Después de mucho, mucho tiempo (6 meses? Quizás más…) Aquí estpa el siguiente capítulo de Oportunidad de Vivir… Espero que lo disfruten!!

Definitivamente esta historia se encuentra en su recta final… luego de este capítulo, no deberían ser más de 2 o 3 los que quedan… Espero que me sigan hasta el final n-n

Les dejaré un pequeño resumen de lo que pasó en el capítulo anterior, para que no estén tan perdidos!!


Kagome y Sango decidieron partir hacia la fortaleza de Naraku, a modo de poder recabar información acerca del plan de seguridad del castillo y buscar un modo de debilitar la vigilancia al momento de la batalla final, además de conseguir el apoyo de Kohaku e intentar encontrar la ubicación de la Perla de Shikon.

Kagome le pide a Inu Yasha que le dé parte de su cabello y una prenda manchada con su sangre para poder mostrarle pruebas al Emperador de que ella había cumplido con su misión, para que no dudara de su tardío regreso. El príncipe le proporiona aquellas evidencias, y luego la joven y su hermana parten hacia el palacio.

En el camino se encuentran con su hermano Kohaku, quién las escolta de regreso al castillo, y después de eso tienen una reunión con Naraku. Allí "Aome" le mostró las pruebas y le contó las supuestas razones por las que se había tardado tanto en volver.

Naraku decidió creer en ellas, a la vez que ambas juraron lealtad ante él. Pero repentinamente, alguien más hizo aparición en el salón donde se llevaba a cabo su reunión.

- Veo que han vuelto al palacio un par de ovejas descarriadas...—se oyó una voz femenina provenir desde la entrada del salón. Su silueta se encontraba rodeada por la penumbra.

- Pensé que estabas descansando en tu alcoba. No apareciste a la hora de cenar—dijo Naraku.

- Así era, pero la curiosidad me ha ganado—sonrió, acercándose lentamente a las jóvenes arrodilladas.

Ellas no se voltearon a ver, debido a que eso era una falta de respeto hacia el señor del castillo, aunque deseos de hacerlo no les faltaban. Esto se debía a la falta de formalidad con la que le hablaba al emperador, lo cual era considerado una ofensa hacia su majestad.

La mujer que acababa de entrar poseía unos ojos color café desafiantes, largo cabello negro azabache, llegando hasta sus muslos, piel blanca como la nieve, una figura bien proporcionada, con curvas que resaltaban a través del kimono que vestía, el cual dejaba a la vista sus delicados hombros y parte de su busto. Su caminar era acompasado y portaba un abanico en su mano derecha, que le deba un aire distinguido.

Cuando la mujer hubo caminado lo suficiente como para ubicarse frente a las hermanas, ellas se atrevieron a observar su rostro. A Sango le pareció extrañamente familiar, aunque no recordaba dónde lo había visto antes. Después de intentar por un buen rato, finalmente una memoria asaltó su cabeza, forzándola a tomar una actitud vigilante, acompañada por cierto rencor debido a lo recordado.

En cuanto a Kagome, ella tardó menos en reconocer a la recién llegada. Aunque habían pasado muchos años desde que la había visto por última vez, no había olvidado esa mirada y el pasado que arrastraba. Un nombre vino a su mente.

- Kuribayashi... Kikyo... –


"Oportunidad de Vivir"

Capítulo 39: Espionaje

Kikyo Kuribayashi. Aquel nombre apareció en la mente de las hermanas Higurashi claramente. Hacía muchos años que no sabían nada de ella, debido a que sus memorias habían sido selladas—y, por ello, no tenían recuerdos de la mujer—. Había estado involucrada en el pasado de ambas, antes del Golpe de Estado contra los Taisho, pero de distintas formas.

- Ella es... Una de las ex-candidatas a convertirse en la prometida de Inu Yasha, hace ocho años atrás...—pensó Kagome – Si no mal recuerdo, ella pertenecía al clan Kuribayashi, del cual se rumoraba que se encontraba en serios apuros económicos. También se decía que, al no ser elegida como la futura esposa del menor de los Taisho, su padre, desesperado por las deudas, prendió fuego a su castillo con todos los integrantes de su familia dentro... Por ello, se creía que todos ellos habían fallecido... Pero al parecer no fue así... ¿Qué es lo que hace ella aquí...? –

- Ella es... La mujer que se encargó de sellar tanto mis recuerdos como los de Kohaku y Kagome...—pensó Sango – Es alguien peligroso... Será mejor tener mucha precaución... –

- No hay necesidad de que sigan aquí—dijo el emperador, luego de un minuto de tenso silencio, en el cual él y Kikyo intercambiaron miradas – Pueden retirarse—les dijo a las Asakura.

Hicieron una profunda reverencia antes el emperador y la recién llegada, y procedieron a marcharse del lugar con dirección a su habitación. Les extrañó el hecho de que no hubiesen sido presentadas a Kikyo como correspondía—mencionando sus nombres y cargos, para dejar en claro sus identidades—, pero estaban aliviadas de que Naraku no hubiese descubierto su traición en ese momento. Aún así, ello no significaba que no debiesen tener cuidado con cada una de las palabras pronunciadas por sus labios, y las acciones a realizar a futuro. Se tomaron de las manos como forma de mostrar el apoyo que daban a la otra, y una pequeña sonrisa se formó en sus rostros.

El cansancio se apoderó de sus cuerpos. Ya tendrían tiempo de pensar con mayor claridad al día siguiente, así que aceleraron un poco el paso para llegar con rapidez al cuarto que compartían, de modo de poder descansar más prontamente.

Sango abrió la puerta corrediza, extrañándose de encontrar la habitación a oscuras, puesto que ellas no habían apagado las antorchas antes de salir de aquel lugar. Intentó agudizar sus sentidos para detectar algo fuera de lo común, pero el agotamiento le venció.

Apenas colocaron un pie dentro del cuarto, una avalancha humana se abalanzó sobre las dos, quedando las hermanas debajo de un montón de jóvenes.

- ¿Qué... significa esto...?—preguntó Sango con dificultad, intentando levantarse, aunque era en vano.

- ¡¡Bienvenidas a la fortaleza!!—dijeron la veintena de muchachas en conjunto.

- ¡Es muy bueno tenerlas de vuelta!—dijo una chica llamada Miyuki, levantándose.

- Las extrañábamos bastante—dijo Satsuki haciendo lo mismo.

- ¿Por qué tardaron tanto en volver?—preguntó Yuri, repitiendo la acción de las otras dos.

- Si nos permiten salir de aquí, creo que podríamos explicarles...—replicó Kagome, refiriéndose al suelo.

- Es verdad... Lo sentimos, Sango, Aome... Es que estamos muy emocionadas de que hayan regresado—dijo Misaki, mientras todas las demás "Princesas" se levantaban.

- No se preocupen...—dijo Sango, mientras se sentaba – Se agradece la intención--sonrió.

La habitación se hacía algo estrecha para tantas personas, pero aún así lograron sentarse con comodidad. El cuarto era algo más grande y suntuoso que los demás, debido a que la mayor de las Higurashi era la jefa del escuadrón femenino de guerreras de élite, las "Princesas de la Muerte".

(Nota: Para ver la apariencia de cada una de las "Princesas de la Muerte", vayan a mi profile de Fanfiction y encontrarán un link que los llevará hasta el archivo n.n)

- Cuéntennos cómo les fue en estos meses...—pidió Kaya.

Entre ambas, las Asakura se encargaron de relatar los mismos acontecimientos que habían contado tanto a Naraku como Kohaku. De tanto repetir la mentira, fluía casi naturalmente por sus labios, tal como si hubiese sido la verdad. Esto les llevó una buena cantidad de tiempo, aunque el relato no se hizo aburrido a oídos de las demás.

- Eso fue lo que sucedió...—finalizó Sango.

- Mmmm... Pensé que lo que las había retrasado era otro motivo...—dijo Sumire, observándolas con detenimiento.

- ¿Qué clase de razón imaginabas?—preguntó con curiosidad Kagome.

- Creía que se habían encontrado con algún joven apuesto, del cual se enamoraron y decidieron fugarse de la fortaleza—sonreía mientras imágenes de lo que acababa de decir venían a su mente.

El nerviosismo invadió a las hermanas. Sumire no tenía idea de que lo que había dicho tenía bastante de verdad. Intentaron mantener la compostura, para no ser descubiertas.

- ¿Cómo puedes decir algo así?—dijo Sango – Nuestra lealtad está con nuestro señor—su tono se volvió serio – Ustedes saben lo que le sucede a quienes traicionan al emperador...—su rostro se mostró sombrío.

- Lo siento... Olvidé que tú fuiste la primera de las Princesas de la Muerte... Incluso antes de "aquel incidente"—se disculpó, aludiendo al día del Golpe de Estado contra los Taisho.

- Así es. Mi lealtad hacia nuestro señor no se derrumbaría sólo por un período fuera de la fortaleza—dijo con seguridad – Aunque sí después de conocer quién soy en realidad... y la verdad de mi pasado y encuentro con Naraku...

- Por cierto...—dijo Kagome de repente – En el momento en que nos encontrábamos en la reunión con su majestad apareció una mujer que no había visto antes...—dijo, refiriéndose a que "Aome" nunca se había topado con ella – Vestía de forma elegante, pero a la vez provocativa... Tenía la piel muy blanca y cabello color azabache, muy largo... –

- Sabemos a quién te refieres—dijo Kasumi.

- Se trata de la nueva prometida de nuestro señor... Kikyo Kuribayashi...—respondió Sakura.

- ¿Hace cuanto tiempo que está aquí?—preguntó Sango – No recuerdo haberla visto antes de salir de la fortaleza—dijo, refiriéndose a cuando comenzó su viaje en busca de Kagome.

- Llegó una semana después de ese acontecimiento—respondió Yumiko – Su arribo fue sorpresivo, ya que no nos había sido anunciado con anterioridad. Simplemente apareció un día frente a las puertas del castillo, diciendo su nombre y declarando que deseaba tener una reunión con nuestro señor. Lo más extraño fue que él accedió enseguida y esa misma noche, a la hora de la cena, se nos informó que se trataba de su prometida... –

- En verdad es una situación muy rara...—dijo Haruna – Pero, por nuestra posición, no podemos preguntar ni cuestionar las decisiones del emperador... –

- Y esa tipa...—dijo Ame, una chica de carácter fuerte, con recelo—...perdón, Kuribayashi-sama—remarcó bastante el honorífico – se dedica a mirarnos con desdén cada vez que nos ve practicando, o realizando alguna de las actividades propias de nuestro grupo—aludió a las Princesas de la Muerte.

- Es como si supiera algo que nosotras no—dijo Hitomi.

- O quisiera sacarnos en cara de que es "superior" en rango a nuestro grupo...—dijo Mitsuki.

- A mi parecer, su actitud se debe a que fue ella quién selló los recuerdos que cada una de nosotras tenía acerca de las atrocidades cometidas por Naraku contra sus familias y personas cercanas, antes de que fueran traídas aquí...—pensó Sango – De este modo, se podía implantar en nuestras mentes la idea de la fidelidad hacia el emperador... Tan bondadoso que era capaz de recoger a niñas huérfanas y ofrecerles un hogar y una nueva vida...—apretó sus puños y bajó su mirada – Todo es una farsa—dijo con rencor en un tono casi imperceptible, pero que Kagome logró oír y por ello se alarmó, observando preocupada a su hermana.

- ¿Pasa algo?—le preguntó en un susurro, mientras el resto de las mujeres comentaban sus opiniones acerca de Kikyo.

- Cuando todas se hayan ido, hablaremos de ello—le contestó, recordando que nunca le había contado a ella acerca de la habilidad de la prometida de Naraku para sellar recuerdos.

- Está bien...—la miró con curiosidad, pero no preguntó nada más.

Pasó alrededor de una hora, en que conversaron de muchos temas, actualizando a las recién llegadas de la mayoría de las cosas que habían sucedido en su ausencia. Cuando hubieron terminado con ello, se percataron de que ya era bastante tarde y que era mejor ir a descansar, porque el entrenamiento de las Princesas comenzaba temprano, una hora después del amanecer.

- Buenas noches—se despidieron las mujeres.

- Buenas noches, que descansen—contestaron las hermanas "Asakura", mientras cerraban la puerta corrediza de su habitación. Muy agotadas, cambiaron sus vestimentas por las apropiadas para dormir y se recostaron en sus respectivos futones, sin tener siquiera unos segundos para pensar. El cansancio las llevó directamente al mundo de los sueños.

Ya habían pasado alrededor de dos semanas. En ese lapso, Kagome y Sango se adaptaron a la vida en la fortaleza nuevamente. Al levantarse iban a entrenar, un par de horas después tomaban un baño junto a sus compañeras y luego se dirigían a desayunar. Cuando terminaban con ello, era hora de hacer el aseo en el palacio. Entre las Princesas de la Muerte se dividían los distintos sectores del lugar, encargándose cada una de ellas de uno específico, el cual iba cambiando a medida que pasaban los días. Esta última labor le era de gran utilidad a la menor de los Higurashi, ya que le permitía buscar la presencia de la Perla de Shikon.

A Kagome se le había encargado limpiar un corredor ubicado en el subterráneo del castillo. Aquel sitio se encontraba bastante oscuro, lo cual le daba un aire misterioso y a la vez escalofriante. No mucha gente pasaba por allí, ya que en ese lugar se encontraban habitaciones usadas como bodegas y, en lo más profundo, unas cuantas celdas con la función de privar de libertad a los prisioneros. Estas últimas se encontraban vacías por el momento.

Kagome portaba una vela para poder bajar las escaleras con mayor seguridad. Se sentía algo nerviosa pero a la vez ansiosa por descubrir si en ese sitio se hallaba la preciada joya que andaba buscando. Su búsqueda había sido infructuosa en los días anteriores, así que esperaba tener algo más de suerte esta vez.

- Realmente está muy oscuro… Aquellas antorchas apenas iluminan el lugar…—a cada paso que daba, la madera del suelo crujía, haciendo el ambiente más espeluznante – Siento como si alguien, o algo, fueran a salir de alguno de los cuartos y atacarme en cualquier momento… Debo mantener la calma…—se detuvo, respiró profundo y continuó bajando las escaleras.

Cuando terminó de descender, dejó el candelabro a un lado, tomó sus utensilios de limpieza y comenzó a realizar su labor.

- Luego de dejar todo limpio, podré buscar la perla con tranquilidad… De este modo, pareceré menos sospechosa si alguien viene a supervisarme. Aunque es muy raro que una persona transite por aquí... –

Siguió con su labor, lo cual le tomó alrededor de una hora por lo sucio que se encontraba el corredor. Cansada, limpió el sudor de su frente con la manga de su kimono.

- No puedo descansar... Debo buscar la ubicación de la perla...—cerró sus ojos y comenzó a concentrarse, intentando percibir cualquier presencia que fuese fuera de lo común, es decir, que no perteneciera a personas.

Al principio sólo fue capaz de distinguir la presencia de los diversos habitantes del palacio desplazándose por las instalaciones del castillo. Momentos después, pudo percibir una gran fuente de energía negativa, en el lugar donde se hallaban las celdas anteriormente mencionadas.

- Esa presencia corresponde a los sentimientos negativos pertenecientes a las personas que fueron apresadas en alguna ocasión tras aquellas rejas: ira, desesperación, tristeza, angustia, resignación... Probablemente unas cuantas almas sin descanso también se encuentren allí...—pensó la princesa – Pero no puedo dejarme distraer por ello en estos momentos... Necesito concentrarme aún más... –

Cuando pudo dejar de lado lo anterior de su mente, otra presencia comenzó a presentarse débilmente. Era distinta a la de seres vivos, pero no parecía ser la de algo inerte tampoco. Aunque era pequeña, podía notarse que tenía por característica ser negativa. La joven sospechó que podía ser un hallazgo importante.

- ¿De dónde proviene...?—murmuró mientras intentaba seguir la pista de la pequeña energía.

Caminaba con sus manos apoyadas en la pared del corredor, de forma que pudiera percatarse, a través de tacto, de alguna ranura o puerta que no pudiera ser observada a simple vista. Siguió realizando esa acción hasta que sintió que la presencia se hacía un poco más fuerte, pero no demasiado. Además, justamente en ese sitio se hallaba un surco en la madera del muro, que luego de seguir tocando la joven pudo identificar como una puerta.

- Debo encontrar una forma de entrar al cuarto que está detrás de esta puerta y descubrir qué es lo que se esconde tras ella...—pensó. Mientras intentaba idear una forma de entrar a la habitación sellada, algo inesperado sucedió.

- ¿Qué estás haciendo?—preguntó una voz desde la espalda de la princesa. Por lo abrupto de la aparición, la joven se sobresaltó sobremanera, girando rápidamente para ver de quién se trataba.

- ¡¡Kuribayashi-dono!!—exclamó sorprendida y atemorizada a la vez. Un segundo después hizo una profunda reverencia ante Kikyo, y sin levantar su mirada dijo – Disculpe, no noté que se encontraba aquí—y así era. Ni siquiera había sentido el crujido de las escaleras que supuestamente debiese haber oído, puesto que retumbaba por todo el corredor.

- Deberías mostrar algo más de respeto por tus superiores, muchacha insolente—posicionó el abanico que portaba en su mano derecha bajo la barbilla de Kagome y con él hizo ascender el rostro de la joven hasta que sus ojos y los de Kikyo se encontraron frente a frente – Dime, ¿qué haces aquí?—insistió con firmeza.

- Estaba haciendo la limpieza de este corredor. Es la labor que me fue encargada el día de hoy...—contestó con un hilo de voz, temiendo la reacción de la futura emperatriz.

- ¿Estás segura? Yo no te vi limpiando cuando te encontré...—su mirada estaba posada fijamente en los ojos marrones de Kagome.

- Estaba verificando que no hubiese polvo restante en las paredes—intentó mentir lo mejor que pudo, y para parecer segura de sus palabras, no bajó su mirada.

- Esta bien...—retiró su abanico después de unos tensos segundos – Aún así, no quiero volver a verte por aquí ¿Entendido? –

- Como usted ordene, su alteza—hizo una nueva reverencia.

- Espero no encontrarme con otra conducta sospechosa de tu parte...—dijo y emprendió su retirada del pasillo. Cuando Aome ya no pudo sentir la presencia de la imponente mujer, cayó de rodillas al piso, aliviada.

- Casi fui atrapada...—pensó con temor – Pero, hablando de conductas sospechosas, la suya lo fue más... ¿Cómo no fui capaz de sentir su presencia, si estaba usando gran parte de mis sentidos para percibir hasta el más mínimo movimiento de alguna persona u objeto?... Presiento que algo esconde esa mujer, además de su habilidad para sellar los recuerdos de otras personas, y que está vinculado con la presencia detrás de esta puerta...—tocó el lugar donde la entrada a la habitación debería hallarse – Es mejor retirarme de aquí, para no levantar más recelo de su parte...

Recogió los utensilios de limpieza e hizo abandono del lugar.

En esas dos semanas, Sango se había encargado de investigar exhaustivamente los planes de seguridad de la fortaleza. Como tendían a cambiar cada cierto lapso de tiempo, la joven era lo bastante cuidadosa como para analizarlos en detalle y poder predecir alguna alteración inesperada. Para poder realizar su labor de forma más eficiente, se ofrecía a ayudar a Kohaku cada vez que éste mencionaba algo acerca de las estrategias de resguardo del castillo.

Gracias a la información reunida, en las noches se dedicaba a hacer copias de los planos y realizar anotaciones con los detalles de las posiciones de cada guardia dedicado a la seguridad, además de sugerencias de ataque en los puntos más débiles de la vigilancia. De este modo, para sus aliados sería más fácil introducirse en el palacio sin ser detectados de inmediato. Apenas tuviera todo listo, iría a comunicarse con Inu Yasha, Miroku, Sesshomaru y Rin para informarles de sus hallazgos.

Respecto a éstos últimos, su labor había consistido en organizar las diversas tropas que se acercaban con lentitud a la fortaleza. Gracias a la ayuda del mayor de los Taisho encontraron diversas trincheras, escondidas cuidadosamente, que habían sido construidos durante el período de gobierno de Inu Taisho. Eran lo suficientemente profundas y amplias como para esconder a una buena cantidad de soldados.

Los jóvenes a cargo de la revolución esperaban con ansias escuchar noticias acerca de las mujeres infiltradas en la fortaleza. Con cada día que pasaba su ansiedad aumentaba más, sobretodo en el caso de Inu Yasha y Miroku, ya que eran sus novias las que estaban directamente involucradas en el asunto.

Ambos temían de sobremanera que Kagome y Sango fuesen descubiertas por Naraku. Habían enviado a unos cuantos soldados encubiertos para actuar como espías en la ciudad, de modo de recabar cualquier noticia importante respecto a lo acontecido en el palacio. En el caso de haber una alta traición dentro de aquel recinto, los inculpados serían ejecutados frente a los ciudadanos de la capital a modo de ejemplificar que, ante cualquier acto en contra del emperador, los culpables serían castigados con la muerte. Lo más probable es que esas personas fueran las hermanas Higurashi, dada la situación.

En el caso particular del menor de los Taisho, su humor no era muy soportable para quienes se encontraban a su alrededor. Trataba de mantener la compostura la mayoría del tiempo, pero solía mostrar arrebatos de frustración por no saber nada de su novia. Miroku intentaba evitarlo cuando actuaba de ese modo, ya que sino él también explotaría. Rin siempre intentaba calmar la situación ofreciéndoles una taza de té, o asilando al príncipe de los demás por un lapso de tiempo, mientras Sesshomaru seguía con los planes de la infiltración.

- ¡Argh! ¡Maldita sea!—Inu Yasha golpeó un árbol con su puño, a modo de desquitarse un poco. Estuvo a punto de golpear a Miroku en uno de sus arrebatos, por lo que prefirió salir a caminar – Si sigo así, me voy a volver loco...—se dijo a si mismo, mientras pasaba su mano por su frente y se sentaba, apoyándose en el tronco antes mencionado – Si tan sólo pudiera hacer algo más por ellas...—pensó desesperado, aunque su verdadero foco era Kagome – Si llegara a perderla nuevamente... No me recuperaría jamás...—decidió realizar ejercicios con su espada, a modo de distraerse un poco.

Un par de días después, Sango se hallaba recorriendo la ciudad junto con Kohaku, ambos vestidos como civiles. Antes de que la joven fuese en la búsqueda de su hermana, los mellizos solían salir de la fortaleza con la excusa de patrullar, pero en realidad se dedicaban a descansar un poco de sus agotadoras tareas como líderes de los escuadrones militares. Aún así, si hallaban alguna situación sospechosa la investigaban, y escribían reportes sobre ella.

- Hace tiempo que no podíamos salir de este modo...—dijo Sango.

- Es verdad...—respondió Kohaku – Ya comenzaba a extrañarlo—sonrió.

- Ojala pudiésemos haber traído a Aome... –

- Así es, pero ella debe cumplir con su entrenamiento y labores diarias... Ya habrá otra ocasión en que podamos salir con nuestra "hermanita"—volvió a sonreír. Kohaku trataba a Kagome como si fuese parte de su familia desde que ésta había llegado a la fortaleza, pero ni siquiera sospechaba que en realidad ese lazo sanguíneo efectivamente existía entre ambos y que, en vez de Asakura, los jóvenes compartían el apellido Higurashi. Sango sólo asintió.

Continuaron caminando por la ciudad un par de horas más, recorriendo parques, templos y avenidas comerciales, hasta que dieron con su restaurante favorito.

- Es un buen momento para almorzar ¿Te parece bien si entramos?—preguntó el joven.

- Claro, vamos—ambos hicieron ingreso al local. Eligieron una mesa en un lugar apartado, que les daba más privacidad para hablar de asuntos tanto personales como referentes al gobierno, y ordenaron los alimentos que deseaban comer.

Estaban comiendo tranquilamente, y llevando una conversación amena, cuando Sango decidió plantearle un tema importante a su hermano.

- Kohaku...—dudó un momento, pero luego continuó – ¿Puedo hacerte una pregunta, sin que te enfades ni que pienses mal de mí? –

- Sí, no hay problema. Entre nosotros no debería haber desconfianza, ¿no? –

- Es un asunto algo complicado... Prométeme que pase lo que pase, no se lo dirás a nadie... –

- No te preocupes, así lo haré. Te doy mi palabra como general del ejército –

- Mmmmm...—hizo una pausa, en que su hermano la observaba, intrigado – ¿Alguna vez has pensado que la forma en que nuestro señor Naraku nos encontró fue, por decirlo así, algo sospechosa?—preguntó. Kohaku se quedó pensativo por unos segundos.

- Aunque sea difícil de admitir, sobre todo por mi posición dentro de la fortaleza... Sí, lo he pensado. El no poder recordar nada antes de ese momento no me convence del todo... Es extraño... –

- A mí me sucede lo mismo—dijo mirándolo directamente a los ojos – ¿No deberíamos, al menos, recodar el lugar donde nacimos y crecimos?... –

- Lo mismo creo... Puede que nuestros padres hayan fallecido de una manera violenta, y frente a nosotros, y por ello no podamos recordar ese acontecimiento... Pero eso no justificaría el no tener memoria de otros eventos... Aunque fuese alguna montaña cercana, o algún hito geográfico significativo que nos permitiera encontrar el lugar donde pasamos nuestra infancia... –

- Además está aquella marca en forma de mariposa que tú, Aome y yo compartimos en nuestros hombros... No puede ser una coincidencia—afirmó con decisión.

- ¿Estás tratando de decirme... que sabes algo más? –

- Puede que sí, como puede que no... Todo depende del lado que estés...—dijo con tono misterioso.

- ¿A qué te refieres? –

- En el caso de que tuvieras que elegir entre la lealtad hacia nuestro señor, o la seguridad de Aome y la mía... ¿Cuál sería tu elección? –

- Es un asunto complicado... –

- Lo sé, pero antes de que pueda decirte algo más, debo saber tu decisión... –

Se creó un silencio incómodo entre los dos. Sango estaba muy nerviosa, debido a que el éxito de la infiltración al palacio dependía de forma importante de contar con el apoyo de Kohaku. Este último mostraba una expresión aproblemada. Por una parte estaban sus obligaciones y la gratitud hacia el emperador por haberlo salvado, y por otra todo el cariño que tenía hacia sus "hermanas", quienes habían estado con él en los momentos más críticos, que siempre estaban allí cuando él deseaba liberar tensiones, tanto en los momentos buenos como malos.

Un par de minutos después, llegó a una resolución.

- Deseo escuchar lo que me tienes que contar. No aquí, sino en un lugar más privado y alejado...—dijo Kohaku.

- ¿Puedo tomar eso como que estás de nuestro lado?—dijo, refiriéndose a ella y Kagome.

- Así es—tomó una de las manos de la chica con firmeza – Necesito saber la verdad, sino no podré estar tranquilo... –

- No te preocupes. Tengo la información que te dará la paz que buscas... Acompáñame y verás...—fueron a pagar la cuenta y abandonaron el restaurante.

Luego de ello, se dirigieron a un templo, en la cima de un cerro, que permitía apreciar la ciudad desde las alturas. Por lo general no iba mucha gente a ese lugar, era bastante apacible y un sitio ideal para realizar conversaciones privadas, puesto que tenía innumerables senderos, con bancas para sentarse.

Sango se aseguró de que no hubiese nadie a su alrededor. Cuando lo hubo verificado unas dos o tres veces, se sentó con tranquilidad. Kohaku hizo lo mismo.

- Ahora sí puedo contarte todo. Debes jurarme que no le dirás una palabra a nadie... Esto no sólo me involucra a mí, sino a Aome también... –

- Te lo juro. No tienes que desconfiar de mí –

- Si llegaras a traicionarme... No tendría más remedio que asesinarte... y definitivamente no quiero hacerlo... Sabes que te quiero mucho—su mirada se enterneció.

- También yo. Para mí, eres como una verdadera hermana... –

- Gracias—sonrió – Bien, entonces te contaré lo que descubrí en mi viaje en búsqueda de Aome... –

De este modo, procedió a contarle la verdadera historia desde el principio. Como Kagome e Inu Yasha se encontraron, algunas de las dificultades por las que pasaron, cómo conocieron a Miroku, el día en que Sango encontró a su hermana, a punto de ser asesinada por bandidos, la llegada de los tres al templo de la Gran Izumi, la profecía de los elegidos, el supuesto momento de la separación del grupo, y luego la llegada al castillo Higurashi del príncipe Taisho y la menor de los Asakura, mientras Sango y Miroku se desviaban del camino. Kohaku la escuchó con mucha atención durante todo el relato, interviniendo sólo cuando algo no le quedaba del todo claro.

- Ahora viene la parte más importante, y necesito que me escuches con mucha atención... Me imagino que a estas alturas debes estar sorprendido por el hecho de que Aome y yo decidimos traicionar al actual emperador para ayudar al hijo del ex-gobernante de Japón a recuperar el poder, pero ello no es lo esencial de lo que quiero decirte... –

- ¿Hay algo más increíble aún? –

- Así es. Y tiene que ver con ese pasado que aún no puedes recordar, y que me fue develado durante el viaje... –

- Quiero saberlo. Dímelo, por favor... –

- Sí. Al llegar al castillo Higurashi...—le resumió un poco de la situación acontecida allí, antes del gran descubrimiento – Cuando la señora Midori y Aome estaban tomando un baño, la primera notó la mancha en la piel en forma de mariposa que la segunda tenía en el hombro izquierdo... Asombrada, le indicó que aquella era una marca de nacimiento que caracterizaba a los descendientes de la familia Tsuruoka, su apellido de soltera, y que ella también la poseía... Lo que indicaba claramente que Aome era en realidad Kagome Higurashi, la princesa que supuestamente había sido asesinada en el día del golpe de Estado. Es más, yo fui quien casi la mató... recuerdo cuando la cargué en brazos hacia el bosque, con claras intenciones de acabar con ella, pero no pude hacerlo... En ese momento la tristeza me invadió y no pude llevar a cabo lo que se suponía debía hacer... –

- No puede ser...—dijo Kohaku, claramente sorprendido – Si aquella mariposa es un signo de la pertenencia al clan Tsuruoka, entonces nosotros dos...—no salieron más palabras de su boca.

- Así es. Nosotros somos los mellizos Kohaku y Sango Higurashi, que habían desaparecido hace siete años... –

La vista del joven comenzó a volverse borrosa, puesto que un intenso dolor de cabeza lo invadió. Tanto era su sufrimiento, que cayó al suelo.

- ¿Estás bien, Kohaku? ¡Kohaku, por favor resiste!—lo levantó del suelo y le ayudó a recostarse.

- Siento como si mi cabeza fuese a partirse en dos—explicó en un hilo de voz.

- Te entiendo... Kagome y yo pasamos por lo mismo... Se debe a que estás rompiendo el conjuro que Kikyo lanzó sobre nosotros... El que tiene encerrados todos tus recuerdos...—guardó silencio unos segundos – Descansa, querido hermano...—puso su mano sobre la frente del chico – Cuando despiertes, recordarás todo... Mientras tanto, yo cuidaré de ti—le dijo con una voz suave y llena de cariño, mientras el joven Higurashi cedía ante el sueño.

Cuando ya anochecía, Sango y Kohaku regresaron al castillo. Kagome los esperaba en la entrada, preocupada.

- ¿Por qué tardaron tanto? Pensé que algo malo les había pasado...—dijo con inquietud.

- No te preocupes—le dijo Kohaku, colocando una de sus manos en la cabeza de su hermana menor y despeinando sus cabellos.

- No me trates como una niña pequeña—reclamó – En un par de semanas cumpliré 17 años, ¿Lo recuerdas? –

- Sí, me acuerdo de ello, Aome-chan—sonrió.

- Entremos. Ya es hora de cenar, y si no estamos en el salón parecerá sospechoso—dijo Sango.

- Es cierto—Kohaku tomó de las manos a sus hermanas, cosa que sorprendió a la más joven. Acercó sus labios a la oreja de ésta y susurró – Haz crecido bastante, Kagome... –

- ¿¡C-cómo lo...!?—preguntó entrecortadamente – Descubriste la verdad...—le susurró.

- Sí, Sango me contó lo más importante... Y el resto lo recordé por mí mismo...—habló en un tono de voz imperceptible para quienes no fueran los Higurashi.

- Bienvenido a la familia entonces, Higurashi Kohaku-san—dijo en un susurro solemne, que hizo sonreír a sus hermanos mayores.

- Luego de la cena hay algo que debemos discutir...—dijo Sango, antes de entrar al salón-comedor. Los otros dos asintieron.

La comida transcurrió con tranquilidad, sin que hubiese ningún incidente extraño. Lo único que inquietaba a Kagome era que Kikyo no le quitaba su vista de encima. Ello la incomodaba bastante, incomodidad que el resto de los Higurashi notó, pero pretendió ignorar.

Una vez que la cena hubo acabado, los tres se dirigieron a las caballerizas del castillo, lugar poco frecuentado y que les daría la suficiente privacidad como para hablar con calma. Luego de verificar que no hubiese nadie sospechoso en los alrededores comenzaron a conversar, en voz baja por mayor seguridad.

- Kohaku... Necesito que nos ayudes a salir de la fortaleza por un par de horas...—dijo Sango, refiriéndose a ella y "Aome" – Debemos ir a entregarle los planos de seguridad del castillo a Inu Yasha y los otros... Además, sería bueno que nos reportáramos ante ellos, ya que deben estar bastante preocupados por nuestra situación... –

- Sería ideal si pudieras convencer a Naraku de que nos enviaste a una misión de reconocimiento de la zona de alrededor del castillo... A modo de buscar fallas en la seguridad del palacio—dijo Kagome.

- Es una buena idea...—dijo Kohaku – Yo hablaré con él mañana para informarle de ello. Por cierto, sería bueno que salieran temprano de la fortaleza, de manera que la poca claridad ayude a ocultarlas lo más y mejor posible –

- Tienes razón—dijo Sango – Hagámoslo de ese modo, entonces... –

Discutieron un poco más acerca del papel que Kohaku jugaría antes y durante el día del levantamiento de armas contra el Emperador, que al día siguiente le serían informados a Sesshomaru y los otros.

- Ahora separémonos, para que no parezca que nos hemos reunido...—dijo el chico – Cada uno llegará 5 minutos después que el anterior al castillo, ¿Entendido? –

- Sí—contestaron ambas.

De esta forma, los tres volvieron a sus habitaciones y se durmieron. Las jóvenes despertaron temprano, saliendo de la fortaleza alrededor de las seis de la mañana. Llegar al lugar donde se encontraban sus compañeros de revolución les tomaría unas 2 horas, contando con que Kagome no tardara mucho en sentir la presencia de los jóvenes. De modo de demorar menos en llegar, ambas iban saltando de árbol en árbol, deteniéndose de vez en cuando para descansar un poco.

No hacía tanto frío, lo que demostraba que la primavera estaba a punto de llegar. En el camino pudieron apreciar unos cuantos valles con flores a punto de florecer.

- Siento la presencia de personas en medio del bosque, pero aún no puedo identificar si se trata de Inu Yasha y los demás—dijo Kagome a Sango, mientras descendían de los árboles.

- ¿A qué distancia se encuentran? –

- A unos 500 metros de aquí, en dirección este... –

- Acerquémonos un poco más para que puedas verificar si se trata de ellos o no. intentemos aproximarnos lo más sigilosamente posible...—dijo y su hermana asintió.

Avanzaron a paso lento, sin hacen ninguna clase de sonido además de su respiración. Cuando estuvieron a 100 metros de las personas, Kagome habló.

- Sí, son ellos... Puedo percibir la presencia de Inu Yasha, Miroku, Rin y Sesshomaru... rodeados por muchos otros hombres, quienes deben ser los soldados de guardia... –

- Vamos, entonces...—aceleraron el paso, hasta que se encontraron con los guardias. Las jóvenes llevaban las cintas blancas con alas en sus extremos (símbolo de los aliados) atadas en sus muñecas.

- Los ángeles van al cielo...—dijo un soldado, al observar sus extremidades superiores.

- ...y los demonios al infierno...—contestaron ambas con seguridad.

- Disculpen, pero... ¿quiénes son ustedes?—preguntó otro de los hombres.

- Somos las hermanas Higurashi—dijo Sango.

- Somos quienes actúan como espías dentro de la fortaleza del emperador—dijo Kagome.

Los soldados, al escuchar esto, ofrecieron una profunda reverencia ante ellas.

- Bienvenidas a la base—dijeron éstos – Gracias por su buen trabajo –

- No hay de qué—contestó Sango.

- Iré a informar de su llegada a los generales—dijo uno de los guardias, y se alejó. Unos cinco minutos después, volvió junto con Inu Yasha y Miroku. A ambos les habían dicho que dos personas habían arribado a la base, pero no les había sido revelada su identidad. Sus rostros mostraban sorpresa.

- Nosotros volveremos a hacer nuestra labor—dijeron los guardias y se retiraron.

Los cuatro se observaban, pero no hablaban. Eran tantos los sentimientos que los embargaban en aquel momento: anhelo, felicidad, preocupación, ansiedad, entre otros, que no sabían cómo expresarlos adecuadamente. Además, no deseaban ser vistos en un ambiente de intimidad de pareja por terceros.

Duraron así más o menos un minuto, hasta que Miroku habló.

- Será mejor que vayamos al cuartel general. Sígannos...—dijo y comenzó a caminar., junto con Inu Yasha. Las jóvenes así lo hicieron.

La entrada al "cuartel" se encontraba en las raíces de un antiguo árbol, el cual era muy grande. Esto extrañó a las recién llegadas, quienes observaron como los hombres se agachaban y "entraban" en el árbol. Sin tener otra opción, hicieron lo mismo.

Grande fue su sorpresa al ver que dentro de aquel lugar había una amplia habitación, la cual parecía haber sido excavada bajo la tierra. En su centro, tenía una mesa donde se hallaban una infinidad de papeles apilados, desde planos de los alrededores del castillo hasta cartas enviadas por los aliados, accediendo a enviar sus tropas a la lucha. También había taburetes para que las personas pudieran sentarse, un estante donde parecían guardarse alimentos y algo de ropa, y una puerta al fondo. En aquel sitio no había nadie más que los cuatro que las mujeres se dieran cuenta, los jóvenes se situaron detrás de ellas y las abrazaron con fuerza, cada uno a su respectiva novia.

- Estaba tan preocupado por ti...—susurró Inu Yasha al oído de Kagome, quien se sonrojó – Te extrañaba mucho... –

- Yo también—contestó la princesa, poniendo sus manos sobre las del chico.

- Tardabas tanto en regresar, que temía que Naraku hubiese descubierto la traición...—le dijo Miroku a Sango, también en un tono suave.

- Ello aún no ha pasado... Debes estar tranquilo—le dijo con una sonrisa.

- ¿Dónde están Sesshomaru y Rin?—preguntó la menor del grupo.

- Mi hermano debe estar por terminar la ronda de supervisión que fue a realizar—dijo el príncipe.

- Rin está a cargo de la coordinación de las mujeres que han sido enviadas a ayudarnos, así que debería volver en unos minutos para anunciarnos que el desayuno está listo...—explicó Miroku.

Como si hubiesen sido invocados, la pareja llegó al cuartel, trayendo los alimentos correspondientes junto con un par de muchachas más. Se mostraron sorprendidos al ver a las recién llegadas.

- ¡Kagome, Sango! ¡Qué gusto verlas!—dijo Rin, mientras se acercaba a ellas y las abrazaba entusiastamente.

- A nosotras también nos da gusto—dijo la mayor de los Higurashi.

- Estos últimos días han sido algo estresantes y agotadores...—comentó Kagome – Así que estar aquí nos alivia un poco—sonrió.

- Pero no vinimos sólo a aliviarnos—dijo y luego su tono se volvió serio – Hemos venido a exponerles todo lo que hemos averiguado en el castillo en estas dos semanas... –

- Así es. Debemos plantear ciertos temas centrales: la seguridad de la fortaleza, la ubicación de la Perla de Shikon, la posición de Kohaku dentro de nuestro plan, entre otros –

- Discutamos eso entonces—dijo Miroku, mientras miraba la mesa – Tomemos asiento—los demás así lo hicieron, mientras las dos jóvenes que traían los alimentos hacían una reverencia y se retiraban.

De este modo, comenzó una especie de reunión ejecutiva: primero las hermanas Higurashi se dedicaron a explicarles que Kohaku ya sabía la verdad, por lo que ahora era un gran aliado a su favor, al controlar una buena parte de la seguridad del palacio. Aquella noticia tranquilizó bastante a los presentes.

Luego, les mostraron los planos del castillo que Sango se había encargado de realizar, detallando específicamente las posiciones de cada soldado, y extendiendo unas cuantas copias de éstos a los demás para que pudieran apreciarlos.

- Esos son los lugares donde originalmente estarían ubicados los guardias. Pero, gracias a la ayuda de nuestro hermano, es posible que estas fuerzas se reduzcan a la mitad...—dijo Kagome.

- ¿Cómo se realizaría aquello?—preguntó Inu Yasha con inquietud.

- El día anterior al que planeamos realizar el Golpe de Estado, es la fecha en que se les paga el salario a los soldados—dijo Sango – Generalmente, un gran número de ellos pide permiso para salir del castillo en la noche y gastar parte de su dinero en entretención, entiéndase por esto licor y mujeres... –

- Habitualmente, sólo le es permitido hacer abandono de la fortaleza a unos pocos, ya que es común que los soldados vuelvan embriagados y no puedan realizar sus labores de forma adecuada al día siguiente...—explicó Kagome.

- Aún no entiendo cómo nos ayudará Kohaku en esta situación...—planteó Rin.

- Es sencillo. Ese día nuestro hermano le dará permiso a más soldados para salir a divertirse, con la excusa de que es una especie de premio por su buen comportamiento y por que, en los últimos meses, casi no se ha permitido a los hombres realizar actividades de esparcimiento, lo cual es verdad—expuso Sango – Kohaku también le propondrá a los otros dos generales que los tres salgan a "distraerse por un rato", en el cual los llevará a beber junto con los soldados, de modo que no puedan dar órdenes coherentes al momento en que invadamos el palacio... –

- Me parece un buen plan—dijo Sesshomaru – De ese modo, se reducirán las bajas tanto en nuestras filas como en las del enemigo... –

- Sí. Deseamos que haya la menor cantidad de muertos posible... No quiero que se repita un evento tan sangriento como el Golpe de Estado que realizó Naraku contra mi padre—dijo Inu Yasha.

- Puede pensarse que hemos "caído bajo" con este plan, por así decirlo, pero en este caso el fin justifica los medios... Debemos conseguir el trono a como dé lugar... Y restaurar la paz....—dijo Miroku.

- Esa en nuestra prioridad—dijo Kagome – Respecto a la ubicación de la Perla de Shikon, luego de haber revisado infinidad de habitaciones dentro de la fortaleza, creo saber donde se encuentra... –

- ¿En qué sector está?—preguntó su prometido, mirando un mapa.

- Aquí—apuntó a los subterráneos del castillo – En alguna de esas habitaciones... Una que no tiene una puerta visible por donde entrar, pero que parece tener una apertura escondida en los muros de madera. Aunque, debo decir que el descubrimiento de aquel lugar estuvo marcado por el comportamiento sospechoso de uno de los moradores del palacio... –

- Sí. De la nueva prometida del emperador... Kikyo Kuribayashi...—dijo Sango.

- Aquel nombre me parece conocido...—dijo Sesshomaru, mostrando un semblante extrañado, mientras su hermano asentía, dando entender que él también lo recordaba, pero no sabía a quién correspondía - ¿Dónde lo habré oído...? –

- Ella era una de las candidatas a futura esposa de Inu Yasha, junto con Kagome –

- ¡Claro! Ahora lo recuerdo, pero... ¿Qué hace junto al emperador?—preguntó el menor de los Taisho.

- Eso es un misterio, aún para nosotras—dijo su prometida.

Continuaron con la conversación, explicándoles el incidente ocurrido con Kikyo y otros asuntos relevantes, tales como el descontento (y virtual apoyo) de algunas de las Princesas de la Muerte contra Naraku, lo que se extendió por una hora más. Era necesario hablar de todo lo que fuera importante, ya que después de esta ocasión las hermanas Higurashi no volverían a verlos hasta el día de la revolución. Para no retrasarse, habían estado comiendo su desayuno mientras conversaban, pues sabían que las jóvenes no podían estar con ellos mucho tiempo.

Cuando hubieron terminado de conversar, Sesshomaru y Rin se despidieron de ellas, excusándose debido a que debían seguir con sus trabajos de supervisión. Después de ello, la pareja de Kagome e Inu Yasha se separó de la de Sango y Miroku, para poder pasar un pequeño rato a solas, caminando por el bosque.

- La revolución ya es inminente...—dijo Inu Yasha, para luego liberar un suspiro de agotamiento.

- Así es. No nos daremos cuenta y ya habrán pasado las dos semanas que restan para el gran día...—contestó Kagome, tomando la mano del joven.

- ¿Han sido muy duros para ti los días pasados en la fortaleza? –

- Un poco... ha sido cansador retomar el ritmo de vida y las normas del castillo, pero ya me he acostumbrado... Me imagino que tú has estado muy presionado con la coordinación de los planes de ataque... –

- La verdad es que sí... He estado insoportable para aquellos a mí alrededor, explotando debido a la tensión... Pero tenerte a mi lado me relaja bastante. Realmente necesitaba verte y tenerte cerca—la envolvió con sus brazos.

- Yo también te extrañé mucho y quería verte...—depositó un suave beso en los labios de su novio, quien le respondió con uno más apasionado.

Así pasaron un rato más juntos, disfrutando de la compañía del otro, de la misma forma que Miroku y Sango. Pero las jóvenes sabían que no podían tardarse más en emprender el viaje de regreso, así que se reunieron frente al cuartel para despedirse.

- Por cierto... ¿Cómo te ha ido con el Collar de la Pureza?—pregunto Miroku a Kagome.

- Aquí está...—lo sacó de entre sus vestimentas y se los mostró – Creo que ha absorbido casi toda la energía espiritual que necesita... Y, por suerte, ya no interrumpe mis actividades diarias. Mi cuerpo ya se ha acostumbrado a que la joya tome parte de mi poder –

- Menos mal... Sería muy sospechoso si te desmayaras todos los días en el palacio...—dijo Inu Yasha.

- Sí. Ya tengo bastante con las sospechas de Kikyo sobre mí... Debo actuar con cautela –

- Bueno, ya es hora de que nos marchemos. No queremos darle más razones a Naraku para desconfiar de nosotras—dijo Sango.

- Cuídense mucho. Y no se preocupen por nosotras, estaremos bien—dijo la menor con una sonrisa.

- Nos veremos en el "gran día". Contamos con ustedes –

- También nosotros—dijo Miroku – Tengan mucho cuidado, por favor... –

- Lo tendremos, estén tranquilos—ambas comenzaron a alejarse, aunque Kagome se detuvo y se devolvió para susurrar algo al oído de su novio.

- Pase lo que pase, nunca olvides esto: Te amo...—luego de decirlo, lo besó en la mejilla y corrió al lado de su hermana. Inu Yasha la vio partir con una sonrisa, aunque sentía su corazón apretado.

De esta forma, el grupo de jóvenes se despidió. A Kagome y Sango les tomó otras dos horas regresar al castillo, llegando a la hora del almuerzo. Luego de comer, se dedicaron a hacer un reporte falso acerca de lo que habían visto en su supuesta "ronda de investigación" de las debilidades en la seguridad del castillo. De esta forma, ayudarían a que los guardias del palacio se concentraran en el sentido opuesto al que las fuerzas aliadas usarían para irrumpir en el lugar.

En los días posteriores, se encargaron de revelar la verdad a unas cuantas Princesas de la Muerte, todas las cuales habían mostrado indicios de cierto descontento y desconfianza con su supuesto "pasado", el que no era para nada claro. Quienes recordaron los viejos tiempos, antes del Golpe del Estado, se unieron a la causa de las hermanas Higurashi, quienes eran alrededor de 15 del total de las 20 mujeres. A las 5 restantes no les fue revelado el plan de traición, ya que su nivel de apoyo y lealtad hacia Naraku era muy alto y ello pondría en riesgo la misión.

- ¿Qué haremos con Hayami, Ame, Satsuki, Kasumi y Kotoko?—pregunto en un susurro Kagome a su hermana, una noche en su habitación antes de dormir.

- Debemos idear una forma en que podamos apartarlas el día de la batalla... Como enemigas, son un peligro para nuestros hombres...—respondió, refiriéndose a los soldados aliados – Son demasiado hábiles... –

- Es cierto, pero... ¿Cómo lo haremos? –

- Aún no se me ha ocurrido... Le pediré consejo a Kohaku... –

El tiempo pasó y ya sólo faltaba un día para la revolución. Los hermanos Higurashi estaban muy nerviosos, pero hacían todo lo posible por no demostrarlo. De su buena actuación dependía parte importante del éxito de la rebelión. La menor de ellos, "Aome", había tenido constantes sueños con aquel evento, tanto algunos que la involucraban directamente como relativos personas cercanas a ella. Para no preocupar a los demás, prefirió no contárselos a nadie.

En cuanto a Naraku, él había continuado con sus funciones como Emperador, la mayor parte del tiempo acompañado por Kikyo, quien parecía querer imponer su presencia como futura emperatriz sobre los ocupantes del castillo, dando órdenes a quien se encontrase con ella en los corredores y salones del palacio.

Por parte de Inu Yasha y los demás, todo estaba más que planeado. Centenares de soldados se habían infiltrado en la Ciudad Imperial durante el último mes, actuando como ciudadanos encubiertos, a la vez que buscaban aliados entre los mismos civiles, quienes eran los encargados de darles un refugio en el cual esconderse.

Más que nervioso, el menor de los Taisho estaba muy ansioso. Quería, de una vez por todas, acabar con el hombre que había asesinado tan cruelmente a sus padres y habitantes del ex-castillo Taisho, y que a la vez lo había separado de su hermano y su prometida todos esos años.

- Juro que terminaré con tu maldita existencia... Naraku Yamino...—pensó mientras apretaba sus puños.

En la fortaleza, eran alrededor de las siete de la tarde. Ya estaba comenzando a anochecer, y los soldados reían mientras observaban el fruto de sus esfuerzos en sus manos: su salario. Como habían planeado, Kohaku permitió a la mayoría de su ejército hacer abandono de sus funciones y entregarse a placeres terrenales, como alcohol y mujeres. Además, acompañó a los otros dos generales a realizar las mismas actividades, claro que sólo fingiendo que bebía.

Un par de horas después, el joven Higurashi regresó a la fortaleza, luego de escabullirse de la compañía de los demás militares. Se reunió con sus hermanas en la habitación de éstas para repasar todo lo que debían hacer al día siguiente, aunque realmente ello no fuera necesario, puesto que cada uno de ellos podría recitar el plan de memoria si se les pidiera hacerlo. De todas formas, aquello no disminuía su nerviosismo ante tal inminente suceso, el cual podría cambiar sus vidas para siempre... o acabar con ellas, si fracasaba el Golpe de Estado.

Como forma de calmarse, los Higurashi se abrazaron con fuerza y luego se tomaron de las manos.

- Pase lo que pase, esto será un éxito... Sólo tienen que creer en ello—dijo el único hombre entre los tres, con convicción.

- Nosotros haremos que sea un éxito—dijo la mayor, Sango, con seguridad.

- Prometo no fallar... Aunque tenga que poner mi vida al límite, lo haré por mis ideales...—dijo la menor, Kagome.

- No decepcionaremos a ninguna de las personas que ha creído en nosotros... El fracaso no es una opción... –

Se quedaron un momento en silencio, sin soltarse de las manos, demostrando su apoyo a sus hermanos. Mientras eso ocurría, parte de la profecía de los elegidos vino a la mente de Kagome.

"Antes de la batalla final, tu pasado deberás recordar

O la misión de la que habla esta profecía, podría fracasar.

Unirte con tus hermanos de sangre deberá ser tu prioridad

Y así podrás tener un escudo contra la oscuridad".

- Es verdad... la profecía se ha cumplido en su mayoría... Ya me he reunido con Sango y Kohaku, además de ver a mis padres y Souta en el castillo hace algún tiempo... Derrotaremos a Naraku a como dé lugar... –

- ¿Están listas?—preguntó Kohaku, antes de finalizar su reunión.

- Sí—contestaron con energía – ¡Por la paz de Japón y sus habitantes, venceremos! –


Notas de la Autora: Hola! Tanto tiempo! (ve a mucho lectores enfurecidos con tomates podridos en sus manos, listos para atacar) Oh, no! (se esconde tras una roca)…

Nuevamente me he tardado MUCHO en publicar… Cada vez que me sentaba a escribir (en los ratos libres que tenía) la inspiración no llegaba a mí… hasta hace como una semana… En ese transcurso de tiempo escribí más de dos tercios de lo que ven aquí… Parece que era un descanso, después de un año de universidad, lo que necesitaba mi mente para reactivarse en su sentido literario…

Espero que me perdonen por tan larga espera, y que el capítulo no les haya parecido muy tedioso. Sé que éste en particular ha tenido más explicaciones que de costumbre, y es que necesitaba dejar "pavimentado el camino" hacia la batalla final, que transcurrirá en el siguiente capítulo (y que quizás se extienda uno más). Planeo escribir la revolución, un capítulo más y luego un epílogo… lo que, sacando cuentas, dejaría esta historia con unos 42 o 43 capítulos máximo… Cada vez falta menos para acabar estefic, que comencé a escribir en 2005… Ya han pasado 4 años… Y puedo decir que esta historia ha marcado una buena parte de mi vida n-n Ojala que haya logrado transmitirles lo importante que es este escrito para mí a través de mi forma de escribir y el contenido de los capítulos.

Si también les pareció que este mes (sí, cronológicamente en el universo de Oportunidad de Vivir ha pasado un mes desde que las hermanas Higurashi dejaron el campamento para emprender su viaje hacia la fortaleza) pasó demasiado rápido, insisto que fue porque quería, de una vez por todas, llegar a la parte más emocionante de la historia… El climax :D

Espero que me dejen sus comentarios con lo que piensan acerca de lo que acaban de leer… y que me sigan brindando su apoyo, pues es éste el que me permite seguir escribiendo…

De verdad los aprecio mucho! Millones de gracias por continuar leyendo mi historia!!

Recuerden ver el dibujo de las Princesas de la Muerte que se encuentra en mi profile de Fanfiction!! Hagan click en la parte superior de la pantalla, donde aparece mi pseudónimo (Nick), KawaiiDany-Chan n-n

Un beso y un abrazo para todos ustedes. Espero poder entregarles el capítulo que sigue a la brevedad!!

Adiós!!

Dany-Chan