Oportunidad de Vivir
No tengo palabras para pedirles perdón por todo el tiempo (un año) que ha pasado sin que publicara ni un solo capítulo...
Espero que mis queridos lectores sean capaces de perdonarme, y de continuar leyendo esta historia... De verdad, mis más sinceras disculpas (Dany-Chan hace una profunda reverencia).
Espero que les guste este capítulo, siendo algo más largo que los anteriores a modo de compensación y de poder desarrollar mejor la historia. Calculo que, luego de éste, quedan unos 3 capítulos más y la historia se acaba...
Bueno, sin más palabras que agregar, los dejo para que lean... Disfruten la lectura!
En el capítulo anterior...
Los seis (Kagome, Inu Yasha, Sesshomaru, Rin, Sango y Miroku) estaban sentados alrededor de una fogata, planeando la forma en que entrarían al castillo sin ser descubiertos, o por lo menos encontrándose con la menor cantidad de soldados posible en el momento de su ataque.
- Lamento informarles que Naraku cambia el plan de seguridad de su fortaleza cada tres meses...—dijo Sango –...y el anterior plan vigente debe haber caducado hace unas dos semanas—suspiró.
- Tenemos que encontrar una forma en que podamos descubrir cuáles son los puntos débiles del palacio...—dijo Inu Yasha.
- Seguramente la seguridad del lugar es bastante fuerte, tratándose del hogar del emperador...—dijo Sesshomaru, remarcando la última palabra.
- Por lo mismo, ir a los alrededores a investigar no es algo que podamos hacer con libertad—dijo Miroku – Sino, alguien podría descubrir que estamos espiando y nuestros planes se arruinarían... –
- Así es...—dijo Rin – Debemos encontrar algún modo de recopilar la información necesaria para entrar, sin que nadie salga lastimado... –
Todos guardaron silencio, pensando arduamente en algún modo para poder obtener esos datos.
- Sólo se me ocurre un modo para hacerlo...—dijo Kagome, después de unos minutos.
- ¿Y cuál es?—preguntó la princesa Minami con curiosidad, mientras todos observaban a la chica directamente.
- La única forma es...—dudó un momento –...que Sango y yo entremos a la fortaleza de Naraku –
"Oportunidad de Vivir"
Capítulo 38: Retorno al Origen
Inu Yasha, Rin, Sesshomaru, Sango y Miroku observaron extrañados a Kagome. Era muy raro que ella se ofreciera a ir a la fortaleza de Naraku, siendo que la joven era quien más se oponía a regresar a aquel lugar.
- ¿Por qué me miran así?—preguntó la princesa Higurashi, algo nerviosa – Vamos, díganme qué opinan... –
- No podemos dejar que se expongan a semejante riesgo...—dijo Inu Yasha con seguridad.
- Es verdad—dijo Miroku – Es muy peligroso que entren solas a ese lugar... –
- Pero no correríamos mayor riesgo...—dijo Sango, después de analizar un poco la situación –...si fingimos que logré encontrar a "Aome" y que la he traído de vuelta a la fortaleza. Después de todo, ese fue mi objetivo al abandonar el castillo y lo que le dije a Naraku antes de marcharme hace ya meses... –
- Sango tiene toda la razón—dijo su hermana – Es la coartada perfecta para volver y que nadie sospeche de nosotras... Incluso, podría fingir que asesiné a mi objetivo...—observó a su novio.
- Aún así, esto no acaba de convencerme...—dijo éste, a lo que Miroku asintió.
- Hasta el momento es la única forma en que podemos recabar información de forma fidedigna—dijo Sesshomaru - ¿A alguno de ustedes se le ocurre otra idea? –
- No, pero...—no terminó sus palabras – No puedo permitir que Kagome quede a merced de Naraku y sus malas intenciones... y menos si no estoy cerca para protegerla...—pensó mientras apretaba sus puños con fuerza.
- Naraku no nos hará nada—dijo Kagome – Después de todo, Sango es quien está al mando de las Princesas de la Muerte y, por lo tanto, con un cargo tan importante él no puede hacer nada contra ella...—Inu Yasha iba a replicar, pero Rin se le adelantó.
- ¿Y contra ti?—preguntó la princesa Minami, mientras la observaba fijamente.
- Bueno, pues... –
- No serviría de nada ir sin Kagome—dijo Sango – Ella es la única capaz de sentir la presencia de la Perla de Shikon y, gracias a ello, buscarla. Recuerden que encontrar aquella joya también es parte importante de nuestros planes... Si mi hermana ubica su localización con anterioridad, en el día de la batalla final será mucho más fácil recuperar la perla... Por su seguridad no se preocupen—dijo, refiriéndose a la menor de las Higurashi—yo me encargaré de que nada le suceda y que Naraku no le toque ni un cabello... –
- Me están viendo como una niña... ¡Yo también sé cómo defenderme!—bufó con molestia – De algo sirvió pasar tantos años de entrenamiento en la fortaleza...—los miró decidida – Además, me comprometí a hacer todo lo que fuera necesario para que nuestra misión fuera llevada a cabo con éxito, aunque implicara un riesgo personal...—se detuvo unos segundos, para luego proseguir – ¡Nadie dijo que triunfar sería fácil! –
El silencio se hizo presente, mientras todos reflexionaban las palabras de Kagome. Aunque les costara aceptarlo, ella y Sango tenían razón.
Inu Yasha y Miroku eran los más contrariados con la situación, pues se trataba de sus seres amados los que estarían en las manos del enemigo. También se encontraba el hecho de que ellas no estarían a su lado por algún tiempo, cosa que les costaba aceptar por lo acostumbrados que se encontraban a su presencia y lo mucho que las apreciaban.
- Si es la única alternativa, no queda más que llevarla a cabo...—dijo Inu Yasha con resignación, desviando su mirada de los demás. Las hermanas Higurashi se observaron y sonrieron.
- ¿Qué será lo que le dirán a Naraku cuando lo vean?—preguntó Sesshomaru – No creo que él vaya a creer de buenas a primeras que tardaron más de tres meses en volver a la fortaleza sin motivo alguno... Debe haber una fuerte razón para tal tardanza... –
- Es verdad... No lo había pensado...—dijo Kagome, reflexiva.
- ¡Ya sé!—dijo Rin, unos diez segundos después – Pueden decir que Sango encontró a Aome con serias heridas luego de acabar con Inu Yasha, por lo que debió llevarla a un templo para que fuese atendida... Por la gravedad de su estado de salud, no pudieron salir de aquel lugar en mes y medio. Y como el templo estaba lejos, se tardaron varias semanas en volver... Con ello pueden "completar" su ausencia en la fortaleza—dijo con una sonrisa.
- Claro... Buena idea Rin-chan—dijo Sango – Yo no podía volver al castillo con mi hermana en ese estado, o sin ella. Naraku sabe el fuerte lazo que une a las "Asakura" y que yo no la abandonaría a su suerte... Además, le prometí volver con ella –
- Y lo del templo no es del todo mentira...—dijo Kagome – Ya que cuando tú me encontraste, mi estado de salud sí era delicado... y, de hecho, me llevaste al lugar donde vive Izumi-sama... –
- Así es. Lo único que espero es que Naraku no nos descubra...—dijo y luego pensó – De eso depende nuestra vida... –
- Si él llegase a enterarse de todo, seremos acusadas de alta traición y nuestro destino será la ejecución... al igual que el de Inu Yasha, Miroku, Rin, Sesshomaru y toda persona involucrada en la rebelión, una vez que los descubran... –
- ¿Cuando partirán?—preguntó Miroku.
- Entre antes, mejor...—respondió Sango – Así tendremos más posibilidades de reunir mayor cantidad de información, la que será de mucha utilidad a la hora de la batalla –
- Sí—dijo Kagome - ¿Qué tal mañana? Así nos preparamos un poco más antes de entrar a la fortaleza, tanto física como mentalmente, y podremos mejorar nuestros argumentos para la coartada –
- Además, dentro de poco anochecerá... Sería sospechoso que llegáramos pasada la medianoche... y los guardias no nos permitirían entrar... –
- Es verdad—dijo Miroku.
- Entonces está decidido—dijo el mayor de los Taisho. El resto asintió.
Momentos después, las princesas Higurashi se separaron del grupo para poder preparar mejor la historia que le contarían al emperador cuando se reencontrasen con él al día siguiente, mientras los demás realizaban sus típicas labores para ayudar a la preparación de la cena, que estuvo lista media hora más tarde. Los seis tuvieron una amena conversación, olvidando por instantes todo lo que estaba por venir en los días consecutivos.
Una vez hubieron terminado de comer, los jóvenes ejecutaron sus habituales rutinas antes de dormir, siendo Inu Yasha quien se encargó de romper la suya y la de su novia.
- ¿Puedes venir un momento?—preguntó él, mientras la observaba directamente.
- Eh... claro—contestó la princesa, algo extrañada por la petición – No hay problema—se acercó al chico, quien tomó su mano, y lo acompañó unos cien metros lejos del lugar donde acampaban.
Mientras caminaban, Kagome observó el cielo: había luna llena y las estrellas podían verse a la perfección. Ambos se detuvieron bajo un árbol frondoso, alto y de tronco ancho, que aparentaba estar allí hace siglos.
- Sentémonos aquí—dijo Inu Yasha.
- ¿No te parece mejor ir a una de las ramas del árbol?—sugirió la joven, mirando hacia arriba – Allí hay mejor vista y menos riesgo de que si alguien aparece por aquí, nos encuentre... Si es privacidad lo que quieres—sonrió. Él la observó, pensativo.
- Pero... ¿Subiremos por el método tradicional o el "no-tan-tradicional"? –
- El segundo es más rápido...—dijo, al tiempo que se acercaba al príncipe y colocaba los brazos de éste alrededor de su cintura, lo que lo hizo sonrojar levemente. En un abrir y cerrar de ojos, se encontraban sobre una rama, a unos tres metros del suelo – Desde aquí no se puede apreciar tan bien el paisaje... Subamos un poco más—volvió a saltar y esta vez aterrizaron unos dos metros más arriba – Así está mejor...—sonrió con complacencia.
Ambos observaron los alrededores por unos momentos, el príncipe viendo nervioso hacia el suelo de vez en cuando, y luego con cuidado se sentaron en la rama sobre la que estaban parados, la cuál era bastante gruesa, por lo que podía soportar el peso de los jóvenes sin riesgo de caer.
- Bueno... ¿De qué querías hablarme?—preguntó la princesa, mientras se volteaba a ver al joven.
- La verdad es que de nada en especial. Sólo quería estar a solas contigo—dijo lo último algo cabizbajo y sonrojado, mostrando timidez - ¿Te molesta? –
- No, al contrario, me agrada—sonrió, apoyando su cabeza en el hombro de Inu Yasha y cerrando sus ojos.
- Oye Kagome...—la llamó unos minutos más tarde.
- ¿Sí?—preguntó, manteniendo su posición.
- Me... ¿Me extrañarás cuando estés en la fortaleza?—preguntó casi en un susurro, evitando establecer contacto visual con su novia. Ella lo miró.
- ¿Cómo no voy a extrañarte?—acarició el cabello de él con ternura, despeinándolo un poco – ¡Qué ganas tengo de no separarme de ti ni de los demás! –exclamó – Pero es algo que debo hacer si queremos que todo resulte según lo planeado... –
- Yo tampoco quiero que te vayas...—miró al horizonte – Si tan sólo pudiese ir contigo...—la abrazó con cuidado, acercándola más a él.
- Si así fuese, Naraku descubriría que la coartada que Sango y yo preparamos es falsa y los tres seríamos condenados a pena capital en el momento mismo en que nos descubrieran... Y sabes que eso no podemos permitirlo: tú eres la esperanza de Japón—lo observó con decisión.
- Entonces quiero que hagamos una promesa—ahora era él quién la observaba decidido.
- ¿De qué se trata?—preguntó con la curiosidad de una niña.
- Hay algo que tengo para darte... –
- ¿En serio? ¿Y qué es?—preguntó ansiosa por saber.
- Es un secreto...—sonrió – Pero lo sabrás una vez que todo acabe...—dijo, refiriéndose a la batalla con Naraku – Siempre que me prometas que, pase lo que pase, regresarás a salvo a mi lado... ¿Lo prometes? –
- Sí, lo prometo—sonrió.
Ambos comenzaron a acercarse, sellando su pacto con un beso. Después de ello continuaron abrazados y permanecieron así por un largo tiempo, sin decir palabra, sólo disfrutando de la compañía del otro.
- Kagome, ya es algo tarde...—dijo el príncipe, cuando se percató de que ya había pasado más de una hora desde que habían abandonado el campamento. No hubo respuesta – ¿Kagome?—preguntó, mientras la veía, buscando la mirada que el flequillo ocultaba.
Como ella no decía nada, levantó el pelo que cubría su blanca frente y descubrió que sus ojos estaban cerrados y su respiración era acompasada. Estaba dormida. La llamó un par de veces más, pero la joven no despertó.
- ¿Cómo bajaré de este lugar, si ella está durmiendo? Es la única, además de Sango, que puede dar esos saltos sin inmutarse ni correr peligro...—meditó un poco más – Creo que la mejor opción será quedarnos aquí... Por lo menos, el tronco y las ramas del árbol son bastante gruesos, de este modo es menos probable caer... –
Lo siguiente que hizo fue tratar de acomodarse de tal forma que su espalda quedase apoyada en el tronco, sentándose y acomodando a la princesa sobre él , apoyándola en su regazo, para que no sufriese un accidente debido a un movimiento demasiado amplio mientras se encontraba en el país de lo sueños. Además, de este modo, ambos compartían su calor corporal, algo bastante necesario en aquella fría noche.
- Creo que deberé permanecer despierto hasta el amanecer para evitar tener una caída, o que algo similar le suceda a Kagome... –
Y así lo hizo. Aunque el sueño estuvo a punto de vencerlo en reiteradas ocasiones, logró mantenerse en estado de vigilia hasta media hora antes de la salida del sol, momento en el que ya no pudo aguantar más y se durmió.
Cuando la luz se abrió paso en el horizonte e iluminó el lugar donde ambos jóvenes descansaban, la chica abrió los ojos.
- ¿Dónde... estoy?—pensó confundida, tratando de identificar sus alrededores sin mayor éxito ya que su vista aún era algo borrosa. Luego de unos segundos, su visión se volvió clara y lo primero que pudo ver fue el rostro de un dormido Inu Yasha muy cerca del suyo, para luego percatarse de la posición en la que se encontraba, lo que provocó que se sonrojara fuertemente - ¿Cómo vine a parar aquí?—pensó unos segundos, y lo recordó – Es verdad... me quedé dormida sin percatarme del lugar en donde estábamos... y como Inu Yasha no puede bajar de la misma forma en que yo lo hago...—suspiró – ...tuvimos que quedarnos aquí—dijo en voz baja.
Observó a su novio unos instantes. Parecía estar profundamente dormido. Aunque tenía un semblante muy tranquilo, también podía apreciarse algo de cansancio en su rostro.
- Será mejor que le permita descansar un poco más... Después de todo, él cuidó de mí—con suavidad acarició su cabeza – Además... no podremos estar tan cerca en algún tiempo. Por lo menos no hasta que Naraku haya sido vencido... –
Aproximadamente media hora después, Kagome decidió que ya era momento de volver al campamento junto con sus amigos por lo que, con cuidado, despertó al príncipe. Luego de ello ambos se levantaron, con extrema precaución de no caer, del tronco del árbol y procedieron a bajar para posteriormente dirigirse a su destino.
El resto del grupo aún dormía cuando ambos arribaron al lugar. Por ello intentaron hacer el menor ruido posible al recostarse en el suelo y cubrirse con las mantas, de forma de no despertarlos.
Cuando la mañana estuvo un poco más avanzada, todos despertaron gracias al canto de las aves a su alrededor. La mayoría había descansado bastante bien esa noche a excepción de Inu Yasha, aunque el resto no lo sabía.
Se apresuraron en preparar el desayuno, el cual haría entrar en calor sus cuerpos rodeados por una fría mañana de invierno.
- Kagome—la llamó su hermana.
- ¿Qué sucede?—preguntó la aludida.
- Creo que será mejor que no comamos... –
- ¿Eh?—preguntó extrañada - ¿Y eso por qué? –
- Porque de éste modo ambas tendremos un aspecto más "desvalido" a la hora de entrar a la fortaleza, y nuestra coartada tendrá más credibilidad. Ya que salimos hace meses del castillo y no se supone que no debiésemos tener dinero a estas alturas—explicó – Ni modo de conseguir comida sin caer en el robo... –
- Tienes razón—contestó unos segundos después – Y tan apetitoso que se ve el desayuno...—dijo con un tono desanimado ya que a ella le encantaba comer, aunque no lo hacía en exceso. Luego de ello, recordó algo importante que debía hacer – Inu Yasha... ¿Podrías venir aquí un momento, por favor? –
- Claro—respondió el aludido, quien hace poco había acabado de cortar madera para la fogata, mientras ambos se apartaban del grupo - ¿Qué sucede? –
- Recuerdas cuál fue la misión por la cual fui enviada fuera de la fortaleza, ¿verdad? –
- Sí. Fue Naraku quién te ordenó asesinarme, ¿o me equivoco? –
- No. Así es, y por lo mismo... hay algo que quiero, mejor dicho, debo pedirte... –
- ¿De qué se trata? –
- Lo que sucede es que... se supone que yo no puedo regresar al castillo sin antes haber conseguido mi objetivo, que en este caso sería el haberte quitado la vida... cosa que, obviamente, no cumplí... –
- Sí, pero... ¿qué tiene eso que ver con lo que tienes que pedirme? –
- Bastante, ya que necesito "pruebas" de que llevé a cabo lo que me fue encomendado... Y sólo tú puedes proporcionarme unas auténticas... –
- ¿Cómo puedo ayudarte?—preguntó preocupado. Haría lo que fuera con tal de que Kagome no estuviese en más peligro de aquel a que se exponía al entrar en territorio de Naraku.
- Es un favor algo difícil de pedir, pero... ¿podría cortar algo de tu cabello?—lo observó directamente. El pelo de Inu Yasha, de un negro muy intenso, llegaba hasta sus caderas – Me servirá para defender parte de mi coartada... –
Inu Yasha tomó su espada—la que siempre cargaba en el cinto de su vestimenta—, tomó su cabello—que estaba atado en una coleta baja—y lo cortó en unos escasos segundos, llegando ahora hasta la mitad de su espalda.
- ¿Con esto es suficiente?—preguntó al mismo tiempo que le entregaba lo que ella le había pedido. La joven asintió.
- Mmmm... Espero que no te moleste, pero hay otro favor que necesito pedirte...—dijo incómoda pero él la miró, incitándola a continuar – No me extrañaría que te rehusaras... –
- Si está a mi alcance, lo haré. No te preocupes y dime qué es lo que deseas... –
- Necesito... un poco de... tu sangre... O alguna prenda tuya que esté manchada con ella... Así Naraku verá que te herí...—se mantuvo unos segundos en silencio – No haría todo esto si él no fuese capaz de distinguir si las pruebas que se le muestran son verdaderas o no... De algún modo, él es capaz de sentir la esencia de sus enemigos en cosas como la sangre o partes del cuerpo extraídas de éstos...—le explicó. Él lo pensó por un momento.
- Está bien...—rasgó la manga del haori que vestía y se la entregó a la princesa.
Luego ella procedió a entregarle una pequeña daga, con la que él realizó un corte en su brazo izquierdo de forma no muy profunda, para no dañarlo demasiado, pero sí lo suficiente como para derramar la cantidad de sangre necesaria para aparentar que la supuesta "herida de batalla" había sido grave. Después de haber concretado esto, Kagome—quien había observado el proceso bastante nerviosa y con un sentimiento de culpabilidad—con rapidez y delicadeza vendó la herida.
- Por favor, discúlpame por causarte tantos inconvenientes—dijo la joven, con un profundo tono de arrepentimiento, culpabilidad y unas cuantas lágrimas en sus ojos, mientras abrazaba al príncipe, quién le correspondió.
- No hay nada que perdonar... Sé que es algo inevitable para que ese tipo crea en ti y no te haga daño...—la abrazó con más fuerza y besó su frente – Así que no tienes que sentirte mal por mí... –
- Por lo menos déjame hacer algo que ayude a curar mejor esa herida...—apenas dijo aquello colocó ambas manos sobre la lesión, cerró sus ojos, concentró su poder espiritual en sus extremidades superiores y lo extendió a través del cuerpo de Inu Yasha.
Una sensación cálida y agradable lo invadió. Sentía como aquella energía recorría todo su ser y la herida comenzaba a curarse de forma más rápida que lo normal, aunque no del todo. Por último, depositó un beso en la parte lesionada.
- Así debería estar mejor... ¿Se atenuó el dolor?—preguntó preocupada.
- Sí... Ya puedo mover el brazo con mayor normalidad—le contestó, mientras revolvía los cabellos de la chica con su mano derecha. Ella apoyó su cabeza en uno de los hombros de él.
- Me alegra oír eso—dijo algo más aliviada.
- Iré a cambiarme y luego a comer—ella asintió – Nos vemos en un momento—sonrió y se alejó de ella.
Poco después la comida estuvo lista y el grupo procedió a desayunar, excepto las princesas Higurashi. Ambas se encargaron de guardar sus pertenencias y prepararse para el viaje que, según sus estimaciones, duraría unas ocho a diez horas de caminata. Poco a poco el hambre se manifestaba en sus cuerpos, demostrado por unos cuantos rugidos de sus estómagos.
- Debemos soportarlo... Además, esto no nos matará antes de llegar a la fortaleza, después de todas las situaciones por las que hemos pasado ¿no?—dijo Sango, tratando de animar a su hermana, quien asintió.
- Estamos listas para irnos—informó Kagome a los demás, mientras tomaba la manta con sus cosas y la cargaba en su espalda, al igual que la mayor de las Higurashi.
- Que tengan un buen viaje de regreso a la fortaleza—les deseó Rin, mientras las abrazaba – Cuidaré bien de los chicos mientras ustedes no están—sonrió.
- Nosotros sabemos cuidarnos solos...—dijo Inu Yasha, algo molesto.
- Alguien que vigile que coman de forma adecuada nunca está de más—dijo Sango, a la vez que sonreía.
- Tengan mucho cuidado en la fortaleza—dijo Miroku, mirando fijamente a su amada, mientras tomaba sus manos y ésta se sonrojaba.
- No permitan que errores, aunque sean pequeños, las delaten—les recomendó Sesshomaru.
- No tienen de qué preocuparse. Seremos bastante cuidadosas con cada palabra que utilicemos... Sólo debemos actuar del mismo modo en que lo hacíamos hace algunos meses—dijo Kagome – Y recordar que cada vez que me llamen, será por el nombre de Aome –
- O por el apellido Asakura—completó su novio.
- Así es—contestaron las Higurashi.
- Apenas consigamos la información necesaria, como la localización de la Perla de Shikon y la formación de seguridad del castillo, vendremos a visitarlos y relatarles todo lo que necesitan saber para el "Gran Día"—dijo Sango.
- Sí—contestaron los cuatro que se quedaban. Inu Yasha se acercó a Kagome.
- Recuerda cumplir nuestra promesa—le susurró al oído.
- Claro. No la olvidaré—contestó algo sonrojada y con una sonrisa, en el mismo tono de voz, mientras le daba un beso en la mejilla que provocó el enrojecimiento del rostro del príncipe – Hasta luego—dijo a los otros, mientras se separaba de él.
- Espero que esto no nos lleve más de un par de semanas...—dijo Sango.
- También nosotros—dijo Rin – Sino Sesshomaru y yo tendremos que soportar a un par de hombres desesperados por verlas, lo que no será nada agradable...—bromeó refiriéndose a Inu y Miroku, quienes le lanzaron una mirada resentida.
- ¡Nos vemos!—dijeron las hermanas, mientras comenzaban a alejarse.
- ¡Procuren que nadie las descubra!—dijo Miroku.
- Y regresen a salvo—dijo el mayor de los Taisho.
- ¡¡Así lo haremos!!—respondieron con energía, mientras se perdían de vista en lo espeso del bosque.
Cuando ya hubieron avanzado unos cien metros, ambas comenzaron a saltar por entre los árboles, para así llegar antes al camino principal. En el momento en que estuvieron lo suficientemente cerca de éste, descendieron y siguieron caminando con normalidad. Con cuidado de que nadie las viese—sobretodo algún soldado de Naraku—salieron del bosque y tomaron rumbo hacia la fortaleza.
Luego de haber viajado unas cinco horas y media sin descanso, la fatiga producida por la falta de alimento y agua se hizo presente. Estaban algo mareadas, sentían sus cuerpos algo entumecidos y sus estómagos no dejaban de exigir comida.
- Resiste Kagome-chan...—dijo Sango, al ver que su hermana reducía su velocidad—...llevamos más de la mitad del camino... En unas pocas horas estaremos en la fortaleza y podremos comer...—el cansancio también le estaba ganando, por lo que involuntariamente cayó de rodillas al suelo.
- Descansemos un poco—sugirió la menor, ayudando a la otra a levantarse y caminar hacia la orilla – No llegaremos a ninguna parte si no reponemos aunque sea un poco de energía... –
- Tienes razón... Creo que fue mala idea no comer nada, ni traer algo de dinero para comprar algo... –
- Lo hecho, hecho está... No obtendremos nada con nuestros lamentos... –
Descansaron media hora y luego prosiguieron con su caminata, apoyándose en el cuerpo de la otra para no caer.
Momentos después, escucharon un distante galope de caballos, el cual se acercaba cada vez más a su ubicación. Temieron encontrarse con soldados de la fortaleza, los cuales no tenían muy buena fama en cuanto al trato hacia las mujeres jóvenes se trataba, sobretodo cuando éstas se encontraban indefensas. Además, era probable que no las reconociesen, debido a que no vestían los trajes de las Princesas de la Muerte.
- Tratemos de escondernos, o de pasar desapercibidas—dijo Kagome.
- Sí—asintió Sango, mientras comenzaban a caminar lo más rápido que podían hacia el bosque, lugar que les serviría de escondite gracias a su frondosidad.
Lamentablemente, no lo lograron a tiempo. El cuarteto de jinetes las divisó poco antes de que pudieran refugiarse tras los árboles.
- ¡Alto ahí!—exigió uno de los hombres, a lo que las mujeres se detuvieron, muy a su pesar.
- Su actitud es bastante sospechosa...—dijo otro de ellos.
- ¿Cuáles son sus intenciones?—preguntó un tercero, mientras el cuarto—quien parecía ser su capitán—se mantenía en silencio.
Ellas no contestaron, dándoles la espalda e intentando ocultar sus rostros lo más posible, ya que en su estado no podían defenderse. Además, cualquier acción irracional podía llegar a oídos del emperador quien, al reconocerlas, las acusaría de traición.
- ¡¡Muéstrennos sus caras!!—exigió el primero.
- Maldición—pensaron las hermanas, sintiéndose frustradas por no poder hacer nada al respecto.
No tuvieron más elección que voltearse y dejar al descubierto su identidad. No quisieron observar directamente a los hombres, por lo que sus miradas estaban dirigidas al suelo. Los que les habían hablado con anterioridad se bajaron de sus caballos y comenzaron a acercarse a ellas con una mirada llena de malas intenciones. Apenas las vieron se dieron cuenta de que ellas eran unas jóvenes muy bellas, que parecían estar en malas condiciones.
- Deténganse los tres—ordenó el soldado que no había hablado antes.
A las Higurashi aquella voz se les hizo extrañamente conocida, por lo que observaron a su dueño. El asombro inmediatamente se hizo presente en sus rostros al ver de quién se trataba, quedándose sin palabras por la sorpresa.
- ¡Aome, Sango!—dijo el hombre, bajando de su caballo y acercándose con rapidez hacia ellas, abrazándolas con fuerza mientras sus subordinados lo observaban con una mezcla de extrañeza y celos.
- Ko-Koha...ku...—logró articular Sango.
- He...hermano...—susurró Kagome, devolviéndole el abrazo.
Y así era. Ante ellas se encontraba Kohaku Asakura, el general de las fuerzas del emperador.
- Estaba muy preocupado por ustedes...—dijo él, mientras las soltaba – Pensé que algo grave les había sucedido o, peor aún, que habían fallecido... –
- Bueno, algo así...—dijo la mayor – Más tarde te lo explicaremos... –
- Llevan bastantes meses desaparecidas, por lo que nuestro señor se llevará una gran sorpresa cuando se entere de su regreso... Pero lo importante es que hayan vuelto a salvo—sonrió – Las extrañé mucho—les dijo en un murmullo.
- General Asakura—le llamó uno de los soldados – Disculpe mi interrupción, pero... ¿quiénes son ellas?—preguntó.
- Ellas son Sango y Aome Asakura, mis hermanas y unas muy hábiles Princesas de la Muerte—explicó.
- Discúlpennos por nuestra mala educación al gritarles de ese modo—los tres soldados se arrodillaron – No sabíamos quienes eran, lamentamos el haber sido tan insolentes... –
Y es que la posición de las Princesas de la Muerte dentro de las fuerzas de Naraku era alta, siendo el título de Sango—al ser ella la líder de éstas—sólo un poco menor que el de Kohaku.
- ¿Qué haces por aquí?—preguntó Sango con curiosidad – ¿No deberías estar en la fortaleza? –
- Es verdad... Una persona con tu rango no debiese andar acompañado por tan pocos soldados, ni menos en un lugar como éste...—dijo Kagome.
- He venido aquí a hacer una misión de reconocimiento. Debido a la reestructuración de la seguridad del castillo que se hace periódicamente, la mayoría de los soldados se encuentran ocupados y no podía enviar sólo a los tres a hacer esta tarea—explicó Kohaku – Además, últimamente hemos tenido una afluencia bastante grande de aldeanos a la capital, por lo que el emperador ordenó que viniésemos a resguardar el camino y ver que no hubiese nada sospechoso... –
- Seguramente se trata de los soldados de las familias que están a favor de nuestra causa...—pensó – Ya que ese es nuestro plan... que se infiltren cierta cantidad de ellos en la Cuidad Imperial, de modo que el ataque sea más efectivo... Mientras que la mayoría del grupo se dispersará en el bosque, para no ser descubierto... –
- Dejando eso de lado, es una suerte que las haya encontrado por aquí... Su condición física no parece ser muy buena... –
- Sí... es que no hemos comido desde ayer y hoy hemos viajado casi sin descanso hacia la fortaleza...—explicó Sango – Teníamos mucho deseos de llegar allí lo antes posible... para reencontrarnos contigo y los demás... y rendirle cuentas a nuestro señor Naraku... –
- Entonces lo mejor será que volvamos pronto a ese lugar. Estoy seguro de que el emperador se llevará una gran sorpresa cuando las vea—sonrió – ¿Alguna de ustedes se siente con la suficiente fuerza como para cabalgar por sí misma?—preguntó a sus hermanas.
- Yo lo haré—dijo la mayor – Aunque... ¿tienes algo de agua que puedas compartir conmigo? La verdad es que tengo mucha sed... –
- Claro que sí—le acercó una cantimplora – Discúlpame por no haberlo pensado antes... –
- No hay problema, Kohaku-kun—sonrió a su mellizo, luego bebió parte del agua y el resto se lo dio a Kagome.
- Ya me siento algo mejor—dijo la menor de los "Asakura".
- Irás conmigo en el caballo—le dijo su hermano – Sakamoto y Hamasaki, ustedes volverán juntos a la fortaleza—les ordenó, refiriéndose a que compartirían un equino.
- Está bien—dijeron ambos, haciendo una pequeña reverencia.
- Vamos—dijo mientras ayudaba a Kagome a subir a su transporte y luego él se acomodaba. Uno de los soldados ayudó a Sango a subir al suyo. Después de ello, comenzó su viaje de regreso.
Mientras tanto Rin, Inu Yasha, Sesshomaru y Miroku se encontraban descansando luego de haber almorzado. El menor de los Taisho estaba muy preocupado por el estado de su novia. Realmente no sabía si sería capaz de soportar todo ese tiempo sin saber de ella, ni verla.
- Si la misión en busca del Collar de la Pureza fue una tortura... Eso será peor...—pensó intranquilo.
- Por cierto Inu Yasha...—dijo la princesa Minami – ¿Por qué has cortado tu cabello? –
- Eso se debe a que fue Kagome quién me lo pidió—explicó él – Además de algo de sangre...—dijo mientras le mostraba el vendaje que ocultaba su herida.
- Ya veo...—dijo Sesshomaru – Necesitaba pruebas de que habías sido asesinado, ¿no? –
- Así es... Sólo espero que sean lo suficientemente convincentes para Naraku... –
- También yo...—dijo Miroku a la vez que observaba la cinta blanca que portaba en su muñeca, símbolo de la rebelión contra el emperador – No quiero ni imaginar lo que puede llegarles a pasar si las descubren... –
Alrededor de una hora después las hermanas Higurashi pudieron avistar la fortaleza de Naraku, junto con la Cuidad Imperial. Todo estaba tal cual lo recordaban: mucho movimiento, bastante bullicio, soldados dispuestos para defender el orden, entre otras cosas.
Al pasar llamaban la atención, debido a que era extraño ver a un militar llevando a una civil sentada junto a él en su caballo. Kagome estaba bastante avergonzada.
- No te preocupes Aome. En unos minutos estaremos en el castillo—le dijo Kohaku.
- Sí...—contestó ella, cabizbaja.
Y tal como dijo él, en poco tiempo llegaron a la fortaleza. Algunos de los soldados encargados de resguardar la entrada las observaron extrañados—quienes no las conocían—, mientras otros mostraban sorpresa en sus rostros—los que lograron reconocerlas—. Aún con tales reacciones, se encargaron de abrirles las puertas una vez vieron a Kohaku.
- Buenas tardes—dijo Kagome, bajando del caballo – Ha pasado mucho tiempo, ¿no? –
- Bienvenida al castillo Asakura-san—dijeron unos cuantos hombres, haciendo una pequeña reverencia – Es un agrado tenerla de vuelta –
- Gracias, son muy amables—sonrió.
- También es un gusto que haya regresado, Asakura-sama—dijeron a Sango, a lo que ella asintió ligeramente con su cabeza a modo de agradecimiento.
(Nota de la Autora: el sufijo –sama denota más respeto que –san, y Sango es llamada por el primero debido a que ella es la "jefa" de las Princesas de la Muerte).
- ¿Podrías decirle a alguien que prepare comida y la habitación de las jóvenes?—dijo Kohaku a uno de sus subordinados.
- Claro. Como ordene, señor—hizo una reverencia y se retiró hacia el castillo.
- ¿Está ocupado el emperador?—preguntó a otro de los hombres que estaban allí.
- En este momento está atendiendo unos asuntos de Estado—contestó el aludido.
- Avísame cuando acabe. Quiero informarle en persona acerca de la llegada de mis hermanas –
- Sí, señor –
- Entremos a la fortaleza—les dijo a las Higurashi, quienes lo siguieron.
Recorrieron los corredores con lentitud, debido al estado de salud de las jóvenes. Al hacerlo muchos recuerdos vinieron a sus mentes, tales como los arduos entrenamientos, las animadas comidas en grupo, algunos cuantos regaños, sentimientos de impotencia por parte de "Aome" al no recordar su pasado, entre otros.
En el camino no se encontraron con alguna de las Princesas de la Muerte. Lo más probable es que se encontrasen entrenando o realizando alguna de sus labores diarias.
- Aquí estamos, señoritas—les dijo su hermano, mientras habría la puerta del cuarto. Ellas entraron, observando que cada una de sus pertenencias se encontraba en su respectivo lugar, pareciendo como si nunca hubiesen abandonado aquella habitación. En una mesa había vasos con agua – Seguramente en unos minutos les traerán sus alimentos... –
- Gracias por preocuparte por nosotras Kohaku—dijo la mayor.
- ¿Cómo no habría de hacerlo? Después de todo, les tengo bastante cariño—sonrió.
- Eso me recuerda... hace tiempo que no le pedimos a Asuka que haga un retrato de los tres—dijo Kagome. Asuka era una de las Princesas de la Muerta, con gran talento en el ámbito de las artes.
(Nota de la Autora: Allí no existían cámaras fotográficas ni nada parecido, por lo que acudir a artistas era la mejor forma de obtener retratos...)
- Es verdad... En cuanto podamos, se lo pediremos—dijo Sango.
- Bueno, yo las dejaré solas para que se pongan más cómodas y descansen...—dijo el chico.
- Ven a vernos cuando puedas—dijo la menor.
- Apenas tenga noticias sobre la opinión del emperador acerca de su llegada, vendré a avisarles –
- Nos vemos, entonces—dijo la joven de cabello marrón, mientras su hermano asentía y se retiraba.
Las mujeres aprovecharon el momento de privacidad para cambiar sus vestimentas por otras más cómodas y conversar con algo más de libertad.
- ¿Cuál crees que sea el momento adecuado para contarle la verdad a Kohaku?—preguntó Kagome.
- Debemos esperar un poco. Primero debemos investigar cómo están las cosas en el castillo, sobre todo el nivel de apoyo al emperador... especialmente por parte de nuestro hermano y las Princesas de la Muerte, quienes podrían ser nuestros mejores aliados en "ese día"—dijo Sango en voz baja – Detengamos nuestra charla sobre este asunto. Algunas personas se acercan—dijo esto mientras sus sentidos se enfocaban en captar la presencia de terceros en el corredor.
- ¿Podemos entrar?—escucharon al momento que alguien tocaba la puerta.
- Claro, adelante—dijo la menor.
- Hemos traído su comida—dijo una de las dos mujeres, mientras ambas hacían una pequeña reverencia y comenzaban a disponer de los alimentos en la mesa con cuidado.
- Cualquiera sea su necesidad, no duden en llamarnos—dijo la otra, entregándole una campanilla a Sango.
- Está bien. Gracias por traer esto hasta aquí—dijo ésta.
- No hay de qué. Es un gusto tenerlas nuevamente por aquí –
- No las importunamos más. Nos retiramos—volvieron a hacer una reverencia y se marcharon.
Las Higurashi se sentaron con rapidez y comenzaron a comer con avidez, debido al enorme apetito que sentían y que sus estómagos se habían encargado de recordar las últimas horas, a intervalos cada vez más cortos.
- Había olvidado lo deliciosa que es la comida aquí—dijo Kagome, luego de tomar un poco de agua.
- No hay comparación entre lo que puede prepararse en una fogata y en la cocina de un castillo ¿no crees?—dijo y su hermana asintió.
Después de ello terminaron de comer y aprovecharon de recostarse un momento a descansar, tras lo cual se rindieron ante el sueño debido al cansancio de su viaje. Además, querían tener buena apariencia para el momento en que se encontrasen con Naraku.
Unas horas después una de las doncellas del palacio fue a despertarlas, informándoles que Asakura-dono—como llamaban a Kohaku—deseaba hablar con ellas y que las esperaba en el Salón de Planificaciones—utilizado usualmente para la creación de estrategias militares, económicas y políticas, pero que hacía las veces de oficina del mayor de los Higurashi cuando no había nadie más ocupando el lugar—. Las jóvenes tomaron un corto baño, se arreglaron y vistieron unos kimonos traídos por la mujer, algo más formales que los que acostumbraban vestir.
Una vez estuvieron listas, se dirigieron a donde las esperaba su hermano. Una vez se saludaron, ambas tomaron asiento frente a un escritorio.
- ¿Pudiste hablar con nuestro señor?—preguntó Sango.
- Sí. Y le informé acerca de vuestra llegada—contestó el aludido.
- ¿Cuál fue su reacción?—preguntó "Aome".
- Al principio se notó algo sorprendido, pero luego de mostrarse pensativo por unos instantes, se vio bastante complacido con la noticia. Espera verlas después de la cena en el salón del trono... –
- Ya veo...—dijo la mayor, algo abstraída.
- ¿Sucede algo?—preguntó.
- No, nada... Sólo estaba pensando—sonrió.
- Ahora pueden contarme su viaje con detalle... ¿Por qué tardaron tanto en volver?—apoyó su mentón en sus manos entrecruzadas.
- Bueno, lo que pasó fue...—inició Kagome.
- Espera... ¿Puedo contar yo la historia?—la interrumpió Sango.
- Ehm... claro, no hay problema—contestó, algo confundida.
- Si lo que sospecho es cierto... Lo más probable es que Naraku quiera comparar ambas versiones de nuestro relato: la que les contaremos a él y a Kohaku por separado, ya que el emperador no se dejaría convencer tan "fácilmente" por nuestras explicaciones sin antes tener información que la respaldara... o una fuente que pudiera rectificarla...—pensó, tratando de trasmitirle esto con una mirada a su hermana, esperando que no cometiera ningún error en su historia, para que las incongruencias no revelaran su mentira. Aome asintió casi imperceptiblemente.
De esta forma, Sango procedió a relatar a Kohaku la historia tal cual como habían acordado con su hermana menor, agregando bastantes detalles para hacerla más real y creíble. Kagome agregaba datos de vez en cuando, complementando el relato. Kohaku las escuchaba con gran atención. Esto les tomó alrededor de una hora, tiempo tras el cual una de las sirvientas del castillo entró a la habitación y les informó que la cena ya se encontraba lista.
La ansiedad y nerviosismo dentro de las hermanas Higurashi aumentó, debido a que verían por primera vez en meses a su máximo enemigo, y anterior señor, el emperador Naraku Yamino, durante la cena, aunque no hablarían directamente con él hasta que ésta hubiese acabado.
Las jóvenes caminaban hacia el salón utilizado como comedor una al lado de la otra, mientras su hermano las seguía a unos cuantos pasos de distancia. Se detuvieron una vez llegaron a la puerta que daba paso al lugar destinado para comer. Unieron sus manos como forma de demostrar apoyo hacia su hermana.
- Sus compañeras estarán muy felices de verlas nuevamente, sanas y a salvo...—comentó Kohaku, antes de abrir la puerta.
Frente a ellas se encontraban 4 mesas bajas, 3 de ellas distribuidas a lo ancho del salón mientras la otra, siendo más pequeña pero tallada de manera más majestuosa, estaba colocada sobre una plataforma y rodeada por cortinas de finísima seda, que sólo permitían ver la silueta de su ocupante. Era el lugar del emperador, quién las observaba con una pequeña sonrisa—imperceptible para el resto de los ocupantes de la habitación—, mientras una sirvienta le servía un fino licor y otras cuantas le traían los alimentos.
En la mesa del centro se encontraban unas 20 jóvenes. Eran las Princesas de la Muerte, quienes se mostraron sorprendidas y felices de ver a las hermanas Asakura frente a ellas.
En la mesa del lado derecho estaban sentados los ministros de Estado. No demostraron emoción alguna hacia la llegada de las mujeres.
En la mesa del lado izquierdo se hallaban las personas con altos cargos militares, y los involucrados con la defensa de la fortaleza y el emperador. Algunos lanzaron miradas de confusión, sorpresa e indiferencia hacia las recién llegadas.
Pasados unos segundos, los tres hicieron una pequeña reverencia y se separaron: Kagome se dirigió hacia el centro—al ser ella parte de las "Princesas"—, mientras que Kohaku y Sango caminaron hacia la mesa izquierda—debido a sus cargos militares—. Naraku hizo un ademán, dando a entender que diría unas palabras, por lo que cualquier murmullo fue acallado inmediatamente.
- Quiero darle la bienvenida a las recién llegadas—anunció el hombre – Su regreso a este castillo es una buena noticia para todos—levantó la copa que contenía el licor, a modo de brindis. El resto de los presentes lo imitó y luego bebió.
La mayoría de las Princesas de la Muerte estaban ansiosas por preguntar todo lo que había sucedido en aquellos meses a Kagome—siendo ella la que estaba más cerca de ellas en ese instante—, pero debieron de contenerse debido a estar frente al emperador.
El resto de la hora de la comida transcurrió con tranquilidad—excepto para las Asakura—y en silencio. Era costumbre dentro de la fortaleza no hablar durante el desayuno, el almuerzo y la cena, para no molestar al señor del castillo. Una vez hubieron terminado la mayoría procedió a retirarse, sin antes hacer una profunda reverencia ante el soberano.
- Estaré esperándolas—fueron las únicas palabras que salieron de la boca de Naraku, antes de salir del lugar escoltado por dos acompañantes.
Las jóvenes dejaron pasar un par de minutos antes de siquiera mover un pie.
- ¿Estás lista?—preguntó la mayor.
- Aunque no lo esté del todo... Debemos ir enseguida. No es bueno hacer esperar a su majestad—recalcó las últimas dos palabras.
Ambas comenzaron a caminar en dirección al salón acordado. En la entrada se encontraban unos cuantos guardias custodiando el lugar.
- Por favor, anuncie al emperador que nos encontramos aquí—pidió Sango a uno de los guardias, quien asintió y entró al salón.
Luego de unos segundos, las puertas fueron abiertas y les fue permitido el paso a las Higurashi, quienes avanzaron unos cuantos metros en línea recta, hicieron una profunda reverencia y luego se arrodillaron, siempre con la mirada baja.
- Es un honor encontrarnos nuevamente ante su presencia, majestad—dijo Kagome.
- Estamos agradecidas por brindarnos la oportunidad de poder explicar nuestra situación, mi señor—dijo Sango.
Al igual que la habitación anterior, el trono de Naraku se hallaba rodeado por cortinas de seda que no permitían ver más que su imponente silueta, y a la vez colocado sobre una tarima. Alrededor de aquel sitio se hallaban dispuestos unos cuantos soldados y sirvientas, quienes atendían a las demandas del regente.
- Pueden levantar sus miradas—les dijo. Acto seguido, ellas obedecieron – Deseo que me expliquen las razones por las cuales tardaron tanto en volver a la fortaleza, pero antes... Aome—la llamó – ¿Cumpliste con el objetivo que se te encomendó antes de salir de aquí? –
- Sí, su majestad—reuniendo todo su coraje respondió con seguridad, aunque aquella fuese una mentira.
- ¿Tienes las pruebas contigo? –
- Así es—de entre su vestimenta extrajo tanto el cabello como la manga ensangrentada del haori de Inu Yasha, los cuales previamente había envuelto para que no se dañasen en el camino – He intentado mantener estas pruebas lo más intactas posible para mostrárselas, mi señor –
- Taniguchi—dijo a un soldado que se encontraba próximo a él – Recoge eso y entrégamelo –
- Como usted ordene, alteza—se levantó, camino a Kagome quién le extendió las pruebas, dio media vuelta, se acercó a Naraku y con una profunda reverencia—y sin mirarlo nunca a los ojos—, le entregó lo pedido.
El emperador examinó detenidamente aquello, manteniéndose alrededor de un minuto en silencio, el cual ambas princesas sintieron como una eternidad.
- ¿Por qué no me has traído el cráneo del hombre que ordené asesinar, Aome?—preguntó seriamente. Un escalofrío recorrió a la chica. Era momento de contar otra parte de la historia que habían inventado las hermanas.
- En el momento en que me encontré con aquel hombre, él opuso gran resistencia a través del combate con la espada... A medida que seguimos luchando, nos acercamos a un precipicio, sin percatarnos por completo de ello. En ese momento, el suelo bajo nuestros pies cedió y ambos caímos... Al llegar al suelo mis piernas impactaron contra unas rocas, lo que resultó en que ambas se fracturaron. Miré a mis alrededores y vi que aquel hombre se había golpeado en la cabeza y estaba sangrando abundantemente. Arrastrándome logré acercarme a él, pero el dolor me estaba haciendo perder la conciencia...—se detuvo unos segundos, para luego continuar – Por ello, sólo logré cortar parte de su cabello que no estaba ensangrentada y arrancar la manga de su haori... Luego todo a mi alrededor se volvió oscuro, y cuando desperté... Me hallaba en un templo bastante alejado del precipicio. Una sacerdotisa me contó que había estado durmiendo durante más de una semana... Le pregunté por el hombre que estaba a mi lado, y respondió que cuando me encontraron él ya había fallecido, y que habían decidido incinerarlo por razones prácticas... Por lo que no pude cortar su cabeza, y traerla ante vuestra presencia, su majestad...—hizo una profunda reverencia – Ruego que me perdone por mi incompetencia. Lamento haber fallado en mi misión –
- ¿Estás segura de que aquel sujeto fue incinerado? –
- Así es. Les dije a las sacerdotisas del templo que ese hombre era mi novio, y que ambos habíamos caído del precipicio debido a que unos cuantos ladrones nos emboscaron en el camino; y que por lo mismo quería ver su cuerpo aunque fuese por última vez, pero todas me respondieron que había sido cremado y sus cenizas esparcidas en los alrededores para que su espíritu fuese liberado... –
- Por lo que puedo sentir, estas pruebas pertenecieron al hombre que te fue asignado asesinar...—se mantuvo en silencio por un momento – Cuéntenme el resto de la historia... y el porqué tardaron tanto en regresar... –
- Como usted ordene—dijo Sango, y ella prosiguió a contarle lo mismo que le habían dicho a Kohaku unas horas antes.
Naraku escuchó atentamente el relato, intentando detectar cualquier rasgo de inseguridad o algo parecido que le hiciese desconfiar de la historia de las hermanas. Cuando Sango hubo terminado, el silencio volvió a invadir el salón, siendo el emperador el encargado de romperlo.
- Por ahora he decidido creer en su historia. Pero si descubro alguna actitud sospechosa o, más directamente, que me han engañado, saben el castigo que les espera... –
- Lo tenemos más que claro, nuestro señor—dijeron las dos.
- No nos atreveríamos a desafiar vuestra autoridad. Nuestra lealtad se encuentra con usted, su alteza—dijo Sango con seguridad.
- Estamos muy agradecidas con su majestad por darnos la oportunidad de regresar a este palacio... y resumir nuestras actividades aquí—dijo Kagome.
- Veo que han vuelto al palacio un par de ovejas descarriadas...—se oyó una voz femenina provenir desde la entrada del salón. Su silueta se encontraba rodeada por la penumbra.
- Pensé que estabas descansando en tu alcoba. No apareciste a la hora de cenar—dijo Naraku.
- Así era, pero la curiosidad me ha ganado—sonrió, acercándose lentamente a las jóvenes arrodilladas.
Ellas no se voltearon a ver, debido a que eso era una falta de respeto hacia el señor del castillo, aunque deseos de hacerlo no les faltaban. Esto se debía a la falta de formalidad con la que le hablaba al emperador, lo cual era considerado una ofensa hacia su majestad.
La mujer que acababa de entrar poseía unos ojos color café desafiantes, largo cabello negro azabache, llegando hasta sus muslos, piel blanca como la nieve, una figura bien proporcionada, con curvas que resaltaban a través del kimono que vestía, el cual dejaba a la vista sus delicados hombros y parte de su busto. Su caminar era acompasado y portaba un abanico en su mano derecha, que le deba un aire distinguido.
Cuando la mujer hubo caminado lo suficiente como para ubicarse frente a las hermanas, ellas se atrevieron a observar su rostro. A Sango le pareció extrañamente familiar, aunque no recordaba dónde lo había visto antes. Después de intentar por un buen rato, finalmente una memoria asaltó su cabeza, forzándola a tomar una actitud vigilante, acompañada por cierto rencor debido a lo recordado.
En cuanto a Kagome, ella tardó menos en reconocer a la recién llegada. Aunque habían pasado muchos años desde que la había visto por última vez, no había olvidado esa mirada y el pasado que arrastraba. Un nombre vino a su mente.
- Kuribayashi... Kikyo... –
Notas de la Autora: Hace mucho tiempo que no publicaba, como ya había dicho antes... Eso se debió tanto a lo ocupada que me ha mantenido la universidad como a falta de inspiración... Sabía todo lo que tenía que escribir, tenía la mayoría de las ideas en mente, pero las palabras no fluían por el teclado... No sabía cómo llevar al medio escrito todo lo que pensaba para el capítulo... Ni como rellenar algunos vacíos de la trama...
He fallado a mis deberes como escritora responsable y lo lamento. Espero que sean capaces de perdonarme... Supongo que si están leyendo éstas notas, es porque pudieron hacerlo n.n
Les agradezco mucho por seguir acompañándome en esta larga travesía que es el escribir una historia que ya está en su trigésimo octavo capítulo, y en la recta final... Como mencioné al principio, creo que en unos 3 o 4 capítulos estará todo terminado... Espero contar con su apoyo hasta el final n-n Y que me hagan saber sus opiniones a través de reviews... Son muy valiosas para mi, tanto porque me hacen muy feliz, como porque me demuestran que éste es un fic digno de ser leído y disfrutado por otros.
En el caso de que alguna parte no se haya entendido, pueden hacérmelo saber a través de un review o mail, y lo contestaré a la brevedad.
Bueno, no me queda más que despedirme. Espero que podamos vernos (o leernos) pronto :D
Cuídense mucho y que tengan un buen día (o noche). Se despide...
Dany-Chan
P.S.: Apenas publique esto comenzaré con la escritura del siguiente capítulo... Deséenme inspiración!! xDD
