...—pensó él – Sa-Sara... –
- Así que ella es Sara...—pensó la princesa – Buenas noches, Sara-san—hizo una pequeña reverencia.
- ¿Qué... significa esto?—preguntó la mujer, ignorando el saludo de Rin, con una mirada llena de dolor.
- Yo... puedo explicarlo...—dijo Sesshomaru.
- No lo hagas... Creo que lo entiendo todo... –
- No es lo que tú crees... –
- Déjenos hablar con usted...—dijo Rin – Así se resolverá el malentendido... –
- Has estado riéndote de mí todo este tiempo...—dijo dolida, nuevamente ignorando a la princesa – No quiero volver a saber de ti ni de tu vida... –
- Espera...—dijo el príncipe.
- Vete y no vuelvas más—se dio media vuelta, dándole la espalda a los jóvenes y entrando a su cabaña. Un par de minutos después salió con las pertenencias de Sesshomaru, arrojándoselas con rudeza – Aquí tienes. Adiós—volvió a ingresar a su vivienda y cerró la puerta con fuerza.
- ¿Eh? No entendí...—dijo Rin, extrañada - ¿Por qué reaccionó así? –
- Lo que pasa es que... Sara me confesó que sentía algo por mi semanas atrás, cuando descubrí quién era yo en realidad... Pero yo le expliqué que su amor no era correspondido y que ella no era más que una amiga para mí...—le explicó.
- Ya veo... Lo lamento mucho por ella... –
- No me gusta hacerla sufrir... Siento gratitud por lo que ella hizo por mí, al salvarme la vida... –
- Te entiendo—puso una de sus manos en el hombro del chico, mostrándole su apoyo – Lo siento... Es mi culpa que todo haya llegado a este punto, por obligarte a venir aquí...—bajó su mirada.
- No lo es... Yo debí de explicarle bien la situación antes de que todo esto sucediera... –
- ¿Hablarás con ella? –
- No en este momento... Creo que verme le haría más daño... –
- Tienes razón... –
- Vayámonos de aquí...—dijo y comenzaron a caminar.
- ¿Dónde dormirás? –
- No lo sé... –
- Podrías ir a la posada donde nos hospedamos todos—dijo, refiriéndose a Inu Yasha y compañía.
- Sí...—esbozó una pequeña sonrisa, aunque su rostro mostraba preocupación.
- Entonces está decidido—sonrió – ¡Arriba ese ánimo! Ya tendrás tiempo de conversar con ella –
- Sí... –
El resto del camino transcurrió en silencio. Rin tomó una de las manos de príncipe, como otra forma de demostrarle su apoyo, a lo que él sonrió.
Al llegar a la posada, se encontraron con Inu Yasha y Kagome.
- Hola—dijo la princesa Higurashi con alegría.
- Hola—contestaron Rin y Sesshomaru.
- ¿Qué hacen tan tarde por aquí?—preguntó con curiosidad.
- Lo mismo podría preguntar yo...—dijo la princesa Minami, con suspicacia.
- Estábamos dando un paseo por ahí...—dijo Inu Yasha, omitiendo bastantes detalles - ¿Y ustedes? –
- Lo mismo—contestó su hermano, mientras todos entraban a la posada.
- ¿Ya te vas a tu casa?—le preguntó Kagome.
- No. Me quedaré aquí por esta noche...—los demás, menos Rin, lo observaron extrañados pero prefirieron no cuestionar nada.
- Bueno, entonces nos vemos mañana. Que duerman bien...—se despidió. Los demás hicieron lo mismo y se fueron a sus respectivas habitaciones, menos Sesshomaru, quien tuvo que pedir un cuarto al encargado de la posada.
La noche dio paso a un nuevo día, soleado pero bastante frío. Cada habitante de la aldea, incluidos los visitantes, fue despertando poco a poco, haciendo que la actividad comenzara y el pueblo se llenara de vida nuevamente.
- Buenos días—saludó con alegría Rin al ver a sus amigos entrar al salón comedor de la posada.
- Buenos días—contestaron los demás, mientras se acomodaban y sentaban alrededor de la mesa, esperando que su desayuno les fuera servido.
Comenzaron una animada plática, la cual fue interrumpida cuando sus alimentos llegaron y todos comenzaron a comer.
- Gracias por la comida—dijeron los jóvenes y empezaron a devorar los alimentos con afán, excepto uno de ellos que se hallaba muy pensativo. Se trataba de Sesshomaru.
- ¿Qué sucede?—preguntó su hermano menor.
- Nada...—contestó con un tono algo desanimado. Inu Yasha no intentó seguir averiguando más, para no incomodar al joven.
- Seguramente está pensando en lo ocurrido con Sara...—pensó Rin.
- Por cierto...—dijo Kagome, cambiando de tema - ¿Cuándo nos marcharemos de aquí? –
- Dado que no tenemos más asuntos que atender aquí, podríamos irnos hoy mismo—propuso su hermana.
- Sango tiene razón—dijo Miroku.
- ¿Alguno de ustedes se opone a esta decisión?—preguntó Inu Yasha.
- Entre antes nos vayamos de aquí, más rápido llegaremos a la fortaleza de Naraku...—pensó Sesshomaru – Ya que Sara no quiere verme, le enviaré una carta como forma de disculpa y despedida... –
Como nadie se negó, todos dieron por aceptada la propuesta. Luego de ello decidieron a qué hora se irían, quedando fijada su partida luego de almorzar.
Mientras todos preparaban sus pertenencias para el viaje, el mayor de los Taisho se dedicó a escribirle algo a Sara, cosa que no le llevó demasiado tiempo. Cuando hubo terminado, leyó la carta.
Sara:
Gracias por todo lo que hiciste por mí en estos años. Nunca lo olvidaré. Espero que el día en que nos volvamos a ver, tu enfado haya desaparecido.
Cuídate y que encuentres a alguien que te haga feliz.
Se despide, Ren.
Metió el escrito en un sobre y fue a dejarlo a la cabaña de Sara, sabiendo con anterioridad que ella no se encontraría en casa a esa hora. Dejó la nota bajo la puerta y se retiró del lugar.
El resto de la mañana transcurrió con normalidad, al igual que la hora de comer. Después de ello saldaron la deuda de la posada, tomaron sus cosas y comenzaron a salir de la aldea.
Rin pidió a los soldados que la esperaban fuera de la aldea que fuesen a la residencia Minami y que le entregaran una carta a su padre, en la cual ella le relataba todo lo que había acontecido con ella y sus compañeros de viaje en aquellos días. Los hombres se resistieron a dejar a la princesa sola, pero ella los convenció diciéndoles que a la gente le parecería muy sospechoso que un grupo de supuestos "aldeanos" estuviese escoltado por soldados, y que aquella información podía llegar a oídos de Naraku y arruinar totalmente su plan. Sabiendo que no tenían cómo objetar aquello, hicieron caso a Rin y se marcharon rumbo al castillo.
Inu Yasha y compañía caminaron un par de horas, hasta que escucharon un fuerte galopar a sus espaldas, lo que les hizo detenerse.
- ¿Qué sucede?—preguntó Kagome con semblante preocupado.
- No lo sé...—contestó Inu Yasha poniéndose frente a ella como forma de protegerla.
Cuando los sujetos a caballo detuvieron su andar, Miroku se percató que en las muñecas de los recién llegados reposaban unas cintas blancas con alas en sus extremos.
- No se preocupen, son nuestros aliados—dijo el chico, indicando aquellas cintas.
- Los ángeles se van al cielo...—dijo Sango, para corroborar la identidad de los hombres.
- ...y los demonios al infierno—contestó uno de los soldados.
- Buenas tardes—saludaron quienes acaban de llegar.
- Buenas tardes—contestaron los jóvenes.
- ¿Qué información nos traen?—preguntó Rin, con curiosidad.
- Queríamos informarles que, según estimaciones del señor Tetsu Higurashi, las tropas aliadas estarán totalmente reunidas cerca de la fortaleza del emperador en el plazo de un mes... –
- Entiendo—dijo Inu Yasha.
- ¿Cuánto tiempo nos tomará llegar a la Ciudad Imperial?—preguntó Sesshomaru a sus compañeros.
- Menos de una semana... Yo diría cinco días—contestó Kagome con seguridad.
- Entonces tendremos tiempo suficiente para armar un plan de ataque antes de que se reúnan nuestras fuerzas –
- Así es—contestó Miroku.
- ¿Desean que le enviemos alguna clase de información al señor Higurashi?—preguntó uno de los soldados.
- Sí—contestó Rin – Díganle que Sesshomaru Taisho se ha unido a nuestras filas—sonrió, mientras los hombres la observaban sorprendidos. No esperaban que otro de los Taisho estuviese con vida.
- Como usted diga... ¿Alguno de ustedes desea enviar otro recado? –
- Infórmele a mi padre que nos encontramos bien y que no se preocupe por nosotros—dijo Kagome – Y que lo planeado ha marchado bastante bien, excepto por el cumplimiento de los plazos... Pero todo eso se ha dado por situaciones relacionadas a la misión—finalizó.
- Está bien. ¿Algo más? –
- Creo que eso es todo...—dijo Inu Yasha – Pueden retirarse –
- Sí—contestaron, haciendo una profunda reverencia y volviendo a subir a los caballos.
- Que el resto de su viaje sea tranquilo—les deseó uno de los hombres.
- Gracias—dijo Miroku, mientras los soldados se marchaban.
Y así prosiguió su viaje, mayormente tranquilo excepto cuando la gente de Naraku estaba cerca y debían esconderse, hasta que se encontraron bastante cerca de la residencia del emperador, a sólo un día de viaje para llegar a la Cuidad Imperial. Se detuvieron y formaron un pequeño campamento en la parte más profunda del bosque, de modo de no ser hallados con facilidad por los soldados de Naraku.
Los seis estaban sentados alrededor de una fogata, planeando la forma en que entrarían al castillo sin ser descubiertos, o por lo menos encontrándose con la menor cantidad de soldados posible en el momento de su ataque.
- Lamento informarles que Naraku cambia el plan de seguridad de su fortaleza cada tres meses...—dijo Sango –...y el anterior plan vigente debe haber caducado hace unas dos semanas—suspiró.
- Tenemos que encontrar una forma en que podamos descubrir cuáles son los puntos débiles del palacio...—dijo Inu Yasha.
- Seguramente la seguridad del lugar es bastante fuerte, tratándose del hogar del emperador—dijo Sesshomaru, remarcando la última palabra.
- Por lo mismo, ir a los alrededores a investigar no es algo que podamos hacer con libertad—dijo Miroku – Sino, alguien podría descubrir que estamos espiando y nuestros planes se arruinarían... –
- Así es...—dijo Rin – Debemos encontrar algún modo de recopilar la información necesaria para entrar, sin que nadie salga lastimado... –
Todos guardaron silencio, pensando arduamente en algún modo para poder obtener esos datos.
- Sólo se me ocurre un modo para hacerlo...—dijo Kagome, después de unos minutos.
- ¿Y cuál es?—preguntó la princesa Minami con curiosidad, mientras todos observaban a la chica directamente.
- La única forma es...—dudó un momento –...que Sango y yo entremos a la fortaleza de Naraku –
Notas de la Autora: Hola!! Cómo los ha tratado la vida? Espero que bien n.n
De nuevo me disculpo por lo del retraso en la continuación :S No era mi intención hacerlos esperar tanto u.u Ojala que no se hayan olvidado de mi y de este fic ;o;!!
Bueno, quiero informarles que a partir de ahora dejaré de responder sus reviews aquí... Es que leí más atentamente las reglas de Fanfiction y me di cuenta de que esa práctica está prohibida por aquí, y si me descubren podrían cerrar esta historia... y eso es lo que menos quiero n.nU
Por lo tanto, cada review será respondido personalmente. En el caso de que tengan una cuenta en Fanfiction, les responderé a través del sistema que esta página tiene para ello. Para los que no tienen una cuenta, pongan su mail en la parte destinada para ello en la ventana para dejar reviews, y con gusto contestaré sus dudas, críticas, tomatazos, bombas, etc. xD (bueno, quizás las bombas y los tomatazos no, pero sí todo lo demás :D
Cuídense mucho, y gracias por leer este fic!
Que estén muy bien y que tengan un buen día / noche n.n
Adiós!
Dany-Chan
PD: No sé cuando pueda volver a actualizar, pero prometo intentar demorarme menos que en ésta ocasión... n.nUU
PD2: Me disculpo si es que en la última parte de la historia sintieron que el tiempo transcurrió demasiado rápido... pero ya me estaba deteniendo mucho en una parte de la trama y necesitaba avanzar para hacer que este fic ya empieze a tomar su rumbo para el final...
PD3: Las típicas preguntas que hacía cada vez que terminaba un capítulo, pero que ésta vez se me había olvidado poner n.nU...
¿Cómo reaccionaran los jóvenes ante la propuesta de Kagome? ¿De qué forma podrán obtener información sin arriesgarse demasiado? Si es que Kagome y Sango volvieran a la fortaleza ¿Cómo lo tomarán Naraku y las Princesas de la Muerte? . ¿Habrá gente inesperada dentro del Palacio?
¡Eso y más, lo sabrán en el próximo capítulo!
Ja ne!
